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"abandonado" poems
Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción.
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Jun 1, 2015
Jun 1, 2015 at 12:27 AM UTC
Vicente Fernandez - La Misma
Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción.
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El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Trowbridge street
El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Oct 29, 2012
Oct 29, 2012 at 4:09 PM UTC
La venganza de Siddharta.
Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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La parracial rosa devora y sube a la cima del santo: con espesas garras sujeta el tiempo al fatigado ser: hincha y sopla en las venas duras, ata el cordel, pulmonar, entonces largamente escucha y respira. Morir deseo, vivir quiero, herramienta, perro infinito, movimiento de océano espeso con vieja y negra superficie. Para quién y a quién en la sombra mi gradual guitarra resuena naciendo en la sal de mi ser como el pez en la sal del mar? Ay, qué continuo país cerrado, neutral, en la zona del fuego, inmóvil, en el giro terrible, seco, en la humedad de las cosas. Entonces, entre mis rodillas, bajo la raíz de mis ojos, prosigue cosiendo mi alma: su aterradora aguja trabaja. Sobrevivo en medio del mar, solo y tan locamente herido, tan solamente persistiendo, heridamente abandonado.
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Cantares
De miradas polvorientas caídas al suelo o de hojas sin sonido y sepultándose. De metales sin luz, con el vacío, con la ausencia del día muerto de golpe. En lo alto de las manos el deslumbrar de mariposas, el arrancar de mariposas cuya luz no tiene término. Tú guardabas la estela de luz, de seres rotos que el sol abandonado, atardeciendo, arroja a las iglesias. Teñida con miradas, con objeto de abejas, tu material de inesperada llama huyendo precede y sigue al día y a su familia de oro. Los días acechando cruzan el sigilo pero caen adentro de tu voz de luz. Oh dueña del amor, en tu descanso fundé mi sueño, mi actitud callada. Con tu cuerpo de número tímido, extendido de pronto hasta cantidades que definen la tierra, detrás de la pelea de los días blancos de espacio y fríos de muertes lentas y estímulos marchitos, siento arder tu regazo y transitar tus besos haciendo golondrinas frescas en mi sueño. A veces el destino de tus lágrimas asciende como la edad hasta mi frente, allí están golpeando las olas, destruyéndose de muerte: su movimiento es húmedo, decaído, final.
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Alianza (sonata)
Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Pedazo de madera.
Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Y si quizás en vez de faltar a clase como todo unos locos "enamorados". hubiésemos tenido la vida normal del niño dedicado? Si quizás en vez de darnos nuestro primer beso nos hubiésemos dado la mano. Si quizás en vez de comentarlo a tus amigos no los hubiésemos callado. Si quizás la historia de nuestra vida no se pareciera tanto. Si quizás en vez de decidir ser tu amiga no te hubiese hablado. Si quizás nuestras madres no tuvieran el mismo nombre. Si quizás nunca te demostré lo que en realidad sentía. Si quizás no le hubiéramos seguido el juego al mundo. Si quizás no la hubieses escogido a ella. Si quizás no me gustaran tanto tus besos. Si quizás no hubiésemos cometido errores. Si quizás no nos hubiéramos sentado en aquel banquillo a aquella exacta hora. Si quizás no te conociera tan bien. Si quizás te dedicaras mas. Tan solo si quizás hubiéramos tomado diferentes decisiones en nuestras vidas, si todo cambiara de momento y tal vez tu madre se llamara Rosa o tal vez si tu padre no te hubiese abandonado. Tan solo si quizás tu te hubieses dado cuenta de el tipo de persona que soy desde el primer momento en que tus ojos se toparon con los míos! No fuéramos lo que somos... Quizás ni existiera lo que escribo, tal vez no haya aprendido lo que aprendí al pasar los años porque a la hora de la verdad eres tu tan parte de mi vida como yo de la tuya. Porque nos unen mas cosas de la que algún día imaginaria, porque eres mi amigo y tu tomaste esa decisión. Porque la escogiste a ella porque ella la popular y bonita en vez de a la chica regular y herida. Porque al final siempre me demostraste que me querías como tu primera. Porque si quizás las cosas nunca hubieran sucedido como lo han echo que seria de nuestras vidas, de nuestra historia, de nuestro mundo, de nuestras mentes sin recordar nada. Si quizás tu te acordaras de las cosas tan exactas como yo las recuerdo. Tan solo si quizás nos encontráramos en otras vidas que serias de las vidas que vivimos ahora? No habría historia ni palabras que contaran porque todo quedaría en el infinito en el cajón oculto de los "quizás". Si quizás nunca te hubiese querido como lo hice. Solo si quizás todo empezara nuevamente. Solo si quizás ...
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Sep 24, 2012
Sep 24, 2012 at 1:24 AM UTC
6 Años de atraso.
Y si quizás en vez de faltar a clase como todo unos locos "enamorados". hubiésemos tenido la vida normal del niño dedicado? Si quizás en vez de darnos nuestro primer beso nos hubiésemos dado la mano. Si quizás en vez de comentarlo a tus amigos no los hubiésemos callado. Si quizás la historia de nuestra vida no se pareciera tanto. Si quizás en vez de decidir ser tu amiga no te hubiese hablado. Si quizás nuestras madres no tuvieran el mismo nombre. Si quizás nunca te demostré lo que en realidad sentía. Si quizás no le hubiéramos seguido el juego al mundo. Si quizás no la hubieses escogido a ella. Si quizás no me gustaran tanto tus besos. Si quizás no hubiésemos cometido errores. Si quizás no nos hubiéramos sentado en aquel banquillo a aquella exacta hora. Si quizás no te conociera tan bien. Si quizás te dedicaras mas. Tan solo si quizás hubiéramos tomado diferentes decisiones en nuestras vidas, si todo cambiara de momento y tal vez tu madre se llamara Rosa o tal vez si tu padre no te hubiese abandonado. Tan solo si quizás tu te hubieses dado cuenta de el tipo de persona que soy desde el primer momento en que tus ojos se toparon con los míos! No fuéramos lo que somos... Quizás ni existiera lo que escribo, tal vez no haya aprendido lo que aprendí al pasar los años porque a la hora de la verdad eres tu tan parte de mi vida como yo de la tuya. Porque nos unen mas cosas de la que algún día imaginaria, porque eres mi amigo y tu tomaste esa decisión. Porque la escogiste a ella porque ella la popular y bonita en vez de a la chica regular y herida. Porque al final siempre me demostraste que me querías como tu primera. Porque si quizás las cosas nunca hubieran sucedido como lo han echo que seria de nuestras vidas, de nuestra historia, de nuestro mundo, de nuestras mentes sin recordar nada. Si quizás tu te acordaras de las cosas tan exactas como yo las recuerdo. Tan solo si quizás nos encontráramos en otras vidas que serias de las vidas que vivimos ahora? No habría historia ni palabras que contaran porque todo quedaría en el infinito en el cajón oculto de los "quizás". Si quizás nunca te hubiese querido como lo hice. Solo si quizás todo empezara nuevamente. Solo si quizás ...
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Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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La canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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He pasado tantas veces Por el valle de la oscuridad Y te puedo decir Que es difícil estar allí Y que tengo cicatrices que cuentan Tantan historias que me han hecho crecer Pero ves, aun estoy aquí Mas fuerte que nunca Y todo esto se debe A que he puesto mi confianza En aquel que me llamo Y que su respaldo me prometió Y nunca he estado solo Dios nunca me ha abandonado Y si todavía hoy estoy aquí Es porque tengo su fuerza No estoy solo La victoria siempre el me ha dado Y si ves que he podido vencer Es porque lo he entregado todo He reconocido que es el Quien tiene el poder Han cerrado en mi puertas que necesite Pero de que valió Porque Dios luego abrió muchas mas Y cada rechazo fue alimentando El gigante que hay dentro Esa fe que no pueden matar Aun estoy aquí Mas fuerte que nunca Y todo esto se debe A que he puesto mi confianza En aquel que me llamo Y que su respaldo me prometió Y nunca he estado solo Dios nunca me ha abandonado Y si todavía hoy estoy aquí Es porque tengo su fuerza No estoy solo La victoria siempre el me ha dado Y si ves que he podido vencer Es porque lo he entregado todo He reconocido que es el Quien tiene el poder El nunca te dejara Confía con tu corazón Tu no estas solo Tu no estas solo Confía con tu corazón
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Nov 3, 2015
Nov 3, 2015 at 3:21 AM UTC
Tercer Cielo - No Estoy Solo
nadie se lo imagina pero debajo de mi delicada capa guardo una ira ardiente como el océano de fuego. Cuando los ojos están vacíos, y el alma del torturado escapa de su prisión de carne vuelve la furia en persona atormenta atormentadores la piedad ha abandonado su semblante la bondad quedo enterrada en mis restos la cortesía fue asfixiada la amabilidad fue empalada El respeto fue envenenado Y la desventaja se vuelve tu sable indomable tu aliento mortífero. Pero vuelves del hades por tan solo una efímera razón Observar con paciencia como la esperanza abandona los ojos de tu aniquilador, al ver que has vuelto para ajustar las cuentas. como tu ardiente puño arranca los intestinos del vientre suyo El encorvado filo entre la muerte y... saciar mi famélica venganza. colgare tu cabeza de mi cuello como un recordatorio para todos aquellos catadores de placeres martirizantes. piensen bien el sufrimiento que implantaron en los demás. en el día mas ***** en la noche mas roja repercute un sufrimiento peor que el que yo pueda llegar a describir. He degollado a dios He violado la inocencia de la virgen He atravesado por el pecho con mi fatídica espada al hijo de dios. He forjado mi cuchilla con los huesos de Satanás. La venganza es tan segura como la muerte misma y tus órganos perforados.
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May 27, 2014
May 27, 2014 at 3:28 PM UTC
La ira de Proculo.
Aquela toca, pernas longas e câmera Você me faz me sentir como uma criança Vivo tentando te dizer Tento, tento, mas não sai nada de mim Sinto raiva, depois fico derretida, e depois com raiva de novo E tudo o que você saber falar é sobre alguns números 9, 25, 88, 97, 16... Eu sou apenas uma adolescente volátil Sou um panda abandonado um panda pequeno E agora você deve estar fotografando várias meninas de 23 uma com piercing no septo e outra com uma tatto da Marilyn Se eu tivesse nascido em 95 tava tudo bem...
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Jul 30, 2013
Jul 30, 2013 at 12:46 AM UTC
Fotógrafo
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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Ausencia
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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El cuento de margot
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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Nos han abandonado en medio del camino. Entre la luz íbamos ciegos. Somos aves de paso, nubes altas de estío, vagabundos eternos. Mala gente que pasa cantando por los campos. Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos, cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo que comprenda la viva razón del canto nuestro. Vivimos y morimos muertes y vidas de otros. Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos. Su hondo grito nos pide que muramos un poco, como murieron todos ellos, que vivamos deprisa, quemando locamente la vida que ellos no vivieron. Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces. (Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.) Mordemos las orillas, derribamos los puentes. Dicen que vamos ciegos. Pero vivimos. Llevan nuestras aguas la esencia de las muertes y vidas de vivos y de muertos. Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta que hemos nacido para esto.
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Destino alegre
Cadê o meu pedaço de bolo? Não me faça de tolo Meu coração queima como fogo Eu não desistirei sem diálogo Não me vire às costas e nem rosto Eu sei que fui puro desgosto Que fui canalha, safado e traste Que transformei sua vida num desgaste Não mereço nenhuma consideração Nem um pouco de sua admiração Sei que a minha presença nesta festa Não vai conseguir nenhuma fresta Nesse coração que tanto machuquei Eu que por muito tempo lágrimas chorei Arrependido por tê-la abandonado Dai esse pedaço de bolo Que para mim será apenas um consolo De tê-la imensamente magoado Será o pagamento de um amor não devotado Meu grande pedido de perdão Meu ingresso para a solidão!
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Jan 13, 2015
Jan 13, 2015 at 12:31 PM UTC
Pedaço de bolo
Las dulces mensajeras de la tristeza son... son avecillas negras, negras como la noche. ¡Negras como el dolor! ¡Las dulces golondrinas que en invierno se van y que dejan el nido abandonado y solo para cruzar el mar! Cada vez que las veo siento un frío sutil... ¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas amantes de abril! ¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes, a las tierras extrañas, la migaja de pan! ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales, con las alas de luto llegaos hasta mí! Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad de un volido tan sólo, eterno y más eterno la inmensidad del mar... ¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... ¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, la fuente del amor?... ¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! Yo soy una bohemia, una pobre bohemia ¡Llevadme donde vais! ¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, que tengo el alma enferma porque no puedo irme volando yo también? ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto llegaos hasta mí! ¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... ¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas tejidas en azul!
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Golondrinas
Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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Me basta así
Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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Muero por estar a tu lado, a tu lado Amor mío, tengo sed de estar a tu flanco Para calmar tu dolor, para darte buenos masajes Para encantarte y enviarte dulces mensajes A tu cuerpo, tu alma y tu corazón destrozado De ahora en adelante, tú y yo no deberíamos separarnos nunca. Muero por estar contigo, noche y día Durante tu rehabilitación y tu estancia En todas las facultades de medicina. Te extraño muchísimo Tengo sed y hambre de verte. Estoy a la vez enojado y triste Para no estar contigo hoy, en este momento Anhelo estar a tu lado, ahora mismo, dulce madre. Hasta pronto. Estaré contigo todo el tiempo Seré la dulce sanadora que rimará con alegría Solo para ti. He estado esperando la oportunidad perfecta A tu lado. ¡Qué ganas tengo de verte sonreír y reír de nuevo! Me muero por estar a tu lado Te extraño como un pobre amante abandonado en el muelle. P. D.: Traducción de “By Your Bedside” de Hébert Logerie. Copyright © Septiembre de 2025 Hébert Logerie. Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de varios poemarios.
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Sep 8, 2025
Sep 8, 2025 at 1:59 PM UTC
A Tu Lado
Como um ser humano qualquer precisa de água Ela precisava da presença de alguém Ou acha que precisava Acreditava que só na presença de outro Podia ter uma saúde mental Acreditava que sofrer era o remédio Fazia das palavras dos outros lei Vivia em função de uma imagem E por dentro entrelaçava os sentimentos de abandono Sentia-se sozinha no mundo Sem fé Sem amor Mal sabia que não havia sido abandonada pelo mundo E sim que vivia em um mundo abandonado Seus sentimentos de solidão não eram seus Era de todos Pois vivia sozinha junto com o mundo inteiro
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Jul 5, 2013
Jul 5, 2013 at 8:31 PM UTC
Solidão
Amante abandonado por una infiel amada, ¿Por qué los puños alzas torvo y airado al cielo? ¿Por qué la frente inclinas con hondo desconsuelo y como loco miras y no ambicionas nada? ¿Por qué te desesperas? ¿Por qué?... Porque admirada Pasa; porque es hermosa; porque tu ardiente anhelo Fue su amor y ahuyentaban tus sombras y tu duelo Los besos de su boca, la luz de su mirada. Al recordar su rostro tiemblas y palideces, y al juzgar que a otro ama, de celos te estremeces, Porque embriagan tu mente sus hechizos fatales. Me das lástima, ¡oh mártir de un amor sin ventura! La vida pasa pronto, fugaz es la hermosura... ¡Piensa en las calaveras, que todas son iguales!
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A un enamorado
Triste, triste Detras de los cristales La lluvia cae Cae, cae, El cielo esta llorando El sol la ha abandonado Y el invierno es largo Y frio
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Jan 15, 2014
Jan 15, 2014 at 1:46 AM UTC
Corazon de Invierno
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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Camposanto en collioure
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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Aquí, desde este muro, mirando el mar abierto, siento de pronto el descontento oscuro de un buque abandonado que envejece en el puerto. Aquí el ancla se aferra, pero el velamen pugna por volar; aquí comienza el mar para el que está en tierra, pero aquí el mar termina, para el que está el mar. Y por eso quizás amo este muro sobre el que salta a veces el oleaje; este muro que mira hacia el futuro con la esperanza de emprender un viaje... Amo este puerto claro, y este Morro que puja su montaña, y el giratorio resplandor del faro, única luz que supo dar España... Y amo el manso canal de entrada angosta, que hasta sus arrecifes se conmueve, cuando, a todo lo largo de la costa, retiembla el cañonazo de las nueve. Amo este puerto de hálitos salobres, con un gran muro que parece chico para el coloquio de los novios pobres y para los bostezos del matrimonio rico. Amo este puerto femenino y macho, con su agua honda y su emoción sencilla, igual que la mirada de un muchacho que remienda sus redes en la orilla; o como la sonrisa del marino de idioma gutural y vacilante pierna, que nadie ha de saber de dónde vino, pero que siempre va hacia la taberna; como esos buques de actitud mendiga, mugriento casco y remendadas lonas, tan llenos de humildad y de fatiga, que, sin saber por qué, nos parecen personas. Amo este puerto, donde tantas veces el ciclón antillano frenaba sus embates, entre el súbito brillo de los peces y la esbelta blancura de los yates. Y amo los botes lentos, de remo largo y corta travesía, con las maderas llenas de lamentos, donde viajan de noche los amores de un día... Amo este puerto, donde las gaviotas hacen su nido en las arboladuras, respirando fragancias de las islas remotas donde no llegarían sus alas inseguras. Y amo este puerto, abierto derechamente al mar, igual que un río, que en su dormida paz está despierto y en su cálido amparo siente frío, porque mi corazón también es como un puerto que poco a poco se quedó vacío...
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Poema del puerto
Aquí, desde este muro, mirando el mar abierto, siento de pronto el descontento oscuro de un buque abandonado que envejece en el puerto. Aquí el ancla se aferra, pero el velamen pugna por volar; aquí comienza el mar para el que está en tierra, pero aquí el mar termina, para el que está el mar. Y por eso quizás amo este muro sobre el que salta a veces el oleaje; este muro que mira hacia el futuro con la esperanza de emprender un viaje... Amo este puerto claro, y este Morro que puja su montaña, y el giratorio resplandor del faro, única luz que supo dar España... Y amo el manso canal de entrada angosta, que hasta sus arrecifes se conmueve, cuando, a todo lo largo de la costa, retiembla el cañonazo de las nueve. Amo este puerto de hálitos salobres, con un gran muro que parece chico para el coloquio de los novios pobres y para los bostezos del matrimonio rico. Amo este puerto femenino y macho, con su agua honda y su emoción sencilla, igual que la mirada de un muchacho que remienda sus redes en la orilla; o como la sonrisa del marino de idioma gutural y vacilante pierna, que nadie ha de saber de dónde vino, pero que siempre va hacia la taberna; como esos buques de actitud mendiga, mugriento casco y remendadas lonas, tan llenos de humildad y de fatiga, que, sin saber por qué, nos parecen personas. Amo este puerto, donde tantas veces el ciclón antillano frenaba sus embates, entre el súbito brillo de los peces y la esbelta blancura de los yates. Y amo los botes lentos, de remo largo y corta travesía, con las maderas llenas de lamentos, donde viajan de noche los amores de un día... Amo este puerto, donde las gaviotas hacen su nido en las arboladuras, respirando fragancias de las islas remotas donde no llegarían sus alas inseguras. Y amo este puerto, abierto derechamente al mar, igual que un río, que en su dormida paz está despierto y en su cálido amparo siente frío, porque mi corazón también es como un puerto que poco a poco se quedó vacío...
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54
Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche, invisible en tu sueño, seriamente nocturna, mientras yo desenredo mis preocupaciones como si fueran redes confundidas. Ausente, por los sueños tu corazón navega, pero tu cuerpo así abandonado respira buscándome sin verme, completando mi sueño como una planta que se duplica en la sombra. Erguida, serás otra que vivirá mañana, pero de las fronteras perdidas en la noche, de este ser y no ser en que nos encontramos algo queda acercándonos en la luz de la vida como si el sello de la sombra señalara con fuego sus secretas criaturas.
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Soneto lxxxiii
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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