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"duermo" poems
si supieras que pienso en ti a cada instante, si apreciaras tantito esta forma de querer, te darías cuenta que tienes algo especial. pero tal vez solo te incomode, o pensaras que aburrido, que absurda forma de querer. pero nadie mas te va a querer así, de lejos como si nada, tan cerca al tocarte, y aun así no tenerte ni una sola vez. nadie mas te va a esperar, con estas ganas de besar tu nariz, de recorrer los dedos en tu rostro, sabiendo que tal vez un día te esfumes como si nada hubiese importado, por que se que para ti no lo hago. no me importa. te quiero, y te espero. si supieras que te adoro, que me duermo pensando en el color de tus ojos, o en la forma que tus dedos acarician los mios.... pensarias que estoy loca, al seguir atandome a ti, aun sabiendo que no me quieres; tal vez pienses que soy tonta, y no lo puedo negar; en este juego de amor, si voy perdiendo yo. pero espero al recorrer el tiempo, y yo vaya logrando olvidarte, espero que pienses en mi, aunque sea una sola vez, y digas, y te des cuenta, que te quise de verdad, y que tuviste algo especial, al alcance de tus dedos, y lo dejaste ir.
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Jan 28, 2013
Jan 28, 2013 at 12:02 AM UTC
si supieras
Se enreda el lunes con el martes y la semana con el año: no se puede cortar el tiempo con tus tijeras fatigadas, y todos los nombres del día los borra el agua de la noche. Nadie puede llamarse Pedro, ninguna es Rosa ni María, todos somos polvo o arena, todos somos lluvia en la lluvia. Me han hablado de Venezuelas, de Paraguayes y de Chiles, no sé de lo que están hablando: conozco la piel de la tierra y sé que no tiene apellido. Cuando viví con las raíces me gustaron más que las flores, y cuando hablé con una piedra sonaba como una campana. Es tan larga la primavera que dura todo el invierno: el tiempo perdió los zapatos: un año tiene cuatro siglos. Cuando duermo todas las noches, cómo me llamo o no me llamo? Y cuando me despierto quién soy si no era yo cuando dormía? Esto quiere decir que apenas desembarcamos en la vida, que venimos recién naciendo, que no nos llenemos la boca con tantos nombres inseguros, con tantas etiquetas tristes, con tantas letras rimbombantes, con tanto tuyo y canto mío, con tanta firma en los papeles. Yo pienso confundir las cosas, unirlas y recién nacerlas, entreverarlas, desvestirlas, hasta que la luz del mundo tenga la unidad del océano, una integridad generosa, una fragancia crepitante.
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Demasiados nombres
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
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Canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
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Yo, para todo viaje -siempre sobre la madera de mi vagón de tercera-, voy ligero de equipaje. Si es de noche, porque no acostumbro a dormir yo, y de día, por mirar los arbolitos pasar, yo nunca duermo en el tren, y, sin embargo, voy bien. ¡Este placer de alejarse! Londres, Madrid, Ponferrada, tan lindos... para marcharse. Lo molesto es la llegada. Luego, el tren, al caminar, siempre nos hace soñar; y casi, casi olvidamos el jamelgo que montamos. ¡Oh, el pollino que sabe bien el camino! ¿Dónde estamos? ¿Dónde todos nos bajamos? ¡Frente a mí va una monjita tan bonita! Tiene esa expresión serena que a la pena da una esperanza infinita. Y yo pienso: Tú eres buena; porque diste tus amores a Jesús; porque no quieres ser madre de pecadores. Mas tú eres maternal, bendita entre las mujeres, madrecita virginal. Algo en tu rostro es divino bajo tus cofias de lino. Tus mejillas -esas rosas amarillas- fueron rosadas, y, luego, ardió en tus entrañas fuego; y hoy, esposa de la Cruz, ya eres luz, y sólo luz... ¡Todas las mujeres bellas fueran, como tú, doncellas en un convento a encerrarse!... ¡Y la niña que yo quiero, ay, preferirá casarse con un mocito barbero! El tren camina y camina, y la máquina resuella, y tose con tos ferina. ¡Vamos en una centella!
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El tren
Duermo, para poder sentir tus manos acariciando mis mejillas. Para ver la delicada sonrisa que me da vida, y para ver el cielo estrellado en tus ojos. No duermo, porque el dolor que siento al despertar y saber que te has ido me destruye. No puedo respirar. Me acostumbre a que tu eras el aire que respiraba. Y ya no estas. ¿Cómo puedo decirle a mi cuerpo que no te podrá tocar más? ¿Cómo le digo a mi mente que ya no debo pensarte? ¿Cómo le digo a mi corazón que me amas igual, pero tu estas allí y yo acá?
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May 28, 2015
May 28, 2015 at 4:01 PM UTC
Vacío ruidoso.
Un hombre dijo: -El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho. Otro hombre dijo: -El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas. Y otro hombre dijo: -El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día. Y otro dijo: -El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad. Y otro dijo: -El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú. Y otro dijo: -El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre. Y el ultimo hombre dijo: -El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
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El momento más grave de la vida
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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El mendigo
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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Papagayo verde, lorito real, di tú lo que sabes al sol que se va.   Tengo un olvido, Guiomar, todo erizado de espinas, hoja de nopal.   Cuando truena el cielo (¡qué bonito está para la blasfemia!) y hay humo en el mar...   En los yermos altos veo unos chopos de frío y un camino blanco.   En aquella piedra (¡tierras de la luna!) ¿nadie lo recuerda?   Azotan el limonar las ráfagas de febrero. No duermo por no soñar.  Sobre la maleza las brujas de Macbeth danzan en corro y gritan: ¡tú serás rey! (thou shalt be king, all hail!)   Y en el ancho llano «me quitarán la ventura -dice el viejo hidalgo-, me quitarán la ventura no el corazón esforzado».   Con el sol que luce más allá del tiempo (¿quién ve la corona de Macbeth sangriento?), los encantadores del buen caballero bruñen los mohosos harapos de hierro.
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Coplas
Y aquellas noches en las que no puedo dormir, que los minutos se pasan volando mientras mi cuerpo da vueltas en la búsqueda de alguna posición que pueda guiarme al sueño, es cuando me pongo a pensar. Me pongo a pensar en el azul de tus ojos, en lo corto de tu castaño cabello, en la perfección de tu sonrisa y en como esa forma de ser que día con día me asegura que eres igual a mí. Me pongo a pensar en ti y en aquello que dicen que por las noches cuando no puedes dormir, es porque alguien esta pensando en ti. Justo cuando llego a ese pensamiento es cuando imagino que tú no puedes pensar en mí. No puedes porque vives en un lugar que hace que la diferencia horaria entre nosotros sea una cuarta parte de un día; sé que no puedes pensar en mí porque no me conoces; sé que no puedes pensar en mí porque lo que conozco de ti es una idea; una idea que mi me te ha creado. Después de los agotadores pensamientos, finalmente caigo dormida. Mientras duermo sueño, y dejando los sueños del día, llego a los sueños nocturnos en los que aparece él. Los sueños en donde aparece una parte de mi pasado que creía ya haber borrado. Los sueños en los que al día siguiente hacen preguntarme en la hora que no puedo dormir, si es él quien me aparta del sueño en mis noches de desvelo. Pienso eso y en que si esa sea la razón por la que llegue a soñar con él. Esa o que aún no lo he eliminado de mi mente.
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Aug 7, 2013
Aug 7, 2013 at 4:46 AM UTC
Pensamientos de insomnio.
En el fondo del mar hay una casa de cristal. A una avenida de madréporas da. Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar. Me trae un rojo ramo de flores de coral. Duermo en una cama un poco más azul que el mar. Un pulpo me hace guiños a través del cristal. En el bosque verde que me circunda -din don... din dan- se balancean y cantan las sirenas de nácar verdemar. Y sobre mi cabeza arden, en el crepúsculo, las erizadas puntas del mar.
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Yo en el fondo del mar
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Lo que no muere
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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De las estrellas que admiré, mojadas por ríos y rocíos diferentes, yo no escogí sino la que yo amaba y desde entonces duermo con la noche. De la ola, una ola y otra ola, verde mar, verde frío, rama verde, yo no escogí sino una sola ola: la ola indivisible de tu cuerpo. Todas las gotas, todas las raíces, todos los hilos de la luz vinieron, me vinieron a ver tarde o temprano. Yo quise para mí tu cabellera. Y de todos los dones de mi patria sólo escogí tu corazón salvaje.
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Soneto xlvi
Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista, los montes llanos y los mares secos; habitadora de celebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos; la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya; si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
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A la noche
No envidiéis mi alegría, mi salud ni mi canto; no envidiéis lo que sueño, ni envidiéis lo que digo. Todo eso vale poco, por más que cueste tanto... Pero, eso sí: envidiadme la amistad de este amigo. Envidiadme la gloria de esta firme confianza cuyo sentir profundo ni en bien ni en mal se altera, porque yo siento mío lo que su mano alcanza, y en él es permanente mi dicha pasajera. Envidiadme este amigo que me mira de frente, pues ni lo acerca el triunfo ni lo aleja el fracaso, y él madura en espiga lo que en mí fue simiente, y yo duermo en su lecho pero él bebe en mi vaso. No importa si estoy solo, pues siempre está conmigo, y mis propias arrugas lo van haciendo viejo... Ah, sí, envidiadme todos la amistad de este amigo               que refleja mi espejo.
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El amigo
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar. Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato. ¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas! Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa "tirar el carro"?... Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo. Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores. Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas. ¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!... ¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas? Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo **** Cuando la vida es demasiado humana -¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra? Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
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Untitled
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar. Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato. ¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas! Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa "tirar el carro"?... Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo. Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores. Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas. ¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!... ¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas? Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo **** Cuando la vida es demasiado humana -¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra? Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
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Señora mía, si de vos ausente en esta vida duro y no me muero, es porque como y duermo, y nada espero, ni pleiteante soy ni pretendiente. Esto se entiende en tanto que accidente no siento de la falta del dinero, que entonces se me acuerda lo que os quiero, y estoy perjudicial y impertinente. Sin ver las armas ni sulcar los mares, mis pensamientos a las musas fío; sus liras son mis cajas militares. Rico en invierno y pobre en el estío, parezco en mi fortuna a Manzanares, que con agua o sin ella siempre es río.
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Sentimientos de ausencia, a imitación de garcilaso
Voy a cerrar los ojos en voz baja voy a meterme a tientas en el sueño. En este instante el odio no trabaja para la muerte que es su pobre dueño la voluntad suspende su latido y yo me siento lejos, tan pequeño que a Dios invoco, pero no le pido nada, con tal de compartir apenas este universo que hemos conseguido por las malas y a veces por las buenas. ¿Por qué el mundo soñado no es el mismo que este mundo de muerte a manos llenas? Mi pesadilla es siempre el optimismo: me duermo débil, sueño que soy fuerte, pero el futuro aguarda. Es un abismo. No me lo digan cuando me despierte.
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Hasta mañana
Te vi un punto y, flotando ante mis ojos, la imagen de tus ojos se quedó, como la mancha oscura orlada en fuego que flota y ciega si se mira al sol. Adondequiera que la vista clavo, torno a ver las pupilas llamear; mas no te encuentro a ti, que es tu mirada, unos ojos, los tuyos, nada más. De mi alcoba en el ángulo los miro desasidos fantásticos lucir; cuando duermo los siento que se ciernen, de par en par abiertos sobre mí. Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche llevan al caminante a perecer; yo me siento arrastrado por tus ojos, pero adónde me arrastran, no lo sé.
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Rima xiv
Pienso en vos cuando muero de frío, pienso en vos cuando me puede el hastío de un amor sin sentido, de un amor sin latidos. Y es que preferiría estar en tus brazos que en la miseria de este eterno ocaso. Y es que me conmueven tus caricias y tu calor, cuando acá sólo parece haber dolor. Lágrimas sin secar y noches en vela, cómo si mí amor por él fuese una maldita condena. Por eso me escapo a tu recuerdo, con tu voz en mí mente, finalmente, me duermo. Y es que el cuerpo a mí lado ya duerme hace rato, y es que en su curiosidad perdió la última vida el gato. Y todavía sigo acá con una compañía ausente. Y todavía sigo acá, siempre al pendiente. Otra noche más pensándote. Otra noche más diciéndo que me iré.
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May 27, 2021
May 27, 2021 at 8:19 AM UTC
Todavía sigo acá.
Serena era la sinfonía que producía su boca En mi alma generaba una armonía como ningún otra, Pero desde que sus labios me olvidaron En ninguna otra boca he hallado, esas sus notas Y por mas melodías que escuche en otros labios No se comparan con la armonía que me producía su boca, Jamás pensé que algún día se silenciarían los cantos Que me daban alegría y me detenían las horas Ahora solo me queda el recuerdo de sus dulces notas Una leve musicalidad que se repite en mi mente Por las noches cuando duermo creo escuchar su boca Y me despierto en un lamento y es mi alma quien se duele.
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Oct 3, 2017
Oct 3, 2017 at 8:01 PM UTC
Serena sinfonía.
Tú no eres en mi huerto la pagana rosa de los ardores juveniles; te quise como a una dulce hermanay gozoso dejé mis quince abriles cual un ramo de flores de pureza entre tus manos blancas y gentiles.Humilde te ha rezado mi tristeza como en los pobres templos parroquiales el campesino ante la Virgen reza.Antífona es tu voz, y en los corales de tu mística boca he descubierto el sabor de los besos maternales.Tus ojos tristes, de mirar incierto, recuérdanme dos lámparas prendidas en la penumbra de un altar desierto.Las palmas de tus manos son ungidas por mi, que provocando tus asombros las beso en las ingratas despedidas.Soy débil, y al marchar por entre escombros me dirige la fuerza de tu planta y reclino las sienes en tus hombros.Nardo es tu cuerpo y tu virtud es tanta que en tus brazos beatíficos me duermo como sobre los senos de una Santa.¡Quién me otorgara en mi retiro yermo tener, Fuensanta, la condescendencia de tus bondades a mi amor enfermo como plenaria y última indulgencia!
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Elogio a fuensanta
Nunca pensé que tendría hábitos malos, que la vida me enseñaría a vivir, de manera más, suave y amorosa, como una madre que quiere hijos, los trata con paciencia y ternura y rayos de sol, que alumbra su cuarto al amanecer, y cuando las noches se vuelven más y más oscuras, a cambio bebo café por las mañanas, para pelear con las horas que no duermo, y así mantenerme despierto, y poder caminar en los talones de las personas que no lo merecen, invirtiendo en las sombras y lo que desaparece en lo olvidado, aguantando mi corazón en una mano, y un ramo de flores en la otra.
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Dec 8, 2024
Dec 8, 2024 at 10:33 AM UTC
Un ramo de flores y mi corazon.
Déjame esta voz que tengo lo mismo que a la pampa le dejan sus matorrales de deseo sus ríos secos colgando de las piedras. Déjame vivir como acero mohoso sin puño tirado en las nubes no quiero saber de la gloria envidiosa con rabo y cuernos de ceniza. Un anillo tuve de luna tendida en la noche a comienzos de otoño lo di a un mendigo tan joven que sus ojos parecían dos lagos. Me ahogué en fin amigos ahora duermo donde nunca despierte no saber más de mí mismo es algo triste dame la guitarra para guardar las lágrimas.
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Déjame esta voz
Mi cama fue un roble Y en sus ramas cantaban los pájaros Mi cama fue un roble Y mordió la tormenta sus gajos.               Deslizo mis manos Por sus claros maderos pulidos, Y pienso que acaso toco el mismo tronco Donde estuvo aferrado algún nido.               Mi cama fue un roble. Yo duermo en un árbol. En un árbol amigo del agua, Del sol y la brisa del cielo y el musgo, De lagartos de ojuelos dorados Y de las orugas, de un verde esmeralda.               Yo duermo en un árbol. ¡Oh, amado!, en un árbol dormimos. Acaso por eso me parece el lecho Esta noche, blando y hondo cual nido.   Y en ti me acurruco como una avecilla Que busca el reparo de su compañero. ¡Que rezongue el viento, que gruña la lluvia! Contigo en el nido, no sé lo que es miedo.
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El nido