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"nacida" poems
Yo soy Guanajuatense Nacida en una sociedad de Mexicanos Born in a society of Mexicans were everyone is accepted by who they are Not trapped as a slave or treated different The American society can’t be compare to a Mexican society Los mexicanos somos unicos tenemos caminos hechos por padres mexicanos Somo bautisados catholicos   nuestra madre es La Virgen De Guadalupe la cual Juan Diego vio y lo combertio en un santo Penjamo is city full of colors visible as the rainbow Our flag known as the tri color is a important figure in Mexico green signifies hope, joy, and love white represents peace and honesty red stands for hardiness, bravery, strength, and valor the eagle was found by Aztec people where they would see an eagle on a cactus eating a snake Tenochtitlan was founded by Aztec people Which is now call Mexico City As we believe the history we also believe what The bible tells us it’s a precious thing for us Mexicans We tend to speak with god to find solution to problems Not all cultures have a belief in god I also find myself in a world full of pain a contradiction to war Not knowing whether anything could be done People are dead here and their Everywhere there is war Veniendo de México a un mundo con nuevas reglas saviendo que tu vida a cambiado y estas evolucrado/a en una cultura que quisas no aceptes como dise un dicho mas vale ser aceptado/a por quien eres que por quien te cres all cultures judge others by the way they are but we are all humans and have the right to be who we are only God could judge when people say you're brown I said I’m proud When they say I’ll never learn English Look at me know your reading my words Soy 100% Mexicana con educacion Americana pero echa y derecha con cultura Mexicana
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Sep 1, 2013
Sep 1, 2013 at 3:21 PM UTC
I'm Guanajuatense
Yo soy Guanajuatense Nacida en una sociedad de Mexicanos Born in a society of Mexicans were everyone is accepted by who they are Not trapped as a slave or treated different The American society can’t be compare to a Mexican society Los mexicanos somos unicos tenemos caminos hechos por padres mexicanos Somo bautisados catholicos   nuestra madre es La Virgen De Guadalupe la cual Juan Diego vio y lo combertio en un santo Penjamo is city full of colors visible as the rainbow Our flag known as the tri color is a important figure in Mexico green signifies hope, joy, and love white represents peace and honesty red stands for hardiness, bravery, strength, and valor the eagle was found by Aztec people where they would see an eagle on a cactus eating a snake Tenochtitlan was founded by Aztec people Which is now call Mexico City As we believe the history we also believe what The bible tells us it’s a precious thing for us Mexicans We tend to speak with god to find solution to problems Not all cultures have a belief in god I also find myself in a world full of pain a contradiction to war Not knowing whether anything could be done People are dead here and their Everywhere there is war Veniendo de México a un mundo con nuevas reglas saviendo que tu vida a cambiado y estas evolucrado/a en una cultura que quisas no aceptes como dise un dicho mas vale ser aceptado/a por quien eres que por quien te cres all cultures judge others by the way they are but we are all humans and have the right to be who we are only God could judge when people say you're brown I said I’m proud When they say I’ll never learn English Look at me know your reading my words Soy 100% Mexicana con educacion Americana pero echa y derecha con cultura Mexicana
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Levántate conmigo. Nadie quisiera como yo quedarse sobre la almohada en que tus párpados quieren cerrar el mundo para mí. Allí también quisiera dejar dormir mi sangre rodeando tu dulzura. Pero levántate, tú, levántate, pero conmigo levántate y salgamos reunidos a luchar cuerpo a cuerpo contra las telarañas del malvado, contra el sistema que reparte el hambre, contra la organización de la miseria. Vamos, y tú, mi estrella, junto a mí, recién nacida de mi propia arcilla, ya habrás hallado el manantial que ocultas y en medio del fuego estarás junto a mí, con tus ojos bravíos, alzando mi bandera.
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La bandera
Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
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Dama huasteca
Temblando al borde de la locura Tratando de encontrar un centro de gravedad Cortando mi circulación para hacer esta declaración sobre mi habilidad natural como reina nacida a caminar con tanta fabulosidad. Aunque este vestido es una monstruosidad, mi cabello es una curiosidad, hay mucho acerca de este alto paso que no anticipé. Por ejemplo cómo el balanceo de mis caderas contrarresta el movimiento de mis dedos. ¿Quién sabía que habría tal orquestación? Un cuerpo en concierto: ¡una ovación de pie! Y cada paso otro encore, Gritando delirantemente: "¡Más! ¡Más! ¡Más!" Y de repente, el mundo es nuevo. Nunca lo he visto desde este punto de vista. Me sorprende la diferencia que unas pulgadas pueden hacer para cambiar la realidad que ahora crea yo Y aunque mis pies están apretados como tocones en estas bombas de tacón de aguja de seis pulgadas, un testimonio que debo profesar; Qué maravilloso es ser un muchacho en un vestido.
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Jul 8, 2018
Jul 8, 2018 at 2:09 AM UTC
Nacimiento de una Drag Queen
Yo quisiera cincelarte         una rima delicada y primorosa como un áurea margarita, o cubierta de irisada         pedrería, o como un joyel de Oriente o una copa florentina. Yo quisiera poder darte         una rima como el collar de Zobeida, el de perlas ormuzinas, que huelen como las rosas         y que brillan como el rocío en los pétalos de la flor recién nacida. Yo quisiera poder darte         una rima que llevara la amargura de las hondas penas mías entre el oro del engarce de las frases cristalinas. Yo quisiera poder darte         una rima que no produjera en ti la indiferencia o la risa, sino que la contemplaras en su pálida alegría, y que después de leerla te quedaras pensativa.
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Rima - viii
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Oda a la flor azul
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
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Los amorosos
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
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Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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Me basta así
Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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Lunes era, lunes de Pascua florida, guerrean los moros los campos de Oliva. ¡Ay campos de Oliva, ay campos de Grana, tanta buena gente llevan cautivada! ¡Tanta buena gente que llevan cautiva!, y entre ellos llevaban a la infanta niña; cubierta la llevan de oro y perlería, a la reina mora la presentarían. -Toméis, vos, señora, esta cautivita, que en España toda no la hay tan bonita; toméis vos, señora, esta cautivada, que en todo tu reino no la hay tan galana. No la quiero, no, a la cautivita, que el rey es mancebo, la enamoraría. -No la quiero, no, a la cautivada, que el rey es mancebo, la enamorara. -Mandadla, señora, con el pan al horno, allí dejará hermosura el rostro; mandadla, señora, a lavar al río, allí dejará hermosura y brío. Paños de la reina va a lavar la niña; lloviendo, nevando, la color perdía; la niña lavando, la niña torciendo, aun bien no amanece los paños tendiendo. Madruga Don Bueso al romper el día, a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría: -Quita de ahí, mora, hija de judía, deja a mi caballo beber agua limpia. -¡Reviente el caballo y quien lo traía!, que yo no soy mora ni hija de judía, sino una cristiana que aquí estoy cautiva. -¡Oh qué lindas manos en el agua fría!, ¿si venís, la niña, en mi compañía? ¡Oh qué blancas manos en el agua clara! ¿si queréis, la niña, venir en compaña? -Con un hombre solo yo a fe no me iría, por los altos montes miedo te tendría. -Juro por mi espada, mi espada dorida, de no hacerte mal, más que a hermana mía. -Pues ir, caballero, de buen grado iría. ¿Paños de la reina yo qué los haría? -Los de grana y oro tráelos, vida mía, los de holanda y plata al río echarías. Y digas, la niña, la niña garrida, ¿has de ir en las ancas o has de ir en la silla? -Montaré en las ancas que es más honra mía. Tomóla don Bueso, a ancas la subía. Tierras van andando, tierras conocía, tierras va mirando da en llorar la niña. -¿Por qué lloras, flor, por qué lloras, vida?, ¡maldígame Dios si yo mal te haría! -¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva, veo los palacios donde fui nacida! Cuando el rey mi padre plantó aquí esta oliva, él se la plantaba, yo se la tenía, mi madre la reina bordaba y cosía, yo como chiquita la seda torcía, mi hermano don Bueso los toros corría; yo como chiquita la aguja enhebraba, mi hermano don Bueso caballos domaba. ¡Abrid puertas, madre, puertas de alegría, por traeros nuera traigo vuestra hija! -¡Si me traes nuera, sea bien venida! Para ser mi hija, ¡qué descolorida! -¿Qué color, mi madre, qué color quería, si hace siete años que pan no comía, si no eran los berros de una fuente fría do culebras cantan, caballos bebían? ¡Si no eran los berros de unas aguas margas do caballos beben y culebras cantan! ¡Válgame Dios, valga, y Santa María! ¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva!
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Romance de don bueso
Lunes era, lunes de Pascua florida, guerrean los moros los campos de Oliva. ¡Ay campos de Oliva, ay campos de Grana, tanta buena gente llevan cautivada! ¡Tanta buena gente que llevan cautiva!, y entre ellos llevaban a la infanta niña; cubierta la llevan de oro y perlería, a la reina mora la presentarían. -Toméis, vos, señora, esta cautivita, que en España toda no la hay tan bonita; toméis vos, señora, esta cautivada, que en todo tu reino no la hay tan galana. No la quiero, no, a la cautivita, que el rey es mancebo, la enamoraría. -No la quiero, no, a la cautivada, que el rey es mancebo, la enamorara. -Mandadla, señora, con el pan al horno, allí dejará hermosura el rostro; mandadla, señora, a lavar al río, allí dejará hermosura y brío. Paños de la reina va a lavar la niña; lloviendo, nevando, la color perdía; la niña lavando, la niña torciendo, aun bien no amanece los paños tendiendo. Madruga Don Bueso al romper el día, a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría: -Quita de ahí, mora, hija de judía, deja a mi caballo beber agua limpia. -¡Reviente el caballo y quien lo traía!, que yo no soy mora ni hija de judía, sino una cristiana que aquí estoy cautiva. -¡Oh qué lindas manos en el agua fría!, ¿si venís, la niña, en mi compañía? ¡Oh qué blancas manos en el agua clara! ¿si queréis, la niña, venir en compaña? -Con un hombre solo yo a fe no me iría, por los altos montes miedo te tendría. -Juro por mi espada, mi espada dorida, de no hacerte mal, más que a hermana mía. -Pues ir, caballero, de buen grado iría. ¿Paños de la reina yo qué los haría? -Los de grana y oro tráelos, vida mía, los de holanda y plata al río echarías. Y digas, la niña, la niña garrida, ¿has de ir en las ancas o has de ir en la silla? -Montaré en las ancas que es más honra mía. Tomóla don Bueso, a ancas la subía. Tierras van andando, tierras conocía, tierras va mirando da en llorar la niña. -¿Por qué lloras, flor, por qué lloras, vida?, ¡maldígame Dios si yo mal te haría! -¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva, veo los palacios donde fui nacida! Cuando el rey mi padre plantó aquí esta oliva, él se la plantaba, yo se la tenía, mi madre la reina bordaba y cosía, yo como chiquita la seda torcía, mi hermano don Bueso los toros corría; yo como chiquita la aguja enhebraba, mi hermano don Bueso caballos domaba. ¡Abrid puertas, madre, puertas de alegría, por traeros nuera traigo vuestra hija! -¡Si me traes nuera, sea bien venida! Para ser mi hija, ¡qué descolorida! -¿Qué color, mi madre, qué color quería, si hace siete años que pan no comía, si no eran los berros de una fuente fría do culebras cantan, caballos bebían? ¡Si no eran los berros de unas aguas margas do caballos beben y culebras cantan! ¡Válgame Dios, valga, y Santa María! ¡Ay campos de Grana, ay campos de Oliva!
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Bebo del agua limpia y clara del arroyo Y vago por los campos  teniendo por apoyo Un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido Que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.   Así paso los días, morena y descuidada, Sobre la suave alfombra de la grama aromada, Comiendo de la carne jugosa de las fresas O en busca de fragantes racimos de frambuesas.   Mi cuerpo está impregnado el aroma ardoroso De los pastos maduros. Mi cabello sombroso Esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno, A salvia, a yerbabuena  y a flores de centeno.   ¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena, Cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!             ¡Soy casta como Diana Y huelo a hierba clara nacida en la mañana!
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Salvaje
Hubierais visto llorar a las yedras cuando el agua más triste se pasó toda una noche velando a un yelmo ya sin alma, a un yelmo moribundo sobre una rosa nacida en el vaho que duerme los espejos de los castillos a esa hora en que los nardos más secos se acuerdan de su vida al ver que las violetas difuntas abandonan sus cajas y los laúdes se ahogan por arrollarse a sí mismos. Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas. Yo no sé lo que mira en las almenas esa inmóvil armarnadura vacía. ¿Cómo hay luces que decretan tan pronto la agonía de las espadas si piensan en que un lirio es vigilado por hojas que duran mucho más tiempo? Vivir poco y llorando es el sino de la nieve que equivoca su ruta. En el sur siempre es cortada casi en flor el ave fría.
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Elegía a garcilaso (luna, 1501-1536)
Cada rosa gentil ayer nacida, cada aurora que apunta entre sonrojos, dejan mi alma en el éxtasis sumida... ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos el perpetuo milagro de la vida! Años ha que contemplo las estrellas en las diáfanas noches españolas y las encuentro cada vez mas bellas. Años ha que en el mar, conmigo a solas, de las olas escucho las querellas, y aun me pasma el prodigio de las olas! Cada vez hallo la Naturaleza más sobrenatural, más pura y santa, Para mí, en rededor, todo es belleza; y con la misma plenitud me encanta la boca de la madre cuando reza que la boca del niño cuando canta. Quiero ser inmortal, con sed intensa, porque es maravilloso el panorama con que nos brinda la creación inmensa; porque cada lucero me reclama, diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa, también aquí se lucha, aquí se ama».
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Éxtasis
Con la lengua cortada y los ojos abiertos el ruiseñor en la muralla Ojos de pena acumulada y plumaje de sangre el ruiseñor en la muralla Plumas de sangre y breve llamarada agua recién nacida en la garganta el ruiseñor en la muralla Agua que corre enamorada agua con alas el ruiseñor en la muralla Entre las piedras negras la voz blanca del agua enamorada el ruiseñor en la muralla Con la lengua cortada canta sangre sobre la piedra el ruiseñor en la muralla
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Cosante
Hacia el cielo tu himno de rubíes, tus espumas de púrpuras en vuelo; hacia él tu orgulloso terciopelo, tu desafío a dalias y alhelíes. Toda al cielo te das, creces y ríes, sangre floral y brasa del anhelo. Llora el reloj tu inevitable duelo mientras toda en fragancia te deslíes. Tú también, tú también, ave de fuego, nacida hoy has de tonar ya luego a la potente tierra innominada. No detiene la muerte tu hermosura. En vuelta en ella vas, ¡oh, criatura! desde la fiel raíz hasta la nada.
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A una rosa roja
Camina Don Boyso mañanita fría a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría. -¿Qué haces ahí, mora, hija de judía? Deja a mí caballo beber agua fría. -Reviente el caballo y quien lo traía, que yo no soy mora ni hija de judía. Soy una cristiana que aquí estoy cativa. -Si fueras cristiana, yo te llevaría y en paños de seda yo te envolvería, pero si eres mora yo te dejaría. Montóla a caballo por ver qué decía; en las siete leguas no hablara la niña. Al pasar un campo de verdes olivas por aquellos prados qué llantos hacía. -¡Ay, prados! ¡Ay, prados! prados de mi vida. Cuando el rey, mi padre, plantó aquí esta oliva, él se la plantara, yo se la tenía, la reina, mi madre, la seda torcía, mi hermano, Don Boyso, los toros corría. -¿Y cómo te llamas? -Yo soy Rosalinda, que así me pusieron porque al ser nacida una linda rosa n'el pecho tenía. -Pues tú, por las señas, mi hermana serías. Abre la mi madre puertas de alegría, por traerla nuera le traigo su hija.
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Romance de don boyso
Traspasado de menta se va octubre, el soleado, el de espejos de luna sumergida en el río, el de fuertes pezuñas de bisonte y venado, el de trébol seguro y asustado rocío. Se va Octubre y se lleva sobre el flanco domado la esperanza nacida sin calor ni albedrío. calcedonia purpúrea sobre el pecho bloqueado por tus piedras de hielo, desengaño vacío. Llama fija y pequeña, ya se pierde, se pierde. Donde estuvo, aun la falsa salamandra me muerde. Sin su fuego es oscura la callada presencia. Si regresas, ya nunca volverás a encontrarme; cuando llegue Noviembre, bien sabrán ocultarme mis gemas sacratísimas de acertada potencia.
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Perdida
¡Ay luna nueva, fresquita como una hilacha del día, que en el cielo azul y claro la tarde dejó perdida! ¡Ay luna recién llegada, que en el fondo del aljibe pareces una pestaña Caída en el agua triste! Voy a pedirte una gracia... (Dicen que es bueno pedirla cuando la luna es así, delgada y recién nacida). Ampárame con tu embrujo esta pálida sonrisa, que después de tanto tiempo vuelve a prestarme la dicha. Haz que ella crezca contigo y que me alumbre la cara, como tú, cuando semejas Una medalla dorada. Luna fina de Setiembre, sobre el mar y sobre el campo: ¡sé cordial a mi dulzura como lo fuiste a mi llanto!
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Luna fina