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"alumbra" poems
Spanish La princesita hipsipilo, la vibrátil filigrana, —Princesita ojos turquesas esculpida en porcelana— Llamó una noche a mi puerta con sus manitas de lis. Vibró el cristal de su voz como una flauta galana. —Yo sé que tu vida es gris. Yo tengo el alma de rosa, frescuras de flor temprana, Vengo de un bello país A ser tu musa y tu hermana!— Un abrazo de alabastro…luego en el clavel sonoro De su boca, miel suavísima; nube de perfume y oro La pomposa cabellera me inundó como un diluvio. O miel, frescuras, perfumes!…Súbito el sueño, la sombra Que embriaga..Y, cuando despierto, el sol que alumbra en mi alfombra Un falso rubí muy rojo y un falso rizo muy rubio! English The amazonian little princess, a vibratile filagree, —Turquoise eyes sculpted of porcelain, little princess— Called one night at my door with her small hands of iris. And the trilling crystal of her voice was like an elegant flute: —I know your life is gray. I have the soul of a rose, the dew of budding flowers, I come from a beautiful country To be your sister and muse!—. An arm of alabaster…then, in the sonorous carnation Of her mouth, softest honey; in a cloud of gold and perfume She surrounded me, brash horsewoman, like a deluge. Oh honey, freshness, perfumer!…The sudden dream, the shadow Which intoxicates…and when I wake, the sun that falls on my carpet In a false ruby very red, and a false ringlet very blond.
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El Poeta Y La Ilusion (The Poet And The Illusion)
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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A solas
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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Xitlali, el lucero, me alumbra el sendero, la luz del valle de Anáhuac emigra, calmada Tenochtitlán. El otro valle: Mictlán por debajo vibra.
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Oct 15, 2014
Oct 15, 2014 at 9:34 PM UTC
Los caminos
He intentado escribir mi poesía sin palabras rebuscadas llamando a las formas y figuras como si fueran cercanas amigas y enemigas. Así al sol que no me alumbra a la luna y la flor de la glicina trato hoy día de mirarlos como cosas rutinarias cual la sombra y la luz de cada día. Es tarea difícil: extrañas palabras se me escapan tras la altura y la hondura imposibles del pesar permanente y prodigioso del misterio tras toda la alegría.
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Nov 27, 2011
Nov 27, 2011 at 11:22 AM UTC
Disculpa
Así pasa la vida, como raro espejismo. La rosa azul que alumbra y da el ser al cardo! junto al dogma del fardo matador, el sofisma del Bien y la Razón! Se ha cogido, al acaso, lo que rozó la mano; los perfumes volaron, y entre ellos se ha sentido el moho que a mitad de la ruta ha crecido en el manzano seco de la muerta Ilusión. Así pasa la vida, con cánticos aleves de agostada bacante. Yo voy todo azorado, adelante... adelante, rezongando mi marcha funeral. Van al pie de brahmánicos elefantes reales, y al sórdido abejeo de un hervor mercurial parejas que alzan brindis esculpidos en roca y olvidados crepúsculos una cruz en la boca. Así pasa la vida, vasta orquesta de Esfinges que arrojan al vacío su marcha funeral.
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La voz del espejo
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Oct 11, 2014
Oct 11, 2014 at 11:05 PM UTC
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Poem Querido amigo, Te quiero decir Que eres patetico, que estás ahí sentado Que sueñas cambiarlo. Te confieso que ya hace tiempo la noche no brilla, las luciérnagas Se han vuelto colillas. Te lo digo de frente, al reflector que alumbra tu mente, brilla un poco, reconócete un poco. Se que odias ser el centro de atención, te saca de comfort, se que el chisme te da asco oírlo y nauseas decirlo. ¿La quieres? ¡Vamos en serio! solo dilo, déjalo ir y sino ¿lo pierdes? o es que nunca fue tuyo. ¿Te quiere? probable, pero no le ruegues. Querido amigo te escribo, para que no te ahogues en tu laberinto de misterio, para que no seas duro con tus errores, para que seas aceite y no sarro. Atte. El saltamontes en tu oído. PD: léelo cuando te sientas perdido...
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Jan 27, 2019
Jan 27, 2019 at 2:55 AM UTC
Letter
Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo un apagón o una noche sin luna es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplandor que da confianza entonces dominguea el almanaque vibran en su rincón las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte.
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Una mujer desnuda y en lo oscuro
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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Mi musa
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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A colón
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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El buen sentido
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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Ya que todo está en flor, y más que nada tú en tu mantilla azul, Marcela mía, abriré como pueda mi poesía que es hoy una ventana clausurada. Tras un instante quedará cerrada, ciego postigo en la mitad del día, pero antes te dirá lo que quería o posará en tu frente su mirada. El tiempo correrá como acostumbra, el sol alumbrará como hoy alumbra, recio el árbol será que nos cobija. Para ti todo me parece eterno, y yo no seré más que este cuaderno, unos papeles, ni eso, nieta, hija.
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En el jardín
Sigue, sigue blanca estrella, Por el cielo en que naciste, Sin dejar ninguna huella... Siempre te hallaré más bella, Siempre te hallaré más triste. Hoy vengo con mi dolor, Cual antes feliz venía; Mas ya nunca, astro de amor, Ceñirás con tu fulgor Ni su frente ni la mía. Tú cruzas por ese cielo, Dando con tu luz la calma; Yo cruzo, por este suelo, Llevando en mi desconsuelo Lena de sombras el alma. Dame, dame tu luz bella; Que en esta alma sin amor, Tú sorprenderás estrella, En cada nube una huella, Y en cada huella un dolor. Tú que has escuchado el canto De mi primera pasión, Acompaña mi quebranto, Y alumbra el amargo llanto que brota del corazón. ¡Horas del primer cariño! tú las miraste lucir, Cuando ante tu luz de armiño, La niña en brazos del niño Soñaba en el porvenir. ¡Dulce amor! ¡grata ciencia! ¡Blanca luz! ¡Delirio ardiente! ¿Por qué huyes de la existencia, Cuando una dura experiencia Va marchitando la frente? ¡Aquellos goces extraños, Aquel esperar en Dios, Sin recoger desengaños, Aquel pasar de los años Sin perturbar a los dos! Todo, todo, blanca estrella, Tu tibia luz alumbró; ¡Edad de sueños aquella, Envidiable, dulce, bella, Que para siempre huyó! Celia, al expirar el día, Por estos sitios vendrá, Ya no como antes venía, Que aquella alma que fue mía, Pertenece a otra alma ya. Antes ¡ay! ¡cuánto embeleso! Sollozando de placer, Dejaba en mi frente un beso; Por eso, estrella; por eso No quiero volverla a ver. Ahora, dulce y cariñosa, En otro sus ojos fijos, Tendrá su boca amorosa La majestad de la esposa Para besar a sus hijos. Con tus rayos blanquecinos Alumbra siempre su hogar; Aparta nuestros caminos, Y ¡ay! que sus ojos divinos No aprendan nunca a llorar. Si sigues, tú, blanca estrella, Por el cielo en que naciste, Sin dejar ninguna huella... Siempre te hallaré más bella, Siempre me verás mas triste.
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Confidencias a una estrella
Sigue, sigue blanca estrella, Por el cielo en que naciste, Sin dejar ninguna huella... Siempre te hallaré más bella, Siempre te hallaré más triste. Hoy vengo con mi dolor, Cual antes feliz venía; Mas ya nunca, astro de amor, Ceñirás con tu fulgor Ni su frente ni la mía. Tú cruzas por ese cielo, Dando con tu luz la calma; Yo cruzo, por este suelo, Llevando en mi desconsuelo Lena de sombras el alma. Dame, dame tu luz bella; Que en esta alma sin amor, Tú sorprenderás estrella, En cada nube una huella, Y en cada huella un dolor. Tú que has escuchado el canto De mi primera pasión, Acompaña mi quebranto, Y alumbra el amargo llanto que brota del corazón. ¡Horas del primer cariño! tú las miraste lucir, Cuando ante tu luz de armiño, La niña en brazos del niño Soñaba en el porvenir. ¡Dulce amor! ¡grata ciencia! ¡Blanca luz! ¡Delirio ardiente! ¿Por qué huyes de la existencia, Cuando una dura experiencia Va marchitando la frente? ¡Aquellos goces extraños, Aquel esperar en Dios, Sin recoger desengaños, Aquel pasar de los años Sin perturbar a los dos! Todo, todo, blanca estrella, Tu tibia luz alumbró; ¡Edad de sueños aquella, Envidiable, dulce, bella, Que para siempre huyó! Celia, al expirar el día, Por estos sitios vendrá, Ya no como antes venía, Que aquella alma que fue mía, Pertenece a otra alma ya. Antes ¡ay! ¡cuánto embeleso! Sollozando de placer, Dejaba en mi frente un beso; Por eso, estrella; por eso No quiero volverla a ver. Ahora, dulce y cariñosa, En otro sus ojos fijos, Tendrá su boca amorosa La majestad de la esposa Para besar a sus hijos. Con tus rayos blanquecinos Alumbra siempre su hogar; Aparta nuestros caminos, Y ¡ay! que sus ojos divinos No aprendan nunca a llorar. Si sigues, tú, blanca estrella, Por el cielo en que naciste, Sin dejar ninguna huella... Siempre te hallaré más bella, Siempre me verás mas triste.
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¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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Xiv
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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¡Oh, vida mía, vida mía!, agonicé con tu agonía y con tu muerte me morí. ¡De tal manera te quería, que estar sin ti es estar sin mí! Faro de mi devoción, perenne cual mi aflicción es tu memoria bendita. ¡Dulce y santa lamparita dentro de mi corazón! Luz que alumbra mi pesar desde que tú te partiste y hasta el fin lo ha de alumbrar, que si me dejaste triste, triste me habrás de encontrar. Y al abatir mi cabeza, ya para siempre jamás, el mal que a minarme empieza, pienso que por mi tristeza tú me reconocerás. Merced al noble fulgor del recuerdo, mi dolor será espejo en que has de verte, y así vencerá a la muerte la claridad del amor. No habrá ni coche ni abismo que enflaquezca mi heroísmo de buscarte sin cesar. Si eras más que yo mismo, ¿cómo no te he de encontrar? ¡Oh, vida mía, vida mía, agonicé con tu agonía y con tu muerte me morí! De tal manera te quería, que estar sin ti es estar sin mí.
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Ii. más yo que yo mismo
Yo que creí que la luz era mía precipitado en la sombra me veo. Ascua solar, sideral alegría ígnea de espuma, de luz, de deseo. Sangre ligera, redonda, granada: raudo anhelar sin perfil ni penumbra. Fuera, la luz en la luz sepultada. Siento que sólo la sombra me alumbra. Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo. Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles dentro del aire que no tiene vuelo, dentro del árbol de los imposibles. Cárdenos ceños, pasiones de luto. Dientes sedientos de ser colorados. Oscuridad del rencor absoluto. Cuerpos lo mismo que pozos cegados. Falta el espacio. Se ha hundido la risa. Ya no es posible lanzarse a la altura. El corazón quiere ser más de prisa fuerza que ensancha la estrecha negrura. Carne sin norte que va en oleada hacia la noche siniestra, baldía. ¿Quién es el rayo de sol que la invada? Busco. No encuentro ni rastro del día. Sólo el fulgor de los puños cerrados, el resplandor de los dientes que acechan. Dientes y puños de todos los lados. Más que las manos, los montes se estrechan. Turbia es la lucha sin sed de mañana. ¡Qué lejanía de opacos latidos! Soy una cárcel con una ventana ante una gran soledad de rugidos. Soy una abierta ventana que escucha. por donde va tenebrosa la vida. Pero hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida.
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Eterna sombra
Un niño muerto en la cuna La madre llorando al pie; Por la ventana se ve Llegar a ocaso la luna. En la pobre habitación Brilla escasa y tenue luz Debajo de negra cruz, Emblema de redención. La madre se desespera, Y junta, besando al niño, A lo blanco del armiño La palidez de la cera. A un tiempo se queja y ora A un tiempo duda y suspira; Le habla, lo toca, lo mira, Pronuncia su nombre y llora. A veces, «¿Por qué te vas?» Pregunta con hondo empeño, Y a veces dice: «¡Es un sueño! Ya pronto despertarás». Y mirando al niño yerto, Exclama en su desvarío: «¡Qué sosegado y que frío! ¡Si parece que está muerto!» Y con esta ilusión vana, Que encarna allí su fortuna, Parece junto a la cuna Un ángel en forma humana. Oye un coro resonar Que dulces voces derrama: «¡Son los ángeles», exclama; »Se lo vienen a llevar!» Y al ver los rojos destellos Que bajan del niño en pos, Agrega: «Te alumbra Dios El camino: ¡ve con ellos!» «Sí, Dios te llama, alma mía»... Y el rostro al del niño junta, Y se desmaya; y despunta Allá por Oriente el día. ¡Todo es luz, vida y belleza En torno de aquel dolor! ¡Y hay quien llame con amor Madre a la naturaleza!
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Amaneciendo
Como un rayo de luz que alumbra en las oscuridad , asi te alumbrara Jehova si lo buscas con gratitud . El siempre sera la luz en medio de las penumbras , y en esa oscuridad el te alumbra con su poder y su luz.
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Aug 5, 2015
Aug 5, 2015 at 1:18 PM UTC
Como un rayo de luz.
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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Euzkadi
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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¡De qué sirve al triste la filosofía! Kant o Schopenhauer o Nietzche o Bergson... ¡Metafisiqueos!                        En tanto, Ana mía, te me has muerto, y yo no sé todavía dónde ha de buscarte mi pobre razón. ¡Metafisiqueos, pura teoría! ¡Nadie sabe nada de nada: mejor que esa pobre ciencia confusa y vacía, nos alumbra el alma, como luz del día, el secreto instinto del eterno amor! No ha de haber abismo que ese amor no ahonde, y he de hallarte. ¿Dónde? ¡No me importa dónde! ¿Cuándo? No me importa..., ¡pero te hallaré! Si pregunto a un sabio, "¡Qué sé yo!", responde. Si pregunto a mi alma, me dice: "¡Yo sé!"
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X. metafisiqueos
Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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Variación x
Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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Nunca pensé que tendría hábitos malos, que la vida me enseñaría a vivir, de manera más, suave y amorosa, como una madre que quiere hijos, los trata con paciencia y ternura y rayos de sol, que alumbra su cuarto al amanecer, y cuando las noches se vuelven más y más oscuras, a cambio bebo café por las mañanas, para pelear con las horas que no duermo, y así mantenerme despierto, y poder caminar en los talones de las personas que no lo merecen, invirtiendo en las sombras y lo que desaparece en lo olvidado, aguantando mi corazón en una mano, y un ramo de flores en la otra.
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Dec 8, 2024
Dec 8, 2024 at 10:33 AM UTC
Un ramo de flores y mi corazon.
Era un ritmo: el que vibra en el espacio como queja inmortal y se levanta y llega del Señor hasta el palacio ¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio se perdió: ¡Como todo lo que canta! Era un ave: su nido en el paraje que habitamos formó; cual filoomela, gorjeaba al amparo del follaje. ¡Un ave! y sacudiendo su plumaje se alejó: ¡como todo lo que vuela! Era un lampo: el flamígero, de plata, que tiende su fulgor en la penumbra de casto amanecer, y se dilata por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata se apagó: ¡como todo lo que alumbra! No fue su muerte conjunción febea ni puesta melancólica de Diana, sino eclipse de Vísper, que recrea los cielos con su luz, y parpadea y cede ante el fulgor de la mañana. Morir cuando la tumba nos reclama, cuando la dicha suspirando quedo: "Adiós", murmura, y se extinguió la llama de la fe, y aunque todo dice: "Ama", responde el corazón: "¡Si ya no puedo!"; cuando solo escuchamos dondequiera del tedio el gran monologar eterno, y en vano desparrama Primavera su florido caudal en la pradera, porque dentro llevamos el invierno, ¡bien está! Mas partir en pleno día, cuando el sol glorifica la jornada, cuando todo en el pecho ama y confía y la vida, Julieta enamorada, nos dice: ¡No te vayas todavía!, y forma la ilusión mundos d'encaje y los troncos de savia están henchidos, y las frondas perfuman el boscaje, y los nidos salpican el frondaje, y las aves arrullan en los nidos, ¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte, ¡oh poeta!, y en vano a tu partida opusieron al par su muro fuerte Amor, más poderoso que la muerte; Juventud, ¡el paladion de la vida! Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta: el cariño a perderos se rebela; entre Dios y vosotros se levanta; mas os vais: ¡como todo lo que canta! os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
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Perlas negras - xl
Era un ritmo: el que vibra en el espacio como queja inmortal y se levanta y llega del Señor hasta el palacio ¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio se perdió: ¡Como todo lo que canta! Era un ave: su nido en el paraje que habitamos formó; cual filoomela, gorjeaba al amparo del follaje. ¡Un ave! y sacudiendo su plumaje se alejó: ¡como todo lo que vuela! Era un lampo: el flamígero, de plata, que tiende su fulgor en la penumbra de casto amanecer, y se dilata por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata se apagó: ¡como todo lo que alumbra! No fue su muerte conjunción febea ni puesta melancólica de Diana, sino eclipse de Vísper, que recrea los cielos con su luz, y parpadea y cede ante el fulgor de la mañana. Morir cuando la tumba nos reclama, cuando la dicha suspirando quedo: "Adiós", murmura, y se extinguió la llama de la fe, y aunque todo dice: "Ama", responde el corazón: "¡Si ya no puedo!"; cuando solo escuchamos dondequiera del tedio el gran monologar eterno, y en vano desparrama Primavera su florido caudal en la pradera, porque dentro llevamos el invierno, ¡bien está! Mas partir en pleno día, cuando el sol glorifica la jornada, cuando todo en el pecho ama y confía y la vida, Julieta enamorada, nos dice: ¡No te vayas todavía!, y forma la ilusión mundos d'encaje y los troncos de savia están henchidos, y las frondas perfuman el boscaje, y los nidos salpican el frondaje, y las aves arrullan en los nidos, ¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte, ¡oh poeta!, y en vano a tu partida opusieron al par su muro fuerte Amor, más poderoso que la muerte; Juventud, ¡el paladion de la vida! Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta: el cariño a perderos se rebela; entre Dios y vosotros se levanta; mas os vais: ¡como todo lo que canta! os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
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Europa se ha prendido, se ha incendiado: de Rusia a Españ va, de extremo a extremo, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste occidente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, aventa: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Cruza un gran tormenta de aeroplanos y anhelos. Se propaga la sombra de Lenin, se propaga, avanza enrojecida por los hielos, inunda estepas, salta serranías, recoge, cierra, besa toda llaga, aplasta las miserias y las melancolías. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe. Es un olor que alegra los olfatos y una canción que halla sus ecos en las minas. España suena llena de retratos de Lenin entre hogueras matutinas. Bajo un diluvio de hombres extinguidos, España se defiende con un soldado ardiendo de toda podredumbre. Y por los Pirineos ofendidos alza sus llamas, sus hogueras tiende para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre.
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El incendio
Luna del cielo Alumbra mi paz Luna de mi corazón Siempre serás Porque tu luz siempre trae mi paso Y por ti camino mis pasos Luna de mi vida Nunca jamás se acabará Por mi amor a ti eterna será Y si las nubes te llevan Por un tiempo Te esperare Porque mi luna bella Siempre serás Moon of the sky Light my peace Moon of my heart You will always be Because your light always brings my step And for you I walk my steps Moon of my life Never again will it end For my love to you eternal will be And if the clouds take you For a while I will wait for you Because my beautiful moon You will always be
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May 20, 2019
May 20, 2019 at 11:18 PM UTC
Luna/Moon