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"tocaba" poems
Corazón gitano y errante Con raíces aéreas sobre el viento Pensante, ingenuo Y  sin dudarlo, pasión en desenfreno Quien hubiera pensado, por fuera Ella fría como un témpano de hielo, Por dentro Esperando ser descubierta con un beso En tan solo minutos Él ya la habría leído como un libro abierto Si fue la ternura Con que la miraba de reojo O la dulce pero cautelosa Forma de hablarle a sus anhelos Las confidencias en horas de madrugada O lo fugaz de un escondido beso Solo podría decir Que tocaba la guitarra como si escuchara el cielo Sus dedos y sus manos Un perfecto juego del destino Y, sin embargo, Estaba la necesidad de ver al otro semi dormido Para darse cuenta Que no de casualidades se construye un laberinto Decir que fue el encanto de su guitarra Lo que la atrapó en sus manos desde el principio
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Jan 7, 2012
Jan 7, 2012 at 2:36 PM UTC
El encanto de su guitarra
Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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May 5, 2015
May 5, 2015 at 4:52 AM UTC
2011
Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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Esta es la inexplicable historia De un pintor y una poeta Que aprendían a ser uno Cada vez que la luna tocaba el mar. Ella veía la magia del mundo. Con su innato talento de crear, Le enseño que para amar Debía ver más allá de sus ojos. Él veía un mundo estructurado. Con manos de artista, Le mostro que para cada caricia Debía existir un orden. Ella escuchaba risas en las olas Llantos en el viento, y en las noches Se sentaba con luz de luna A escribirle versos morados. El escuchaba tambores a lo lejos Murmullo en el silencio, y en las noches Le pintaba con luz de luna Los mundos que había visto. Ella vivía por la tierra y el mar. Era una ninfa. Él vivía en aire y ciudad. Era el protagonista de su vida. Ella lo amaba. Amaba su inteligencia y La fuerza con la se movía. Ella le pidió que se quedara. Él la amaba. Amaba su sonrisa y su libertad, Su mente descarrilada. Él le dijo que se quedaría de por vida. Esta es la inexplicable historia De un pintor y una poeta Que aprendían a ser uno Cada vez que la luna tocaba el mar.
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Sep 25, 2015
Sep 25, 2015 at 8:20 PM UTC
El pintor y la poeta
era de esas personas que se prenden, estallan en llamas naranjas y azuleadas, y todo lo que tocaba se incendiaba igual…. era de esas personas que iluminaban, encendían los pensamientos. el era asi, una vida de colores, una sonrisa traviesa, eso fue lo que era. era la luz que revoloteaba en su cabello, la lumbre que calentaba, y una combinación perfecta de pasión y calidez. pero el fuego se apaga de repente, quedan cenizas tibias, vuelan por el viento, dispersas… si el fue fuego, ahora entiendo: yo fui el aire, su oxigeno, que sin mi no se encendía.. pero el oxigeno con presión se convierte en viento, con un poco mas de energía mueve, y sin querer al abrazar, sofoca su calor. el era fuego, y yo aire; y de la pasión solo cenizas y un viento frió permanece aquí.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:52 AM UTC
Fuego
Una y otra vez, Mi percepción falló. Las opiniones que antes tuve, Se escondieron. Tu voz ganó. ¿Qué será del mañana y dónde guardo el ayer? La mente da vueltas Intentando comprender. Si en verdad eran mentiras, ¿Entonces, a quién logré conocer? Eras tú quien me tocaba con placer, ¿Eras tú quien amanecía en mi piel? Eras tú quien prometía eternidad, ¿O sólo estabas jugando con mi debilidad? Si todo era una mentira, ¿Entonces, a quién logré conocer? Una y otra vez, El corazón me falló. Las morales que antes tuve, Me dijeron adiós, Tu risa ganó. Yo aquí con más ganas de ti, Tú allá como un mago Haciendo desaparecer todo de mí. Yo aquí escribiendo la historia sobre este papel, Tú allá con tijeras, escondiendo el ayer. ¿A quién logré conocer? Una y otra vez, Me doy cuenta muy tarde Que fue mi pura ignorancia, A la quien logré conocer.
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Feb 24, 2012
Feb 24, 2012 at 3:14 PM UTC
¿A Quién Logré Conocer?
En la tranquila casa donde la tía vive Todo evoca el recuerdo del tiempo que pasó: La sirvienta ya cana y el patio con su aljibe, Y los cuadros y espejos que un siglo deslustró. El salón aun conserva los tapices de antaño, Do ninfas y pastores van danzando un minué: Y en sus ojos parece brillar el fuego extraño De amores de otro tiempo, tiempo feliz que fue. Del clavicordio antiguo, que en un rincón reposa, A veces un suspiro se alza y huye al azar, Como un eco de tiempos lejanos, cuando hermosa Tocaba ella romanzas de Glück y de Mozart. Un armario de sándalo luce en la oscura estancia... ¡Cuántas reliquias guarda, tesoros de su amor! Cartas, retratos, pomos que respiran fragancia... ¡Parece que de un siglo se aspirara el olor! Entre aquellos recuerdos de ternura infinita Que hay entre las gavetas, vese un libro, y en él Hace ya sesenta años duerme una flor marchita... Es el libro Zaíra, y es la flor un clavel. Con el libro, en los días del estío radiante, A la ventana se hace rodar en su sillón, ¿Es el sol lo que anima y enciende su semblante?... ¿Por qué con fuerza siente latir el corazón? Sobre el clavel marchito la blanca frente inclina, Pues teme que al tocarlo se pueda deshojar, Y en su mente un recuerdo canta canción divina, Mientras las ayes cantan en el vetusto alar. Piensa cuando el fragante clavel recién cortado, En las hojas del libro guardó un amigo fiel, Y humedecen sus lágrimas el libro siempre amado En donde sesenta años ha dormido el clavel.
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La tía abuela
En la tranquila casa donde la tía vive Todo evoca el recuerdo del tiempo que pasó: La sirvienta ya cana y el patio con su aljibe, Y los cuadros y espejos que un siglo deslustró. El salón aun conserva los tapices de antaño, Do ninfas y pastores van danzando un minué: Y en sus ojos parece brillar el fuego extraño De amores de otro tiempo, tiempo feliz que fue. Del clavicordio antiguo, que en un rincón reposa, A veces un suspiro se alza y huye al azar, Como un eco de tiempos lejanos, cuando hermosa Tocaba ella romanzas de Glück y de Mozart. Un armario de sándalo luce en la oscura estancia... ¡Cuántas reliquias guarda, tesoros de su amor! Cartas, retratos, pomos que respiran fragancia... ¡Parece que de un siglo se aspirara el olor! Entre aquellos recuerdos de ternura infinita Que hay entre las gavetas, vese un libro, y en él Hace ya sesenta años duerme una flor marchita... Es el libro Zaíra, y es la flor un clavel. Con el libro, en los días del estío radiante, A la ventana se hace rodar en su sillón, ¿Es el sol lo que anima y enciende su semblante?... ¿Por qué con fuerza siente latir el corazón? Sobre el clavel marchito la blanca frente inclina, Pues teme que al tocarlo se pueda deshojar, Y en su mente un recuerdo canta canción divina, Mientras las ayes cantan en el vetusto alar. Piensa cuando el fragante clavel recién cortado, En las hojas del libro guardó un amigo fiel, Y humedecen sus lágrimas el libro siempre amado En donde sesenta años ha dormido el clavel.
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Era el crepúsculo de la iguana. Desde la arcoirisada crestería su lengua como un dardo se hundía en la verdura, el hormiguero monacal pisaba con melodioso pie la selva, el guanaco fino como el oxígeno en las anchas alturas pardas iba calzando botas de oro, mientras la llama abría cándidos ojos en la delicadeza del mundo lleno de rocío. Los monos trenzaban un hilo interminablemente erótico en las riberas de la aurora, derribando muros de polen y espantando el vuelo violeta de las mariposas de Muzo. Era la noche de los caimanes, la noche pura y pululante de hocicos saliendo del légamo, y de las ciénagas soñolientas un ruido opaco de armaduras volvía al origen terrestre. El jaguar tocaba las hojas con su ausencia fosforescente, el puma corre en el ramaje como el fuego devorador mientras arden en él los ojos alcohólicos de la selva. Los tejones rascan los pies del río, husmean el nido cuya delicia palpitante atacarán con dientes rojos. Y en el fondo del agua magna, como el círculo de la tierra, está la gigante anaconda cubierta de barros rituales, devoradora y religiosa.
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Algunas bestias
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Memorias del circo
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Aquello era hermoso. ¿Te acuerdas de como las flores nacían? ¿De cómo traía el ocaso su rojo clavel en la boca? ¿De un hombre que todas las tardes tocaba el violín a la puerta? ¿Del soñar cotidiano que daba sus llamas al alma en la sombra? ¿Te acuerdas de aquello? Aquello era hermoso. Yo no sé si tú vuelves conmigo y conmigo lo evocas. ¡Tan alegre pasar, desgarrando el eterno momento, pisoteando, sin verlas, las rosas! Hay un instante que todo lo puede, que salta los días y vive presente en el cielo dorado de nuestra memoria. ¿Por qué no ha de ser ese instante el que ya para siempre te colme las horas? ¿Te acuerdas de aquello? Aquello era hermoso. Todas las cosas que son, son hermosas aunque sepamos de fijo que acaban y mueren un día, que pasan rozando las vidas y nunca retornan. ¿Te acuerdas de aquello? La juventud nos cantaba, nos canta, su canto de gloria. Aquello era hermoso: pasar sin pensar, y soñar sin llegar, aceptar sin jamás preguntar por la mano que dio la limosna. Y yo te pregunto. Y acaso esta brisa que mueve la hierba me da tu respuesta, me dice la oscura palabra que nunca se nombra.
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Recuerdos
Era un diciembre de invierno tocaba su guitarra cuando lo vi por primera vez, la melodía era de esas que te envuelven y te llenan de muchos sentimiento, lo mire y quise recodar la manera de como tocaba aquella guitarra, por que probablemente no lo volvería a ver. Hoy un agosto de otoño volví a verlo y su cabello rizado lucia tan bien como la primera vez.
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Aug 22, 2014
Aug 22, 2014 at 6:20 PM UTC
El chico de la guitarra
Rosa de Alberti allá en el rodapié del mirador del cielo se entreabría, pulsadora del aire y prima mía, al cuello un lazo blanco de moaré. El barandal del arpa, desde el pie hasta el bucle en la nieve, la cubría. Enredando sus cuerdas, verdecía, alga en hilos, la mano que se fue. Llena de suavidades y carmines, fanal de ensueño, vaga y voladora, voló hacia los más altos miradores. ¡Miradla querubín de querubines, del vergel de los aires pulsadora. Pensativa de Alberti entre las flores!
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A rosa de alberti, que tocaba, pensativa, el arpa (siglo xix)
Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme. No sé, no sé de dónde salió, de invierno o río. No sé cómo ni cuándo, no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba, desde las ramas de la noche, de pronto entre los otros, entre fuegos violentos o regresando solo, allí estaba sin rostro y me tocaba. Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar, mis ojos eran ciegos, y algo golpeaba en mi alma, fiebre o alas perdidas, y me fui haciendo solo, descifrando aquella quemadura, y escribí la primera línea vaga, vaga, sin cuerpo, pura tontería, pura sabiduría del que no sabe nada, y vi de pronto el cielo desgranado y abierto, planetas, plantaciones palpitantes, la sombra perforada, acribillada por flechas, fuego y flores, la noche arrolladora, el universo. Y yo, mínimo ser, ebrio del gran vacío constelado, a semejanza, a imagen del misterio, me sentí parte pura del abismo, rodé con las estrellas, mi corazón se desató en el viento.
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La poesía
la poesía debe ser hecha por todos y no por uno, dijo esas cosas solamente las puede decir un francés rengo que nadie sabe que hizo en la comuna de parís nadie sabe si se murió o no pudo todos se acuerdan de cuando tocaba el piano hasta altas horas del almita molestando a los vecinos que después tenían que ir a trabajar y se iban de la pensión mal dormidos pensando en la madre del pianoeta o poenista hablando pestes de ella cada vez que tropezaban con las piedras o los fríos de las calles de parís lo peor es que tenía un acorde en la cabeza y no se lo podían sacar se la pasaban fundiendo hierro soplando vidrio y no se podían sacar el acorde del rengo el rengo les había hecho un acorde en la cabeza y por allí pasaban furias, mañanitas, agüeros una vez a un ferroviario le paso un pajarito por ahí el pajarito volaba al futuro con un papel que decía futuro en el pico la cuestión es que los vecinos del rengo tenían cara de piano en la mitad del atardecer caían músicas de ellos o teclas de oro donde empezaba el horizonte una mujer bellísima cantaba en la cabeza de los vecinos del rengo que en realidad no era francés más bien era uruguayo solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía debe ser hecha por todos       y no por uno que es como decir que la tierra es de todos y no solamente de uno que el sol no es de uno que el amor es de todos y de nadie       como el aire y la muerte es de todos       y la vida no tiene dueño conocido vos no eras rengo l'autréamont lo que pasó es que dejaste Uruguay se te cayó un pedazo que toca el piano y no deja dormir
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Siempre la poesía
la poesía debe ser hecha por todos y no por uno, dijo esas cosas solamente las puede decir un francés rengo que nadie sabe que hizo en la comuna de parís nadie sabe si se murió o no pudo todos se acuerdan de cuando tocaba el piano hasta altas horas del almita molestando a los vecinos que después tenían que ir a trabajar y se iban de la pensión mal dormidos pensando en la madre del pianoeta o poenista hablando pestes de ella cada vez que tropezaban con las piedras o los fríos de las calles de parís lo peor es que tenía un acorde en la cabeza y no se lo podían sacar se la pasaban fundiendo hierro soplando vidrio y no se podían sacar el acorde del rengo el rengo les había hecho un acorde en la cabeza y por allí pasaban furias, mañanitas, agüeros una vez a un ferroviario le paso un pajarito por ahí el pajarito volaba al futuro con un papel que decía futuro en el pico la cuestión es que los vecinos del rengo tenían cara de piano en la mitad del atardecer caían músicas de ellos o teclas de oro donde empezaba el horizonte una mujer bellísima cantaba en la cabeza de los vecinos del rengo que en realidad no era francés más bien era uruguayo solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía debe ser hecha por todos       y no por uno que es como decir que la tierra es de todos y no solamente de uno que el sol no es de uno que el amor es de todos y de nadie       como el aire y la muerte es de todos       y la vida no tiene dueño conocido vos no eras rengo l'autréamont lo que pasó es que dejaste Uruguay se te cayó un pedazo que toca el piano y no deja dormir
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stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
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Lamento por el sapo de stanley hook
stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
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No, si yo no digo que no estén bien en donde están: más aseados y atendidos que en el lugar en que nacieron, donde vivieron tantos siglos. Allí el tiempo los devoraba. El sol, la lluvia, el viento, el hielo, los hombres iban desgarrándoles la piel, los músculos de piedra y ofrendaban el esqueleto -fustes, dovelas, capiteles- al aire azul de la mañana. Atormentados por los cardos, heridos por las lagartijas, cegados por los estorninos, por las ovejas y las cabras. No, si yo no digo que no estén mejor donde están -en estos refugios asépticos- que en las tabernas de sus pueblos, ennegrecidos los pulmones por el tabaco, suicidándose con el porrón de vino tinto, o con la copa de aguardiente, oyendo coplas indecentes en el tiempo de la vendimia, rezando cuando la campana tocaba a muerto.                         No, si yo no diré nunca que no estén mucho mejor en donde están que en donde estaban...                       ¡Estos claustros...!
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Los claustros
La abuelita guardaba, con olor de vainilla Su guitarra en estuche forrado en verde pana. ¡Hace ya tantos años!...   Era en la edad lejana De contradanzas lentas, mantón y redecilla. La abuelita tocaba, siempre alegre y sencilla; Y con cuánto donaire, su cabecita cana Iba el compás llevando, al tocar la pavana Que bailaba en sus tiempos de noviazgo en Sevilla. Y tocaba y cantaba la abuelita.   Su canto, De lo que ha muerto y vive tenía el dulce encanto, Y siempre el estribillo decía: «¿No te acuerdas?» Y una tarde -la última- «¿No te acuerdas?» cantaba, Bajó los ojos tristes, mas la vi que lloraba; Y sus cabellos blancos cayeron en las cuerdas.
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La guitarra
Ha mucho tiempo que te soñaba así, vestida de blanco tul, y al alma mía que te buscaba, Ana, ¿qué miras? - le preguntaba como en el cuento de Barba azul. Ha mucho tiempo que presentía tus ojos negros como los vi, y que, en mis horas de nostalgia, la hermana Ana me respondía: "Hay una virgen que viene a ti". Y al vislumbrarte, febril, despierto, tras de la ojiva del torreón, después de haberse movido incierto, como campana que toca a muerto, tocaba a gloria mi corazón. Por fin, distinta me apareciste; vibraron dianas en rededor, huyó callada la Musa triste, y tú llegaste, viste y venciste como el magnífico Emperador. Hoy, mi esperanza que hacia ti corre, que mira el cielo donde tú estés, porque la gloria se le descorre, ya no pregunta desde la torre: Hermana Ana, ¿dime qué ves? Hoy en mi noche tu luz impera, veo tu rostro resplandecer, y en mis ensueños sólo quisiera enarbolarte como bandera, y, a ti abrazado, por ti vencer.
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Perlas negras - lxiv
decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12.397 mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres / ejemplo: yacíamos en un lecho de amor / ella era un alba de algas fosforescentes / cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban / recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir / parecía una constelación en la tierra / parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra / esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha / como el sol que se ponía en su voz / en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno / y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico / tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorable a la dictadura militar / o sea nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer / yo estaba ligeramente desconcertado / una noche le golpié el hombro para ver con quién era y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces esa mujer era la banda municipal de mi pueblo / tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar / y los demás desafinaban con él / esa mujer tenía la memoria desafinada / usté podía amarla hasta el delirio / hacerle crecer días del **** tembloroso / hacerla volar como pajarito de sábana / al día siguiente se despertaba hablando de malevíc / la memoria le andaba como un reloj con rabia / a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser / ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal / la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres / y era una banda municipal desafinada yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo / yo / compañeros / una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos / monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer / callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo / menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde /
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Mujeres
decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12.397 mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres / ejemplo: yacíamos en un lecho de amor / ella era un alba de algas fosforescentes / cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban / recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir / parecía una constelación en la tierra / parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra / esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha / como el sol que se ponía en su voz / en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno / y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico / tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorable a la dictadura militar / o sea nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer / yo estaba ligeramente desconcertado / una noche le golpié el hombro para ver con quién era y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces esa mujer era la banda municipal de mi pueblo / tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar / y los demás desafinaban con él / esa mujer tenía la memoria desafinada / usté podía amarla hasta el delirio / hacerle crecer días del **** tembloroso / hacerla volar como pajarito de sábana / al día siguiente se despertaba hablando de malevíc / la memoria le andaba como un reloj con rabia / a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser / ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal / la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres / y era una banda municipal desafinada yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo / yo / compañeros / una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos / monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer / callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo / menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde /
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El pidió un poema pero se le escapo decirme que no sabe leer. Así fue comenzando esta novela, donde todos los días, le deje un poema junto a su café. Me esmere como me esforcé, a escribirle versos como Manzanero. En denotarle toda la belleza humana transformada en palabras que sonaban como un Milanes. Palabras que le afirmaban cuanto lo quería como me sentía cuando me tocaba con sus manos ásperas, pero que en mi piel, eran suave y pegajosa como la miel. Que él fue un enigma que yo descifraba en uno que otro beso se desmantelaban toda esa pureza que solo en una sumisa y completa entrega se puede obtener. Y así entre mil palabras, fui creando rimas, versos, y una que otra poesía, que yo le dejaba junto a su café. Él nunca las leía ya que del amor el nada sabía….. El pobre no sabía leer.  LeydisProse 1/20/17
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Jun 15, 2017
Jun 15, 2017 at 9:10 AM UTC
Escribiendole poesías a un analfabeto
Te miraba acostada con mis ojos de bueno, tus ojos aprendían lentamente a soñar, y tu sueño iba a otro, a tu amor en estreno, embriagado de fuga, de capricho y de azar. Me tomaste una mano para palpar tu seno, tu corazón latía con el mío a la par: el tuyo acelerado por un amor ajeno, mi corazón tan cerca, sin poderlo alcanzar. Así dejé de amarte y empecé a comprenderte. Sentí que me tocaba como un roce de muerte, un dolor voluptuoso, pasajero y ****** Y mientras me veías mansamente a tu lado, yo escapaba en silencio, para siempre alejado. ¡Aunque esta misma noche te vuelva a desnudar!
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Soneto en la alcoba