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"dispersos" poems
As minhas raízes Tenho necessidade e plena razão, De puxar pelo meu botão, De amar com o coração, De gritar e dizer não! Vivo no cume do monte, A meu lado fresca fonte, Perdido nestes infindáveis horizontes, Sou do Douro, de Trás-os – Montes. Vinhedos e dispersos olivais, Sobreiros e outros matagais. Singela e sempre nobre simpatia, Luz bendita do meio-dia. Victor Marques
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May 1, 2012
May 1, 2012 at 6:53 AM UTC
As minhas raízes
Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas(*) con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella.
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Alma desnuda
De la ciudad moruna tras las murallas viejas, yo contemplo la tarde silenciosa, a solas con mi sombra y con mi pena.   El río va corriendo, entre sombrías huertas y grises olivares, por los alegres campos de Baeza   Tienen las vides pámpanos dorados sobre las rojas cepas. Guadalquivir, como un alfanje roto y disperso, reluce y espejea.   Lejos, los montes duermen envueltos en la niebla, niebla de otoño, maternal; descansan las rudas moles de su ser de piedra en esta tibia tarde de noviembre, tarde piadosa, cárdena y violeta.   El viento ha sacudido los mustios olmos de la carretera, levantando en rosados torbellinos el polvo de la tierra. La luna está subiendo amoratada, jadeante y llena.   Los caminitos blancos se cruzan y se alejan, buscando los dispersos caseríos del valle y de la sierra. Caminos de los campos... ¡Ay, ya, no puedo caminar con ella!
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Caminos
Son de abril las aguas mil. Sopla el viento achubascado, y entre nublado y nublado hay trozos de cielo añil.       Agua y sol. El iris brilla. En una nube lejana, zigzaguea una centella amarilla.       La lluvia da en la ventana y el cristal repiqueteo.       A través de la neblina que forma la lluvia fina, se divisa un prado verde, y un encinar se esfumina, y una sierra gris se pierde.       Los hilos del aguacero sesgan las nacientes frondas, y agitan las turbias ondas en el remanso del Duero.       Lloviendo está en los habares y en las pardas sementeras; hay sol en los encinares, charcos por las carreteras.       Lluvia y sol. Ya se oscurece el campo, ya se ilumina; allí un cerro desparece, allá surge una colina.       Ya son claros, ya sombríos los dispersos caseríos, los lejanos torreones.       Hacia la sierra plomiza van rodando en pelotones nubes de guata y ceniza.
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En abril, las aguas mil
¡Luna! ¡Corona de una testa inmensa, que te vas deshojando en sombras gualdas! ¡Roja corona de un Jesús que piensa trágicamente dulce de esmeraldas! ¡Luna! Alocado corazón celeste ¿porqué bogas así, dentro la copa llena de vino azul, hacia el oeste, cual derrotada y dolorida popa? ¡Luna! Y a fuerza de volar en vano, te holocaustas en ópalos dispersos: tú eres tal vez mi corazón gitano que vaga en el azul llorando versos!...
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Deshojación sagrada
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Fatigada ya, su mano Sobre las teclas *** Y soñolienta arrancó El último acorde al piano. Y como aroma que exhala Una flor, y al viento flota, Aquella postrera nota Queda vagando en la sala. Y va la niña a su alcoba, Y se alzan visiones puras De las blancas colgaduras De su lecho de caoba. Por el alto mirador Entran a la tibia estancia El rumor y la fragancia De los naranjos en flor. Se ve al través del boscaje Un astro que parpadea, Y la brisa cuchichea En las cortinas de encaje. Y de un amor ideal, Memorias quizá adoradas, Hay flores secas, regadas En las mesas de nogal. Entre esos ramos dispersos, De festines olvidados, Muestra sus cortes dorados Abierto un libro de versos. Al fulgor azul y escaso Que la lámpara derrama Brillan cerca de la cama Sus zapatillas de raso. Y finge la luz visiones, Visiones que sonrientes Se reclinan indolentes En los tallados sillones. Y en la penumbra se ve, Bañado en tenue fulgor, Afuera del cobertor Su breve y rosado pie. Todo yace en calma. Hermosa La luna su lumbre riega, Y a besar el lecho llega Donde la virgen reposa. ¡Cómo su pecho se ensancha Ante esa luz de consuelo! Es la bendición del cielo Sobre esa frente sin mancha.
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Su alcoba
Terminé tendido junto a ella levitando sobre el mal olor en su cabello Vislumbré un sueño un neurótico baile con mi sombra balseamos por horas desnudos mal iluminados Un escalofrío nos hizo cantar ahora dispersos La fragancia que dejaste donde nacen mis recuerdos terminó muriendo junto a Bob
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Jun 22, 2019
Jun 22, 2019 at 11:34 AM UTC
XXI.