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"cruzar" poems
Forjada en la "Fábrica de Armas y Municiones", la ciudad muerde con sus almenas un pedazo de cielo, mientras el Tajo, alfanje que se funde en un molde de piedra, atraviesa los puentes y la Vega, pintada por algún primitivo castellano de esos que conservaron una influencia flamenca. Ya al subir en dirección a la ciudad, apriétase en las llaves la empuñadura de una espada, en tanto que un vientecillo nos va enmoheciendo el espinazo para insuflarnos el empaque que los aduaneros exigen al entrar. ¡Silencio! ¡Silencio que nos extravía las pupilas y nos diafaniza la nariz! ¡Silencio! Perros que se pasean de golilla con los ojos pintados por el Greco. Posadas donde se hospedan todavía los protagonistas del "Lazarillo" y del "Buscón". Puertas que gruñen y se cierran con las llaves que se le extraviaron a San Pedro. ¡Para cruzar sobre las, murallas y el Alcázar las nubes ensillan con arneses y paramentos medioevales! Hidalgos que se alimentan de piedras y de orgullo, tienen la carne idéntica a la cera de los exvotos y un tufo a herrumbre y a ratón. Hidalgos que se detienen para escupir con la jactancia con que sus abuelos tiraban su escarcela a los leprosos. Los pies ensangrentados por los guijarros, se gulusmea en las cocinas un olorcillo a inquisición, y cuando las sombras se descuelgan de los tejados, se oye la gesta que las paredes nos cuentan al pasar, a cuyo influjo una pelambre nos va cubriendo las tetillas. ¡Noches en que los pasos suenan como malas palabras! ¡Noches, con gélido aliento de fantasma, en que las piedras que circundan la población celebran aquelarres goyescos! ¡Juro, por el mismísimo Cristo de la Vega, que a pesar del cansancio que nos purifica y nos despoja de toda vanidad, a veces, al atravesar una calleja, uno se cree Don Juan!
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Toledo
Forjada en la "Fábrica de Armas y Municiones", la ciudad muerde con sus almenas un pedazo de cielo, mientras el Tajo, alfanje que se funde en un molde de piedra, atraviesa los puentes y la Vega, pintada por algún primitivo castellano de esos que conservaron una influencia flamenca. Ya al subir en dirección a la ciudad, apriétase en las llaves la empuñadura de una espada, en tanto que un vientecillo nos va enmoheciendo el espinazo para insuflarnos el empaque que los aduaneros exigen al entrar. ¡Silencio! ¡Silencio que nos extravía las pupilas y nos diafaniza la nariz! ¡Silencio! Perros que se pasean de golilla con los ojos pintados por el Greco. Posadas donde se hospedan todavía los protagonistas del "Lazarillo" y del "Buscón". Puertas que gruñen y se cierran con las llaves que se le extraviaron a San Pedro. ¡Para cruzar sobre las, murallas y el Alcázar las nubes ensillan con arneses y paramentos medioevales! Hidalgos que se alimentan de piedras y de orgullo, tienen la carne idéntica a la cera de los exvotos y un tufo a herrumbre y a ratón. Hidalgos que se detienen para escupir con la jactancia con que sus abuelos tiraban su escarcela a los leprosos. Los pies ensangrentados por los guijarros, se gulusmea en las cocinas un olorcillo a inquisición, y cuando las sombras se descuelgan de los tejados, se oye la gesta que las paredes nos cuentan al pasar, a cuyo influjo una pelambre nos va cubriendo las tetillas. ¡Noches en que los pasos suenan como malas palabras! ¡Noches, con gélido aliento de fantasma, en que las piedras que circundan la población celebran aquelarres goyescos! ¡Juro, por el mismísimo Cristo de la Vega, que a pesar del cansancio que nos purifica y nos despoja de toda vanidad, a veces, al atravesar una calleja, uno se cree Don Juan!
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Silencio que naufraga en el silencio de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Silencio. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Silencio. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, el corazón de los que malhirieron. Silencio. Van derramando piernas, brazos, ojos, van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, otra vía láctea de estelares miembros. Silencio. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Silencio. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. Para vivir, con un pedazo basta: en un rincón de carne cabe un hombre. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
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El tren de los heridos
Elige ¡oh, Juan! un amigo Franco, sincero y honrado, Que cuando estés a su lado No extrañes no estar conmigo. Un joven que imite a un viejo En lo juicioso y prudente, Que te conforte y aliente Siempre que te dé un consejo. Que se interese en tu bien, Que censure tus errores, Y en tus dichas y dolores Se alegre y sufra también. Que nunca te incline al mal, Que no te engañe ni adule, Y te aplauda o te estimule Con desinterés igual. No un farsante, un caballero Por hechos, no por blasones; Que sea en todas tus acciones, No un cómplice, un compañero. Que puedas darle tu mano Sin temor de que la manche; Un ser que el alma te ensanche Cuando le llames hermano. No le canse tu exigencia, Ni tu carácter le hostigue, Piensa bien cuánto consigue La mutua condescendencia. Que no ostente falsas galas, Que no oculte la verdad, Y sepa que la amistad Es sólo el amor sin alas. ¡Oh mi Juan!, yo te lo digo, Por este mundo al cruzar Es muy difícil hallar Este tesoro, un amigo. Y es tan grave su elección, Que te lo puedo decir, Compromete al porvenir, Compromete al corazón. Y tanto influye en la suerte Del necio que se descuida, Que un buen amigo es la vida Y un mal amigo, la muerte. Como tu dicha es mi afán, No busques falsos testigos, Tus libros y tus amigos, Preséntamelos, mi Juan.
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Amigos y libros
Es una aventura conocerte, caminar y obedecerte, y vivir por ti... Es una aventura estar contigo, caminar y ser tu amigo y vivir por ti, es una aventura cada día si te tengo a ti, si te tengo a ti, Es una aventura, el mar puedo cruzar, camino sobre el agua si tu conmigo vas, es una aventura cruzar por el umbral que lleva a lo imposible si tu conmigo vas. Si tu conmigo vas Es una aventura que no acaba al confiar en tu palabra y seguirte a ti, es una aventura cuando creo sin importar lo que yo veo cuando estas ahí. Es una aventura cada día si te tengo a ti, si te tengo a ti... Es una aventura el mar puedo cruzar, camino sobre el agua si tu conmigo vas, es una aventura cruzar por el umbral que lleva a lo imposible si tu conmigo vas, si tu conmigo vas Es una aventura el mar puedo cruzar camino sobre el agua si tu conmigo vas... Es una aventura cruzar por el umbral, que lleva a lo imposible si tu conmigo vas... camino sobre el agua si tu conmigo vas, no hay nada imposible si tu, solo tu, si tu conmigo vas.
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Nov 3, 2015
Nov 3, 2015 at 3:32 AM UTC
Marcela Gandara - Es Una Aventura
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 12:24 PM UTC
Untitled
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Las dulces mensajeras de la tristeza son... son avecillas negras, negras como la noche. ¡Negras como el dolor! ¡Las dulces golondrinas que en invierno se van y que dejan el nido abandonado y solo para cruzar el mar! Cada vez que las veo siento un frío sutil... ¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas amantes de abril! ¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes, a las tierras extrañas, la migaja de pan! ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales, con las alas de luto llegaos hasta mí! Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad de un volido tan sólo, eterno y más eterno la inmensidad del mar... ¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... ¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, la fuente del amor?... ¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! Yo soy una bohemia, una pobre bohemia ¡Llevadme donde vais! ¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, que tengo el alma enferma porque no puedo irme volando yo también? ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto llegaos hasta mí! ¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... ¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas tejidas en azul!
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Golondrinas
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Enfermedades en mi casa
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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El peñón enarca su espinazo de tigre que espera dar un zarpazo en el canal. Agarradas a la única calle, como a una amarra, las casas hacen equilibrio para no caerse al mar, donde los malecones arrullan entre sus brazos a los buques de guerra, que tienen epidermis y letargos de cocodrilo. Las caras idénticas a esas esculturas que los presidiarios tallan en un carozo de aceituna, los indios venden marfiles de tibias de mamut, sedas auténticas de Munich, juegos de te, que las señoras ocultan bajo sus faldas, con objeto de abanicar su azoramiento al cruzar la frontera. Hartos de tierra firme, las marineros se embarcan en los cafés, hasta que el mareo los zambulle bajo las mesas, o tocan a rebato con las campanas de sus pantalones para que las niñeras acudan a agravar sus nostalgias, de países lejanos, con que las pipas inciensan las veredas de la ciudad.
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Gibraltar
No puedo hablar su idioma, pero Es fuerte en mi corazón; Vi a un niño Y supe entonces que mi corazón era el mismo; Cruzar la arena o un río es hacer una vida mejor; Pero ¿es para cambiar la historia o para reclamarla? ¿No hay remedio? El movimiento del pueblo siempre ha sido así, Pero lo único que no haremos es el pecado Y esperan ser perdonados; Es nuestra decisión y su vida; Él no pidió ir, Ahora no puede quedarse; El río no sabe quién sufre más; Aún se eleva y cae en el corazón de los indefensos; La única cultura que tenemos es la que cambia; Eso es libertad; El único amor o el odio que es honesto, Es lo que digo a sus hijos Para un niño, la vida; Para su padre, el orgullo; No soy la ley, en cambio Soy ligero Porque elijo la luz; Pero también soy oscuridad, Porque me escondo detrás del miedo de estar equivocado, En vez del valor de la compasión; La lucha está en nuestro corazón y mente; Es la forma en que elegimos vivir y morir Estas personas que cruzan; ¿Por qué están ellos aquí? Sabemos por qué; Hay alguien tan fuerte ¿Quién viviría donde no se quieren? Hay alguien tan débil ¿Quién tendría miedo de sus hijos?
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Apr 5, 2017
Apr 5, 2017 at 9:08 AM UTC
Yo elijo la luz
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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Elegía para ti y para mí
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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En el decenio que siguió a la crisis se notó la declinación del coeficiente de ternura en todos los países considerados o sea tu país mí país los países que crecían entre tu alma y mi alma de repente duraban un instante y antes de irse o desaparecer dejaban caer sábanas llenas de nuestros sexos que salían volando alrededor como perdices. ¿Quiere decir que cada vez que hicimos el amor dejábamos nuestros sexos allí, y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas? Qué raro, mirá que lavábamos las sábanas con subordinación y valor para que los jugos de la noche pasada no inauguraran el pasado y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros para ordenarnos el hoy porque el alma amorosa es desordenada y perfecta tiene mucha limpieza y lindura se necesita todo un Dios para encerrarla como le pasó a Don Francisco que así pudo cruzar el agua fría de la muerte. Es bien raro eso de nuestros sexos volando pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu **** y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia y dulzura y valor me parecía oír un pajarerío en el bosque de vos como amor encendiendo otro amor, o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban y se ponían a dar vueltas entre ellos como maripositas encandiladas por el fuego y se querían morir de nuevo buscando incesantemente la libertad y había un país entre la vida y la muerte donde todo era consolación y hermosura y no poseíamos nuestro corazón y nuestros sexos se perdían como almas en la noche y nunca más los volvíamos a ver para entender estudio los índices de la tasa de inversión bruta los índices de la productividad marginal de las inversiones los índices de crecimiento del producto amoroso otros índices que es aburrido hablar aquí y no entiendo nada. La economía es bien curiosa al pequeño ahorrista del alma lo engañan en Wall Street los sueldos de la ternura son bajos subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor, el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes, eso no le da dicha ni desdicha en medio de las razones las redenciones las resurrecciones. Se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes estoy viendo volar los pajaritos que te salían del **** mejor dicho de más allá todavía de todo lo que valías o brillabas o eras y dabas como jugos de la noche
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La economía es una ciencia
En el decenio que siguió a la crisis se notó la declinación del coeficiente de ternura en todos los países considerados o sea tu país mí país los países que crecían entre tu alma y mi alma de repente duraban un instante y antes de irse o desaparecer dejaban caer sábanas llenas de nuestros sexos que salían volando alrededor como perdices. ¿Quiere decir que cada vez que hicimos el amor dejábamos nuestros sexos allí, y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas? Qué raro, mirá que lavábamos las sábanas con subordinación y valor para que los jugos de la noche pasada no inauguraran el pasado y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros para ordenarnos el hoy porque el alma amorosa es desordenada y perfecta tiene mucha limpieza y lindura se necesita todo un Dios para encerrarla como le pasó a Don Francisco que así pudo cruzar el agua fría de la muerte. Es bien raro eso de nuestros sexos volando pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu **** y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia y dulzura y valor me parecía oír un pajarerío en el bosque de vos como amor encendiendo otro amor, o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban y se ponían a dar vueltas entre ellos como maripositas encandiladas por el fuego y se querían morir de nuevo buscando incesantemente la libertad y había un país entre la vida y la muerte donde todo era consolación y hermosura y no poseíamos nuestro corazón y nuestros sexos se perdían como almas en la noche y nunca más los volvíamos a ver para entender estudio los índices de la tasa de inversión bruta los índices de la productividad marginal de las inversiones los índices de crecimiento del producto amoroso otros índices que es aburrido hablar aquí y no entiendo nada. La economía es bien curiosa al pequeño ahorrista del alma lo engañan en Wall Street los sueldos de la ternura son bajos subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor, el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes, eso no le da dicha ni desdicha en medio de las razones las redenciones las resurrecciones. Se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes estoy viendo volar los pajaritos que te salían del **** mejor dicho de más allá todavía de todo lo que valías o brillabas o eras y dabas como jugos de la noche
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Ausente! La mañana en que me vaya más lejos de lo lejos al Misterio, como siguiendo inevitable raya, tus pies resbalarán al cementerio. Ausente! La mañana en que a la playa del mar de sombra y del callado imperio, como un pájaro lúgubre me vaya, será el blanco panteón tu cautiverio. Se, habrá hecho de noche en tus miradas; y sufrirás, y tomarás entonces penitentes blancuras laceradas. Ausente! Y en tus propios sufrimientos ha de cruzar entre un llorar de bronces una jauría de remordimientos!
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Ausente
Ya era muy viejecita... Y un año y otro año se fue quedando sola con su tiempo sin fin. Sola con su sonrisa de que nada hace daño, sola como una hermana mayor en su jardín. Se fue quedando sola con los brazos abiertos, que es como crucifican los hijos que se van, con su suave manera de cruzar los cubiertos, y aquel olor a limpio de sus batas de holán. Déjenme recordarla con su vals en el piano, como yéndose un poco con lo que se le fue; y con qué pesadumbre se mira la mano cuando le tintineaba su taza de café. Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa, en su casita blanca y en su lento sillón; y si alguien no conoce que soledad es esa, no sabe cuánta muerte cabe en un corazón. Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas, en aquel «hasta pronto» que fue un adiós final, aprendí que unas manos pueden ser mariposas, dos mariposas tristes volando en su portal. Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo. Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió: Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando, ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.
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Ya era muy viejecita
Mejor no quiero verte... Sería tan sencillo cruzar dos o tres calles y tocar en tu puerta... Y tú me mirarías con tus ojos sin brillo, sin poder sonreírme: Con tu sonrisa muerta. Mejor no quiero verte; porque va a hacerme daño pasar por aquel parque de la primera cita. Y no sé si aún florecen los jazmines de antaño, ni sé quién es ahora la mujer más bonita. Mejor no quiero verte; porque andando en tu acera, sentiré casi ajeno todo lo que fue mío. Aunque es sólo una esquina donde nadie me espera, y unos cristales rotos en un balcón vacío. Sí. Seguiré muriendo de mi pequeña muerte de hace ya tantos años, el día que me fui. Pues por no verte vieja, mejor no quiero verte. Pero tampoco quiero que me veas tú a mí.
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Mejor no quiero verte
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Galope muerto
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Moría lentamente la tarde y fatigado, De una encina a la sombra, se hallaba Adán sentado. Rumiaban los rebaños en los verdes boscajes, Y las nubes se orlaban de vividos celajes. Adán, ya su trabajo del día concluido, Pensando en el misterio de lo desconocido, Y triste, como en éxtasis, iba siguiendo el vuelo De las aves errantes por la extensión del cielo; Y al ver del infinito, radiante, azul, el manto, Do asomaban estrellas, brotó a sus ojos llanto. «¡Dios mío!» dijo entonces, y era su voz reproche: «¿Por qué no tengo alas? Yo quiero de la noche Atravesar las sombras; quiero ese mar profundo De brumas y de nubes que flota sobre el mundo Cruzar en raudo vuelo, y antes de que la muerte Venga a cerrar mis ojos, entre tu gloria verte. La vida así sería menos amarga y triste». Y Dios repuso entonces: «Tendrás lo que pediste. ¿Sufres porque no tienes alas y porque ansias alzarte de la tierra y oír las armonías Celestes, en esferas de luz y eterna calma? Mortal: para que vueles, alas daré a tu alma». Desde entonces sus alas el Pensamiento tiende A regiones ignotas do el Ideal esplende, A mundos que en sus sueños forjó la Fantasía... Y así Dios, una tarde, creó la Poesía.
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Cómo nació la poesía
Al amor que rompí... Rompiste... ¡Rompimos! Construímos cerros y derribamos montañas Pedradas, o balas, hirientes medallas de honor clavándose en la fresca carne de mi pecho Brota la hirviente sangre, gota por gota, manchando el uniforme que porto con orgullo Intacto orgullo Mentiras y miedo Fachadas pulcras ocultan el deshecho interior Cobarde Egoísta petición haces... Yo cumplo Elevamos puentes para cruzar estrechos Palabras que el viento se lleva, convierte en huracán y azota de nuevo en mi contra En mi oído el estruendo del trueno que se estrella en mi mente Desbalance químico Apatía total Te levanto para volverte a tirar Me tiras para volverme a levantar Levantamos la voz y el corazón por los suelos recogiendo el polvo de la planta de nuestros pies descalzos callosos de tanto andar sobre cristales, clavos, carbones vivos Vivos, y nosotros muertos Al amor que rompí... Rompiste... ¡Rompimos! A ese amor imploro dame vida una vez más
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Feb 12, 2019
Feb 12, 2019 at 12:33 PM UTC
Al amor que rompí...
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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Ii. tres meses
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra, de qué lámina persa, de qué región arcana de las noches y días que nuestro ayer encierra, vino la cierva blanca que soñé esta mañana? Duraría un segundo. La vi cruzar el prado y perderse en el oro de una tarde ilusoria, leve criatura hecha de un poco de memoria y de un poco de olvido, cierva de un solo lado. Los númenes que rigen este curioso mundo me dejaron soñarte pero no ser tu dueño; tal vez en un recodo del porvenir profundo te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño. Yo también soy un sueño fugitivo que dura unos días más que el sueño del prado y la blancura.
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La cierva blanca*
Aquí, solo en la noche, ya es posible la muerte. Morir es poca cosa si tu amor está lejos. Puedo cerrar los ojos y apagar las estrellas. Puedo cerrar los ojos y pensar que ya he muerto. Puedo matar tu nombre pensando que no existes. Ahora, solo en la noche, sé que todo lo puedo. Puedo extender los brazos y morir en la sombra, y sentir el tamaño del mundo en mi silencio. Puedo cruzar los brazos mirándote desnuda, y navegar por ríos que nacen en tu sueño. Sé que todo lo puedo porque la noche es mía, la gran noche que tiembla de un extraño deseo. Sé que todo lo puedo, porque puedo olvidarte: Sí. En esta sombra, solo, sé que todo lo puedo. Y ya ves: me contento con cerrar bien los ojos y apagar las estrellas y pensar que me he muerto.
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Nocturno viii
¡Mi soledad sin descanso! Ojos chicos de mi cuerpo y grandes de mi caballo, no se cierran por la noche ni miran al otro lado, donde se aleja tranquilo un sueño de trece barcos. Sino que, limpios y duros escuderos desvelados, mis ojos miran un norte de metales y peñascos, donde mi cuerpo sin venas consulta naipes helados.Los densos bueyes del agua embisten a los muchachos que se bañan en las lunas de sus cuernos ondulados. Y los martillos cantaban sobre los yunques sonámbulos, el insomnio del jinete y el insomnio del caballo.El veinticinco de junio le dijeron a el Amargo: Ya puedes cortar si gustas las adelfas de tu patio. Pinta una cruz en la puerta y pon tu nombre debajo, porque cicutas y ortigas nacerán en tu costado, y agujas de cal mojada te morderán los zapatos.Será de noche, en lo oscuro, por los montes imantados, donde los bueyes del agua beben los juncos soñando. Pide luces y campanas. Aprende a cruzar las manos, y gusta los aires fríos de metales y peñascos. Porque dentro de dos meses yacerás amortajado.Espadón de nebulosa mueve en el aire Santiago. Grave silencio, de espalda, manaba el cielo combado.El veinticinco de junio abrió sus ojos Amargo, y el veinticinco de agosto se tendió para cerrarlos. Hombres bajaban la calle para ver al emplazado, que fijaba sobre el muro su soledad con descanso. Y la sábana impecable, de duro acento romano, daba equilibrio a la muerte con las rectas de sus paños.
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Romance del emplazado
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Buena suerte, muchacha. Lucirás muy bonita con el velo de novia y el ramo de azahar, pero sin el sonrojo de la primera cita, sino pálida y seria delante del altar. Pronto será la boda. Pero acaso un despecho, amargará las noches de tu luna de miel, si al abrir una puerta reconoces un lecho o al cruzar un pasillo recuerdas otro hotel. Sin embargo, muchacha, cuando termine el viaje, ya serás la señora de no sé qué señor, aunque tal vez descubras, al abrir tu equipaje, que en la prisa, ¡qué pena!, se te olvidó el amor.
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Poema de la desposada
¡Cuántas veces, al pie de las musgosas paredes que la guardan, oí la esquila que al mediar la noche a los maitines llama!¡Cuántas veces trazó mi silueta la luna plateada, junto a la del ciprés, que de su huerto se asoma por las tapias!Cuando en sombras la iglesia se envolvía, de su ojiva calada, ¡cuántas veces temblar sobre los vidrios vi el fulgor de la lámpara!Aunque el viento en los ángulos oscuros de la torre silbara, del coro entre las voces percibía su voz vibrante y clara.En las noches de invierno, si un medroso por la desierta plaza se atrevía a cruzar, al divisarme el paso aceleraba.Y no faltó una vieja que en el torno dijese a la mañana, que de algún sacristán muerto en pecado acaso era yo el alma.A oscuras conocía los rincones del atrio y la portada; de mis pies las ortigas que allí crecen las huellas tal vez guardan.Los búhos, que espantados me seguían con sus ojos de llamas, llegaron a mirarme con el tiempo como a un buen camarada.A mi lado sin miedo los reptiles se movían a rastras; hasta los mudos santos de granito creo que me saludaban.
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Rima lxx