Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"doncella" poems
En Sevilla a un sevillano siete hijas le dio Dios, todas siete fueron hembras y ninguna fue varón. A la más chiquita de ellas le llevó la inclinación de ir a servir a la guerra vestidita de varón. Al montar en el caballo la espada se le cayó; por decir, maldita sea, dijo: maldita sea yo. El Rey que la estaba oyendo, de amores se cautivó, -Madre los ojos de Marcos son de hembra, no de varón. -Convídala tú, hijo mío, a los rios a nadar, que si ella fuese hembra no se querrá desnudar. Toditos los caballeros se empiezan a desnudar, y el caballero Don Marcos se ha retirado a llorar. Por qué llora Vd. Don Marcos por qué debo de llorar, por un falso testimonio que me quieren levantar. No llores alma querida no llores mi corazón, que eso que tú tanto sientes, eso lo deseo yo.
0
2.7k
Romance de la doncella guerrera
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
0
1.6k
Romance del rey moro que perdió valencia
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
Continue reading...
41
Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
0
1.4k
Letrilla satírica
Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
Continue reading...
70
Keep us in color. Mute the traffic and sparrows dominating the café trees. Focus on the table, how we stare at white cups waiting to be filled, gold spoons to be used, stirring in more than sweetener, suave poise. The waiter will come in moments not seconds. We are left to anticipate the scent of espresso, the tang of apricots, and what must be said about our union. Clouds hang closer, pale limestone gray like *The Church of The Holy Maiden, La Doncella Santa * perched on the hill.
0
Mar 8, 2012
Mar 8, 2012 at 7:02 PM UTC
Silent Movie
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
0
1.2k
El son del viento
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
Continue reading...
82
Rosario, dinamitera, sobre tu mano bonita celaba la dinamita sus atributos de fiera. Nadie al mirarla creyera que había en su corazón una desesperación de cristales, de metralla ansiosa de una batalla, sedienta de una explosión. Era tu mano derecha, capaz de fundir leones, la flor de las municiones y el anhelo de la mecha. Rosario, buena cosecha, alta como un campanario, sembrabas al adversario de dinamita furiosa y era tu mano una rosa enfurecida, Rosario. Buitrago ha sido testigo de la condición de rayo de las hazañas que callo y de la mano que digo. ¡Bien conoció el enemigo la mano de esta doncella, que hoy no es mano porque de ella, que ni un solo dedo agita, se prendó la dinamita y la convirtió en estrella! Rosario, dinamitera, puedes ser varón y eres la nata de las mujeres la espuma de la trinchera. Digna como una bandera de triunfos y resplandores, dinamiteros pastores, vedla agitando su aliento y dad las bombas al viento del alma de los traidores.
0
1k
Rosario, dinamitera
Sí, yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purísima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz d'espesas sombras de la noche. Cantaba, si l'aurora descorría en el Oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la d'espléndida pompa americana: ¡la noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo ***** de tus ojos como el iris del búho se dilata. ¿Qu'encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, qu'esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada!; doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mí llena d'encanto; mientras con vuelo misterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas...
0
1k
Perlas negras - xxix
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
0
914
Romance del infante vengador
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
Continue reading...
30
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
0
874
Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don *****
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
Continue reading...
59
En Castilla está un castillo,   que se llama Rocafrida; al castillo llaman Roca,   y a la fonte llaman Frida. El pie tenía de oro   y almenas de plata fina; entre almena y almena   está una piedra zafira; tanto relumbra de noche   como el sol a mediodía. Dentro estaba una doncella   que llaman Rosaflorida; siete condes la demandan,   tres duques de Lombardía; a todos les desdeñaba,   tanta es su lozanía. Enamoróse de Montesinos   de oídas, que no de vista. Una noche estando así,   gritos da Rosaflorida; oyérala un camarero,   que en su cámara dormía. -«¿Qu'es aquesto, mi señora?   ¿Qu'es esto, Rosaflorida? »O tenedes mal de amores,   o estáis loca sandía». -«Ni yo tengo mal de amores,   ni estoy loca sandía, »mas llevásesme estas cartas   a Francia la bien guarnida; »diéseslas a Montesinos,   la cosa que yo más quería; »dile que me venga a ver   para la Pascua Florida; »darle he siete castillos   los mejores que hay en Castilla; »y si de mí más quisiere   yo mucho más le daría: »darle he yo este mi cuerpo,   el más lindo que hay en Castilla, »si no es el de mi hermana,   que de fuego sea ardida».
0
819
Romance de rosaflorida
Despertar con la misma cara despertar y verte la espalda una luz calida que entra por la puerta la sombra que enmarca la silueta del alma. Despertar con tonos azules donde los gorriones cantan Aroma a manzana tu cuerpo desnudo mi mente divaga sueños, vida y llanto. Despertar y mirarme de frente un hombre más joven que ayer levantarme y verte pequeña delicada, tierna como doncella en un cielo de luz y color. Despertar con un beso olor a rosas, miel y café.
0
Feb 14, 2018
Feb 14, 2018 at 9:41 AM UTC
14
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
0
868
La mujer manchega
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
Continue reading...
44
Tierra mojada de las tardes líquidas en que la lluvia cuchichea y en que se reblandecen las señoritas, bajo el redoble del agua en la azotea... Tierra mojada de las tardes olfativas en que un afán misántropo remonta las lascivas soledades del éter, y en ellas se desposa con la ulterior paloma de Noé; mientras se obstina el tableteo del rayo, por la nube cenagosa... Tarde mojada, de hálitos labriegos, en la cual reconozco estar hecho de barro, porque en sus llantos veraniegos, bajo el auspicio de la media luz, el alma se licúa sobre los clavos de su cruz... Tardes en que el teléfono pregunta por consabidas náyades arteras, que salen del baño al amor a volcar en el lecho las fatuas cabelleras y a balbucir, con alevosía y con ventaja, húmedos y anhelantes monosílabos, según que la llovizna acosa las vidrieras... Tardes como una alcoba submarina con su lecho y su tina; tardes en que envejece una doncella ante el brasero exhausto de su casa, esperando a un galán que le lleve una brasa; tardes en que descienden los ángeles, a arar surcos derechos en edificantes barbechos; tardes de rogativa y de cirio pascual; tardes en que el chubasco me induce a enardecer a cada una de las doncellas frígidas con la brasa oportuna; tardes en que , oxidada la voluntad, me siento acólito del alcanfor, un poco pez espada y un poco San Isidro Labrador....
0
762
Tierra mojada
Tersa, pulida, rosada ¡cómo la acariciarían, sí, mejilla de doncella! Entreabierta, curva, cóncava, su albergue, encaracolada, mi mirada se hace dentro. Azul, rosa, malva, verde, tan sin luz, tan irisada, tardes, cielos, nubes, soles, crepúsculos me eterniza. En el óvalo de esmalte rectas sutiles, primores de geometría en gracia, la solución le dibujan, sin error, a aquel problema propuesto en lo más hondo del mar. Pero su hermosura, inútil, nunca servirá. La cogen, la miran, la tiran ya. Desnuda, sola, bellísima la venera, eco de mito, de carne virgen, de diosa, su perfección sin amante en la arena perpetúa.
0
691
34
No me busques entre los vivos. No me busques en lo que vibra. No me busques en los jardines…. ya es infértil mi tierra. No me busques entre los vivos, ni en el cielo azul, ni en la luz de un niño, ni en la sonrisa de un anciano, ni en la esperanza de un santo, ni en la ardor de amantes, ni en la lluvia campante, ni en la sequía del otoño, ni en la carencia del rico, ni en la riqueza del pobre. Búscame entre los muertos. Entre el crepúsculo del sol….. cuando la noche es ama y reina. Búscame en el cementerio de los desilusionados, en el dolor de los huesos, en el polvo del cremado, en el silencio de la luna, en la neblina celada, en el infecundo otoño, en el frio verano, en la hoja quemada, en el invierno infernal, y en el infierno de los que no son correspondidos. No me busques entre los vivos. No me busques entre sonidos, ni en eufonías harmónicas, ni en la risa perseverante de la juventud, ni en la pluma del poeta, ni en la voz de una dulce doncella. Búscame allí donde me dejaste. Búscame en ese estancado instante. Búscame en lo inmoble, lo innombrable. En el tiempo detenido. En el puerto del tiempo. En el tiempo de los muertos. En el muelle de las almas dolidas; las que penan por un amor traicionado, por un amor abandonado, por un amor sin amor por los amores de mentiras. No me busques entre los vivos, búscame si recuerdas que anide en tu nido. No me busques entre los vivos… ¡no recuerdas que me mataste, cuando decidiste marcharte! No me busques entre los vivos... No soy Jesucristo.....¡no creo que resucite! LeydisProse 7/7/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
0
Jul 8, 2017
Jul 8, 2017 at 9:08 AM UTC
No Me Busques entre los Vivos (morí, cuando te marchaste)
No me busques entre los vivos. No me busques en lo que vibra. No me busques en los jardines…. ya es infértil mi tierra. No me busques entre los vivos, ni en el cielo azul, ni en la luz de un niño, ni en la sonrisa de un anciano, ni en la esperanza de un santo, ni en la ardor de amantes, ni en la lluvia campante, ni en la sequía del otoño, ni en la carencia del rico, ni en la riqueza del pobre. Búscame entre los muertos. Entre el crepúsculo del sol….. cuando la noche es ama y reina. Búscame en el cementerio de los desilusionados, en el dolor de los huesos, en el polvo del cremado, en el silencio de la luna, en la neblina celada, en el infecundo otoño, en el frio verano, en la hoja quemada, en el invierno infernal, y en el infierno de los que no son correspondidos. No me busques entre los vivos. No me busques entre sonidos, ni en eufonías harmónicas, ni en la risa perseverante de la juventud, ni en la pluma del poeta, ni en la voz de una dulce doncella. Búscame allí donde me dejaste. Búscame en ese estancado instante. Búscame en lo inmoble, lo innombrable. En el tiempo detenido. En el puerto del tiempo. En el tiempo de los muertos. En el muelle de las almas dolidas; las que penan por un amor traicionado, por un amor abandonado, por un amor sin amor por los amores de mentiras. No me busques entre los vivos, búscame si recuerdas que anide en tu nido. No me busques entre los vivos… ¡no recuerdas que me mataste, cuando decidiste marcharte! No me busques entre los vivos... No soy Jesucristo.....¡no creo que resucite! LeydisProse 7/7/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
Continue reading...
54
30/11/2016                                                                                                             En algún lado está, En otro yo estoy. Buscaré en cada rincón de la tierra, para su hermosura encontrar. No importa qué tan difícil sea, Que yo por ella la vida diera. La pena, merece ella, Que hasta buscaría por mar y por tierra. Sediento estoy, pero no descansaré. El tiempo se acaba, Y aún no te he encontrado. Caminando por el disierto voy, Pero por un golpe de calor, Ahora desmayado estoy. Yo Soñando escucho un hermoso canto, Y guiándome por el sonido, Sentada en una piedra a lado de un río se encuentra usted. Haciendo reverencia yo le digo: -Oh amada mía, disculpad la molestia Vengo de un lugar muy lejano Que he pasado por bosques, desiertos, Montañas y rios, Por solo encontrar a el bello ser que está en frente mío, Y veo ahora que palabra alguna para describirla no existe. -Pero no todo es perfecto, Ya que lo malo de todo esto, es que solo es un sueño.
0
Nov 30, 2016
Nov 30, 2016 at 1:45 AM UTC
Mar y tierra por la doncella.
En las alas oscuras de la racha cortante me das, al mismo tiempo, una pena y un goce: algo como la helada virtud de un seno blando, algo en que se confunden el cordial refrigerio y el glacial desamparo de un lecho de doncella. He aquí que en la impensada tiniebla de la muda ciudad, eres un lampo ante las fauces lóbregas de mi apetito: he aquí que en la húmeda tiniebla de la lluvia, trasciendes a candor como un lino recién lavado, y hueles, como él, a cosa casa; he aquí que entre las sombras regando estás la esencia del pañolín de lágrimas de alguna buena novia. Me embozo en la tupida oscuridad, y pienso para ti estos renglones, cuya rima recóndita has de advertir en una pronta adivinación porque son como pétalos nocturnos, que te llevan un mensaje de un singular clarosfrío; y en las tinieblas húmedas me recojo, y te mando estas sílabas frágiles, en tropel, como ráfaga de misterio, al umbral  de tu espíritu en vela. Toda tú te deshaces sobre mí como una escarcha, y el traslúcido meteoro prolóngase fuera del tiempo; y suenan tus palabras remotas dentro de mí, con esa intensidad quimérica de un reloj descompuesto que da horas y horas en una cámara destartalada...
0
608
En las tinieblas húmedas
HUELEME OTRA VEZ Solo una sola oportunidad, de repetir aquel evento, donde por fin entendí que me hiciste tuya… sin ni siquiera ponerme un dedo. Huéleme otra vez, quiero sentir de nuevo tu respiración tan cerca de mí, que puedas oler mis más íntimos pensamientos. Huéleme, así, como lo hiciste aquella vez, huméame, de tal manera, que se zafe un botón de mi túnica. Husméame como lo hiciste aquel día, haciéndome ruborizar de timidez, como doncella que no sabe cómo proceder. Haz que tu respiración me arrope en deseo. Huéleme, no tienes que hacer más nada. solo quiero que tu respiración, espire mi alma. Huéleme como aquella vez, fija tu mirada en mi pelo, haz que tu respiración empine mis vellos. Fija tu nariz cerquita de mi oreja, haz que se quiera ensordecer mi oído de delirio. Haz que busque con que sostener estas ganas que tu respirar en mi provoca. Huéleme como lo hiciste aquel día, cambiando por siempre la forma de entregarme a alguien, sin ni siquiera tocarme. Huéleme otra vez. hoy mi cuerpo y mi alma necesitan hacer el amor contigo. LeydisProse 11/22/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Nov 23, 2017
Nov 23, 2017 at 3:42 PM UTC
Huéleme Otra Vez
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
0
501
La doncella verde
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
Continue reading...
34
Que lastima que no te haya funcionado. Imagino lo que estas pasando. No lo imagino, se exactamente que se siente; que alguien se burle de tus sentimientos, que tu leña la conviertan en copas de nieves, que tu hoguera se inunde de agua salada, que tu mundo se derrumbe como avalancha de fango, que tus sueños se conviertan en desvelo, que la estrellas que acobijaste cada noche, dejen de brillar. ¿Como lo se? ¡Lo vivi! el desamor, la traicion, la pesadumbre del olvido, que te escupan en la cara.. como tú lo hicistes conmigo. Si, lo siento…. pero, a mí, no puedes regresar. Aquí no hay espacios para los tres.. ¡Tu, yo, y tu condecorado ego! Tienes que quedarte con tu trofeo. Fue por eso que me dejaste ¿no? Porque mi cuerpo estaba en decadencia, y el de ella..bueno, en pura primavera. Porque mis pupilas para ti ya no brillaban, y los de ella..bueno, la ilusión te acomodaban, Porque mi cansancio te repugnaba, mas la energia de esa doncella te aniba. Porque mis flores marchita estaban, mas los botones de sus rosales apenas brotaban. Porque mis rios se secaron, y de su juventud--emanaban maremotos, manantiales, que a tu pasion excitaban. Que la vida me habia vuelta fria y deteriorada, mas de ella, su dulzura al hablarte, tu hombria endulzaba. No sabes amor, cuanto lo siento, que tu trofeo de juventud, te haya dejado, por los mismos galardones, por lo cuales cobardemente, me abandonastes un dia. LeydisProse 7/20/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
0
Jul 20, 2017
Jul 20, 2017 at 6:30 PM UTC
Me dejo por un trofeo de mujer ahora, ¿que quiere?
Leí los rudimentos de la Aurora, Los esplendores lánguidos del día, La Pira y el construye y ascendía, Y lo purpurizante de la hora, El múrice y el Tirio y el colora, El Sol cadáver cuya luz yacía, Y los borrones de la sombra fría, Corusca Luna en ascua que el sol dora, La piel del Cielo cóncavo arrollada, El trémulo palor de enferma Estrella, La fuente de cristal bien razonada. Y todo fue un entierro de doncella, Doctrina muerta, letra no tocada, Luces y flores, grita y zacapella.
0
417
A un tratado impreso que un hablador espeluznado de prosa hizo en culto
Bermejazo Platero de las cumbres A cuya luz se espulga la canalla: La ninfa Dafne, que se afufa y calla, Si la quieres gozar, paga y no alumbres. Si quieres ahorrar de pesadumbres, Ojo del Cielo, trata de compralla: En confites gastó Marte la malla, Y la espada en pasteles y en azumbres. Volvióse en bolsa Júpiter severo, Levantóse las faldas la doncella Por recogerle en lluvia de dinero. Astucia fue de alguna Dueña Estrella, Que de Estrella sin Dueña no lo infiero: Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.
0
400
A apolo, siguiendo a dafne
Color de ropa antigua. Un julio a sombra, y un agosto recién segado. Y una mano de agua que injertó en el pino resinoso de un tedio malas frutas. Ahora que has anclado, oscura ropa, tornas rociada de un suntuoso olor a tiempo, a abreviación... Y he cantado el proclive festín que se volcó. Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte, contra el límite, contra lo que acaba? ¡Ay, la llaga en color de ropa antigua, cómo se entreabre y huele a miel quemada! Oh unidad excelsa! Oh lo que es uno por todos! ¡Amor contra el espacio y contra el tiempo! Un latido único de corazón; un solo ritmo: ¡Dios! Y al encogerse de hombros los linderos en un bronco desdén irreductible, hay un riego de sierpes en la doncella plenitud del 1. ¡Una arruga, una sombra!
0
377
Absoluta
Un Beso Necesito un beso que verse con mi alma, que describa la magia del amor, en un verso que llene mis entrañas. Necesito un beso que devuelva color y esperanza, a este ser descolorido que ha quedado desplazado por las tribulaciones de la desolación. Necesito un beso; como un día árido necesita la lluvia! Como un día nublado necesita el astro más brillante. Lo necesito como la primavera necesita las aves y las abejas para néctar sus espectaculares flores. Solo uno, como el que le dio aquel principe a esa doncella durmiente, y con esa magia, con ese roce de sus labios, con esa saliva humedeciendo aquella piel innerta, que se deslizaba despacito, injectando fluidos a una pasión durmiente esperando despertarse, revelarse, estallarse y demonstrar que si es verídico...... que un beso dado al momento exacto, un beso regalado con intención tiene la fuerza para siempre acabar con una larga tristeza. No por pena, no por indecencia, no por mendigar, ni por desesperar, necesito un beso, para confirmar, que si estoy viva y despierta! LeydisProse 11/11/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Nov 11, 2017
Nov 11, 2017 at 2:43 PM UTC
Un beso
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
0
387
¿qué será lo que espero?
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
Continue reading...
47