Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"rojos" poems
I Fall has started. Students pile into their desks as teacher begins the lesson, with 32 apple gifts in her bottom drawer. II Wake up in the morning. Walk down the stairs. Grab an apple among the bananas and pears. III Sitting under a tree, dreaming, disturbed by a falling fruit. The apple that knocked your head. The apple that discovered gravity. IV Lovers entwined in each others’ arms. “I love you,” says one. “I love you more,” says the other. “You are the apple of my eye,” says the first. The second smiles. V Kids running rampant, touch football and tag. Trading card games while eating lunch. Lunch? PB&J;, a banana, and Mott’s Apple Juice. VI One of the largest computer companies: Apple. The Beatles music company: Apple. Apples are the foundation of everything. Makes sense, right? VII The Disney hotel room was tan all over. Even my 6-year-old brain remembers that. The green sheen of the apple skin was more appealing than the tan, for sure. VIII Apples, apple juice, applesauce, apple pie, apple cider, candied apples, Redd’s apple ale. So many choices. So many variations. None quite as good as the first one listed. IX The red on her lips matched the fruit’s skin as she bit down into the juicy apple. Within minutes she was down to its core and mine. X Apply applesauce to the aforementioned area. This isn’t a game, HeadOn. It is just alliteration. XI The stanzas in this poem couldn’t be more different than apples and oranges. Gotcha. XII Mi corazón se dispara a mi garganta cuando yo te veo. Siento mi nuez de Adán se endurece. Tus labios, rojos como manzanas, se ven tan dulces. Te extraño, Red. Y, finalmente, te amo. XIII This poem brought to you by: Mott’s Apple Juice, Redd’s Apple Ale, The Beatles’ Apple, Steve Jobs and Steve Wozniak’s Apple Sir Isaac Newton’s Apple, Adam’s Apple, God’s apple, my apple, your apple, he/she/it apple, It apple bit the apple. The core of this poem, much like the core of an apple. Seeds throughout. This poem brought to you by: My 15” Macbook Pro Apple laptop. And the author, moi. From my heart. From my brain. This poem brought to you by apples.
0
Jan 14, 2014
Jan 14, 2014 at 3:02 PM UTC
Thirteen Ways of Looking at an Apple
I Fall has started. Students pile into their desks as teacher begins the lesson, with 32 apple gifts in her bottom drawer. II Wake up in the morning. Walk down the stairs. Grab an apple among the bananas and pears. III Sitting under a tree, dreaming, disturbed by a falling fruit. The apple that knocked your head. The apple that discovered gravity. IV Lovers entwined in each others’ arms. “I love you,” says one. “I love you more,” says the other. “You are the apple of my eye,” says the first. The second smiles. V Kids running rampant, touch football and tag. Trading card games while eating lunch. Lunch? PB&J;, a banana, and Mott’s Apple Juice. VI One of the largest computer companies: Apple. The Beatles music company: Apple. Apples are the foundation of everything. Makes sense, right? VII The Disney hotel room was tan all over. Even my 6-year-old brain remembers that. The green sheen of the apple skin was more appealing than the tan, for sure. VIII Apples, apple juice, applesauce, apple pie, apple cider, candied apples, Redd’s apple ale. So many choices. So many variations. None quite as good as the first one listed. IX The red on her lips matched the fruit’s skin as she bit down into the juicy apple. Within minutes she was down to its core and mine. X Apply applesauce to the aforementioned area. This isn’t a game, HeadOn. It is just alliteration. XI The stanzas in this poem couldn’t be more different than apples and oranges. Gotcha. XII Mi corazón se dispara a mi garganta cuando yo te veo. Siento mi nuez de Adán se endurece. Tus labios, rojos como manzanas, se ven tan dulces. Te extraño, Red. Y, finalmente, te amo. XIII This poem brought to you by: Mott’s Apple Juice, Redd’s Apple Ale, The Beatles’ Apple, Steve Jobs and Steve Wozniak’s Apple Sir Isaac Newton’s Apple, Adam’s Apple, God’s apple, my apple, your apple, he/she/it apple, It apple bit the apple. The core of this poem, much like the core of an apple. Seeds throughout. This poem brought to you by: My 15” Macbook Pro Apple laptop. And the author, moi. From my heart. From my brain. This poem brought to you by apples.
Continue reading...
79
Sabe, si alguna vez tus labios rojos quema invisible atmósfera abrasada, que el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.
0
1.8k
Rima **
De cada uno de estos días negros como viejos hierros, y abiertos por el sol como grandes bueyes rojos, y apenas sostenidos por el aire y por los sueños, y desaparecidos irremediablemente y de pronto, nada ha substituido mis perturbados orígenes, y las desiguales medidas que circulan en mi corazón allí se fraguan de día y de noche, solitariamente, y abarcan desordenadas y tristes cantidades. Así, pues, como un vigía tornado insensible y ciego, incrédulo y condenado a un doloroso acecho, frente a la pared en que cada día del tiempo se une, mis rostros diferentes se arriman y encadenan como grandes flores pálidas y pesadas tenazmente substituidas y difuntas.
0
1.8k
Sistema sombrío
La alcachofa de tierno corazón se vistió de guerrero, erecta, construyó una pequeña cúpula, se mantuvo impermeable bajo sus escamas, a su lado los vegetales locos se encresparon, se hicieron zarcillos, espadañas, bulbos conmovedores, en el subsuelo durmió la zanahoria de bigotes rojos, la viña resecó los sarmientos por donde sube el vino, la col se dedicó a probarse faldas, el orégano a perfumar el mundo, y la dulce alcachofa allí en el huerto, vestida de guerrero, bruñida como una granada, orgullosa, y un día una con otra en grandes cestos de mimbre, caminó por el mercado a realizar su sueño: la milicia. En hileras nunca fue tan marcial como en la feria, los hombres entre las legumbres con sus camisas blancas eran mariscales de las alcachofas, las filas apretadas, las voces de comando, y la detonación de una caja que cae, pero entonces viene María con su cesto, escoge una alcachofa, no le teme, la examina, la observa contra la luz como si fuera un huevo, la compra, la confunde en su bolsa con un par de zapatos, con un repollo y una botella de vinagre hasta que entrando a la cocina la sumerge en la olla. Así termina en paz esta carrera del vegetal armado que se llama alcachofa, luego escama por escama desvestimos la delicia y comemos la pacífica pasta de su corazón verde.
0
1.7k
Oda a la alcachofa
Hija morena Con los ojos de lodo, Y piel oscura de café con ron. Los labios manchados rojos. Pregunto, -?Es sangre o vino?- Me mira con los ojos podridos Y dice, -Lo que tu quieras- ---------------------------------------- Darker daughter Eyes like mud, Skin like black coffee and *** Her lips stained red. I ask, "Is it blood or just wine"? She looks at me with rotting eyes. Sighs, "Whichever you want it to be".
0
Dec 6, 2016
Dec 6, 2016 at 3:01 PM UTC
Coffee and ***
Es azul, el calor de un beso Y se pierde en tu mirada, La manera firme de tocarme. Te confieso, Que aun es blanca la ilusión de volver a sentirte, De hablarte con sentimientos rojos Como mi pasión en invierno, Un invierno sin ti… Que llegue el verano a tus ojos negros Y se pongan del color de mi alma; Tal vez verdes por la esperanza que conservo; Tal vez cielo, por el lugar a donde llevarte quiero. Y si es un otoño, que las hojas sean los besos, Que caigan sobre mi piel seca; y le den el matiz rosa de la primavera, que existe sólo en tu voz y en el cautiverio de la pasión de tu boca. ¿Acaso  es ***** el color de mi alma? por las cenizas de este corto silencio; entonces es ***** el color del amor, porque solo en tus ojos lo encuentro.
0
Apr 19, 2014
Apr 19, 2014 at 2:54 PM UTC
Amor, color anónimo
Me pides que me orille, hacia el contorno del sitio me estaciono en la sombra, en la cadencia de tus pensamientos en un latido te descubres, se sienten tus ojos como espejos como reflejo de explosiones que a mí, me descubren el juego me tocas la sien con tus manos, calmando ansiedad de veneno respiras de cerca y en tus ojos, dibujas el plan que me descubre que me redime con furia en tu sirviente de instinto con movimientos despacios, recorro el altar de tu cuerpo tu piel dorada es atacada por vientos que se apropian no te importa el invierno, pues tu calor de locura nos llena el espacio de rojos, de suciedades que borran que destierran las reglas que nos impiden ahogarnos enajenar los impulsos con vanidades lascivas tus movimientos que sobran, que satisfacen tu ego a mí no me importa, estás encima de mi cuerpo yo sólo me limito a observarte, a tocarte los espacios aquellos lugares que buscan que los levante del sueño.
0
Sep 5, 2012
Sep 5, 2012 at 12:31 AM UTC
Pasajero
Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo que entinta de oros rojos el cielo de la tarde: mientras entre la niebla los árboles oscuros se libertan y salen a danzar por las calles. Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuándo vine ni por qué la luz roja del sol lo llena todo: me basta con sentir frente a mi cuerpo triste la inmensidad de un cielo de luz teñido de oro, la inmensa rojedad de un sol que ya no existe, el inmenso cadáver de una tierra ya muerta, y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo, la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.
0
1.2k
Aquí estoy con mi pobre cuerpo
Deberías de estar aquí a mi lado, bailando al mismo ritmo de la música; moviendo tu cuerpo de la misma manera que el mío, con nuestros brazos en el aire y nuestras manos entrelazadas. Deberías de distinguirte, vestimenta llamativa y con estilo especial, tez clara cubriendo tu delgado pero al mismo tiempo ejercitado cuerpo, tu cabello quebrado color ***** que lleba una cachucha plana decorándolo por encima; tus ojos azules con tus largas y pobladas pestañas cruzándose con los mios y tus labios, naturalmente rojos, esperando tocar mis labios. ¿Porqué no te encuentro? Si ambos procurámos estar en la parte delantera en cada comcierto, aquí estoy y no te veo. ¿Porqué no encuentro tu encantadora sonrisa que adorna tu forma peculiar de reír? Si estuvieras a mi lado la vería más seguido. Debería de localizarte al momento de ver al hombre que está más emocionado y metído en la música del rave. Las luces neon no iluminan mucho tu rostro, pero sí lo suficiente para darte un beso. Quizá así no te encuentre. ¿Dónde estás? ¡No te veo! ¡No te encuentro! Y es que aún no te conozco.
0
Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 11:24 AM UTC
¿Dónde estás? ¡No te encuentro!
Noventa dias desde que te conocí, y realizé que no había escuchado el tono de tu voz, que no había visto tu bello rostro de cerca, tu piel resplandeciente como un amanecer sobre el mar, tus ojos negros brillaban cada vez mas que tus labios rojos mostraban esa sonrisa que ha cambiado mi universo desde tan lejos. No podia parar de admirar lo hermosa que eres, comprendí la razón por la que llamaste mi atención la noche que nuestros caminos se cruzaron. Tu voz me hechizo y quiero seguir escuchando dulces palabras, conversaciones de cosas que podemos compartir, nuestras vidas.
0
Jul 4, 2014
Jul 4, 2014 at 6:37 PM UTC
Noventa Dias
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
0
1.3k
El soldado y la nieve
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
Continue reading...
40
Mi corazon cayo por si solo, bajo el hechizo de tus ojos negros y tus labios rojos, espero estar junto a ti hasta el fin del mundo, y ver las estrellas de las constelaciones mas lejanas colapsar entre ellas y que juntas escriban el nombre mas bello que mis oidos han escuchado.
0
Aug 5, 2012
Aug 5, 2012 at 11:53 AM UTC
Cayo solo
Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico -sangre en la frente y plomo en las entrañas- ... Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada.   Se le vio caminar solo con Ella, sin miedo a su guadaña. -Ya el sol en torre y torre, los martillos en yunque- yunque y yunque de las fraguas. Hablaba Federico, requebrando a la muerte. Ella escuchaba. «Porque ayer en mi verso, compañera, sonaba el golpe de tus secas palmas, y diste el hielo a mi cantar, y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata, te cantaré la carne que no tienes, los ojos que te faltan, tus cabellos que el viento sacudía, los rojos labios donde te besaban... Hoy como ayer, gitana, muerte mía, qué bien contigo a solas, por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»   Se le vio caminar...                       Labrad, amigos, de piedra y sueño en el Alhambra, un túmulo al poeta, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
0
1.2k
El crimen fue en granada: a federico garcía lorca
Un hombre lleno de febrero, ávido de domingos luminosos, caminando hacia marzo paso a paso, hacia el marzo del viento y de los rojos horizontes -y la reciente primavera ya en la frontera del abril lluvioso...- Aquí, Madrid, entre tranvías y reflejos, un hombre: un hombre solo. -Más tarde vendrá mayo y luego junio, y después julio y, al final, agosto-. Un hombre con un año para nada delante de su hastío para todo.
0
1.1k
Aquí, madrid mil novecientos cincuenta y cuatro un hombre solo
Era el crepúsculo de la iguana. Desde la arcoirisada crestería su lengua como un dardo se hundía en la verdura, el hormiguero monacal pisaba con melodioso pie la selva, el guanaco fino como el oxígeno en las anchas alturas pardas iba calzando botas de oro, mientras la llama abría cándidos ojos en la delicadeza del mundo lleno de rocío. Los monos trenzaban un hilo interminablemente erótico en las riberas de la aurora, derribando muros de polen y espantando el vuelo violeta de las mariposas de Muzo. Era la noche de los caimanes, la noche pura y pululante de hocicos saliendo del légamo, y de las ciénagas soñolientas un ruido opaco de armaduras volvía al origen terrestre. El jaguar tocaba las hojas con su ausencia fosforescente, el puma corre en el ramaje como el fuego devorador mientras arden en él los ojos alcohólicos de la selva. Los tejones rascan los pies del río, husmean el nido cuya delicia palpitante atacarán con dientes rojos. Y en el fondo del agua magna, como el círculo de la tierra, está la gigante anaconda cubierta de barros rituales, devoradora y religiosa.
0
1.1k
Algunas bestias
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
0
1.2k
El cuento de margot
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
Continue reading...
52
Amo el trozo de tierra que tú eres, porque de las praderas planetarias otra estrella no tengo. Tú repites la multiplicación del universo. Tus anchos ojos son la luz que tengo de las constelaciones derrotadas, tu piel palpita como los caminos que recorre en la lluvia el meteoro. De tanta luna fueron para mí tus caderas, de todo el sol tu boca profunda y su delicia, de tanta luz ardiente como miel en la sombra tu corazón quemado por largos rayos rojos, y así recorro el fuego de tu forma besándote, pequeña y planetaria, paloma y geografía.
0
1k
Soneto xvi
Luna de miel Y voz tan dulce Cuando te extraño Tu memoria calma mi alma De tanto dolor Tus ojos tan bellos Cómo el sol Radiante sobre la arena en el desierto Y cuando te miraba Mi ojos eran rojos de tanto amor Oh morena que hicisteis Oh morena que me hicisteis Estoy enamorado de alguien que no existe Por ti me invento millones de serenatas Cada mes Expresando mi pena Por no poder mirarte otra vez Y cuando la luna llena se levanta Tendrás mi corazón Y yo me quedaré sin nada más Que tu memoria y sin tu amor Translation: Honeymoon And voice so sweet When i miss you Your memory calms my soul From so much pain Your eyes so beautiful They’re like the sun Radiant on the sand in the desert And when I looked at you My eyes were red from so much love Oh brunette what did you do Oh brunette, what did you do to me? I'm in love with someone who doesn't exist For you I invent millions of serenades Each month Expressing my sorrow For not being able to look at you again And when the full moon rises You will have my heart And I'll be left with nothing else Than your memory and without your love
0
Mar 27, 2021
Mar 27, 2021 at 8:07 PM UTC
Morena/Brunette
The mean reds. I've had them. Where is my Tiffany's? I don't know what to do but to give in to them.
0
Mar 14, 2011
Mar 14, 2011 at 2:34 PM UTC
Los rojos mezquinos
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
0
1.1k
Adúltera
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
Continue reading...
44
Cuando se mira los faroles rojos en la orilla del mar, mi pescador, el de profundos ojos, pone sus negras redes a pescar. (El mar ante la noche se ilumina, y sus olas doradas, al nacer, florecen como un ansia repentina en ojos de mujer). Pez de luna bruñida no se pesca, pescador. Agua del golfo, la ondulada y fresca, deja que riegue la orilla con amor. No persigas la forma del lucero, que ni el agua dormida la dará; si él, como un sonámbulo viajero, sólo viene y se va. Que, pobres, las corrientes y la charca encierran ilusión, y ajenos al peligro de tu barca vienen sueños de luz al corazón. Con los ojos, ya tímidos, escarbas en los mares rebeldes a cincel, y puede correr llanto por tus barbas de serpientes de miel. El agua misma, la ondulada y fresca, ponga un poco de sol en tu dolor. ¡Pez de luna bruñida no se pesca pescador!
0
976
Pescador de luna
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
0
1.1k
En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
Continue reading...
73
A pesar de la lluvia yo he salido a tomar un café. Estoy sentado bajo el toldo tirante y empapado de este viejo Tortoni conocido. ¡Cuántas veces, oh padre, habrás venido de tu graves negocios fatigado, a fumar un habano perfumado y a jugar el tresillo consabido! Melancólico, pobre, descubierto, tu hijo te repite, padre muerto. Suena la lluvia, núblanse mis ojos, sale del subterráneo alguna gente, pregona diarios una voz doliente, ruedan los grandes autobuses rojos.
0
923
Viejo café tortoni
-El tronco estaba ardiendo cuando se fue la lluvia. El rayo lo venció y se introdujo en él. Ahora es un rayo manso. Lo tendremos aquí y le daremos de comer hojas y yerbas. Me gusta el fuego. Acércale tu mano poco a poco, te acaricia o te quema, puedes saber hasta dónde llega su amistad. -A mí me gusta porque es rojo y azul  y amarillo, y se mueve en el aire y no tiene forma, y cuando quiere dormir se esconde en la ceniza y vigila con ojitos rojos dentro dentro. ¡Qué simpático! Luego se alza y empieza a buscar, si haya cerca una rama la devora. ¡Me gusta, me gusta! ¡Le cuidaré, no estorba, es tan humilde! -Es orgulloso, pero es bueno. ¿Que té pasa? Te has quedado... -Nada. -Tienes los ojos abiertos y estás dormida. ¿Me oyes? También se ha metido en ti. Lo veo en el fondo de tus ojos, como una culebra, enamorándote. Te quedas quieta mientras él te recorre ávidamente. Giras en torno al fuego sin moverte. Fuego lento, preciso, árbol continuo, nos atraen tus hojas instantáneas, tu tronco permanente. Déjanos estar junto a ti, junto a tu amor hambriento. Creces aniquilando, medida de la destrucción, estatura hacia dentro, duración hacia atrás, tiempo invertido, muerte muriendo, nacimiento. Déjanos estar en tus párpados incesantes, investigar contigo lo que buscas, luz en fuga perpetua, en ti, como tú misma, en nosotros.
0
944
Adán y eva vi
*Ésa fría noche de enero, el viento soplaba y justo cuando el reloj marcaba las nueve y treinta, no sabia que encontraría lo que mas había anhelado en mi vida. Tu sonrisa, mas brillante que la luna en el firmamento y tus ojos, dos luceros que como estrellas fugazes me guiaron hacia ti. El instante que vi tu rostro inocente y resplandeciente calmo todas las angustias que cargaba dentro de mi corazón, llenándolo de una intensa satisfacción y un inmenso deseo de besar tus labios rojos con una gran pasión.*
0
Feb 25, 2014
Feb 25, 2014 at 3:36 PM UTC
Nueve y Treinta