"marinas" poems
******* in a car,
Screaming Matty’s lyrics,
An angel placed before me,
With a voice not meant for the ears
Of mere mortals like myself,
The chocolate ocean of her glistening eyes,
Swallow me whole in a Marinas gaze,
But for once I can reach the floor,
Able to stay afloat and no longer
Battered by titanic waves of chaos,
The sweet glow she resonates
Illuminating every dark corner of
My mind,
Once an inescapable void,
Now filled with the fruitful warmth of love,
For the person who surely came from above.
Before me stands a towering figure
One that is doubtlessly divine,
Her shadow consumes me,
But it’s warmth is surely a sign,
That she is the one that all the hurt was for,
And how I just want her to be mine,
A single tear seeps from my eye,
Graced by your beauty,
Unable to make a sound
Out of my corrupt lungs,
Speechless until I force the words out,
“You really are the one, aren’t you?”
Dec 13, 2018
Dec 13, 2018 at 8:52 AM UTC
América, de un grano
de maíz te elevaste
hasta llenar
de tierras espaciosas
el espumoso
océano.
Fue un grano de maíz tu geografía.
El grano
adelantó una lanza verde,
la lanza verde se cubrió de oro
y engalanó la altura
del Perú con su pámpano amarillo.
Pero, poeta, deja
la historia en su mortaja
y alaba con tu lira
al grano en sus graneros:
canta al simple maíz de las cocinas.
Primero suave barba
agitada en el huerto
sobre los tiernos dientes
de la joven mazorca.
Luego se abrió el estuche
y la fecundidad rompió sus velos
de pálido papiro
para que se desgrane
la risa del maíz sobre la tierra.
A la piedra
en tu viaje, regresabas.
No a la piedra terrible,
al sanguinario
triángulo de la muerte mexicana,
sino a la piedra de moler,
sagrada
piedra de nuestras cocinas.
Allí leche y materia,
poderosa y nutricia
pulpa de los pasteles
llegaste a ser movida
por milagrosas manos
de mujeres morenas.
Donde caigas, maíz,
en la olla ilustre
de las perdices o entre los fréjoles
campestres, iluminas
la comida y le acercas
el virginal sabor de tu substancia.
Morderte,
panocha de maíz, junto al océano
de cantara remota y vals profundo.
Hervirte
y que tu aroma
por las sierras azules
se despliegue.
Pero, dónde
no llega
tu tesoro?
En las tierras marinas
y calcáreas,
peladas, en las rocas
del litoral chileno,
a la mesa desnuda
del minero
a veces sólo llega
la claridad de tu mercadería.
Puebla tu luz, tu harina, tu esperanza
la soledad de América,
y el hambre
considera tus lanzas
legiones enemigas.
Entre tus hojas como
suave guiso
crecieron nuestros graves corazones
de niños provincianos
y comenzó la vida
a desgranarnos.
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Caminando hacia el mar
en la pradera
-es hoy noviembre-,
todo ha nacido ya,
todo tiene estatura,
ondulación, fragancia.
Hierba a hierba
entenderé la tierra,
paso a paso
hasta la línea loca
del océano.
De pronto una ola
de aire agita y ondula
la cebada salvaje:
salta
el vuelo de un pájaro
desde mis pies, el suelo
lleno de hilos de oro,
de pétalos sin nombre,
brilla de pronto como rosa verde,
se enreda con ortigas que revelan
su coral enemigo,
esbeltos tallos, zarzas
estrelladas,
diferencia infinita
de cada vegetal que me saluda
a veces con un rápido
centelleo de espinas
o con la pulsación de su perfume
fresco, fino y amargo.
Andando a las espumas
del Pacífico
con torpe paso por la baja hierba
de la primavera escondida,
parece
que antes de que la tierra se termine
cien metros antes del más grande océano
todo se hizo delirio,
germinación y canto.
Las minúsculas hierbas
se coronaron de oro,
las plantas de la arena
dieron rayos morados
y a cada pequeña hoja de olvido
llegó una dirección de luna o fuego.
Cerca del mar, andando,
en el mes de noviembre,
entre los matorrales que reciben
luz, fuego y sal marinas
hallé una flor azul
nacida en la durísima pradera.
De dónde, de qué fondo
tu rayo azul extraes?
Tu seda temblorosa
debajo de la tierra
se comunica con el mar profundo?
La levanté en mis manos
y la miré como si el mar viviera
en una sola gota,
como si en el combate
de la tierra y las aguas
una flor levantara
un pequeño estandarte
de fuego azul, de paz irresistible,
de indómita pureza.
1.1k
Hirió blandamente el aire
Con su dulce voz Narcisa,
Y él le repitió los ecos
Por boca de las heridas.
De los celestiales Ejes
El rápido curso fija,
Y en los Elementos cesa
la discordia nunca unida.
Al dulce imán de su voz
Quisieran, por asistirla,
Firmamento ser el Móvil,
El Sol ser estrella fija.
Tan bella, sobre canora,
Que el amor dudoso admira,
Si se deben sus arpones
A sus ecos, o a su vista.
Porque tan confusamente
Hiere, que no se averigua,
si está en la voz la hermosura,
O en los ojos la armonía.
Homicidas sus facciones
El mortal cambio ejercitan;
Voces, que alteran los ojos
Rayos que el labio fulmina.
Quién podrá vivir seguro,
si su hermosura Divina
Con los ojos y las voces
Duplicadas armas vibra.
El Mar la admira Sirena,
Y con sus marinas Ninfas
Le da en lenguas de las Aguas
Alabanzas cristalinas:
Pero Fabio que es el blanco
Adonde las flecha tira,
Así le dijo, culpando
De superfluas sus heridas:
No dupliques las armas,
Bella homicida,
que está ociosa la muerte
Donde no hay vida.
1k
in april my parents and i
went back to the
east coast, new england,
for a funeral.
my mother grew up there
and i was born there.
i hadn't seen the ocean in
11 years since we left.
i miss the waves
i miss the cool
sea breeze
the seagulls
the marinas
the houses on the water
the random shops
i miss everything
it's more of a home than
this house in the middle of
nowhere ever was.
Sep 8, 2018
Sep 8, 2018 at 11:03 PM UTC
En la estrellada bóveda fue sembrado
el aliento ancestral por otra vida:
la vida sin deseos alambrados,
sin la manta escabrosa y percudida,
la vida sonrosada por los goces
de naturales besos y semillas
y de los dulces néctares de voces
ascendiendo en floridas cascadillas...
Desde el cielo, infinitos manantiales
despejan el maná que el pueblo implora.
¿Harán sus diademas con cristales
cogidos en la yerba de la aurora?
¿Bailarán con euforias similares
a las de las anémonas marinas?
¿Fumarán sin clausuras los millares
de inciensos que este viento les destina?
Jul 1, 2014
Jul 1, 2014 at 9:51 PM UTC
Yo descendí de la antioqueña cumbre,
de austera estirpe que el honor decora,
el alma en paz y el corazón en lumbre,
y el claro sortilegio de la aurora
bruñó mi lira y la libró de herrumbre.
Y fui, viajero de nivoso monte
y umbría roza de maíz, al valle
que da a la luz su fruta entre su llama:
había miel de filtros de sinsonte
que derrama canción de rama en rama.
Y el mar abierto, a mí divinamente
su honda virtud hizo afluir entera:
gusté su yodo... y la embriaguez ignota
de no sé qué sagrada primavera
bajo la paz de una ciudad remota.
Fulgía en mi ilusión Acuarimántima.
Ciudad del bien, fastuosa, legendaria,
ciudad de amor y esfuerzo y ufanía
y de meditación y de plegaria;
una ciudad azúlea, egregia, fuerte,
una Jerusalén de poesía.
Y como los cruzados medioevales,
ceñíme al torso fúlgida coraza
y fuime en pos de la ciudad cautiva,
burlando la guadaña de la Muerte
y la fortuna a mi querer esquiva.
La ondulante odisea rememoro
con amor y dolor... Un linde vago,
de súbito sangriento, ya cetrino...
Un buque... un muelle... un joven noctivago...
y el tono de la voz... y el pan marcino...
La maravilla comba, transparente,
de las noches de junio hacia la hondura
de un huerto viola, en ácidos alcores;
y allí la levadura de mis cantos,
hecha de mezquindad y sinsabores.
Y aquella niña del amor florido
y oloroso, y ritual, y enardecido,
el seno como un fruto no oprimido,
y un dulzor en los besos diluïdo,
y un no sé qué... que túrbame el sentido.
Y la huraña beldad, el mármol yerto
e inconmovible; y la Infantina huraña
que era el postrer jazmín que daba un huerto...
¡Me figuro las luces de sus ojos
como dos cirios de un cariño muerto!
Y el arduo afán en el impulso vario
por resolver el canto en melodía.
Derrame un ruiseñor en el himnario
toda la miel del día.
Un rumor milenario,
y la luz de tu lámpara ¡oh Sophía!
Húmedos los cabellos -cristalinos caireles
de agua y sol-, aún ondulan fantásticas ondinas;
mientras danza en la luz un coro de donceles
por la playa al influjo de las sales marinas...
788
En la playa he encontrado un caracol de oro
macizo y recamado de las perlas más finas;
Europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.He llevado a mis labios el caracol sonoro
y he suscitado el eco de las dianas marinas,
le acerqué a mis oídos y las azules minas
me han contado en voz baja su secreto tesoro.Así la sal me llega de los vientos amargos
que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos
cuando amaron los astros el sueño de Jasón;y oigo un rumor de olas y un incógnito acento
y un profundo oleaje y un misterioso viento...
(El caracol la forma tiene de un corazón.)
692
Sobre tu nave -un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas,
fuiste condecorado por un golpe de mar.
Por ti los litorales de frentes serpentinas
desenrollan, al paso de tu arado, un cantar:
-Marinero, hombre libre que los mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.
Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón del mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;
todos los litorales amarrados del mundo
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
678
Buscando raíces de alas
la frente
se le desplaza
a derecha
e izquierda.
Y sobre el remolino
de la cara
se le fija,
telón del más allá,
comba y ancha.
Una alimaña
le grita en la nariz
que intenta aplastársele
enfurecida...
Irrumpe un griego
por sus ojos distantes.
Un griego
que sofocan de enredaderas
las colinas andaluzas
de sus pómulos
y el valle trémulo
de su boca.
Salta su garganta
hacia afuera
pidiendo
la navaja lunada
de aguas filosas.
Cortádsela.
De norte a sud.
De este a oeste.
Dejad volar la cabeza,
la cabeza sola,
herida de ondas marinas
negras...
Y de caracolas de sátiro
que le caen
como campánulas
en la cara
de máscara antigua.
Apagadle
la voz de madera,
cavernosa,
arrebujada
en las catacumbas nasales.
Libradlo de ella,
y de sus brazos dulces,
y de su cuerpo terroso.
Forzadle sólo,
antes de lanzarlo
al espacio,
el arco de las cejas
hasta hacerlos puentes
del Atlántico,
del Pacífico...
Por donde los ojos,
navíos extraviados,
circulen
sin puertos
ni orillas...
699
Sus ventanas floridas,
que miran al oriente,
llevan buena amistad con las auroras
que, como primicias fúlgidas, esmaltan
al campo de victorias de su frente.
Aquella madrugada
apareció el Amor tras de su reja
y la dejó lavada
con el cristal cerúleo de su pozo...
¡Y todavía, adentro
de mi alma, hay un gozo
fluido, de mujer madrugadora
que riega su ventana y la decora!
Ventanas que rondé
en la alborada de mis mocedades;
rejas con caracoles
en que Ella gusta de escuchar el sordo
fragor de las marinas tempestades;
rejas depositarias
de aquellos soliloquios de noctívago
y de mi donjuanismo adolescente;
que yo os mire de nuevo
¡oh ventanas abiertas al oriente!
637
El amor no llega, no se va, el amor no tiene pies
Nos vamos nosotros, nos alejamos,
Y desaparecemos
como los segundos se pierden en la mirada del otro
Todo fluye
como las corrientes marinas y las filosóficas
Nos marchamos
como el insecto que se detuvo en mi ventana aquella tarde
No, el amor no se va,
me voy yo y no regreso.
Nov 25, 2016
Nov 25, 2016 at 3:13 AM UTC
Land of love, our moon
half your face in darkness
the other a bright pale visage,
and so constant with the sun
You make romance a preterite
changeable is your face
sometimes red sometimes blue
yet your pale sweet face
is what I love about you
you have been guide's to marinas
the payers of many saints
the rhythm, of all life here
All that are heaven bound
will always look at you
even wolves in timber lands
cold in perma frost
howl thier praise to Luna you
as the hunt in the name of you
By Christos Andreas Kourtis aka NeonSolaris
Nov 13, 2013
Nov 13, 2013 at 9:29 PM UTC
qué bónito es estar viva
estar joven y estar viva
qué bónito está el cielo
cubierto de nubes grises
transparentes de papél
nuestros días ocupados
y llenos de pápel
qué se vea apenas el sol
a punto de llover
qué exquisitas las palabras
que le susurras a mi hombro
cuando me buscas tú o te busco yo
cuando toco apénas tu rostro
con miedo a que te hagas humo
te desvanezca el sol
y resbales de mis manos
(como todo lo que quisiera tener)
te pregunto sobre una cicatriz
que tienes arriba de los labios
sobre lo rasposo de tus palmas
lo hermoso de tus manos
que obedecen tan divina imaginación
tu inteligencia, tu visión
qué bónita tu concentración
también con enojo o melancolía
tristeza o frustración
lo que hay detrás de tus ojos
eres música y color
qué bónita la sorpresa
imagína mi extrañeza
al ver a los ojos alguien
que viera el mundo como yo
cuando conocí apenas tu rostro
sin percibir algo especial
de la nada en esos labios
discurso sin forzar
sobre lo bello y lo sensible
(en ese instante me perdiste)
me hablaste primero de belleza
así que deja te contesto
aquí va mi respuesta
(y te digo en que me perdí)
lleno hojas de belleza
la que veo en tu existir
qué bónito estar viva
estar jóven y estar viva
qué bónito día tan gris
qué bónito está el cielo
qué bónita tu nariz
y qué linda tu boca
cuando hablas del mar
qué dulce tu voz y melodía
tus metáforas marinas
sobre agua y licór
que con dulzura frenética
describes el amor
qué gentiles tus manos
cuando juegas con mis dedos
cuando entiendes de que hablo
concordamos en qué cosas
sì importan; y tú me importas
cuando estando solos
no nos sentimos solos
(¡aunque te llegue solo al hombro!)
lejos de quien no entiende
que me miren a los ojos y digan
que nada bueno saldrá
de lo que siento por tí
infinito como el mar
tenías razón con lo del mar
pensé que ya se había dicho todo
lo que se podría decir sobre el mar
ahora veo la perpetuidad
infinitud desconocida
el mismo asombro que veo en tí
mi fascinación con las estrellas
las del cielo y las de tus ojos
la gran bóveda y tu aura azùl
ambas me cubren siempre
cuando te escucho cantar o hablar
cuando me preguntaste que era
lo que me gusta de tí
y aquí está mi respuesta
mira de cuantas maneras te las digo
qué bónito el cielo; qué bónito existir
al mismo tiempo y sin tocarte
te juro que no son tus pestañas
ni tus lunares, manchas de Apollo
ni las mariposas en mi estomago
es ver lo que eres tal eres
poderte decir todo esto tan bónito
que siento por tí
que me veas tal y como soy
cuando te miro a los ojos
y que te veas también a ti mismo
a través de mis ojos
Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:26 AM UTC
Los ojos se me fueron
detrás una morena
que pasó.
Era de nácar *****
era de uvas moradas,
y me azotó la sangre
con su cola de fuego.
Detrás de todas
me voy.
Pasó una clara rubia
como una planta de oro
balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
como con una ola
descargando en su pecho
relámpagos de sangre.
Detrás de todas
me voy.
Pero a ti, sin moverme,
sin verte, tú distante,
van mi sangre y mis besos,
morena y clara mía,
alta y pequeña mía,
ancha y delgada mía,
mi fea, mi hermosura,
hecha de todo el oro
y de toda la plata,
hecha de todo el trigo
y de toda la tierra,
hecha de toda el agua
de las olas marinas,
hecha para mis brazos,
hecha para mis besos,
hecha para mi alma.
432
Tuvo unas barbas húmedas, marinas,
y pálida y desnuda era la frente.
Adorador del fuego del poniente
entre las piedras de las propias ruinas...
Viajero en alas de las golondrinas
se desnudó a la luz resplandeciente.
Desnudo -nuevamente adolescente-
con el dolor jugó a las cuatro esquinas.
La carne está en su ocaso. Queda el gesto.
Es la luz su mejor libro de texto
y reza, rosa a rosa, su rosario.
Ama las horas porque borran huellas
en la serenidad, y en las estrellas
estudia su futuro itinerario.
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