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"saliendo" poems
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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Agua ******
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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Andando en las arenas yo decidí dejarte. Pisaba un barro oscuro que temblaba, y hundiéndome y saliendo decidí que salieras de mí, que me pesabas como piedra cortante, y elaboré tu pérdida paso a paso: cortarte las raíces, soltarte sola al viento. Ay, en ese minuto, corazón mío, un sueño con sus alas terribles te cubría. Te sentías tragada por el barro, y me llamabas y yo no acudía, te ibas, inmóvil, sin defenderte hasta ahogarte en la boca de arena. Después mi decisión se encontró con tu sueño, y desde la ruptura que nos quebraba el alma, surgimos limpios otra vez, desnudos, amándonos sin sueño, sin arena, completos y radiantes, sellados por el fuego.
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El sueño
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:20 PM UTC
Siento tu ternura allegarse a mi tierra
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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se que me ves, y se que no. me ves, si, lo se, no estas ciego; se que ves mi cara, no tan placentera, tal vez, no la mas hermosa, ya se. se que ves mi cuerpo, lo encuentras en las noches, saliendo a escapadas, amando así de rápido, y se que ves mi piel, sus cicatrices y lunares, se que la ves. se que ves mis ojos, oscuros y cansados, yo se que ves mi cabello, desordenado, ***** lo se, se que si me ves. y se que no me ves para nada; se que no ves ni la mitad de la persona que soy; se que ni te interesa. se que no ves el temblor que causas en mi, los latidos que se salta mi corazon, se que no ves la tristeza de mis ojos, las lagrimas congeladas, el cansancio que me traes... no me ves, no me ves. y no me buscas, y no me encuentras, aunque siga aquí esperando, a que veas, me veas y veas que te quiero, que nadie mas te quiere así, que te adoro, tal y como eres, sin excusas y razones, solo con ser, y con ver que eres digno de ser amado así, como te quiero yo, como Frida y Diego, disfuncional, caótico, con dolor y con ternura, como la tortura del mili-segundo antes de que nuestros labios se conozcan después de tantos meses de estar lejos... así. pero no me ves, no me ves.
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Feb 5, 2013
Feb 5, 2013 at 11:30 AM UTC
No me ves?
En el agua clara veo nuestros suaves reflexiones y las sombras solas y misteriosas debajo de glaciales enormes La luz del sol brillante se esconde debajo de nubes opacos me da escalofrios de temor y desaparecemos silenciosamente en la oscuridad El frio me atrapa en sus manos con el viento soplande en mi oido como un nino diciendome un secreto y el sol empieza a salir Ahorra siento esperanza veo la luz vislumbrante del sol poco a poco saliendo de las nubes y me siento libre y feliz
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Apr 10, 2013
Apr 10, 2013 at 7:59 PM UTC
El Viaje Misterioso
Cómo surges de antaño, llegando, encandilada, pálida estudiante, a cuya voz aún piden consuelo los meses dilatados y fijos. Sus ojos luchaban como remeros en el infinito muerto con esperanza de sueño y materia de seres saliendo del mar. De la lejanía en donde el olor de la tierra es otro y lo vespertino llega llorando en forma de oscuras amapolas. En la altura de los días inmóviles el insensible joven diurno en tu rayo de luz se dormía afirmado como en una espada. Mientras tanto crece a la sombra del largo transcurso en olvido la flor de la soledad, húmeda, extensa, como la tierra en un largo invierno.
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Fantasma
Debo esperar toda la noche para ver el amanecer; sin embargo, hoy no tengo ganas de esperar. La belleza de un nuevo día se vuelve motor de ilusión, pero a tu lado ya no es necesario. Debo dejar marchitar la rosa y que vuele al viento, pero en tus brazos el deber se vuelve castigo. Mis manos buscan las tuyas en muestra de deseo, mientras tú yaces inomovil esperando la caricia. El corazón no se contecta con quimeras de noche, en lo oscuro se confude el amor con la pasión. Y mientras el humo se desvanece, tambien la noche Debo esperar al amenecer, falta tan poco. Debo calentarme en tus brazos, lo necesito. Poco a poco el sol va saliendo, y admirando tu cuerpo en la cama enciendo uno más. La espesa neblina completa tu misión. Me levanto y parto, ya ha salido el sol; Es un nuevo día. No necesito tu calor de invernadero, ya ha salido el sol.
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Oct 21, 2015
Oct 21, 2015 at 3:16 PM UTC
El Sol
Era el crepúsculo de la iguana. Desde la arcoirisada crestería su lengua como un dardo se hundía en la verdura, el hormiguero monacal pisaba con melodioso pie la selva, el guanaco fino como el oxígeno en las anchas alturas pardas iba calzando botas de oro, mientras la llama abría cándidos ojos en la delicadeza del mundo lleno de rocío. Los monos trenzaban un hilo interminablemente erótico en las riberas de la aurora, derribando muros de polen y espantando el vuelo violeta de las mariposas de Muzo. Era la noche de los caimanes, la noche pura y pululante de hocicos saliendo del légamo, y de las ciénagas soñolientas un ruido opaco de armaduras volvía al origen terrestre. El jaguar tocaba las hojas con su ausencia fosforescente, el puma corre en el ramaje como el fuego devorador mientras arden en él los ojos alcohólicos de la selva. Los tejones rascan los pies del río, husmean el nido cuya delicia palpitante atacarán con dientes rojos. Y en el fondo del agua magna, como el círculo de la tierra, está la gigante anaconda cubierta de barros rituales, devoradora y religiosa.
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Algunas bestias
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Sólo la muerte
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Señora, dicen que dónde, mi madre dicen, dijeron, el agua y el viento dicen que vieron al guerrillero. Puede ser un obispo, puede y no puede, puede ser sólo el viento sobre la nieve: sobre la nieve, sí, madre, no mires, que viene galopando Manuel Rodríguez. Ya viene el guerrillero por el estero. Saliendo de Melipilla, corriendo por Talagante, cruzando por San Fernando, amaneciendo en Pomaire. Pasando por Rancagua, por San Rosendo, por Cauquenes, por Chena, por Nacimiento: por Nacimiento, sí, desde Chiñigüe, por todas partes viene Manuel Rodríguez. Pásale este clavel, Vamos con él. Que se apaguen las guitarras, que la patria está de duelo. Nuestra tierra se oscurece. Mataron al guerrillero. En Til-Til lo mataron los asesinos, su espada está sangrando sobre el camino: sobre el camino, sí. Quién lo diría, él, que era nuestra sangre, nuestra alegría. La tierra está llorando. Vamos callando.
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Xxv
Tengo olor de tierra. Tengo sabor de café y miel en la lengua, Tengo un saxofón, un acordeón y un par de teclas que caminan. Que se mueven despacio, que también saben violentarse, jadeándose entre pasos al ritmo de un guaguancó. Se liberan al ritmo de un son cubano, Se rompen la espalda en una quebradita, pues soy chaparrita. Un Merengue suavecito de mi adorada Quisqueya. Mi patria bella, con sus mulatas, y azúcar en la cintura. Llevo a Puerto Rico en una Salsa o una Bomba y Plena que espante la monotonía, y en una Cumbia Colombiana, me conecto a todos mis paisas. Llevo un gaucho argentino con un Mate, un Gardel y un buen Tango en el corazoncito. Entre doble pasos va saliendo mi espíritu gitano. Voy moviendo el piso al sonido de un Flamenco. y si llegan a sentir una Zamba se transportan mis pies a Brasil y bailo y hablo en portugués. No, yo no tengo patria, llevo la música en el alma. No, yo no soy bailarina. Si, voy viajado el mundo en sonidos de artistas con sueños. Yo soy negra y a puro orgullo, fluye por mi cuerpo el sonido del pueblo, Los tambores de África percutan por mis pies. Yo soy del sonido que alegre mis pies. Yo soy del país que me acoja en su ritmo. Yo soy del mundo, Yo soy música. Yo soy los pies que bailan por la paz, por la justicia, por la igualdad. Yo soy música y no más! LeydisProse 6/9/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 9, 2017
Jun 9, 2017 at 2:10 PM UTC
LLEVO LA MUSICA EN LOS PIES
La misma calidad que el sol de tu país, saliendo entre las nubes: alegre y delicado matiz en unas hojas, fulgor de un cristal, modulación del apagado brillo de la lluvia. La misma calidad que tu ciudad, tu ciudad de cristal innumerable idéntica y distinta, cambiada por el tiempo: calles que desconozco y plaza antigua de pájaros poblada, la plaza en que una noche nos besamos. La misma calidad que tu expresión, al cabo de los años, esta noche al mirarme: la misma calidad que tu expresión y la expresión herida de tus labios. Amor que tiene calidad de vida, amor sin exigencias de futuro, presente del pasado, amor más poderoso que la vida: perdido y encontrado. Encontrado, perdido...
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Amor más poderoso que la vida
"en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sammy mccoy parado en sus dos niños el que fue el que sería "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sin embargo antes había bebido toda la leche de la mañana jugos del cielo o de la vaca madre según untándola con los sueños que se le cían de la noche anterior sammy mccoy era odiado frecuentemente por una mujer que no le daba hijos sino palos en la cabeza en el costado en la mitad del desayuno esa fiebre de cada palo que le dieron brotó una flor de leche o fiebre que le comía el corazón peor todo se come el corazón y sammy nunca se rendía sammy mccoy no se rendía defendiéndose con nada: con la memoria del calor con la cucharita que perdió una vez revolviendo la infancia con todo lo que iba rezando o padeciendo con su pelela mesmamente así del pecho le fue saliendo una dragona con pañuelo y la luz como muchacha envuelta en aire como dos niños sobre los que niño sammy mccoy se paraba y "en qué consiste el juego de la muerte" preguntaba ya cara a cara con la gran dolora cuando murió sammy mccoy los dos niños se le despegaron el que fue se le pudrió y el que iba a ser también y de todos modos fueron juntos lo que la lluvia o sol o gran planeta o la sistema de vivir separan la muerte lo junta otra vez pero sammy mccoy habló todavía "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó y ya más nada preguntó de sus falanges ángeles con mudos salían con la boca tapada a cucharita a memoria a calor "güeya güeya" gritaban sus dos niños ninguna mujer salvo la sombra los juntó qué vergüenzas animales y las caritas les brillaban calientes así ha de ser caritas de oro señoras presidentas o almas cuyas acabaran a los pieses de sammy el que camina sammy mccoy pisó el sol y partió
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Lamento por la cucharita de sammy mccoy
"en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sammy mccoy parado en sus dos niños el que fue el que sería "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sin embargo antes había bebido toda la leche de la mañana jugos del cielo o de la vaca madre según untándola con los sueños que se le cían de la noche anterior sammy mccoy era odiado frecuentemente por una mujer que no le daba hijos sino palos en la cabeza en el costado en la mitad del desayuno esa fiebre de cada palo que le dieron brotó una flor de leche o fiebre que le comía el corazón peor todo se come el corazón y sammy nunca se rendía sammy mccoy no se rendía defendiéndose con nada: con la memoria del calor con la cucharita que perdió una vez revolviendo la infancia con todo lo que iba rezando o padeciendo con su pelela mesmamente así del pecho le fue saliendo una dragona con pañuelo y la luz como muchacha envuelta en aire como dos niños sobre los que niño sammy mccoy se paraba y "en qué consiste el juego de la muerte" preguntaba ya cara a cara con la gran dolora cuando murió sammy mccoy los dos niños se le despegaron el que fue se le pudrió y el que iba a ser también y de todos modos fueron juntos lo que la lluvia o sol o gran planeta o la sistema de vivir separan la muerte lo junta otra vez pero sammy mccoy habló todavía "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó y ya más nada preguntó de sus falanges ángeles con mudos salían con la boca tapada a cucharita a memoria a calor "güeya güeya" gritaban sus dos niños ninguna mujer salvo la sombra los juntó qué vergüenzas animales y las caritas les brillaban calientes así ha de ser caritas de oro señoras presidentas o almas cuyas acabaran a los pieses de sammy el que camina sammy mccoy pisó el sol y partió
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En nuestra adversidad nos encontramos buscando aquello que no sabíamos reconocer anhelando lo que no quisimos tentando al destino burlando a la suerte en tus ojos mi mirada en tus manos mis días y noches en tus labios mi nombre confundidos caminamos avanzando paso a paso cayendo en el camino y levantándonos de nuevo siempre juntos con el mismo destino final desconocido y familiar invitándonos a sentir a dejar morir parte de nosotros para ser revividos con fuerza renovada y emociones encontradas construyéndonos de nuevo de los escombros de temblores pasados saliendo a respirar de nuevo el aire del cual fuimos egoístamente privados me invadiste como una plaga rápidamente infectándome y curándome del mal que antes padecía sonrisas y carcajadas lágrimas y besos la idea del amor más puro de las estrellas conspirando en mi favor para escribir en mi firmamento la nueva historia que hoy contamos sin un final cercano
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Nov 9, 2017
Nov 9, 2017 at 3:37 PM UTC
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Galope muerto
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Quiero irme lejos A algún pequeño departamento en un 5to piso Cuatro paredes de ladrillos que me vigilen Sin calefacción y el frío tocando todo, Un colchón volador que jamás abandona el piso Silencio que sirve de abrigo Junto a los restos de una pizza de hace dos días. Sostén junto a la esquina desde hace un mes al igual que los platos si lavar Cigarros asesinados una vez más tratando de vencer mi ansiedad. Pintura seca y letras escritas sin cesar. Por la ventana se ve caer constante la lluvia Haciendo recreación de mis ojos cada noche desde hace un tiempo atrás. Mi cobija que sirve como armadura Contra todo aquello que no puedo controlar Uñas al mínimo, La depresión gana de nuevo. Mis bolsillos en 0, Justo como mis amigos. Mis sueños atacan, y los dejo jugar a su manera llevándome de un lado a otro Entrando y saliendo de pesadilla a pesadilla De realidad a realidad Recuerdos que queman cuan licor amargo un viernes por la noche. Notas escritas y mensajes sin borrar Llamadas perdidas que nunca deseo contestar Cosas filosas ocultas Ya que jamás sabes hasta dónde serás capaz de llevar todo este circo Y eso está bien, Realmente estoy feliz aquí En mi pequeño castillo de papel Que se sacude cada vez que gimo Cada vez que me levanto gritando Con cada nota de placer auto creado En mis pequeñas cuarto paredes.
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Sep 8, 2017
Sep 8, 2017 at 8:28 PM UTC
Cuatro paredes
Soy canela y soy sazón mas no soy Dalila amor, no me tengas miedo Sanson, usa tu pluma como bruta fuerza que ahí esta tu destreza, destroza mis miedos en prosa, hazme roció en tu boca. No me invites y cierres la puerta, que tempranito hay que mojar la tierra, con la luna amaneciendo arraigamos los deseos, fertilicemos las pasiones devorando los granos de la cosecha, en una pasión desmedida, con furia se deslizan entre tintas de mil colores que relatan nuestros versos en uno que otro beso, versando sobre el amor, al sol veremos saliendo, amamantándonos los miedos en la cuna de lo prohibido, que suele ser el mismo elixir de la vida. No tengas miedo niño travieso, que en mis brazos hay fuego, en mis caderas hay un túnel con agua fresca que absuelve cada pecado que cometas. No tengas miedo niño travieso, escucharemos a Piero, un poco de Pavarotti y con las Granadas de Placido Domingo culminaremos la noche, con toda la espuma que provocó en tu cuerpo. LeydisProse 1/16/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 17, 2018
Jan 17, 2018 at 9:17 AM UTC
Niño travieso
Quiero cortarme y sangrar, cortar de lado mis preocupaciones y carencias. Que la sangre fluya y los arpones floten. Quiero sentir el suave abrazo de la soga en mi cuello. Mis ojos saliendo de sus cuencas desoladas. Ver la muerte buscarme por primera vez ser recibido sin pedirlo. Quiero ver las lágrimas sobre mi ataúd, hartado de alegóricas flores pretendiendo adornar lo que un día fue un muerto sin andar. Quiero saltar desde el piso veinte de un edificio y conocer el concreto como nunca nadie lo ha hecho sé que no quiero vivir en concreto. Para finalizar, antes del final, quiero morir en el mar de tus ojos derretidos, y terminar en tus melancólicas clavículas. Ahogado, ahorcado, desangrado, olvidado.
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Nov 20, 2017
Nov 20, 2017 at 11:27 PM UTC
Suicidio // Delirio