"dolorosamente" poems
A Primavera, escrevi-a toda
em verso pelo Inverno
inventei-lhe as cores e o amor terno
mas, agora que chegou, está cansada,
o Sol não me aquece senão a pele
as flores são só flores de insuficiência carregada
a relva em que o corpo deito
faz-se desconforto de familiaridade excessiva
o céu sempre de uma tonalidade
tão azul e baça e cansativa;
E a vida, ah, a vida
a que estou tão dolorosamente condenada
posso apenas aceitar assim como me foi dada
maldosa e dorida e
Tão bela, ah, tão bela.
Mar 22, 2017
Mar 22, 2017 at 6:45 AM UTC
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
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Dirigirse hacia alguien
con su propio nombre
es la prueba del respecto más grande
que lo de usar todos esos títulos
formales e innecesarios,
como que enfocamos el otro ser
como una persona de verdad
y de carne, hueso y alma.
Aclamamos su identidad, intimidad,
que existe tan dolorosamente en realidad con todas las sensaciones
como cualquier otra persona.
A la vez la desnudamos y saludamos,
con un coraje calmo
Jun 14, 2020
Jun 14, 2020 at 7:28 PM UTC
Penitencia número uno:
Intentaré no pensar en ti y en mí en la misma cama.
Y tú también, intenta no pensar en el color de mi piel
ni en mi cuerpo.
Penitencia número dos:
No hablaré contigo, esta es una oración
y una promesa.
Y tú también, sigue haciendo lo que haces,
finge que no quieres mis besos.
Penitencia número tres:
Intentaré imaginar que eres el sol quemando mi piel.
Qué dolorosamente bien besas mi cuerpo.
Y tú también, trata de imaginarme
como si fuera la luna de tu marea.
Como si no pudieras estar sin mí por la noche.
Penitencia número cuatro:
No te hablaré, pero me arrodillaría frente a ti como un altar.
Qué fervor te oraría y te adoraría.
Y tú también, intenta orar a Dios por mí cuando
ya me haya ido para siempre.
Como si pudieras vivir sin mí en este mundo loco.
Penitencia número cinco:
Es simple. Iría, saldría de tu vida y te regalaré mi silencio.
Debería ser simple. Déjame ir y regálame el camino de salida
si no puedes darme el cielo.
Mar 26, 2024
Mar 26, 2024 at 9:02 AM UTC