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"salvajes" poems
Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Arquitectura gatuna.
Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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LAS MANOS Ellas son las que saben las que conocen el tamaño de la vida las que palpan el origen y la tierra las que conocen la textura de la verdad Ellas jamas miran de lejos la bondad del mundo Sopesan la ternura como quien da forma al sueño abiertas mecen las fatigas Moldean la esperanza y hacen los días desde la mañana a la noche Cerradas guardan la rabia o como animales heridos se doblan y golpean derrotadas, y salvajes adoran la piel de los besos se posan como si todas las aves y adoran el pan el vaso los alimentos que ellas tallan, anónimas renuncian al alboroto de los ojos y siempre echan una mano a veces matan y golpean y cuentan con los dedos para las perdidas los adioses escavados por ellas en la tierra o en el aire si regresan Son furtivas y se adelantan a la lengua en las incursiones húmedas en las tupidas oquedades del deseo y retozan con sus cinco sentidos cuando alcanzan las charquitas y sus vocales jamas olvidan el camino que las lleva a las fuentes de tu nilo escondido Este poema los escribo sin manos y soy funambulista por un momento para que descansen leyendo este poema y disfruten de su sagrado insomnio. Y vosotros no olvidéis que como dioses tenemos la vida en nuestras manos.
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Jan 6, 2014
Jan 6, 2014 at 6:31 PM UTC
manos
acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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Jul 8, 2016
Jul 8, 2016 at 1:09 AM UTC
completo
acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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Verdes tardes de la selva; tardes tristes. Río verde entre zacatales verdes; pantanos verdes. Tardes olorosas a lodo, a hojas mojadas, a helechos húmedos y a hongos El verde perezoso cubierto de moho poco a poco trepando de rama en rama, con los ojos cerrados como dormido pero comiendo una hoja, alargando un garfio primero y después el otro, sin importarle las hormigas que le pican, volteando lentamente el bobo rostro redondo, primero a un lado y luego al otro, enrollando por fin la cola en una rama y colgándose pesado como una bola de plomo; el salto del sábalo en el río; el griterío de los monos comiendo malcriadamente, a toda prisa, arrojándose las cáscaras de anona unos a otros y peleándose, charlando, arremedándose y riéndose entre los árboles; monas chillonas cargando a tuto monitos pelones y trompudos; la guatusa bigotuda y elástica que se estira y encoge mirando a todos lados con su ojo redondo mientras come temblando; espinosas iguanas... temblando; espinosas iguanas como dragones de jade corriendo sobre el agua (¡flechas de jade!); el ***** con su camisa rayada, remando en su canoa de ceiba. Una muchacha meciéndose en una hamaca, con su largo pelo ***** y una pierna desnuda colgando de la hamaca, nos saluda:                     Adiós, California! El río ***** como tinta, al anochecer. Una flor de un hedor putrefacto                                                       como de cadáver; y una flor horrible, peluda.                                                       Orquídeas guindadas sobre el agua podrida. Silbidos tristes de la selva, y quejidos.                     Quejidos. Hojas tristes que caen dando vueltas. Y chillidos...                       ¡Un grito entre las guanábanas! El hacha cortando un tronco                       y el eco del hacha. ¡El mismo chillido! Ruido sordo de manadas de cerdos salvajes. ¡Carcajadas!                       El canto de un tucán. Chischiles de culebras cascabeles. Gritos de congos.                       Chachalacas. El canto melancólico de la gongolona                                   entre los coquitales, y el de la paloma popone,                                             popone, pone, pone Oropéndolas sonoras columpiándose en sus nidos colgados de las palmeras, y el canto del pájaro-león entre los coyoles y el del pájaro de-la-luna-y-el-sol el pájaro clarinero, el pájaro relojero que da la hora y el pocoyo que canta de noche (o caballero)                                   Cabayero mi dinero Cabayero mi dinero parejas de lapas que pasan gritando, y el guis, chichitote y dichoso-fui                                       dichoso-fuiiiiiiii que cantan en los chagüites sombríos. Plateados pantanos rielando, y las ranas cantando                               rrrrrrrrrrrrr !Y un pájaro que toda la noche repite.
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Squier en nicaragua
Verdes tardes de la selva; tardes tristes. Río verde entre zacatales verdes; pantanos verdes. Tardes olorosas a lodo, a hojas mojadas, a helechos húmedos y a hongos El verde perezoso cubierto de moho poco a poco trepando de rama en rama, con los ojos cerrados como dormido pero comiendo una hoja, alargando un garfio primero y después el otro, sin importarle las hormigas que le pican, volteando lentamente el bobo rostro redondo, primero a un lado y luego al otro, enrollando por fin la cola en una rama y colgándose pesado como una bola de plomo; el salto del sábalo en el río; el griterío de los monos comiendo malcriadamente, a toda prisa, arrojándose las cáscaras de anona unos a otros y peleándose, charlando, arremedándose y riéndose entre los árboles; monas chillonas cargando a tuto monitos pelones y trompudos; la guatusa bigotuda y elástica que se estira y encoge mirando a todos lados con su ojo redondo mientras come temblando; espinosas iguanas... temblando; espinosas iguanas como dragones de jade corriendo sobre el agua (¡flechas de jade!); el ***** con su camisa rayada, remando en su canoa de ceiba. Una muchacha meciéndose en una hamaca, con su largo pelo ***** y una pierna desnuda colgando de la hamaca, nos saluda:                     Adiós, California! El río ***** como tinta, al anochecer. Una flor de un hedor putrefacto                                                       como de cadáver; y una flor horrible, peluda.                                                       Orquídeas guindadas sobre el agua podrida. Silbidos tristes de la selva, y quejidos.                     Quejidos. Hojas tristes que caen dando vueltas. Y chillidos...                       ¡Un grito entre las guanábanas! El hacha cortando un tronco                       y el eco del hacha. ¡El mismo chillido! Ruido sordo de manadas de cerdos salvajes. ¡Carcajadas!                       El canto de un tucán. Chischiles de culebras cascabeles. Gritos de congos.                       Chachalacas. El canto melancólico de la gongolona                                   entre los coquitales, y el de la paloma popone,                                             popone, pone, pone Oropéndolas sonoras columpiándose en sus nidos colgados de las palmeras, y el canto del pájaro-león entre los coyoles y el del pájaro de-la-luna-y-el-sol el pájaro clarinero, el pájaro relojero que da la hora y el pocoyo que canta de noche (o caballero)                                   Cabayero mi dinero Cabayero mi dinero parejas de lapas que pasan gritando, y el guis, chichitote y dichoso-fui                                       dichoso-fuiiiiiiii que cantan en los chagüites sombríos. Plateados pantanos rielando, y las ranas cantando                               rrrrrrrrrrrrr !Y un pájaro que toda la noche repite.
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Lago Budi, sombrío, pesada piedra oscura, agua entre grandes bosques insepulta, allí te abrías como puerta subterránea cerca del solitario mar del fin del mundo. Galopábamos por la infinita arena junto a las millonarias espumas derramadas, ni una casa, ni un hombre, ni un caballo, sólo el tiempo pasaba y aquella orilla verde y blanca, aquel océano. Luego hacia las colinas y, de pronto, el lago, el agua dura y escondida, compacta luz, alhaja del anillo terrestre. Un vuelo blanco y ***** los cisnes ahuyentaron largos cuellos nocturnos, patas de cuero rojo, y la nieve serena volando sobre el mundo. Oh vuelo desde el agua equivalente, mil cuerpos destinados a la inmóvil belleza como la transparente permanencia del lago. De pronto todo fue carrera sobre el agua, movimiento, sonido, torres de luna llena, y luego alas salvajes que desde el torbellino se hicieron orden, vuelo, magnitud sacudida, y luego ausencia, un temblor blanco en el vacío.
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El lago de los cisnes
Seras mía lo se, la noche nunca acabara, los deseos prohibidos nos arrebataran, y en un instante de amor salvaje nuestros cuerpos se fundirán, acércate pequeña, es lo que siempre quisimos, las estrellas sonreirán, y como nunca la luna brillara, las olas del mar nos llevaran a lo desconocido, y volverá el calor a nuestros cuerpos adormecidos, escribiré mi nombre en cada parte de ti, no habrá manjar que no hallamos probado, no habrá lugar al que no hallamos ido, y en medio de la locura y el descuido, seremos dos almas salvajes, las amarguras se abran ido, ya no seré el forajido que vaga en sueños perdidos.
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 2:31 PM UTC
El forajido
Salvajes Estas ahí en medio de la multitud, me voy aproximando, ya te estoy besando, ahora estamos solos,  tú estas brillando en la obscuridad con los ojos cerrados en goce, tus labios están liberando energía, sujeto a tus muslos azotamos nuestras frentes y dejamos que se nos derrame un beso. Dos salvajes fieras están librando una batalla. Perfume 03:07 a.m. En este momento inhalo y pienso... Hay polvo a nuestro alrededor brotando debajo de nosotros, que si tuviera luz, nos haría ver en las estrellas. Revolver Estoy sujetando tu cuello como si sujetara un revolver, mi pulgar esta en tu labio y lo acaricio como a tu frente mientras duermes en mi pecho, el otro dedo quiere jalar el gatillo pero no sabe si esta en tu yugular, escondido entre tus cabellos o en algún lugar de tu nuca, una gota de sudor cae... Al mismo tiempo que nosotros, abatidos dejando que todo se moje con nuestra lluvia.
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Sep 2, 2015
Sep 2, 2015 at 8:18 PM UTC
Llueve
Esta noche dormiremos soñando en lo maravilloso que han sido los momentos que hemos disfrutado juntos y deseando que el tiempo vuele para sentir el calor de nuestros cuerpos derritiendo las ganas de satisfacer nuestros instinctos salvajes. Yo añorare saborear la miel que fluye en tus labios y brota de tu ser. Sentirte alrededor de mi, totalmente entregada a que te lleve a nuestro lugar donde solo yo te puedo llevar.
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Nov 4, 2013
Nov 4, 2013 at 11:09 PM UTC
Sueños
Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo; que su sien decore Lauro apolíneo. Musa del bardo que cantó las hondas Selvas y ríos de la patria... Musa Libre del Ande, que a su tumba vienes, ¡Pliega las alas! Ara intocada de su ardiente culto Fue siempre el Arte; y con unción votiva Dio, como ofrenda a los eternos Númenes, Ánforas bellas. Arcade nuevo, de la selva andina Hizo, en sus cantos, a los dioses templo; Y ellos oyeron, de su lira acorde, Clásicos ritmos Himnos los suyos armoniosos fueron, Cantos de hosanna, que cual triunfo vibran Hoy, cuando extraños ¡Poesía sacra! Ajan tu veste; Veste que siempre fulguró distante, Peplo de diosa en consagrado plinto, Y hora, arambeles que en el hombro lleva Vulgo profano. Frentes se inclinan a su paso. El cielo Radia en fulgores, y el silencio crece; Y óyese, lejos, en azul de altura Vuelo de águilas. Raudo desfile sobre erial galopa... ¡Potros salvajes que cantó! Las crines Sueltas al aire... y al tropel de cascos Tiembla la pampa. Potros pamperos... ¿Los oís? De polvo Nubes levantan, y al tocar la cumbre Rápido el viento, retrasado vuela, Vuela tras ellos. Rojas corolas cual la sangre suya, Ecos de bosques y armonías altas, Fueron de su alma, segador de ensueños, Lírica siega. Frente a sus ojos se extendió anchurosa Selva de siglos, con inmensas aguas; Tierra fecunda, y el azul cortando Fúlgido el Huila. Toda la tierra tropical; e inmenso Campo a su vista, con hervir de savia; Y ávido entonces de laureles, hizo Suya la selva. Sueña una garza en su visión de bosque, Tiende a las ondas el nevado cuello, Y alza en el pico, destellando en iris, Vivida escama. Fue claro río que en radiantes días Ceibas y palmas contempló en sus ondas, Y albo de espumas, reflejó de noche Rubias estrellas. Diáfano el cielo palpitó en su canto, Alas de cimas por sus versos se oyen, Y álzase de ellos, cual de vasos níveos, Hálito eterno. Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo, y que su sien decore Lauro apolíneo.
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Elegía
Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo; que su sien decore Lauro apolíneo. Musa del bardo que cantó las hondas Selvas y ríos de la patria... Musa Libre del Ande, que a su tumba vienes, ¡Pliega las alas! Ara intocada de su ardiente culto Fue siempre el Arte; y con unción votiva Dio, como ofrenda a los eternos Númenes, Ánforas bellas. Arcade nuevo, de la selva andina Hizo, en sus cantos, a los dioses templo; Y ellos oyeron, de su lira acorde, Clásicos ritmos Himnos los suyos armoniosos fueron, Cantos de hosanna, que cual triunfo vibran Hoy, cuando extraños ¡Poesía sacra! Ajan tu veste; Veste que siempre fulguró distante, Peplo de diosa en consagrado plinto, Y hora, arambeles que en el hombro lleva Vulgo profano. Frentes se inclinan a su paso. El cielo Radia en fulgores, y el silencio crece; Y óyese, lejos, en azul de altura Vuelo de águilas. Raudo desfile sobre erial galopa... ¡Potros salvajes que cantó! Las crines Sueltas al aire... y al tropel de cascos Tiembla la pampa. Potros pamperos... ¿Los oís? De polvo Nubes levantan, y al tocar la cumbre Rápido el viento, retrasado vuela, Vuela tras ellos. Rojas corolas cual la sangre suya, Ecos de bosques y armonías altas, Fueron de su alma, segador de ensueños, Lírica siega. Frente a sus ojos se extendió anchurosa Selva de siglos, con inmensas aguas; Tierra fecunda, y el azul cortando Fúlgido el Huila. Toda la tierra tropical; e inmenso Campo a su vista, con hervir de savia; Y ávido entonces de laureles, hizo Suya la selva. Sueña una garza en su visión de bosque, Tiende a las ondas el nevado cuello, Y alza en el pico, destellando en iris, Vivida escama. Fue claro río que en radiantes días Ceibas y palmas contempló en sus ondas, Y albo de espumas, reflejó de noche Rubias estrellas. Diáfano el cielo palpitó en su canto, Alas de cimas por sus versos se oyen, Y álzase de ellos, cual de vasos níveos, Hálito eterno. Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo, y que su sien decore Lauro apolíneo.
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Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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A pleno llanto
Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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Mi corazón emprende de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje. Retoño de la luz, agua de las edades que en ti, perdida, nace. Ven a mi sed. ahora. Después de todo. Antes. Ven a mi larga sed entretenida en bocas, escasos manantiales. Quiero esa arpa honda que en tu vientre arrulla niños salvajes, Quiero esa tensa humedad que te palpita, esa humedad de agua que te arde. Mujer, músculo suave. La piel de un beso entre tus senos de oscurecido oleaje me navega en la boca y mide sangre. Tú también. Y no es tarde. Aún podemos morirnos uno en otro: es tuyo y mío ese lugar de nadie. Mujer, ternura de odio, antigua madre, quiero entrar, penetrarte, veneno, llama, ausencia, mar amargo y amargo, atravesarte. Cada célula es hembra, tierra abierta, agua abierta, cosa que se abre. Yo nací para entrarte. Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante. Por conocerte estoy, grano de angustia en corazón de ave. Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres tendrán un hombre encima en todas partes.
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Mi corazón emprende...
Somos dos bestias con deseos silvestres, sandias nos llaman porque conquistando nuestro destino a paso fino vamos, sin pedir permiso y sin dar cuentas, damos riendas suelta a quien se piense nuestro dueño y amo. Abriendo camino, vamos cabalgando, el camino corrido detrás vamos dejando. Cada trote nos va preparando para el inevitable cruce atesorado detrás de cada frontera, mas con gran esfuerzo hay que afrontar la senda, para explorar sus aguas y cultivar la tierra. Cada azote nos obliga a bajar la cabeza, para inhalar un suspiro que nos llene de fuerzas, pugnando el desafió con elegancia y braveza. Somos dos bellas bestias con fuerza tan intensas, que la fusta no asusta a nuestra indomable esencia.., al contrario nos empuja a destronar a quien se piensa, que con su fuerza podrá subyugar nuestra bondad y nobleza. Bestias negras, bestias bellas, guiadas por la entraña, escuchando la plegaria del viento, el mar y la tierra, que en cada mañana nos piden que peguemos fuerzas para compartir con ellos parte de nuestra sutileza. Somos dos bestias, suave bruta fuerza que van alelando aquellos príncipes de arabia que buscan contener nuestra rabia con pasiones lerdas, que no inspiran y que no llenan. Nuestro lomo a nadie le pertenece, solo al glorioso polvo que nos enternece, cuando cabalgando a paso fino vamos, zarandeando el camino que evite nuestro paso. Bestias elegantes, dócil, bellas y salvajes, comiendo el pasto de la vida vamos, explorando sierras nunca vistas, recordando con vehemente insistencia… ¡que ni yo soy tu gaucha, ni tú eres mi bestia! Mas por siempre seremos…almas gemelas. LeydisProse 6/4/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Jun 4, 2018
Jun 4, 2018 at 1:41 PM UTC
Dos Bestias
Somos dos bestias con deseos silvestres, sandias nos llaman porque conquistando nuestro destino a paso fino vamos, sin pedir permiso y sin dar cuentas, damos riendas suelta a quien se piense nuestro dueño y amo. Abriendo camino, vamos cabalgando, el camino corrido detrás vamos dejando. Cada trote nos va preparando para el inevitable cruce atesorado detrás de cada frontera, mas con gran esfuerzo hay que afrontar la senda, para explorar sus aguas y cultivar la tierra. Cada azote nos obliga a bajar la cabeza, para inhalar un suspiro que nos llene de fuerzas, pugnando el desafió con elegancia y braveza. Somos dos bellas bestias con fuerza tan intensas, que la fusta no asusta a nuestra indomable esencia.., al contrario nos empuja a destronar a quien se piensa, que con su fuerza podrá subyugar nuestra bondad y nobleza. Bestias negras, bestias bellas, guiadas por la entraña, escuchando la plegaria del viento, el mar y la tierra, que en cada mañana nos piden que peguemos fuerzas para compartir con ellos parte de nuestra sutileza. Somos dos bestias, suave bruta fuerza que van alelando aquellos príncipes de arabia que buscan contener nuestra rabia con pasiones lerdas, que no inspiran y que no llenan. Nuestro lomo a nadie le pertenece, solo al glorioso polvo que nos enternece, cuando cabalgando a paso fino vamos, zarandeando el camino que evite nuestro paso. Bestias elegantes, dócil, bellas y salvajes, comiendo el pasto de la vida vamos, explorando sierras nunca vistas, recordando con vehemente insistencia… ¡que ni yo soy tu gaucha, ni tú eres mi bestia! Mas por siempre seremos…almas gemelas. LeydisProse 6/4/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Tomame en la madrugada Tómame mientras duermo, sin pedir permisos, sin saber si quiero. Tómame, en el largo silencio de la noche, entre sábanas rojas, explora las salvajes sabanas de mi pasión amodorrada. Tómame, sin preguntar nada, muerde mi cintura, despierta a besos mis ganas. Hauyenta ese sueño aletargado, has que se escuchen mis callados maullidos hasta los niveles más alto del firmamento. Tómame, a eso de las cuatro y media de la madrugada, cuando nadie ve al Sol, haciéndole el amor con su Luna adorada. Tómame cuando estoy callada, cuando más pide mi cuerpo, que lo colonizes entre banderas blancas. Tómame, así, sin más nada, que nunca cielo mío, te rechazara mi alma. Tómame en la madrugada, has que lo que este soñando se materialize despertándome entre caricias y excitantes besos! LeydisProse 11/19/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 19, 2017
Nov 19, 2017 at 2:43 PM UTC
Tómame en la madrugada
Por el amor de Dios Debido al resultado No me sentí particularmente orgulloso Durante más de dos siglos, los días de elecciones van y vienen En una temporada similar, cada cuatro años Esta vez, hubo muchas sorpresas y lágrimas De decepción, desamor, ira, ansiedad y tristeza Y la otra mitad estaba llena de alegría o felicidad Así es la vida. La política es un animal sucio e impredecible No, América no murió. Todo es normal Seguimos hablando de inmigración, libertad Habilitad de expresión y, por supuesto, economía Esperamos que todo mejore América ha sido grande durante mucho tiempo, desde siempre Es redundante añadir "otra vez" a la propaganda Sí, América no se ahogó ni murió en medio de la saga política En la furia de los huracanes o en el desbordamiento mortal de los ríos Donde los dos partidos lucharon ferozmente como dos tigres salvajes América es un país inmensamente próspero Ignoren el falso eslogan promocional y publicitario América es un mercado enorme con una economía muy rica Ignoren a los políticos locos y delirantes y a Elon Tigres, leones, jaguares y hienas luchan y compiten Por su porción o estómago. Es una nueva primavera política En noviembre. América no morirá, al contrario Rezamos, esperamos y soñamos con ver un país mejor. Copyright © Noviembre 2024, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de numerosos libros de poesía.
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Nov 9, 2024
Nov 9, 2024 at 10:31 PM UTC
América, Los Estados Unidos, No Murió
Las riendas de mi vida las sujetan tus manos, y aunque impacientes piafan mis potros -mis instintos-, con tus débiles músculos los sometes. Son vanos mis intentos de fuga, oyendo los lejanos relinchos de otros potros, que entre los laberintos galopan y que arrastran la crin por los pantanos... Pero no olvides nunca que mis potros salvajes esperan un instante, que acechan un descuido... Yo te he dado sus riendas, leves como celajes... Quizás con ellos puedas como yo no he podido... ¡Sujeta bien las riendas!... Mide por su impaciencia la libertad que ansían... Yo sufriré el castigo que merezca un instante tuyo de indiferencia... ¡Ah, y no olvides tampoco que ellos, en la violencia de la arrancada, pueden arrastrarte consigo!...
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Los potros
Yo digo ¡pinos! y siento       que se me aclara el alma.       Yo digo ¡pinos! yen mis oídos       rumorea la selva. Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa la frescura de las fuentes salvajes. ¡Pino, pinos, pinos! Y con los ojos cerrados, veo la hilacha verde de los ramajes profundos, que recortan el sol en obleas desiguales y lo arrojan, como puñados de lentejuelas,       a los caminos que bordean. Yo digo ¡pinos! y me veo morena,       quinceabrileña, bajo uno que era amplio como una casa, donde una tarde alguien puso en mi boca,       como un fruto extraordinario,       el primer beso amoroso. ¡Y todo mi cuerpo anémico tiembla recordando su antiguo perfume a yerbabuena! Y me duermo con los ojos llenos de lágrimas, así como los pinos se duermen con las ramas       llenas de rocío.
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Los pinos