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"abeja" poems
Ella era bella y era buena.       ¡Perdonalá, Señor! Él era dulce y era triste       ¡Perdonaló, Señor! Se dormía en sus brazos blancos como una abeja en una flor.       ¡Perdonaló, Señor! Amaba las dulces canciones, ¡ella era una dulce canción!       ¡Perdonalá, Señor! Cuando hablaba era como si alguien hubiera llorado en su voz.       ¡Perdonaló, Señor! Ella decía: -«Tengo miedo. Oigo una voz en lo lejano».       ¡Perdonalá, Señor! Él decía: -«Tu pequeñita mano en mis labios».       ¡Perdonaló, Señor! Miraban juntos las estrellas. No hablaban de amor. Cuando moría una mariposa lloraban los dos.       ¡Perdonalós, Señor! Ella era bella y era buena. Él era dulce y era triste. Murieron del mismo dolor. Perdónalos, Perdónalos,             ¡Perdonalós, Señor!
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Canción de los amantes muertos
carcomeindo mi corazon llagrimas de llama del fuego que incendias por adentro algunos dias eres la abeja que da la nutricion a una flor que es mi alma algunos dias eres la mano que empuja el viento fuerte que son mis emociones algunos dias eres la luna que controlla la marea del oceano que soy toda yo un dia terminaras desmonarando mi corazon pero te dejo el priveligo mi lindo amor
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Oct 16, 2015
Oct 16, 2015 at 10:55 PM UTC
mareos
Amo el campus universitario, sin cabras, con muchachas que pax pacem en latín, que meriendan pas pasa pan con chocolate en griego, que saben lenguas vivas y se dejan besar en el crepúsculo (también en las rodillas) y usan la cocacola como anticonceptivo.                 Ah las flores marchitas de los libros de texto finalizando el curso                             deshojadas cuando la primavera se instala en el culto jardín del rectorado                             por manos todavía adolescentes y roza con sus rosas                             manchadas de bolígrafo y de tiza el rostro ciego del poeta                             transustanciándose en un olor agrio                             a naranjas Homero                             o *****                   Todo eso será un día                   materia de recuerdo y de nostalgia.                   Volverá, terca, la memoria                   una vez y otra vez a estos parajes,                   lo mismo que una abeja                   da vueltas al perfume                   de una flor ya arrancada:                   inútilmente.                   Pero esa luz no se extinguirá nunca:                   llamas que aún no consumen ...ningún presentimiento puede quebrar ]as risas                   que iluminan                   las rosas y ]os cuerpos y cuando el llanto llegue                   como un halo los escombros la descomposición                   que los preserva entre las sombras                   puros no prevalecerán serán más ruina                     absortos en sí mismos y sólo erguidos quedarán intactos todavía más brillantes                     ignorantes de sí esos gestos de amor...                     sin ver más nada.
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Empleo de la nostalgia
Amo el campus universitario, sin cabras, con muchachas que pax pacem en latín, que meriendan pas pasa pan con chocolate en griego, que saben lenguas vivas y se dejan besar en el crepúsculo (también en las rodillas) y usan la cocacola como anticonceptivo.                 Ah las flores marchitas de los libros de texto finalizando el curso                             deshojadas cuando la primavera se instala en el culto jardín del rectorado                             por manos todavía adolescentes y roza con sus rosas                             manchadas de bolígrafo y de tiza el rostro ciego del poeta                             transustanciándose en un olor agrio                             a naranjas Homero                             o *****                   Todo eso será un día                   materia de recuerdo y de nostalgia.                   Volverá, terca, la memoria                   una vez y otra vez a estos parajes,                   lo mismo que una abeja                   da vueltas al perfume                   de una flor ya arrancada:                   inútilmente.                   Pero esa luz no se extinguirá nunca:                   llamas que aún no consumen ...ningún presentimiento puede quebrar ]as risas                   que iluminan                   las rosas y ]os cuerpos y cuando el llanto llegue                   como un halo los escombros la descomposición                   que los preserva entre las sombras                   puros no prevalecerán serán más ruina                     absortos en sí mismos y sólo erguidos quedarán intactos todavía más brillantes                     ignorantes de sí esos gestos de amor...                     sin ver más nada.
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He mordido manzanas y he besado tus labios. Me he abrazado a los pinos olorosos y negros. Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre. He huroneado en la selva milenaria de cedros Que cruza la pradera como una sierpe grave, Y he corrido por todos los pedrosos caminos Que ciñen como fajas la ventruda montaña. ¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua! ¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría! Ha de llegar un día en que he de estarme quieta,             ¡Ay, por siempre, por siempre! Con las manos cruzadas y apagados los ojos, Con los oídos sordos y con la boca muda, Y los pies andariegos en reposo perpetuo             Sobre la tierra negra. ¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa En la grieta obstinada de mis labios cerrados! Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré. Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar. Me iré desmenuzando en quietud y en silencio             Bajo la tierra negra, Mientras encima mío se oirá zumbar la vida             Como una abeja ebria. ¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento             Fugitivo e inquieto! ¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca             Se te oprima a los labios! Después será ceniza sobre la tierra negra.
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La inquietud fugaz
Estando detrás de ti, ese instante que tuve tu cuerpo entre mis brazos, tocando cada centimetro delicadamente para poder liberar gemidos de placer. El suave aroma de tu pelo y el sabor de tu piel enamoraron mis sentidos, tan dulce como la miel de abeja.  Esos ojos juguetones que me hipnotizan cada vez que pierdo la mirada en el abismo de los deseos y fantasias, esos labios que nunca he llegado a tocar, eluden los mios como el sol a la luna cada noche y cada amanecer.
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Apr 12, 2015
Apr 12, 2015 at 3:26 PM UTC
Miel de abeja
¿Cómo era, Dios mío, cómo era? -¡Oh corazón falaz, mente indecisa!- ¿Era como el pasaje de la brisa? ¿Como la huida de la primavera? Tan leve, tan voluble, tan lijera cual estival villano... ¡Sí! Imprecisa como sonrisa que se pierde en risa... ¡Vana en el aire, igual que una bandera! ¡Bandera, sonreír, vilano, alada primavera de junio, brisa pura... ¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste! Todo tu cambiar trocose en nada -¡memoria, ciega abeja de amargura!- ¡No sé cómo eras, yo qué sé qué fuiste!
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Retorno fugaz
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa!
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Poema 8
Mujer morena que canta nocturna, niña colombiana de ojos grandes, mi canto que se vuelve nocturno, mujer de luna, corremos despacio, mojamos el mundo. Te vi sonreir, con los jeans azules, el cigarro eterno, la mirada al infinito. Soñe despierto buscando el recuerdo siempre risueña, mujer, miel de abeja... La chica... La de la gorra rosa.
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Apr 19, 2018
Apr 19, 2018 at 2:04 AM UTC
La de la gorra rosa
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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He vuelto de la cita con cuatro alas de abejas Prendidas en los labios. Cuatro alas de abejas               Doradas y bermejas.     ¡Milagro como el de la barba de Dionisos, El dios de acento dulce! La barba de Dionisos Que tenía cuatro alas de abeja en vez de rizos.     Tus labios en mis labios derramaron su miel Y brotaron las alas. Derramaron su miel Y tuve las dulzuras de un panal en la piel.     No riáis. Las cuatro alas de abeja no se ven, Mas las siento en la boca. Las alas no se ven, Mas a veces, ¡prodigio!, vibran hasta en mi sien.     Y más adentro aún. Las dulces alas vibran Hasta en mi corazón. Las dulces alas vibran Y a mi alma de toda angustia y pena libran.     Mas si un día dejaran de aletear y zumbar... Si se hicieran ceniza... Si cesara el zumbar De las alas que hiciste en mis labios brotar...     ¡Qué tristeza de muerte! ¡Qué alas negras de queja Brotarían entonces! ¡Qué alas negras de queja En lugar de las alas transparentes de abeja!
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Las cuatro alas de abeja
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Hay un tropel de potros sobre la pampa inmensa. ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa, es un hombre que tiene una lira en la mano: él viene del azul, del sol, del Océano. Trae encendida en vida su palabra potente y concreta el decir de todo un continente... Tal vez es desigual... (¡El Pegaso da saltos!) Tal vez es tempestuoso... (¡Los Andes son tan altos!...) Pero hay en este verso tan vigoroso y terso una sangre que apenas veréis en otro verso; una sangre que cuando en la estrofa circula, como la luz penetra y como la onda ondula... Pegaso está contento, Pegaso piafa y brinca, porque Pegaso pace en los prados del inca. Y este fuerte poeta de alma tan ardorosa sabe bien lo que cuentan los labios de la rosa, comprende las dulzuras del panel y comprende lo que dice la abeja del secreto del duende... Pero su brazo es para levantar la trompeta hacia donde se anuncia la aurora del Profeta; es hecho para dar a la virtud del viento la expresión del terrible clarín del pensamiento. Él sabe de Amazonas, Chimborazos y Andes. Siempre blande su verso para las cosas grandes. Va como Don Quijote en ideal campaña, vive de amor de América y de pasión de España; y envuelto en armonía y en melodía y canto, tiene rasgos de héroe y actitudes de santo. «¿Me permites, Chocano, que como amigo fiel, te ponga en el ojal esta hoja de laurel?» Tal dije cuando don J. Santos Chocano, último de los incas, se tornó castellano.
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Preludio
Ya por cambiar de piel o por tenerla nos acogemos a lo oscuro, que nos viste de sombra la carne desollada. En los ojos abiertos cae la sombra y luego son los ojos los que en la sombra caen y es unos ojos líquidos la sombra. ¡En esos ojos anegarse, no ser sino esos ojos que no ven, que acarician como las olas si son alas, como las alas si son labios! Pero los ojos de la sombra en nuestros ojos se endurecen y arañemos el muro o resbalemos por la roca, la sombra nos rechaza: en esa piedra no hay olvido. Nos vamos hacia dentro, túnel ***** "Muros de cal. Zumba la luz abeja entre el verdor caliente y ya caído de las yerbas. Higuera maternal: la cicatriz del tronco, entre las hojas, era una boca hambrienta, femenina, viva en la primavera. Al mediodía era dulce trepar entre las ramas y en el verde vacío suspendido en un higo comer el sol, ya ***** Nada fue ayer, nada mañana, todo es presente, todo está presente, y cae y no sabemos en qué pozos, ni si detrás de ese sinfín aguarda Dios, o el Diablo, o simplemente Nadie. Huimos a la luz que no nos miente y en un papel cualquiera escribimos palabras sin respuesta. Y enrojecen a veces las líneas azules, y nos duelen.
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La sombra
Anda, date a volar, hazte una abeja; En el jardín florecen amapolas, Y el néctar fino colma las corolas; Mañana el alma tuya estará vieja. Anda, suelta a volar, hazte paloma, Recorre el bosque y picotea granos, Come migajas en distintas manos, La pulpa muerde de fragante poma. Anda, date a volar, sé golondrina, Busca la playa de los soles de oro, Gusta la primavera y su tesoro, La primavera es única y divina. Mueres de sed: no he de oprimirte tanto... Anda, camina por el mundo, sabe; Dispuesta sobre el mar está tu nave: Date a bogar hacia el mejor encanto. Corre, camina más, es poco aquello... Aún quedan cosas que tu mano anhela, Corre, camina, gira, sube y vuela: Gústalo todo porque todo es bello. Echa a volar... mi amor no te detiene, ¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo! Llore mi vida... el corazón se apene... Date a volar, Amor, yo te comprendo. Callada el alma... el corazón partido, Suelto tus alas... ve... pero te espero. ¿Cómo traerás el corazón, viajero? Tendré piedad de un corazón vencido. Para que tanta sed bebiendo cures Hay numerosas sendas para ti... Pero se hace la noche; no te apures... Todas traen a mí...
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Date a volar
¿Pa qué existe el zángano?  Un solo propósito tiene este bicho.....dejar preñada a la reina...hecho y dicho. Este se hace el huevon...es decir, no hace nada del labor que sostenga a la colonia.  Perdón, pero este zumbon por ser el único macho se sale con la suya pero todo se paga y por ser un inútil tragón: Poco después de su única relación amorosa, sufre el zángano una muerte asombrosa...pues la abeja reina lo destripa mientras goza. Así fuera el caso con la mayoría de los hombres, cuchachos, y cuchos bien machos que no saben nada sino sacar más muchachos.
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 3:59 AM UTC
Zángano
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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La abeja
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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Éste del cabello cano, como la piel del armiño, juntó su candor de niño con su experiencia de anciano; cuando se tiene en la mano un libro de tal varón, abeja es cada expresión que, volando del papel, deja en los labios la miel y pica en el corazón.
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Campoamor
Contienes un aroma de amor, calmante y than puro Atrayendo me como una abeja a tu flor, penetrando tu mundo profundo Extrayendo tu dulce sabor Que se convierte a miel Suave lo que se siente tu Amor Me trae regresando de nuevo otra vez Volando, y buscando de los cielos mas altos Que jamas se a comparan a los momentos que ambos acumulamos                                                       -Abraham Avalos
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Jan 8, 2019
Jan 8, 2019 at 5:46 PM UTC
Sabor A Ti
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos y tu boca que tiene la sonrisa del agua. Un sol ***** y ansioso se te arrolla en las hebras de la negra melena, cuando estiras los brazos. Tú juegas con el sol como con un estero y él te deja en los ojos dos oscuros remansos. Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. Todo de ti me aleja, como del mediodía. Eres la delirante juventud de la abeja, la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. Mariposa morena dulce y definitiva como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
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Poema 19
La casa en la mañana con la verdad revuelta de sábanas y plumas, el origen del día sin dirección, errante como una pobre barca, entre los horizontes del orden y del sueño. Las cosas quieren arrastrar vestigios, adherencias sin rumbo, herencias frías, los papeles esconden vocales arrugadas y en la botella el vino quiere seguir su ayer. Ordenadora, pasas vibrando como abeja tocando las regiones perdidas por la sombra conquistando la luz con tu blanca energía. Y se construye entonces la claridad de nuevo: obedecen las cosas al viento de la vida y el orden establece su pan y su paloma.
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Soneto xxxii
Musa, la máscara apresta, ensaya un aire jovial y goza y ríe en la fiesta     del Carnaval.Ríe en la danza que gira, muestra la pierna rosada, y suene, como una lira,     tu carcajada.Para volar más ligera ponte dos hojas de rosa, como hace tu compañera     la mariposa.Y que en tu boca risueña, que se une al alegre coro, deje la abeja porteña     su miel de oro.Únete a la mascarada, y mientras muequea un clown con la faz pintarrajeada     como Frank Brown;mientras Arlequín revela que al prisma sus tintes roba y aparece Pulchinela     con su joroba,di a Colombina la bella lo que de ella pienso yo, y descorcha una botella     para Pierrot.Que él te cuente cómo rima sus amores con la Luna y te haga un poema en una     pantomima.Da al aire la serenata, toca el auro bandolín, lleva un látigo de plata     para el spleen.Sé lírica y sé bizarra; con la cítara sé griega; o gaucha, con la guitarra     de Santos Vega.Mueve tu espléndido torso por las calles pintorescas, y juega y adorna el Corso     con rosas frescas.De perlas riega un tesoro de Andrade en el regio nido, y en la hopalanda de *****     polvo de oro.Penas y duelos olvida, canta deleites y amores; busca la flor de las flores     por Florida:Con la armonía te encantas de las rimas de cristal, y deshojas a sus plantas,     un madrigal.Piruetea, baila, inspira versos locos y joviales; celebre la alegre lira     los carnavales.Sus gritos y sus canciones, sus comparsas y sus trajes, sus perlas, tintes y encajes     y pompones.Y lleve la rauda brisa, sonora, argentina, fresca, ¡la victoria de tu risa     funambulesca!
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Canción de carnaval
Musa, la máscara apresta, ensaya un aire jovial y goza y ríe en la fiesta     del Carnaval.Ríe en la danza que gira, muestra la pierna rosada, y suene, como una lira,     tu carcajada.Para volar más ligera ponte dos hojas de rosa, como hace tu compañera     la mariposa.Y que en tu boca risueña, que se une al alegre coro, deje la abeja porteña     su miel de oro.Únete a la mascarada, y mientras muequea un clown con la faz pintarrajeada     como Frank Brown;mientras Arlequín revela que al prisma sus tintes roba y aparece Pulchinela     con su joroba,di a Colombina la bella lo que de ella pienso yo, y descorcha una botella     para Pierrot.Que él te cuente cómo rima sus amores con la Luna y te haga un poema en una     pantomima.Da al aire la serenata, toca el auro bandolín, lleva un látigo de plata     para el spleen.Sé lírica y sé bizarra; con la cítara sé griega; o gaucha, con la guitarra     de Santos Vega.Mueve tu espléndido torso por las calles pintorescas, y juega y adorna el Corso     con rosas frescas.De perlas riega un tesoro de Andrade en el regio nido, y en la hopalanda de *****     polvo de oro.Penas y duelos olvida, canta deleites y amores; busca la flor de las flores     por Florida:Con la armonía te encantas de las rimas de cristal, y deshojas a sus plantas,     un madrigal.Piruetea, baila, inspira versos locos y joviales; celebre la alegre lira     los carnavales.Sus gritos y sus canciones, sus comparsas y sus trajes, sus perlas, tintes y encajes     y pompones.Y lleve la rauda brisa, sonora, argentina, fresca, ¡la victoria de tu risa     funambulesca!
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Primavera En gracia de olor.       Primavera En gracia de amor.       Sueño desvelado,       Rara sensación. ¿Qué abeja se ha entrado       En mi corazón?       Inquieta, No como ni duermo tranquila. Ansiedad secreta, Llama en la pupila.       Yo estoy embrujada ¡Antes no era así! Yo estoy hechizada Desde que lo vi.       Lengua que no canta Es mala señal. Boca que no canta Va gritando el mal.       Y sigo la vía Sin saber si es que Encontré alegría O si angustia hallé.       Yo estoy embrujada. ¡Antes no era así! ¡Yo estoy hechizada Desde que lo vi!
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Amor
Esta noche vamos a gozar. La música que quieres, el trago que te gusta y la mujer que has de tomar. Esta noche vamos a bailar. El bendito deseo se estremece igual que un gato en un morral, y está en tu sangre esperando la hora como el cazador en el matorral. Esta noche nos vamos a emborrachar. El dulce alcohol enciende tu cuerpo como una llamita de inmortalidad, y el higo y la uva y la miel de abeja se me mezclan a un tiempo con su metal. Esta noche nos vamos a enamorar. Dios la puso en el mundo a la mujer mortal -a la víbora-víbora de la tierra y del mar- y es lo mejor que ha hecho el viejo paternal. ¡Esta noche vamos a gozar!
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Canciones del pozo sin agua
¡Qué esfuerzo! ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro! ¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina! ¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja! ¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo! Y el caballo, ¡qué flecha aguda exprime de la rosa!, ¡qué rosa gris levanta de su belfo! Y la rosa, ¡qué rebaño de luces y alaridos ata en el vivo azúcar de su tronco! Y el azúcar, ¡qué puñalitos sueña en su vigilia! Y los puñales dimínutos, ¡qué luna sin establos, qué desnudos, piel eterna y rubor, andan buscando! Y yo, por los aleros, ¡qué serafín de llamas busco y soy! Pero el arco de yeso, ¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!, sin esfuerzo.
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Muerte
Durante los días más fríos del poderos invierno Piensa en una dulce primavera y sueña con un verano templado Durante las horas más duras de la noche invernal Piensa en flores y sueña con una agradable luz solar. La estación llega, se queda un poco y luego huye La vida pasa por un evento circular como la abeja Como los rayos de luna danzando alrededor de la Madre Tierra Para encantarla, abrazarla y besarla hasta la muerte. En medio del profundo invierno, piensa en una primavera divina Y sueña con días de veranos brillantes y bochornosos Nunca te sientas desesperanzado y pesimista por nada. Siempre hay días mejores y noches gloriosas por delante Permanece positivo y resistente mientras tu cabeza este presente Piensa bien y sueña con rayos solares más cálidos. P.D. Traducción de: Thinking Of A Divine Spring. Copyright © Enero de 2025, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados Hébert Logerie es autor de varios libros de poesía.
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Jan 14, 2025
Jan 14, 2025 at 8:53 PM UTC
Pensando En Una Primavera Divina