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"palpitante" poems
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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Nocturno (Nocturne)
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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El parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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Explico algunas cosas
Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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Chicas lindas las de piel clara e imaginación bermellón Chicas lindas con voz cautiva y collar de huesos Chicas lindas de cintura mínima y piernas como alfiles bajo las bastillas de chifón Chicas lindas de labios carnosos, curiosos que se escapan como sueños justo cuando sale el sol Chicas lindas las que se visten de flores, colores o amores... dependiendo del clima y la ocasión Chicas lindas las que prometen y juegan que siempre ganan pero nunca entregan. Las que aman el reflejo que la vida les mostró Las que llevan en los labios el color del corazón pero por dentro huecos que rellenan de adulación Las chicas lindas por las que todos caen y a nadie levantan las que todos desean y todas quieren aunque sea en el fondo llegar a ser Las chicas lindas las que marcan la pauta y te hacen ser La chica fea la de los labios secos, la de la piel morena, la de la vida no plena, y más bien azarosa La chica fea con el alma abundante y el corazón palpitante inevitablemente, comparante La chica fea, a la que nadie sueña y nadie desea.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 4:11 AM UTC
Untitled
Perché t'amo e mi sfuggi, pesce rosso di vita umido dentro l'erba palpitante nel sole? Perché non ** parola dura come la pietra che ti ferisca a morte? Così ti fermerei, e potrei disegnarti un arabesco sul cuore.
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Perché t'amo
En tu pelo está el perfume de la noche y en tus ojos su tormentosa luz. El sabor de la noche vibra en tu boca palpitante. 1 Mi corazón, clavado sobre la noche de abenuz. La noche está en tu frente morena, erguida y frágil y en tus brazos que un vello sutil aterciopela. La noche está en recónditos parajes de tu cuerpo: -la noche perfumada de nardo y de canela... 2 La noche está en tus ojos brunos, iridiscente: constelaciones bullen en su vivaz burbuja. La noche está en tus ojos brunos, cuando los cierras: 3 noche definitiva, noche agorera, noche bruja. En tus oídos, toda la música de la noche se refugia, y te arrulla con su vago susurro. En tus oídos, toda la música de la noche, y en tu voz, y en tu risa, y en tu tácito llanto... En tu frente, su angustia latente insomne yerra, y en tu pecho amoroso su tormentosa luz. En la noche sortílega, sortílego discurro... El sabor de la noche vibra en tu boca palpitante. Tus manos son dos pálidas lunas sobre mi frente. Clavos en ti me clavan, oh Noche deleitosa! Noche... ¡tibio madero de mi cruz! 4
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Canción nocturna
Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Estatua mutilada
Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Era el crepúsculo de la iguana. Desde la arcoirisada crestería su lengua como un dardo se hundía en la verdura, el hormiguero monacal pisaba con melodioso pie la selva, el guanaco fino como el oxígeno en las anchas alturas pardas iba calzando botas de oro, mientras la llama abría cándidos ojos en la delicadeza del mundo lleno de rocío. Los monos trenzaban un hilo interminablemente erótico en las riberas de la aurora, derribando muros de polen y espantando el vuelo violeta de las mariposas de Muzo. Era la noche de los caimanes, la noche pura y pululante de hocicos saliendo del légamo, y de las ciénagas soñolientas un ruido opaco de armaduras volvía al origen terrestre. El jaguar tocaba las hojas con su ausencia fosforescente, el puma corre en el ramaje como el fuego devorador mientras arden en él los ojos alcohólicos de la selva. Los tejones rascan los pies del río, husmean el nido cuya delicia palpitante atacarán con dientes rojos. Y en el fondo del agua magna, como el círculo de la tierra, está la gigante anaconda cubierta de barros rituales, devoradora y religiosa.
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Algunas bestias
Frente a el Monolito Esculpido de Coatlicue: ¡Terrible Madre de los Dioses! : Ese dia domingo en un año cualquiera de el siglo diez y siete, cuando Humboldt conmovio a los frailes Domínicos a remover la tierra que cubria tu rúbea y sierpa tez: La ferocidad que tus hijos, Huitxilopoxtli y Quetxalcóatl, conocieron de ti, pasmo al santo abate y al pensador alemán. Cuantos siglos dormida sin beber Tu merecido y necesitado bermellón Liquido, aun tibio, del corazón palpitante; ofrenda a ti, ¡Oh, Madre Terrible de los Antiguos dioses Aztecas! J Eduardo Ramos ©
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Aug 13, 2014
Aug 13, 2014 at 11:59 PM UTC
Coatlicue
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento,   apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.   Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno,   una flor se mecía en compasado y dulce movimiento.   Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro,   tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.   ¡Oh, quién así -pensaba- dejar pudiera deslizarse el tiempo! ¡Oh, si las flores duermen,   qué dulcísimo sueño!
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Rima xviii
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
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El herido
Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
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Esta noche te cruzan verdes, rojas, azules, rapidísimas luces extrañas por los ojos. ¿Será tu alma? ¿Son luces de tu alma, si te miro? Letras son, nombres claros al revés, en tus ojos. Son nombres: Universum, se iluminan, se apagan, con latidos de luz de corazón. Universum. Miro; ya sé; ya leo: Universum cinema, ocho cilindros, saldo de blanco junto a las estrellas. Te quiero así inocente, toda ajena, palpitante en lo que está fuera de ti, tus ojos proclamando las vívidas verdades de colores de la noche. Las compraremos todas cuando se abran las tiendas, ahora mismo -Universum cinema-, cuando bese las luces de tu alma, sí, las luces, anuncios luminosos de la vida en la noche, en tus ojos.
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Siempre sabía que eras demasiado como una nectarina a principios de verano. Tú: sin poros y brillante e insinuando dulzura. Me llenaste con tu erupción secreta, luego me apagaste con tu lengua plateada y elegante, lava palpitante en mis tímpanos, realzando mi sangre, con fuego en tus ojos. Yo era una ciruela, vagando hacia su calor agustín. Mi piel tierna cedió a su toque hábil. Pero luego lo mordí. Probé la carne bajo tu brillo brillante. Y ¡oh cómo te traiciona! Tan amarillo e inmaduro, tan tenso con la novedad, Aún aferrado al brillo del alba, primavera congelada con miedo de la oscuridad de mi néctar. Hoy me desperté aquí con un imán en mi estómago. Ecos de metal frío recorren en mi garganta. La falta de amor, el dolor que corre entre las penumbras aórticas-- la esperanza, un refugio tragado por la noche efímera. Siempre sabía que eras demasiado como una nectarina a principios de verano.
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Jan 4, 2019
Jan 4, 2019 at 10:14 AM UTC
Siempre lo sabía
La tarde taciturna se borraba En medio de una calma dulce y quieta, Y entre la sombra azul de la glorieta El palor de la luna se filtraba. Tu mano, toda nervios, deshojaba Las flores de un rosal con una inquieta Impaciencia, que a veces la secreta Impulsión de un deseo apresuraba. Y al cortar una rosa blanca y suave, Que era como una palpitante ave Que el azar en tu mano hubiera preso, Con paso cauteloso te acercaste, Por los ojos la rosa me pasaste, Y yo sentí la sensación de un beso.
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La caricia
Cuando contemplo a veces que plegando los labios enmudeces, mi adoración pretende en su locura bajar hasta tu alma a paso lento y sorprender, en su mansión oscura, como nota de luz tu pensamiento. Cuando me miran, oh mujer, tus ojos luminosos cual sol de primavera, por oír anhelante las pulsaciones de tus nervios flojos y el rumor de tu pecho palpitante, en mi pasión quisiera el misterioso oído de los magos que en las nocturnas sombras escondidos escuchan, a la orilla de los lagos, hasta sus más recónditos murmullos, de las ramas los débiles crujidos y la reventazón de los capullos. Y al sospechar que los recuerdos llenas de otro amor ya pasado con la historia, me muerden el espíritu los celos y quieren mis anhelos extender con la sombra de mis penas la noche del olvido en tu memoria.
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Cuando contigo estoy, dueña del alma
Por las montañas vas como viene la brisa o la corriente brusca que baja de la nieve o bien tu cabellera palpitante confirma los altos ornamentos del sol en la espesura. Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo como en una pequeña vasija interminable en que el agua se cambia de vestido y de canto a cada movimiento transparente del río. Por los montes el viejo camino de guerreros y abajo enfurecida brilla como una espada el agua entre murallas de manos minerales, hasta que tú recibes de los bosques de pronto el ramo o el relámpago de unas flores azules y la insólita flecha de un aroma salvaje.
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Soneto xviii
A toi qui me fais chanter, A ces rêves qui résonnent, dans cette cage palpitante. La raison m’échappe; de ton odeur sur mes draps, de la douceur de tes mots. A ces instants, rien ne me paraît si beau. Et pourtant, les échos de tes pensées se répandent un peu partout, sur les murs de ma chambre et même dans cette salle bruyante, joviale,   et sombre. Mais vraiment rien n’est plus beau, que nos rires, que nos regards alambiqués, dont seuls nous détenons le sens. Si simple serait-il, que ton tourbillon ne m’emporte pas, que tes vagues ne m’assomment pas. Car ta tempête me tord, bien fort, si fort, que je ne contemple plus la Terre tourner. Bien souvent, je rêve de cet océan, où les vagues glissent sur mes pieds, m’invitant à m’enfoncer. Mais alors que je rêve, silencieuse la lame devient, car surgit la houle qui me jette sur les rives. A chaque rêve qui se meurt naît un nouveau souffle. Et je perds le sens. Mais rien n’est plus beau, rien n’est plus beau que cet été.
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Sep 10, 2019
Sep 10, 2019 at 6:57 PM UTC
A toi, à l'été
Llevo pedacitos de tí todo el tiempo. Pedacitos de tí cargo en todo momento. En espera constante de un encuentro casual. En espera constante de un efecto sensual. Acudo a tus sitios e intento encontrar a aquel ser sincero, Ése , que me hizo vibrar. Susurrando tu nombre al pasar . Procurando en llanto no estallar. Llevo pedacitos de tí todo el tiempo. Pedacitos de tí cargo en todo momento. Recuerdo palpitante de un amor estacional . Domina mi mente y mi yo pasional Deseando me busques y hablemos de antaño . Rogando me encuentres y duremos mil años.
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Sep 27, 2017
Sep 27, 2017 at 11:41 PM UTC
Pedacitos
Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante, con cuatro besos hoy penetró tu hermosura y atravesó la sombra y mi sombrero: la luna iba redonda por el frío. Entonces con mi amor, con mi amada, oh diamantes de escarcha azul, serenidad del cielo, espejo, apareciste y se llenó la noche con tus cuatro bodegas temblorosas de vino. Oh palpitante plata de pez pulido y puro, cruz verde, perejil de la sombra radiante, luciérnaga a la unidad del cielo condenada, descansa en mí, cerremos tus ojos y los míos. Por un minuto duerme con la noche del hombre. Enciende en mí tus cuatro números constelados.
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Soneto lxxxvi
De toutes les douleurs douces Je compose mes magies ! Paul, les paupières rougies, Erre seul aux Pamplemousses. La Folle-par-amour chante Une ariette touchante. C'est la mère qui s'alarme De sa fille fiancée. C'est l'épouse délaissée Qui prend un sévère charme A s'exagérer l'attente Et demeure palpitante. C'est l'amitié qu'on néglige Et qui se croit méconnue. C'est toute angoisse ingénue, C'est tout bonheur qui s'afflige : L'enfant qui s'éveille et pleure, Le prisonnier qui voit l'heure, Les sanglots des tourterelles, La plainte des jeunes filles. C'est l'appel des Inésilles - Que gardent dans des tourelles De bons vieux oncles avares - A tous sonneurs de guitares. Voici Damon qui soupire Sa tendresse à Geneviève De Brabant qui fait ce rêve D'exercer un chaste empire Dont elle-même se pâme Sur la veuve de Pyrame Tout exprès ressuscitée, Et la forêt des Ardennes Sent circuler dans ses veines La flamme persécutée De ces princesses errantes Sous les branches murmurantes, Et madame Malbrouck monte A sa tour pour mieux entendre La viole et la voix tendre De ce cher trompeur de Comte Ory qui revient d'Espagne Sans qu'un doublon l'accompagne. Mais il s'est couvert de gloire Aux gorges des Pyrénées Et combien d'infortunées Au teint de lys et d'ivoire Ne fit-il pas à tous risques Là-bas, parmi les Morisques !... Toute histoire qui se mouille De délicieuses larmes, Fût-ce à travers des chocs d'armes, Aussitôt chez moi s'embrouille, Se mêle à d'autres encore, Finalement s'évapore En capricieuses nues, Laissant à travers des filtres Subtils talismans et philtres Au fin fond de mes cornues Au feu de l'amour rougies. Accourez à mes magies ! C'est très beau. Venez, d'aucunes Et d'aucuns. Entrez, bagasse ! Cadet-Roussel est paillasse Et vous dira vos fortunes. C'est Crédit qui tient la caisse. Allons vite qu'on se presse !
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Images d'un sou
De toutes les douleurs douces Je compose mes magies ! Paul, les paupières rougies, Erre seul aux Pamplemousses. La Folle-par-amour chante Une ariette touchante. C'est la mère qui s'alarme De sa fille fiancée. C'est l'épouse délaissée Qui prend un sévère charme A s'exagérer l'attente Et demeure palpitante. C'est l'amitié qu'on néglige Et qui se croit méconnue. C'est toute angoisse ingénue, C'est tout bonheur qui s'afflige : L'enfant qui s'éveille et pleure, Le prisonnier qui voit l'heure, Les sanglots des tourterelles, La plainte des jeunes filles. C'est l'appel des Inésilles - Que gardent dans des tourelles De bons vieux oncles avares - A tous sonneurs de guitares. Voici Damon qui soupire Sa tendresse à Geneviève De Brabant qui fait ce rêve D'exercer un chaste empire Dont elle-même se pâme Sur la veuve de Pyrame Tout exprès ressuscitée, Et la forêt des Ardennes Sent circuler dans ses veines La flamme persécutée De ces princesses errantes Sous les branches murmurantes, Et madame Malbrouck monte A sa tour pour mieux entendre La viole et la voix tendre De ce cher trompeur de Comte Ory qui revient d'Espagne Sans qu'un doublon l'accompagne. Mais il s'est couvert de gloire Aux gorges des Pyrénées Et combien d'infortunées Au teint de lys et d'ivoire Ne fit-il pas à tous risques Là-bas, parmi les Morisques !... Toute histoire qui se mouille De délicieuses larmes, Fût-ce à travers des chocs d'armes, Aussitôt chez moi s'embrouille, Se mêle à d'autres encore, Finalement s'évapore En capricieuses nues, Laissant à travers des filtres Subtils talismans et philtres Au fin fond de mes cornues Au feu de l'amour rougies. Accourez à mes magies ! C'est très beau. Venez, d'aucunes Et d'aucuns. Entrez, bagasse ! Cadet-Roussel est paillasse Et vous dira vos fortunes. C'est Crédit qui tient la caisse. Allons vite qu'on se presse !
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