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"mejilla" poems
A ti, manzana, quiero celebrarte llenándome con tu nombre la boca, comiéndote. Siempre eres nueva como nada o nadie, siempre recién caída del Paraíso: plena y pura mejilla arrebolada de la aurora! Qué difíciles son comparados contigo los frutos de la tierra, las celulares uvas, los mangos tenebrosos, las huesudas ciruelas, los higos submarinos: tú eres pomada pura, pan fragante, queso de la vegetación. Cuando mordemos tu redonda inocencia volvemos por un instante a ser también recién creadas criaturas: aún tenemos algo de manzana. Yo quiero una abundancia total, la multiplicación de tu familia, quiero una ciudad, una república, un río Mississippi de manzanas, y en sus orillas quiero ver a toda la población del mundo unida, reunida, en el acto más simple de la tierra: mordiendo una manzana.
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Oda a la manzana
But release your precious heart to its feast. A veces imagino tu mano que se posa suave, muy suave como un viento anónimo, en mi mejilla. Y me tocas el cuello y el lóbulo de la oreja con mucho cuidado. Imagino sólo tu mano. Quisiera morderla y beberme la sangre que emane de tus dedos. Quisiera que me mancharas los labios con esa sangre negra muy negra, suave y muy tibia. Sueño que estoy muy cerca. Puedo contarte las pestañas. Te mueves al ritmo de tu respiración. No te mueves. Tus ojos se llenan de brillo conforme la navaja se llena más de ti. No he visto nunca nada tan hermoso. Y no gimes, no luchas. Piensas que todo nos llevó a esto y yo te lo confirmo cuando pongo mi oreja en tu pecho y escucho lo últimos latidos pum, pum pum p Te sigo con la mirada. Tienes las manos frías y las estrellas apenas alcanzan a resplandecer. Tu sombra es tan ligera que puedo tomarla y hacerla mía para siempre. Y lo haré. Serás mío para toda la vida. Y tus manos heladas, tu piel y tu carne. No conocerás nada más que mi lengua sobre tu espalda, mis dientes en tus nudillos, mis uñas arañando tu cabeza. Tendrás los colores de un atardecer: escarlata, azafrán, índigo y luego muy ***** y muy brillante, como una noche luminosa. Eres extraordinario. Y me comeré tu corazón.
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Feb 1, 2013
Feb 1, 2013 at 2:50 PM UTC
Festín.
no sabia que lo que yo sentia tuviera nombre... le llamaba amor, le llamaba tentacion, le llamaba frustracion, le llamaba decepcion, le llamaba inspiracion. y no, no llegaba ninguna palabra ni a la mitad. y tu lo dijiste: incondicional esa palabra que lo explica todo: el porque de mis desvelos, el sentimiento de enojo cuando mis ojos captaban los tuyos mirando a otros, y aun así pensar que eran hermosos, la razón por la cual mi orgullo no existe contigo, lo que excusa que yo te bese donde quieras: en el cuello cuando estamos solos, en la mejilla cuando hay que pretender simplemente amistad. incondicional: que me rompas el corazón de mil maneras, a tu forma, cuando quieras; y que vuelva otra vez, a perdonarte mil veces como a ti te gusta, pidiéndote que me quieras un poquito mas, un poquito mas así.... incondicional: que sepa siempre cuando se trata de amar, cuando de los negocios, y cuando de solo idear.... que cambie mi voz, que te complazca una noche con mis gemidos sin aliento, con mi llanto de placer, y al otro día que te informe , bien seria y profesional, los detalles de aquel plan.... incondicional saber que ahi voy a estar, que voy a ser lo que necesites, cuando lo necesites. incondicional incondicional
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Jan 11, 2013
Jan 11, 2013 at 1:17 AM UTC
Incodicional
La lluvia se hace más cristalina iluminada por bombillas de mercurio. Los humanos que no quieren recibir su caricia se abrigan bajo sombrillas de colores extraños. Sólo los niños y algunos locos extasiados levantan la cara al cielo para permitir el roce de múltiples acuosos dedos: palpando, deslizándose por mejilla y ojos asombrados. Jorge Gómez A.
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Jun 23, 2012
Jun 23, 2012 at 8:53 PM UTC
PRECIPITACIONES
Si el aire se dijera un día:                                                   -Estoy cansado, rendido de mi nombre... Ya no quiero ni mi inicial para firmar el bucle del clavel, el rizado de la rosa, el pliegecillo fino del arroyo, el gracioso volante de la mar y el hoyuelo que ríe en la mejilla de la vela... Desorientado, subo de las blandas, dormidas superficies que dan casa a mi sueño. Fluyo de las paradas enredaderas, calo los ciegos ajimeces de las torres; tuerzo, ya pura delgadez, las calles de afiladas esquinas, penetrando, roto y herido de los quicios, hondos zaguanes que se van a verdes patios donde el agua elevada me recuerda, dulce y desesperada, mi deseo... Busco y busco llamarme ¿con qué nueva palabra, de qué modo? ¿No hay soplo, no hay aliento, respiración capaz de poner alas a esa desconocida voz que me denomine? Desalentado, busco y busco un signo, un algo o alguien que me sustituya que sea como yo y en la memoria fresca de todo aquello, susceptible de tenue cuna y cálido susurro, perdure con el mismo temblor, el mismo hálito que tuve la primera mañana en que al nacer, la luz me dijo: -Vuela. Tú eres el aire. Si el aire se dijera un día eso...
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A luis cernuda, aire del sur buscado en inglaterra
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Lamento por la muerte de parsifal hoolig
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Alga quisiera ser, alga enredada, en lo más suave de tu pantorrilla. Soplo de brisa contra tu mejilla. Arena leve bajo tu pisada. Agua quisiera ser, agua salada cuando corres desnuda hacia la orilla. Sol recortando en sombra tu sencilla silueta virgen de recién bañada. Todo quisiera ser, indefinido, en torno a ti: paisaje, luz, ambiente, gaviota, cielo, nave, vela, viento... Caracola que acercas a tu oído, para poder reunir, tímidamente, con el rumor del mar, mi sentimiento.
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[alga quisiera ser, alga enredada]
Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas; y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla, para el gusano de mi sufrimiento. Si tú eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado.
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Soneto de la dulce queja
Hoy le ha entrado una astilla. Hoy le ha entrado una astilla cerca, dándole cerca, fuerte, en su modo de ser y en su centavo ya famoso. Le ha dolido la suerte mucho, todo; le ha dolido la puerta, le ha dolido la faja, dándole sed, aflixión y sed del vaso pero no del vino. Hoy le salió a la pobre vecina del aire, a escondidas, humareda de su dogma; hoy le ha entrado una astilla. La inmensidad persíguela a distancia superficial, a un vasto eslabonazo. Hoy le salió a la pobre vecina del viento, en la mejilla, norte, y en la mejilla, oriente; hoy le ha entrado una astilla. ¿Quién comprará, en los días perecederos, ásperos, un pedacito de café con leche, y quién, sin ella, bajará a su rastro hasta dar luz? ¿Quién será, luego, sábado, a las siete? ¡Tristes son las astillas que le entran a uno, exactamente ahí precisamente! Hoy le entró a la pobre vecina de viaje, una llama apagada en el oráculo; hoy le ha entrado una astilla. Le ha dolido el dolor, el dolor joven, el dolor niño, el dolorazo, dándole en las manos y dándole sed, aflixión y sed del vaso, pero no del vino. ¡La pobre pobrecita!
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Hoy le ha entrado una astilla
Tersa, pulida, rosada ¡cómo la acariciarían, sí, mejilla de doncella! Entreabierta, curva, cóncava, su albergue, encaracolada, mi mirada se hace dentro. Azul, rosa, malva, verde, tan sin luz, tan irisada, tardes, cielos, nubes, soles, crepúsculos me eterniza. En el óvalo de esmalte rectas sutiles, primores de geometría en gracia, la solución le dibujan, sin error, a aquel problema propuesto en lo más hondo del mar. Pero su hermosura, inútil, nunca servirá. La cogen, la miran, la tiran ya. Desnuda, sola, bellísima la venera, eco de mito, de carne virgen, de diosa, su perfección sin amante en la arena perpetúa.
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La Rita tiene que tiene tal meneo cuando anda, que arriba mueve los senos y que abajo las enaguas. La nariz tiene picuda y la mejilla picada, y una melena cortita de greñas tristes y lacias en que clava una peineta, cual su boca, desdentada. Azares de su destino la trajeron a esta casa, que es hermana de escribanos que en el pueblo lucen chapa. En algún lance le hicieron rosa viva las entrañas, y en su cuidado dispersa casi todo lo que gana: mas la que le tiene el chico se bebe lo que le mandan sin que se atreva a quitárselo.
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La rita
Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar, te quejas; verdes los tienen las náyades, verdes los tuvo Minerva, y verdes son las pupilas de las hourís del Profeta.El verde es gala y ornato del bosque en la primavera; entre sus siete colores brillante el Iris lo ostenta, las esmeraldas son verdes; verde el color del que espera, y las ondas del océano y el laurel de los poetas.Es tu mejilla temprana rosa de escarcha cubierta, en que el carmín de los pétalos se ve al través de las perlas.Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean, pues no lo creas.Que parecen sus pupilas húmedas, verdes e inquietas, tempranas hojas de almendro que al soplo del aire tiemblan.Es tu boca de rubíes purpúrea granada abierta que en el estío convida a apagar la sed con ella,Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean, pues no lo creas.Que parecen, si enojada tus pupilas centellean, las olas del mar que rompen en las cantábricas peñas.Es tu frente que corona, crespo el oro en ancha trenza, nevada cumbre en que el día su postrera luz refleja.Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean: pues no lo creas.Que entre las rubias pestañas, junto a las sienes semejan broches de esmeralda y oro que un blanco armiño sujetan.Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar te quejas; quizás, si negros o azules se tornasen, lo sintieras.
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Rima xii
Ya ni la Luna me conocía, el Sol se encubría desde aquel día, donde todo murió. Sola en el balcón espiritaba todo el día, con un cigarrillo que emanaba la única luz en mis días. Con el trago del silencio, penetrando mi alma seca y vacía. reviviendo el momento, ese cruel momento donde ese amor fallecía. El humo del cigarrillo me transportaba, a ese momento donde, la Eternidad le daba a luz al Tiempo. Vi ese momento donde se escribía el instante, en el que la vida de mi amado y la mía se entrecruzarían. Vi imágenes donde éramos eternamente felices, amándonos como sea aman el fuego y el viento, como ama el campesino la tierra, como ama el rico el dinero, como ama la prostituta el control sobre su cliente, como ama la religión colonizar las almas de los no creyentes. Vi cuando el Destino le reclamaba al Infinito, que no debería extender nuestro tiempo! que tenía que interceptar nuestro amor, aunque se desequilibren los ritmos celestes! Que no podíamos vencer las batallas….. pues eso daría un mal ejemplo>>>>>>> todo mundo exigiría…..un amor que venza al mismo tiempo. Solo tinieblas en ese balcón, donde veía mis brazos desprendiéndose de mi cuerpo, como señal de que se estaban rindiendo ante tanto sosiego. Mi mirada se transformó, no había luz que devolviera su fulgor. La única voz que me quedaba era para reclamar; Porque llevarse a mi amado? Porque apartarme de su lado? Porque condenarme a las frías barras de la Soledad? Ahí estaba yo, en el balcón de los recuerdos. El balcón de los amores muertos. El balcón de la gente que vive en añoranza. En el balcón donde vi a mi amado, retirándose lentamente con su nuevos amigos; el tiempo, el destino, y mi felicidad. Mientras la sangre de mi corazón se derramaba, en cada paso donde él de mí se alejaba. Una fuerte lluvia comenzó a caer, vi todo el universo engullido en una furiosa tempestad, que me abollaba en un remolino de confusión. De pronto, un cálido aire rozo mi mejilla, ahí estaba él…. mi eterno amado, con su luz, con esa sonrisa. Solo tenía fuerzas para decirle, “te AMO, aunque el Destino se intercale en nuestro camino”! Fui hasta el balcón de rodillas, agradecerle a Dios…. que solo fue una terrible pesadilla!!!! LeydisProse 5/26/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 3, 2017
Jun 3, 2017 at 9:14 AM UTC
El balcón de las Pesadillas
Ya ni la Luna me conocía, el Sol se encubría desde aquel día, donde todo murió. Sola en el balcón espiritaba todo el día, con un cigarrillo que emanaba la única luz en mis días. Con el trago del silencio, penetrando mi alma seca y vacía. reviviendo el momento, ese cruel momento donde ese amor fallecía. El humo del cigarrillo me transportaba, a ese momento donde, la Eternidad le daba a luz al Tiempo. Vi ese momento donde se escribía el instante, en el que la vida de mi amado y la mía se entrecruzarían. Vi imágenes donde éramos eternamente felices, amándonos como sea aman el fuego y el viento, como ama el campesino la tierra, como ama el rico el dinero, como ama la prostituta el control sobre su cliente, como ama la religión colonizar las almas de los no creyentes. Vi cuando el Destino le reclamaba al Infinito, que no debería extender nuestro tiempo! que tenía que interceptar nuestro amor, aunque se desequilibren los ritmos celestes! Que no podíamos vencer las batallas….. pues eso daría un mal ejemplo>>>>>>> todo mundo exigiría…..un amor que venza al mismo tiempo. Solo tinieblas en ese balcón, donde veía mis brazos desprendiéndose de mi cuerpo, como señal de que se estaban rindiendo ante tanto sosiego. Mi mirada se transformó, no había luz que devolviera su fulgor. La única voz que me quedaba era para reclamar; Porque llevarse a mi amado? Porque apartarme de su lado? Porque condenarme a las frías barras de la Soledad? Ahí estaba yo, en el balcón de los recuerdos. El balcón de los amores muertos. El balcón de la gente que vive en añoranza. En el balcón donde vi a mi amado, retirándose lentamente con su nuevos amigos; el tiempo, el destino, y mi felicidad. Mientras la sangre de mi corazón se derramaba, en cada paso donde él de mí se alejaba. Una fuerte lluvia comenzó a caer, vi todo el universo engullido en una furiosa tempestad, que me abollaba en un remolino de confusión. De pronto, un cálido aire rozo mi mejilla, ahí estaba él…. mi eterno amado, con su luz, con esa sonrisa. Solo tenía fuerzas para decirle, “te AMO, aunque el Destino se intercale en nuestro camino”! Fui hasta el balcón de rodillas, agradecerle a Dios…. que solo fue una terrible pesadilla!!!! LeydisProse 5/26/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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ya te guardé en un lugar seguro  en los bolsillos junto a monedas  en los pies, no es metáfora  se cuando estás cerca lo saben mis pupilas  me delatan, se dilatan  al encontrarse con la imágen tuya con las manos nos entendemos nos saludamos de lejos -Hey  -Hey -¿Estás bien?  -Aha  (No estaba bien)  -¿A dónde van?  -A comprar dulces -¿Quieres un tambor?  -Okay  - Tengo que irme, tengo clase.    Mi maestro se parece a Milhouse Al despedirnos,  me abrazas como si supieras  que algo se está deshaciendo  como una bola de estambre en mi interior se hace pedazos al ritmo del reloj  hay agua en algún lugar cálido de tus ojos me quedo quieta para no arruinarlo  y dejar que se arruine solo  es una causa perdida  esto de sentir  he decidido regalarte  otro pedazo de papel ésta vez con tinta negra y palabras mías la vez pasada te dibuje con el sol en los ojos una ofrenda a la nébula de tus mejillas que tanto me gusta que veas cuanto me gustas y que es una causa perdida esto de escribir no iré a la escuela mañana  es miercoles,  el peor día de la semana  ombligo odioso  me da miedo entregarte esto  Los dias, los meses  copias fotoestáticas  deja te describo un jueves que es como todos los jueves mes tras mes días malos  independientes a ti  implícitos en ti y tu mirada cuando hablamos y me siento contenta cuando te veo y me siento peor porque es una causa perdida  esto de existir el otro día había música y supe por alguna razón  que iba a voltear y estarías ahi  y sí estabas ahí de hecho estabas ahí como si me esperaras  aunque se que no me esperabas  al despedirnos  me das un beso de esos que son al aire que se dan a nadie  se cae al suelo sin recibirse  al rozar mi mejilla con tu barba
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:36 AM UTC
cuando te encuentro
ya te guardé en un lugar seguro  en los bolsillos junto a monedas  en los pies, no es metáfora  se cuando estás cerca lo saben mis pupilas  me delatan, se dilatan  al encontrarse con la imágen tuya con las manos nos entendemos nos saludamos de lejos -Hey  -Hey -¿Estás bien?  -Aha  (No estaba bien)  -¿A dónde van?  -A comprar dulces -¿Quieres un tambor?  -Okay  - Tengo que irme, tengo clase.    Mi maestro se parece a Milhouse Al despedirnos,  me abrazas como si supieras  que algo se está deshaciendo  como una bola de estambre en mi interior se hace pedazos al ritmo del reloj  hay agua en algún lugar cálido de tus ojos me quedo quieta para no arruinarlo  y dejar que se arruine solo  es una causa perdida  esto de sentir  he decidido regalarte  otro pedazo de papel ésta vez con tinta negra y palabras mías la vez pasada te dibuje con el sol en los ojos una ofrenda a la nébula de tus mejillas que tanto me gusta que veas cuanto me gustas y que es una causa perdida esto de escribir no iré a la escuela mañana  es miercoles,  el peor día de la semana  ombligo odioso  me da miedo entregarte esto  Los dias, los meses  copias fotoestáticas  deja te describo un jueves que es como todos los jueves mes tras mes días malos  independientes a ti  implícitos en ti y tu mirada cuando hablamos y me siento contenta cuando te veo y me siento peor porque es una causa perdida  esto de existir el otro día había música y supe por alguna razón  que iba a voltear y estarías ahi  y sí estabas ahí de hecho estabas ahí como si me esperaras  aunque se que no me esperabas  al despedirnos  me das un beso de esos que son al aire que se dan a nadie  se cae al suelo sin recibirse  al rozar mi mejilla con tu barba
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lonesome eyes lock amidst the herbal steam in a zen cafe twirling ruby noodles with cheesy jokes and promising smiles lethargic lips draw near under a shower of new beginnings a medley of possessions occupy the forgotten panels of a rustic home her chiffon pearl gown glides across a narrow alley of blush rose pedals his laborious hands cradle their infant: one salty bead crawls down his bristly cheek unknown illness defeats her fragile heart: thirty-seven years young enticing trigger releases in his despondent grip forever eternally: the man and the woman siempre eternamente: el hombre y la mujer comunicados de gatillo sugerentes en su agarre abatido enfermedad desconocida derrota a su frágil corazón: treinta y siete años de joven sus manos laboriosas cuna su bebé: una perla salada se arrastra por sus mejilla hirsuta su vestido de la gasa de la perla desliza a través de un estrecho callejón de rubor rosa pedales un popurrí de las posesiones ocupan los paneles olvidados de una casa rústica letárgicos labios se acercan bajo una lluvia de nuevos comienzos haciendo girar los fideos rubí con sirve bromas y sonrisas prometedoras ojos solitarios en medio del bloqueo de vapor de hierbas en un café zen
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Dec 13, 2016
Dec 13, 2016 at 4:00 PM UTC
// the man y la mujer //
Cuando la tierra llena de párpados mojados se haga ceniza y duro aire cernido, y los terrones secos y las aguas, los pozos, los metales, por fin devuelvan sus gastados muertos, quiero una oreja, un ojo, un corazón herido dando tumbos, un hueco de puñal hace ya tiempo hundido en un cuerpo hace tiempo exterminado y solo, quiero unas manos, una ciencia de uñas, una boca de espanto y amapolas muriendo, quiero ver levantarse del polvo inútil un ronco árbol de venas sacudidas, yo quiero de la tierra más amarga, entre azufre y turquesa y olas rojas y torbellinos de carbón callado, quiero una carne despertar sus huesos aullando llamas, y un especial olfato correr en busca de algo, y una vista cegada por la tierra correr detrás de dos ojos oscuros, y un oído, de pronto, como una ostra furiosa, rabiosa, desmedida, levantarse hacia el trueno, y un tacto puro, entre sales perdido, salir tocando pechos y azucenas, de pronto. Oh día de los muertos! oh distancia hacia donde la espiga muerta yace con su olor a relámpago, oh galerías entregando un nido y un pez y una mejilla y una espada, todo molido entre las confusiones, todo sin esperanzas decaído, todo en la sima seca alimentado entre los dientes de la tierra dura. Y la pluma a su pájaro suave, y la luna a su cinta, y el perfume a su forma, y, entre las rosas, el desenterrado, el hombre lleno de algas minerales, y a sus dos agujeros sus ojos retornando. Está desnudo, sus ropas no se encuentran en el polvo, y su armadura rota se ha deslizado al fondo del infierno, y su barba ha crecido como el aire en otoño, y hasta su corazón quiere morder manzanas. Cuelgan de sus rodillas y sus hombros adherencias de olvido, hebras del suelo, zonas de vidrio roto y aluminio, cáscaras de cadáveres amargos, bolsillos de agua convertida en hierro: y reuniones de terribles bocas derramadas y azules, y ramas de coral acongojado hacen corona a su cabeza verde, y tristes vegetales fallecidos y maderas nocturnas le rodean, y en él aún duermen palomas entreabiertas con ojos de cemento subterráneo. Conde dulce, en la niebla, oh recién despertado de las minas, oh recién seco del agua sin río, oh recién sin arañas! Crujen minutos en tus pies naciendo, tu **** asesinado se incorpora, y levantas la mano en donde vive todavía el secreto de la espuma.
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El desenterrado
Cuando la tierra llena de párpados mojados se haga ceniza y duro aire cernido, y los terrones secos y las aguas, los pozos, los metales, por fin devuelvan sus gastados muertos, quiero una oreja, un ojo, un corazón herido dando tumbos, un hueco de puñal hace ya tiempo hundido en un cuerpo hace tiempo exterminado y solo, quiero unas manos, una ciencia de uñas, una boca de espanto y amapolas muriendo, quiero ver levantarse del polvo inútil un ronco árbol de venas sacudidas, yo quiero de la tierra más amarga, entre azufre y turquesa y olas rojas y torbellinos de carbón callado, quiero una carne despertar sus huesos aullando llamas, y un especial olfato correr en busca de algo, y una vista cegada por la tierra correr detrás de dos ojos oscuros, y un oído, de pronto, como una ostra furiosa, rabiosa, desmedida, levantarse hacia el trueno, y un tacto puro, entre sales perdido, salir tocando pechos y azucenas, de pronto. Oh día de los muertos! oh distancia hacia donde la espiga muerta yace con su olor a relámpago, oh galerías entregando un nido y un pez y una mejilla y una espada, todo molido entre las confusiones, todo sin esperanzas decaído, todo en la sima seca alimentado entre los dientes de la tierra dura. Y la pluma a su pájaro suave, y la luna a su cinta, y el perfume a su forma, y, entre las rosas, el desenterrado, el hombre lleno de algas minerales, y a sus dos agujeros sus ojos retornando. Está desnudo, sus ropas no se encuentran en el polvo, y su armadura rota se ha deslizado al fondo del infierno, y su barba ha crecido como el aire en otoño, y hasta su corazón quiere morder manzanas. Cuelgan de sus rodillas y sus hombros adherencias de olvido, hebras del suelo, zonas de vidrio roto y aluminio, cáscaras de cadáveres amargos, bolsillos de agua convertida en hierro: y reuniones de terribles bocas derramadas y azules, y ramas de coral acongojado hacen corona a su cabeza verde, y tristes vegetales fallecidos y maderas nocturnas le rodean, y en él aún duermen palomas entreabiertas con ojos de cemento subterráneo. Conde dulce, en la niebla, oh recién despertado de las minas, oh recién seco del agua sin río, oh recién sin arañas! Crujen minutos en tus pies naciendo, tu **** asesinado se incorpora, y levantas la mano en donde vive todavía el secreto de la espuma.
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Tal vez bajo del pelo, bajo el párpado, bajo humos, sábados, paredes, trajes, aymeduelen, vecinos, hastaluegos, guarda la gente un poco de ternura. Es tal vez bajo el ala del sombrero o tal vez en la mano, en su pañuelo, donde la gente suele atardecer cuando la tarde es cruel como un cuchillo. Y si no, ¿cómo explica su mejilla? ¿Y cómo explica su continuo andar, reír, pelear, me digo, cómo explica, si esto pega tan duro en el estómago? Tal vez bajo la noche, la gente saca su ternura a ver si algo le han dado, si algo le ha dolido, charla un poco, desteje su cansancio, suelta un pájaro y sueña hasta mañana.
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Untitled
Blanca de blanca asfixia y exangüe blanca vida, a quien el blanco helado nevó la blanca mano de blanca aparecida, mientras el blanco espanto blanqueaba su mejilla de blanca ausencia herida, al ceñir su blancura de intacta blanca luna y blanca despedida.
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Responso en blanco vivo
a cinco pies sobre marte una telaraña entretejiendo un rosal dolor te llamas aunque nombre realmente tengas & tu mejilla junto a la mía pueda recordar   un enmohecido pedacito de pena entre hojas de otoño solo puedo recordarte sonriendo
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Jul 26, 2019
Jul 26, 2019 at 6:47 AM UTC
tu jardín
¡Cuántas, cuántas tiene el mar, cuántas alegrías! Seres de luz, sobre el agua, bailan, en puntillas. ¡Qué bien acaban las ondas: mueren bailarinas! En las azules tramoyas fiestas se perfilan. Ni olas, ni reflejos son todo lo que brilla. Ni espumas son las que juegan, ya desvanecidas. Es la comedia que el gozo monta cada día. La constancia en lo feliz. Sí, las que se obstinan felicidades, en ser. ¡Tesón, en la dicha! Las alegrías, al mar, nunca se le quitan. Entonces, ¿por qué estoy yo con mano en mejilla? ¿Suyas, mías, qué más da, si están a la vista, al aire, al sol, refulgiendo sus cuerpos de ondina? ¿Si todos los gozos suyos, todos, me los brinda, como la vida, a diario, me ofrece mi vida, con sólo aceptar la luz que otra aurora envía? Alegrías que me falten, él me las fabrica. Desde sus lejos profundos a mí se encaminan. Y aquí en los ojos, las suyas se vuelven las mías.
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Variación iv
Verte desnuda es recordar la Tierra. La Tierra lisa, limpia de caballos. La Tierra sin un junco, forma pura cerrada al porvenir: confín de plata. Verte desnuda es comprender el ansia de la lluvia que busca débil talle o la fiebre del mar de inmenso rostro sin encontrar la luz de su mejilla. La sangre sonará por las alcobas y vendrá con espada fulgurante, pero tú no sabrás dónde se ocultan el corazón de sapo o la violeta. Tu vientre es una lucha de raíces, tus labios son un alba sin contorno, bajo las rosas tibias de la cama los muertos gimen esperando turno.
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Iv
la vez que a bob chambers lo vieron estaba poniendo lento el día dura la vista claro el corazón le dieron una cama de rosas que fue a tirar al mar entonces del costado se le alzaban como especies de oleajes carnes que se soñaban alas a bob chambers y no pasaron de su piel en esta edad tan carestía ¿ah caramba! ¡ah bob chambers dos en su vehículo terrestre! olvidados yacen ahora bajo sus capas de volar quedándose y tanta pena apenas se soporta pero qué hacer bob esperaba al viento sur "madre vieja tengo en casa" decía y chambers vivía vuelto al sur con la mesa puesta nunca se pusieron de acuerdo sobre este punto cardinal así ocurrió lo que se supo: tirando a un lado y a otro bob chambers se rompió la soledad o perros se comieron su agujero central todo el pueblo lo vio a bob partir a chambers estallar en la mañana lenta nunca hubo espectáculo igual y todos aplaudieron y todos aplaudieron menos la amiga que lloraba por bob el que dejó el amor para mañana menos la amiga que lloraba por chambers el que dejó el amor para la noche lavaron a la amiga con rosas y limón le dejaron los pies en agua fría y nadie habla de bob chambers se la pasan desarmándolo tristes como señores bob chambers no protesta viaja por la muerte montado en un burrito con la mejilla cerca de la luna tan alta y una almohadita para el sol
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Lamento por el vuelo de bob chambers
Árbol de Sangre riega la mañana por donde gime la recién parida. Su voz deja cristales en la herida y un gráfico de hueso en la ventana. Mientras la luz que viene fija y gana blancas metas de fábula que olvida el tumulto de venas en la huida hacia el turbio frescor de la manzana, Adam sueña en la fiebre de la arcilla un niño que se acerca galopando por el doble latir de su mejilla. Pero otro Adán oscuro está soñando neutra luna de piedra sin semilla donde el niño de luz se irá quemando.
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Adán
Oculto, en madreselvas, la veía De rosal en rosal vagar ligera. El jardín aromado sonreía Bajo radiante luz de primavera. Rosado y blanco su vestido; rojos Los lazos del sombrero; la sombrilla Blanca; rubio el cabello, azules ojos Y vivo rosicler en la mejilla. Y en su amplia cesta, rosas y más rosas; Y cantaba entre aromas y fulgores Su canción matinal. Las mariposas Eran, en torno de ella, aladas flores. Y yo dudaba, oculto en la verdura. Bajo ese cielo azul de primavera, Si era rosal fragante su hermosura, O si un rosal entre las rosas era.
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En el jardín