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"vete" poems
Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), Me pretendes alba. Huye hacia los bosques; Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Tú me quieres blanca
I had a dream of you But somehow it was mixed with reality You hated me because you loved me still And yet you found someone to replace me I was envious of her, jealous that you chose her Even though I had someone else too She was the woman, married to Hector Whose sister you slept with when I loved you We exchanged our daughter in a parking lot You made no effort to hide her Foreign emotions overwhelmed me Settled resentment returned Her name I always remember from high school She is Blanca, still technically Mrs. Blanca Garcia Somehow you both resemble the devil To remind me of your affair with Hector's sister, Ophelia ¡Diablo vete! You're a past memory, long forgotten You come in the night, inconspicuously Finding any light left to darken.
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Sep 23, 2016
Sep 23, 2016 at 8:40 AM UTC
Diablo
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Romance de gerineldo y la infanta
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Yo no paro hasta que todos mueran Los ultimos que cuedan Del satanas tienen que murir Todos esos malvados tienen que sufrir El machete, con un balazo en el cachete Los mando pa su muerte la tumba Los ahogo con una funda en silencio Se mueren despacio dia tras dia cayendo Estos cobardes les buelo la mazeta Como el rey azteca, les saco el corazon Por ser culo mamon, el pendejo cabron Soy un maestro chingon, estes mi canton Para siempre sera, hoy y manana lo veras Te lo puedo comprovar no soy esclavo Pero si un bago, so ponte a un lado Porque estas bien lejos del clavo Hechate para tras porque te dejo enterrado Por dejabo, ah carrajo eres un pinchi chango Vete a comer un mango, pinchi tango caprisun, you better run and go have some fun, before I lay your *** out with this laser gun, leave you fast asleep, you should listen to your peeps, porfavor hasme el favor Cuitate la a chingada, ya me encabronastes Mi mente me corruptistes y borastes Mucha intelligencia que cargaba guardada Pero te voy a lanzar con la plebada Lista y armada, para una buena chingisa Te den un buen banio, y buena vaniada
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May 19, 2015
May 19, 2015 at 3:13 PM UTC
Hasta Que Acabe Con Todos Mis Enemigos
Luces de una noche igual,<br> digan como el reloj quebrar.<br> Distantes; dime esto no igual.<br> Como... ... <br> <br> Hayar sentido de la casualidad.<br> dia noche dia noche dia noche<br> dia noche dia noche dia noche:<br> dos partes: Dos: Uno, uno: Uno.<br> <br> Trabajo, descanso, algo mas,<br> trabajo, descanso, recrear,<br> trabajo, descanso, estudiar,<br> trabajo, descanso, descansar,<br> trabajo,  estudio pa'trabajar;<br> Descanso descanso pa trabajar<br> <br> Dos. Dos. Dos. Dos. Dos: tres.<br> Tres, uno, ono, uno, uno: dos.<br> Luces que no sea casualidad.<br> Noche ya dejame descansar.<br> <br> Luna tu no importas vete ya.<br> Luces que secreto esconderas, <br> ooo favor que se algo mas;<br> No... Estupida! maquina . . . . . .
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Aug 12, 2018
Aug 12, 2018 at 4:31 AM UTC
Dejavu
Fontefrida, Fontefrida,   Fontefrida y con amor, do todas las avecicas   van tomar consolación, si no es la tortolica   que está viuda y con dolor. Por ahí fuera pasar   el traidor del ruiseñor, las palabras que él decía   llenas son de traición; -Si tú quisieses, señora,   yo sería tu servidor. -Vete de ahí, enemigo,   malo, falso, engañador, que ni poso en ramo verde,   ni en prado que tenga flor, que si hallo el agua clara,   turbia la bebía yo; que no quiero haber marido,   porque hijos no haya, no, no quiero placer con ellos,   ni menos consolación. Déjame, triste enemigo,   malo, falso, mal traidor, que no quiero ser tu amiga   ni casar contigo, no.
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Romance de fontefrida
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
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Romance del juramento que tomó el cid al rey don alonso
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
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Y te di el olor De todas mis dalias y nardos en flor.               Y te di el tesoro, De las ondas minas de mis sueños de oro.               Y te di la miel, Del panal moreno que finge mi piel.               ¡Y todo te di! Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.               Y tú, dios de piedra Entre cuyas manos ni la yedra medra;               Y tú, dios de hierro, Ante cuyas plantas velé como un perro, Desdeñaste el oro, la miel y el olor. ¡Y ahora retornas, mendigo de amor, A buscar las dalias, a implorar el oro, A pedir de nuevo todo aquel tesoro!               Oye, pordiosero: Ahora que tú quieres es que yo no quiero.               Si el rosal florece, Es ya para otro que en capullos crece.               Vete, dios de piedra, Sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra.               Igual que una estatua, A quien Dios bajara del plinto, por fatua.               ¡Vete, dios de hierro, Que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
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Implacable
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
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Romance ** es el de la jura de santa gadea
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
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Vete como quien llega, pero vete, pues ya el trigo creció para la siega. Mi amor es como un niño que no juega para que no se rompa su jugete. Te irás coomo la lluvia, gota a a gota; y yo al cantar mi canto hacia el olvido, soy la rama que sólo ha florecido para que no se vea que está rota. Y mientras tú te vas sin un sollozo yo cruzaré los brazos sin un ruego, muriéndome de sed igual que un ciego que se sentara en el brocal de un pozo. O he de mirarte como el moribundo que ve llegar la primavera al huerto, y piensa que después que se haya muerto no debiera haber flores en el mundo. Pues como el monje ante su crucifijo, que es su esperanza y a la vez su yugo, yo sentiré la angustia de un verdugo que debe ajusticiar su único hijo. Vete... pero es mejor que ni en el eco pueda sobrevivir tu voz ausente, porque mi amor es triste como un puente sobre la cicactríz de un río seco... Y aunque sonría como quien engaña, viéndote ir como quien se equivoca, mi corazón será una araña loca que se enreda en su propia telaraña. Yo he de fingir un ademán de hastío en una despedida indiferente, pero mi amor será como un demente que sepultará un ataúd vacío. Y, ya lejos mi boca de tu boca, mi alma despertará cada mañana con su oscuro silencio de campana que se puede tocar y no se toca. Pues aunque digas un adíos risueño yo sentiré que cierras una puerta, como esa mano cruel que nos despierta cuando soñamos lo mejor de un sueño.
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Segundo poema de la despedida
Escóndete Correme igual sabes que nos volveremos a encontrar, a chocar, a hallar. Vete, déjame, Yo se que no me quieres; Pero búscame Engañame Igual y te voy a creer…
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 1:18 AM UTC
Engañame
Un sueño soñaba anoche   soñito del alma mía, soñaba con mis amores,   que en mis brazos los tenía. Vi entrar señora tan blanca,   muy más que la nieve fría. -¿Por dónde has entrado, amor?   ¿Cómo has entrado, mi vida? Las puertas están cerradas,   ventanas y celosías. -No soy el amor, amante:   la Muerte que Dios te envía. -¡Ay, Muerte tan rigurosa,   déjame vivir un día! -Un día no puede ser,   una hora tienes de vida. Muy deprisa se calzaba,   más deprisa se vestía; ya se va para la calle,   en donde su amor vivía. -¡Ábreme la puerta, blanca,   ábreme la puerta, niña! -¿Cómo te podré yo abrir   si la ocasión no es venida? Mi padre no fue al palacio,   mi madre no está dormida. -Si no me abres esta noche,   ya no me abrirás, querida; la Muerte me está buscando,   junto a ti vida sería. -Vete bajo la ventana   donde labraba y cosía, te echaré cordón de seda   para que subas arriba, y si el cordón no alcanzare,   mis trenzas añadiría. La fina seda se rompe;   la muerte que allí venía: -Vamos, el enamorado,   que la hora ya está cumplida.
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Romance del enamorado y la muerte
Debí decir te amo. Pero estaba el otoño haciendo señas, clavándome sus puertas en el alma. Amada, tú, recíbelo. Vete por él, transporta tu dulzura por su dulzura madre. Vete por él, por él, otoño duro, otoño suave en quien reclino mi aire. Vete por él, amada. No soy yo él que te ama este minuto. Es él en mí, su invento. Un lento asesinato de ternura.
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Presencia del otoño
Mi voz, mi voz, las voces de tu aliento, de tu mano de raso y aceituna, de mi párpado herido por la luna, de tu risa perdida por el viento. Tu voz, tu voz, mi voz en el acento de la ráfaga, corza sin fortuna, de la canción desmantelada en una tormenta contenida en un lamento. Tu voz, mi voz, tu voz, la voz unida de mi pecho y tu labio, repartida ya entre mi isla y tu jardín del día. Vete, por Dios. La vida se me puebla de amarga flor, de nieve sumergida y apretada ceniza de tiniebla.
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Mi voz, tu voz
En una isla, Un hombre dio a luz tres hermosas aves de su cabeza. Triste y muriendo él les dijo esto: Eres hijos de una madre inmigrante, hijas de agonía. Deja que las montañas y los árboles escuchan su canción. ¡Vete! ¡Deja que los ríos te lavan y las arenas te enmascaran! Colorea tus plumas vibrantes con el sufrimiento y la guerra de su gente Y dejar que los mares se refunfuñan con sus canciones. Usted está sin pies y orientación—¡Utilice sus plumas ahora! ¡Vete— Deje que la luna baile por su cuenta! ¡Cantar la canción! ¡Cantar canciones y cantar una canción! Despertar a los muertos de sus tumbas Y obligar los vivos bailar de bajo la corona de las estrellas y sol. ¡Canta pájaros ya que ustedes están sin pies!
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Oct 25, 2019
Oct 25, 2019 at 11:54 PM UTC
Canciones de un Pájaro sin Pies
Posesión de tu nombre, sola que tú permites, felicidad, alma sin cuerpo. Dentro de mí te llevo porque digo tu nombre, felicidad, dentro del pecho. «Ven»: y tú llegas quedo; «vete»: y rápida huyes. Tu presencia y tu ausencia sombra son una de otra, sombras me dan y quitan. (¡Y mis brazos abiertos!) Pero tu cuerpo nunca, pero tus labios nunca, felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.
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La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Cuerpo presente
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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-Si te amara... qué sería? -Una orgía! -Y si él te amara? Sería todo rituario, pero menos dulce. Y si tú quisieras? La sombra sufriría justos fracasos en tus niñas monjas. Culebrean latigazos, cuando el can ama a su dueño? -No; pero la luz es nuestra. Estás enfermo... Vete... Tengo sueño! (Bajo la alameda vesperal se quiebra un fragor de rosa.) -Idos, pupilas, pronto... Ya retoña la selva en mi cristal!
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¿......
Soy campana rota, Nardo sin olor.. Fuente que ha perdido Su vivo rumor. Sólo espinas largas iVtis rosales dan. Soy de un trigo ***** Que hace amargo el pan. ¿Para qué me quieres Si no tengo aromas? ¿Para qué me quieres Si sequé mis pomas? El estambre de oro Que mi vida dió, En un polvo oscuro Ya se diluyó. Anda, di a la Muerte Que aguardando estoy. Anda, di a la Muerte Que de bronce soy. Que ya mis pupilas No saben llorar, Y que labios míos No pueden besar. Anda, que el rey Midas Pasó por aquí, Y en estatua de oro Transformada fui. Vete, no murmures Más esa palabra Que en mi encanto puede Ser de abracadabra. No me digas nada, No lamentes más. Si la estatua siente Te arrepentirás.
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La estatua
Si eres campana ¿dónde está el badajo? Si Pirámide andante vete a Egito, Si Peonza al revés trae sobrescrito, Si Pan de azúcar en Motril te encajo. Si Capitel ¿qué haces acá abajo? Si de disciplinante mal contrito Eres el cucurucho y el delito, Llámente los Cipreses arrendajo. Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas? Si cubilete saca el testimonio, Si eres coroza encájate en las viejas. Si büida visión de San Antonio, Llámate Doña Embudo con guedejas, Si mujer da esas faldas al demonio.
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Mujer puntiaguda con enaguas
Ni tú ni yo estamos en disposición de encontrarnos. Tú... por lo que ya sabes. ¡Yo la he querido tanto! Sigue esa veredita. En las manos tengo los agujeros de los clavos. ¿No ves cómo me estoy desangrando? No mires nunca atrás, vete despacio y reza como yo a San Cayetano, que ni tú ni yo estamos en disposición de encontrarnos.
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Encuentro
Hay un fantasma que siempre viste luctuosos paños, y con acento cruel de Hamlet a Ofelia triste, me dice: ¡Mira, vete a un convento! Y me horroriza prestarle oídos, pues al conjuro de su palabra pueblan mi mente descoloridos y enjutos frailes de faz macabra; Y dicen salmos penitenciales y se flagelan con cadenillas, y los repliegues de sus sayales semejan antros de pesadillas... En vano aquella visión resiste el alma, loca de sufrimiento; los frailes rondan, la voz persiste, y como Hamlet a Ofelia triste, me dice: ¡Mira, vete a un convento!
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Obsesión