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"materia" poems
High above and brave; Taunting the waters below. With this bridge we have conquered Open spaces And Time opens its wings To let us pass without aging. Who ages on the bridge? No one. Children are arrested in a state Of wondrous apprehension. The old forget gravity's pull On their brittle bones. It is a marvelous thing that connects Our world to Middle Earth and Rivendell; the great Castle of Gormenghast, Narnia and The fathomless depths of Cthulu; the Temples of the Oracles; the lost rock Walls of the Necropolis; the emerald Towers of Oz; the Memorial to Krypton In the Fortress of Solitude; the waters of Lethe; the expanse of Midgard and the Rainbow Bridge; Mount Olympus; Daedelus' Labyrinth; the Inferno, the Purgatorio and the Paridisio; the dark Forest's of Pan; and the broad field's of Chiron. And the galaxy of stars, of worlds destroyed And created by your Will, that shapeshifter Of Prima Materia that stretches out in The limitless space that is your mind. This ancient construction of arched Rock, mankind's greatest achievement That draws the curious, the adventurous Without verdict or punishment, and gives Them the ability to walk on air, defeating The current of death that rushes Obliviously below.
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Oct 23, 2010
Oct 23, 2010 at 4:12 PM UTC
The Bridge
Esta sal del salero yo la vi en los salares. Sé que no van a creerme, pero canta, canta la sal, la piel de los salares, canta con una boca ahogada por la tierra. Me estremecí en aquellas soledades cuando escuché la voz de la sal en el desierto. Cerca de Antofagasta toda la pampa salitrosa suena: es una voz quebrada, un lastimero canto. Luego en sus cavidades la sal gema, montaña de una luz enterrada, catedral transparente, cristal del mar, olvido de las olas. Y luego en cada mesa de ese mundo, sal, tu substancia ágil espolvoreando la luz vital sobre los alimentos. Preservadora de las antiguas bodegas del navío, descubridora fuiste en el océano, materia adelantada en los desconocidos, entreabiertos senderos de la espuma. Polvo del mar, la lengua de ti recibe un beso de la noche marina: el gusto funde en cada sazonado manjar tu oceanía y así la mínima, la minúscula ola del salero nos enseña no sólo su doméstica blancura, sino el sabor central del infinito.
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Oda a la sal
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Poema de los besos
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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V. the ballad of briseis my heart is of the flesh of figs, and that which i cannot touch: grainy sweet garnet nectar pretty to behold but easy to bruise no god shall speak for me, briseis for this fig-heart, like the heart of man craves art as it does god and though i know you not by name, but only pseudonym: blood, words, and love, we are kindred souls i'd like to believe that we are cut of the same cloth hewn of the same mound of clay (or cast into the same iron, i suppose for we became one another's anchor the day we met) i once told you, my dear briseis, that if you taught me symbiosis i would teach you love for you found pragma in philosophy cold markov's blankets freud's ego, plato's cave whereas i found pragma in alchemy's poetry chekhov's gun freud's neurotics, plato's human it means nothing. the alchemy lies beyond the chemicals, beyond the seed and the egg, beyond our festivals of atonement, beyond my prima materia and your unfulfilled magnum opus it lies in simple interdependence, the oceans, the heavens, the forests, the deserts, the storms, the famines, the herds of wildebeest, the colonies of ants, the beady dew on the spider web and the purling river shallows, our acrid mouths yearning for mother's milk, the boy who makes us cry at night, the fiery logs roaring against the cold air, the hoot-owls and the faces on the wall (our skeletons never did stay in the closet) bathed in that slow, hideous wonder those interplays of love and symbiosis as i drown and die in reverie once more pray that the stakes may be forever higher that i find those eternal elysian fields so long as our achilles lives to fight again we are more alike, than you or i would ever dare to admit, briseis so humor this fig-heart: hold me and tell me that it'll be all right
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Jan 19, 2021
Jan 19, 2021 at 11:57 PM UTC
iliad, a poem | no. 5
V. the ballad of briseis my heart is of the flesh of figs, and that which i cannot touch: grainy sweet garnet nectar pretty to behold but easy to bruise no god shall speak for me, briseis for this fig-heart, like the heart of man craves art as it does god and though i know you not by name, but only pseudonym: blood, words, and love, we are kindred souls i'd like to believe that we are cut of the same cloth hewn of the same mound of clay (or cast into the same iron, i suppose for we became one another's anchor the day we met) i once told you, my dear briseis, that if you taught me symbiosis i would teach you love for you found pragma in philosophy cold markov's blankets freud's ego, plato's cave whereas i found pragma in alchemy's poetry chekhov's gun freud's neurotics, plato's human it means nothing. the alchemy lies beyond the chemicals, beyond the seed and the egg, beyond our festivals of atonement, beyond my prima materia and your unfulfilled magnum opus it lies in simple interdependence, the oceans, the heavens, the forests, the deserts, the storms, the famines, the herds of wildebeest, the colonies of ants, the beady dew on the spider web and the purling river shallows, our acrid mouths yearning for mother's milk, the boy who makes us cry at night, the fiery logs roaring against the cold air, the hoot-owls and the faces on the wall (our skeletons never did stay in the closet) bathed in that slow, hideous wonder those interplays of love and symbiosis as i drown and die in reverie once more pray that the stakes may be forever higher that i find those eternal elysian fields so long as our achilles lives to fight again we are more alike, than you or i would ever dare to admit, briseis so humor this fig-heart: hold me and tell me that it'll be all right
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América, de un grano de maíz te elevaste hasta llenar de tierras espaciosas el espumoso océano. Fue un grano de maíz tu geografía. El grano adelantó una lanza verde, la lanza verde se cubrió de oro y engalanó la altura del Perú con su pámpano amarillo. Pero, poeta, deja la historia en su mortaja y alaba con tu lira al grano en sus graneros: canta al simple maíz de las cocinas. Primero suave barba agitada en el huerto sobre los tiernos dientes de la joven mazorca. Luego se abrió el estuche y la fecundidad rompió sus velos de pálido papiro para que se desgrane la risa del maíz sobre la tierra. A la piedra en tu viaje, regresabas. No a la piedra terrible, al sanguinario triángulo de la muerte mexicana, sino a la piedra de moler, sagrada piedra de nuestras cocinas. Allí leche y materia, poderosa y nutricia pulpa de los pasteles llegaste a ser movida por milagrosas manos de mujeres morenas. Donde caigas, maíz, en la olla ilustre de las perdices o entre los fréjoles campestres, iluminas la comida y le acercas el virginal sabor de tu substancia. Morderte, panocha de maíz, junto al océano de cantara remota y vals profundo. Hervirte y que tu aroma por las sierras azules se despliegue. Pero, dónde no llega tu tesoro? En las tierras marinas y calcáreas, peladas, en las rocas del litoral chileno, a la mesa desnuda del minero a veces sólo llega la claridad de tu mercadería. Puebla tu luz, tu harina, tu esperanza la soledad de América, y el hambre considera tus lanzas legiones enemigas. Entre tus hojas como suave guiso crecieron nuestros graves corazones de niños provincianos y comenzó la vida a desgranarnos.
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Oda al maíz
América, de un grano de maíz te elevaste hasta llenar de tierras espaciosas el espumoso océano. Fue un grano de maíz tu geografía. El grano adelantó una lanza verde, la lanza verde se cubrió de oro y engalanó la altura del Perú con su pámpano amarillo. Pero, poeta, deja la historia en su mortaja y alaba con tu lira al grano en sus graneros: canta al simple maíz de las cocinas. Primero suave barba agitada en el huerto sobre los tiernos dientes de la joven mazorca. Luego se abrió el estuche y la fecundidad rompió sus velos de pálido papiro para que se desgrane la risa del maíz sobre la tierra. A la piedra en tu viaje, regresabas. No a la piedra terrible, al sanguinario triángulo de la muerte mexicana, sino a la piedra de moler, sagrada piedra de nuestras cocinas. Allí leche y materia, poderosa y nutricia pulpa de los pasteles llegaste a ser movida por milagrosas manos de mujeres morenas. Donde caigas, maíz, en la olla ilustre de las perdices o entre los fréjoles campestres, iluminas la comida y le acercas el virginal sabor de tu substancia. Morderte, panocha de maíz, junto al océano de cantara remota y vals profundo. Hervirte y que tu aroma por las sierras azules se despliegue. Pero, dónde no llega tu tesoro? En las tierras marinas y calcáreas, peladas, en las rocas del litoral chileno, a la mesa desnuda del minero a veces sólo llega la claridad de tu mercadería. Puebla tu luz, tu harina, tu esperanza la soledad de América, y el hambre considera tus lanzas legiones enemigas. Entre tus hojas como suave guiso crecieron nuestros graves corazones de niños provincianos y comenzó la vida a desgranarnos.
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*Yo soy la promesa que jamás existió La que se guarda en la arteria, la que oxida la materia. Las promesas falsas te alejan te avientan más que la indiferencia. Tu alma no se eleva con intención por más sincera que esta sea, si no te abraza, no se enreda entre tus piernas ¿Cómo saber si alguna vez existió? Yo soy la promesa que jamás existió la que jamás temió, la que jamás esperó.*
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Oct 30, 2012
Oct 30, 2012 at 3:16 PM UTC
La que jamás existió
No cabe gozo más grande ni mayor satisfacción que poder parir a un hijo para darle nuestro amor. Te expones a perder la vida, a sufrir un gran dolor, pero nada nos importa, solo cuenta nuestro amor. Amor hacia esa criatura que queremos con pasión, y es tanto lo que la quieres que perderías la razón si algo malo le ocurre o si simplemente enfermó. Le ves como va creciendo, lo mimas y con razón, se ha convertido en un hombre o en mujer si no es varón, hace poco se casó ¿su pareja? un amor. Pero todo va cambiando, para tu pena y dolor, y ese hijo al que tu amas, Poco a poco se olvidó de que tú eres su madre,! la madre que lo parió!, la que expuso así su vida y le dio todo su amor, la que le cuidó de niño, la que siempre le mimó, la que él ahora no escucha, de la que ya se olvidó, de la que ya no le importa si vive, o si de pena murió. Mas con lágrimas en los ojos, esta pregunta hago yo: De que materia es el hijo que a su madre renunció, que le negó su cariño y a la que nunca escuchó, a la que poco a poquito hasta la vida quitó. Pero a pesar del dolor y de la gran decepción, ¡Gracias le doy a la vida y Gracias a nuestro señor , porque por cada hijo de estos , de los Buenos hay un millón! Con cariño y admiración para todos aquellos hijos que aman a su madre con todo su corazón.
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El dolor de una madre:
Ayer todavía recordaba. El rostro lo sentía iluminado por el sol verdadero. Ese sol es hoy el mismo. Sólo mi rostro ha cambiado. Ayer algo me alzó algo ayer me acariciaba cercano a lo que hoy día me vulnera y quiere ensombrecerme y aplastarme. Lo que ayer era leve en su certeza hoy es pura terrestre gravedad. Ilusión de los cuerpos y las almas. No más que materia desencantada. Hoy día desperté sin recordar lo que ayer me iluminaba.
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Nov 14, 2011
Nov 14, 2011 at 11:30 AM UTC
Ayer (II)
Cómo surges de antaño, llegando, encandilada, pálida estudiante, a cuya voz aún piden consuelo los meses dilatados y fijos. Sus ojos luchaban como remeros en el infinito muerto con esperanza de sueño y materia de seres saliendo del mar. De la lejanía en donde el olor de la tierra es otro y lo vespertino llega llorando en forma de oscuras amapolas. En la altura de los días inmóviles el insensible joven diurno en tu rayo de luz se dormía afirmado como en una espada. Mientras tanto crece a la sombra del largo transcurso en olvido la flor de la soledad, húmeda, extensa, como la tierra en un largo invierno.
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Fantasma
Amo el campus universitario, sin cabras, con muchachas que pax pacem en latín, que meriendan pas pasa pan con chocolate en griego, que saben lenguas vivas y se dejan besar en el crepúsculo (también en las rodillas) y usan la cocacola como anticonceptivo.                 Ah las flores marchitas de los libros de texto finalizando el curso                             deshojadas cuando la primavera se instala en el culto jardín del rectorado                             por manos todavía adolescentes y roza con sus rosas                             manchadas de bolígrafo y de tiza el rostro ciego del poeta                             transustanciándose en un olor agrio                             a naranjas Homero                             o *****                   Todo eso será un día                   materia de recuerdo y de nostalgia.                   Volverá, terca, la memoria                   una vez y otra vez a estos parajes,                   lo mismo que una abeja                   da vueltas al perfume                   de una flor ya arrancada:                   inútilmente.                   Pero esa luz no se extinguirá nunca:                   llamas que aún no consumen ...ningún presentimiento puede quebrar ]as risas                   que iluminan                   las rosas y ]os cuerpos y cuando el llanto llegue                   como un halo los escombros la descomposición                   que los preserva entre las sombras                   puros no prevalecerán serán más ruina                     absortos en sí mismos y sólo erguidos quedarán intactos todavía más brillantes                     ignorantes de sí esos gestos de amor...                     sin ver más nada.
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Empleo de la nostalgia
Amo el campus universitario, sin cabras, con muchachas que pax pacem en latín, que meriendan pas pasa pan con chocolate en griego, que saben lenguas vivas y se dejan besar en el crepúsculo (también en las rodillas) y usan la cocacola como anticonceptivo.                 Ah las flores marchitas de los libros de texto finalizando el curso                             deshojadas cuando la primavera se instala en el culto jardín del rectorado                             por manos todavía adolescentes y roza con sus rosas                             manchadas de bolígrafo y de tiza el rostro ciego del poeta                             transustanciándose en un olor agrio                             a naranjas Homero                             o *****                   Todo eso será un día                   materia de recuerdo y de nostalgia.                   Volverá, terca, la memoria                   una vez y otra vez a estos parajes,                   lo mismo que una abeja                   da vueltas al perfume                   de una flor ya arrancada:                   inútilmente.                   Pero esa luz no se extinguirá nunca:                   llamas que aún no consumen ...ningún presentimiento puede quebrar ]as risas                   que iluminan                   las rosas y ]os cuerpos y cuando el llanto llegue                   como un halo los escombros la descomposición                   que los preserva entre las sombras                   puros no prevalecerán serán más ruina                     absortos en sí mismos y sólo erguidos quedarán intactos todavía más brillantes                     ignorantes de sí esos gestos de amor...                     sin ver más nada.
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Si de tus dones y, de tus destrucciones, Océano, a mis manos pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.       No es la última ola con su salado peso       la que tritura costas y produce       la paz de arena que rodea el mundo:       es el central volumen de la fuerza,       la potencia extendida de las aguas,       la inmóvil soledad llena de vidas.       Tiempo, tal vez, o copa acumulada       de todo movimiento, unidad pura       que no selló la muerte, verde víscera       de la totalidad abrasadora.       Del brazo sumergido que levanta una gota       no queda sino un beso de la sal. De los cuerpos       del hombre en tus orillas una húmeda fragancia       de flor mojada permanece. Tu energía       parece resbalar sin ser gastada,       parece regresar a su reposo.       La ola que desprendes,       arco de identidad, pluma estrellada,       cuando se despeñó fue sólo espuma,       y regresó a nacer sin consumirse.       Toda tu fuerza vuelve a ser origen.       Sólo entregas despojos triturados,       cascaras que apartó tu cargamento,       lo que expulsó la acción de tu abundancia,       todo lo que dejó de ser racimo.       Tu estatua está extendida más allá de las olas. Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, llanuras levantadas por las olas, forman la piel desnuda del planeta. Llenas tu propio ser con tu substancia. Colmas la curvatura del silencio. Con tu sal y tu miel tiembla la copa, la cavidad universal del agua, y nada falta en ti como en el cráter desollado, en el vaso cerril: cumbres vacías, cicatrices, señales que vigilan el aire mutilado.       Tus pétalos palpitan contra el mundo,       tiemblan tus cereales submarinos,       las suaves ovas cuelgan su amenaza,       navegan y pululan las escuelas,       y sólo sube al hilo de las redes       el relámpago muerto de la escama,       un milímetro herido en la distancia       de rus totalidades cristalinas.
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I
Si de tus dones y, de tus destrucciones, Océano, a mis manos pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.       No es la última ola con su salado peso       la que tritura costas y produce       la paz de arena que rodea el mundo:       es el central volumen de la fuerza,       la potencia extendida de las aguas,       la inmóvil soledad llena de vidas.       Tiempo, tal vez, o copa acumulada       de todo movimiento, unidad pura       que no selló la muerte, verde víscera       de la totalidad abrasadora.       Del brazo sumergido que levanta una gota       no queda sino un beso de la sal. De los cuerpos       del hombre en tus orillas una húmeda fragancia       de flor mojada permanece. Tu energía       parece resbalar sin ser gastada,       parece regresar a su reposo.       La ola que desprendes,       arco de identidad, pluma estrellada,       cuando se despeñó fue sólo espuma,       y regresó a nacer sin consumirse.       Toda tu fuerza vuelve a ser origen.       Sólo entregas despojos triturados,       cascaras que apartó tu cargamento,       lo que expulsó la acción de tu abundancia,       todo lo que dejó de ser racimo.       Tu estatua está extendida más allá de las olas. Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, llanuras levantadas por las olas, forman la piel desnuda del planeta. Llenas tu propio ser con tu substancia. Colmas la curvatura del silencio. Con tu sal y tu miel tiembla la copa, la cavidad universal del agua, y nada falta en ti como en el cráter desollado, en el vaso cerril: cumbres vacías, cicatrices, señales que vigilan el aire mutilado.       Tus pétalos palpitan contra el mundo,       tiemblan tus cereales submarinos,       las suaves ovas cuelgan su amenaza,       navegan y pululan las escuelas,       y sólo sube al hilo de las redes       el relámpago muerto de la escama,       un milímetro herido en la distancia       de rus totalidades cristalinas.
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Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que estrellan y disgregan aunque Dios sea su vientre pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada una libélula de médula una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes un chupochupo súcubo molusco que gota a gota agota boca a boca la mucho mucho gozo la muy total sofoco la toda ¡shock! tras ¡shock! la íntegra colapso es un hermoso síncope con foso un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico un ¡knock out! técnico dichoso si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno el sedimento aglutinante de un precipitado de labios el obsesivo residuo de una solución insoluble un mecanismo radioanímico un terno bípedo bullente un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio y espasmos lírico-dramáticos aunque tal vez sea un espejismo un paradigma un eromito una apariencia de la ausencia una entelequia inexistente las trenzas náyades de Ofelia o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable una despótica materia el paraíso hecho carne una perdiz a la crema.
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Ella
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Lo que no muere
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Over and over again the ongoing psychosis named reality throws at us the vile complications of existence like a rigged tax funded snowball war in which you are forced to enroll when you are born among proletarians and concrete orphans more twisted than Oliver Twist like ghetto kids with knives and narcotic nights men that walk the same sidewalk as you the same asphalt dreams and latent ambitions trapped in the same staircase of materia causing the universe to circle reason and stomp the ant man with work boots of international negligence like something out of an Ingmar Bergman film as the saints will prevail like the flickering candle in an artic snow lantern battling it’s ice ceiling like flying intifada rocks in glass houses while the chess game of psychoanalysis continues like the sorrows of young Werther in the blood of your martyred nightmares
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Mar 19, 2019
Mar 19, 2019 at 5:37 AM UTC
Psychoanalysis
Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales!Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera, aquella de la trenza; la calavera, aquella de la vida!¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin ***** si la madre España cae -digo, es un decir-, salid, niños, del mundo; id a buscarla!...
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Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales!Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera, aquella de la trenza; la calavera, aquella de la vida!¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin ***** si la madre España cae -digo, es un decir-, salid, niños, del mundo; id a buscarla!...
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Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Noche final
Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Sólo la mirada clara Le da surgimiento a la belleza La distiende de su neblina Y la extiende sobre la materia Donde el dolor por extraviarse Soñó con enclaustrarla Hasta el fin de los tiempos. Claridad será por siempre heroísmo.
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Oct 24, 2014
Oct 24, 2014 at 12:05 AM UTC
Cuento
Flashbacks and personifications of appearance, Cashback is the fornication of adherence Shut! with your big mouth proverbial fantasies, Can’t you see this big mountain is just Virtual Reality? If this mud is all matter, then my blood can cure cancer My peers say I’m crazy, but it’s just a chemical reaction, Or perhaps my fears are lately just less than the decimal fraction Ethereal imagery dazzling to the secular eye, But still banes and trifles to what tomorrow holds Either deal with idolatry or the baffling homunculi, than fail stifling on the hallow roads… Hold, should I materialize further than this? No, I’d meteorite farther than this…
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Aug 30, 2018
Aug 30, 2018 at 3:01 AM UTC
Materia
Contemplar las palabras sobre el papel escritas, medirlas, sopesar su cuerpo en el conjunto del poema, y después, igual que un artesano, separarse a mirar cómo la luz emerge de la sutil textura. Así es el viejo oficio del poeta, que comienza en la idea, en el soplo sobre el polvo infinito de la memoria, sobre la experiencia vivida, la historia, los deseos, las pasiones del hombre. La materia del canto nos lo ha ofrecido el pueblo con su voz. Devolvamos las palabras reunidas a su auténtico dueño.
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El oficio del poeta
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol -en verano- y se calla. (¿Dije tranquilamente?: falso, falso: uno se sienta inquieto haciendo extraños gestos, pisoteando las hojas abatidas por la furia de un otoño sombrío, destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos, mordiendo injustamente las uñas de esos dedos, escupiendo en los charcos invernales, golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas que permanecen indiferentes al paso de la primavera, una primavera urbana que asoma con timidez los flecos de sus cabellos verdes allá arriba, detrás del zinc oscuro de los canalones, levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a punto de ser polvo.) Eso es cierto, tan cierto como que tengo un nombre con alas celestiales, arcangélico nombre que a nada corresponde: Ángel, me dicen, y yo me levanto disciplinado y recto con las alas mordidas -quiero decir: las uñas- y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.
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Preámbulo a un silencio
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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Entrada a la madera
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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Yo escribí cinco versos: uno verde, otro era un pan redondo, el tercero una casa levantándose, el cuarto era un anillo, el quinto verso era corto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura. Y bien, los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia, brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños. En una línea de mi poesía secaron ropa al viento. Comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salió de mi costado. Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas, y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes algunos como claveles con zapatos rojos, otros estrictamente vestidos de cadáveres, algunos partidarios del rey y su elevada monarquía, otros se habían enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses, sencillamente ingleses, y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos, con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a disputar mi pobre poesía a las sencillas gentes que la amaban: y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con cien alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petróleo, le dedicaron húmedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequeñas piedrecitas, fueron borrándole vocales, fueron matándole sílabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeño paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesía volvieron a vivir mujeres y hombres, de nuevo hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz y en el amor unieron relámpago y anillo. Y ahora, perdonadme, señores, que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.
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Oda a la crítica
Yo escribí cinco versos: uno verde, otro era un pan redondo, el tercero una casa levantándose, el cuarto era un anillo, el quinto verso era corto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura. Y bien, los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia, brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños. En una línea de mi poesía secaron ropa al viento. Comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salió de mi costado. Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas, y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes algunos como claveles con zapatos rojos, otros estrictamente vestidos de cadáveres, algunos partidarios del rey y su elevada monarquía, otros se habían enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses, sencillamente ingleses, y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos, con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a disputar mi pobre poesía a las sencillas gentes que la amaban: y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con cien alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petróleo, le dedicaron húmedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequeñas piedrecitas, fueron borrándole vocales, fueron matándole sílabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeño paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesía volvieron a vivir mujeres y hombres, de nuevo hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz y en el amor unieron relámpago y anillo. Y ahora, perdonadme, señores, que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.
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