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"lloras" poems
Piano llorón de Genoveva, doliente piano que en tus teclas resumes de la vida el arcano; piano llorón, tus teclas son blancas y son negras, como mis días negros, como mis blancas horas; piano de Genoveva que en la alta noche lloras, que hace muchos inviernos crueles que no te alegras, tu música es historia de poéticos males: habla de encantamientos y de princesas reales, de los pequeños novios que por robar los nidos una tarde nublada se quedaron perdidos en el bosque; y nos cuenta de la niña agraciada que recibió regalos de sus once madrinas, que no invitó a la otra a sus bodas divinas y que sufrió por ello los enojos del hada. Me pareces, oh piano, por tu voz lastimera, una caja de lágrimas, y tu oscura madera me evoca la visita del primer ataúd que recibí en mi casa en plena juventud. Piano de Genoveva, te amo por indiscreto; de tu alma a todo el mundo revelas el secreto; cuentas, uno por uno, todos tus desengaños. Piano llorón, la hermosa más hermosa del valle se nos ha vuelto triste por que tiene treinta años y no hay por todo el pueblo quien ronde por su calle. Genoveva, regálame tu amor crepuscular: esos dulces treinta años yo los puedo adorar. ¡Ruégala tú que al menos, pobre piano llorón, con sus plantas minúsculas me pise el corazón!
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El piano de genoveva
Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez.¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué. Tú acaso lo sospechas, y yo lo sé.Yo sé cuándo tú sueñas, y lo que en sueños ves; como en un libro, puedo lo que callas en tu frente leer.¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué. Tú acaso lo sospechas, y yo lo sé.Yo sé por qué sonríes y lloras a la vez; yo penetro en los senos misteriosos de tu alma de mujer.¿Te ríes? ... Algún día sabrás, niña, por qué; mientras tú sientes mucho y nada sabes, yo, que no siento ya, todo lo sé.
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Rima lix
Me has dicho que lloras casi todas las noches, en este invierno húmedo de Lima, que miras a la luna, su contorno blanquecino; que sueltas preguntas a una ciudad de cartón, y que no hay más respuesta que el silencio y el ruido de los carros. La ciudad nos abre su bocaza, y nos traga. Caminamos por ella, por sus largas avenidas, respirando el humo y el hedor cálido de las esquinas. Y sé que mi tiempo ha llegado, que fundiremos sangre y saliva en este triste y gris cielo de la ciudad de Lima… y que su sombra implacable se comerá nuestros pasos, y que la memoria nos arrojará a alguna calle que se muere, donde el hijo olvidado de la ciudad nos sonríe. Y que a pesar de la distancia, a pesar de los fantasmas, del cansancio y del miedo, a pesar de ti y de mí, aquí estaré, esperando, todo el tiempo que haya que esperar.
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Jul 15, 2016
Jul 15, 2016 at 2:19 PM UTC
Cry
¿Qué lloras? Lo comprendo. Todo concluido está. Pero no quiero verte, alma mía, llorar. Nuestro amor, siempre, siempre... Nuestras bodas... jamás. ¿Quién es ese bandido que se vino a robar tu corona florida y tu velo nupcial? Mas no, no me lo digas, no lo quiero escuchar. Tu nombre es Inocencia y el de él es Satanás. Un abismo a tus plantas, una mano procaz que te empuja; tú ruedas, y mientras tanto, va el ángel de tu guarda triste y solo a llorar. Pero ¿por qué derramas tantas lágrimas?... ¡Ah! Sí, todo lo comprendo... No, no me digas más.
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Abrojos - xiii
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Contra jaime gil de biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Lunes era, lunes de Pascua florida, guerrean los moros los campos de Oliva. ¡Ay campos de Oliva, ay campos de Grana, tanta buena gente llevan cautivada! ¡Tanta buena gente que llevan cautiva!, y entre ellos llevaban a la infanta niña; cubierta la llevan de oro y perlería, a la reina mora la presentarían. -Toméis, vos, señora, esta cautivita, que en España toda no la hay tan bonita; toméis vos, señora, esta cautivada, que en todo tu reino no la hay tan galana. No la quiero, no, a la cautivita, que el rey es mancebo, la enamoraría. -No la quiero, no, a la cautivada, que el rey es mancebo, la enamorara. -Mandadla, señora, con el pan al horno, allí dejará hermosura el rostro; mandadla, señora, a lavar al río, allí dejará hermosura y brío. Paños de la reina va a lavar la niña; lloviendo, nevando, la color perdía; la niña lavando, la niña torciendo, aun bien no amanece los paños tendiendo. Madruga Don Bueso al romper el día, a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría: -Quita de ahí, mora, hija de judía, deja a mi caballo beber agua limpia. -¡Reviente el caballo y quien lo traía!, que yo no soy mora ni hija de judía, sino una cristiana que aquí estoy cautiva. -¡Oh qué lindas manos en el agua fría!, ¿si venís, la niña, en mi compañía? ¡Oh qué blancas manos en el agua clara! ¿si queréis, la niña, venir en compaña? -Con un hombre solo yo a fe no me iría, por los altos montes miedo te tendría. -Juro por mi espada, mi espada dorida, de no hacerte mal, más que a hermana mía. -Pues ir, caballero, de buen grado iría. ¿Paños de la reina yo qué los haría? -Los de grana y oro tráelos, vida mía, los de holanda y plata al río echarías. Y digas, la niña, la niña garrida, ¿has de ir en las ancas o has de ir en la silla? -Montaré en las ancas que es más honra mía. Tomóla don Bueso, a ancas la subía. Tierras van andando, tierras conocía, tierras va mirando da en llorar la niña. -¿Por qué lloras, flor, por qué lloras, vida?, ¡maldígame Dios si yo mal te haría! -¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva, veo los palacios donde fui nacida! Cuando el rey mi padre plantó aquí esta oliva, él se la plantaba, yo se la tenía, mi madre la reina bordaba y cosía, yo como chiquita la seda torcía, mi hermano don Bueso los toros corría; yo como chiquita la aguja enhebraba, mi hermano don Bueso caballos domaba. ¡Abrid puertas, madre, puertas de alegría, por traeros nuera traigo vuestra hija! -¡Si me traes nuera, sea bien venida! Para ser mi hija, ¡qué descolorida! -¿Qué color, mi madre, qué color quería, si hace siete años que pan no comía, si no eran los berros de una fuente fría do culebras cantan, caballos bebían? ¡Si no eran los berros de unas aguas margas do caballos beben y culebras cantan! ¡Válgame Dios, valga, y Santa María! ¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva!
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Romance de don bueso
Lunes era, lunes de Pascua florida, guerrean los moros los campos de Oliva. ¡Ay campos de Oliva, ay campos de Grana, tanta buena gente llevan cautivada! ¡Tanta buena gente que llevan cautiva!, y entre ellos llevaban a la infanta niña; cubierta la llevan de oro y perlería, a la reina mora la presentarían. -Toméis, vos, señora, esta cautivita, que en España toda no la hay tan bonita; toméis vos, señora, esta cautivada, que en todo tu reino no la hay tan galana. No la quiero, no, a la cautivita, que el rey es mancebo, la enamoraría. -No la quiero, no, a la cautivada, que el rey es mancebo, la enamorara. -Mandadla, señora, con el pan al horno, allí dejará hermosura el rostro; mandadla, señora, a lavar al río, allí dejará hermosura y brío. Paños de la reina va a lavar la niña; lloviendo, nevando, la color perdía; la niña lavando, la niña torciendo, aun bien no amanece los paños tendiendo. Madruga Don Bueso al romper el día, a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría: -Quita de ahí, mora, hija de judía, deja a mi caballo beber agua limpia. -¡Reviente el caballo y quien lo traía!, que yo no soy mora ni hija de judía, sino una cristiana que aquí estoy cautiva. -¡Oh qué lindas manos en el agua fría!, ¿si venís, la niña, en mi compañía? ¡Oh qué blancas manos en el agua clara! ¿si queréis, la niña, venir en compaña? -Con un hombre solo yo a fe no me iría, por los altos montes miedo te tendría. -Juro por mi espada, mi espada dorida, de no hacerte mal, más que a hermana mía. -Pues ir, caballero, de buen grado iría. ¿Paños de la reina yo qué los haría? -Los de grana y oro tráelos, vida mía, los de holanda y plata al río echarías. Y digas, la niña, la niña garrida, ¿has de ir en las ancas o has de ir en la silla? -Montaré en las ancas que es más honra mía. Tomóla don Bueso, a ancas la subía. Tierras van andando, tierras conocía, tierras va mirando da en llorar la niña. -¿Por qué lloras, flor, por qué lloras, vida?, ¡maldígame Dios si yo mal te haría! -¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva, veo los palacios donde fui nacida! Cuando el rey mi padre plantó aquí esta oliva, él se la plantaba, yo se la tenía, mi madre la reina bordaba y cosía, yo como chiquita la seda torcía, mi hermano don Bueso los toros corría; yo como chiquita la aguja enhebraba, mi hermano don Bueso caballos domaba. ¡Abrid puertas, madre, puertas de alegría, por traeros nuera traigo vuestra hija! -¡Si me traes nuera, sea bien venida! Para ser mi hija, ¡qué descolorida! -¿Qué color, mi madre, qué color quería, si hace siete años que pan no comía, si no eran los berros de una fuente fría do culebras cantan, caballos bebían? ¡Si no eran los berros de unas aguas margas do caballos beben y culebras cantan! ¡Válgame Dios, valga, y Santa María! ¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva!
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Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache carne y ropa. ¡Ay, mis camisas de hilo! ¡Ay, mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya. Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota!
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Romance de la pena negra
Boca de llanto, me llaman tus pupilas negras, me reclaman. Tus labios sin ti me besan. ¡Cómo has podido tener la misma mirada negra con esos ojos que ahora llevas! Sonreíste. ¡Qué silencio, qué falta de fiesta! ¡Cómo me puse a buscarte en tu sonrisa, cabeza de tierra, labios de tristeza! No lloras, no llorarías aunque quisieras; tienes el rostro apagado de las ciegas. Puedes reír. Yo te dejo reír, aunque no puedas.
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Boca de llanto
Amate piel desnuda amate consternada constelacion comandada con sueños de hada. Amate cebollita morada que lloras bajo la almohada no le temas a la parvada vigilante atrapada. Amate cristal censurado de claro destello amado corazon de candado que sangra azul fluido. Amate sensual florida que escupe en la herida flama candente herrada sin tierra, sin ojos, sin nada.
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Sep 21, 2019
Sep 21, 2019 at 8:12 PM UTC
Amate.
Entre el discorde estruendo de la orgía         acarició mi oído, como nota de música lejana, el eco de un suspiro. El eco de un suspiro que conozco, formado de un aliento que he bebido, perfume de una flor que oculta crece         en un claustro sombrío. Mi adorada de un día, cariñosa,         -¿En qué piensas?- me dijo. -En nada... -En nada, ¿y lloras? -Es que tengo alegre la tristeza y triste el vino.
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Rima lv
Si me amas y te quejas, déjame si te duele pero me amas, quédate pero si te quejas, déjame si me amas y si lloras déjame si lloras y te quejas déjame Si me amas, y te duele, yo decido, y quiero que me dejes.
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Aug 25, 2014
Aug 25, 2014 at 11:22 PM UTC
5. yo decido
Tu pupila es azul y, cuando ríes, su claridad süave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana         que en el mar se refleja. Tu pupila es azul y, cuando lloras, las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío         sobre una vïoleta. Tu pupila es azul, y si en su fondo como un punto de luz radia una idea, me parece en el cielo de la tarde         una perdida estrella.
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Rima xiii
¡Tu hogar está sin luz! ¿La noche acaso Descorrió en él sus lúgubres crespones Sepultando tu sol en el ocaso? Hoy no son las amargas decepciones Las que tu frente dejan abatida Sobre escombros de bellas ilusiones. ¡Tu hogar está sin luz! llora afligida La que sobre este mundanal desierto, Tesoro de tu amor, vela tu vida. No sueñas el dolor; estás despierto Y una voz de martirio en tu alma grita: ¡Tu hogar está sin luz! ¡tu padre ha muerto! Dentro del pecho sin vigor palpita El corazón que juvenil y ardiente, Ayer la coronó dicha infinita. El ser que amante, tierno y reverente Tiene muerta en los ojos la mirada El labio mudo y sin calor la frente... ¡Oh destino cruel! la Parca airada, Lo arrancó de las penas de este suelo, Para llevarlo a la mansión soñada. Tiemblas de pena, lloras sin consuelo... No te conforma su eternal ventura, Ni puedes con placer mirar el cielo... Es sagrada y es noble tu amargura, Llora sobre su cuerpo, y que tu llanto Riegue en lluvia de amor su sepultura. Él te veló de niño y te amó tanto, Que vas a ser un culto en su memoria, Y un sol eterno en su cariño santo... Este sol en tu vida transitoria Donde todo al abismo se derrumba, Alumbrará tu hogar... verá tu gloria, ¿Quieres que en el pesar tu alma sucumba? ¡Tu hogar está sin luz! ¡y es tu destino Darle esa luz que le robó la tumba! Si el hombre es en la tierra un peregrino, Lucha con el dolor y con la suerte; Tu padre ayer te señaló un camino, Síguelo siempre y honrarás su muerte.
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A mi fraternal amigo gerardo m. silva
¡Tu hogar está sin luz! ¿La noche acaso Descorrió en él sus lúgubres crespones Sepultando tu sol en el ocaso? Hoy no son las amargas decepciones Las que tu frente dejan abatida Sobre escombros de bellas ilusiones. ¡Tu hogar está sin luz! llora afligida La que sobre este mundanal desierto, Tesoro de tu amor, vela tu vida. No sueñas el dolor; estás despierto Y una voz de martirio en tu alma grita: ¡Tu hogar está sin luz! ¡tu padre ha muerto! Dentro del pecho sin vigor palpita El corazón que juvenil y ardiente, Ayer la coronó dicha infinita. El ser que amante, tierno y reverente Tiene muerta en los ojos la mirada El labio mudo y sin calor la frente... ¡Oh destino cruel! la Parca airada, Lo arrancó de las penas de este suelo, Para llevarlo a la mansión soñada. Tiemblas de pena, lloras sin consuelo... No te conforma su eternal ventura, Ni puedes con placer mirar el cielo... Es sagrada y es noble tu amargura, Llora sobre su cuerpo, y que tu llanto Riegue en lluvia de amor su sepultura. Él te veló de niño y te amó tanto, Que vas a ser un culto en su memoria, Y un sol eterno en su cariño santo... Este sol en tu vida transitoria Donde todo al abismo se derrumba, Alumbrará tu hogar... verá tu gloria, ¿Quieres que en el pesar tu alma sucumba? ¡Tu hogar está sin luz! ¡y es tu destino Darle esa luz que le robó la tumba! Si el hombre es en la tierra un peregrino, Lucha con el dolor y con la suerte; Tu padre ayer te señaló un camino, Síguelo siempre y honrarás su muerte.
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Falleció César, fortunado y fuerte; ignoran la piedad y el escarmiento señas de su glorioso monumento: porque también para el sepulcro hay muerte. Muere la vida, y de la misma suerte muere el entierro rico y opulento; la hora, con oculto movimiento, aun calla el grito que la fama vierte. Devanan sol y luna, noche y día, del mundo la robusta vida, ¡y lloras las advertencias que la edad te envía! Risueña enfermedad son las auroras; lima de la salud es su alegría: Licas, sepultureros son las horas.
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Contiene una elegante enseñanza de que todo lo criado tiene su muerte de la enfermedad del tiempo
Oh pedazo, pedazo de miseria, ¿en qué vida tienes tus manos albas y tu cabeza triste? ...Y tanto andar, y tanto llorar las cosas idas sin saber qué dolores fueron los que tuviste. Sin saber qué pan blanco te nutrió, ni qué duna te envolvió con su arena, te fundió en su calor, sin saber si eres carne, si eres sol, si eres luna, sin saber si sufriste nuestro mismo dolor. Si estás en este árbol o si lloras conmigo, ¿qué es lo que quieres, pedazo de miseria y amigo de la cansada carne que no quiere perderte? Si quieres no nos digas de qué racimo somos, no nos digas el cuándo, no nos digas el cómo, pero dinos adónde nos llevará la muerte...
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Pantheos
Yo vengo de un brumoso país lejano, regido por un viejo monarca triste... Mi numen sólo busca lo que es arcano, mi numen sólo adora lo que no existe. Tú lloras por un sueño que está lejano, tú aguardas un cariño que ya no existe, se pierden tus pupilas en el arcano como dos alas negras, y estás muy triste. Eres mía: nacimos de un mismo arcano y vamos, desdeñosos de cuanto existe, en pos de ese brumoso país lejano, regido por un viejo monarca triste...
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Yo vengo de un brumoso país lejano
Melancólicamente, en tu faz contraída                                                       reflejando el dolor, piensas en lo monótona que transcurre tu vida                                                       sin placer, sin amor... Entristecida miras que duplica el espejo                                                       tu estatuaria triunfal, porque te ves desnuda, sin que esboce le reflejo                                                       a un amante ideal... ¡Y te encuentras muy sola en tu lecho impoluto,                                                       tu lecho virginal! Y en tu alma, la pena prende un jirón de luto,                                                       un paño funeral... En tus noches insomnes, todo tu ser se agita                                                       por el ansia sensual, y lentamente mira que tu faz se marchita,                                                       pobre rosa otoñal... En tus desesperadas horas, cuando palpita                                                       y arde tu carne de mujer soberbia y vehemente, quisieras ser maldita                                                       sacerdotisa del placer, y, sumisa al instinto pagano en ti despierto,                                                       amar hasta desfallecer... ¡y no hay una caricia para tu desconcierto,                                                       ni un gran abrazo te hace arder! Pide una mano trémula que la estruje y arranque                                                       la flor de tu virginidad, y, como un loto abierto en la paz de un estanque,                                                       lloras tu inmensa soledad... ¡Cuántas veces entornas los ojos dulcemente,                                                       y, en azul embriaguez, sueñas en que te inician en el misterio ardiente                                                       una y otra vez!... Y tus dedos, que piensas, febril que son ajenos,                                                       una caricia divinal. Ponen sobre las combas sedeñas de tus senos,                                                       con lentitudes de ritual... Y contemplan tu ardor vibrante, condenada                                                       a la esterilidad, y sientes que le besa la boca descarnada                                                       de la fatalidad... ¡Y en vano! El frío lecho donde suspiras sola,                                                       sabe de tu dolor, y ante un ara quimérica tu juventud se inmola,                                                       igual que una áurea flor... Pobre rosa estrujada, virgen entristecida:                                                       Fundado en tu pavor al ver lo estérilmente que se te va la vida,                                                       sin placer, sin amor!...
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Rosa del otoño
Melancólicamente, en tu faz contraída                                                       reflejando el dolor, piensas en lo monótona que transcurre tu vida                                                       sin placer, sin amor... Entristecida miras que duplica el espejo                                                       tu estatuaria triunfal, porque te ves desnuda, sin que esboce le reflejo                                                       a un amante ideal... ¡Y te encuentras muy sola en tu lecho impoluto,                                                       tu lecho virginal! Y en tu alma, la pena prende un jirón de luto,                                                       un paño funeral... En tus noches insomnes, todo tu ser se agita                                                       por el ansia sensual, y lentamente mira que tu faz se marchita,                                                       pobre rosa otoñal... En tus desesperadas horas, cuando palpita                                                       y arde tu carne de mujer soberbia y vehemente, quisieras ser maldita                                                       sacerdotisa del placer, y, sumisa al instinto pagano en ti despierto,                                                       amar hasta desfallecer... ¡y no hay una caricia para tu desconcierto,                                                       ni un gran abrazo te hace arder! Pide una mano trémula que la estruje y arranque                                                       la flor de tu virginidad, y, como un loto abierto en la paz de un estanque,                                                       lloras tu inmensa soledad... ¡Cuántas veces entornas los ojos dulcemente,                                                       y, en azul embriaguez, sueñas en que te inician en el misterio ardiente                                                       una y otra vez!... Y tus dedos, que piensas, febril que son ajenos,                                                       una caricia divinal. Ponen sobre las combas sedeñas de tus senos,                                                       con lentitudes de ritual... Y contemplan tu ardor vibrante, condenada                                                       a la esterilidad, y sientes que le besa la boca descarnada                                                       de la fatalidad... ¡Y en vano! El frío lecho donde suspiras sola,                                                       sabe de tu dolor, y ante un ara quimérica tu juventud se inmola,                                                       igual que una áurea flor... Pobre rosa estrujada, virgen entristecida:                                                       Fundado en tu pavor al ver lo estérilmente que se te va la vida,                                                       sin placer, sin amor!...
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Ya aspiro los aromas de su huerto; Las brisas gimen y las hojas tiemblan. Cuán bella ¡oh luna! a nuestra cita vienes...         Sueña, alma mía... ¡sueña! Herido traigo el corazón... ¿Deliro? ¿Es el canto del ave que se queja? Es su voz... ¡y me llama! ¿Por qué tardas?         Ven, mis brazos te esperan. ¿Son mentira tus besos?... ¡No me engañes! Ábreme tu alma y cuéntame tus penas. ¿Lloras?... ¿por qué ?... Si nuestro amor es crimen,         Crimen, bendito seas; Traigo para tu sien una corona, Para ensalzarte mi arpa de poeta. Yo haré en mis cantos, alma de mi alma,         ¡Nuestra pasión, eterna! Jura otra vez que me amas, que eres mía; Jura... ¡nadie ríos oye! ¡Nada temas! -«¡Tuya! bien mío... ¡para siempre tuya!»         ¡Sueña, alma mía... sueña!
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En sueños
No sientes también el peligro en la carcajada del mar? No ves en la seda sangrienta de la amapola una amenaza? No ves que florece el manzano para morir en la manzana? No lloras rodeado de risa con las botellas del olvido?
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Xxxix
La tarde está muriendo como un hogar humilde que se apaga.   Allá, sobre los montes, quedan algunas brasas.   Y ese árbol roto en el camino blanco hace llorar de lástima.   ¡Dos ramas en el tronco herido, y una hoja marchita y negra en cada rama!   ¿Lloras?... Entre los álamos de oro, lejos, la sombra del amor te aguarda.
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Campo
no pido perdón a dios, pido perdón a borges, por mi puta carta vista inferior a lo que vives (que es oro) pido perdón a vos, pido perdón a todo, por sacrificarme a deidades mientras lloras fuego en tu podio lloran santos, lloran pactos aún no sé a donde voy espero a que choque el auto arde en mi espalda el peso, arde leve en tu ego, quiero darme cuenta que por lo menos todo valió un peso lo que di por vos, en deformado pasado, mis dedos componen drogas que me obligan a olvidarlo TODO.
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Sep 16, 2025
Sep 16, 2025 at 10:49 AM UTC
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