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"resiste" poems
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Poem (IT): ** amato anche nel dolore, quando il cuore tremava e le notti sembravano eterne. Ogni ferita era un’eco che bruciava in silenzio, ma nel silenzio nasceva una forza che non conoscevo. L’amore non cancella il dolore, lo attraversa, lo abbraccia, lo trasforma in memoria viva. E lì, dove piange l’anima, ** trovato la speranza: non promessa lontana, ma luce che resiste, fiamma che non si spegne. Così il dolore diventa ponte, e l’amore respiro, capace di rialzare anche chi credeva di essere caduto. Masi Roberto © 2025 Poem (EN): I loved even through pain, when the heart was shaking and nights felt endless. Each wound was an echo burning in silence, yet in that silence a strength I never knew was born. Love does not erase pain— it crosses it, embraces it, turns it into living memory. And there, where the soul weeps, I found hope: not a distant promise, but a light that endures, a flame that will not fade. Thus pain becomes a bridge, and love a breath, able to lift again even those who thought they had fallen. Masi Roberto © 2025
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Sep 20, 2025
Sep 20, 2025 at 5:57 AM UTC
Tra le ferite e la luce / Between Wounds and Light
You are not alone, but you are then you're not, They turn it and tumble it. Ecking, every last drop of you. And you wish you were. Resist. Imagine the Cloud No eres solo, pero estas solo, entonces eres no. Se la vuelven, y la voltean. Eking todas las gotas de ti. Y deseas que eras. Resiste. Imaginás la Nube. Inspired by Francisco DH's Cray Cray & Silent Writer's work as well
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May 13, 2013
May 13, 2013 at 11:04 AM UTC
La Nube
Cada uno va caminando por la vida tratando de resolver su dolor; sanando su ardiente herida se olvida del futuro y anhelante ardor. El pensamiento volando ingrávido cual mariposa temerosa en busca de luz tenue o fugaz. escapándose cuando el corazón es frágil movido por vendavales de temor o mares de calma o seguridad. A veces piensa porque vive, otras, vive porque piensa sin recordar que la circunstancia lo asiste para vivir la vida en el minuto que pertinaz resiste los arteros golpes de la aflicción o se alegra con la elemental felicidad del día. Jorge Gómez A. 1978
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Sep 27, 2013
Sep 27, 2013 at 12:41 AM UTC
PÉNDULO CARTESIANO
Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte: mi corazón ignora la palabra del arte. Sólo vengo a decirte que no me han comprendido, porque los hombres hablan con el orgullo herido. Cubren con bellas frases su más ****** deseo, que a veces me turbaron, pero que ya no creo. Sin embargo, a los dos me di con alegría. Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía! En los brazos de uno me entregué plenamente, y en los del otro... ¿Sabes lo que una mujer siente? Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer, todo lo que nosotras llegamos a querer. Perdóname la audacia, pero aquella María, no supo del abrazo viril que me rendía. No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura, como dedos ardientes sobre mi carne impura. Y no tembló aquel canto de amor en sus oídos que pudo abrir en músicas la flor de mis sentidos. Tú también sabes que el hombre se acerca a la mujer, ebrio por la promesa de su propio placer. Pero la mujer llora, se resiste, Señor, y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor. Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte, la mujer se desmaya con un poco de muerte. Quizás tuve un amante que me sedujo un día, ¡tan malo que, por eso, me gusta todavía!
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Respuesta al poema de la culpa (ella)
All'amore non si resiste perché le mani vogliono possedere la bellezza e non lasciare tramortite anni di silenzio. Perché l'amore è vivere duemila sogni fino al bacio sublime.
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All'amore non si resiste
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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La memoria en las manos
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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Macia tua carne negra Fora, borracha Emputrefa, dentro Exausta estás Ensimesmada em tua idiossincrasia Pelo gosto do vermelho Ou ódio seria? Não sabes Resiste e sofre Mas gargalha estridente Porque Desgraça é teu nome Dos outros está para todos De mim, para mim inteiro Insaciável engole-me assim Mas regurgita e berra A desejar em segredo Seu último fim Contrastes se calam No teu ***** e no meu Nessa dança macabra De uma pessoa só
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Nov 23, 2015
Nov 23, 2015 at 8:55 PM UTC
A Outra
Oh, dove prima al limite del giorno s'appiattava una forza ordinatrice, quale scoscendimento pauroso che mi rimonta sulla stessa ruota, sulla ruota del giorno e del tormento? E dove il digiuno di un incontro rovesciare codeste verità? Ah, fantasmi di te, mille fantasmi arsi di sete, tutti, alla mia fonte! Una forza stranissima si insinua nelle mie labbra docili e le incurva; io ruoto, sento, sul mio desiderio schiava di un magnetismo che mi ha vinta. La corsa dopo invaderà il mio corpo che la esercita in sé, nel suo tormento, per superare ciecamente il solco dove tu, assente, non puoi più fiorire. Ardo di mille musiche diverse, ma dove è tempo di un incontro nuovo, resiste il "poter essere" di te.
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Lirica
Para que yo me llame Ángel González, para que mi ser pese sobre el suelo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos. De su pasaje lento y doloroso de su huida hasta el fin, sobreviviendo naufragios, aferrándose al último suspiro de los muertos, yo no soy más que el resultado, el fruto, lo que queda, podrido, entre los restos; esto que veis aquí, tan sólo esto: un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio. El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento...
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Para que yo me llame ángel gonzález
Si la caída te quiebra, no es por derrota: el espíritu es libre, resurge y celebra. Más allá de la muerte, la eternidad es posible. Como llama encendida, tu alma es invencible. Ningún espíritu es vencido: resiste y renace. Ningún espíritu es vencido, si cree en lo que hace. Y ante cada batalla, ante cada muralla, ante cada victoria, y ante cada gloria, el alma guerrera es fuego activo, fuerte y verdadero, eterno, constante. Ningún espíritu es vencido: insiste y renace. Ningún espíritu es vencido, si cree en lo que hace. Cincelado en roca viva, firme, inalterable, tallas y esculpes, sumas y sigues. El alma no se quiebra ante las adversidades. Naciste hecho en fuego, con fuerza y claridad. Tallado paso a paso, luchador incansable, la noche no te frenó: el dolor fue tu clave. Ningún espíritu es vencido: insiste y renace. ¡Jamás serás vencido, si crees en lo que haces! ¡Jamás serás vencido, si crees en lo que haces!
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Sep 7, 2025
Sep 7, 2025 at 12:43 AM UTC
Invencible.
Que llueva con rabia, sin clemencia. Que apague con furia y aplaque el pavimento allá afuera. La hoja que resiste en el arbusto, que brilla la madrugada. Y que llore las calles y las lave, y limpie, y corroa, y corte, y sane la carne abierta. Que alargue las distancias y las sentencias. Que lapide, inunde y borre cada rincón que fue de nosotros y que, con arrogancia de amantes, le robamos al azar y al destino. Que el cielo llueva el llanto que no he podido llorar. Que restaure la separación de los cuerpos, y ahogue las risas, las miradas y los gestos. Que enfríe el vapor del cuerpo amado y enjuague el sudor del **** tibio. Y entierre las huellas que unieron nuestros caminos. Que traiga el tremor del olvido. Que pudra el amor mal amado del hombre cobarde, del hombre perdido.
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Apr 25, 2025
Apr 25, 2025 at 8:24 PM UTC
Llanto son lluvia
Hay quienes se resisten deshilachadamente a morir sin haberse concedido un año un mes una hora de goce y esperan ese don cultivando el silencio vaciándose de culpas y de pánicos descansando en el lecho del cansancio o evocando la infancia más antigua así / con la memoria en rebanadas con ojos que investigan lo invisible y el desaliento tímido y portátil que se cubre y descubre a duras penas así miden el cuerpo torpe cándido ese montón de riesgos y de huesos áspero de deseos como llagas que no elige agotarse mas se agota merodean tal vez por la nostalgia ese usual laberinto de abandonos buscan testigos y no los encuentran salvo en las caravanas de fantasmas piden abrazos pero nadie cae en la emboscada de los sentimientos carne de espera / alma de esperanza los desnudos se visten y no vuelven el amor hace un alto en el camino sorprendido in fraganti / condenado y no obstante siempre hay quien se resiste a irse sin gozar / sin apogeos sin brevísimas cúspides de gloria sin periquetes de felicidad como si alguien en el más allá o quizás en el más acá suplente fuera a pedirle cuentas de por qué no fue dichoso como puede serlo un bienaventurado del montón
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Resistencias
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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El adiós
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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No hablen de lo que no entienden, Él y yo somos agua fría y caliente. Un peregrinaje de emociones vacilantes. Él es mi rosa predilecta, yo soy, el dominante aroma de su café ***** Yo de él soy sus pétalos, él es, el estolón que inspira mis más tiernos versos, a veces tan solo las espinas queriendo aniquilar nuestro afecto. Somos la primera y última nota de una bella canción, Somos los primeros versos que se inventaron de amor. Somos la distancia y la proximidad. La primera chispa de fuego. El incendio en pasión. Él mi humedad, yo, el forraje donde él se irriga. Yo de su huevo soy la yema, yerma nuestro amor a veces en partes desconocidas, allí, donde se va Dios a meditar sobre el universo y sus ingratos hijos. No hablen de lo que no entienden, el amor de nosotros no tiene demarcaciones, no tiene firmamento, a veces habita en un solo verso, a veces se inmortaliza en un “te quiero” en otras sucumbe como lo hace el ateo cuando por fin entiende, que existe una fuerza divina.   No hablen de lo que no entienden, nuestro amor se obstina, se repite sin claudicar, desiste cuando ya no puede más, abandona y vuelve a buscar su paz, es perpetuo y efímero como el azar, resiste e insiste de juntos..por siempre estar. No somos Romeo y Julieta, tampoco somos Adam y Eva, no somos el papel y la tijera, solo dos amantes incorregibles que; se aman, se odian, que roncean y se miman, que se entregan a un amor que nadie entiende, pero el cual ellos han esperado toda la vida. A nosotros nadie nos entiende, y, ya que más da, yo soy de él soy su café ***** y él es mi amor eterno.   LeydisProse 9/26/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Sep 26, 2017
Sep 26, 2017 at 2:26 PM UTC
Rosa y café (No hablen de lo que no entienden)
No hablen de lo que no entienden, Él y yo somos agua fría y caliente. Un peregrinaje de emociones vacilantes. Él es mi rosa predilecta, yo soy, el dominante aroma de su café ***** Yo de él soy sus pétalos, él es, el estolón que inspira mis más tiernos versos, a veces tan solo las espinas queriendo aniquilar nuestro afecto. Somos la primera y última nota de una bella canción, Somos los primeros versos que se inventaron de amor. Somos la distancia y la proximidad. La primera chispa de fuego. El incendio en pasión. Él mi humedad, yo, el forraje donde él se irriga. Yo de su huevo soy la yema, yerma nuestro amor a veces en partes desconocidas, allí, donde se va Dios a meditar sobre el universo y sus ingratos hijos. No hablen de lo que no entienden, el amor de nosotros no tiene demarcaciones, no tiene firmamento, a veces habita en un solo verso, a veces se inmortaliza en un “te quiero” en otras sucumbe como lo hace el ateo cuando por fin entiende, que existe una fuerza divina.   No hablen de lo que no entienden, nuestro amor se obstina, se repite sin claudicar, desiste cuando ya no puede más, abandona y vuelve a buscar su paz, es perpetuo y efímero como el azar, resiste e insiste de juntos..por siempre estar. No somos Romeo y Julieta, tampoco somos Adam y Eva, no somos el papel y la tijera, solo dos amantes incorregibles que; se aman, se odian, que roncean y se miman, que se entregan a un amor que nadie entiende, pero el cual ellos han esperado toda la vida. A nosotros nadie nos entiende, y, ya que más da, yo soy de él soy su café ***** y él es mi amor eterno.   LeydisProse 9/26/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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São quatro e vinte da madrugada E o fraco ainda resiste. O dia nasce não tarda E continua a sina daquele triste. Será ele um poeta, Um que se viu de alma abandonada Ou um cuja profissão é a mais antiga que existe? O seu coração pinga solidão, que se tenta encobrir, Fundida pela malfadada escuridão que o rodeia E que goza do ferir. O vagabundo olha à volta como se tivesse casa cheia E ouve, gota a gota, a gota, abusadamente, cair. Repete-se todas as noites a ladainha No aconchego de sua cama quentinha. Para este fraco, viver é ousadia. Limita-se a existir e até isso é um ultraje. Vê o sol que na janela luzia; Vai ao espelho ver se este lhe traz Aquele brilho que outrora o seduzia E que há muito não o via. Depara-se com o rotineiro: O pesar do vazio corriqueiro Que em forma de sombra breu Sobre si subtilmente desceu. Fatalidade que o destino por si escolheu. É este o tal fado De quem não se sente satisfeito Nem é valorizado P'las cicatrizes que carrega ao peito. Dizem que tem vida de vadio. Terminará o triste por rir De quem um dia dele se riu? É esta a "pseudoprofecia" Que o acompanha noite e dia. É só mais um que não vive o ultraje que é existir.
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May 1, 2018
May 1, 2018 at 4:15 PM UTC
O ultraje que é existir
ser resistente, de luta, sempre presente. existente. resiliente. sou preto. sou de luta, resistente. existente. resiliência tá sempre presente. sou gay. sou ser existente de luta presente assim me faço resistente e resiliente sou pobre sou de luta existente sempre presente e assim resistente resiliente. gay, preto, pobre. sou ser de luta presente, resiliente que existe e resiste sempre.
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Jun 18, 2018
Jun 18, 2018 at 8:25 PM UTC
o que?
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
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La saboyanita
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
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No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento en realidad somos un país tan peculiar que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.
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Oda a la pacificación
Hay un fantasma que siempre viste luctuosos paños, y con acento cruel de Hamlet a Ofelia triste, me dice: ¡Mira, vete a un convento! Y me horroriza prestarle oídos, pues al conjuro de su palabra pueblan mi mente descoloridos y enjutos frailes de faz macabra; Y dicen salmos penitenciales y se flagelan con cadenillas, y los repliegues de sus sayales semejan antros de pesadillas... En vano aquella visión resiste el alma, loca de sufrimiento; los frailes rondan, la voz persiste, y como Hamlet a Ofelia triste, me dice: ¡Mira, vete a un convento!
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Obsesión
¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza para empezar, valiente, la divina pelea? ¿Has visto si resiste el metal de tu idea la furia del mandoble y el peso de la maza?¿Te sientes con la sangre de la celeste raza que vida con los números pitagóricos crea? ¿Y, como el fuerte Herakles al *** de Nemea, a los sangrientos tigres del mal darías caza? ¿Te enternece el azul de una noche tranquila? ¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila cuando el Angelus dice el alma de la tarde?...¿Tu corazón las voces ocultas interpreta? Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta. La belleza te cubra de luz y Dios te guarde.
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A juan ramón jiménez
Te vas tan sola como siempre te echaremos de menos yo y los abrazos de la tarde yo y mi alma y mi cuerpo tu larga sombra se resiste a abandonarnos / pero has decidido que se fuera contigo a todo riesgo de todos modos no querría que enterraras tu sueño aquel en que tu amor de nadie era como un estreno te vas de nuevo no sé a dónde y tu adiós es un eco que se prolonga y nos alude como un último gesto nunca guardaste la ternura como pan para luego estoy seguro de encontrarla liviana entre tus pechos te vas con paso de derrota pero no me lo creo siempre has vencido en tu querella contra el odio y el miedo quién sabe allá lo que te aguarda ese allá tan desierto que se quedó sin golondrinas todo erial/ todo invierno mas si una tarde te extraviaras entre el mar y el espejo recuerda siempre que aquí estamos yo y mi alma y mi cuerpo
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Sonata para adiós y flauta
«Espíritu que naufraga en medio de un torbellino, porque manda mi destino que lo que no quiero haga; »frente al empuje brutal de mi terrible pasión, le pregunto a mi razón dónde están el bien y el mal; »quién se equivoca, quién yerra; la conciencia, que me grita: ¡Resiste!, llena de cuita, o el titán que me echa en tierra. »Si no es mío el movimiento gigante que me ha vencido, ¿por qué, después de caído, me acosa el remordimiento? »La peña que fue de cuajo arrancada y que se abisma, no se pregunta a sí misma por qué cayó tan abajo; »mientras que yo, ¡miserable!, si combato, soy vencido, y si caigo, ya caído aún me encuentro culpable, »¡y en el fondo de mi mal, ni el triste consuelo siento de que mi derrumbamiento fue necesario y fatal!» Así, lleno de ansiedad un hermano me decía, y yo le oí con piedad, pensando en la vanidad de toda filosofía... y clamé, después de oír «Oh mi sabio no saber, mi elocuente no argüir, mi regalado sufrir, mi ganancioso perder!»
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El torbellino