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"cruzando" poems
Poema Code Switching By Aylin Soto-Aleman, Mercedes Caballero, Jesus Martinez, Marta Silva, Alex Alejandre 16.4.15 El final de una etapa The end, The beginning of a new journey un camino A un mundo extranjero Un deseo, un sueño A dream Haciendo mi propio path un camino rostros nuevos , new failures historias nuevas , new experiences a sequel to my story, con hojas rotas y mojadas INMIGRACION La memoria es un salto entre continentes crossing invisible borders swimming in the rios corriendo debajo del sol La memoria es los abuelitos ancestors cooking arroz y frijoles, flan, driving through for hamburgers, popcorn, sipping on horchata Basilica No todo lo que brilla es oro not all rainbows and butterflies, Clarita y sus cien años Ruben y sus Tacos del Camino Real El rancho Midnight movies Quiero a quien me quiera It’s been a long day, without you my friend Mexicanos al grito de guerra Oh, say can you see by the dawn’s early light Tepechitlan, Jerecuaro, Guanajuato Long Beach, Argentine, KCK, Chihuahua, A Distance Between Us El puente, the bridge. Three Little Pigs en casa, at home, don't step out marranitos, la llorona te va a llevar Memory is a leap between continents Cruzando fronteras invisibles, Nadando en los rivers Running under the sun Born in different places Pero las mismas intenciones
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May 30, 2015
May 30, 2015 at 1:39 PM UTC
Immigration
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
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El son del viento
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
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Señora, dicen que dónde, mi madre dicen, dijeron, el agua y el viento dicen que vieron al guerrillero. Puede ser un obispo, puede y no puede, puede ser sólo el viento sobre la nieve: sobre la nieve, sí, madre, no mires, que viene galopando Manuel Rodríguez. Ya viene el guerrillero por el estero. Saliendo de Melipilla, corriendo por Talagante, cruzando por San Fernando, amaneciendo en Pomaire. Pasando por Rancagua, por San Rosendo, por Cauquenes, por Chena, por Nacimiento: por Nacimiento, sí, desde Chiñigüe, por todas partes viene Manuel Rodríguez. Pásale este clavel, Vamos con él. Que se apaguen las guitarras, que la patria está de duelo. Nuestra tierra se oscurece. Mataron al guerrillero. En Til-Til lo mataron los asesinos, su espada está sangrando sobre el camino: sobre el camino, sí. Quién lo diría, él, que era nuestra sangre, nuestra alegría. La tierra está llorando. Vamos callando.
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Xxv
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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Camposanto en collioure
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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El alma traigo ebria de aroma de rosales y del temblor extraño que dejan los caminos... A la luz de la luna las vacas maternales dirigen tras mi sombra sus ojos opalinos. Pasan con sencillez hacia la cumbre, rumiando simplemente las hierbas del vallado; o bien bajo los árboles con clara mansedumbre se aduermen al arrullo del aire sosegado. Y en la quietud augusta de la noche mirífica, como sutil caricia de trémulos pinceles, del cielo florecido la claridad magnífica fluye sobre la albura de sus lustrosas pieles. Y yo discurro en paz, y solamente pienso en la virtud sencilla que mi razón impetra; hasta que, en elación el ánimo suspenso, gozo la sencillez que viene y me penetra. Sencillez de las bestias sin culpa y sin resabio; sencillez de las aguas que apuran su corriente; sencillez de los árboles... ¡Todo sencillo y sabio, Señor, y todo justo, y sobrio, y reverente! Cruzando las campiñas, tiemblo bajo la gracia de esta bondad augusta que me llena... ¡Oh dulzura de mieles! ¡Oh grito de eficacia! ¡Oh manos que vertisteis en mi espíritu la sagrada emoción de la noche serena! Como el varón que sabe la voz de las mujeres en celo, temblorosas cuando al amor incitan, yo sé la plenitud en que todos los seres viven de su virtud, y nada solicitan. Para seguir viviendo la vida que me resta haced mi voluntad templada, y fuerte y noble, oh virginales cedros de lírica floresta, oh próvidas campiñas, oh generoso roble. Y haced mi corazón fuerte como vosotros del monte en la frecuencia. Oh dulces animales que, no sabiendo nada, bajo la carne sabéis la antigua ciencia de estar oyendo siempre la soledad sagrada.
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El corazón rebosante
El alma traigo ebria de aroma de rosales y del temblor extraño que dejan los caminos... A la luz de la luna las vacas maternales dirigen tras mi sombra sus ojos opalinos. Pasan con sencillez hacia la cumbre, rumiando simplemente las hierbas del vallado; o bien bajo los árboles con clara mansedumbre se aduermen al arrullo del aire sosegado. Y en la quietud augusta de la noche mirífica, como sutil caricia de trémulos pinceles, del cielo florecido la claridad magnífica fluye sobre la albura de sus lustrosas pieles. Y yo discurro en paz, y solamente pienso en la virtud sencilla que mi razón impetra; hasta que, en elación el ánimo suspenso, gozo la sencillez que viene y me penetra. Sencillez de las bestias sin culpa y sin resabio; sencillez de las aguas que apuran su corriente; sencillez de los árboles... ¡Todo sencillo y sabio, Señor, y todo justo, y sobrio, y reverente! Cruzando las campiñas, tiemblo bajo la gracia de esta bondad augusta que me llena... ¡Oh dulzura de mieles! ¡Oh grito de eficacia! ¡Oh manos que vertisteis en mi espíritu la sagrada emoción de la noche serena! Como el varón que sabe la voz de las mujeres en celo, temblorosas cuando al amor incitan, yo sé la plenitud en que todos los seres viven de su virtud, y nada solicitan. Para seguir viviendo la vida que me resta haced mi voluntad templada, y fuerte y noble, oh virginales cedros de lírica floresta, oh próvidas campiñas, oh generoso roble. Y haced mi corazón fuerte como vosotros del monte en la frecuencia. Oh dulces animales que, no sabiendo nada, bajo la carne sabéis la antigua ciencia de estar oyendo siempre la soledad sagrada.
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Pelo alvo deserto vão, me atrevo Com passos vazios e rigidez emudecida Caminho à livre esperança aquecida Sem umbras derradeiras de vil enlevo Nestas escassas palavras que descrevo Aflijo, na natureza selvaticamente esvaída, O brado ofego da moribunda esquecida Cruzando-me os dentes o férrico sangue e doloroso arquejo Ante os olhos que se chegam em céu vasto, O silêncio zune, norteia-me, arrasto E completo minhas vistas com negrumes vários Deserto! Deserto! Das sombras, sóis filho nefasto, Por eternidades, quais d'aurora me afasto A vós enterneço meu desgarro solitário
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Sep 16, 2017
Sep 16, 2017 at 4:58 PM UTC
Paisagens de Inverno - Deserto
¿Desde cuándo, desde cuándo, hombre del hierro y la piedra, no agito un gajo de hiedra tras la lluvia goteando? ¿Ni por el medio cruzando voy de un robledal sombrío? ¿Ni hundo mi cuerpo en un río, ni una mano en una fuente, ni un dedo en una corriente, ni me empapo de rocío?
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Décima
A noite vem com seu silêncio em demasia, Gritando ao luar pela luz do dia. A vida perde sentido por vezes  sem querer, Acordo com o aroma do amanhecer. Amar com gratidão sol que queima desejos, Amor da alma, dos teus beijos. Ouvir regatos que levam pouca água, Amar com leveza e sem mágoa. Sentir a noite que procura ser suave, Penando por amor  feito ave, Cruzando o céu aberto da minha liberdade . Noite de adorno, de enfeite, Luar onde meu ser se deite. Caminhos cruzados do olhar, Ser Terra,  céu e mar. Num barco sem velas navego, E assim ao mundo me entrego. Victor Marques Amor, cego,  ave
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Mar 27, 2023
Mar 27, 2023 at 4:57 PM UTC
Penando por amor feito ave
No pasa nada si vuelvo. El colchón nuevo todavía no se acuerda de mí, no me va a extrañar después de un solo día. Solo pasó un día. ¿Puedo volver solo un día? Es que me sigo durmiendo con los zapatos puestos, cruzando la calle sin mirar a los dos lados, vistiéndome con quemaduras de sol todo el verano. Todavía necesito que me disfraces como a una muñeca para no llegar al trabajo manchada o desnuda, que me agarres de la mano como a la correa de un perro para que no termine en una calzada juntando moscas, que me vistas con protector solar para que no se me pele la piel como cáscara. Un día, ma, y me acompañas al médico a ver por qué me están volviendo a crecer los dientes de leche, y pasamos por mi casa de un día a mirar abajo de mi colchón de ni una noche a ver por qué le están creciendo monstruos. Uno solo.
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Mar 29, 2024
Mar 29, 2024 at 5:49 AM UTC
LXVII
En tu frente descansa el color de las amapolas, el luto de las viudas halla eco, oh apiadada: cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos, el delgado labrador te da la espalda, de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos. El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad, las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros, y la humedad es grande a su alrededor: cruzando sus pensamientos incompletos, queriendo alcanzar algo, oh buscándote, le palpitan los ojos pálidos en tu red como instrumentos perdidos que brillan de súbito. O recuerdo el día primero de la sed, la sombra apretada contra los jazmines, el cuerpo profundo en que te recogías como una gota temblando también. Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos, vigilas el mar como un ladrón. Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta desesperadamente a ti por el metal que necesita.
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Serenata
Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... Mas isolo-me, confortavelmente, na esfera do casulo. Pronta a renascer, Mas ainda enganada… Sinto um amor!... Que de tanto ser infantil,   Chega a ser puro! (E talvez o deixemos assim, meu amor.) Talvez nos encontremos apenas no ar. Como dois passarinhos feridos, Ainda ingenuamente atrapalhados, Pelas asas que os guiam. Apenas cruzando estas simples energias, Em cada nuvem batente daquele tal céu ardente. E onde nelas escalarei… Até ao cimo do teu próprio inferno. Onde nele, ainda te manténs refém. Amarte-ei pela literatura, Como tu tão bem me sabes amar…                                  (E quanto do nosso amor,                                    Será também feito poesia?) Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... E agora, pronta a renascer, Bato, suavemente, as minhas asas… Sinto um vento!... Alegremente, espreito fora do casulo!... E a brisa que corre e me leva,   Carrega em cada batida,   Só para mim, A sustentável leveza do amor. (E talvez o deixemos assim, meu amor.) Talvez nos encontremos apenas no fogo. Como duas belas fénixes, Usando as suas próprias cinzas, Para pintar a mais bela das telas. Apenas cruzando os nossos caminhos, Em cada folha queimada que paira Sobre os nossos tristes olhares. E onde nelas escalarei… Até ao cimo do nosso paraíso distante, Onde nele ainda me mantenho refém. Amarte-ei pelo silêncio, Como tu tão bem me sabes amar…                                   (E quanto do nosso amor,                                   Será também feito poesia?) Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... E aquelas frágeis asas que me bateram, Criaram em mim uma bela metamorfose. Onde na beleza do simples ser, Encontramo-nos e fomos voando.                                    (E quanto do nosso amor,                                  Será também feito poesia?)                        (Cada bater de asas da borboleta o dirá…)
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Mar 3, 2022
Mar 3, 2022 at 2:48 PM UTC
Amor Como Metamorfose
Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... Mas isolo-me, confortavelmente, na esfera do casulo. Pronta a renascer, Mas ainda enganada… Sinto um amor!... Que de tanto ser infantil,   Chega a ser puro! (E talvez o deixemos assim, meu amor.) Talvez nos encontremos apenas no ar. Como dois passarinhos feridos, Ainda ingenuamente atrapalhados, Pelas asas que os guiam. Apenas cruzando estas simples energias, Em cada nuvem batente daquele tal céu ardente. E onde nelas escalarei… Até ao cimo do teu próprio inferno. Onde nele, ainda te manténs refém. Amarte-ei pela literatura, Como tu tão bem me sabes amar…                                  (E quanto do nosso amor,                                    Será também feito poesia?) Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... E agora, pronta a renascer, Bato, suavemente, as minhas asas… Sinto um vento!... Alegremente, espreito fora do casulo!... E a brisa que corre e me leva,   Carrega em cada batida,   Só para mim, A sustentável leveza do amor. (E talvez o deixemos assim, meu amor.) Talvez nos encontremos apenas no fogo. Como duas belas fénixes, Usando as suas próprias cinzas, Para pintar a mais bela das telas. Apenas cruzando os nossos caminhos, Em cada folha queimada que paira Sobre os nossos tristes olhares. E onde nelas escalarei… Até ao cimo do nosso paraíso distante, Onde nele ainda me mantenho refém. Amarte-ei pelo silêncio, Como tu tão bem me sabes amar…                                   (E quanto do nosso amor,                                   Será também feito poesia?) Sou uma criança apaixonada!... E tu bem sabes que sou uma criança apaixonada!... E aquelas frágeis asas que me bateram, Criaram em mim uma bela metamorfose. Onde na beleza do simples ser, Encontramo-nos e fomos voando.                                    (E quanto do nosso amor,                                  Será também feito poesia?)                        (Cada bater de asas da borboleta o dirá…)
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