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"blusa" poems
Ang maputing blusa ay nakakasilaw Dating mag-aaral sa paaralan ngayon reyna na ng kanyang natupad na pangarap Lumaki na ang agwat ng katayuan Distansiya na di malagpasan Subukan bang habulin Kung gaano kalaki ang kagustuhan ganun din ang siyang kabiguan Sa lagaslaw ng tubig sa alon Ang payak na pamumuhay sa gitna ng daluyong Sa araw ng mga  puso ay walang aaminin Ang pag-irog ay hindi mabubunyag Karugtong ng kwento ay maging nalilingid na alamat Iniukol sa kanya ang kalatas Suungin ang daloy ng ilog Pilansik sa balat ay parang asido sa dugo na tinutunaw ang puso Sa lalim ay malulunod, sa babaw ay ang hininga malalagot Suwail sa kalangitan Kung ito'y nakatadhana at ang mga yapak ay nabilang Sana'y maunawaan ang inaasal Sampung hakbang ang layo sa kanyang likuran
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Dec 27, 2018
Dec 27, 2018 at 6:27 PM UTC
Ang Buhay sa Takipsilim #33
Siento la cálida piel del deseo, percibo el aroma sutil del recuerdo. Mi cuerpo sobre el tuyo, desplazándonos suavemente por todo el volumen de la habitación. Hipnotizado en la curvatura trazada de tus caderas, las sujeto aferrándome a ellas, las acaricio en ocasiones recorriendo la suavidad de tu fino vientre mientras beso tu cuello lentamente. Y mientras el mundo se detiene y el tiempo mismo para en el instante que tu blusa cae al piso. La piel tersa de esas curvas que repaso con infinita fascinación me arraigan a un solo deseo incontrolable de tenerte. La suavidad de tus senos, la perfecta curva de tu abdomen, el lírico contraste de tus nalgas y los dos pequeños hoyuelos en tu la parte trasera de tu espalda, casi a la altura de tu profundo y lacio cabello ***** fluyendo en movimientos ondulantes sobre mi al par que toda esa obra de arte magnificente que llamas cuerpo.
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Jan 31, 2015
Jan 31, 2015 at 6:27 PM UTC
Dulzura.
Eu disse que você ficava linda com aquele óculos pink; você não acreditou, extravasou, de mentirosa me chamou. Disse que sua bota amarela caía muito bem com o chapéu verde limão; você começou a usar apenas cinza, ranzinza. Que sua lingerie bege contrastava bem com o tom escuro de sua pele; você apareceu com um sutiã vermelho, rendado, ao banal destinado. Disse que seus pelos ficavam engraçadinhos arrepiados no frio; você podou todos, rodou, virou, trocou. Minha paixão a transformou chama apagada de desilusão. Eu disse sim, ela disse sim não sim, cala a boca, vamos comprar feijão. Amava sua breguice, não se contentava com a mesmice. Voltaria no tempo revê-la pela primeira vez, na praça na noite de natal, de vermelho e avental, blusa estampada com um neandertal, metendo moral no ******* maioral. Ah, que visão surreal. Ali eu te amei. Ali eu te beijei.
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Nov 15, 2016
Nov 15, 2016 at 11:23 PM UTC
Vestido aveludado e plataformas transparentes
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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La obra de jehová
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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A planta que se seguia Enquanto pelo corredor eu andava Rosto caído de sono E a virada de olho enquanto o outro não olhava A blusa gigante O café A música alta E os pensamentos torturantes Os passos vêm e vão O olho vidrado na porta O sinal toca E tudo vira pó
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Jun 24, 2013
Jun 24, 2013 at 8:36 PM UTC
Untitled
Se equivocó la paloma, se equivocaba.   Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba.   Creyó que el mar era el cielo; que la noche, la mañana. Se equivocaba.   Que las estrellas rocío; que la calor, la nevada. Se equivocaba.   Que tu falda era tu blusa; que tu corazón, su casa. Se equivocaba.   (Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama).
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Metamorfosis del clavel
Se equivocó la paloma, se equivocaba.   Por ir al norte fue al sur, creyó que el trigo era el agua.   Creyó que el mar era el cielo que la noche la mañana.   Que las estrellas rocío, que la calor la nevada.   Que tu falda era tu blusa, que tu corazón su casa.   (Ella se durmió en la orilla, tú en la cumbre de una rama.)
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La paloma
La tinta a flor de piel la llegada omitiendo el saludo y el pase directo a lo que  llamo dos candentes llamas en tu boca. El beso de cinco minutos que pide otros cinco el fugaz rose de cuerpos que transforman la energia y hacen que el tiempo se consuma rapido pero que se disfruta cada momento. Tu cuerpo como un monumento y el cielo que me regalas cada día tu forma de hacerme sentir las curvas que me dejas tocar y el nudo de la blusa que sostiene las esferas de cristal. No se que haría si cambias tu manera de caminar y después de memorizar cada bello lunar en tu cuerpo no me arrepiento de pedirte 5 minutos pues eso basta para vivirte una eternidad.
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Dec 14, 2017
Dec 14, 2017 at 1:29 AM UTC
5 min.
En el mar halla el agua su paraíso ansiado y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. El sudor es un árbol desbordante y salado, un voraz oleaje. Llega desde la edad del mundo más remota a ofrecer a la tierra su copa sacudida, a sustentar la sed y la sal gota a gota, a iluminar la vida. Hijo del movimiento, primo del sol, hermano de la lágrima, deja rodando por las eras, del abril al octubre, del invierno al verano, áureas enredaderas. Cuando los campesinos van por la madrugada a favor de la esteva removiendo el reposo, se visten una blusa silenciosa y dorada de sudor silencioso. Vestidura de oro de los trabajadores, adorno de las manos como de las pupilas. Por la atmósfera esparce sus fecundos olores una lluvia de axilas. El sabor de la tierra se enriquece y madura: caen los copos del llanto laborioso y oliente, maná de los varones y de la agricultura, bebida de mi frente. Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos en el ocio sin brazos, sin música, sin poros, no usaréis la corona de los poros abiertos ni el poder de los toros. Viviréis maloliendo, moriréis apagados: la encendida hermosura reside en los talones de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados como constelaciones. Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, con sus lentos diluvios, os hará transparentes, venturosos, iguales.
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El sudor
"eu te dizia que a vida é bruta, você me falava que ainda não eu nunca acreditei que houvesse algo a mais depois que as coisas acabam uma blusa esquecida no natal passado, uma palavra presa na fechadura da porta que bateu, um outro palpitar do coração ou alma além da que nos foi decretada aqui e, então, você morreu durante uma semana, eu fingi que você tinha finalmente viajado pro seu lugar favorito e que ele tinha te dado razão em ser um lugar favorito pra demorar tanto assim durante um mês, eu desisti de esperar paciência não era meu melhor dom embora te esperar fosse um talento você, de novo, não chegou durante um semestre, eu chorei sem interrupções embora ninguém soubesse ou visse algo por dentro, muralhas da China caíam e oceanos atlânticos deslizavam entre órgãos e lembranças quando eu esqueci o som da sua voz e o tom do seu olho, você morreu outra vez e, dessa, eu pude sentir o peso da mão do mundo descendo sob mim outro ciclo se foi e a nossa conexão terminou eu te quis no meu quarto reclamando meu atraso pro almoço; eu te quis na plateia da apresentação da minha monografia, a única na história da faculdade como centro de pesquisa a comunidade lgbt; eu te quis no meu exame de direção; eu te quis quando eu saí de casa; eu te quis atendendo o telefone enquanto eu contava que consegui um emprego novo; eu te quis e esse era o único tempo verbal em que era permitido te conjugar durante um ano, que durou até hoje, eu soletrei saudade já não tenho como chamar seu nome eu toco o interfone, não há você do outro lado me tateio, falta a sua pele bem perto no fundo, eu acho que o universo deveria estar triste porque não posso te amar mais eu estou." #textoscrueisdemais
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Feb 27, 2017
Feb 27, 2017 at 1:27 PM UTC
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"eu te dizia que a vida é bruta, você me falava que ainda não eu nunca acreditei que houvesse algo a mais depois que as coisas acabam uma blusa esquecida no natal passado, uma palavra presa na fechadura da porta que bateu, um outro palpitar do coração ou alma além da que nos foi decretada aqui e, então, você morreu durante uma semana, eu fingi que você tinha finalmente viajado pro seu lugar favorito e que ele tinha te dado razão em ser um lugar favorito pra demorar tanto assim durante um mês, eu desisti de esperar paciência não era meu melhor dom embora te esperar fosse um talento você, de novo, não chegou durante um semestre, eu chorei sem interrupções embora ninguém soubesse ou visse algo por dentro, muralhas da China caíam e oceanos atlânticos deslizavam entre órgãos e lembranças quando eu esqueci o som da sua voz e o tom do seu olho, você morreu outra vez e, dessa, eu pude sentir o peso da mão do mundo descendo sob mim outro ciclo se foi e a nossa conexão terminou eu te quis no meu quarto reclamando meu atraso pro almoço; eu te quis na plateia da apresentação da minha monografia, a única na história da faculdade como centro de pesquisa a comunidade lgbt; eu te quis no meu exame de direção; eu te quis quando eu saí de casa; eu te quis atendendo o telefone enquanto eu contava que consegui um emprego novo; eu te quis e esse era o único tempo verbal em que era permitido te conjugar durante um ano, que durou até hoje, eu soletrei saudade já não tenho como chamar seu nome eu toco o interfone, não há você do outro lado me tateio, falta a sua pele bem perto no fundo, eu acho que o universo deveria estar triste porque não posso te amar mais eu estou." #textoscrueisdemais
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De veras que no sé qué hacer contigo, oh César, hasta ayer blanda pelusa. Llena de rebelión está tu blusa, y aunque no quieras ya eres mi enemigo. Alzo la voz, levanto el dedo y digo esto y lo otro, en fin, lo que se usa... ¡Si hasta te inspira ya contraria musa y, a tu padre, prefieres a tu amigo! En medio del hogar roja amapola, sangre argentina y gala y española, no seré yo quien tire de tu brida. Sencillamente me pondré a tu lado, te enseñaré a ser limpio y ordenado, y lo demás te lo dará la vida.
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A césar, de diez años
Mostardemais para manchar minha blusa só de susto, me lambuzo, molho e sujo Picadoendo, agulha sangrando, molho e tempero tempo e erro Salta da minha boca e cai no chão (falar pra quê?) espatifando o reflexo no chão e matéria deforma Se informa
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Jun 24, 2017
Jun 24, 2017 at 11:49 AM UTC
Mostardemais
Por quietas calles andaba Juanita Fernández, que era muchacha como de pájaros y naranjas y colmenas. Nadie veía su guardia callada de serafines, nadie veía en sus sienes, invisible, el arco iris. Nadie, ni padre, ni madre, ni parientes, ni padrinos, sabía que a aquella niña la había marcado el Destino. «¡Qué inteligente, Juanita! ¡Qué fina piel de durazno! ¡Qué dos ojos de lucero en un cielo de verano!» Y andaba Juanita, andaba, con sus muñecas, su perro Tilo y sus libros de estudio por las callejas del pueblo. Andaba Juanita, andaba, con su ángel de custodia, y su pobreza tan rica y sus ensueños de novia. Primero, novia del aire, y después, de un capitán. Andaba Juanita, andaba, y era rica más y más. ¿Qué importan la casa pobre, los vestidos de algodones, los zapatitos de cuero, la blusa sin prendedores? Veinte años casi sin crónica con sólo el hijo y la paz de sus versos y sus flores de alambres y de cambray. Alegre, tierna y callada, amante y sin ambición, gorjeaba en cantos y canto de vida y callado amor. Ya sobre el pecho una estrella, ya otra más sobre la sien, ya mil clarines al viento y el toque de somatén. Ya el llanto por sus mejillas, ya grises fuegos su luna. Mañanas de helada niebla, noches a desvelo y bruma. Ya zapatos de gamuza y vestidos de París. Ya la sonrisa perdida, ya el deseo de morir. El amor, como una rosa; la vida, cáliz y cruz. Tilo, borrado en la sombra, brumosa la Cruz del Sur. Y en su Río de la Plata sólo el barco de su fe, aunque sigan los clarines y el toque de somatén. ¡Qué sola y sola Juanita en su casona vacía! América por sus salas pasa, y Juanita perdida. Ya no sabe de laureles ni de nardos en el alba. Traen orquídeas a sus manos y mendiga un vaso de agua. Secreto, ¡ay secreto, oh Dios, oculto el romance puro! Vela el ángel con su túnica el préstamo sin futuro. Y cuando muera Juanita a gritos todos dirán que fue bendito aquel día ocho de Marzo, San Juan de Dios, en tierras de Melo que la historia alabará. Y ha de dormirse llevando sobre la mortaja un sol: el de un amor silencioso que nadie le adivinó.
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Autorromance de juanita fernández
Por quietas calles andaba Juanita Fernández, que era muchacha como de pájaros y naranjas y colmenas. Nadie veía su guardia callada de serafines, nadie veía en sus sienes, invisible, el arco iris. Nadie, ni padre, ni madre, ni parientes, ni padrinos, sabía que a aquella niña la había marcado el Destino. «¡Qué inteligente, Juanita! ¡Qué fina piel de durazno! ¡Qué dos ojos de lucero en un cielo de verano!» Y andaba Juanita, andaba, con sus muñecas, su perro Tilo y sus libros de estudio por las callejas del pueblo. Andaba Juanita, andaba, con su ángel de custodia, y su pobreza tan rica y sus ensueños de novia. Primero, novia del aire, y después, de un capitán. Andaba Juanita, andaba, y era rica más y más. ¿Qué importan la casa pobre, los vestidos de algodones, los zapatitos de cuero, la blusa sin prendedores? Veinte años casi sin crónica con sólo el hijo y la paz de sus versos y sus flores de alambres y de cambray. Alegre, tierna y callada, amante y sin ambición, gorjeaba en cantos y canto de vida y callado amor. Ya sobre el pecho una estrella, ya otra más sobre la sien, ya mil clarines al viento y el toque de somatén. Ya el llanto por sus mejillas, ya grises fuegos su luna. Mañanas de helada niebla, noches a desvelo y bruma. Ya zapatos de gamuza y vestidos de París. Ya la sonrisa perdida, ya el deseo de morir. El amor, como una rosa; la vida, cáliz y cruz. Tilo, borrado en la sombra, brumosa la Cruz del Sur. Y en su Río de la Plata sólo el barco de su fe, aunque sigan los clarines y el toque de somatén. ¡Qué sola y sola Juanita en su casona vacía! América por sus salas pasa, y Juanita perdida. Ya no sabe de laureles ni de nardos en el alba. Traen orquídeas a sus manos y mendiga un vaso de agua. Secreto, ¡ay secreto, oh Dios, oculto el romance puro! Vela el ángel con su túnica el préstamo sin futuro. Y cuando muera Juanita a gritos todos dirán que fue bendito aquel día ocho de Marzo, San Juan de Dios, en tierras de Melo que la historia alabará. Y ha de dormirse llevando sobre la mortaja un sol: el de un amor silencioso que nadie le adivinó.
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¡Granados en cielo azul! ¡Calle de los marineros! ¡Son tus árboles tan verdes, es tan alegre tu cielo! ¡Viento ilusorio de mar! ¡Calle de los marineros (ojo gris, pelo de oro, rostro florido y moreno)! La mujer canta a la puerta: «¡Vida de los marineros; el hombre siempre en el mar, y el corazón en el viento! (Estrella del mar, ten tú siempre en tus manos los remos; que, bajo tus ojos, sean dulce el mar y azul el cielo!)» ... Por la tarde, brilla el aire; el ocaso está de ensueños; es un oro de nostaljia, de llanto y de pensamiento.  (Como si el viento trajera el sinfín y, en su revuelto afán, la pena mirara y oyera a los que están lejos). ¡Viento ilusorio de mar! ¡Calle de los marineros (la blusa azul, y la cinta del milagro sobre el pecho)! ¡Granados en cielo azul! ¡Calle de los marineros! ¡El hombre siempre en el mar, y el corazón en el viento!
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El hombre siempre en el mar
¡Granados en cielo azul! ¡Calle de los marineros; qué verdes están tus árboles, qué alegre tienes el cielo! ¡Viento ilusorio de mar! ¡Calle de los marineros -ojo gris, mechón de oro, rostro florido y moreno!- . La mujer canta a la puerta: «¡Vida de los marineros; el hombre siempre en el mar, y el corazón en el viento!». -¡Virjen del Carmen, que estén siempre en tus manos los remos; que, bajo tus ojos, sean dulce el mar y azul el cielo!- … Por la tarde, brilla el aire; el ocaso está de ensueños; es un oro de nostaljia, de llanto y de pensamiento. -¡Como si el viento trajera el sinfín y, en su revuelto afán, la pena mirara y oyera a los que están lejos! ¡Viento ilusorio de mar! ¡Calle de los marineros -la blusa azul, y la cinta milagrera sobre el pecho!-. ¡Granados en cielo azul! ¡Calle de los marineros! ¡El hombre siempre en el mar, y el corazón en el viento!
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¡granados en cielo azul!
Por el balcón abierto, se veía La luna. Clara noche de verano. Una fragante ráfaga venía Al saloncito azul... Y ella, en el piano. La pantalla rojiza, más rosada Hacía resaltar su tez de rosa, Más azul, el azul de su mirada, Y más blanca, su blusa vaporosa. Furtivamente la miraba, y era Como ensueño, en belleza idealizado... Y su mano agitábase ligera Como pájaro níveo en el teclado. «Cuando muere el amor»... Doblé la frente. Sentí en mi corazón que algo moría, Y cantaba, en voz baja y dulcemente: «Cuando muere el amor»... Y sonreía.
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“cuando muere el amor”