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"moras" poems
mila sedi na wc solji. prebira dlacice po brezuljku. nekako odvratno ali radoznalo trazi one pod zemljom gusto groblje-guste misli: dve prodavacice prodaju sok od sargarepe, na smenu- jedan dan jednoj plati jednu cenu drugi dan drugoj drugu. cuti. zakopa to u zeludac. guta vazduh namazan budalom. cuti. plati.  popije samar i sok. na ulici razmazano oker govno, kao kanapei na srebrnom tanjiru.   preskace, obilazi ga ona. preskace, obilazi ga i pas. kisa pada, oker krem gubi gustinu, pas nece pod kisobran juri senke i zapisava skupocene alo tepsije onih kojih se i pauk plasi. zanoktica o vrh narandzastog jezika- rekapitulacija popisanosti i pogresno usmerene finoce. krv stedljivo iz nokta curi natapajuci nepce a mrmlja da sledeci put ce... ali verovatno nece. jer ne razume tu gadnu nepravicnost. jer to je samo princip. mozda i hoce. jer princip je i sve. dopire krik playback narodnjaka- komsija stigao sa posla, investitor umesto izloacije sigurno je kupio dzipa. masina se centrifugom lansira u orbitu svake sekunde- privezala bi se za nju toaltet papirom.... aman, idi uci. bolje ces se osecati. kraj prozora cuje se ono dete sto svira trubu. makar jos ne moras da trazis posao. eto imas vremena da smislis sta zelis da budes. na kraju krajeva nemas urasle dlake. i da, auto ti je parkiran divlje pokupice ga pauk sigurno. i nemas dozvolu. kese za govna su u gepeku. trebas psa izvesti. sutra kupices sok od sargarepe, po ne zna se kojoj ceni. rekla bi imas princip a i lenja si.
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Feb 5, 2015
Feb 5, 2015 at 4:01 AM UTC
smrt jednog dana
mila sedi na wc solji. prebira dlacice po brezuljku. nekako odvratno ali radoznalo trazi one pod zemljom gusto groblje-guste misli: dve prodavacice prodaju sok od sargarepe, na smenu- jedan dan jednoj plati jednu cenu drugi dan drugoj drugu. cuti. zakopa to u zeludac. guta vazduh namazan budalom. cuti. plati.  popije samar i sok. na ulici razmazano oker govno, kao kanapei na srebrnom tanjiru.   preskace, obilazi ga ona. preskace, obilazi ga i pas. kisa pada, oker krem gubi gustinu, pas nece pod kisobran juri senke i zapisava skupocene alo tepsije onih kojih se i pauk plasi. zanoktica o vrh narandzastog jezika- rekapitulacija popisanosti i pogresno usmerene finoce. krv stedljivo iz nokta curi natapajuci nepce a mrmlja da sledeci put ce... ali verovatno nece. jer ne razume tu gadnu nepravicnost. jer to je samo princip. mozda i hoce. jer princip je i sve. dopire krik playback narodnjaka- komsija stigao sa posla, investitor umesto izloacije sigurno je kupio dzipa. masina se centrifugom lansira u orbitu svake sekunde- privezala bi se za nju toaltet papirom.... aman, idi uci. bolje ces se osecati. kraj prozora cuje se ono dete sto svira trubu. makar jos ne moras da trazis posao. eto imas vremena da smislis sta zelis da budes. na kraju krajeva nemas urasle dlake. i da, auto ti je parkiran divlje pokupice ga pauk sigurno. i nemas dozvolu. kese za govna su u gepeku. trebas psa izvesti. sutra kupices sok od sargarepe, po ne zna se kojoj ceni. rekla bi imas princip a i lenja si.
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A poem with five moras above and below and seven above. © Matthew Harlovic
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Apr 25, 2016
Apr 25, 2016 at 8:30 PM UTC
Self-explanatory
Me vestiré de blanco, me aromaré de rosas, E iremos por las rutas que huelen a tomillo, Igual que una zagala va con su pastorcillo En busca de lejanas capillas milagrosas.   He de tener las manos frescas como de agua. Has de tener los labios dulces como de fresa. Y en el ruedo crujiente de mi cándida enagua Cien espinas fragantes prenderán la maleza.   Y dirán los labriegos que se paren a vernos: La morena zagala de sonrisa encantada, Con el pastor de ojos encantados y tiernos Se vá, ruta adelante y olvida la majada.   Y reiremos, reiremos llenos de maravilla Por ser libres y alegres, por ser locos y castos, Dueños indiscutibles de toda la gramilla, De las moras maduras y los ásperos pastos.   Y después, al retorno, cual de nuevo moldeados, Tez caldeada, alma clara, frente limpia y serena. Y en los ojos en alto, todavía extasiados, Una imprevista llama de bondad nazarena.
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El buen día
Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Relato de claudio monteflavo
Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Tres moricas me enamoran en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Tres moricas tan garridas iban a coger olivas, y hallábanlas cogidas en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Y hallábanlas cogidas y tornaban desmaídas y las colores perdidas en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Tres moricas tan lozanas iban a coger manzanas y hallábanlas tomadas en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Díjeles: ¿Quién sois, señoras, de mi vida robadoras? Cristianas que éramos moras en Jaén: Axa y Fátima y Marién.
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Las morillas de jaén
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
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La doncella verde
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
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eres un respiro; un claro en medio del bosque. se pide perdón con la lengua sin siquiera decirlo. akí hay aktivismo a golpes, una gotita de sangre calentándote la cara con su caída. en los ríos la calma que da balance a la violencia en la lluvia una oportunidad para empezar de nuevo. se respiran flores amarillas y moras dejándote un gustito dulce en la garganta; con ganas de un día más acá. las hojas bailan como bailé yo la noche de ayer sin ningún esfuerzo dejándose llevar por el ritmo de la brisa. caminar por tus calles una confusión conocida, perderme en tí es lo más lindo. quiero una conversación eterna contigo, ver como das vuelta todo lo que pensé que eras; que escuches mis penas pisando tus caminos, que me limpies el corazón con una botella de vino y los actos amables que se esconden en tus esquinas, detrás de las cortinas de tus casas de hojalata.
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Feb 22, 2018
Feb 22, 2018 at 5:15 PM UTC
divia val
Con la cántara llena de agua, Y la boca de moras teñida, Y crujiente de espinas la enagua, Y en el moño una rosa prendida, De la fuente retorno, abismada En el dulce evocar de la cita. Y se hermana la tarde dorada Con la luz que en mis ojos palpita. Una extraña fragancia me enerva, Y en verdad yo no sé si es que sube Del jugoso frescor de la hierba, O se eleva de mi alma a la nube. Y, despierta sonámbula, sigo Balanceando mi cántara llena, Entre el oro alocado del trigo Y el temblor de los tallos de avena.
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Retorno
Como un ala negra tendí mis cabellos             sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste             diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres? ¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:             -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera. Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
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Como la primavera