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"viera" poems
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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78
…Los besos comenzaron leves, estructurados. Sus manos trazaban rutas en mi piel, deslizándose por mi pecho. Lo deseaba, lo quería dentro de mí y la idea de tenerlo me excitaba; me senté frente a él y con delicadeza tome su mano y puse dentro de mi ropa interior. Su dedo hizo contacto con mi piel humedecida, podía sentir como su respiración se aceleraba y se le endurecía. Dibujaba círculos en mi clítoris mientras me observaba; sonrisas coquetas se me escapaban mientras iba subiendo el ritmo y gemidos cuando lo sentía dentro de mí. Íbamos perdiendo el control, no importaba quien nos viera, quien me escuchara; su boca permanecía en la mía, rozándome la lengua de vez en cuando. Me había recostado entre medio de sus piernas, dejándole la libertad de explorar con su boca, contraía mis piernas en su espalda, podía ver la vida con los ojos cerrados. Aquello era delicioso, cuando se detuvo rozo su dedo dentro de mí y lo metió en mi boca, volvió a meter sus dedos dentro de mí mientras me dejaba huellas en los pezones. El mundo fue perdiendo sonido, la vista se me había ido y todo mi cuerpo estaba tenso, y húmedo. Al despertar yacía en sus brazos, completamente sudada pero él, a él le brotaba una sonrisa tierna y caprichosa. -Es una delicia verte así. Me encantas. -Eres una delicia y me encanta ser tuya infinitas veces.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:40 PM UTC
Viernes ******
Si hubiera de morir dentro de unos instantes, escribiría estas sabias palabras: árbol del pan y de la miel, ruibarbo, cocacola, zonite, cruz gamada. Y me echaría a llorar. Uno puede llorar hasta con la palabra «excusado» si tiene ganas de llorar. Y esto es lo que hoy me pasa. Estoy dispuesto a perder hasta las uñas, a sacarme los ojos y exprimirlos como limones sobre la taza de café. («Te convido a una taza de café con cascaritas de ojo, corazón mío»). Antes de que caiga sobre mi lengua el hielo del silencio, antes de que se raje mi garganta y mi corazón se desplome como una bolsa de cuero, quiero decirte, vida mía, lo agradecido que estoy, por este hígado estupendo que me dejó comer todas tus rosas, el día que entré a tu jardín oculto sin que nadie me viera. Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes -que son estrellas caídas y envejecidas en el polvo de la tierra- y lo anduve sonando como una sonaja mientras reía. No tengo otro rencor que el que tengo, y eso porque pude nacer antes y no lo hiciste. No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.
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Aleluya
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Elegía lamentable
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Tu ausencia en mi tibia cama, se hace más presente No por no querer buscar lugar, sino por no tenerte, Y estos labios, cada vez más tuyos, Y esos ojos, cada vez menos míos. Sólo queda por correr, dónde nunca corre el río, No me pidas que te deje Que aquí sólo hace frío Dame una señal de esos labios, Sosténme la mano en hastío Que si muero hoy, triste y timorato, no habrá de mí que llorar. Son sólo besos, que se pierden vano Y al tiempo se los voy a cobrar. Sobre tu vientre morir, sobre tu boca resucitar Sobre tu voz escribir, y sobre tus besos cantar. Y no me pidas perdón, cuándo no exista la culpa, Que si de amor se trata, no habría forma oculta, De besarte una vez más; a ojos cerrados. De tocarte noches enteras; con estrellas de tu lado. Tu amor, a mí sólo me resplandece, Culpable no eres de existir, y que de ti todo florece, ay pobre de mí. Son sólo besos, que se pierden vano Pero que al tiempo, se los voy a exigir. Lluvia de otoño, fútil amanece, Lluvia de verano, quién te viera nacer Sobre las costras en el mar abierto, como una venus llorar, La virgen María se pregunta, con quién tiene que hablar Porque de ti hay poesía, llena de verdad, Y los rezo a ti, ninguno te va. Quién fuera canción a tocar, versos dulces a tu oído, Quién fuera la muerte comandada, por emisarios perdidos, No te lloro, por correspondencia, Te lloro sensato. Que si de amor nos tenemos, Nos tenemos de a ratos.
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Jul 18, 2017
Jul 18, 2017 at 5:35 AM UTC
Casablanca.
Como si fuera cándida escultura en lustroso marfil de Bonarrota, a Paris pide Venus en pelota la debida manzana a su hermosura. En perspectiva Palas su figura muestra por más honesta, más remota; Juno sus altos méritos acota en parte de la selva más escura; pero el pastor a Venus la manzana de oro le rinde, más galán que honesto, aunque saliera su esperanza vana. Pues cuarta diosa en el discorde puesto, no sólo a ti te diera, hermosa Juana, una manzana, pero todo un cesto.
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Lo que hiciera paris si viera a juana
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
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Entrevista de bernardo con el rey
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
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Dulce Jesús de mi vida, ¡qué dije!, espera, no os vais: que no es bien que vos seáis de una vida tan perdida. Pero si no sois de mí, yo, mi Jesús, soy de vos, porque quiero hallar en Dios esto que sin Dios perdí. Mas ya vuelvo a suplicaros que de mi vida seáis: que si vos no me la dais, no tendré vida que daros. Deseo daros mi vida, y sin vos no es daros nada, porque con vos va ganada, cuanto sin vos va perdida. Muérome de puro amor por llamaros vida mía: que la que sin vos perdía, ya no la tengo, Señor. Pues vuestra piedad me adiestra como a oveja reducida, quiero llamaros mi vida, aunque he sido muerte vuestra. Vida mía, en este día me habréis de hacer un favor; ¡oh, qué bien me va, Señor, con llamaros vida mía! Luego que vida os llamé, a pediros me atreví, porque el regalo sentí que en vuestro brazos hallé. Y es que jamás permitáis que otra vida sin vos tenga: que no es bien que a vivir venga vida donde vos no estáis. ¡Ay Jesús! ¿Cómo viví sólo un momento sin vos? Porque si la vida es Dios, ¿qué vida quedaba en mí? ¡Qué cosas tuve por vida tan miserables y tristes! ¿Es posible que pudistes sufrir cosa tan perdida? Pero sospecho, mi Dios, que fue permitirlo así, para que viesen en mí qué sufrimiento hay en vos. Pero no lo habéis perdido, ¡oh soberana piedad!, pues conozco mi maldad por lo que me habéis sufrido. Porque sé de aquel vivir, como si Dios no tuviera: que quien menos que Dios fuera no me pudiera sufrir. ¡Qué de veces os negué por confesar mi locura a la fingida hermosura, donde no hay verdad ni fe! Si la vuestra en la cruz viera, ¡ay Dios y cuánto os amara! ¡Qué de lágrimas llorara, qué de amores os dijera! No sé, mi bien, qué os tenéis, que todo me enamoráis, o es que, como abierto estáis, mostráis lo que me queréis. Amenazado de vos, parece que no os temí, y lleno de sangre sí; decid, ¿qué es esto, mi Dios? ¡Oh qué divinos colores os hace esa sangre fría! ¡Oh cómo estáis, vida mía, para deciros amores!
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Soliloquio i
Dulce Jesús de mi vida, ¡qué dije!, espera, no os vais: que no es bien que vos seáis de una vida tan perdida. Pero si no sois de mí, yo, mi Jesús, soy de vos, porque quiero hallar en Dios esto que sin Dios perdí. Mas ya vuelvo a suplicaros que de mi vida seáis: que si vos no me la dais, no tendré vida que daros. Deseo daros mi vida, y sin vos no es daros nada, porque con vos va ganada, cuanto sin vos va perdida. Muérome de puro amor por llamaros vida mía: que la que sin vos perdía, ya no la tengo, Señor. Pues vuestra piedad me adiestra como a oveja reducida, quiero llamaros mi vida, aunque he sido muerte vuestra. Vida mía, en este día me habréis de hacer un favor; ¡oh, qué bien me va, Señor, con llamaros vida mía! Luego que vida os llamé, a pediros me atreví, porque el regalo sentí que en vuestro brazos hallé. Y es que jamás permitáis que otra vida sin vos tenga: que no es bien que a vivir venga vida donde vos no estáis. ¡Ay Jesús! ¿Cómo viví sólo un momento sin vos? Porque si la vida es Dios, ¿qué vida quedaba en mí? ¡Qué cosas tuve por vida tan miserables y tristes! ¿Es posible que pudistes sufrir cosa tan perdida? Pero sospecho, mi Dios, que fue permitirlo así, para que viesen en mí qué sufrimiento hay en vos. Pero no lo habéis perdido, ¡oh soberana piedad!, pues conozco mi maldad por lo que me habéis sufrido. Porque sé de aquel vivir, como si Dios no tuviera: que quien menos que Dios fuera no me pudiera sufrir. ¡Qué de veces os negué por confesar mi locura a la fingida hermosura, donde no hay verdad ni fe! Si la vuestra en la cruz viera, ¡ay Dios y cuánto os amara! ¡Qué de lágrimas llorara, qué de amores os dijera! No sé, mi bien, qué os tenéis, que todo me enamoráis, o es que, como abierto estáis, mostráis lo que me queréis. Amenazado de vos, parece que no os temí, y lleno de sangre sí; decid, ¿qué es esto, mi Dios? ¡Oh qué divinos colores os hace esa sangre fría! ¡Oh cómo estáis, vida mía, para deciros amores!
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Cómo era el instante, dígalo la musa que las dichas trae, que las penas lleva: la tristeza pasa, velada y confusa; la alegría, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, de risas y versos, de placer sonoro; era un inspirado cada caballero, de sueños azules y vino de oro. Un rubio decía frases sentenciosas: negando y amando las musas eternas un bruno decía versos como rosas, dos sonantes rimas y palabras tiernas. Los tapices rojos, de doradas listas, cubrían panoplias de pinturas y armas, que hablaban de bellas pasadas conquistas, amantes coloquios y dulces alarmas. El verso de fuego de D'Annunzio era como un son divino que en las saturnales guiara las manchadas pieles de pantera a fiestas soberbias y amores triunfales. E iban con manchadas pieles de pantera, con tirsos de flores y copas paganas las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. Venus, la celeste reina que adivina en las almas vivas alegrías francas, y que les confía, por gracia divina, sus abejas de oro, sus palomas blancas. Y aquellos amantes de la eterna Dea, a la dulce música de la regia rima oyen el mensaje de la vasta Idea por el compañero que recita y mima. Y sobre sus frentes, que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, y llevan gozosos, sátiro y centauro, la alegría noble del vino de oro.
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Garconnière
Me clavaste para que no me fuera, para que a tu lado muriera. Para que la mujer de la cual te enamoraste ………………………………………………… nadie la viera. El último clavo se sintió tan grotesco, me clavaste un clavo oxidado, dejándome mohosa, dañada y estropeada. Todo con el fin, de que de tu lado no marchara. Me clavaste, atornillando mis sentidos, traumando mí libertad. Me clavaste pensando que era la única forma de tenerme. Se te olvido que hasta el preso sueña con su autonomía. Que sus rejas no encarcelan, si sabe uno con el pensamiento volar. Que puede uno escapar a paisajes mágicos y soñar los más dulces cuentos de hadas, y escapar de tan miserable realidad. Mientras tú me ibas clavando puñales de infidelidad, amartillando mi juventud, mi sanidad, mi estabilidad emocional, atandome en prejuicios sexuales, encajándome en cajas que nunca me iban a encajar, aprisionándome en tus barras de inseguridades, yo me iba liberando por dentro. Yo comencé a volar. Hoy crecieron mis alas, y orgullosamente enseñando los agujeros de lo que fue mi vida junto a ti. Tapándolos los boquetes con mis sueños, convirtiendo cada uno de ellos en realidad. Me clavaste innumerables tormentas, en vez de tragos de felicidad, de amor, de respeto, de confianza y escribiste nuestro final. Al final, ya ves, tus clavos no pudieron estancarme. Es que nadie puede estancar el vuelo de alguien que ama su libertad. LeydisProse 6/9/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 9, 2017
Jun 9, 2017 at 2:11 PM UTC
EN TUS CLAVOS encontre mi LIBERTAD!
Me clavaste para que no me fuera, para que a tu lado muriera. Para que la mujer de la cual te enamoraste ………………………………………………… nadie la viera. El último clavo se sintió tan grotesco, me clavaste un clavo oxidado, dejándome mohosa, dañada y estropeada. Todo con el fin, de que de tu lado no marchara. Me clavaste, atornillando mis sentidos, traumando mí libertad. Me clavaste pensando que era la única forma de tenerme. Se te olvido que hasta el preso sueña con su autonomía. Que sus rejas no encarcelan, si sabe uno con el pensamiento volar. Que puede uno escapar a paisajes mágicos y soñar los más dulces cuentos de hadas, y escapar de tan miserable realidad. Mientras tú me ibas clavando puñales de infidelidad, amartillando mi juventud, mi sanidad, mi estabilidad emocional, atandome en prejuicios sexuales, encajándome en cajas que nunca me iban a encajar, aprisionándome en tus barras de inseguridades, yo me iba liberando por dentro. Yo comencé a volar. Hoy crecieron mis alas, y orgullosamente enseñando los agujeros de lo que fue mi vida junto a ti. Tapándolos los boquetes con mis sueños, convirtiendo cada uno de ellos en realidad. Me clavaste innumerables tormentas, en vez de tragos de felicidad, de amor, de respeto, de confianza y escribiste nuestro final. Al final, ya ves, tus clavos no pudieron estancarme. Es que nadie puede estancar el vuelo de alguien que ama su libertad. LeydisProse 6/9/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:26 AM UTC
talasofilia
qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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¿Es pecado dar un grito ahogado para ser salvado del pozo oscuro en el que cada día nado? ¿En serio es tan malo buscar atención dañando mi propio ser? ¿O solo es una tonta acusación que hacen sin noción? No lo dije, ni lo mostré, pero aún así, deseé que alguien lo viera, que alguien lo notará y me alejara del frío sentimiento que deja el filo cortando mi cuerpo. Todo sería más fácil si lo hubiese hablado, este ciclo hubiera finalizado, las cicatrices no existirían y tal vez la culpa se iría. Pero no pude, no pude y no puedo. Las palabras se atascan en mi garganta y el resto de mi cuerpo es quien se encarga de dejarlas salir mediante finos cortes de los que después me voy a arrepentir. Te pido que te pongas en mi lugar, y te des cuenta de que no me quiero victimizar, sino, que es mi manera de rogar un hombro en el cual llorar.
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Aug 12, 2024
Aug 12, 2024 at 8:07 PM UTC
Buscar atención es pecado
¡Un pensamiento! Cosa que harto me ha hecho pensar. ¿Habrá tormento como esta flor, regalo de una hermosa que me tiene cautivo el pensamiento? Primero en el ojal de la levita, después en la cartera... ¡Quién la ve tan marchita, y ha unos meses, Dios mío, quién la viera! Hoy creo, en este abismo de cosas y de ideas tan terrible, que se han vuelto uno mismo un pensamiento flor y otro invisible. Pero es lo peor del caso que al ir volando el viento, se llevará de paso en su giro uno y otro pensamiento.
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Abrojos - liv