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"huele" poems
on tall trees (en arboles altos) they begin as small white flowers (empiezan como flores pequeñas y blancas) with five petals (con cinco petalos) and a sweet smell (y un olor dulce) ready in summer (estan listos en el verano) smooth skin (piel suave) colorful skin (piel lleno de color) red, orange, yellow, green (rojo, anaranjado, amarillo, verde) single pit in the middle (una semilla en el medio) sweet flavor (sabor dulce) soft or firm (blando o firme) the knife breaks the thin surface (el cuchillo rompe la superficie delgada) and reveals a golden sun (y revela un sol dorado) a sun (un sol) bright (brillante) shining (radiante) and glorious (y glorioso) i like mangos (me gusta mangos) mango juice (jugo de mango) mango smoothies (batidos de mangos) mango ice cream (helado de mango) i have a candle (tengo un cirio) that smells like (que huele como) mangos (mangos) it’s one of my favorite smells (es uno de mis olores favoritos) in the entire world (en todo el mundo) when i think of (cuando yo pienso en) mangos (mangos) i think of (yo pienso en) summer (el verano) my happy place (mi lugar feliz) my paradise (mi paraiso)
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Feb 5, 2015
Feb 5, 2015 at 10:55 PM UTC
ode to the mango (oda al mango)
¿Vendrás tú? Por mis jardines vuelan Ya las primeras mariposas Sobre las rosas.                 Velan De noche los cocuyos Entre los yuyos. Sonríen las estrellas Pálidamente bellas. ¿Y vendrás tú? Se cubren Alegres, mis floreros De madreselvas. Anda por los largos canteros La risa azul del nomeolvides Y se cargan las vides.                 Selvas Tengo en el corazón; Árboles gruesos Prietos de ramas; Yuyos, retamas, Flores de malvón, Pájaros en las ramas, Todo eso tengo en el corazón. ¿Y vendrás tú?                 Mis manos Fabricaron panales. Yendo de rosa en rosa cogí miel; Hice linos; no recuerdo de males. El lecho mío es blanco Y es Primavera. Huele Bien, el alto barranco Mojado por la ría. Desde el mar que diviso ¿Vendrá tu vela? Vuela, Primavera es gacela Fugitiva Y furtiva, ¡Vuela!
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Primavera
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Oct 29, 2012
Oct 29, 2012 at 4:09 PM UTC
La venganza de Siddharta.
Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Arquitectura gatuna.
Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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Manuel del Río, natural de España, ha fallecido el sábado 11 de mayo, a consecuencia de un accidente. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada a las 9,30 en St. Francis. Es una historia que comienza con sol y piedra, y que termina sobre una mesa, en D'Agostino, con flores y cirios eléctricos. Es una historia que comienza en una orilla del Atlántico. Continúa en un camarote de tercera, sobre las olas -sobre las nubes- de las tierras sumergidas ante Poseidón. Halla en América su término con una grúa y una clínica, con una esquela y una misa cantada, en la iglesia de St. Francis. Al fin y al cabo, cualquier sitio da lo mismo para morir: el que se aroma de romero, el tallado en piedra o en nieve, el empapado de petróleo. Da lo mismo que un cuerpo se haga piedra, petróleo, nieve, aroma. Lo doloroso no es morir acá o allá...                   Requiem æternam, Manuel del Río. Sobre el mármol en D'Agostino, pastan toros de España, Manuel, y las flores (funeral de segunda, caja que huele a abetos del invierno) cuarenta dólares. Y han puesto unas flores artificiales entre las otras que arrancaron al jardín... Libera me domine de morte æterna... Cuando mueran James o Jacob verán las flores que pagaron Giulio o Manuel... Ahora descienden a tus cumbres garras de águila. Dies irae. Lo doloroso no es morir Dies illa acá o allá; sino sin gloria...                       Tus abuelos fecundaron la tierra toda, la empaparon de la aventura. Cuando caía un español se mutilaba el Universo. Los velaban no en D'Agostino Funeral Home, sino entre hogueras, entre caballos y armas. Héroes para siempre. Estatuas de rostro borrado. Vestidos aún sus colores de papagayo, de poder y de fantasía. Él no ha caído así. No ha muerto por ninguna locura hermosa. (Hace mucho que el español muere de anónimo y cordura, o en locuras desgarradoras entre hermanos: cuando acuchilla pellejos de vino derrama sangre fraterna). Vino un día porque su tierra es pobre. El Mundo, Liberanos Domine, es patria. Y ha muerto. No fundó ciudades. No dio su nombre a un mar. No hizo más que morir por diecisiete dólares (él los pensaría en pesetas). Requiem æternam. Y en D'Agostino lo visitan los polacos, los irlandeses, los españoles, los que mueren en el week-end.                         Requiem æternam. Definitivamente todo ha terminado. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada por su alma.                   Me he limitado a reflejar aquí una esquela de un periódico de New York. Objetivamente. Sin vuelo en el verso. Objetivamente. Un español como millones de españoles. No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar.
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Réquiem
Manuel del Río, natural de España, ha fallecido el sábado 11 de mayo, a consecuencia de un accidente. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada a las 9,30 en St. Francis. Es una historia que comienza con sol y piedra, y que termina sobre una mesa, en D'Agostino, con flores y cirios eléctricos. Es una historia que comienza en una orilla del Atlántico. Continúa en un camarote de tercera, sobre las olas -sobre las nubes- de las tierras sumergidas ante Poseidón. Halla en América su término con una grúa y una clínica, con una esquela y una misa cantada, en la iglesia de St. Francis. Al fin y al cabo, cualquier sitio da lo mismo para morir: el que se aroma de romero, el tallado en piedra o en nieve, el empapado de petróleo. Da lo mismo que un cuerpo se haga piedra, petróleo, nieve, aroma. Lo doloroso no es morir acá o allá...                   Requiem æternam, Manuel del Río. Sobre el mármol en D'Agostino, pastan toros de España, Manuel, y las flores (funeral de segunda, caja que huele a abetos del invierno) cuarenta dólares. Y han puesto unas flores artificiales entre las otras que arrancaron al jardín... Libera me domine de morte æterna... Cuando mueran James o Jacob verán las flores que pagaron Giulio o Manuel... Ahora descienden a tus cumbres garras de águila. Dies irae. Lo doloroso no es morir Dies illa acá o allá; sino sin gloria...                       Tus abuelos fecundaron la tierra toda, la empaparon de la aventura. Cuando caía un español se mutilaba el Universo. Los velaban no en D'Agostino Funeral Home, sino entre hogueras, entre caballos y armas. Héroes para siempre. Estatuas de rostro borrado. Vestidos aún sus colores de papagayo, de poder y de fantasía. Él no ha caído así. No ha muerto por ninguna locura hermosa. (Hace mucho que el español muere de anónimo y cordura, o en locuras desgarradoras entre hermanos: cuando acuchilla pellejos de vino derrama sangre fraterna). Vino un día porque su tierra es pobre. El Mundo, Liberanos Domine, es patria. Y ha muerto. No fundó ciudades. No dio su nombre a un mar. No hizo más que morir por diecisiete dólares (él los pensaría en pesetas). Requiem æternam. Y en D'Agostino lo visitan los polacos, los irlandeses, los españoles, los que mueren en el week-end.                         Requiem æternam. Definitivamente todo ha terminado. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada por su alma.                   Me he limitado a reflejar aquí una esquela de un periódico de New York. Objetivamente. Sin vuelo en el verso. Objetivamente. Un español como millones de españoles. No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar.
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Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Traigo sus ojos conmigo, los llevo para poder observar de cerca como él, para olvidarme, se aleja a toda prisa magullando y lastimando sus encogidas huellas, entre las espigas empalagosas, más allá de una vieja y arcaica alameda. El ya no huele a miel naranja en sus pupilas, tiene tantas mentiras arrastrando por ese campo! que las últimas primaveras que viva, las vivirá fingiendo, que ama los huecos de los árboles, cuando yo sé muy bien, que mueres por la alquimia filosofía. Un día cualquiera, lo sé, cuando el sol venza al fin su cansancio, oxigenará su monótona vida con alguna brisa perdida por el terruño, y me recordará. Me recordará en los murmullos opacos y casi con amargura en su piel, sabrá, que jamás pudo olvidarme, a mi, a su única quimera endemoniada, la que lo hacia encender vibrar, morir y vivir. Entonces, cuando los días se le acobarden en los orgasmos, clamara en silencio mis labios y se maldecirá por haber dicho tantas mentiras y por ocultar tantas verdades. Ya sabes que no te bendigo vida mía, porque siempre yo fui, una mujer con infiernos perversos, en los labios. LAS PALABRAS QUE PARTIERON Valentina de la Canal. copyleft Reserved 2008
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:02 AM UTC
LAS PALABRAS QUE PARTIERON
This is more permanent. Something like a debt from past lovers or a memory that keeps repeating itself reminiscing hysteria. *esto ya huele a flor dulce recién salido de la lengua de un nopal. No mas no me vallas a olvidar* I remember passing lonely nights at the city fair Dreaming of a friend who would expand my mind pass the cliche television shows and the cliche talks thought of only by the cliche, regular people who have nothing exciting to say 'cept how their grandma got ran over by a reindeer. Now here came a girl who dm'ed me I like your tweets. And I had nothing great in mind The only thing I thought of was, "hey I like to write" She got excited and from there on I wasn't lonely Every day and night a new conversation sprung. Some repeating old stories of depression, Sylvia Plath, and the Beat Generation. Some stuff like "Yo I dig Aubrey Plaza" And most of all me genuinely telling her how beautiful she is, how she makes me smile, how I thank God she walked into my life at the most perfect time. Speaking 'bout God. I pray He never takes her away from my life. I hope he fulfills everything she wants in her life, 'Cause she has power soaring from her inner beauty. Success pours out from her being. There is nothing in the world that could stop this girl. You know how they say, "The world is yours?" No better phrase hits right right now but that exact one. The world is yours Nezly *esto ya huele a flor dulce recién salido de la lengua de un nopal. Nezly, tu nunca me vas a fallar*
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Nov 15, 2013
Nov 15, 2013 at 11:26 PM UTC
This line is for Nezly: written in pen this time.
This is more permanent. Something like a debt from past lovers or a memory that keeps repeating itself reminiscing hysteria. *esto ya huele a flor dulce recién salido de la lengua de un nopal. No mas no me vallas a olvidar* I remember passing lonely nights at the city fair Dreaming of a friend who would expand my mind pass the cliche television shows and the cliche talks thought of only by the cliche, regular people who have nothing exciting to say 'cept how their grandma got ran over by a reindeer. Now here came a girl who dm'ed me I like your tweets. And I had nothing great in mind The only thing I thought of was, "hey I like to write" She got excited and from there on I wasn't lonely Every day and night a new conversation sprung. Some repeating old stories of depression, Sylvia Plath, and the Beat Generation. Some stuff like "Yo I dig Aubrey Plaza" And most of all me genuinely telling her how beautiful she is, how she makes me smile, how I thank God she walked into my life at the most perfect time. Speaking 'bout God. I pray He never takes her away from my life. I hope he fulfills everything she wants in her life, 'Cause she has power soaring from her inner beauty. Success pours out from her being. There is nothing in the world that could stop this girl. You know how they say, "The world is yours?" No better phrase hits right right now but that exact one. The world is yours Nezly *esto ya huele a flor dulce recién salido de la lengua de un nopal. Nezly, tu nunca me vas a fallar*
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Un sol de invierno ilumina la mar arrugada empujada por el olor a sal. Hoy he venido junto a la orilla a escribir de una chica pero huele a mar, y el olor salado trae recuerdos dulces. Huele a cubos y palas, a olas blandas de bandera verde, a la infantil valentía de salir al sol quedando la edad adulta a cobijo. Huelo la brisa que airea fotos que solo yo guardo De mi abuelo enterrándome en la playa –sonrio por verle de nuevo–, saltos de fe desde los brazos de mi padre, y castillos desafiando al océano entero. Huelo veranos infinitos para lo pequeño que soy. Yo vine aquí a escribir sobre una chica, pero tengo arena en los recuerdos y me drogaron la brisa y la mar.
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Feb 26, 2017
Feb 26, 2017 at 4:19 PM UTC
Arena en los recuerdos
En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne. Y en las ollas chilenas, en la costa, nació el caldillo grávido y suculento, provechoso. Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada cede como un guante y al descubierto queda entonces el racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo, preparado para nuestro apetito. Ahora recoges ajos, acaricia primero ese marfil precioso, huele su fragancia iracunda, entonces deja el ajo picado caer con la cebolla y el tomate hasta que la cebolla tenga color de oro. Mientras tanto se cuecen con el vapor los regios camarones marinos y cuando ya llegaron a su punto, cuando cuajó el sabor en una salsa formada por el jugo del océano y por el agua clara que desprendió la luz de la cebolla, entonces que entre el congrio y se sumerja en gloria, que en la olla se aceite, se contraiga y se impregne. Ya sólo es necesario dejar en el manjar caer la crema como una rosa espesa, y al fuego lentamente entregar el tesoro hasta que en el caldillo se calienten las esencias de Chile, y a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tú conozcas el cielo.
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Oda al caldillo de congrio
La frescura de lo que recién llega, huele a grama mojada por lluvia de anhelos. Como un “te acuerdas” evoca la duda, realza una emoción y cautiva el corazón. Las miradas provocan orgasmos, si sabes mirar; Los besos enloquecen el alma, y el **** entorpece la decencia. El amor transforma lo banal en perpetuo, la razón en sentimiento. Recuérdame por favor la forma de tu cintura, aunque me queme las manos al sentirla. Embriágame otra vez con tu saliva y tu boca, permíteme una vez más volverte loca. Desnuda mis nervios, desviste los tuyos, y déjalos que juegen al son de nuestros besos. Cuéntame dónde has estado, pero no pronuncies nada. Entrégame tu lujuria, dibújala sobre tu piel. Haz sonar tu voz, sin decir una palabra. Regálame tu vientre, liso y sedoso. Confúndeme, dime que no. Emocióname, dime que si. Baila para mi. Curvas. Baila sobre mi. Cantos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:08 PM UTC
Reencuentro
// A que huele un guerrero cuando viene de batalla huele a victoria, huele a victoria// Por que Jehová está con él. // Somos como escudos, tres son los valientes y con su espiritu venceremos siempre// A que huele un guerrero cuando viene de la batalla A que huele un guerrero cuando viene de la batalla //Huele a victoria, huele a victoria // // Si con Dios peleas esto sabe a gloria// Sabe gloria // Esto sabe a gloria, esto sabe a gloria
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Nov 9, 2015
Nov 9, 2015 at 1:49 AM UTC
Ebenezer - Huele A Victoria
Se bebe el desayuno... Húmeda tierra de cementerio huele a sangre amada. Ciudad de invierno... La mordaz cruzada de una carreta que arrastrar parece una emoción de ayuno encadenada! Se quisiera tocar todas las puertas, y preguntar por no sé quién; y luego ver a los pobres, y, llorando quedos, dar pedacitos de pan fresco a todos. Y saquear a los ricos sus viñedos con las dos manos santas que a un golpe de luz volaron desclavadas de la Cruz! Pestaña matinal, no os levantéis! ¡El pan nuestro de cada día dánoslo, Señor...! Todos mis huesos son ajenos; yo talvez los robé! Yo vine a darme lo que acaso estuvo asignado para otro; y pienso que, si no hubiera nacido, otro pobre tomara este café! Yo soy un mal ladrón... A dónde iré! Y en esta hora fría, en que la tierra trasciende a polvo humano y es tan triste, quisiera yo tocar todas las puertas, y suplicar a no sé quién, perdón, y hacerle pedacitos de pan fresco aquí, en el horno de mi corazón...!
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El pan nuestro
En los vientres de naciones todavía huele a tradición: denso y dulce como un higo. Hay ecos de bailes y susurros de dioses tejiendo pacientemente la cosecha. Niebla, siempre una niebla, que desliza por la espalda de montaña plagada por leyenda, llevando con sí siseo de culebra, llanto de cuervo, y una canción bien embolsada. Cama fértil pa imaginar, árboles místicos han criado, guardando mitos primitivos en sus anillos varicosos. Hay poco que decir de la ciencia ni el razón cuando un trompetista conjura visiones del aguacero. In the bellies of nations you can still smell the lore: dense and sweet as a ripened fig. There are echoes of dances and whispers of gods patiently weaving the harvest. There is a fog, always a fog, that slides down the back of the legend-born mountain carrying the hiss of a snake, the wail of a crow, and a song in its pocket for safe keeping. Fertile bed for imagination, mystic trees have sprouted, holding primal myth in their varicose rings. There is little to be said of science or reason when a trumpeter calls visions from the rain.
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Apr 23, 2014
Apr 23, 2014 at 11:59 PM UTC
23 of 30 - Tepoztlán
¿Qué hará con la memoria de esta noche tan clara cuando todo termine? ¿Qué hacer si cae la sed sabiendo que está lejos la fuente en que bebía? ¿Qué hará de este deseo de terminar mil veces por volver a encontrarle? ¿Qué hacer cuando un mal aire de tristeza la envuelva igual que un maleficio? ¿Qué hará bajo el otoño si el aire huele a humo y a pólvora y a besos? ¿Qué hacer?¿Qué hará? Preguntas a un azar que ya tiene las suertes repartidas.
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El aire huele a humo
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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May 21, 2018
May 21, 2018 at 6:51 PM UTC
Placer de una mirada
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache carne y ropa. ¡Ay, mis camisas de hilo! ¡Ay, mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya. Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota!
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Romance de la pena negra
Traspasada por junio, por España y la sangre, se levanta mi lengua con clamor a llamarte. Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde. Calabozos y hierros, calabozos y cárceles, desventuras, presidios, atropellos y hambres, eso estás defendiendo, no otra cosa más grande. Perdición de tus hijos, maldición de tus padres, que doblegas tus huesos al verdugo sangrante, que deshonras tu trigo, que tu tierra deshaces, campesino, despierta, español, que no es tarde. Retroceden al hoyo que se cierra y se abre, por la fuerza del pueblo forjador de verdades, escuadrones del crimen, corazones brutales, dictadores del polvo, soberanos voraces. Con la prisa del fuego, en un mágico avance, un ejército férreo que cosecha gigantes los arrastra hasta el polvo, hasta el polvo los barre. No hay quien sitie la vida, no hay quien cerque la sangre cuando empuña sus alas y las clava en el aire. La alegría y la fuerza de estos músculos parte como un hondo y sonoro manantial de volcanes. Vencedores seremos, porque somos titanes sonriendo a las balas y gritando: ¡Adelante! La salud de los trigos sólo aquí huele y arde. De la muerte y la muerte sois: de nadie y de nadie. De la vida nosotros, del sabor de los árboles. Victoriosos saldremos de las fúnebres fauces, remontándonos libres sobre tantos plumajes, dominantes las frentes, el mirar dominante, y vosotros vencidos como aquellos cadáveres. Campesino, despierta, español, que no es tarde. A este lado de España esperamos que pases: que tu tierra y tu cuerpo la invasión no se trague.
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Campesino de españa
Traspasada por junio, por España y la sangre, se levanta mi lengua con clamor a llamarte. Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde. Calabozos y hierros, calabozos y cárceles, desventuras, presidios, atropellos y hambres, eso estás defendiendo, no otra cosa más grande. Perdición de tus hijos, maldición de tus padres, que doblegas tus huesos al verdugo sangrante, que deshonras tu trigo, que tu tierra deshaces, campesino, despierta, español, que no es tarde. Retroceden al hoyo que se cierra y se abre, por la fuerza del pueblo forjador de verdades, escuadrones del crimen, corazones brutales, dictadores del polvo, soberanos voraces. Con la prisa del fuego, en un mágico avance, un ejército férreo que cosecha gigantes los arrastra hasta el polvo, hasta el polvo los barre. No hay quien sitie la vida, no hay quien cerque la sangre cuando empuña sus alas y las clava en el aire. La alegría y la fuerza de estos músculos parte como un hondo y sonoro manantial de volcanes. Vencedores seremos, porque somos titanes sonriendo a las balas y gritando: ¡Adelante! La salud de los trigos sólo aquí huele y arde. De la muerte y la muerte sois: de nadie y de nadie. De la vida nosotros, del sabor de los árboles. Victoriosos saldremos de las fúnebres fauces, remontándonos libres sobre tantos plumajes, dominantes las frentes, el mirar dominante, y vosotros vencidos como aquellos cadáveres. Campesino, despierta, español, que no es tarde. A este lado de España esperamos que pases: que tu tierra y tu cuerpo la invasión no se trague.
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Tu paz -¡oh paz de cada día!- y mi dolor que es inmortal, se han de casar, Amada mía, en una noche cuaresmal. Quizá en un Viernes de Dolores, cuando se anuncian ya las flores y en el altar que huele a lirios el casto pecho de María sufre por nos siete martirios; mientras la luna, Amada mía, deja caer sus tenues franjas de luz de ensueño sideral sobre las místicas naranjas que, por el arte virginal de las doncellas de la aldea, lucen banderas de papel e irisaciones de oropel sobre la piel que amarillea. Fuensanta: al amor aventurero de cálidas mujeres, azafatas súbditas de la carne, te prefiero por la frescura de tus manos gratas. Yo te convido, dulce Amada, a que te cases con mi pena entre los vasos de cebada la última noche de novena. Te ha de cubrir la luna llena con luz de túnica nupcial y nos dará la Dolorosa la bendición sacramental. Y así podré llamarte esposa, y haremos juntos la dichosa ruta evangélica del bien hasta la eterna gloria.                                         AMÉN.
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Cuaresmal
Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
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El herido
Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
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Pongo un dedo, el meñique, en la linea por la que voy. Voy bajando el dedo a medida que progresa la lectura y acomodo el librito edición de bolsillo de Robinsón Crusoe que medio arreglé con cinta porque había perdido el lomo. Cae la segunda gota en la página, en la palabra Martes, que no es un día sino un muchacho, mientras trato de evitar la tercera con un pañito que ya huele demasiado mal. Oigo sin escuchar las voces del fondo, oigo sin escuchar la mala música a intolerable volumen, oigo sin escuchar a la señora que intercambia las erres por las eles, quejándose por el peso de las compras, y de que nadie le cede el puesto. Lo único que oí y también escuché ese día fue la pregunta de un señor dirigida a la señora: ¿No sabes lo que significa "hacerse el loco"? Desde ese día decidí dejar de oír sin escuchar
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Dec 24, 2017
Dec 24, 2017 at 6:00 PM UTC
¿No sabes que significa "hacerse el loco"?
Cerré los ojos por un instante, los cerré para desconectarme, para centralizarme. Por si un suspiro quisiera invadirme, nutrir mi estancia espiritual, por si pudiese empaparme de conocimiento y como funciona el mundo de las almas. Cerré los ojos para sentir mis olas, esos pleamares de mi vida a veces tan altas, a veces descienden, pero tan parte del esquema de mi piélago. Cerré mis ojos para sentir la tierra, por si todavía podía percibir si ella era húmeda, o si era seca. Cerré los ojos para soñar, para ver un futuro después de esta realidad. por si el horizonte todavía hablaba con el cielo, o, si necesitaban esa línea intermediaria para llegar a un acuerdo. Los cerré, porque quería palpitar la libertad, por si venteaba a la fragancia que tiene la cinco de la mañana, ese olor de opacidad que voluntariamente cede su potestad a la posibilidad de unos rayos que iluminan, o la bruma de un día entre lluvias de amargura. Quería saber si la libertad huele igual a la dependencia, Si huele el silencio al estimulante bullicio, ese olor a sueños, a colofones, o la impúdica resignación que nada cambia. Cerré los ojos porque sentí un diluvio queriéndose desguazar sobre mi cara, porque quería entender todo, mas no entendía nada. LeydisProse 1/26/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 26, 2018
Jan 26, 2018 at 8:24 PM UTC
Cerré los ojos
El aire huele a otoño, Las nubes grises me saludan hoy. Estoy rodando junto a mi retoño, Me preguntando: donde, donde voy... Y no encuentro la respuesta. Sólo me gusta el calor Que resplandece en nosotros Viviendo dentro el olor.
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Aug 15, 2020
Aug 15, 2020 at 1:32 PM UTC
El aire huele a otoño
Me llegas en la brisa y en la espuma, tú, la perdida para siempre... Tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo, que ahora llegas más casta y más ausente... Me llegas en el viento que huele a lejanía, me llegas en la sal que sabe a muerte, tú, sombra arrinconada en un silencio; tú, la perdida para siempre... Ya no sé por qué sordo camino de la ausencia, bajo qué estrellas moribundas vienes, con los pies inseguros llenos de polvo y de rocío, tú, la perdida para siempre...
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Elegía iv