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Siendo mozo Alvargonzález,
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,
en la feria de Berlanga
prendóse de una doncella,
y la tomó por mujer
al año de conocerla.Muy ricas las bodas fueron
y quien las vio las recuerda;
sonadas las tornabodas
que hizo Alvar en su aldea;
hubo gaitas, tamboriles,
flauta, bandurria y vihuela,
fuegos a la valenciana
y danza a la aragonesa.   Feliz vivió Alvargonzález
en el amor de su tierra.
Naciéronle tres varones,
que en el campo son riqueza,
y, ya crecidos, los puso,
uno a cultivar la huerta,
otro a cuidar los merinos,
y dio el menor a la Iglesia.   Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.   Casáronse los mayores;
tuvo Alvargonzález nueras,
que le trajeron cizaña,
antes que nietos le dieran.   La codicia de los campos
ve tras la muerte la herencia;
no goza de lo que tiene
por ansia de lo que espera.   El menor, que a los latines
prefería las doncellas
hermosas y no gustaba
de vestir por la cabeza,
colgó la sotana un día
y partió a lejanas tierras.La madre lloró, y el padre
diole bendición y herencia.   Alvargonzález ya tiene
la adusta frente arrugada,
por la barba le platea
la sombra azul de la cara.   Una mañana de otoño
salió solo de su casa;
no llevaba sus lebreles,
agudos canes de caza;

  iba triste y pensativo
por la alameda dorada;
anduvo largo camino
y llegó a una fuente clara.   Echóse en la tierra; puso
sobre una piedra la manta,
y a la vera de la fuente
durmió al arrullo del agua.   Y Alvargonzález veía,
como Jacob, una escala
que iba de la tierra al cielo,
y oyó una voz que le hablaba.Mas las hadas hilanderas,
entre las vedijas blancas
y vellones de oro, han puesto
un mechón de negra lana.Tres niños están jugando
a la puerta de su casa;
entre los mayores brinca
un cuervo de negras alas.La mujer vigila, cose
y, a ratos, sonríe y canta.-Hijos, ¿qué hacéis? -les pregunta.Ellos se miran y callan.-Subid al monte, hijos míos,
y antes que la noche caiga,
con un brazado de estepas
hacedme una buena llama.   Sobre el lar de Alvargonzález
está la leña apilada;
el mayor quiere encenderla,
pero no brota la llama.-Padre, la hoguera no prende,
está la estepa mojada.   Su hermano viene a ayudarle
y arroja astillas y ramas
sobre los troncos de roble;
pero el rescoldo se apaga.Acude el menor, y enciende,
bajo la negra campana
de la cocina, una hoguera
que alumbra toda la casa.   Alvargonzález levanta
en brazos al más pequeño
y en sus rodillas lo sienta;-Tus manos hacen el fuego;
aunque el último naciste
tú eres en mi amor primero.   Los dos mayores se alejan
por los rincones del sueño.
Entre los dos fugitivos
reluce un hacha de hierro.   Sobre los campos desnudos,
la luna llena manchada
de un arrebol purpurino,
enorme globo, asomaba.Los hijos de Alvargonzález
silenciosos caminaban,
y han visto al padre dormido
junto de la fuente clara.   Tiene el padre entre las cejas
un ceño que le aborrasca
el rostro, un tachón sombrío
como la huella de un hacha.Soñando está con sus hijos,
que sus hijos lo apuñalan;
y cuando despierta mira
que es cierto lo que soñaba.   A la vera de la fuente
quedó Alvargonzález muerto.Tiene cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por donde la sangre brota,
más un hachazo en el cuello.Cuenta la hazaña del campo
el agua clara corriendo,
mientras los dos asesinos
huyen hacia los hayedos.Hasta la Laguna Negra,
bajo las fuentes del Duero,
llevan el muerto, dejando
detrás un rastro sangriento,
y en la laguna sin fondo,
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada
a los pies, tumba le dieron.   Se encontró junto a la fuente
la manta de Alvargonzález,
y, camino del hayedo,
se vio un reguero de sangre.Nadie de la aldea ha osado
a la laguna acercarse,
y el sondarla inútil fuera,
que es la laguna insondable.Un buhonero, que cruzaba
aquellas tierras errante,
fue en Dauria acusado, preso
y muerto en garrote infame.   Pasados algunos meses,
la madre murió de pena.Los que muerta la encontraron
dicen que las manos yertas
sobre su rostro tenía,
oculto el rostro con ellas.   Los hijos de Alvargonzález
ya tienen majada y huerta,
campos de trigo y centeno
y prados de fina hierba;
en el olmo viejo, hendido
por el rayo, la colmena,
dos yuntas para el arado,
un mastín y mil ovejas.
    Ya están las zarzas floridas
y los ciruelos blanquean;
ya las abejas doradas
liban para sus colmenas,
y en los nidos, que coronan
las torres de las iglesias,
asoman los garabatos
ganchudos de las cigüeñas.Ya los olmos del camino
y chopos de las riberas
de los arroyos, que buscan
al padre Duero, verdean.El cielo está azul, los montes
sin nieve son de violeta.La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza;
muerto está quien la ha labrado,
mas no le cubre la tierra.   La hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y Urbión es una cimera.   Los hijos de Alvargonzález,
por una empinada senda,
para tomar el camino
de Salduero a Covaleda,
cabalgan en pardas mulas,
bajo el pinar de Vinuesa.Van en busca de ganado
con que volver a su aldea,
y por tierra de pinares
larga jornada comienzan.Van Duero arriba, dejando
atrás los arcos de piedra
del puente y el caserío
de la ociosa y opulenta
villa de indianos. El río
al fondo del valle, suena,
y de las cabalgaduras
los cascos baten las piedras.A la otra orilla del Duero
canta una voz lastimera:«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra.»   Llegados son a un paraje
en donde el pinar se espesa,
y el mayor, que abre la marcha,
su parda mula espolea,
diciendo: -Démonos prisa;
porque son más de dos leguas
de pinar y hay que apurarlas
antes que la noche venga.Dos hijos del campo, hechos
a quebradas y asperezas,
porque recuerdan un día
la tarde en el monte tiemblan.Allá en lo espeso del bosque
otra vez la copla suena:«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra».   Desde Salduero el camino
va al hilo de la ribera;
a ambas márgenes del río
el pinar crece y se eleva,
y las rocas se aborrascan,
al par que el valle se estrecha.Los fuertes pinos del bosque
con sus copas gigantescas
y sus desnudas raíces
amarradas a las piedras;
los de troncos plateados
cuyas frondas azulean,
pinos jóvenes; los viejos,
cubiertos de blanca lepra,
musgos y líquenes canos
que el grueso tronco rodean,
colman el valle y se pierden
rebasando ambas laderasJuan, el mayor, dice: -Hermano,
si Blas Antonio apacienta
cerca de Urbión su vacada,
largo camino nos queda.-Cuando hacia Urbión alarguemos
se puede acortar de vuelta,
tomando por el atajo,
hacia la Laguna Negra
y bajando por el puerto
de Santa Inés a Vinuesa.-Mala tierra y peor camino.
Te juro que no quisiera
verlos otra vez. Cerremos
los tratos en Covaleda;
hagamos noche y, al alba,
volvámonos a la aldea
por este valle, que, a veces,
quien piensa atajar rodea.Cerca del río cabalgan
los hermanos, y contemplan
cómo el bosque centenario,
al par que avanzan, aumenta,
y la roqueda del monte
el horizonte les cierra.El agua, que va saltando,
parece que canta o cuenta:«La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra».
    Aunque la codicia tiene
redil que encierre la oveja,
trojes que guarden el trigo,
bolsas para la moneda,
y garras, no tiene manos
que sepan labrar la tierra.Así, a un año de abundancia
siguió un año de pobreza.   En los sembrados crecieron
las amapolas sangrientas;
pudrió el tizón las espigas
de trigales y de avenas;
hielos tardíos mataron
en flor la fruta en la huerta,
y una mala hechicería
hizo enfermar las ovejas.A los dos Alvargonzález
maldijo Dios en sus tierras,
y al año pobre siguieron
largos años de miseria.   Es una noche de invierno.
Cae la nieve en remolinos.
Los Alvargonzález velan
un fuego casi extinguido.El pensamiento amarrado
tienen a un recuerdo mismo,
y en las ascuas mortecinas
del hogar los ojos fijos.No tienen leña ni sueño.Larga es la noche y el frío
arrecia. Un candil humea
en el muro ennegrecido.El aire agita la llama,
que pone un  fulgor rojizo
sobre las dos pensativas 
testas de los asesinos.El mayor de Alvargonzález,
lanzando un ronco suspiro,
rompe el silencio, exclamando:-Hermano, ¡qué mal hicimos!El viento la puerta bate
hace temblar el postigo,
y suena en la chimenea
con hueco y largo bramido.Después, el silencio vuelve,
y a intervalos el pabilo
del candil chisporrotea
en el aire aterecido.El segundo dijo: -Hermano,
¡demos lo viejo al olvido!

  Es una noche de invierno.
Azota el viento las ramas
de los álamos. La nieve
ha puesto la tierra blanca.Bajo la nevada, un hombre
por el camino cabalga;
va cubierto hasta los ojos,
embozado en negra capa.Entrado en la aldea, busca
de Alvargonzález la casa,
y ante su puerta llegado,
sin echar pie a tierra, llama.   Los dos hermanos oyeron
una aldabada a la puerta,
y de una cabalgadura
los cascos sobre las piedras.Ambos los ojos alzaron
llenos de espanto y sorpresa.-¿Quién es?  Responda -gritaron.-Miguel -respondieron fuera.Era la voz del viajero
que partió a lejanas tierras.   Abierto el portón, entróse
a caballo el caballero
y echó pie a tierra. Venía
todo de nieve cubierto.En brazos de sus hermanos
lloró algún rato en silencio.Después dio el caballo al uno,
al otro, capa y sombrero,
y en la estancia campesina
buscó el arrimo del fuego.   El menor de los hermanos,
que niño y aventurero
fue más allá de los mares
y hoy torna indiano opulento,
vestía con ***** traje
de peludo terciopelo,
ajustado a la cintura
por ancho cinto de cuero.Gruesa cadena formaba
un bucle de oro en su pecho.Era un hombre alto y robusto,
con ojos grandes y negros
llenos de melancolía;
la tez de color moreno,
y sobre la frente comba
enmarañados cabellos;
el hijo que saca porte
señor de padre labriego,
a quien fortuna le debe
amor, poder y dinero.
De los tres Alvargonzález
era Miguel el más bello;
porque al mayor afeaba
el muy poblado entrecejo
bajo la frente mezquina,
y al segundo, los inquietos
ojos que mirar no saben
de frente, torvos y fieros.   Los tres hermanos contemplan
el triste hogar en silencio;
y con la noche cerrada
arrecia el frío y el viento.-Hermanos, ¿no tenéis leña?-dice Miguel.             -No tenemos
-responde el mayor.               Un hombre,
milagrosamente, ha abierto
la gruesa puerta cerrada
con doble barra de hierro.

El hombre que ha entrado tiene
el rostro del padre muerto.Un halo de luz dorada
orla sus blancos cabellos.
Lleva un haz de leña al hombro
y empuña un hacha de hierro.   De aquellos campos malditos,
Miguel a sus dos hermanos
compró una parte, que mucho
caudal de América trajo,
y aun en tierra mala, el oro
luce mejor que enterrado,
y más en mano de pobres
que oculto en orza de barro.   Diose a trabajar la tierra
con fe y tesón el indiano,
y a laborar los mayores
sus pegujales tornaron.   Ya con macizas espigas,
preñadas de rubios granos,
a los campos de Miguel
tornó el fecundo verano;
y ya de aldea en aldea
se cuenta como un milagro,
que los asesinos tienen
la maldición en sus campos.   Ya el pueblo canta una copla
que narra el crimen pasado:«A la orilla de la fuente
lo asesinaron.¡qué mala muerte le dieron
los hijos malos!En la laguna sin fondo
al padre muerto arrojaron.No duerme bajo la tierra
el que la tierra ha labrado».   Miguel, con sus dos lebreles
y armado de su escopeta,
hacia el azul de los montes,
en una tarde serena,
caminaba entre los verdes
chopos de la carretera,
y oyó una voz que cantaba:«No tiene tumba en la tierra.
Entre los pinos del valle
del Revinuesa,
al padre muerto llevaron
hasta la Laguna Negra».
    La casa de Alvargonzález
era una casona vieja,
con cuatro estrechas ventanas,
separada de la aldea
cien pasos y entre dos olmos
que, gigantes centinelas,
sombra le dan en verano,
y en el otoño hojas secas.   Es casa de labradores,
gente aunque rica plebeya,
donde el hogar humeante
con sus escaños de piedra
se ve sin entrar, si tiene
abierta al campo la puerta.   Al arrimo del rescoldo
del hogar borbollonean
dos pucherillos de barro,
que a dos familias sustentan.   A diestra mano, la cuadra
y el corral; a la siniestra,
huerto y abejar, y, al fondo,
una gastada escalera,
que va a las habitaciones
partidas en dos viviendas.   Los Alvargonzález moran
con sus mujeres en ellas.
A ambas parejas que hubieron,
sin que lograrse pudieran,
dos hijos, sobrado espacio
les da la casa paterna.   En una estancia que tiene
luz al huerto, hay una mesa
con gruesa tabla de roble,
dos sillones de vaqueta,
colgado en el muro, un *****
ábaco de enormes cuentas,
y unas espuelas mohosas
sobre un arcón de madera.   Era una estancia olvidada
donde hoy Miguel se aposenta.
Y era allí donde los padres
veían en primavera
el huerto en flor, y en el cielo
de mayo, azul, la cigüeña
-cuando las rosas se abren
y los zarzales blanquean-
que enseñaba a sus hijuelos
a usar de las alas lentas.   Y en las noches del verano,
cuando la calor desvela,
desde la ventana al dulce
ruiseñor cantar oyeran.   Fue allí donde Alvargonzález,
del orgullo de su huerta
y del amor a los suyos,
sacó sueños de grandeza.   Cuando en brazos de la madre
vio la figura risueña
del primer hijo, bruñida
de rubio sol la cabeza,
del niño que levantaba
las codiciosas, pequeñas
manos a las rojas guindas
y a las moradas ciruelas,
o aquella tarde de otoño,
dorada, plácida y buena,
él pensó que ser podría
feliz el hombre en la tierra.   Hoy canta el pueblo una copla
que va de aldea en aldea:«¡Oh casa de Alvargonzález,
qué malos días te esperan;
casa de los asesinos,
que nadie llame a tu puerta!»   Es una tarde de otoño.
En la alameda dorada
no quedan ya ruiseñores;
enmudeció la cigarra.   Las últimas golondrinas,
que no emprendieron la marcha,
morirán, y las cigüeñas
de sus nidos de retamas,
en torres y campanarios,
huyeron.           Sobre la casa
de Alvargonzález, los olmos
sus hojas que el viento arranca
van dejando. Todavía
las tres redondas acacias,
en el atrio de la iglesia,
conservan verdes sus ramas,
y las castañas de Indias
a intervalos se desgajan
cubiertas de sus erizos;
tiene el rosal rosas grana
otra vez, y en las praderas
brilla la alegre otoñada.   En laderas y en alcores,
en ribazos y en cañadas,
el verde nuevo y la hierba,
aún del estío quemada,
alternan; los serrijones
pelados, las lomas calvas,
se coronan de plomizas
nubes apelotonadas;
y bajo el pinar gigante,
entre las marchitas zarzas
y amarillentos helechos,
corren las crecidas aguas
a engrosar el padre río
por canchales y barrancas.   Abunda en la tierra un gris
de plomo y azul de plata,
con manchas de roja herrumbre,
todo envuelto en luz violada.   ¡Oh tierras de Alvargonzález,
en el corazón de España,
tierras pobres, tierras tristes,
tan tristes que tienen alma!   Páramo que cruza el lobo
aullando a la luna clara
de bosque a bosque, baldíos
llenos de peñas rodadas,
donde roída de buitres
brilla una osamenta blanca;
pobres campos solitarios
sin caminos ni posadas,¡oh pobres campos malditos,
pobres campos de mi patria!
    Una mañana de otoño,
cuando la tierra se labra,
Juan y el indiano aparejan
las dos yuntas de la casa.
Martín se quedó en el huerto
arrancando hierbas malas.   Una mañana de otoño,
cuando los campos se aran,
sobre un otero, que tiene
el cielo de la mañana
por fondo, la parda yunta
de Juan lentamente avanza.   Cardos, lampazos y abrojos,
avena loca y cizaña,
llenan la tierra maldita,
tenaz a pico y a escarda.   Del corvo arado de roble
la hundida reja trabaja
con vano esfuerzo; parece,
que al par que hiende la entraña
del campo y hace camino
se cierra otra vez la zanja.   «Cuando el asesino labre
será su labor pesada;
antes que un surco en la tierra,
tendrá una arruga en su cara».   Martín, que estaba en la huerta
cavando, sobre su azada
quedó apoyado un momento;
frío sudor le bañaba
el rostro.           Por el Oriente,
la luna llena, manchada
de un arrebol purpurino,
lucía tras de la tapia
del huerto.           Martín tenía
la sangre de horror helada.
La azada que hundió en la tierra
teñida de sangre estaba.   En la tierra en que ha nacido
supo afincar el indiano;
por mujer a una doncella
rica y hermosa ha tomado.   La hacienda de Alvargonzález
ya es suya, que sus hermanos
todo le vendieron: casa,
huerto, colmenar y campo.   Juan y Martín, los mayores
de Alvargonzález, un
Omniest Wanderer  Oct 2018
Ngiti,
Omniest Wanderer Oct 2018
Nakakakilig, matatamis ang iyong mga ngiti
Nakakatunaw ang kinang sayong mga labi

Kakaiba ka sa pakiramdam, napakaganda mo sa loob
Napakaganda tignan ng mala alon mo na buhok

Sabi nila'y, ang mga taong may liwanag ay meron ding lalim
Ano nga bang nasa likod ng 'yong magagandang tanawin

Nais ko'y lumapit, ngunit papano ako bubwelo
Tunay ngang ang langit ay binabantayan ni san pedro

Ako'y manlalawig, at tumatawag si Laguna
Mukha atang mahirap na'kong pigilan animo'y pumapatak na luha

Nananaginip binibigyan ka ng kwentas ba o singsing
Bagamat ikaw ay isang bituin, sayo'y wala akong hinihiling

Sapat na saking nakatingala, kahit tingin sa sarili ay kawawa
Sapat na saking malaman ang presensya ng isang tala

Ang nais ko lang naman ay magpamalas ng paghanga
At sana, sana ay paglapitin din tayo ng tadhana
Stephen E Yocum Nov 2013
In ’68 Hutch and me,
Sitting at the bar drinking
Our third cold beer.
In a semi Fern Bar
Laguna or Newport Beach
Which now, I’m not sure.
It was around nine or so,
A week day night,
The place more empty than not.

She came in alone, made
Entry like the dramatic host of
A TV show. As if she were the
Center piece on the nations
Thanksgiving Dinner Table.
Over dressed to the nines,
Lots of color, heavy make up
She didn’t really need.

Her perfume scent hovered
Around her like a cloud of insects  
On a hot summer night in a wet meadow.
Kind of made my eyes water up.

She perched daintily like a dancer,
Upon a bar stool,
Three empty stools down,
Nodded the bartender her regular order.
A martini, a double it was,
With but a dab of vermouth.
One green olive on a stick.
The glass was prechilled as if
It had been waiting only for her.
She pounded that first one down,
As if the stem wear was a shot glass.
Another full stem glass appeared,
That one also quickly consumed
Two bright red lipstick stains all that
Remained in or on the stemmed glass rim.

Her main task accomplished,
She audibly exhaled,
As if tired or relieved.
I couldn't tell which.
Turned around on her stool to face
Hutch sitting closest to her.
“You boys Marines.” She declared,
More than inquired.
The close chopped hair cuts
giving us away.

Hutch just nodded, he never did say much.
A ****** just back from The Nam,
A dark scary guy of few words.

She opened her fur trimmed cloth coat,
exposing two very nice stocking clad legs,
And just a quick flash of red underpants.
Rotating towards us so we got a better shot.

She announced her name,
like as if we should know it.
Our blank stares informed her we didn’t.
Her face was to me, somewhat familiar.  
From movies in the 40s or 50s.
We were early 20 guys, she much older,
Trying hard to look younger, not succeeding.

Soon she was sitting right next to Hutch,
Two more Martini stems had come and gone,
Her lipstick finger prints upon them.
And still Hutch had not spoken more than
Three or four words.

She bought us a pitcher of brew,
Hutch grunted a short bit of gratitude.
We didn't have to say much, she was in charge.
It was all about her, she rambled on and on
Speaking volumes saying not much at all.
Beating back her crushing obscurity,
With flowery reminiscence recall,
Of glory days, long gone away.
Important for the moment, if only to her.
It was all; “me and I, I did this, I was that,
I slept with him,
And him and him”.
How about so and so?  I asked,
“No Darling not him, he was gay!
Still is.”

It was not long and she was touching Hutch.
On the hand, the shoulder, she was working him
With languid hungry looks from her big baby blues,
And the message could not have been plainer,
Had she held up a large hand lettered sign.

I don’t believe she was a “Working Girl”,
Just someone very lonely seeking to find
Herself, and some company for the night,
All to prove that she was still alive.

Looking at her, I could only think,
How sad and pathetic she seemed,
How desperate her plight.
To humble herself so,
In that dingy bar, among strangers
She did not know, Acting yet, still
On the only stage she could find,
Staring in her own bad ‘B’ movie drama.
In that dingy smelly bar.

Hutch and her left after a hour or so,
He never told me much about it.
He was unofficially AWOL for three days.
I covered for him, kept his name off the
Missing Morning Formation Reports
and the Daily Duty Lists.
No one cared to check. Our unit made up
Of mostly guys back from the war,
A pretty loosey-goosey outfit.

Once in a while now I see an old movie,
most are Black and white, Film Noir stuff,
And there she is, a much younger her,
Looking pretty **** good,
Not real big roles they were,
Claimed she was in the chorus
Of "Singing In The Rain" in '52.
To this, I can not attest,
watched that film several times,
But I never saw her there.

Had parts Playing damsels in distress,
A mobster’s gun moll a time or two,
Or unhappy Play Girls on a bar stool.
I guess it was type casting that done her in.
Or maybe she got a little too long in the tooth..
A sad ending to a short B movie career.
Life ain’t easy, even for a so called “movie star”.
Fame is not all it’s cracked up to be.
A smattering of fame, apparently worth,
Nothing at all.
True stuff from an old guys past.
She had called the Company Office
once or twice, looking for Hutch.
He told us to tell her that he had
been Shipped Out, when he actually
hadn't.

She no doubt found someone else to
tell her story to.

I saw that woman the other day on TV,
an old film on Turner Classic Movies
doing her thing. I sort of wonder what
ever  happened to her, but refuse to
Google it to find out.
Some information you don't need
or what to know.
It did inspire this little Poem Noir write.

Got a letter from Hutch in '70, we were
both out of the Corps. He was headed to
the Arabian Desert as a hired gun, to guard
some pipe line operation. Have no idea what
became of him after that. Hutch was a real hard
case, 14 confirmed kills through a ****** sight.
I hope he made it out of the desert all right,
maybe sitting on a beach someplace recalling
his back in the day three nights with a once
upon a time B movie star. Actually I doubt he
recalls her at all.
CHAPTER ONE

My geographic movements during the past year could be called “A Tale of Two Couches.” So as June draws to a close, I assume the position here again on Couch California. I am back in Hemet, the place the smug among us call Hemetucky--as if there was nothing a couple of Mint Juleps and a **** of Blue Grass wouldn’t cure. It is the year of our Lord, 2014: so far an interesting year for women. There was a woman who wore socks to bed. There was always my long-time, here today-gone tomorrow, long time companion, currently teaching somewhere remote on the Big Rez, a southwestern Navajo concentration camp near the 4 Corners.  Next, there’s my current object of affection, that fine and frisky lady from The Bronx by way of Bernalillo--currently at home in Laguna Beach, Orange County. Trixie: my main squeeze at the moment.

And now, completely out of the ******* blue this afternoon, my cell phone rings and it’s ******* Juanita--my all-time favorite woman, Juanita Mi Favorita de La Quinta--a Coachella Valley town and desert wadi, extending its lucrative winter tourist season to become a significant, year-round retirement venue and a robust service economy feeding off it.  Juanita arrived there in the late 80s, in middle of her early forties.  She was unemployed, homeless, just a suitcase to her name and a two-year old toddler in tow. Her parents were there, as was her Aunt Peggy.  Juanita was always Peggy’s favorite niece, her favorite child, actually, Peggy herself being childless, never married.  Aunt Peggy put her maternal instincts to work on Juanita Rodriguez, her Sister Rosalia’s second favorite twin daughter.

Maria, Rosalia’s first favorite daughter, Juanita’s twin sister—MARIA: lives in Newport Beach and acts as an extra in many commercial ads shot in southern California and elsewhere, an irony never without sting for Juanita. “Que lastima!” Poor Juanita: as her would-be Hollywood Movie star aspirations disintegrated over the years, along with her unrealized lower expectations to be TV star, and even those semi-glamorous modeling gigs at trade shows and fairs—the elephant’s graveyard of the acting profession—failed to materialize, and now her celebrity habitat shrunken even further, to that sporadic but consistent mockery of stardom, I refer to any would-be thespian’s ignominious one-celled visual protozoan: The Extra Call List.  And—*******-- what happens next? Juanita’s sister Maria starts getting these parts, starts getting hired by filling out a ******* postcard, starts getting paid to look good in the background. *******: no professional education or instruction, no agent, and no need to **** off both the producer, the producer’s cousin Morey, the director and the director’s wife’s huge Golden retriever, Genghis--actually a mighty handsome animal--or needing to spill $4K on that Derma-brasion, Juanita inflicted on herself last year.

Juanita, as you already know, was the second favorite daughter and the second favorite twin of the family. She became the third favorite child in her three-child family upon the arrival of her slick baby brother Nico-- the Golden Child, who grew up to be a glib Merrill-Lynch stockbroker, office and residence, Beverly Hills 90112.  (Enter forcefully into the narrative, His Nibs himself, Sir Nicodemus of Hollywood, Juanita and Maria’s baby brother Nico. He speaks: “Excuse me, stockbroker my ***, as it says in a 11 point Rockwell Boldfont, right here on my gold-leaf embossed business card: Senior Large Capital Investment Counselor.”)

No, Juanita had a hard time just treading water in that Cleveland shark tank. And though she lacked nothing in the cuteness department, she had this one fatal flaw, namely, the gift of ***** and sass and a reflex to speak truth to power. Juanita: rejected by Rosalia as a threat to her hegemony as Boss of the Girl’s Club, was cast adrift on a tempestuous childhood cruel Montserrat sea, out there on the briny deep . . .  
                

                                      



High Seas: where many a tuna has a Sorry Charlie moment: “Star-Kist don’t want no tuna with good taste; Star-Kist wants a tuna that tastes good.”

Finally, Juanita is rescued, taken aboard the Good/Soul Aunt Peggy—that wayward bark Elisabeta Rodriguez, home-ported in Southside, Chicago, Illinois—the rescue at sea performed in classy, rather low-key manner; no Andrea Doria drama, but understated:

{Camera One, Helicopter above, zooms over turbulent ocean surface. Peggy, an oasis of calm, aboard the raft Kon Tiki with Thor Heyerdahl and his crew, floats by, whispering, “Going my way, Honey? Climb aboard. Have a homemade oatmeal cookie and a small glass tumbler of Jack Daniels.” Okay, no, that’s not fair. Sure Aunt Peggy drank, but never got round to offering you a drink until you were well into your 30s. Let’s just say she offered you a warm glass of milk, the mother’s milk deprived you by your mother, her sister Rosalia. Dear Aunt Peggy: a seasoned survivor herself, flawed by early childhood deafness and grotesque speech.  Yet, she had refused to settle for life in an asylum. She made a go at life.  She learned; she prospered; she flourished. And when the time came, she was there for you in the Coachella Desert, there for her feisty niece Juanita Ann.  Aunt Peggy: a loving spirit personified, became Juanita’s special confidant and counselor, her personal cheer squad of one. Juanita, of course, a former cheerleader herself--an early hint of greatness to be sure, a highlight, perhaps the highlight of her life, shown off every Halloween, still celebrated at American high schools each Fall. She is the Principal’s secretary at a huge suburban high school in Indio. Each Halloween, if the date falls on a school day, Juanita arrives for work wearing that scrupulously preserved, vintage 1966 cheerleader uniform, looking real foxy still, snug now in all the right places. Eternal Truth: Juanita has always and will always be good looking. Life with Juanita is perpetual “ooh la-la.”

So, I am on the couch that afternoon, reading more of Gramsci’s prison notebooks, specifically the philosophy he calls “Praxis.”  Completely out of the ******* blue, Juanita calls me on a RESTRICTED phone, as I said, Juanita, a torch I’ve kept burning for years, flaring up like a refinery flame--oil still very much in the present energy mix--hope springing eternal as they say, and instantly my mission in life is rekindling our lost love. Juanita’s conceived her mission prior to her phone call:  using me to keep her son from being whacked by the local Eme--the Mexican Mafia—that ethnic-pride social club that the RICO-squad-- using family tree socio-grams and other expensively-printed graphics, the one RICO keeps trying to convince us is some sort of organized crime conspiracy. The Mexican Mafia: like everything else practical and utilitarian in this world: THAT’S ITALIAN! And, if you are starting to sense a bit of ethnic chauvinism on, between & below the lines, you are barking up the right tree.
                                                           ­     
      
                                                            
(AUTHOR’S POST-SCRIPT EDIT: And, an ad for dog food right here? Not the best choice of sponsors, perhaps, at the moment. Juanita was far off from the ****** ***** that start looking not half-bad at 2:30 in the glazy morning, not anywhere near those beasts you find lingering in the airport bars you usually frequent near closing time on Saturday nights. No, I remind you that Juanita was all “ooh la-la.” In my next printing—and my Lord, there have been so many, haven’t there, Paulie “Eat-a-Bag-of-****” Muldoon? I will change out the Alpo ad, plugging in a spot for Aunt Jemima pancake syrup or Betty Crocker whipped cream, you know, something more apropos.)

Juanita, I really must hand it to you. You showed the greatest staying power, year after year as I moved further and further away from La Quinta, California. Juanita: you embraced what was good in me, ignored my flaws and strengthened me with your love for so many years. As far as you and Peggy, I guess it was a case of the “apple not falling far from the tree” one of many endearing Midwestern metaphors you taught me.  Peggy taught you, taught you to be kind and then you taught me. No matter what bizarre venue I pulled out of my ***, you showed above-average staying power, continued to visit me wherever I went, Casa Grande & Buckeye, Arizona, Appalachia, West Virginia, and even Italy, when I thought I’d try Europe again after so many years.  With each move, each time, Juanita renewed her commitment to the relationship. Meanwhile, I continued to test her, quantifying her dedication, undermining her sense of mission to disprove my worldview on the expendability of women. Surely, you know that one: the unreliability of women, women who disappear without saying goodbye. That old deeply etched conviction to never get attached to a woman, any woman, based on the empirical fact that women have been known to suddenly die, a fact seared into my still tender metal by the surprise death of my mother on 11 January 1962.

1962. It was already an insecure world, to wit:  The Cuban Missile Crisis. Nikita Khrushchev, in his time both Dr. No and Dr. Evil, namely the Premier whom we Baby Boomers saw as Boogey Man of All Time (Although Putin is showing potential, lately)—the Kennedy ****** (what else could you call it?). All these events scary, whether or not I got the chronology right . . . I remained on high alert for any threat to my delicate adolescent psyche.  My mother-Rosa Teresa Sekaquaptewa-died at 2 o’clock in the morning, screaming in agony while apologizing to my father for not having his dinner on the table when he walked in from work that prior afternoon. She’d already been in bed since noon, attended by two of my aunts--both my father’s sisters--who loved their Hopi sister-in-law, Rosa.  Also present was Lafcadio Smirnoff, M.D.--last of the house call medicine men--a dapper, mustachioed, swarthy gentleman, misdiagnosing her abdominal pain as a 24-hour virus, while she bled out internally for at least eight more hours, her whimpers alternated with screams, well into the wee hours of the morning.

I was upstairs in that dormer bedroom listening to her die. An hour later, Father Numb-nuts of Our Lady of Lourdes Parish teleported in, beaming directly into my bedroom from the parish rectory.  Father Seamus Numb-nuts, an illuminated Burning Bush . . . not quite the bush I ‘d conjured at other times, so many times alone with Gwen Wong, ******* Playmate of the Year, 1961, one of Hefner’s hot centerfolds. No, give me a ******* break, you momo! Whacking off is the last thing on a libidinous, adolescent guinea’s brain when his mama is being tortured and killed by God. Even Alexander Portnoy, Philip Roth’s early avatar would have drawn the wanking line at that unforgettable moment.

No, perhaps what I’d had in mind was The Burning Bush Golf Course where so much of Fletcher Kneble’s political mischief and government shenanigans got cooked up. You remember his books, some of the Cold War’s finest: Seven Days in May, Vanished, etc.

Or better yet, perhaps the greatest political slogan of the 20th century: “STAY OUT THE BUSHES!” Thank you, Jesse. “Thank you, Reverend Jackson,” I slip into my Excellence in Broadcasting mode, my very own private Limbaugh. Announcing my on- air arrival is El Rushbo’s unmistakable, totally recognizable bass line bumper, courtesy of Chrissie Hynde’s Pretenders band mate, guitarist Tony Butler: Dum, dum, dum-dum, Da-dum, dum-dum-dum-dum-da-dum-dum. Single, “My City Was Gone” by The Pretenders
Rush Limbaugh Song– YouTube www.youtube.com/watch?v=SScW9r0y3c4

I become Reverend Jackson. I emerge from the vapors, an obscure abyss of deep family pangs and disappointments, ever-diminishing public relevance and fade to black (no pun intended) and media oblivion. The only thing left is that line:  “STAY OUT THE BUSHES!” You will always own that line, Jesse--true political genius (to wit: Rainbow Coalition) Jackson that you are, despite El Rush-Bo’s virulent anti-Black animus, his predilection to mock you, Al Sharpton, Corey Booker, Barack “Hussein” Obama, and any other professional ***** in America. Isn’t it time someone came right out and tagged Mr. Limbaugh as the Father Coughlin of our time.

Meanwhile back in The Bronx, enter another man of the cloth:  It’s Seamus Numb-nuts, making one of his many well-documented spectral visitations, his splendiferous miracles and wonders. How much longer will the Vatican ignore this humble Bronx priest, this epitome of Sainthood; this reverent man, lacking only the stigmata for a unanimous consent vote? Quote the Numb-nuts: “God Works in Mysterious Ways.” An old standard to be sure, but a lovely, all-purpose bromide for explaining why evil exists in our world. Needless to say, I was underwhelmed; I lost God at that moment, consequently shooting myself in the foot--metaphorically-speaking-condemning myself to an unshielded life, life OUT THE BUSHES!  I went forth into the world without God, without that handy divine crutch, that Andy Devine metaphor for when one’s legs grow weary: a puff of smoke, a reverb twang and a nasty frog croaking “Hi-ya, Kids. Hi-ya, Hi-ya. Hi-ya.”

   Andy's Gang - Pasta Fazooli vs. Froggy the Gremlin - YouTube
► 3:55► 3:55
www.youtube.com/watch?v=H35odPm7b3w Aug 8, 2012 - Uploaded by jmgilsinger
Froggy the Gremlin -Tuba ... Andy Devine (Aug 24, 1952)

Life for me became lonely and purposeless. And probably explains my susceptibility to military discipline and a subsequent career in clandestine government service. In 1968--the very day I turned nineteen, September 25th of that year—that fateful day when I should have shot myself in the foot—literally not metaphorically--earning that coveted 4-F physical rejection, a draft deferment to be desired, that 4-F classification of unfitness for duty, a necessary loophole in U.S. conscript service law.  The Draft: last used during that great commonwealth Cold War purge, that culling out of the unwashed, uneducated children of immigrants, that cut-rate, discount, lower socio-economic ***** bank—the only bank where after you make a deposit, you lose interest, to wit: most Black, Hispanic and Poor White Trash parents.  We were cannon fodder, many of us got to be planted at Arlington and other holy American shrines, still wrapped in black or olive drab leak-proof body bags, doing our generational bit to strengthen the gene pool left behind. A debt, some would say, we owed the country and, given the sorry state of the global wicket, increasingly an obligation to the species. And if I had to predict an outcome, Fascism in America will arrive riding the white horse of the environmental, anti-nuclear Bolsheviks. One could argue that Communism has moved so far left on the political spectrum that it’s now the far right.  Concoct a legislative policy goal, accomplish it legally as the bill becomes Law, signed by the President, endorsed and blessed by The U.S. Supreme Court, the highest court in the land.

To wit: “Three generations of imbeciles is enough?” declared Oliver Wendell Holmes, Jr., an Associate Supreme Court Justice at the time, buttressing a majority argument harnessing the power of U.S. law as a legal means of purifying the race.  When euthanasia failed to win over American hearts and mind, the Federal Government played the war card again and again. Vietnam: undeclared and therefore unconstitutional--except for that Gulf of Tonkin ******* resolution. Vietnam: a cost-plus eugenics project, if ever there was one, although responsive, of course, to the needs of the Military-Industrial Complex.  ******* Ike: he warned us against Fascism in America. As usual, we ignored the man in charge.

Eugenics? Why didn’t the government just put all the retards on the stand, as John Frankenheimer did in Judgment at Nuremberg, a crafty Maximilian Schell humiliating a feeble-minded Montgomery Clift?  Why not, make everyone face a public tribunal, forcing all of us to testify in court, exposing our many substandard and borderline substandard cerebral deficits?  Why not force everyone to demonstrate just how ******* dumb we are, using some clever intelligence test, something l
Andrew Guzaldo c Oct 2019
“Her belly ripped her rips now smashed to pieces,
Her kitchen wares spilled far and wide,
Her wheelhouse crooked and leaning hard,
She once had a crew that would toast her off,

Off the coast of Central America and isles of Europe,
This triple sail ship waits for her purloined moment,  
She once was a sequential ship of Laguna construction,
Now a reconstructed by once sailors her new owners,

Now a blue and white triple sailboat in all her elegance,
As she is spotted along the enclave’s estuary blue peninsulas,
She is now home once again in an inlaying captain of discovery,
She has been brought back to life to sail the seven seas,

Once again the Laguna Triple Sail Ship this wager is here to STAY,
Now the magnificent splendor all the islets of the estuary deep blue sea,
Sail as Gibbous moon illuminates the enclave from whence we came”

By Andrew Guzaldo 11/07/2019 © #168
By Andrew Guzaldo 11/07/2019 © #168 Poem#168 #HelloPoetry
Aridea P Dec 2011
Palembang, 18 Desember 2011

Ku tak ingat pertama kali aku membuka mata tuk melihat dunia
Yang ku ingat aku hidup bersama keluarga kecil yang bahagia

Semasa hidup dunia tak pernah berubah
7 samudera, 7 benua
Tetap
Bukti kecintaan Sang Pencipta kepada manusia

Cinta itu penipu
Bisa berperan menjadi apa saja dan siapapun

Ombak di laut lepas, itulah cinta
Sinar mentari pagi, itulah cinta
Tetes embun pagi, itulah cinta
Dingin angin malam, itulah cinta


Cinta itu tirta
Sama seperti air, tak dapat disentuh, hanya bisa dirasakan

Cinta itu air sungai yang mengalir
Cinta itu jalanan berkelok di pegunungan
Cinta itu pepohonan di kaki gunung
Cinta itu butiran pasir di Sahara

Cinta mampu hidup di mana saja
Bak parasit yang mengikuti kemana manusia

Cinta itu suci di Mekkah
Cinta itu tinggi di Everest
Cinta itu luas di Pasifik
Cinta itu dingin di Antartika

Namun terkadang cinta bisa menjadi liar
Tak mau disentuh, pantang diucap

Cinta bagaikan Viranha di Amazon
Bagaikan Voldemort, The Dark Lord
Bagaikan Troll di pedalaman
Bagaikan kota hilang di Peru
Cinta bagaikan mumi di Mesir
Bagaikan terowongan di Jalur Gaza
Bagaikan Titanic yang tenggelam
Bagaikan laut mati di Yugoslavia

Aku merenung,, diam
Memandang jam,, terus berdetak
Ku akan tinggal di Laguna indah
Jauh dari semua,, jauh dari cinta
Dennis Ayzin May 2019
Black mirror of Laguna waters
Two silent boats glide ahead
they leave no trail,
                like little daughters
the paddles make the noise instead

it’s dark and quiet, expectation
takes breath away, the boats freeze
the liquid sky, hallucination
the stars are flying or the breeze
like titan rose from mighty ocean,
it flipped the scales of universe
and milky way
                the stars explosion
was placed in waters to immerse
ourselves…
                the constellations …
are rushing by in midnight swim
Laguna’s glowing revelations
stars’ travel, gift of nature, dream …
Written after late night swim in Laguna with glowing plankton in Columbia.
Terry Jordan Oct 2015
Remember Mariano and Jose
Driving us down from Laguna Negra
Listening from the backseat as they sang
Renaye, Bern and Terry, so merrily

At the top of their voices we drove down
Feeling the dance of it, hearing them toss
Their unrehearsed duet, swelling sweetly
Mariano and Jose, Synergy

Chuckling and singing
We stopped for the boy scouts
Marching full-tilt
With straight lines of gusto

They couldn’t hear us and
No one looked back
While they barreled ahead and
So did we, merrily, merrily
Nostalgia for my phenomenal visit to spain,  to a little village outside Soria, LosRabanos.
The Jolteon Apr 2015
These wheels spin
Draped in the clothes from
The Hospital
Rolled out
Onto this platform
Waiting for the underground
Subway
Hunched in the hospital wheelchair
Stares flood
The Homeless
Are unsightly to those who pass
Especially the sick
Less tolerable than the
Smiling panhandler
Maggie Emmett Sep 2014
I catch the rapido train from Milano and edge slowly westward through the stops and starts of frozen points and village stations. The heating fails and an offer of warmer seats in another compartment. I decide to stay here. I put on my coat, scarf, hat and gloves and sit alone. In my grieving time, I feel closer to the cold world outside as it moves past me, intermittently. Falling snow in window-framed landscapes.            

Sky gun metal grey
shot through
with sunset ribbons.
                                                                                                          
Dusk eases into black-cornered night. After Maghera, the train seems to race to the sea. It rumbles onto the Ponte della Ferrovia, stretching out across the Laguna Veneta. Suddenly, a jonquil circle moon pulls the winter clouds back and shines a lemony silver torch across the inky waters. Crazed and cracked sheets of ice lie across the depthless lagoon. The train slows again and slides into Santa Lucia. I walk into the night.                                                                                               
Bleak midwinter      
sea-iced night wind
bites bitter.
                                                                                                      
No. 2 Diretto winding down the Canal Grande.  The foggy night muffles the guttural throb of the engine and turns mundane sounds into mysteries. Through the window of the vaporetto stop, the lights of Piazza San Marco are an empty auditorium of an opera house. Walking to Corte Barozzi, I hear the doleful tolling of midnight bells; the slapping of water and the *****-***** of the gondolas’ mooring chains. Faraway a busker sings Orfeo lamenting his lost Eurydice, left in Hades.
I wake to La Serenissima, bejewelled.                                                                                                                           
Weak winter sunshine
Istrian stone walls
flushed rosy.
                                                                                                          
Rooftops glowing. Sun streaming golden between the neck and wings of the masted Lion. Mist has lifted, the sky cloudless; I look across the sparkling Guidecca canal and beyond to the shimmering horizon.          
Molten mud
bittersweetness demi-tasse
Florian’s hot chocolate                    

I walk the maze of streets, squares and bridges; passing marble well-heads and fountains, places of assignation. I walk on stones sculpted by hands, feet and the breath of the sea. Secrets and melancholy are cast in these stones.                                                                  

At Fondamente Nuove, I take Vaporetto no.41 to Cimitero. We chug across the laguna, arriving at  the western wall of San Michele.  I thread through the dead, along pathways and between gravestones. At the furthest end of the Cemetery island, Vera and Igor Stravinsky lie in parallel graves like two single beds in an hotel room. Names at the head, a simple cross at the foot of the white stone slab. Nearby, his flamboyant mentor Serge Diaghalev. His grave, a gothic birdbath for ravens, has a Russian inscription; straggly pink carnations, a red votive candle and a pair of ragged ballet shoes with flounces of black and aquamarine tulle tied to their the ribbons. So many dead in mausoleums; demure plots; curious walled filing cabinets, marble drawer ossuaries.
                                                                                                      
Bare, whispering Poplars
swaying swirling shadows
graves rest beneath          

I walk to the other end of the island and frame Venezia in the central arch of the Byzantine gateway.  I see that sketchy horizontal strip of rusty brick, with strong verticals of campaniles and domes. It is here, before 4 o’clock closing time, I throw your ashes to the sea and run to catch the last boat.                                                                                          

Beacon light orange
glittering ripples
on the dove grey lagoon.

© M.L.Emmett
First published in New Poets 14: Snatching Time, 2007, Wakefield Press, Kent Town SA.
To view with Images: Poems for Poodles https://magicpoet01.wordpress.com
I wanted to write a Haibun (seasonal journey poem interspersed with haiku). I love Venezia but only in Winter.
It was the summer of
a shower of stars.
Vermillion plums,
voluptuous fruit
hanging low on branches.
Fire-red geraniums;
bouganvillea cascading down.
The earth was humid,
heat waves rose up like
a boiling sea.
Full moon's bright stare
ignites strange shapes
   in our garden.
Shadows that move like
   mating snakes.
A burst of stars
fall to earth;
little fishes invade the beach
then vanish into
a silver sea.

KMC@2011
Oídos con el alma,
pasos mentales más que sombras,
sombras del pensamiento más que pasos,
por el camino de ecos
que la memoria inventa y borra:
sin caminar caminan
sobre este ahora, puente
tendido entre una letra y otra.
Como llovizna sobre brasas
dentro de mí los pasos pasan
hacia lugares que se vuelven aire.
Nombres: en una pausa
desaparecen, entre dos palabras.
El sol camina sobre los escombros
de lo que digo, el sol arrasa los parajes
confusamente apenas
amaneciendo en esta página,
el sol abre mi frente,
                                        balcón al voladero
dentro de mí.

                            Me alejo de mí mismo,
sigo los titubeos de esta frase,
senda de piedras y de cabras.
Relumbran las palabras en la sombra.
Y la negra marea de las sílabas
cubre el papel y entierra
sus raíces de tinta
en el subsuelo del lenguaje.
Desde mi frente salgo a un mediodía
del tamaño del tiempo.
El asalto de siglos del baniano
contra la vertical paciencia de la tapia
es menos largo que esta momentánea
bifurcación del pesamiento
entre lo presentido y lo sentido.
Ni allá ni aquí: por esa linde
de duda, transitada
sólo por espejeos y vislumbres,
donde el lenguaje se desdice,
voy al encuentro de mí mismo.
La hora es bola de cristal.
Entro en un patio abandonado:
aparición de un fresno.
Verdes exclamaciones
del viento entre las ramas.
Del otro lado está el vacío.
Patio inconcluso, amenazado
por la escritura y sus incertidumbres.
Ando entre las imágenes de un ojo
desmemoriado. Soy una de sus imágenes.
El fresno, sinuosa llama líquida,
es un rumor que se levanta
hasta volverse torre hablante.
Jardín ya matorral: su fiebre inventa bichos
que luego copian las mitologías.
Adobes, cal y tiempo:
entre ser y no ser los pardos muros.
Infinitesimales prodigios en sus grietas:
el hongo duende, vegetal Mitrídates,
la lagartija y sus exhalaciones.
Estoy dentro del ojo: el pozo
donde desde el principio un niño
está cayendo, el pozo donde cuento
lo que tardo en caer desde el principio,
el pozo de la cuenta de mi cuento
por donde sube el agua y baja
mi sombra.

                        El patio, el muro, el fresno, el pozo
en una claridad en forma de laguna
se desvanecen. Crece en sus orillas
una vegetación de transparencias.
Rima feliz de montes y edificios,
se desdobla el paisaje en el abstracto
espejo de la arquitectura.
Apenas dibujada,
suerte de coma horizontal (-)
entre el cielo y la tierra,
una piragua solitaria.
Las olas hablan nahua.
Cruza un signo volante las alturas.
Tal vez es una fecha, conjunción de destinos:
el haz de cañas, prefiguración del brasero.
El pedernal, la cruz, esas llaves de sangre
¿alguna vez abrieron las puertas de la muerte?
La luz poniente se demora,
alza sobre la alfombra simétricos incendios,
vuelve llama quimérica
este volumen lacre que hojeo
(estampas: los volcanes, los cúes y, tendido,
manto de plumas sobre el agua,
Tenochtitlán todo empapado en sangre).
Los libros del estante son ya brasas
que el sol atiza con sus manos rojas.
Se rebela el lápiz a seguir el dictado.
En la escritura que la nombra
se eclipsa la laguna.
Doblo la hoja. Cuchicheos:
me espían entre los follajes
de las letras.

                          Un charco es mi memoria.
Lodoso espejo: ¿dónde estuve?
Sin piedad y sin cólera mis ojos
me miran a los ojos
desde las aguas turbias de ese charco
que convocan ahora mis palabras.
No veo con los ojos: las palabras
son mis ojos. vivimos entre nombres;
lo que no tiene nombre todavía
no existe: Adán de lodo,
No un muñeco de barro, una metáfora.
Ver al mundo es deletrearlo.
Espejo de palabras: ¿dónde estuve?
Mis palabras me miran desde el charco
de mi memoria. Brillan,
entre enramadas de reflejos,
nubes varadas y burbujas,
sobre un fondo del ocre al brasilado,
las sílabas de agua.
Ondulación de sombras, visos, ecos,
no escritura de signos: de rumores.
Mis ojos tienen sed. El charco es senequista:
el agua, aunque potable, no se bebe: se lee.
Al sol del altiplano se evaporan los charcos.
Queda un polvo desleal
y unos cuantos vestigios intestados.
¿Dónde estuve?

                                  Yo estoy en donde estuve:
entre los muros indecisos
del mismo patio de palabras.
Abderramán, Pompeyo, Xicoténcatl,
batallas en el Oxus o en la barda
con Ernesto y Guillermo. La mil hojas,
verdinegra escultura del murmullo,
jaula del sol y la centella
breve del chupamirto: la higuera primordial,
capilla vegetal de rituales
polimorfos, diversos y perversos.
Revelaciones y abominaciones:
el cuerpo y sus lenguajes
entretejidos, nudo de fantasmas
palpados por el pensamiento
y por el tacto disipados,
argolla de la sangre, idea fija
en mi frente clavada.
El deseo es señor de espectros,
somos enredaderas de aire
en árboles de viento,
manto de llamas inventado
y devorado por la llama.
La hendedura del tronco:
****, sello, pasaje serpentino
cerrado al sol y a mis miradas,
abierto a las hormigas.

La hendedura fue pórtico
del más allá de lo mirado y lo pensado:
allá dentro son verdes las mareas,
la sangre es verde, el fuego verde,
entre las yerbas negras arden estrellas verdes:
es la música verde de los élitros
en la prístina noche de la higuera;
-allá dentro son ojos las yemas de los dedos,
el tacto mira, palpan las miradas,
los ojos oyen los olores;
-allá dentro es afuera,
es todas partes y ninguna parte,
las cosas son las mismas y son otras,
encarcelado en un icosaedro
hay un insecto tejedor de música
y hay otro insecto que desteje
los silogismos que la araña teje
colgada de los hilos de la luna;
-allá dentro el espacio
en una mano abierta y una frente
que no piensa ideas sino formas
que respiran, caminan, hablan, cambian
y silenciosamente se evaporan;
-allá dentro, país de entretejidos ecos,
se despeña la luz, lenta cascada,
entre los labios de las grietas:
la luz es agua, el agua tiempo diáfano
donde los ojos lavan sus imágenes;
-allá dentro los cables del deseo
fingen eternidades de un segundo
que la mental corriente eléctrica
enciende, apaga, enciende,
resurrecciones llameantes
del alfabeto calcinado;
-no hay escuela allá dentro,
siempre es el mismo día, la misma noche siempre,
no han inventado el tiempo todavía,
no ha envejecido el sol,
esta nieve es idéntica a la yerba,
siempre y nunca es lo mismo,
nunca ha llovido y llueve siempre,
todo está siendo y nunca ha sido,
pueblo sin nombre de las sensaciones,
nombres que buscan cuerpo,
impías transparencias,
jaulas de claridad donde se anulan
la identidad entre sus semejanzas,
la diferencia en sus contradicciones.
La higuera, sus falacias y su sabiduría:
prodigios de la tierra
-fidedignos, puntuales, redundantes-
y la conversación con los espectros.
Aprendizajes con la higuera:
hablar con vivos y con muertos.
También conmigo mismo.

                                                    La procesión del
año:
cambios que son repeticiones.
El paso de las horas y su peso.
La madrugada: más que luz, un vaho
de claridad cambiada en gotas grávidas
sobre los vidrios y las hojas:
el mundo se atenúa
en esas oscilantes geometrías
hasta volverse el filo de un reflejo.
Brota el día, prorrumpe entre las hojas
gira sobre sí mismo
y de la vacuidad en que se precipita
surge, otra vez corpóreo.
El tiempo es luz filtrada.
Revienta el fruto *****
en encarnada florescencia,
la rota rama escurre savia lechosa y acre.
Metamorfosis de la higuera:
si el otoño la quema, su luz la transfigura.
Por los espacios diáfanos
se eleva descarnada virgen negra.
El cielo es giratorio
lapizlázuli:          
viran au ralenti, sus
continentes,
insubstanciales geografías.
Llamas entre las nieves de las nubes.
La tarde más y más es miel quemada.
Derrumbe silencioso de horizontes:
la luz se precipita de las cumbres,
la sombra se derrama por el llano.

A la luz de la lámpara -la noche
ya dueña de la casa y el fantasma
de mi abuelo ya dueño de la noche-
yo penetraba en el silencio,
cuerpo sin cuerpo, tiempo
sin horas. Cada noche,
máquinas transparentes del delirio,
dentro de mí los libros levantaban
arquitecturas sobre una sima edificadas.
Las alza un soplo del espíritu,
un parpadeo las deshace.
Yo junté leña con los otros
y lloré con el humo de la pira
del domador de potros;
vagué por la arboleda navegante
que arrastra el Tajo turbiamente verde:
la líquida espesura se encrespaba
tras de la fugitiva Galatea;
vi en racimos las sombras agolpadas
para beber la sangre de la zanja:
mejor quebrar terrones
por la ración de perro del
labrador avaro
que regir las naciones pálidas
de los muertos;
tuve sed, vi demonios en el Gobi;
en la gruta nadé con la sirena
(y después, en el sueño purgativo,
fendendo i drappi, e mostravami'l
ventre,
quel mí svegliò col
puzzo che n'nuscia);
grabé sobre mi tumba imaginaria:
no muevas esta lápida,
soy rico sólo en huesos;
aquellas memorables
pecosas peras encontradas
en la cesta verbal de Villaurrutia;
Carlos Garrote, eterno medio hermano,
Dios te salve, me dijo al
derribarme
y era, por los espejos del insomnio
repetido, yo mismo el que me hería;
Isis y el asno Lucio; el pulpo y Nemo;
y los libros marcados por las armas de Príapo,
leídos en las tardes diluviales
el cuerpo tenso, la mirada intensa.
Nombres anclados en el golfo
de mi frente: yo escribo porque el druida,
bajo el rumor de sílabas del himno,
encina bien plantada en una página,
me dio el gajo de muérdago, el conjuro
que hace brotar palabras de la peña.
Los nombres acumulan sus imágenes.
Las imágenes acumulan sus gaseosas,
conjeturales confederaciones.
Nubes y nubes, fantasmal galope
de las nubes sobre las crestas
de mi memoria. Adolescencia,
país de nubes.

                            Casa grande,
encallada en un tiempo
azolvado. La plaza, los árboles enormes
donde anidaba el sol, la iglesia enana
-su torre les llegaba a las rodillas
pero su doble lengua de metal
a los difuntos despertaba.
Bajo la arcada, en garbas militares,
las cañas, lanzas verdes,
carabinas de azúcar;
en el portal, el tendejón magenta:
frescor de agua en penumbra,
ancestrales petates, luz trenzada,
y sobre el zinc del mostrador,
diminutos planetas desprendidos
del árbol meridiano,
los tejocotes y las mandarinas,
amarillos montones de dulzura.
Giran los años en la plaza,
rueda de Santa Catalina,
y no se mueven.

                                Mis palabras,
al hablar de la casa, se agrietan.
Cuartos y cuartos, habitados
sólo por sus fantasmas,
sólo por el rencor de los mayores
habitados. Familias,
criaderos de alacranes:
como a los perros dan con la pitanza
vidrio molido, nos alimentan con sus odios
y la ambición dudosa de ser alguien.
También me dieron pan, me dieron tiempo,
claros en los recodos de los días,
remansos para estar solo conmigo.
Niño entre adultos taciturnos
y sus terribles niñerías,
niño por los pasillos de altas puertas,
habitaciones con retratos,
crepusculares cofradías de los ausentes,
niño sobreviviente
de los espejos sin memoria
y su pueblo de viento:
el tiempo y sus encarnaciones
resuelto en simulacros de reflejos.
En mi casa los muertos eran más que los vivos.
Mi madre, niña de mil años,
madre del mundo, huérfana de mí,
abnegada, feroz, obtusa, providente,
jilguera, perra, hormiga, jabalina,
carta de amor con faltas de lenguaje,
mi madre: pan que yo cortaba
con su propio cuchillo cada día.
Los fresnos me enseñaron,
bajo la lluvia, la paciencia,
a cantar cara al viento vehemente.
Virgen somnílocua, una tía
me enseñó a ver con los ojos cerrados,
ver hacia dentro y a través del muro.
Mi abuelo a sonreír en la caída
y a repetir en los desastres: al
hecho, pecho.
(Esto que digo es tierra
sobre tu nombre derramada: blanda te
sea.)
Del vómito a la sed,
atado al potro del alcohol,
mi padre iba y venía entre las llamas.
Por los durmientes y los rieles
de una estación de moscas y de polvo
una tarde juntamos sus pedazos.
Yo nunca pude hablar con él.
Lo encuentro ahora en sueños,
esa borrosa patria de los muertos.
Hablamos siempre de otras cosas.
Mientras la casa se desmoronaba
yo crecía. Fui (soy) yerba, maleza
entre escombros anónimos.

                                                Días
como una frente libre, un libro abierto.
No me multiplicaron los espejos
codiciosos que vuelven
cosas los hombres, número las cosas:
ni mando ni ganancia. La santidad tampoco:
el cielo para mí pronto fue un cielo
deshabitado, una hermosura hueca
y adorable. Presencia suficiente,
cambiante: el tiempo y sus epifanías.
No me habló dios entre las nubes:
entre las hojas de la higuera
me habló el cuerpo, los cuerpos de mi cuerpo.
Encarnaciones instantáneas:
tarde lavada por la lluvia,
luz recién salida del agua,
el vaho femenino de las plantas
piel a mi piel pegada: ¡súcubo!
-como si al fin el tiempo coincidiese
consigo mismo y yo con él,
como si el tiempo y sus dos tiempos
fuesen un solo tiempo
que ya no fuese tiempo, un tiempo
donde siempre es ahora y a
todas horas siempre,
como si yo y mi doble fuesen uno
y yo no fuese ya.
Granada de la hora: bebí sol, comí tiempo.
Dedos de luz abrían los follajes.
Zumbar de abejas en mi sangre:
el blanco advenimiento.
Me arrojó la descarga
a la orilla más sola. Fui un extraño
entre las vastas ruinas de la tarde.
Vértigo abstracto: hablé conmigo,
fui doble, el tiempo se rompió.

Atónita en lo alto del minuto
la carne se hace verbo -y el verbo se despeña.
Saberse desterrado en la tierra, siendo tierra,
es saberse mortal. Secreto a voces
y también secreto vacío, sin nada adentro:
no hay muertos, sólo hay muerte, madre nuestra.
Lo sabía el azteca, lo adivinaba el griego:
el agua es fuego y en su tránsito
nosotros somos sólo llamaradas.
La muerte es madre de las formas…
El sonido, bastón de ciego del sentido:
escribo muerte y vivo en ella
por un instante. Habito su sonido:
es un cubo neumático de vidrio,
vibra sobre esta página,
desaparece entre sus ecos.
Paisajes de palabras:
los despueblan mis ojos al leerlos.
No importa: los propagan mis oídos.
Brotan allá, en las zonas indecisas
del lenguaje, palustres poblaciones.
Son criaturas anfibias, con palabras.
Pasan de un elemento a otro,
se bañan en el fuego, reposan en el aire.
Están del otro lado. No las oigo, ¿qué dicen?
No dicen: hablan, hablan.

                                Salto de un cuento a otro
por un puente colgante de once sílabas.
Un cuerpo vivo aunque intangible el aire,
en todas partes siempre y en ninguna.
Duerme con los ojos abiertos,
se acuesta entre las yerbas y amanece rocío,
se persigue a sí mismo y habla solo en los túneles,
es un tornillo que perfora montes,
nadador en la mar brava del fuego
es invisible surtidor de ayes
levanta a pulso dos océanos,
anda perdido por las calles
palabra en pena en busca de sentido,
aire que se disipa en aire.
¿Y para qué digo todo esto?
Para decir que en pleno mediodía
el aire se poblaba de fantasmas,
sol acuñado en alas,
ingrávidas monedas, mariposas.
Anochecer. En la terraza
oficiaba la luna silenciaria.
La cabeza de muerto, mensajera
de las ánimas, la fascinante fascinada
por las camelias y la luz eléctrica,
sobre nuestras cabezas era un revoloteo
de conjuros opacos. ¡Mátala!
gritaban las mujeres
y la quemaban como bruja.
Después, con un suspiro feroz, se santiguaban.
Luz esparcida, Psiquis…

                                 
¿Hay mensajeros? Sí,
cuerpo tatuado de señales
es el espacio, el aire es invisible
tejido de llamadas y respuestas.
Animales y cosas se hacen lenguas,
a través de nosotros habla consigo mismo
el universo. Somos un fragmento
-pero cabal en su inacabamiento-
de su discurso. Solipsismo
coherente y vacío:
desde el principio del principio
¿qué dice? Dice que nos dice.
Se lo dice a sí mismo. Oh
madness of discourse,
that cause sets up with and against
itself!

Desde lo alto del minuto
despeñado en la tarde plantas fanerógamas
me descubrió la muerte.
Y yo en la muerte descubrí al lenguaje.
El universo habla solo
pero los hombres hablan con los hombres:
hay historia. Guillermo, Alfonso, Emilio:
el corral de los juegos era historia
y era historia jugar a morir juntos.
La polvareda, el grito, la caída:
algarabía, no discurso.
En el vaivén errante de las cosas,
por las revoluciones de las formas
y de los tiempos arrastradas,
cada una pelea con las otras,
cada una se alza, ciega, contra sí misma.
Así, según la hora cae desen-
lazada, su injusticia pagan. (Anaximandro.)
La injusticia de ser: las cosas sufren
unas con otras y consigo mismas
por ser un querer más, siempre ser más que más.
Ser tiempo es la condena, nuestra pena es la historia.
Pero también es el lug
Hal Loyd Denton Nov 2012
Sights and sounds of the sixties

Soon you will be going to the class reunion I over exaggerate as you head for the door I think my kids
Think I not only read ally Oop in the comic strip they act like I knew him personally. Here is what they
Don’t know let’s start easy when you’re setting in the country club and there is a lull listen with your mind
It not that far to the end of the golf course from the west south corner to the first road that is an eighth
Of a mile every hot rod man or girl already knows that. Play the song GTO in your head going to shut
Them down GTO. Listen to Jims engine howl he had it stroked and bored out in Taylorville you can do
that when daddy owns a bar to bad howl will turn to sobs really. Glen’s driving a dodge cornet with an
automatic on the floor sixty six factory line job you wouldn’t know it by looking Glen blew him away
coming out of the hole never touched or came close at top end Glen was a lone well I told you what Jim
was doing.
Strain a little more you can hear a fifty five chevy leaving the Dog & Suds headed for Elvers Skating rink
he floors it finally he lets it back off what a sound as that glass pack muffler rips the night air see any
Dinosaurs got rid of that old feeling yet. Out on the street here comes the bad with a capital B Lee miller
Is driving his fifty five Chevy burnished brown all the chrome plus the door handles are gone inside and out it is a
Dream are you getting it yet I’m talking about your achievements. Kenny Krivage is over at Rocks burning
cigarettes through five dollar bills on his arm before he was just a good looking kid then the sixties got
Him you were either at rocks or hiding from those that went there. Lot safer drinking cherry coke with
Janice at the hometown cafe even Karate didn’t protect you at rocks the Neece kid even taught it but
when you got a fist of fives coming at your head it not time for theory its time for action. Who can forget
the pied piper Jim Handy was the shortest guy in town unless you were in the first grade but the gang of
six foot behemoths that were his constant companions were hard to miss it must have been how the
poles felt when they saw the Germans on the march. They had a menacing sound long before they laid a
little love on you, your life’s last moments filled with terror until you realized they turned the corner and
went another way how selfish you felt as you sang someone else is going to die today give me a fire
breathing dragon any day. Poor oh pop sinnard never got any business just one kid drinking a vanilla
shake his special thin hamburger I bet that guy could get a hundred burgers out of a pound of ground round
well the pin ball machine was wide open I guess the kid got even for the hamburger there was a certin
Song on the juke box something about eighteen miners scrambled from a would be grave there he stood
all alone Big bad John. Let me tell you Pop knew it he heard it every day I think he stated crying for the
miners one day or was something else on his mind.
Well I would be remiss if I didn’t tell you about what was going on in the other part of the country west
coast on 101 going to Frisco going south 101 on the other side Jan and Dean the Beach boys came a live
for a mile and a half every blond guy and girl and all the hot rod chromed out zooped up cars of every
Description was headed to Laguna Seca to the races all the while we were in a Volkswagen bug military
haircuts civies on we looked like a bunch of confused narks like were going to fool any one in that car
And garb we were wearing not to worry hippies are not long on thinking especially when they stood on
the corner in the height and Ahbury in broad day light selling *** for a nickel a lid slang for five bucks you could get
small glad bag of Royal Gold hashish or do what the winos do get a bottle of thunderbird or ripple what
ever know this Wolf Man Jack is blasting the air waves from Mexico since he violated the rules our hero the
man could talk jive and if you were high you thought he was divine I guess you surmise I wasn’t a
Christian at this low point in my life but the Monterey Pop festival was in full swing. The line up Janis
Joplin Jimmy Hendricks mama and the Papas Otis Redding of Dock of the Bay fame and a cast of
Thousands of hippies you couldn’t find a bare spot down town Monterey sidewalks grass the kind you
walk on doorways every where a hippie and not a bar of soap among them. Know this you have been
tamed by time and age but to duck your head forget it this world won’t see your kind again.

— The End —