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"volante" poems
Si el aire se dijera un día:                                                   -Estoy cansado, rendido de mi nombre... Ya no quiero ni mi inicial para firmar el bucle del clavel, el rizado de la rosa, el pliegecillo fino del arroyo, el gracioso volante de la mar y el hoyuelo que ríe en la mejilla de la vela... Desorientado, subo de las blandas, dormidas superficies que dan casa a mi sueño. Fluyo de las paradas enredaderas, calo los ciegos ajimeces de las torres; tuerzo, ya pura delgadez, las calles de afiladas esquinas, penetrando, roto y herido de los quicios, hondos zaguanes que se van a verdes patios donde el agua elevada me recuerda, dulce y desesperada, mi deseo... Busco y busco llamarme ¿con qué nueva palabra, de qué modo? ¿No hay soplo, no hay aliento, respiración capaz de poner alas a esa desconocida voz que me denomine? Desalentado, busco y busco un signo, un algo o alguien que me sustituya que sea como yo y en la memoria fresca de todo aquello, susceptible de tenue cuna y cálido susurro, perdure con el mismo temblor, el mismo hálito que tuve la primera mañana en que al nacer, la luz me dijo: -Vuela. Tú eres el aire. Si el aire se dijera un día eso...
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A luis cernuda, aire del sur buscado en inglaterra
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Muerte y juicio
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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La mariposa volotea y arde -con el sol- a veces. Mancha volante y llamarada, ahora se queda parada sobre una hoja: que la mece. Me decían: -No tienes nada. No estás enfermo. Te parece. Yo tampoco decía nada. Y pasó el tiempo de las mieses. Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte. Y hasta de mi alma caen hojas. Me decían: -No tienes nada. No estás enfermo. Te parece. Era la hora de las espigas. El sol, ahora, convalece. Todo se va en la vida, amigos. Se va o perece. Se va la mano que te induce. Se va o perece. Se va la rosa que desates. También la boca que te bese. El agua, la sombra y el vaso. Se va o perece. Pasó la hora de las espigas. El sol, ahora, convalece. Su lengua tibia me rodea. También me dice: -Te parece. La mariposa volotea, revolotea, y desaparece.
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Mariposa de otoño
Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache carne y ropa. ¡Ay, mis camisas de hilo! ¡Ay, mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya. Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota!
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Romance de la pena negra
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella. Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío.
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Poema 11
"Où tu vas, mon gros matou Libellule, mon fils La virgule en l'air De monticule en monticule Où tu vas mon agneau, Mon miel, mon mielule ? Où tu vas mon chéri, Mon chéri bibi d'amour, Ma bibilule ? Ma bibi lune ? Mon bibendum ? Mon termite ? Ma fourmi volante " Je viens à confesse, ma muse, Ma Déesse, maîtresse et seigneurie sur terre Et dans confesse il y a fesse Et bien que tu te revendiques muse minuscule J'aime qu'agenouillé sur un banc de poissons En sarabande On me bouscule d'ovules Et de péchés dans le confessionnal brute Juste avant la communion de la grand-messe orthodoxe. Prends ma vie vénielle et mortelle ! Je donne ma vie éternelle contre Ton matricule Et dans chaque versicule Mes testicules pour la vie extatique Ma mie, ma minette, ma mamica, oremus ! Dieu aime Dieu savoure Dieu châtie Dieu bande Dieu ovule Dieu tressaille Dieu frissonne Dieu jouit Dieu pardonne Dieu exauce Dieu gicle Amen
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Aug 21, 2019
Aug 21, 2019 at 4:12 AM UTC
Mon chéri, mon agneau, ma vie
En el ártico mar, bajo la grave, fría techumbre del borrado cielo, rota la proa, yace antigua nave, prisionera entre témpanos de hielo. A do vayan inquietas las miradas en esa soledad do el hielo impera, tan solo ven llanuras desoladas, rocas de hielo... hielo donde quiera. Entre las sombras de la noche bruma, Del horizonte en el confín distante; turbio aparece el sol, fosca la luna, y en el cielo se ven solo un instante. De la llanura en la extensión inerte jamás de vida palpitó un aliento, y no flota en la calma de esa muerte, sobre ese horror, ni voz ni movimiento. Antes de que sus flancos destrozados fueran allá donde la nave mora, de los rugientes mares dilatados todas las playas conoció su prora. De las hijas del viento en compañía la vio del ecuador el cielo urgente, y cruzó con gallarda bizarría los mares todos, desde Ocaso a Oriente. Vió la boca del Ganges; el distante Cabo de la Esperanza; surcó el seno del Mar de las Antillas resonante, y su bandera recorrió el Tirreno. Era su nombre PORVENIR; su vida fue el libre y ancho mar; y yace ahora por témpanos de hielo detenida, e inmóvil yace su volante prora. Los años pasan. Desde el turbio Oriente la mira un sol de luz amortiguada, y una luna sin brillo... y lentamente la nave se deshace abandonada. Ya derribó los mástiles el noto; la quilla, entre los hielos, yace endida; se hunde el puente... el timón está roto, y cayó al mar el ancla desprendida. ¡Arriba, el cielo tenebroso y frío y el desierto en redor, mudo y sombrío!
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La nave entre hielos
En el ártico mar, bajo la grave, fría techumbre del borrado cielo, rota la proa, yace antigua nave, prisionera entre témpanos de hielo. A do vayan inquietas las miradas en esa soledad do el hielo impera, tan solo ven llanuras desoladas, rocas de hielo... hielo donde quiera. Entre las sombras de la noche bruma, Del horizonte en el confín distante; turbio aparece el sol, fosca la luna, y en el cielo se ven solo un instante. De la llanura en la extensión inerte jamás de vida palpitó un aliento, y no flota en la calma de esa muerte, sobre ese horror, ni voz ni movimiento. Antes de que sus flancos destrozados fueran allá donde la nave mora, de los rugientes mares dilatados todas las playas conoció su prora. De las hijas del viento en compañía la vio del ecuador el cielo urgente, y cruzó con gallarda bizarría los mares todos, desde Ocaso a Oriente. Vió la boca del Ganges; el distante Cabo de la Esperanza; surcó el seno del Mar de las Antillas resonante, y su bandera recorrió el Tirreno. Era su nombre PORVENIR; su vida fue el libre y ancho mar; y yace ahora por témpanos de hielo detenida, e inmóvil yace su volante prora. Los años pasan. Desde el turbio Oriente la mira un sol de luz amortiguada, y una luna sin brillo... y lentamente la nave se deshace abandonada. Ya derribó los mástiles el noto; la quilla, entre los hielos, yace endida; se hunde el puente... el timón está roto, y cayó al mar el ancla desprendida. ¡Arriba, el cielo tenebroso y frío y el desierto en redor, mudo y sombrío!
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Salir de verte significa una reflexión Como aquella luego de una buena película de ficción Salgo del cine Ensimismado Con el radio apagado Y pensamientos volando. Trato de atraparlos al volante En esa película sí terminamos juntos.
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Aug 22, 2018
Aug 22, 2018 at 9:10 PM UTC
Salir de verte
L'AMI sans cœur ou le théâtre Adieu Celui qui est trop *** c'est-à-dire trop rouge pour vivre **** du feu des rampes De la salle ficelles pendantes Des coulisses on ne voit qu'un nuage doré machine-volante Le Régisseur croyait à l'amour d'André Lestroiscoups L'oiseaus'envole On avait oublié de planter le décor Tintamarre Le pantin verse des larmes de bois Pour Prendre Congé LOUIS ARAGON * * Il revient saluer.
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Pièce à grand spectacle
Tu dis que mes délires D'orphie volante Pour attendrir ta chair de conque Sont nuls et non avenus. Et que le chemin qui mène A la crête du mont de Vénus Est ardu et pentu et glissant Surtout pour celui qui grimpe à bicyclette. Je serais vantard Je ne serais que vent fripon et couillonnade Et tu n'as nul besoin de la marchandise Que je te présente fraîche et dispose sur l'étal Avec ce bec aux dents soi-disant acérées. Je te promets pourtant de t'attendrir J'ai la recette : elle est rare et je te l'offre C'est une recette simple et infaillible Comme gage de notre désir de nous fondre dans nos ombres Je te chante en latin lubricus Première classe des adjectifs masculins, Nominatif singulier Comme l'ont chanté avant moi Tacite, Horace, Virgile, Pline Ovide et autres Qui est la racine de lubrique Et qui veut dire glissant C'est-à-dire lisse, poli, gluant, dangereux, périlleux, coulant, Insaisissable, fuyant, inconstant, incertain, décevant, trompeur, séduisant, Chancelant, disposé, prêt à, hasardeux, délicat et mobile Si l'on en croit le Gaffiot de 1934 Et je m'enroule en Aspidelaps lubricus Serpent corail venimeux autour de ton ombre Souffre donc que je te lustre de l'antidote De mon ombre glissante Et c'est dans l'ombre de nos ombres Que nous sommes lubriques Que nous sommes lumière Haletant, bavant, buvant goutte à goutte Nos cantiques les plus luxurieux. Ce sont comme des envies de femme enceinte Irrépressibles Inexplicables Incompréhensibles Et pourtant sourdes et réelles Incontournables Je veux que ces envies jaillissent De nos inconsciences charnelles Et prolifèrent, nous mordent Nous griffent, nous lacèrent Nous démantibulent. Nos pondaisons ne sont jamais stériles. Nos jaunes pochés éclatent Dans l'eau bouillante de nos verbes De toutes les couleurs de l'arc en ciel Et nos coquilles ont toutes les formes géométriques Et s'imbriquent Comme par miracle Comme des poupées-gigognes.
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Aug 21, 2019
Aug 21, 2019 at 11:33 AM UTC
Délires d'orphie
Tu dis que mes délires D'orphie volante Pour attendrir ta chair de conque Sont nuls et non avenus. Et que le chemin qui mène A la crête du mont de Vénus Est ardu et pentu et glissant Surtout pour celui qui grimpe à bicyclette. Je serais vantard Je ne serais que vent fripon et couillonnade Et tu n'as nul besoin de la marchandise Que je te présente fraîche et dispose sur l'étal Avec ce bec aux dents soi-disant acérées. Je te promets pourtant de t'attendrir J'ai la recette : elle est rare et je te l'offre C'est une recette simple et infaillible Comme gage de notre désir de nous fondre dans nos ombres Je te chante en latin lubricus Première classe des adjectifs masculins, Nominatif singulier Comme l'ont chanté avant moi Tacite, Horace, Virgile, Pline Ovide et autres Qui est la racine de lubrique Et qui veut dire glissant C'est-à-dire lisse, poli, gluant, dangereux, périlleux, coulant, Insaisissable, fuyant, inconstant, incertain, décevant, trompeur, séduisant, Chancelant, disposé, prêt à, hasardeux, délicat et mobile Si l'on en croit le Gaffiot de 1934 Et je m'enroule en Aspidelaps lubricus Serpent corail venimeux autour de ton ombre Souffre donc que je te lustre de l'antidote De mon ombre glissante Et c'est dans l'ombre de nos ombres Que nous sommes lubriques Que nous sommes lumière Haletant, bavant, buvant goutte à goutte Nos cantiques les plus luxurieux. Ce sont comme des envies de femme enceinte Irrépressibles Inexplicables Incompréhensibles Et pourtant sourdes et réelles Incontournables Je veux que ces envies jaillissent De nos inconsciences charnelles Et prolifèrent, nous mordent Nous griffent, nous lacèrent Nous démantibulent. Nos pondaisons ne sont jamais stériles. Nos jaunes pochés éclatent Dans l'eau bouillante de nos verbes De toutes les couleurs de l'arc en ciel Et nos coquilles ont toutes les formes géométriques Et s'imbriquent Comme par miracle Comme des poupées-gigognes.
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