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"osas" poems
Con acorde concento, o con rüidos músicos, ensordeces al gusano, para que los enojos del verano no atienda, ni del cielo los bramidos. No es piedad confundirle los sentidos; codicia sí, guardándole, tirano, para que su mortaja con su mano hile y, en su mortaja, tus vestidos. Nació paloma, y, en tu seno, el vuelo perdió; gusano, arrastra despreciado, y osas llamar tu vil cautela celo. Tal fin tendrá cualquiera desdichado a quien estorba oír la voz del cielo, con músico alboroto, su pecado.
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Advierte contra el adulador que lo dulce que dice no es por deleitar al que lo escucha, sino por interés proprio suyo, y amenaza a quien le da crédito
Desabrigan en altos Monumentos Cenizas generosas, por crecerte; Y altas ruinas, de que te haces fuerte, Más te son amenaza que cimientos. De venganzas del Tiempo, de escarmientos, De olvidos y desprecios de la Muerte, De túmulo funesto, osas hacerte Árbitro de los Mares y los Vientos. Recuerdos y no Alcázares fabricas; Otro vendrá después que de sus torres Alce en tus huesos fábricas más ricas. De ajenas desnudeces te socorres, Y procesos de mármol multiplicas; Temo que con tu llanto el suyo borres.
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Moralidad útil contra los que hacen adorno propio de la ajena desnudez
¿Por qué persistes, incesante espejo? ¿Por qué duplicas, misterioso hermano, el movimiento de mi mano? ¿Por qué en la sombra el súbito reflejo? Eres el otro yo de que habla el griego y acechas desde siempre. En la tersura del agua incierta o del cristal que dura me buscas y es inútil estar ciego. El hecho de no verte y de saberte te agrega horror, cosa de magia que osas multiplicar la cifra de las cosas que somos y que abarcan nuestra suerte. Cuando esté muerto, copiarás a otro y luego a otro, a otro, a otro, a otro…
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Al espejo
Ha muerto Rubén Darío,         ¡el de las piedras preciosas! Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío, unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas, sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío, más allá de los astros y de las nebulosas!           Ha muerto Rubén Darío,           ¡el de las piedras preciosas! ¡Cuántos años intensos junto al Sena vivimos, engarzando en el oro de un común ideal los versos juveniles que, a veces, brotar vimos como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal! Hoy tu vida, inquieta cual torrente bravío, en el Mar de las Causas desembocó; ya posas las plantas errabundas en el islote frío que pintó Böckin... ¡ya sabes todas las cosas!           Ha muerto Rubén Darío,           ¡el de las piedras preciosas! Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero pronto en el insondable y eterno mar del todo se saciara mi espíritu de lo que saber quiero: del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo. Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas en que pensamos juntos a la orilla del Río lírico, habrás de guiarme... Yo iré donde tu osas, para robar entrambos al musical vacío y al coro de los orbes sus claves portentosas...           Ha muerto Rubén Darío           ¡el de las piedras preciosas!
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Homenaje
¿Podrá el vidro llorar partos de Oriente? ¿Cabrá su habilidad en los crisoles? ¿Será la Tierra adúltera a los Soles, Por concebir de un horno siempre ardiente? ¿Destilarás en baños a Occidente? ¿Podrán lo mismo humos que arreboles? ¿Abreviarán por ti los Españoles El precioso naufragio de su gente? Osas contrahacer su ingenio al día; Pretendes que le parle docta llama Los secretos de Dios a tu osadía. Doctrina ciega y ambiciosa fama: El oro miente en la ceniza fría, Y cuando le promete, le derrama.
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Pinta el engaño de los alquimistas