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"abandonada" poems
La puerta como siempre abierta mi latido que mueve los ríos de sangre y tu al otro lado de la calle. Volverte a ver desato huracanes, lleno estos pulmones y amarro mis ilusiones. Volverte a ver fue pasajero, fue como un beso robado, una foto lejana. Estabas frente aquella puerta azul, donde te espere tantas noches, donde deje mi columna abandonada y el cuaderno de versos que los mortales no comprenden, pero que nuestro amor un día los vio nacer. Volverte a ver fue deseo fue odio, fue rabia, rabia de saber que no me puedo acercar por vergüenza, por falta de agallas por falta de palabras. ¿serán los versos el arma de un cobarde? y ¿me hace marica llorarte poemas? Volverte a ver fue inmenso y lleno de emoción fue recuerdo y también amor, fue sentir al sol abrazándome mientras me decía que aún puedo respirar. Y que sin dolor no existió amor... no existió aquella criatura de rubí.
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May 16, 2017
May 16, 2017 at 2:41 AM UTC
Volverte ver
Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Pálido y amarrado a mi agua devorante cruzo en el agrio olor del clima descubierto, aún vestido de gris y sonidos amargos, y una cimera triste de abandonada espuma. Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, lunar, solar, ardiente y frío, repentino, dormido en la garganta de las afortunadas islas blancas y dulces como caderas frescas. Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos locamente cargado de eléctricas gestiones, de modo heroico dividido en sueños y embriagadoras rosas practicándose en mí. Aguas arriba, en medio de las olas externas, tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos como un pez infinitamente pegado a mi alma rápido y lento en la energía subceleste.
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Poema 9
como la base, el cordon de pasion, que une dos personas la tibia conexion, de miel y fuego, pero solo, en llamas. como un pira eterna, sin descanzo, sin ojos, que como balsamo, ayuden a mitigar el dolor, que quema como la soledad, del que ama en la distancia. que ve en los ojos ajenos los de aquella que lo esperaba, y que lo ama aun. perdido, incompleto, fatuo, sin conexion, irrebediablemente, deambulando entre los hombres. como cuerpo sin alma, como hombre sin corazon, pues esta en las manos de la que lo amo. con los ojos perdidos, en el aparente desinteres, la noche acarrea, mis pasos de incompleta plenitud. absorto en mi mente, el deseo tantrico yace subsole, como mina abandonada en la penumbra, de una veta. el fatuo deseo, se escapa entre estertores, de un fuego eterno, que nunca se apaga, solo su balsamo, de color palorosa, amaina el fuego incompleto, tacito, fatuo inconexo. mientras subsole, frente mar, las dos sueñan con el hijo de venus, pero nunca lo tendran. en una decadente, fiesta eterna donde solo sufren, por el amor que no pueden tener. davide montecinos.
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Jul 6, 2016
Jul 6, 2016 at 8:43 AM UTC
incompleto
Ah, pobre Dolores Mais uma vez está cansada de suas mágoas e constipada com suas dores Há quem diga que quando olha o céu, sonha com estrelas Acalme-se Dolores, hoje tenho um presente para entretê-la Acorde de seu sonho e largue esses afazeres Olhe para A Casa Abandonada dos Prazeres Almeja tanto assim? O seu ignoto fim? Por quê toma todos esses remédios? Se o que deseja é pular do mais alto prédio Para quê todas essas doenças inventadas? E essas mulheres, para quê invejá-las? Na casa encontrará a cura Não mais carregará sua imaginária feiura Lá será bela como sempre quis Mas pergunte-se o que é ser feliz Lá, em todas as paredes, encontrará espelhos E em todas camas encontrará lençóis vermelhos Onde finalmente poderá gozar E a beleza que não é sua, contemplar Goze, goze Dolores Mistura seu prazer com suas dores Goze, goze mais uma vez Goze toda sua estupidez Saiba que nem tudo que cintila é ouro E fora da casa continuará seu agouro Quando fora estiver, da vida perderá a crença E a cada vez que entrar e sair, nascerá uma nova doença Uma daquelas de sua hipocondria E a cada dia verá a verdadeira agonia Sentirá dor, e fome Não se lembrará de seu nome Não poderá comer, pois a doença te devastará E para a casa todos os dias irá correr, a sonhar Lembre-se de novo Que nem tudo que brilha é ouro Ganhará a casa e perderá o mundo E seu eu estará perdido num poço profundo Um dia dirá: Será? Toda aquela estética... era tão assim... patética? Nossas escolhas não tem volta Para o destino não há revolta Não devo mais chorar Só me resta, agora, gozar Goze, goze Dolores Mistura seu prazer com suas dores Goze, goze mais uma vez Goze toda sua estupidez
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Aug 22, 2014
Aug 22, 2014 at 4:34 PM UTC
Dolores
Ah, pobre Dolores Mais uma vez está cansada de suas mágoas e constipada com suas dores Há quem diga que quando olha o céu, sonha com estrelas Acalme-se Dolores, hoje tenho um presente para entretê-la Acorde de seu sonho e largue esses afazeres Olhe para A Casa Abandonada dos Prazeres Almeja tanto assim? O seu ignoto fim? Por quê toma todos esses remédios? Se o que deseja é pular do mais alto prédio Para quê todas essas doenças inventadas? E essas mulheres, para quê invejá-las? Na casa encontrará a cura Não mais carregará sua imaginária feiura Lá será bela como sempre quis Mas pergunte-se o que é ser feliz Lá, em todas as paredes, encontrará espelhos E em todas camas encontrará lençóis vermelhos Onde finalmente poderá gozar E a beleza que não é sua, contemplar Goze, goze Dolores Mistura seu prazer com suas dores Goze, goze mais uma vez Goze toda sua estupidez Saiba que nem tudo que cintila é ouro E fora da casa continuará seu agouro Quando fora estiver, da vida perderá a crença E a cada vez que entrar e sair, nascerá uma nova doença Uma daquelas de sua hipocondria E a cada dia verá a verdadeira agonia Sentirá dor, e fome Não se lembrará de seu nome Não poderá comer, pois a doença te devastará E para a casa todos os dias irá correr, a sonhar Lembre-se de novo Que nem tudo que brilha é ouro Ganhará a casa e perderá o mundo E seu eu estará perdido num poço profundo Um dia dirá: Será? Toda aquela estética... era tão assim... patética? Nossas escolhas não tem volta Para o destino não há revolta Não devo mais chorar Só me resta, agora, gozar Goze, goze Dolores Mistura seu prazer com suas dores Goze, goze mais uma vez Goze toda sua estupidez
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Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Adúltera
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Como um ser humano qualquer precisa de água Ela precisava da presença de alguém Ou acha que precisava Acreditava que só na presença de outro Podia ter uma saúde mental Acreditava que sofrer era o remédio Fazia das palavras dos outros lei Vivia em função de uma imagem E por dentro entrelaçava os sentimentos de abandono Sentia-se sozinha no mundo Sem fé Sem amor Mal sabia que não havia sido abandonada pelo mundo E sim que vivia em um mundo abandonado Seus sentimentos de solidão não eram seus Era de todos Pois vivia sozinha junto com o mundo inteiro
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Jul 5, 2013
Jul 5, 2013 at 8:31 PM UTC
Solidão
...y las muchachas andan con las piernas desnudas: ¿por qué las utilizan para andar? Mentalmente repaso oficios convincentes para ellas -las piernas-, digamos: situaciones más útiles al hombre que las mira despacio, silbando entre los dientes una canción recuperada apenas           -ese oficio no me gusta...- en el acantilado del olvido. Si bien se mira, bien se ve que todas son bellas: las que pasan llevando hacia otro sitio cabellos, voces, senos, ojos, gestos, sonrisas; las que permanecen cruzadas, dobladas como ramas bajo el peso de la belleza cálida, caída desde el dulce abandono de los cuerpos sentados; las esbeltas y largas; las tersas y bruñidas; las cubiertas de leve vello, tocadas por la gracia de la luz, color miel, comestibles y apetitosas como frutas frescas; y también -sobre todo- aquellas que demoran su pesado trayecto hasta el tobillo en el curvo perfil que delimita las pueriles, alegres, inocentes, irreflexivas, blancas pantorrillas. Pensándolo mejor, duele mirarlas: tanta gracia dispersa, inaccesible, abandonada entre la primavera, abruma el corazón del conmovido espectador que siente la humillante quemadura de la renuncia, y maldice en voz baja, y se apoya en la verja del estanque, y mira el agua, y ve su propio rostro, y escupe distraído, mientras sigue con los ojos los círculos que trazan en la tensa superficie su soledad, su miedo, su saliva.
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Jardín público con piernas particulares
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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La balada del poeta
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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Balada del soldado john smith
Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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Buscad, buscadlos: en el insomnio de las cañerías olvidadas, en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras. No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube, unos ojos perdidos, una sortija rota o una estrella pisoteada.   Porque yo los he visto: en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas. Porque yo los he tocado: en el destierro de un ladrillo difunto, venido a la nada desde una torre o un carro. Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban, ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.   En todo esto. Más en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego, en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados, no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes.   Buscad, buscadlos: debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro o la firma de uno de esos rincones de cartas que trae rodando el polvo. Cerca del casco perdido de una botella, de una suela extraviada en la nieve, de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.
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Los ángeles muertos
En mis sueños me atormentas, e incluso en ellos te vas. Me dejas sola, abandonada en la fría oscuridad. Juro ya no hacerlo, prometo no caer, pero una dulce sonrisa me vuelve a convencer. Y ahí voy, una vez más, pensando que vale la pena. Fingiendo no ser consciente que tu cariño envenena. Con un estúpido mensaje me desarmo, lloro y muero. Con otro insignificante mensaje revivo y me río, pero sé que no es lo que quiero. Quiero un cuerpo a mi lado, anhelo una mente llena de universos. Deseo un toque, un roce, un cálido abrazo. Sólo pido una conversación, que deje tu mente al desnudo, que nos enrede en un lazo. Papi tiene razón. Papi sabe bien. Él me explica, me aconseja, me hace despertar. Pero como una niña caprichosa tengo que chocarme contra la pared un millón de veces más y mi cabeza reventar. Cuando el tornado se vuelva brisa y ya no tenga lágrimas que llorar. Hasta que mi corazón ya no soporte, y aprenda a sumergir mis pies en el río en vez de hundirme en el mar.
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Dec 17, 2017
Dec 17, 2017 at 12:48 PM UTC
No te hundas en el mar.
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Carta
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto. Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño que reflejo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha .de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella). Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste abandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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Tengo miedo
Han contado el oro que tiene el territorio del maíz? Sabes que es verde la neblina a mediodía, en Patagonia? Quién canta en el fondo del agua en la laguna abandonada? De qué ríe la sandía cuando la están asesinando?
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Xix
Hace año y medio que pienso en lo mismo. La mirada y los pasos los siento cansados, los hombros me pesan, y no sé si es la mochila o mi pasado. Estoy sobrepuesta, soy una pintura que colgaron para tapar un hoyo en la pared. Hay días buenos, no tan buenos y los malos, pero aunque me sienta alegre siempre en el trasfondo hay un pequeño duende apagando el interruptor, que le gusta estar a oscuras, y que el silencio lo aturde. Por eso mantiene mi voz activa desde atrás de mi cabeza. Y le gusta oír el latido de mi corazón agitado. Cómo quisiera estar de nuevo en el techo de Camilo, y mirar las luces de la ciudad en lugar de las estrellas. Vaciarme. Estoy como una casa abandonada, llena de cosas inservibles. De sueños que no son míos, de cansancio por cargar penas ajenas, y mis ojos lo único que quieren es cerrarse.
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May 26, 2018
May 26, 2018 at 3:07 PM UTC
Diario parte II
No quiero no, no quiero serranías, ni la ola marina y su jactancia, ni el fondo verde y oro de una estancia... Quiero pasar, verano, aquí mis días. Cerca de aquí y de tus niñerías y de tu lealtad y tu constancia, adherido a tu piel a su fragancia... Que te enojes, que hables, que te rías. Abandonada, así, sobre la grama mientras yo te contemplo, distraído, con la profunda distracción del que ama. Revuelta de cabello y de vestido, retorcer el marfil como una rama: tu cuerpo descubierto y escondido.
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Luján
En el ártico mar, bajo la grave, fría techumbre del borrado cielo, rota la proa, yace antigua nave, prisionera entre témpanos de hielo. A do vayan inquietas las miradas en esa soledad do el hielo impera, tan solo ven llanuras desoladas, rocas de hielo... hielo donde quiera. Entre las sombras de la noche bruma, Del horizonte en el confín distante; turbio aparece el sol, fosca la luna, y en el cielo se ven solo un instante. De la llanura en la extensión inerte jamás de vida palpitó un aliento, y no flota en la calma de esa muerte, sobre ese horror, ni voz ni movimiento. Antes de que sus flancos destrozados fueran allá donde la nave mora, de los rugientes mares dilatados todas las playas conoció su prora. De las hijas del viento en compañía la vio del ecuador el cielo urgente, y cruzó con gallarda bizarría los mares todos, desde Ocaso a Oriente. Vió la boca del Ganges; el distante Cabo de la Esperanza; surcó el seno del Mar de las Antillas resonante, y su bandera recorrió el Tirreno. Era su nombre PORVENIR; su vida fue el libre y ancho mar; y yace ahora por témpanos de hielo detenida, e inmóvil yace su volante prora. Los años pasan. Desde el turbio Oriente la mira un sol de luz amortiguada, y una luna sin brillo... y lentamente la nave se deshace abandonada. Ya derribó los mástiles el noto; la quilla, entre los hielos, yace endida; se hunde el puente... el timón está roto, y cayó al mar el ancla desprendida. ¡Arriba, el cielo tenebroso y frío y el desierto en redor, mudo y sombrío!
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La nave entre hielos
En el ártico mar, bajo la grave, fría techumbre del borrado cielo, rota la proa, yace antigua nave, prisionera entre témpanos de hielo. A do vayan inquietas las miradas en esa soledad do el hielo impera, tan solo ven llanuras desoladas, rocas de hielo... hielo donde quiera. Entre las sombras de la noche bruma, Del horizonte en el confín distante; turbio aparece el sol, fosca la luna, y en el cielo se ven solo un instante. De la llanura en la extensión inerte jamás de vida palpitó un aliento, y no flota en la calma de esa muerte, sobre ese horror, ni voz ni movimiento. Antes de que sus flancos destrozados fueran allá donde la nave mora, de los rugientes mares dilatados todas las playas conoció su prora. De las hijas del viento en compañía la vio del ecuador el cielo urgente, y cruzó con gallarda bizarría los mares todos, desde Ocaso a Oriente. Vió la boca del Ganges; el distante Cabo de la Esperanza; surcó el seno del Mar de las Antillas resonante, y su bandera recorrió el Tirreno. Era su nombre PORVENIR; su vida fue el libre y ancho mar; y yace ahora por témpanos de hielo detenida, e inmóvil yace su volante prora. Los años pasan. Desde el turbio Oriente la mira un sol de luz amortiguada, y una luna sin brillo... y lentamente la nave se deshace abandonada. Ya derribó los mástiles el noto; la quilla, entre los hielos, yace endida; se hunde el puente... el timón está roto, y cayó al mar el ancla desprendida. ¡Arriba, el cielo tenebroso y frío y el desierto en redor, mudo y sombrío!
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Bébete un tentempié pero sentada arrímate a tu sol si eres satélite usa tus esperanzas como un sable desmundízate a ciegas o descálzate desmilágrate ahora / poco a poco quítate la ropita sin testigos arrójale esa cáscara al espejo preocúpate pregúntale prepárate sobremuriente no / sobreviviente desde el carajo al cielo / sin escalas y si no vienen a buscar tu búsqueda y te sientes pueril o mendicante abandonada por tu abandoneón fabulízate de una vez por todas métete en tu ropita nuevamente mundízate milágrate y entonces apróntate a salir y a salpicarte calle abajo / novada y renovada pero antes de asomar la naricita bebe otro tentempié / por si las moscas
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Bébete un tentempié
São quatro e vinte da madrugada E o fraco ainda resiste. O dia nasce não tarda E continua a sina daquele triste. Será ele um poeta, Um que se viu de alma abandonada Ou um cuja profissão é a mais antiga que existe? O seu coração pinga solidão, que se tenta encobrir, Fundida pela malfadada escuridão que o rodeia E que goza do ferir. O vagabundo olha à volta como se tivesse casa cheia E ouve, gota a gota, a gota, abusadamente, cair. Repete-se todas as noites a ladainha No aconchego de sua cama quentinha. Para este fraco, viver é ousadia. Limita-se a existir e até isso é um ultraje. Vê o sol que na janela luzia; Vai ao espelho ver se este lhe traz Aquele brilho que outrora o seduzia E que há muito não o via. Depara-se com o rotineiro: O pesar do vazio corriqueiro Que em forma de sombra breu Sobre si subtilmente desceu. Fatalidade que o destino por si escolheu. É este o tal fado De quem não se sente satisfeito Nem é valorizado P'las cicatrizes que carrega ao peito. Dizem que tem vida de vadio. Terminará o triste por rir De quem um dia dele se riu? É esta a "pseudoprofecia" Que o acompanha noite e dia. É só mais um que não vive o ultraje que é existir.
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May 1, 2018
May 1, 2018 at 4:15 PM UTC
O ultraje que é existir
¡Ciudad que fuiste reina del mar! Vagan ligeros Y en paz los tiburones en tu tranquila rada, Donde las nubes tienden su sombra prolongada, Y que vio los antiguos galeones iberos. Desde Drake y los días de infieles bucaneros Tu muralla de siglos se arruina abandonada, Y cual collar sombrío, de grandeza pasada, Aun de Pointis las balas muestran los agujeros. Entre la mar y el cielo que abrasa tu bahía, Bajo el sol de un monótono y ardiente medio día, Con los Conquistadores sueñas amodorrada; Y en el enervamiento de noches placenteras, Te duermes, arrullando tu gloria ya borrada, Bajo palmas, al lento rumor de las palmeras.
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A una ciudad muerta
«1700» dice la piedra abandonada; «1720» después. La piedra rota Agrega: «Mari...» Fúlgida visión entonces flota, Flota en el pensamiento como visión soñada. María... ¡Ya dos siglos! ¿Quién fuiste, flor tronchada? Tu nombre mutilado, como una esencia ignota Viene a evocar ensueños desde una edad remota... ¿Quién fuiste? ¿Blanca y rubia? ¿Bella y de azul mirada? Te veo, y me imagino tu plácida agonía... En mañana de lluvia, tu faz reflejaría La luz ultra terrena con que soñó tu anhelo; Y serías entonces como incienso que sube, Como aroma de lirio, como callado vuelo, Y como en alba de oro, níveo copo de nube.
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Lápida sepulcral
Tal vez guardes mi libro en alguna gaveta, sin que nadie descubra qué relata su historia, pues serán simplemente, los versos de un poeta, tras arrancar la página de la dedicatoria... Y pasarán años... Pero acaso algún día, o acaso alguna noche que estés sola en tu lecho, abrirás la gaveta -como una rebeldía, y leerás mi libro- tal vez como un despecho. Y brotará un perfume de una ilusión suprema sobre tu desencanto de esposa abandonada. Y entonces con orgullo, marcarás la página... Y guardarás mi libro debajo de la almohada.
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Canción para la esposa ajena
Dejé mi copa en el brocal maldito. Grité hacia abajo, hacia el profundo hueco, pero el coro sarcástico del eco me devolvió multiplicado el grito. Llegaba tarde: el pozo estaba seco. Un gran golpe de viento lleno el pozo, y, al recorrer su vertical garganta, en su más honda hondura oí un sollozo, donde cantaba el agua y ya no canta... Brillaba entonces la primera estrella, pero el anochecer amanecía cuando me puse a comparar aquella profunda sed del pozo con la mía. Y allí dejé mi copa abandonada, con un tardío gesto de homenaje por quien se supo dar sin pedir nada al que calmo su sed y siguió viaje... Y allí, junto al brocal ennegrecido, y el cubo roto, y la inservible rueda, comprendí que no cabe en el olvido la ingratitud de un agua que se ha ido ni el espanto de un pozo que se queda...
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El pozo seco
Debo burlarme de mí mismo, vagabundo con pasaje de ida y vuelta. Fabricante de nubes, inquieta el viento de otoño. Debo burlarme de mí mismo, de mi niñez de sotana. 1 En el texto escolar hipopótamos y caníbales. Recuerdo haber paleado arena en una goleta de cabotaje. ¡Era tan hermoso el crepúsculo desde la cabaña abandonada! Y aquel viejo bergantín encallado, con los mástiles ennegrecidos, y los largos libros bancarios con viruelas de tinta. Ah sí, debo burlarme de mí mismo en aquel otro ausente que ya apenas soy yo en el fondo de sus retratos.
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Debo burlarme de mí mismo