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"nariz" poems
me quiero así. me quiero así, con mis ojos color noche y mi nariz redonda y la luna de canela que vive sobre ella. me quiero así, con mi pelo rizado e indomable que solo se deja llevar por el viento. me quiero así, con mi piel del mismo color del café con leche que me gusta tanto. me quiero así, con mi poesía y sin ella, con las palabras que siento, con las palabras que callo. me quiero así, mágica y única; porque así soy, porque así me hicieron, porque sí.
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Oct 9, 2016
Oct 9, 2016 at 6:59 PM UTC
me quiero así.
¡Qué alegre y fresca la mañanita! Me agarra el aire por la nariz: los perros ladran, un chico grita y una muchacha gorda y bonita, junto a una piedra, muele maíz. Un mozo trae por un sendero sus herramientas y su morral: otro con caites y sin sombrero busca una vaca con su ternero para ordeñarla junto al corral. Sonriendo a veces a la muchacha, que de la piedra pasa al fogón, un sabanero de buena facha, casi en cuclillas afila el hacha sobre una orilla del mollejón. Por las colinas la luz se pierde bajo el cielo claro y sin fin; ahí el ganado las hojas muerde, y hay en los tallos del pasto verde, escarabajos de oro y carmín. Sonando un cuerno corvo y sonoro, pasa un vaquero, y a plena luz vienen las vacas y un blanco toro, con unas manchas color de oro por la barriga y en el testuz. Y la patrona, bate que bate, me regocija con la ilusión de una gran taza de chocolate, que ha de pasarme por el gaznate con la tostada y el requesón.
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Del trópico
Forjada en la "Fábrica de Armas y Municiones", la ciudad muerde con sus almenas un pedazo de cielo, mientras el Tajo, alfanje que se funde en un molde de piedra, atraviesa los puentes y la Vega, pintada por algún primitivo castellano de esos que conservaron una influencia flamenca. Ya al subir en dirección a la ciudad, apriétase en las llaves la empuñadura de una espada, en tanto que un vientecillo nos va enmoheciendo el espinazo para insuflarnos el empaque que los aduaneros exigen al entrar. ¡Silencio! ¡Silencio que nos extravía las pupilas y nos diafaniza la nariz! ¡Silencio! Perros que se pasean de golilla con los ojos pintados por el Greco. Posadas donde se hospedan todavía los protagonistas del "Lazarillo" y del "Buscón". Puertas que gruñen y se cierran con las llaves que se le extraviaron a San Pedro. ¡Para cruzar sobre las, murallas y el Alcázar las nubes ensillan con arneses y paramentos medioevales! Hidalgos que se alimentan de piedras y de orgullo, tienen la carne idéntica a la cera de los exvotos y un tufo a herrumbre y a ratón. Hidalgos que se detienen para escupir con la jactancia con que sus abuelos tiraban su escarcela a los leprosos. Los pies ensangrentados por los guijarros, se gulusmea en las cocinas un olorcillo a inquisición, y cuando las sombras se descuelgan de los tejados, se oye la gesta que las paredes nos cuentan al pasar, a cuyo influjo una pelambre nos va cubriendo las tetillas. ¡Noches en que los pasos suenan como malas palabras! ¡Noches, con gélido aliento de fantasma, en que las piedras que circundan la población celebran aquelarres goyescos! ¡Juro, por el mismísimo Cristo de la Vega, que a pesar del cansancio que nos purifica y nos despoja de toda vanidad, a veces, al atravesar una calleja, uno se cree Don Juan!
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Toledo
Forjada en la "Fábrica de Armas y Municiones", la ciudad muerde con sus almenas un pedazo de cielo, mientras el Tajo, alfanje que se funde en un molde de piedra, atraviesa los puentes y la Vega, pintada por algún primitivo castellano de esos que conservaron una influencia flamenca. Ya al subir en dirección a la ciudad, apriétase en las llaves la empuñadura de una espada, en tanto que un vientecillo nos va enmoheciendo el espinazo para insuflarnos el empaque que los aduaneros exigen al entrar. ¡Silencio! ¡Silencio que nos extravía las pupilas y nos diafaniza la nariz! ¡Silencio! Perros que se pasean de golilla con los ojos pintados por el Greco. Posadas donde se hospedan todavía los protagonistas del "Lazarillo" y del "Buscón". Puertas que gruñen y se cierran con las llaves que se le extraviaron a San Pedro. ¡Para cruzar sobre las, murallas y el Alcázar las nubes ensillan con arneses y paramentos medioevales! Hidalgos que se alimentan de piedras y de orgullo, tienen la carne idéntica a la cera de los exvotos y un tufo a herrumbre y a ratón. Hidalgos que se detienen para escupir con la jactancia con que sus abuelos tiraban su escarcela a los leprosos. Los pies ensangrentados por los guijarros, se gulusmea en las cocinas un olorcillo a inquisición, y cuando las sombras se descuelgan de los tejados, se oye la gesta que las paredes nos cuentan al pasar, a cuyo influjo una pelambre nos va cubriendo las tetillas. ¡Noches en que los pasos suenan como malas palabras! ¡Noches, con gélido aliento de fantasma, en que las piedras que circundan la población celebran aquelarres goyescos! ¡Juro, por el mismísimo Cristo de la Vega, que a pesar del cansancio que nos purifica y nos despoja de toda vanidad, a veces, al atravesar una calleja, uno se cree Don Juan!
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Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Un perro ha muerto
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él. intentando nadar en sus aguas de ron y morirsoñando, intentando no ahogarme, intentando volver al lugar de donde soy. en las orillas del mar de este país en el mundo la arena cuenta la historia de aquellos que estuvieron antes de mí de los barcos, los barcos, los barcos que dieron y robaron, los barcos que me dieron mis rizos y mi nariz, mi español y mi apellido. hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él, con amor por sus lluvias de café y gente cálida, sus calles y sus ríos, playas y canciones. hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él, temiendo por sus mujeres y su belleza, temiendo por sus niñas, temiendo por, y a, sus hombres sin amor. hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él. su tierra tiene más poemas de los que sabe leer, más canciones de las que puede cantar, más esperanza de la que ha perdido. todavía hay esperanza para este país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él.
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Feb 10, 2018
Feb 10, 2018 at 8:13 PM UTC
hay un país en el mundo
si supieras que pienso en ti a cada instante, si apreciaras tantito esta forma de querer, te darías cuenta que tienes algo especial. pero tal vez solo te incomode, o pensaras que aburrido, que absurda forma de querer. pero nadie mas te va a querer así, de lejos como si nada, tan cerca al tocarte, y aun así no tenerte ni una sola vez. nadie mas te va a esperar, con estas ganas de besar tu nariz, de recorrer los dedos en tu rostro, sabiendo que tal vez un día te esfumes como si nada hubiese importado, por que se que para ti no lo hago. no me importa. te quiero, y te espero. si supieras que te adoro, que me duermo pensando en el color de tus ojos, o en la forma que tus dedos acarician los mios.... pensarias que estoy loca, al seguir atandome a ti, aun sabiendo que no me quieres; tal vez pienses que soy tonta, y no lo puedo negar; en este juego de amor, si voy perdiendo yo. pero espero al recorrer el tiempo, y yo vaya logrando olvidarte, espero que pienses en mi, aunque sea una sola vez, y digas, y te des cuenta, que te quise de verdad, y que tuviste algo especial, al alcance de tus dedos, y lo dejaste ir.
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Jan 28, 2013
Jan 28, 2013 at 12:02 AM UTC
si supieras
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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El es…. no lo se, tal vez es el aroma de aquel café con vainilla ese día blanco; ese instante que dio vueltas en mi cabeza y el ni en cuenta….tal vez es el sabor a tequila y el latido de su corazón y el piso frió…tal vez es sabor a menta, o una canción punk…o tal vez es el dolor que me gusta mas, o el placer que duele tanto….tal vez es el amor de mi vida, o otra historia que contar….tal vez es su altura, la forma que se sienta, su cuerpo largo y yo tan pequeña…tal vez es sus ojos, sus pestañas, su nariz…tal vez es su dolor, y el mio, tal vez es su debilidad, y la mía…tal vez es una cerveza y un cigarrillo nervioso, o un buen whisky para relajar…. quizás sea simplemente ese ultimo beso, pasión, calor…..tal vez es el sueño que ya no me llega, las horas sin dormir…tal vez sea cada lagrima que callo, tal vez. Tal vez, el es simplemente un anhelo mas.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:54 AM UTC
El es.
me gustas cuando me miras así, con esas ganas que no se saben disimular; eres un rey, eres mi rey. tus besos de cafe, tus pestañas largas de niño, Tus ojos entre-cerrados; Eres un rey, Eres mi rey. Eres un rey, Los modales de una nobleza extinta, Tu nariz aristócrata, Tu piel de emperador Azteca; Eres mi rey. Este cuerpo, Esclavo tuyo, Mi rey, Te espera, Te cumple, Te quiere. Eres un rey, Eres mi rey. Ordenas con tus dedos, Mandas con los labios, Dictas con tu lengua.... Comandas cada guerra, Mi rey, Que empieza en mi corazón, Y eres el general Que solo sabe ganar.. Presides de las pequeñas montañas Que son mis pechos así, De el río de deseo que sabes empezar en mi, Reinas en mi alma, Que florece con tus besos, Eres un rey, Eres mi rey.
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Feb 19, 2013
Feb 19, 2013 at 1:17 AM UTC
Mi Rey
na primeira noite eram estranhas. disformes, distantes, extremamente presentes na sua tão triste ausência. doeram-me todas as entranhas do corpo. pela memória e pelo presente. agora, volvidos 3 dias volto a olhá-las. já consigo olhá-las, auxiliá-las e já não me estão distantes. agora são companheiras de luta. algumas lutas mais leais que outras bem se sabe, mas ainda assim resistentes no seu silêncio. o cheiro já me acolhe e todos os muitos sons que me circundam, conseguem agora embalar-me e levar-me num sono tranquilo. estou perto dos 28. já não sou miúda, agora sei-o e mais sério, sinto-o. ainda não sei que mulher sou, e como vou crescer a partir daqui. há vários ajustes, estou muito irrequieta com o que vou fazer. penso demasiado na pessoa que quero construir a partir daqui. é como se tivesse acabado de nascer mas já a saber falar, andar e pensar - oh, penso tanto… tenho de me permitir aprender e cair, chorar aos primeiros dentes. mas a miúda deixa-me orgulhosa. gostei de ti andreia pequena, feliz, divertida e curiosa. gostei da tua coragem e da tua força. até do teu nariz empertigado. choro ao teu enterro, comovida pelo orgulho que te sinto e pelas saudades que me vais trazer. a tua inocência guarda-la-ei como o meu mais precioso tesouro, e a ela recorrerei quando me vacilar a certeza. crescer é de uma dureza atroz. o passado vejo-o enevoado, lamacento de muito difícil definição. no entanto o futuro é um abismo. dá-me vertigens querer espreitá-lo. mesmo quando coloco apenas os olhos, como se me escondesse dele mesmo. de mim mesma, dessa andreia que serei. como se não quisesse que ela me apanhasse a espiá-la a ver-lhe os movimentos, para que os usasse ou os julgasse de ante mão. aqui estou, numa cama de hospital. viva e livre de qualquer mal. (mal maior pelo menos). e esta andreia do presente, esta nova-mulher, tem muito medo. muito medo de falhar, muito medo de não ser tão feliz quanto a miúda foi.
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Feb 7, 2013
Feb 7, 2013 at 5:15 AM UTC
adeus miúda
na primeira noite eram estranhas. disformes, distantes, extremamente presentes na sua tão triste ausência. doeram-me todas as entranhas do corpo. pela memória e pelo presente. agora, volvidos 3 dias volto a olhá-las. já consigo olhá-las, auxiliá-las e já não me estão distantes. agora são companheiras de luta. algumas lutas mais leais que outras bem se sabe, mas ainda assim resistentes no seu silêncio. o cheiro já me acolhe e todos os muitos sons que me circundam, conseguem agora embalar-me e levar-me num sono tranquilo. estou perto dos 28. já não sou miúda, agora sei-o e mais sério, sinto-o. ainda não sei que mulher sou, e como vou crescer a partir daqui. há vários ajustes, estou muito irrequieta com o que vou fazer. penso demasiado na pessoa que quero construir a partir daqui. é como se tivesse acabado de nascer mas já a saber falar, andar e pensar - oh, penso tanto… tenho de me permitir aprender e cair, chorar aos primeiros dentes. mas a miúda deixa-me orgulhosa. gostei de ti andreia pequena, feliz, divertida e curiosa. gostei da tua coragem e da tua força. até do teu nariz empertigado. choro ao teu enterro, comovida pelo orgulho que te sinto e pelas saudades que me vais trazer. a tua inocência guarda-la-ei como o meu mais precioso tesouro, e a ela recorrerei quando me vacilar a certeza. crescer é de uma dureza atroz. o passado vejo-o enevoado, lamacento de muito difícil definição. no entanto o futuro é um abismo. dá-me vertigens querer espreitá-lo. mesmo quando coloco apenas os olhos, como se me escondesse dele mesmo. de mim mesma, dessa andreia que serei. como se não quisesse que ela me apanhasse a espiá-la a ver-lhe os movimentos, para que os usasse ou os julgasse de ante mão. aqui estou, numa cama de hospital. viva e livre de qualquer mal. (mal maior pelo menos). e esta andreia do presente, esta nova-mulher, tem muito medo. muito medo de falhar, muito medo de não ser tão feliz quanto a miúda foi.
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Te veo, mi mirada fijamente se posa en tus ojos, ese par de esferas llenas de una luminosidad atrevida, perversa pero hermosa. Mis ojos acarician lentamente todo el contorno tan bello y fino de tu rostro, tus labios, tu pequeña y fina nariz esas mejillas tersas y blancas como rociadas por un baño de luna, la mejor conjunción poética recreada instintivamente por una naturaleza casi divina.
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Dec 24, 2014
Dec 24, 2014 at 2:36 PM UTC
Tus ojos
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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Escorial
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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No puedo parar pensando en ti Ni tus pestañas Ni el olor de tu piel No logro olvidar tus manos Como me acariciaban Y como movían por mi cuerpo con debilidad y oportunidad Tus ojos están quemados en mi mente con la candela de mis sueños Hueles a cigarrillo y aventura Hueles a hablando nariz contra nariz Eres electricidad y yo una lámpara sin luz ( te necesito) Haces que todo los pelos en mis brazos se levanten al cielo. Eres celestial. Y yo terrestre. La lejura entre nuestros cuerpos me enferma.
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Aug 28, 2012
Aug 28, 2012 at 3:07 PM UTC
(amor lejano)
Al pie de tu cadáver sólo llora tu hija. Nadie te pone amor, ni flores, ni recuerdos. Desnuda estás, y sola, entre cuatro paredes altas, altas y solas, sin penas y sin duelos. Ni una silla siquiera, ni un banco en que la gente si llegara a mirarte se sentara en silencio. Arden las cuatro velas y arden las paredes con una llama fría, un apagado incendio. El hospital es tierno y son tiernas las manos que te han puesto bonita en tu vestido viejo. Tu nariz se adelgaza y tu blancura crece, se derrama en tu piel como un viento. Arañas, caen arañas del techo, caen cenizas, papeles, sombras, trapos, caen del cielo, rosas que Dios te tira, ángeles en pedazos, y sueños.
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La hermana rosa
¿Qué hay qué hacer para poder vivir? ¿Qué pruebas hay que pasar para poder ser feliz? Mi corazón que anhela no pide nada más que ir, pero mi mente, mis brazos, mis piernas, mi nariz toda yo sé que no podré Lo único que pido es poder reír, sin tener que convertirme en actriz Mi corazón que anhela no quiere dormir, pero mis dedos, mis pestañas, mi pecho, mi matriz toda yo sé que no pasará No pienso más en herir y ya me cansé de ser infeliz Mi corazón que anhela está cansado de fingir, igual que mi pelo, mis uñas, mis venas, mi cicatriz y toda yo sé que es inútil Mi corazón que anhela todavía piensa en huir, y toda yo, no me quiero rendir.
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Jan 20, 2013
Jan 20, 2013 at 11:32 PM UTC
Mi corazón que anhela
O pó queima o nariz, O álcool aquece o corpo, A música acolhe, O sangue jorra. A ultima imagem, O ultimo cheiro, O último sentimento, Dor. Uma veste de sangue a cobre, Olhos vermelhos escondem a paranóia, Um punhal brilhante reflete o medo. Um soco no espelho, Um último beijo, Julieta, Julieta, Não se vá. Romeu, Romeu, Um punhal resolveu, Piscina escarlate, Seu sangue é combate. Veludo frio, Coração congelado, Toque caloroso, Olhar vidrado. Romeu, Romeu, Você lembra do dia que ela morreu?
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Nov 5, 2014
Nov 5, 2014 at 2:24 PM UTC
Música alta, cocaína, álcool e sangue
Érase un hombre a una nariz pegado, Érase una nariz superlativa, Érase una alquitara medio viva, Érase un peje espada mal barbado;Era un reloj de sol mal encarado. Érase un elefante boca arriba, Érase una nariz sayón y escriba, Un Ovidio Nasón mal narigado.Érase el espolón de una galera, Érase una pirámide de Egito, Los doce tribus de narices era;Érase un naricísimo infinito, Frisón archinariz, caratulera, Sabañón garrafal morado y frito.1
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A un hombre de gran nariz
Cuando respiras y mi cabeza recostada Sube y baja y escucho el aire escapar tus pulmones, Que son míos también, Me tiembla el corazón, Que es tuyo también, De ese sentimiento de saberte mío, De saberme tuya y de sabernos juntos, siempre. Cuando sin pensarlo acostados Cabe la silueta de mi rostro, Las curvas de mi frente y mi nariz, mis labios, Contra la curva de tu cuello, Para qué caiga mi boca justo ahí, Donde te gustan más los besos, y te hago suspirar, Me sonrió al pensar que te se cuidar.
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Dec 9, 2013
Dec 9, 2013 at 1:17 AM UTC
Cuando
Los surtidores pulverizan una lasitud que apenas nos deja meditar con los poros, el cerebelo y la nariz. ¡Estanques de absintio en los que se remojan los encajes de piedra de los arcos! ¡Alcobas en las que adquiere la luz la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer! Con una locuacidad de Celestina, los guías conducen a las mujeres al harén, para que se ruboricen escuchando lo que las fuentes les cuentan al pasar, y para que, asomadas al Albaicín, se enfermen de "saudades" al oír la muzárabe canción, que todavía la ciudad sigue tocando con sordina. Cuellos y ademanes de mamboretá, las inglesas componen sus paletas con el gris de sus pupilas londinenses y la desesperación encarnada de ser vírgenes, y como si se miraran al espejo, reproducen, con exaltaciones de tarjeta postal, las estancias llenas de una nostalgia de cojines y de sombras violáceas, como ojeras. En el mirador de Lindaraja, los visitantes se estremecen al comprobar que las columnas tienen la blancura y el grosor de los brazos de la favorita, y en el departamento de los baños se suenan la nariz con el intento de catar ese olor a carne de odalisca, carne que tiene una consistencia y un sabor de pastilla de goma. ¡Persianas patinadas por todos los ojos que han mirado al través! ¡Paredes que bajo sus camisas de puntilla tienen treinta y siete grados a la sombra! Decididamente, cada vez que salimos del Alhambra es como si volviéramos de una cita de amor.
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Alhambra
Los surtidores pulverizan una lasitud que apenas nos deja meditar con los poros, el cerebelo y la nariz. ¡Estanques de absintio en los que se remojan los encajes de piedra de los arcos! ¡Alcobas en las que adquiere la luz la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer! Con una locuacidad de Celestina, los guías conducen a las mujeres al harén, para que se ruboricen escuchando lo que las fuentes les cuentan al pasar, y para que, asomadas al Albaicín, se enfermen de "saudades" al oír la muzárabe canción, que todavía la ciudad sigue tocando con sordina. Cuellos y ademanes de mamboretá, las inglesas componen sus paletas con el gris de sus pupilas londinenses y la desesperación encarnada de ser vírgenes, y como si se miraran al espejo, reproducen, con exaltaciones de tarjeta postal, las estancias llenas de una nostalgia de cojines y de sombras violáceas, como ojeras. En el mirador de Lindaraja, los visitantes se estremecen al comprobar que las columnas tienen la blancura y el grosor de los brazos de la favorita, y en el departamento de los baños se suenan la nariz con el intento de catar ese olor a carne de odalisca, carne que tiene una consistencia y un sabor de pastilla de goma. ¡Persianas patinadas por todos los ojos que han mirado al través! ¡Paredes que bajo sus camisas de puntilla tienen treinta y siete grados a la sombra! Decididamente, cada vez que salimos del Alhambra es como si volviéramos de una cita de amor.
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Se van rompiendo cosas en la casa como empujadas por un invisible quebrador voluntario: no son las manos mías, ni las tuyas, no fueron las muchachas de uña dura y pasos de planeta: no fue nada y nadie, no fue el viento, no fue el anaranjado mediodía ni la noche terrestre, no fue ni la nariz ni el codo, la creciente cadera, el tobillo, ni el aire: se quebró el plato, se cayó la lámpara, se derrumbaron todos los floreros uno por uno, aquél en pleno octubre colmado de escarlata, fatigado por todas las violetas, y otro vacío rodó, rodó, rodó por el invierno hasta ser sólo harina de florero, recuerdo roto, polvo luminoso. Y aquel reloj cuyo sonido era la voz de nuestras vidas, el secreto hilo de las semanas, que una a una ataba tantas horas a la miel, al silencio, a tantos nacimientos y trabajos, aquel reloj también cayó y vibraron entre los vidrios rotos sus delicadas vísceras azules, su largo corazón desenrollado. La vida va moliendo vidrios, gastando ropas, haciendo añicos, triturando formas, y lo que dura con el tiempo es como isla o nave en el mar, perecedero, rodeado por los frágiles peligros, por implacables aguas y amenazas. Pongamos todo de una vez, relojes, platos, copas talladas por el frío, en un saco y llevemos al mar nuestros tesoros: que se derrumben nuestras posesiones en un solo alarmante quebradero, que suene como un río lo que se quiebra y que el mar reconstruya con su largo trabajo de mareas tantas cosas inútiles que nadie rompe pero se rompieron.
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Oda a las cosas rotas
Se van rompiendo cosas en la casa como empujadas por un invisible quebrador voluntario: no son las manos mías, ni las tuyas, no fueron las muchachas de uña dura y pasos de planeta: no fue nada y nadie, no fue el viento, no fue el anaranjado mediodía ni la noche terrestre, no fue ni la nariz ni el codo, la creciente cadera, el tobillo, ni el aire: se quebró el plato, se cayó la lámpara, se derrumbaron todos los floreros uno por uno, aquél en pleno octubre colmado de escarlata, fatigado por todas las violetas, y otro vacío rodó, rodó, rodó por el invierno hasta ser sólo harina de florero, recuerdo roto, polvo luminoso. Y aquel reloj cuyo sonido era la voz de nuestras vidas, el secreto hilo de las semanas, que una a una ataba tantas horas a la miel, al silencio, a tantos nacimientos y trabajos, aquel reloj también cayó y vibraron entre los vidrios rotos sus delicadas vísceras azules, su largo corazón desenrollado. La vida va moliendo vidrios, gastando ropas, haciendo añicos, triturando formas, y lo que dura con el tiempo es como isla o nave en el mar, perecedero, rodeado por los frágiles peligros, por implacables aguas y amenazas. Pongamos todo de una vez, relojes, platos, copas talladas por el frío, en un saco y llevemos al mar nuestros tesoros: que se derrumben nuestras posesiones en un solo alarmante quebradero, que suene como un río lo que se quiebra y que el mar reconstruya con su largo trabajo de mareas tantas cosas inútiles que nadie rompe pero se rompieron.
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69
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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Los sábados las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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69
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Trova del cazador de efímeros arreboles
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Buscando raíces de alas la frente se le desplaza a derecha e izquierda. Y sobre el remolino de la cara se le fija, telón del más allá, comba y ancha. Una alimaña le grita en la nariz que intenta aplastársele enfurecida... Irrumpe un griego por sus ojos distantes. Un griego que sofocan de enredaderas las colinas andaluzas de sus pómulos y el valle trémulo de su boca. Salta su garganta hacia afuera pidiendo la navaja lunada de aguas filosas. Cortádsela. De norte a sud. De este a oeste. Dejad volar la cabeza, la cabeza sola, herida de ondas marinas negras... Y de caracolas de sátiro que le caen como campánulas en la cara de máscara antigua. Apagadle la voz de madera, cavernosa, arrebujada en las catacumbas nasales. Libradlo de ella, y de sus brazos dulces, y de su cuerpo terroso. Forzadle sólo, antes de lanzarlo al espacio, el arco de las cejas hasta hacerlos puentes del Atlántico, del Pacífico... Por donde los ojos, navíos extraviados, circulen sin puertos ni orillas...
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Retrato de garcía lorca
el infierno adorna sus paredes empiezan bailes y ritos gotas de sangre rebotan en las mejillas de los malvados Altísimos altares alzan las siluetas de quienes detestamos levantamos el rostro para ver Mientras se ríen y escupen sobre nuestras cabezas incesantes gritos sirven de cantos autores los pisoteados quienes vomitan la culpa se retuercen como en coreografía espectáculo duro de ver pero no aparto la vista muerte y rabia es lo que se inhala cada vez que se respira mientras puñales atraviesan estómagos rostros y miembros mientras yo cierro los ojos y cubro mi nariz pero aún escucho
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Aug 19, 2018
Aug 19, 2018 at 2:01 PM UTC
Festín