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"costumbre" poems
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Carta a mi futuro yo.
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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Desde ahora, como una partida verificada lejos, en funerales estaciones de humo o solitarios malecones, desde ahora lo veo precipitándose en su muerte, y detrás de él siento cerrarse los días del tiempo. Desde ahora, bruscamente, siento que parte, precipitándose en las aguas, en ciertas aguas, en cierto océano, y luego, al golpe suyo, gotas se levantan, y un ruido, un determinado, sordo ruido siento producirse, un golpe de agua azotada por su peso, y de alguna parte, de alguna parte siento que saltan y salpican estas aguas, sobre mí salpican estas aguas, y viven como ácidos. Su costumbre de sueños y desmedidas noches, su alma desobediente, su preparada palidez, duermen con él por último, y él duerme, porque al mar de los muertos su pasión desplómase, violentamente hundiéndose, fríamente asociándose.
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Ausencia de joaquín
La amistad silenciosa de la luna (cito mal a Virgilio) te acompaña desde aquella perdida hoy en el tiempo noche o atardecer en que tus vagos ojos la descifraron para siempre en un jardín o un patio que son polvo. ¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: No volverás a ver la clara luna, Has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino. Inútil abrir todas las ventanas del mundo. Es tarde. No darás con ella. Vivimos descubriendo y olvidando esa dulce costumbre de la noche. Hay que mirarla bien. Puede ser la última.
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La cifra
¡Tanto hermoso momento muerto por la costumbre! ¡Tanto instante terrible que luego en la memoria se hunde! Sé que somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Y miro al que yo he sido un instante olvidado de algún día de octubre. Me duele su tristeza: quisiera liberarle de aquella pesadumbre; pero somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Aquel que ahora recuerdo seguirá siempre en sombras aun cuando el sol me alumbre. Oh, no poder borrarlo, no poder alegrarlo, darle cielos azules. Mientras esté yo vivo él llenará su instante ciñendo rosas fúnebres. Y cuando yo me muera él seguirá viviendo ciñendo rosas fúnebres. Sé que somos la suma de instantes sucesivos. Ceñimos rosas fúnebres. (Miro: estoy en mi estela, ciñendo rosas fúnebres).
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El momento eterno
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Lamento por la muerte de parsifal hoolig
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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Introducción a las fábulas para animales
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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A veces me figuro que estoy enamorado, y es dulce, y es extraño, aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo. Las canciones de moda me parecen bonitas, y me siento tan solo que por las noches bebo más que de costumbre. Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta, y, alternativamente, Susanita y Carmen, y, alternativamente, soy feliz y lloro. No soy muy inteligente, como se comprende, pero me complace saberme uno de tantos y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.
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A veces me figuro que estoy enamorado
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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Feb 20, 2017
Feb 20, 2017 at 8:43 PM UTC
Desvaneces lentamente
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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Él, de cabellera nevada, ojos tierra, piel arena clara acentuada por los surcos que definen sus primaveras y de postura erguida. Pasa sus días en la rural, sintiendo la refrescante brisa que acaricia cada robusta extremidad. En la inspección diaria de sus yagrumos, su mente relata la aparición de sus hijos, verlos crecer y cómo tomaron caminos apartes. Las visitas se tornaron trimestrales y en ocaciones más tardías. Añora esos momentos en los que podía escuchar sus hermosas risas mientras jugaban con el nuevo artefacto que les compró después de tantas horas de jornada con su cuerpo cubierto en sudor. A la vez, en el intento de no quebrantarse por las frecuentes ausencias, se preocupa por mantener su hogar intacto y la alacena llena, mientras su esposa está en estado vegetal. Toma asiento en ese viejo colchón, enciende la tele en lo que la claridad afecta su opaca visión. Distraído, observa el hipódromo, apostando por el mejor jinete, como de costumbre. Al evento culminar, se percata que otro anochecer había transcurrido, que todo seguía igual. Al final del día era solo él,   con la misma rutina,  la misma soledad.
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Apr 19, 2015
Apr 19, 2015 at 9:57 PM UTC
Rutina
Ya cabalga Diego Ordóñez,   ya del real había salido, armado de piezas dobles,   sobre un caballo morcillo; va a retar a los zamoranos,   por muerte del rey su primo. Vido estar a Arias Gonzalo   en el muro del castillo; allí detuvo el caballo,   levantóse en los estribos: -¡Yo os reto, los zamoranos,   por traidores fementidos! ¡Reto a mancebos y viejos,   reto a mujeres y niños, reto también a los muertos   y a los que aún no son nacidos; reto la tierra que moran,   reto yerbas, panes, vinos, desde las hojas del monte   hasta las piedras del río, pues fuisteis en la traición   del alevoso Vellido! Respondióle Arias Gonzalo,   como viejo comedido: -Si yo fuera cual tú dices,   no debiera ser nacido. Bien hablas como valiente,   pero no como entendido. ¿Qué culpa tienen los muertos   en lo que hacen los vivos? Y en lo que los hombres hacen,   ¿qué culpa tienen los niños? Dejéis en paz a los muertos,   sacad del reto a los niños, y por todo lo demás   yo habré de lidiar contigo. Más bien sabes que en España   antigua costumbre ha sido que hombre que reta a concejo   haya de lidiar con cinco, y si uno de ellos le vence,   el concejo queda quito.  Don Diego cuando esto oyera   algo fuera arrepentido; mas sin mostrar cobardía,   dijo: -Afírmome a lo dicho.
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Romance xvii con el reto de diego ordóñez
El mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un grillo un barco sin velamen y una espiga sobrantes de lujuria       algún milagro y un folio rebosante de noticias poner un verde un duelo una proclamados rezos y una cábala indecisa el cable que jamás llegó a destino y la esperanza pródiga y cautiva el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un tango que enumerara todos los pretextos para apiadarse a solas de uno mismo y quedarse en el borde de otro sueño poner promesas como sobresaltos y el poquito de sol que da el invierno y un olvido flamante y oneroso y el rencor que nos sigue como un perro el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un naipe un afiche de dios       el de costumbre el tímpano banal del horizonte el reino de los cielos y las nubes poner recortes de un asombro inútil un lindo vaticinio de agua dulce una noche de rayos y centellas y el saldo de veranos y de azules el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar pero en esta botella navegante sólo pondré mis versos en desorden en la espera confiada de que un día llegue a una playa cándida y salobre y un niño la descubra y la destape y en lugar de estos versos halle flores y alertas y corales y baladas y piedritas del mar y caracoles el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar
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Botella al mar
Nuestro corazón es músculo. Por más que esté ya tieso o flojo. Uno lo tiene dentro suyo, y hace grande al de los otros. ¿Hace cuánto no lo ejercitas? Emblandecer un corazón apagado. ¿Recuerdas tu primera cita? Terminas, dolor y agotado. Has pensado en abandonarlo Pero día a día, se sana. El corazón inanimado, ahora vivo, siente y ama. El ejercicio ya es costumbre. Rutina de amor, la jornada. Siempre mágico, nunca aburre. No para, corazón, se agranda. El que una vez roto y solo. Callado, oculto y en desuso. Ahora, inmenso, fuerte y rojo. Gracias a usted, que se antepuso.
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 10:04 PM UTC
Muscle
Esa mujer que ya no va conmigo, más que un amor, fue una costumbre mía. Y alguien podrá entenderme cuando digo que a veces me acompaña todavía esa mujer que ya no va conmigo. Nadie ha podido detener el viento ni transformar en júbilo una pena. Se va el amor y cambia el sentimiento, y aunque alguien haga florecer la arena nadie ha podido detener el viento. Lo que pudo durar toda la vida se convierte en espuma de repente. Y el alma se nos queda entristecida cuando se va definitivamente lo que pudo durar toda la vida. Esa mujer que ya no va conmigo supo crearme una ilusión extraña. Y alguien podrá entenderme cuando digo que a veces todavía me acompaña esa mujer que ya no va conmigo.
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Esa mujer
A mano amada, cuando la noche impone su costumbre de insomnio y convierte cada minuto en el aniversario de todos los sucesos de una vida; allí, en la esquina más  negra del desamparo, donde el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras, los recuerdos me asaltan. Unos empuñan tu mirada verde,                                                               otros apoyan en mi espalda el alma blanca de un lejano sueño, y con voz inaudible, con implacables labios silenciosos, ¡el olvido o la vida!,                                       me reclaman. Reconozco los rostros.                                             No hurto el cuerpo. Cierro los ojos para ver y siento que me apuñalan fría, justamente, con ese hierro viejo:                                         la memoria.
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A mano amada
¿Quién no tiene su vestido azul? ¿Quién no almuerza y no toma el tranvía, con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo? ¡Yo que tan sólo he nacido! ¡Yo que tan sólo he nacido! ¿Quién no escribe una carta? ¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído? ¡Yo que solamente he nacido! ¡Yo que solamente he nacido! ¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa? ¿Quién al gato no dice gato gato? ¡Ay, yo que sólo he nacido solamente! ¡Ay!, ¡yo que sólo he nacido solamente!
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Altura y pelos
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Un criminal
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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En sueños yo te salvo sin querer, Y vuelvo hasta el antaño en un segundo, Pensando en lo vano, en lo profundo, En lo sincero y en lo vagabundo; Y cuando tú apareces, mediodía, Con el sol paralelo a tu sonrisa, Desarmas las estrategias y guías Y ganas la batalla por un día. De noche yo te abrazo de costumbre, Buscando el calorcito de tus brazos, Escondiéndome como un niño en tu regazo, Huyendo realidades con engaños. Y a veces tú me miras "diadeberas", Te das cuenta que existo y me liberas, De lo mortificante que es quererte, Sin a veces saber que puedes verme. Quizás yo por mi letra y mis consejos, Debería de quitarme de complejos, Buscando algún guiño en aquel espejo, O una señal de vida en tus montañas. Yo soy expedición de vez en cuando, Y tú un dios que se esconde en el ocaso, Me vuelvo eterno como el firmamento, A ver si en tu creación te pertenezco. No quiero ser tu vida o tu sustento, Ni tú necesidad semi-quimera, Quiero ser tentación y vicio eterno, Ser algo como una suave condena. Vivimos entre espuma y medianoche, Entre miel que nos cubre los adentros, Llenando poco a poco los silencios, Yo me lleno de ti Y tú Me salvas luego.
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Jan 29, 2018
Jan 29, 2018 at 3:33 PM UTC
Salvacion
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valientepara aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es cortay aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la lunay del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada.Sólo que me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
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1964
Ya sólo eres aquella que tiene la costumbre de ser bella. Ya pasó la embriaguez. Pero no olvido aquel deslumbramiento, aquella gloria del primer momento, al ver tus ojos por primera vez. Yo sé que, aunque quisiera, no he de volverte a ver de esa manera. Como aquel instante de embriaguez; y siento celos al pensar que un día, alguien, que no te ha visto todavía, verá tus ojos por primera vez.
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Celos
Mi madrina invitaba a mi prima Águeda a que pasara el día con nosotros, y mi prima llegaba con un contradictorio prestigio de almidón y de temible luto ceremonioso. Águeda aparecía, resonante de almidón, y sus ojos verdes y sus mejillas rubicundas me protegían contra el pavoroso luto...           Yo era rapaz y conocía la o por lo redondo, y Águeda que tejía mansa y perseverante en el sonoro corredor, me causaba calosfríos ignotos... (Creo que hasta le debo la costumbre heroicamente insana de hablar solo). A la hora de comer, en la penumbra quieta del refectorio, me iba embelesando un quebradizo sonar intermitente de vajilla y el timbre caricioso de la voz de mi prima.                                         Águeda era (luto, pupilas verdes y mejillas rubicundas) un cesto policromo de manzanas y uvas en el ébano de un armario añoso.
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A mi prima águeda
En sueños yo te salvo sin querer, Y vuelvo hasta el antaño en un segundo, Pensando en lo vano, en lo profundo, En lo sincero y en lo vagabundo; Y cuando tú apareces, mediodía, Con el sol paralelo a tu sonrisa, Desarmas las estrategias y guías Y ganas la batalla por un día. De noche yo te abrazo de costumbre, Buscando el calorcito de tus brazos, Escondiéndome como un niño en tu regazo, Huyendo realidades con engaños. Y a veces tú me miras "diadeberas", Te das cuenta que existo y me liberas, De lo mortificante que es quererte, Sin a veces saber que puedes verme. Quizás yo por mi letra y mis consejos, Debería de quitarme de complejos, Buscando algún guiño en aquel espejo, O una señal de vida en tus montañas. Yo soy expedición de vez en cuando, Y tú un dios que se esconde en el ocaso, Me vuelvo eterno como el firmamento, A ver si en tu creación te pertenezco. No quiero ser tu vida o tu sustento, Ni tú necesidad semi-quimera, Quiero ser tentación y vicio eterno, Ser algo como una suave condena. Vivimos entre espuma y medianoche, Entre miel que nos cubre los adentros, Llenando poco a poco los silencios, Yo me lleno de ti Y tú Me salvas luego.
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Aug 6, 2017
Aug 6, 2017 at 4:32 AM UTC
Salvacion
Entre los espadones de fierro literario paso yo como un marinero remoto que no conoce las esquinas y que canta porque sí, porque cómo si no fuera por eso. De los atormentados archipiélagos traje mi acordeón con borrascas, rachas de lluvia loca, y una costumbre lenta de cosas naturales: ellas determinaron mi corazón silvestre. Así cuando los dientes de la literatura trataron de morder mis honrados talones, yo pasé, sin saber, cantando con el viento hacia los almacenes lluviosos de mi infancia, hacia los bosques fríos del Sur indefinible, hacia donde mi vida se llenó con tu aroma.
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Soneto lviii
En las manos te traigo viejas señales son mis manos de ahora no las de antes doy lo que puedo y no tengo vergüenza del sentimiento si los sueños y ensueños son como ritos el primero que vuelve siempre es el mismo salvando muros se elevan en la tarde tus pies desnudos el azar nos ofrece  su doble vía vos con tus soledades yo con las mías y eso tampoco si habito en tu memoria no estaré solo tus miradas insomnes no dan abasto dónde quedó tu luna la de ojos claros mírame pronto antes que en un descuido me vuelva otro no importa que el paisaje cambie o se rompa me alcanza con tus valles y con tu boca no me deslumbres me basta con el cielo de la costumbre en mis manos te traigo viejas señales son mis manos de ahora no las de antes doy lo que puedo y no tengo vergüenza del sentimiento
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Señales
Descansa, mal perdido en alta cumbre, donde a tantas alturas te prefieres; si no es que acocear las nubes quieres, y en la región del fuego beber lumbre. Ya te padece, grave pesadumbre, tu ambición propria; peso y carga eres de la Fortuna, en que viviendo mueres: ¡y esperas que podrá mudar costumbre! El vuelo de las águilas(1) que miras debajo de las alas con que vuelas, en tu caída cebaran sus iras. Harto crédito has dado a las cautelas. ¿Cómo puedes lograr a lo que aspiras, si, al tiempo de expirar, soberbio anhelas?
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Al ambicioso valimiento que siempre anhela a subir más
Este regreso no era obligatorio sin embargo la mano encuentra su cuchara el paso su baldosa el corazón su golpe de madera el abrazo su brazo o su cintura la pregunta su alguien los ojos su horizonte la mejilla su beso o su garúa el orgullo su dulce fundamento el pellejo su otoño la memoria su rostro decisivo los rencores su vaina el reloj su lujuria tempranera el dolor su no olvido o su neblina el paladar sus uvas el loor su desastre la nostalgia su lecho o sea perdón vallejo aquí estoy otra vez viviendo de costumbre celebrando de oído
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Rescates