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"inquieto" poems
S'io riposo, nel lento divenire degli occhi, mi soffermo all'eccesso beato dei colori; qui non temo più fughe o fantasie ma la "penetrazione" mi abolisce. Amo i colori, tempi di un anelito inquieto, irrisolvibile, vitale, spiegazione umilissima e sovrana dei cosmici "perché" del mio respiro. La luce mi sospinge ma il colore m'attenua, predicando l'impotenza del corpo, bello, ma ancor troppo terrestre. Ed è per il colore cui mi dono s'io mi ricordo a tratti del mio aspetto e quindi del mio limite.
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Colori
He mordido manzanas y he besado tus labios. Me he abrazado a los pinos olorosos y negros. Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre. He huroneado en la selva milenaria de cedros Que cruza la pradera como una sierpe grave, Y he corrido por todos los pedrosos caminos Que ciñen como fajas la ventruda montaña. ¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua! ¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría! Ha de llegar un día en que he de estarme quieta,             ¡Ay, por siempre, por siempre! Con las manos cruzadas y apagados los ojos, Con los oídos sordos y con la boca muda, Y los pies andariegos en reposo perpetuo             Sobre la tierra negra. ¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa En la grieta obstinada de mis labios cerrados! Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré. Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar. Me iré desmenuzando en quietud y en silencio             Bajo la tierra negra, Mientras encima mío se oirá zumbar la vida             Como una abeja ebria. ¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento             Fugitivo e inquieto! ¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca             Se te oprima a los labios! Después será ceniza sobre la tierra negra.
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La inquietud fugaz
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Adán y eva ix
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueño y tus tendidas pestañas semejan arcos de ébano, por escuchar los latidos de tu corazón inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho,         diera, alma mía,         cuanto posea:         ¡la luz, el aire         y el pensamiento!   Cuando se clavan tus ojos en un invisible objeto y tus labios ilumina de una sonrisa el reflejo, por leer sobre tu frente el callado pensamiento que pasa como la nube del mar sobre el ancho espejo,         diera, alma mía,         cuanto deseo:         ¡la fama, el oro,         la gloria, el genio!   Cuando enmudece tu lengua y se apresura tu aliento y tus mejillas se encienden y entornas tus ojos negros, por ver entre sus pestañas brillar con húmedo fuego la ardiente chispa que brota del volcán de los deseos,         diera, alma mía,         por cuanto espero,         la fe, el espíritu,         la tierra, el cielo.
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Rima xxv
Mia vita, a te non chiedo lineamenti fissi, volti plausibili o possessi. Nel tuo giro inquieto ormai lo stesso sapore han miele e assenzio. Il cuore che ogni moto tiene a vile raro è squassato da trasalimenti. Così suona talvolta nel silenzio della campagna un colpo di fucile.
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Mia vita
Nella striscia di sabbia lasciata da questi sedici anni mi guardo indietro, poi guardo davanti e non riconosco nemmeno le mie mani, sento una voce e all'improvviso vedo le mie labbra muoversi, ma quel suono inquieto non fa altro che fondersi insieme a tutto ciò che lo circonda, come preso da un onda che lo rapisce, lo stordisce, e poi lo abbandona davanti al proprio destino finche egli stesso non svanisce. Guardando lontano all'orizzonte si nota una luce, dolce, calda, che tanto timorosa fugge; sarà lei la risposta alle mie domande? non lo so ... ma la sento vicina a me, come nient'altro nella mia vita , anche se qualvolta così estranea e lontana. Forse un giorno la raggiungerò lì, in quel mondo che sembra incantato... ma devo affrontare l'inferno, prima del mondo fatato dove spero arriverò in tempo... perché il desiderio della vendetta ,lo trattengo a stento !
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Jul 23, 2014
Jul 23, 2014 at 10:52 AM UTC
sand of time
Por vezes, sinto-me angustiado. Algo me atormenta, me deixa nervoso e inquieto durante horas. É perturbador. Uma vontade gigantesca que não cessa. Só nao sei de quê!
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Jul 30, 2013
Jul 30, 2013 at 10:30 PM UTC
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Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho.Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego, me parece posible a do brillan subir en un vuelo y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.En el mar de la duda en que bogo ni aun sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro.
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Rima viii
Com a brisa a bater no rosto, Por amor ou desgosto. Saudade de carinho e afecto, Sorriso inocente, inquieto. Passarinhos com melodia de encantar, Saudade do brilho do teu olhar. Sentimento que eu quero embalar, Nas ondas do céu quero estar... Distância espiritual e também terrena, Feita do cheiro da açucena. Saudade da autêntica orvalhada, Que eu cheiro de madrugada. Mistura de sentimentos comprometidos, Com o prazer de todos os sentidos. Saudade quase me deixa sempre triste , Pois há Saudade quando o amor existe. Parece que perdemos tudo sem querer, Encontrando a alma quem quer saber.! Saudade de tudo que na vida parece ser acaso ou desnorte , Dum destino feito vida, amor e sorte.
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Jun 6, 2023
Jun 6, 2023 at 4:17 PM UTC
Saudade do afecto
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol -en verano- y se calla. (¿Dije tranquilamente?: falso, falso: uno se sienta inquieto haciendo extraños gestos, pisoteando las hojas abatidas por la furia de un otoño sombrío, destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos, mordiendo injustamente las uñas de esos dedos, escupiendo en los charcos invernales, golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas que permanecen indiferentes al paso de la primavera, una primavera urbana que asoma con timidez los flecos de sus cabellos verdes allá arriba, detrás del zinc oscuro de los canalones, levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a punto de ser polvo.) Eso es cierto, tan cierto como que tengo un nombre con alas celestiales, arcangélico nombre que a nada corresponde: Ángel, me dicen, y yo me levanto disciplinado y recto con las alas mordidas -quiero decir: las uñas- y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.
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Preámbulo a un silencio
"El agua toma siempre la forma de los vasos que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos atisban y pretenden analizarme en vano; yo soy la resignada por excelencia, hermano. ¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila? Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila; hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas, me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas, y así pitagorizo mi ser, hora tras hora; hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora, todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe. ¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe! ¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tú ánimo agitas? ¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas de plegarse a los fines del Señor que nos rige! ¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige? ¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto aparecen...! ¡En cambio, yo canto, canto, canto! Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota; canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota, y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos, murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios! ¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua? ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; sé como el agua, llena de oblación y heroísmo, sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo; sé como el agua, dócil a la ley infinita, que reza en las iglesias en donde está bendita, y en el estanque arrulla meciendo la piragua. ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; lleva cantando el traje de que el Señor te viste, y no estés triste nunca, que es pecado estar triste. Deja que en ti se cumplan los fines de la vida: sé declive, no roca; transfórmate y anida donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos, murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios! Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro; si eres nube, la tarde te dará su arrebol; si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol; tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna eres, y si océano, te plateará la luna. Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada, y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada. Así me dijo el Agua con místico reproche, Y yo, rendido al santo consejo de la Maga, Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche, Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga?
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El agua multiforme
"El agua toma siempre la forma de los vasos que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos atisban y pretenden analizarme en vano; yo soy la resignada por excelencia, hermano. ¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila? Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila; hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas, me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas, y así pitagorizo mi ser, hora tras hora; hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora, todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe. ¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe! ¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tú ánimo agitas? ¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas de plegarse a los fines del Señor que nos rige! ¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige? ¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto aparecen...! ¡En cambio, yo canto, canto, canto! Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota; canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota, y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos, murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios! ¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua? ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; sé como el agua, llena de oblación y heroísmo, sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo; sé como el agua, dócil a la ley infinita, que reza en las iglesias en donde está bendita, y en el estanque arrulla meciendo la piragua. ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; lleva cantando el traje de que el Señor te viste, y no estés triste nunca, que es pecado estar triste. Deja que en ti se cumplan los fines de la vida: sé declive, no roca; transfórmate y anida donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos, murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios! Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro; si eres nube, la tarde te dará su arrebol; si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol; tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna eres, y si océano, te plateará la luna. Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada, y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada. Así me dijo el Agua con místico reproche, Y yo, rendido al santo consejo de la Maga, Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche, Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga?
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El rosal en su inquieto modo de florecer va quemando la savia que alimenta su ser. ¡Fijaos en las rosas que caen del rosal: Tantas son que la planta morirá de este mal! El rosal no es adulto y su vida impaciente se consume al dar flores precipitadamente.
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La inquietud del rosal
Esta luz de Sevilla... Es el palacio donde nací, con su rumor de fuente. Mi padre, en su despacho. -La alta frente, la breve mosca, y el bigote lacio-. Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea sus libros y medita. Se levanta; va hacia la puerta del jardín. Pasea. A veces habla solo, a veces canta. Sus grandes ojos de mirar inquieto ahora vagar parecen, sin objeto donde puedan posar, en el vacío. Ya escapan de su ayer a su mañana; ya miran en el tiempo, ¡padre mío!, piadosamente mi cabeza cana.
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Soneto iv
Todavía la vieja tentación de los cuerpos felices y de la juventud tiene atractivo para mí, no me deja dormir y esta noche me excita.Porque alguien contó historias de pescadores en la playa, cuando vuelven: la raya del amanecer marcando, lívida, el límite del mar, y asan sardinas frescas en espetones, sobre la arena. Lo imagino enseguida. Y me coge un deseo de vivir y ver amanecer, acostándote tarde, que no está en proporción con la edad que ya tengo.Aunque quizás alivie despertarse a otro ritmo, mañana.                                 Liberado de las exaltaciones de esta noche, de sus fantasmas en blue jeans.Como libros leídos han pasado los años que van quedando lejos, ya sin razón de ser -obras de otro momento.                                     Y el ansia de llorar y el roce de la sábana, que me tenía inquieto en las odiosas noches de verano, el lujo de impaciencia y el don de la elegía y el don de disciplina aplicada al ensueño, mi fe en la gran historia... Soldado de la guerra perdida de la vida, mataron mi caballo, casi no lo recuerdo. Hasta que me estremece un ramalazo de sensualidad.Envejecer tiene su gracias. Es igual que de joven aprender a bailar, plegarse a un ritmo más insistente que nuestra experiencia. Y procura también cierto instintivo placer curioso, una segunda naturaleza.
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Antes de ser maduro
Este hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día, tiene mustia la tez, el pelo cano, ojos velados por melancolía; bajo el bigote gris, labios de hastío, y una triste expresión, que no es tristeza, sino algo más y menos: el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza.Aún luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado, y un cordobés color de caramelo, pulido y torneado. Tres veces heredó; tres ha perdido al monte su caudal; dos ha enviudado.Sólo se anima ante el azar prohibido, sobre el verde tapete reclinado, o al evocar la tarde de un torero, la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta la hazaña de un gallardo bandolero, o la proeza de un matón, sangrienta.Bosteza de política banales dicterios al gobierno reaccionario, y augura que vendrán los liberales, cual torna la cigüeña al campanario.Un poco labrador, del cielo aguarda y al cielo teme; alguna vez suspira, pensando en su olivar, y al cielo mira con ojo inquieto, si la lluvia tarda.Lo demás, taciturno, hipocondriaco, prisionero en la Arcadia del presente, le aburre; sólo el humo del tabaco simula algunas sombras en su frente.Este hombre no es de ayer ni es de mañana, sino de nunca; de la cepa hispana no es el fruto maduro ni podrido, es una fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido, esa que hoy tiene la cabeza cana.
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Del pasado efímero
En Cluny, Siglo XV.                                         Bajo álamos de plata sus aguas el Saona, rumoroso dilata por el lento deshielo. La mole ennegrecida de piedra, corta el llanto que despierta a la vida. En el parque, vagando, y humilde la mirada, las manos sobre el pecho y en la oración callada, pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla y como una armonía celeste al campo arrulla. Cielo tranquilo y diáfano.                                                   La quietud del convento a la plegaria incita y a hondo recogimiento. Las ventajas abiertas dan al jardin. Las rosas sonríen bajo errante vuelo de mariposas; y en las frondas, de nidos y de aves la algazara es saludo a la aurora, que surge azul y clara. En la amplia biblioteca, monje benedictino tiene abierto en la mesa borroso pergamino, donde paciente artista de tiempo muy lejano, al principiar capítulos, pintó con hábil mano, en grandes iniciales y con vivos colores, dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores. Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, su palidez y el brillo de su pupila casta, y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, del jardín ante el tibio primaveral renuevo Copia un códice antiguo; «Dafnis y Cloe».                                                                                     Aromas de los rosales suben y arrullos de palomas. Absorto escribe.                                         Y Cloe se yergue ante sus ojos, Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, Así cual Longo un día radiante de verano La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano. Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, Arrullos y rumores llenan la quieta estancia. Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece. En su naciente seno ya la vida florece; Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella, Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella. Sobre la mesa el monje pensativo se curva; Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; Se alza rápido y torna a sentarse impaciente;· Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, Y aromas... y un deseo el corazón le roe... Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe. De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; Y sentado en la silla, pálido y sonreído, Se queda lentamente y en éxtasis dormido. En el silencio entonces, bajo el azul y el oro Del cielo, las campanas se oían; y en el coro Los monjes, en anhelo que del mal los liberte, Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
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Códice antiguo
En Cluny, Siglo XV.                                         Bajo álamos de plata sus aguas el Saona, rumoroso dilata por el lento deshielo. La mole ennegrecida de piedra, corta el llanto que despierta a la vida. En el parque, vagando, y humilde la mirada, las manos sobre el pecho y en la oración callada, pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla y como una armonía celeste al campo arrulla. Cielo tranquilo y diáfano.                                                   La quietud del convento a la plegaria incita y a hondo recogimiento. Las ventajas abiertas dan al jardin. Las rosas sonríen bajo errante vuelo de mariposas; y en las frondas, de nidos y de aves la algazara es saludo a la aurora, que surge azul y clara. En la amplia biblioteca, monje benedictino tiene abierto en la mesa borroso pergamino, donde paciente artista de tiempo muy lejano, al principiar capítulos, pintó con hábil mano, en grandes iniciales y con vivos colores, dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores. Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, su palidez y el brillo de su pupila casta, y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, del jardín ante el tibio primaveral renuevo Copia un códice antiguo; «Dafnis y Cloe».                                                                                     Aromas de los rosales suben y arrullos de palomas. Absorto escribe.                                         Y Cloe se yergue ante sus ojos, Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, Así cual Longo un día radiante de verano La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano. Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, Arrullos y rumores llenan la quieta estancia. Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece. En su naciente seno ya la vida florece; Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella, Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella. Sobre la mesa el monje pensativo se curva; Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; Se alza rápido y torna a sentarse impaciente;· Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, Y aromas... y un deseo el corazón le roe... Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe. De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; Y sentado en la silla, pálido y sonreído, Se queda lentamente y en éxtasis dormido. En el silencio entonces, bajo el azul y el oro Del cielo, las campanas se oían; y en el coro Los monjes, en anhelo que del mal los liberte, Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
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Creo conocerlo Un guerrero indomable con un corazón inquieto, un niño travieso extraviado en los intentos del que tiene que florecer con apresura. Un hombre incansable con una coraza dura, con una mirada llena de complicidad, de ternura, de lujuria, de un pasado que quiere entregarse a su futuro sin tener que revivir las heridas de su presente. Un hombre insaciable, que ensombrece los débiles rayos del sol ante la intensidad que él transfiere. Con una luz que ofusca, con la cara lacerada evidenciando todas la batallas avaluadas en su cara. La anarquía su guía de vida, algunos les llaman El Bohemio, otros bisoño, yo le llamo El Solitario. Él ante nadie se rinde, o, completamente se entrega, a nadie le pertenece, pero su mirada su soledad despliega; ese deseo de tener la dicha de quien mire más allá de su armadura, de quien reconozca su alma, de quien no quisiese blanquear sus manchas. Él quiere en una mirada encontrar calma, caminar juntos el trayecto sin fechas de ruina pero entregarse paz en cada prueba, sin perder . No sé por qué se tanto de él, porque siento tanta afinación por su ser, porque siento sus heridas en mi piel, y, sus manchas las he visto en algún espejo donde alguna vez me mire. No sé por qué me estremece su mirada, porque siento conocerlo, porque siento necesidad de protegerlo, él no es mío y nunca le he pertenecido, No sé…………………………………………………. talvez lo recuerda mi alma de alguna otra vida. LeydisProse 1/31/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 31, 2018
Jan 31, 2018 at 6:16 PM UTC
Creo conocerlo
Creo conocerlo Un guerrero indomable con un corazón inquieto, un niño travieso extraviado en los intentos del que tiene que florecer con apresura. Un hombre incansable con una coraza dura, con una mirada llena de complicidad, de ternura, de lujuria, de un pasado que quiere entregarse a su futuro sin tener que revivir las heridas de su presente. Un hombre insaciable, que ensombrece los débiles rayos del sol ante la intensidad que él transfiere. Con una luz que ofusca, con la cara lacerada evidenciando todas la batallas avaluadas en su cara. La anarquía su guía de vida, algunos les llaman El Bohemio, otros bisoño, yo le llamo El Solitario. Él ante nadie se rinde, o, completamente se entrega, a nadie le pertenece, pero su mirada su soledad despliega; ese deseo de tener la dicha de quien mire más allá de su armadura, de quien reconozca su alma, de quien no quisiese blanquear sus manchas. Él quiere en una mirada encontrar calma, caminar juntos el trayecto sin fechas de ruina pero entregarse paz en cada prueba, sin perder . No sé por qué se tanto de él, porque siento tanta afinación por su ser, porque siento sus heridas en mi piel, y, sus manchas las he visto en algún espejo donde alguna vez me mire. No sé por qué me estremece su mirada, porque siento conocerlo, porque siento necesidad de protegerlo, él no es mío y nunca le he pertenecido, No sé…………………………………………………. talvez lo recuerda mi alma de alguna otra vida. LeydisProse 1/31/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Mi pobre alma pálida era una crisálida. Luego, mariposa de color de rosa. Un céfiro inquieto dijo mi secreto... -¿Has sabido tu secreto un día? ¡Oh Mía! Tu secreto es una melodía de un rayo de luna... -¿Una melodía?
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Dice mía
Ahora andará por otras tierras, llevando lejos luces y esperanzas, aventando bandadas de pájaros remotos, y rumores, y voces, y campanas, -ruidoso perro que menea la cola y ladra ante las puertas entornadas. (Entretanto, la noche, como un gato sigiloso, entró por la ventana, vio unos restos de luz pálida y fría, y se bebió la última taza). Sí;       definitivamente el día se ha ido. Mucho no se llevó (no trajo nada); sólo un poco de tiempo entre los dientes, un menguado rebaño de luces fatigadas. Tampoco lo lloréis.  Puntual e inquieto, sin duda alguna, volverá mañana. Ahuyentará a ese gato ***** Ladrará hasta sacarme de la cama. Pero no será igual. Será otro día. Será otro perro de la misma raza.
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El día se ha ido
Me besaba mucho; como si temiera irse muy temprano... Su cariño era inquieto, nervioso.                               Yo no comprendía tan febril premura. Mi intención grosera nunca vio muy lejos...                                   ¡Ella presentía! Ella presentía que era corto el plazo, que la vela herida por el latigazo del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad quería dejarme su alma en cada abrazo, poner en sus besos una eternidad.
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V. me besaba mucho
Su ventana está cerrada, La ventana en que solía Asomar su faz mi amada Cuando la tarde moría. Quiero mi mundo evocar, Paraíso de quimeras... Voy lo de adentro a observar Al través de las vidrieras. A la sala silenciosa Dirijo, inquieto, la vista, Y al ver que todo reposa Mi corazón se contrista. En medio a tanto mutismo, Cómo su ausencia resalta... Todo está, todo, lo mismo... ¡Ella solamente falta! Ya truncada estás, historia! Ensueños, ya sois huidos! Cuál llegan a mi memoria Aromas de tiempos idos! La silla que se halla al frente, Muelle parece que aguarda A la que lloro yo ausente, Aquella que tanto tarda. En la tallada consola Está abierta la novela Que leía cuando sola Pasaba la noche en vela, Como en aquella doliente Noche del último adiós, Cuando besé su alba frente, Cuando lloramos los dos... Como en noches de agonía, Noches de rayos y lluvia, Cuando en las manos hundía La hermosa cabeza rubia... Un ramo casi deshecho Mis ojos miran allí... ¡El que llevaba en el pecho La última vez que la vi! Parece que ecos de danzas Cruzan el salón desierto... El libro de las romanzas Está sobre el piano abierto; Y como todo lo abrasa El sol con sus resplandores, En el patio de la casa Secas estarán las flores. En medio a tanto mutismo Cómo su ausencia resalta... Todo está, todo, lo mismo ¡Ella solamente falta!
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La sala desierta
Únicamente el río conoce tu secreto, ese secreto tuyo que es el secreto mío. El río es un hombre de corazón inquieto pero el amor se aleja como el agua del río. Únicamente el río nos vio por la vereda, y el rumor de sus aguas era como un reproche. Tu piel era más blanca bajo la magra seda, como el deslumbramiento de la nieve en la noche. No importa que huya el agua como un amor de un día; mi amor, igual que el río, se quedará aunque huya. Únicamente el río supo que fuiste mía, para que mí alma fuera profundamente tuya. El río es como un viaje para el sueño del hombre, el hombre, es como el río, un gran dolor en viaje. Únicamente el río te oyó decir mí nombre cuando las hojas secas decoraron tu traje. Sí. El río es como un hombre de corazón inquieto que va encendiendo hogueras y se muere de frío. Únicamente el río conoce tu secreto. Únicamente el río.
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Poema del río