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"ahoga" poems
Luz radiante y cálida Sonrisa que me envolvía Ausencia que duele. Alma libre y sincera Conquistó mis complejidades Ya no está, solo el eco. Risas y juegos compartidos Momentos que atesoro Vacío que me ahoga. Recuerdos que me acompañan Paseos bajo la luna Despertar con aroma Primer beso al  sol. Naranjas que tiñen el cielo Café con sabor a sueños Su ausencia me llena de tristeza Testigo que ya no está Un mundo sin ella.
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Feb 16, 2024
Feb 16, 2024 at 10:02 AM UTC
Ella
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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La poesía
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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En los paisajes de Mansiche labra imperiales nostalgias el crepúsculo; y lábrase la raza en mi palabra, como estrella de sangre a flor de músculo. El campanario dobla... No hay quien abra la capilla... Diríase un opúsculo bíblico que muriera en la palabra de asiática emoción de este crepúsculo. Un poyo con tres patas, es retablo en que acaban de alzar labios en coro la eucaristía de una chicha de oro. Más allá de los ranchos surge al viento el humo oliendo a sueño y a establo, como si se exhumara un firmamento. La anciana pensativa, cual relieve de un bloque pre-incaico, hila que hila; en sus dedos de Mama el huso leve la lana gris de su vejez trasquila. Sus ojos de esclerótica de nieve un ciego sol sin luz guarda y mutila...! Su boca está en desdén, y en calma aleve su cansancio imperial tal vez vigila. Hay ficus que meditan, melenudos trovadores incaicos en derrota, la rancia pena de esta cruz idiota, en la hora en rubor que ya se escapa, y que es lago que suelda espejos rudos donde náufrago llora Manco-Cápac. Como viejos curacas van los bueyes camino de Trujillo, meditando... Y al hierro de la tarde, fingen reyes que por muertos dominios van llorando. En el muro de pie, pienso en las leyes que la dicha y la angustia van trocando: ya en las viudas pupilas de los bueyes se pudren sueños qué no tienen cuándo. La aldea, ante su paso, se reviste de un rudo gris, en que un mugir de vaca se aceita en sueño y emoción de huaca. Y en el festín del cielo azul yodado gime en el cáliz de la esquila triste un viejo corequenque desterrado. La Grama mustia, recogida, escueta ahoga no sé qué protesta ignota: parece el alma exhausta de un poeta, arredrada en un gesto de derrota. La Ramada ha tallado su silueta, cadavérica jaula, sola y rota, donde mi enfermo corazón se aquieta en un tedio estatual de terracota. Llega el canto sin sal del mar labrado en su máscara bufa de canalla que babea y da tumbos, ahorcado! La niebla hila una venda al cerro lila que en ensueños miliarios se enmuralla, como un huaco gigante que vigila.
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Nostalgias imperiales
En los paisajes de Mansiche labra imperiales nostalgias el crepúsculo; y lábrase la raza en mi palabra, como estrella de sangre a flor de músculo. El campanario dobla... No hay quien abra la capilla... Diríase un opúsculo bíblico que muriera en la palabra de asiática emoción de este crepúsculo. Un poyo con tres patas, es retablo en que acaban de alzar labios en coro la eucaristía de una chicha de oro. Más allá de los ranchos surge al viento el humo oliendo a sueño y a establo, como si se exhumara un firmamento. La anciana pensativa, cual relieve de un bloque pre-incaico, hila que hila; en sus dedos de Mama el huso leve la lana gris de su vejez trasquila. Sus ojos de esclerótica de nieve un ciego sol sin luz guarda y mutila...! Su boca está en desdén, y en calma aleve su cansancio imperial tal vez vigila. Hay ficus que meditan, melenudos trovadores incaicos en derrota, la rancia pena de esta cruz idiota, en la hora en rubor que ya se escapa, y que es lago que suelda espejos rudos donde náufrago llora Manco-Cápac. Como viejos curacas van los bueyes camino de Trujillo, meditando... Y al hierro de la tarde, fingen reyes que por muertos dominios van llorando. En el muro de pie, pienso en las leyes que la dicha y la angustia van trocando: ya en las viudas pupilas de los bueyes se pudren sueños qué no tienen cuándo. La aldea, ante su paso, se reviste de un rudo gris, en que un mugir de vaca se aceita en sueño y emoción de huaca. Y en el festín del cielo azul yodado gime en el cáliz de la esquila triste un viejo corequenque desterrado. La Grama mustia, recogida, escueta ahoga no sé qué protesta ignota: parece el alma exhausta de un poeta, arredrada en un gesto de derrota. La Ramada ha tallado su silueta, cadavérica jaula, sola y rota, donde mi enfermo corazón se aquieta en un tedio estatual de terracota. Llega el canto sin sal del mar labrado en su máscara bufa de canalla que babea y da tumbos, ahorcado! La niebla hila una venda al cerro lila que en ensueños miliarios se enmuralla, como un huaco gigante que vigila.
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Tu cuerpo dibuja las olas en la arena Tus caderas van y vienen con un ritmo interrumpido por la espuma del mar Tus labios tan salados como el agua en la que nado Tu canto irreal como las sirenas de leyenda Tus manos me aprehenden como el pulpo a su presa Tus piernas me envuelven como el alga al coral Navego lentamente hacia mar abierto Atrás quedó la seguridad de la bahía Yo capitán y tú tormenta Azotas mi navío con violencia Me lanzas a las frías e imperdonables aguas de tu océano Atrás quedó la seguridad de la bahía El agua de tu **** inunda mis sentidos y ahoga mi conciencia Naufrago Al despuntar el alba estás tú Etérea en mi soledad Efímera en esencia Eterna en alta mar
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Nov 14, 2016
Nov 14, 2016 at 5:40 PM UTC
Naufrago en ti
La víspera de un nuevo despertar se nubla en neblina de adicción, mi garganta se seca de tanto cantar y a mi voz le hace falta una musa. Por latir y perseguir a la quimera de ilusión que me hace perder la razón, Cansado mi bohemio corazón está. En un trago amargo se ahoga el llanto de lagrimas disecadas; mientras tanto sus besos embargo con las palabras de un enamorado trovador Soy el loco bohemio, no se a donde voy y acepto que no me importa, pero aún en las veredas de húmedos desiertos mi alma yo le doy. No son los primeros versos que te escribo, los últimos espero tampoco. Mil palabras de vino tinto este poeta escribe a la vena de fábula Esperando algún día, el mito clandestino se vuelva realidad.
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 10:35 PM UTC
Mito Clandestino
Déjame reposar, aflojar los músculos del corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos días, los más largos del tiempo. Convalecemos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño para verte en la noche y saber que respiras. Necesitamos despertar para estar más despiertos en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos. Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, por eso es que este hachazo nos sacude. Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría. No lo sabemos bien, pero de pronto llega un incesante aviso, una escapada espada de la boca de Dios que cae y cae y cae lentamente. Y he aquí que temblamos de miedo, que nos ahoga el llanto contenido, que nos aprieta la garganta el miedo. Nos echamos a andar y no paramos de andar jamás, después de medianoche, en ese pasillo del sanatorio silencioso donde hay una enfermera despierta de ángel. Esperar que murieras era morir despacio, estar goteando del tubo de la muerte, morir poco, a pedazos. No ha habido hora más larga que cuando no dormías, ni túnel más espeso de horror y de miseria que el que llenaban tus lamentos, tu pobre cuerpo herido.
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Primera parte
Me muero a diario, a veces para ver quien me extraña. Otras para encontrarme con personas que ya están muertas, O para estar sola; me muero a diario. Me muero porque se me va la vida. Porque me ahoga la almohada, Porque mi botella de Merlot esta vacía. Porque el viento no me canta; me muero. Muero, y los colores desaparecen Las letras se derriten y a mis versos Se los lleva el mar. Me muero. No hay luz que ilumine mis caminos, No hay voces que me atormenten, Solo es un vacío oscuro, un abismo. Ahí he caído, ahí he muerto.
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May 7, 2015
May 7, 2015 at 1:36 PM UTC
Vació.
Fulge mi cigarrillo; su luz se limpia en pólvoras de alerta. Y a su guiño amarillo entona un pastorcillo el tamarindo de su sombra muerta. Ahoga en una enérgica negrura, el caserón entero la mustia distinción de su blancura. Pena un frágil aroma de aguacero. Están todas las puertas muy ancianas, y se hastía en su habano carcomido una insomne piedad de mil ojeras. Yo las dejé lozanas; y hoy las telarañas han zurcido hasta en el corazón de sus maderas, coágulos de sombra oliendo a olvido. La del camino, el día que me miró llegar, trémula y triste, mientras que sus dos brazos entreabría, chilló como en un llanto de alegría. Que en toda fibra existe para el ojo que ama, una dormida novia perla, una lágrima escondida. Con no sé qué memoria secretea mi corazón ansioso. -Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea; aún la veo envueltita en su rebozo Y la abuela amargura de un cantar neurasténico de paria ¡oh, derrotada musa legendaria! afila sus melódicos raudales bajo la noche oscura: como si abajo, abajo, en la turbia pupila de cascajo de abierta sepultura, celebrando perpetuos funerales, se quebrasen fantásticos puñales. Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero, reduciéndolo a fúnebres olores, el humor de los viejos alcanfores que velan tahuashando en el sendero con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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Hojas de ébano
Coleccionamos canciones en el baúl del alma, seducimos a la vida con una mirada, somos actores de nuestro guión. ¿que es poesía? no lo se... ¿que poeta define su poesía? ¡Que lo cante el pueblo! ¡y que me cuente! Nos enamoramos de versos, de gente, de gestos y a veces solo por ser bellos, pero... ¿que queremos probar? ¿que nos hace humanos? creo... ¡hay algo! es una atracción, natural e instintiva hacia personas extraordinarias, variantes únicos, momentos lucidos sueños vueltos realidad. Y partimos de los surreal de los sueños simbólicos, de los viajes astrales hacia ningún lugar. Los sueños que se repiten y se repiten sin dejar nada claro, un mensaje olvidado, una voz del pasado, un recuerdo o un mal sueño. Un beso que parece ser cierto, tu piel desnuda contra la luna, un hombre que se ahoga en su propia soledad y volvemos al mundo para respirar, enamorarnos jugar, aprender y vivir, seguir filmando, seguir escribiendo los versos robados de tu ausencia; contar historias para volver a encerrarme conmigo mismo. Oír la canción triste leer y llora. Beber café y vino. Despertar, correr y ver el amanecer. Aquí estoy escuchando tu latido, enamorándome de tus destellos imprevistos, de los detalles que te hacen anormal de las caricias que expulsa tu voz, de lo que nos hace humanos imperfectos perfectos, por lo mismo de ser distintos, de cantar distinto, de portar alma, de temer a perderla, de ser valientes de fallar y tener suerte. ¡Y se me equivoco! ¡que venga el pueblo! ¡y que me lo cante!
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Sep 24, 2017
Sep 24, 2017 at 3:50 AM UTC
Colección de Canciones
Coleccionamos canciones en el baúl del alma, seducimos a la vida con una mirada, somos actores de nuestro guión. ¿que es poesía? no lo se... ¿que poeta define su poesía? ¡Que lo cante el pueblo! ¡y que me cuente! Nos enamoramos de versos, de gente, de gestos y a veces solo por ser bellos, pero... ¿que queremos probar? ¿que nos hace humanos? creo... ¡hay algo! es una atracción, natural e instintiva hacia personas extraordinarias, variantes únicos, momentos lucidos sueños vueltos realidad. Y partimos de los surreal de los sueños simbólicos, de los viajes astrales hacia ningún lugar. Los sueños que se repiten y se repiten sin dejar nada claro, un mensaje olvidado, una voz del pasado, un recuerdo o un mal sueño. Un beso que parece ser cierto, tu piel desnuda contra la luna, un hombre que se ahoga en su propia soledad y volvemos al mundo para respirar, enamorarnos jugar, aprender y vivir, seguir filmando, seguir escribiendo los versos robados de tu ausencia; contar historias para volver a encerrarme conmigo mismo. Oír la canción triste leer y llora. Beber café y vino. Despertar, correr y ver el amanecer. Aquí estoy escuchando tu latido, enamorándome de tus destellos imprevistos, de los detalles que te hacen anormal de las caricias que expulsa tu voz, de lo que nos hace humanos imperfectos perfectos, por lo mismo de ser distintos, de cantar distinto, de portar alma, de temer a perderla, de ser valientes de fallar y tener suerte. ¡Y se me equivoco! ¡que venga el pueblo! ¡y que me lo cante!
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¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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Visión de sevilla
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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algo diferente en el silencio después de su muerte: en bosques vivían treinta especies de pájaros, pero ahora trece viven sin canción y diecisiete han desaparecido. no te muevas ni llores. el aire ahoga entre el silencio y el discernimiento de la luna. intentas esconder las estrellas con el polvo que encontraste en la sombra del sol. me dijiste que sería un substituto para un techo, su propia versión del cajón que atrapa ella del cielo infinito. ¿recuerdas que un castigo debe ser más caótico?
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Apr 2, 2016
Apr 2, 2016 at 1:49 PM UTC
desde allí
Esa palabra que jamás asoma a tu idioma cantado de preguntas, esa, desfalleciente, que se hiela en el aire de tu voz, sí, como una respiración de flautas contra un aire de vidrio evaporada, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! en esta exangüe bruma de magnolias, en esta nimia floración de vaho que -ensombrecido en luz el ojo agónico y a funestos pestillos anclado el tenue ruido de las alas- guarda un ángel de sueño en la ventana. ¡Qué muros de cristal, amor, qué muros! Ay ¿para qué silencios de agua? Esa palabra, sí, esa palabra que se coagula en la garganta como un grito de ámbar ¡Mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! Mira que, noche a noche, decantada en el filtro de un áspero silencio, quedóse a tanto enmudecer desnuda, hiriente e inequívoca -así en la entraña de un reloj la muerte, así la claridad en una cifra- para gestar este lenguaje nuestro, inaudible, que se abre al tacto insomne en la arena, en el pájaro, en la nube, cuando ***** de oráculos retruena el panorama de la profecía. ¿Quién, si ella no, pudo fraguar este universo insigne que nace como un héroe en tu boca? ¡Mírala, ay, tócala, mírala ahora, incendiada en un eco de nenúfares! ¿No aquí su angustia asume la inocencia de una hueca retórica de lianas? Aquí, entre líquenes de orfebrería que arrancan de minúsculos canales ¿no echó a tañer al aire sus cándidas mariposas de escarcha? Qué, en lugar de esa fe que la consume hasta la transparencia del destino ¿no aquí -escapada al dardo tenaz de la estatura- se remonta insensata una palmera para estallar en su ficción de cielo, maestra en fuegos no, mas en puros deleites de artificio? Esa palabra, sí, esa palabra, esa, desfalleciente, que se ahoga en el humo de una sombra, esa que gira -como un soplo- cauta sobre bisagras de secreta lama, esa en que el aura de la voz se astilla, desalentada, como si rebotara en una bella úlcera de plata, esa que baña sus vocales ácidas en la espuma de las palomas sacrificadas, esa que se congela hasta la fiebre cuando no, ensimismada, se calcina en la brusca intemperie de una lágrima, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! ¡mírala, ausente toda de palabra, sin voz, sin eco, sin idioma, exacta, mírala cómo traza en muros de cristal amores de agua!
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Preludio
Esa palabra que jamás asoma a tu idioma cantado de preguntas, esa, desfalleciente, que se hiela en el aire de tu voz, sí, como una respiración de flautas contra un aire de vidrio evaporada, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! en esta exangüe bruma de magnolias, en esta nimia floración de vaho que -ensombrecido en luz el ojo agónico y a funestos pestillos anclado el tenue ruido de las alas- guarda un ángel de sueño en la ventana. ¡Qué muros de cristal, amor, qué muros! Ay ¿para qué silencios de agua? Esa palabra, sí, esa palabra que se coagula en la garganta como un grito de ámbar ¡Mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! Mira que, noche a noche, decantada en el filtro de un áspero silencio, quedóse a tanto enmudecer desnuda, hiriente e inequívoca -así en la entraña de un reloj la muerte, así la claridad en una cifra- para gestar este lenguaje nuestro, inaudible, que se abre al tacto insomne en la arena, en el pájaro, en la nube, cuando ***** de oráculos retruena el panorama de la profecía. ¿Quién, si ella no, pudo fraguar este universo insigne que nace como un héroe en tu boca? ¡Mírala, ay, tócala, mírala ahora, incendiada en un eco de nenúfares! ¿No aquí su angustia asume la inocencia de una hueca retórica de lianas? Aquí, entre líquenes de orfebrería que arrancan de minúsculos canales ¿no echó a tañer al aire sus cándidas mariposas de escarcha? Qué, en lugar de esa fe que la consume hasta la transparencia del destino ¿no aquí -escapada al dardo tenaz de la estatura- se remonta insensata una palmera para estallar en su ficción de cielo, maestra en fuegos no, mas en puros deleites de artificio? Esa palabra, sí, esa palabra, esa, desfalleciente, que se ahoga en el humo de una sombra, esa que gira -como un soplo- cauta sobre bisagras de secreta lama, esa en que el aura de la voz se astilla, desalentada, como si rebotara en una bella úlcera de plata, esa que baña sus vocales ácidas en la espuma de las palomas sacrificadas, esa que se congela hasta la fiebre cuando no, ensimismada, se calcina en la brusca intemperie de una lágrima, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! ¡mírala, ausente toda de palabra, sin voz, sin eco, sin idioma, exacta, mírala cómo traza en muros de cristal amores de agua!
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no podía comer por días mi hambre desapareció cuando tus ojos me despidieron hay un desierto en mi estómago vacío lleno de aire aire que me ahoga no me deja hablar no me deja comer en la mañana me hice un pan pan tostado cafe con leche me sente en la mesa la luz cayendo sobre mí en mis ojos, en mis manos toque el vaso estaba caliente pero no sentía nada el sol no entraba a mi piel el calor de la taza tampoco pálida, llena de aire respirando la sangre en mis venas se hizo aire mi corazón, aire las manos que antes te tocaban, aire no se si existo no se si algun día la sangre de mis venas regresará no se si alguna día el fuego de mi alma, de mi corazón aderá quizás un día si un fuego más grande más poderoso ardiendo para mi sola y nadie más nacido de las cenizas como la primera semilla de la primavera renacido como el ave quemando, intocable una nueva vida sin ti una nueva vida por mi
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Jul 30, 2017
Jul 30, 2017 at 2:36 AM UTC
nacido de las cenizas
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, al borde del abismo, estoy clamando a Dios. Y su silencio, retumbando, ahoga mi voz en el vacío inerte. Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando solo. Arañando sombras para verte. Alzo la mano, y tú me la cercenas. Abro los ojos: me los sajas vivos. Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas. Esto es ser hombre: horror a manos llenas. Ser -y no ser- eternos, fugitivos. ¡Ángel con grandes alas de cadenas!
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Hombre
La niña ahogada usa su mirar y explora, indaga con sus ojos profundos su soledad sonora. La niña ahogada es sabia y sabe, sabe la sonoridad de la ausencia, conoce el timbre de los pájaros callados y el color de ojos de la soledad. La niña ahogada sabe demasiado y tal vez por eso la soledad le ahoga. Luces de cristal, color transparente, brillan en sus ojos añejos, añejos de ausencia. En su boca yace una última sonrisa, una risa de nostalgia de tiempos que no sucedieron. La niña ahogada se ríe sola, porque está sola y solamente ella se escucha. Se escucha entre tinieblas, entre el ruido se entrevé. En la noche de su risa solo hay sitio para una pero ella no está, está ahogada, y la dulcez del mar le susurra en sus adentros lo que nunca ha sido escrito lo que no debe ser escrito y mientras la luz de la luna le grita la niña ahogada se hunde. Se hunde en si misma cuál enredadera, cual caballo de ajedrez. Se hunde y busca un apoyo más en su eterno saber sabe eterno este mar insondable, sabe infinita su soledad propia y su ausencia ajena. // The drowned girl uses her seeing and explores, she stares with her deep eyes at her loud loneliness. The drowned girl is knowing and knows, she knows the loudness of her absence, she knows the timbre of quiet birds and the eye colour of loneliness. The drowning girl knows todo much and maybe that's why loneliness drowns herramientas. Crystal lights, of transparent colour, shine in her aged eyes, aged with absence. On her mouth lies one last smile, one laugh of nostalgia oferta times that did not happen. The drowned girl laughs alone, because she is alone and only she listens. She listens among shadows, among noise she glimpses at herself. In the night of her laugh there's only room for one but she's not there, she's drowned, and the sweetness of the sea murmurs in her insides What has never been written what must never be written and while the light of the moon shouts at her the drowned girl sinks. She sinks into herself like a climbing planta, like a chess knight. She sinks and she looks for support but in her endless knowing she knows endless this fathomless sea, she knows infinite her own loneliness and her alien absence.
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Jul 22, 2018
Jul 22, 2018 at 1:05 PM UTC
La niña ahogada
La niña ahogada usa su mirar y explora, indaga con sus ojos profundos su soledad sonora. La niña ahogada es sabia y sabe, sabe la sonoridad de la ausencia, conoce el timbre de los pájaros callados y el color de ojos de la soledad. La niña ahogada sabe demasiado y tal vez por eso la soledad le ahoga. Luces de cristal, color transparente, brillan en sus ojos añejos, añejos de ausencia. En su boca yace una última sonrisa, una risa de nostalgia de tiempos que no sucedieron. La niña ahogada se ríe sola, porque está sola y solamente ella se escucha. Se escucha entre tinieblas, entre el ruido se entrevé. En la noche de su risa solo hay sitio para una pero ella no está, está ahogada, y la dulcez del mar le susurra en sus adentros lo que nunca ha sido escrito lo que no debe ser escrito y mientras la luz de la luna le grita la niña ahogada se hunde. Se hunde en si misma cuál enredadera, cual caballo de ajedrez. Se hunde y busca un apoyo más en su eterno saber sabe eterno este mar insondable, sabe infinita su soledad propia y su ausencia ajena. // The drowned girl uses her seeing and explores, she stares with her deep eyes at her loud loneliness. The drowned girl is knowing and knows, she knows the loudness of her absence, she knows the timbre of quiet birds and the eye colour of loneliness. The drowning girl knows todo much and maybe that's why loneliness drowns herramientas. Crystal lights, of transparent colour, shine in her aged eyes, aged with absence. On her mouth lies one last smile, one laugh of nostalgia oferta times that did not happen. The drowned girl laughs alone, because she is alone and only she listens. She listens among shadows, among noise she glimpses at herself. In the night of her laugh there's only room for one but she's not there, she's drowned, and the sweetness of the sea murmurs in her insides What has never been written what must never be written and while the light of the moon shouts at her the drowned girl sinks. She sinks into herself like a climbing planta, like a chess knight. She sinks and she looks for support but in her endless knowing she knows endless this fathomless sea, she knows infinite her own loneliness and her alien absence.
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Si grande ser deseas, erige en alta cumbre Tu fortaleza, y hazla para ti solamente... Que a sus muros no pueda llegar la muchedumbre, Que se alce inaccesible sobre la roca ingente. Álzala en el orgullo de la cima inviolada, En las rutas azules del águila y del trueno, Reina de mármol blanco que mira a la hondonada, Albo lirio de piedra sobre el azul sereno. Que fulgure tan lejos en la roca bravía, Tan lejos, que los hombres, absortos en su anhelo, Crean mirar un nuevo resplandor en el día, y no sepan si viene de la tierra o del cielo. Haz tú solo el santuario de tu alma, el santuario Donde la luz empieza, donde la sombra acaba; y para que florezca tu ensueño solitario, Esta palabra mágica: «YO», sobre el muro graba. Después, duros cerrojos echa sobre la vida, Aíslate y la puerta cierra al viento que pasa, y si el techo te ahoga, busca al cielo salida Para que venga el alma del cielo hasta tu casa. Y allí en lo más recóndito de tu mansión secreta, Altar de hierro y oro para tu fe levanta, y ante ese altar, adora tu ideal de poeta, y con tu vida a solas y con tu Ensueño, canta. Canta el amor sagrado que tus entrañas quema; Canta para que arrulles tu alma en la luz absorta, Canta para los astros radiosos tu poema, y si los hombres no oyen tus himnos, ¡nada importa! Solo, divinamente solitario en tu encierro... La soledad es fuerza y el mayor de los bienes, Es el vuelo del alma que sube del destierro, El umbral encontrado de perdidos Edenes. Sólo una patria es tuya sobre el mundo: ¡tú mismo! Canta, y cuando tu espíritu se hunda en la eterna calma, Lleva el supremo orgullo, de la muerte al abismo, De que vivir supiste la vida de tu alma.
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La fortaleza
Si grande ser deseas, erige en alta cumbre Tu fortaleza, y hazla para ti solamente... Que a sus muros no pueda llegar la muchedumbre, Que se alce inaccesible sobre la roca ingente. Álzala en el orgullo de la cima inviolada, En las rutas azules del águila y del trueno, Reina de mármol blanco que mira a la hondonada, Albo lirio de piedra sobre el azul sereno. Que fulgure tan lejos en la roca bravía, Tan lejos, que los hombres, absortos en su anhelo, Crean mirar un nuevo resplandor en el día, y no sepan si viene de la tierra o del cielo. Haz tú solo el santuario de tu alma, el santuario Donde la luz empieza, donde la sombra acaba; y para que florezca tu ensueño solitario, Esta palabra mágica: «YO», sobre el muro graba. Después, duros cerrojos echa sobre la vida, Aíslate y la puerta cierra al viento que pasa, y si el techo te ahoga, busca al cielo salida Para que venga el alma del cielo hasta tu casa. Y allí en lo más recóndito de tu mansión secreta, Altar de hierro y oro para tu fe levanta, y ante ese altar, adora tu ideal de poeta, y con tu vida a solas y con tu Ensueño, canta. Canta el amor sagrado que tus entrañas quema; Canta para que arrulles tu alma en la luz absorta, Canta para los astros radiosos tu poema, y si los hombres no oyen tus himnos, ¡nada importa! Solo, divinamente solitario en tu encierro... La soledad es fuerza y el mayor de los bienes, Es el vuelo del alma que sube del destierro, El umbral encontrado de perdidos Edenes. Sólo una patria es tuya sobre el mundo: ¡tú mismo! Canta, y cuando tu espíritu se hunda en la eterna calma, Lleva el supremo orgullo, de la muerte al abismo, De que vivir supiste la vida de tu alma.
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El lago una mancha Parece de azogue. ¡Que arranque la lancha! ¡Que bogue, que bogue! Mi Musa que esmalte Adquiere en las cimas, Será gerifalte A caza de rimas. Aromas diluye Sobre el campo el aura. Doquier vida fluye Que el cuerpo restaura. Ramazón umbría Sobre el agua cuelga. La pajarería Canta alegre en huelga. Mariposas raudas Van entre fulgores; Del guadual las caudas Dan gratos rumores. En mundos que fragua La mente me pierdo, Y el rumor del agua Aduerme el recuerdo. Cual góndola zarpa El alma a la aurora. El bosque es un arpa Que alivia al que llora. Que traiga el ensueño Bienhechor descanso: ¡Oh campo, oh risueño Celeste remanso! La ciudad ahoga.... ¡Que mi cuerpo vibre! ¡Boga, lancha, boga! ¡El alma aquí es libre!
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Impresión campestre
Tudescos Moscos de los sorbos finos, Caspa de las azumbres más sabrosas, Que porque el fuego tiene mariposas, Queréis que el mosto tenga marivinos. Aves luquetes, átomos mezquinos, Motas borrachas, pájaras vinosas, Pelusas de los vinos envidiosas, Abejas de la miel de los tocinos, Liendres de la vendimia, yo os admito En mi gaznate pues tenéis por soga Al nieto de la vid, licor bendito. Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga, Que bebiéndoos a todos, me desquito Del vino que bebistes y os ahoga.
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Bebe vino precioso con mosquitos dentro
Darme algo que no me ahoga sera interesante no de novelas o talvez me pueden decirme algo lo que entra a una no siempre salga Dejame entender si no me equivoque lo que empieza con un no le siempre late o es a decir no querer a quedar de malas no siempre resuelve las indifferencias Pensando de frente, a lado o no por atras talvez hay solucion que no me adelanten por al momento si encuentro lo de mas por lo menos lo pido que no me destruyen Darme el momento y los entiendo que no todo esta hecho de queso y entra el dia que pretende a ser un momento que no se volver Pretendo a volver a vivir
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Nov 3, 2017
Nov 3, 2017 at 2:52 AM UTC
Give me something
Me enluto por ti, Mireya, y te rezo esta epopeya. Mis entrañables provincianas mías: no sospeché alabar vuestro suicidio en las facinerosas tropelías. Antes de sucumbir al bandolero se amortizaron las sonoras alas que aleteaban en el fiel alero. Cúspide del teatro pueblerino: en un martirologio de palomas tú las viste volar a su destino. El novio llorará a su mártir perla, y que luego lo mate la nostalgia de no haber acertado a defenderla. La amó porque tejía, y por su traza de ángel custodio, cual la amó el gatito juguetón con la bola de su hilaza. ¡Pobre novio aldeano! ¡Ya no teje su perla, ya no lee el Oficio Parvol ¡El cabriolé del novio va sin eje! Me enluto por ti, Mireya, y te rezo esta epopeya. Honorable pajar de la cosecha honorable: tu incendio es la basílica en que se ahoga la virgen deshecha. ¡Morir al fuego, si olían tan bien y tenían su alma como el plúmbago y un guardarropa como un almacén! Gemirán las cocinas en que antes las Mireyas criollas fueron una bandeja de pozuelos humeantes. Gime también esta epopeya, escrita a golpes de inocencia, cuando Herodes a un niño de mi pueblo decapita. Santas de los terruños, cuerpos caros y gratas almas: ved que me he hecho añicos y azul celeste, y luz para rezaros. Me enluto por ti, Mireya, y te rezo esta epopeya.
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A las provincianas mártires
Señor, me cansa la vida, tengo la garganta ronca de gritar sobre los mares, la voz de la mar me asorda. Señor, me cansa la vida y el universo me ahoga. Señor, me dejaste solo, solo, con el mar a solas.   O tú y yo jugando estamos al escondite, Señor, o la voz con que te llamo es tu voz.   Por todas partes te busco sin encontrarte jamás, y en todas partes te encuentro sólo por irte a buscar.
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Tres cantares enviados a unamuno en 1913
De «El Pienta» al «Suárez» y hasta la alta sierra Rebelde levantó puño de acero. Dejó la azada y se trocó en guerrero; Y cuando ceden todos, clama guerra. Contra asechanzas e imposibles cierra, El aire su pendón de «Comunero», Y se alza ante la muerte, rudo y fiero, Cual risco erial de su nativa tierra. Y al lanzarlo el verdugo en el vacío, De lo alto de la horca, maniatado, La faz adulta y el mirar sombrío, Al salto se apresura, y más lo ahoga La ira ante el intento fracasado Que el nudo corredizo de la soga.
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José antonio galán