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"cuchillo" poems
on tall trees (en arboles altos) they begin as small white flowers (empiezan como flores pequeñas y blancas) with five petals (con cinco petalos) and a sweet smell (y un olor dulce) ready in summer (estan listos en el verano) smooth skin (piel suave) colorful skin (piel lleno de color) red, orange, yellow, green (rojo, anaranjado, amarillo, verde) single pit in the middle (una semilla en el medio) sweet flavor (sabor dulce) soft or firm (blando o firme) the knife breaks the thin surface (el cuchillo rompe la superficie delgada) and reveals a golden sun (y revela un sol dorado) a sun (un sol) bright (brillante) shining (radiante) and glorious (y glorioso) i like mangos (me gusta mangos) mango juice (jugo de mango) mango smoothies (batidos de mangos) mango ice cream (helado de mango) i have a candle (tengo un cirio) that smells like (que huele como) mangos (mangos) it’s one of my favorite smells (es uno de mis olores favoritos) in the entire world (en todo el mundo) when i think of (cuando yo pienso en) mangos (mangos) i think of (yo pienso en) summer (el verano) my happy place (mi lugar feliz) my paradise (mi paraiso)
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Feb 5, 2015
Feb 5, 2015 at 10:55 PM UTC
ode to the mango (oda al mango)
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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Walking around
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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Oda a la cebolla
Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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La calle se llenó de tomates, mediodía, verano, la luz se parte en dos mitades de tomate, corre por las calles el jugo. En diciembre se desata el tomate, invade las cocinas, entra por los almuerzos, se sienta reposado en los aparadores, entre los vasos, las mantequilleras, los saleros azules. Tiene luz propia, majestad benigna. Debemos, por desgracia, asesinarlo: se hunde el cuchillo en su pulpa viviente, es una roja víscera, un sol fresco, profundo, inagotable, llena las ensaladas de Chile, se casa alegremente con la clara cebolla, y para celebrarlo se deja caer aceite, hijo esencial del olivo, sobre sus hemisferios entreabiertos, agrega la pimienta su fragancia, la sal su magnetismo: son las bodas del día, el perejil levanta banderines, las papas hierven vigorosamente, el asado golpea con su aroma en la puerta, es hora! vamos! y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate, astro de tierra, estrella repetida y fecunda, nos muestra sus circunvoluciones, sus canales, la insigne plenitud y la abundancia sin hueso, sin coraza, sin escamas ni espinas, nos entrega el regalo de su color fogoso y la totalidad de su frescura.
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Oda al tomate
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Oda a la araucaria araucana
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
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Letrilla satírica
Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
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En la luna negra de los bandoleros, cantan las espuelas.   Caballito ***** ¿Dónde llevas tu jinete muerto?   ...Las duras espuelas del bandido inmóvil que perdió las riendas.   Caballito frío. ¡Qué perfume de flor de cuchillo!   En la luna negra, sangraba el costado de Sierra Morena.   Caballito ***** ¿Dónde llevas tu jinete muerto?   La noche espolea sus negros ijares clavándose estrellas.   Caballito frío. ¡Qué perfume de flor de cuchillo!   En la luna negra, ¡un grito! y el cuerno largo de la hoguera.   Caballito ***** ¿Dónde llevas tu jinete muerto?
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Canción de jinete
Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor! No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor. Amor, tu bóveda arriba y no abajo siempre, amor, sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor, a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz, comiendo pan y cuchillo como buen trabajador y a veces cuchillo sólo, sólo por amor. Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Esperanza, mar, desierto, sangre, monte rodador: libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no, pero donde se despliegan, sólo por amor. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor.
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Antes del odio
Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor! No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor. Amor, tu bóveda arriba y no abajo siempre, amor, sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor, a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz, comiendo pan y cuchillo como buen trabajador y a veces cuchillo sólo, sólo por amor. Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Esperanza, mar, desierto, sangre, monte rodador: libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no, pero donde se despliegan, sólo por amor. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor.
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Blade in hand the heavensent Inches closer to her face "I've been counting down the days" Says he. Further down the hole he went Losing races in a maze Wide awake inside his craze, Crazy. He moves in silence Lurking between venues Welcome and adieu He comes and goes In skies and ink injections In rejections of her heart In breaking silence, In his art Of knives to Faces.
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Oct 29, 2016
Oct 29, 2016 at 5:18 PM UTC
Cuchillo a Cara
Las palomas visitaron a Pushkin y picotearon su melancolía: la estatua de bronce gris habla con las palomas con paciencia de bronce: los pájaros modernos no le entienden, es otro ahora el idioma de los pájaros y con briznas de Pushkin vuelan a Mayakovski. Parece de plomo su estatua, parece que estuviera hecha de balas: no hicieron su ternura sino su bella arrogancia: si es un demoledor de cosas tiernas, cómo pudo vivir entre violetas, a la luz de la luna, en el amor? Algo les falta siempre a esras estatuas fijas en la dirección del tiempo o ensartan puntualmente el aire con cuchillo militar o lo dejan sentado (como a Gogol) transformado en turista de jardín, y otros hombres, cansados del caballo, ya no pudieron bajar a comer. En verdad son amargas las estarnas porque el tiempo se queda depositado en ellas, oxidado, y aunque las flores llegan a cubrir sus fríos pies, las flores no son besos, llegan allí también para morir. Palomas blancas, diurnas, y poetas nocturnos giran alrededor de los zapatos de Mayakovski férreo, de su espantoso chaquetón de bronce y de su férrea boca sin sonrisa. Yo alguna vez ya tarde, ya dormido, en ciudad, desde el río a las colinas, oí subir los versos, la salmodia de los recitativos recitantes. Vladimir escuchaba? Escuchan las estatuas? Parecía furioso, su gesro no admitía verso alguno: tal vez la estatua es concha, caracola de mármol, bronce o piedra de un animal herido que se fue y dejó este vestigio congelado, un ademán, un movimiento inmóvil, el despojo del alma.
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Estatuas
Las palomas visitaron a Pushkin y picotearon su melancolía: la estatua de bronce gris habla con las palomas con paciencia de bronce: los pájaros modernos no le entienden, es otro ahora el idioma de los pájaros y con briznas de Pushkin vuelan a Mayakovski. Parece de plomo su estatua, parece que estuviera hecha de balas: no hicieron su ternura sino su bella arrogancia: si es un demoledor de cosas tiernas, cómo pudo vivir entre violetas, a la luz de la luna, en el amor? Algo les falta siempre a esras estatuas fijas en la dirección del tiempo o ensartan puntualmente el aire con cuchillo militar o lo dejan sentado (como a Gogol) transformado en turista de jardín, y otros hombres, cansados del caballo, ya no pudieron bajar a comer. En verdad son amargas las estarnas porque el tiempo se queda depositado en ellas, oxidado, y aunque las flores llegan a cubrir sus fríos pies, las flores no son besos, llegan allí también para morir. Palomas blancas, diurnas, y poetas nocturnos giran alrededor de los zapatos de Mayakovski férreo, de su espantoso chaquetón de bronce y de su férrea boca sin sonrisa. Yo alguna vez ya tarde, ya dormido, en ciudad, desde el río a las colinas, oí subir los versos, la salmodia de los recitativos recitantes. Vladimir escuchaba? Escuchan las estatuas? Parecía furioso, su gesro no admitía verso alguno: tal vez la estatua es concha, caracola de mármol, bronce o piedra de un animal herido que se fue y dejó este vestigio congelado, un ademán, un movimiento inmóvil, el despojo del alma.
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¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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Visión de sevilla
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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Una noche en la Ciudad de México, En esa ciudad antigua, espesa de cultura sobre un árido Lago de Texcoco; primitiva como sus religiones sangrientas, y moderna como afilado Cuchillo de plata y nácar. Aunque las piramides de el sol Y la luna No fueron testigos, Y no nos encontramos abrazados, desnudos, sobre la Calzada de Los Muertos, La nívea sabana se tiño de virginal Pureza en rojo de entrega, tu vez primera. J Eduardo Ramos©
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Aug 11, 2014
Aug 11, 2014 at 12:31 PM UTC
Una Noche en Tenochtitlán
Caminando hacia el suburbio con mi rebaño de versos, para todos invisible, para mí ruidoso y crespo, pasó adrede por mi banda casi afeitándome el cuerpo, un automóvil cuchillo, largo, afilado y estrecho, de cachas negras y azules y hoja de cristal y acero, que aventó mi pobre hato y al rabadán dejó lelo. Un hermoso animalito maduro para el cuaderno, dio contra el tronco sin ramas de un buzón, y quedó muerto. Otro fue a parar a lo alto de un edificio frontero y en el monte de una cúpula se quejaba lastimero. En la ruedita de un trole oblicuo como un acento, un tercero me llamaba entre chispas y aspavientos. Y unos treinta recentales, copos de lana y conceptos, que iban para seguidillas y décimas y sonetos, se perdieron por las calles resbaladizas del centro. Lo que me costó reunirlos, amigos, es otro cuento, entre piernas de chicuelas, y gambas de caballeros. A la sombrita de un sauce me iré con mis cuatro versos.
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Pastor de versos
AS SURE AS SHOES IS SHOES out of the interlocking needles a sock grows hanging from its needles the sock a chrysalis Auntie Marge's socks as if a rainbow had grown two feet Auntie Marge's infamous rainbow socks flying off for Christmas Paris..New York...Termonfeckin nieces nephews children grandchildren all wearing rainbow socks the half grown sock tick of a grandfather clock wait for the mourners to return her needles in a cigar tin standing to attention sticking their heads out of the bin some large crochet needles "As sure as shoes is shoes I kept warm the feet of this here family!" clock cuts up Time into little bits so that the humans can understand *** Her grandfather was a cobbler and would always say this whatever the situation. People would always need shoes...although the family of the cobbler often did without as shoes is what put food on the table. But who is wurs shod, than the shoemakers wyfe, With shops full of newe shapen shoes all hir lyfe? [1546 J. Heywood Dialogue of Proverbs i. xi. E1V] All languages have same sounding adages...whatever the profession. Les cordonniers sont les plus mal chaussés. with a first quote by Montaigne : Quand nous veoyons un homme mal chaussé, nous disons que ce n'est pas merveille s'il est chaussetier in In German: Die Kinder des Schusters haben die schlechtesten Schuhe. In Spanish (En casa de herrero, cuchillo de palo "In a blacksmith's home, knives are wooden"). In Chinese "the lady who sells fans fans herself with her hands", In Arabic, "at the potter's house water is served in a broken jug". *** Her grandfather was a cobbler and would always say this whatever the situation. People would always need shoes...although the family of the cobbler often did without as shoes is what put food on the table. "Chomh cinnte is bróga atá bróga!" as she would say in her Irish. Her grandfather would shorten it to" is bróga atá bróga!" or" shoes is shoes."
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Feb 12, 2024
Feb 12, 2024 at 7:18 AM UTC
AS SURE AS SHOES IS SHOES
AS SURE AS SHOES IS SHOES out of the interlocking needles a sock grows hanging from its needles the sock a chrysalis Auntie Marge's socks as if a rainbow had grown two feet Auntie Marge's infamous rainbow socks flying off for Christmas Paris..New York...Termonfeckin nieces nephews children grandchildren all wearing rainbow socks the half grown sock tick of a grandfather clock wait for the mourners to return her needles in a cigar tin standing to attention sticking their heads out of the bin some large crochet needles "As sure as shoes is shoes I kept warm the feet of this here family!" clock cuts up Time into little bits so that the humans can understand *** Her grandfather was a cobbler and would always say this whatever the situation. People would always need shoes...although the family of the cobbler often did without as shoes is what put food on the table. But who is wurs shod, than the shoemakers wyfe, With shops full of newe shapen shoes all hir lyfe? [1546 J. Heywood Dialogue of Proverbs i. xi. E1V] All languages have same sounding adages...whatever the profession. Les cordonniers sont les plus mal chaussés. with a first quote by Montaigne : Quand nous veoyons un homme mal chaussé, nous disons que ce n'est pas merveille s'il est chaussetier in In German: Die Kinder des Schusters haben die schlechtesten Schuhe. In Spanish (En casa de herrero, cuchillo de palo "In a blacksmith's home, knives are wooden"). In Chinese "the lady who sells fans fans herself with her hands", In Arabic, "at the potter's house water is served in a broken jug". *** Her grandfather was a cobbler and would always say this whatever the situation. People would always need shoes...although the family of the cobbler often did without as shoes is what put food on the table. "Chomh cinnte is bróga atá bróga!" as she would say in her Irish. Her grandfather would shorten it to" is bróga atá bróga!" or" shoes is shoes."
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Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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To ease her pain's, I shalt taketh the knife, that's in her heart, And stab it into mine Over, and over, and over again.   ©Brandon nagley © Lonesome poet's poetry
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Jul 9, 2015
Jul 9, 2015 at 5:59 PM UTC
Tomando su cuchillo ( Taking her knife) spanish tongue
En los campos de Antelo, hacia el noventa mi padre lo trató. Quizá cambiaron unas parcas palabras olvidadas. No recordaba de él sino una cosa: el dorso de la oscura mano izquierda cruzado de zarpazos. En la estancia cada uno cumplía su destino: éste era domador, tropero el otro, aquél tiraba como nadie el lazo y Simón Carvajal era el tigrero. Si un tigre depredaba las majadas o lo oían bramar en la tiniebla, Carvajal lo rastreaba por el monte. Iba con el cuchillo y con los perros. Al fin daba con él en la espesura. Azuzaba a los perros. La amarilla fiera se abalanzaba sobre el hombre que agitaba en el brazo izquierdo el poncho, que era escudo y señuelo. El blanco vientre quedaba expuesto. El animal sentía que el acero le entraba hasta la muerte. El duelo era fatal y era infinito. Siempre estaba matando al mismo tigre inmortal. No te asombre demasiado su destino. Es el tuyo y es el mío, salvo que nuestro tigre tiene formas que cambian sin parar. Se llama el odio, el amor, el azar, cada momento.
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Simón carbajal
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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Euzkadi
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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Si tú eres la yegua de ámbar                     yo soy el camino de sangre Si tú eres la primer nevada                     yo soy el que enciende el brasero del alba Si tú eres la torre de la noche                     yo soy el clavo ardiendo en tu frente Si tú eres la marea matutina                     yo soy el grito del primer pájaro Si tú eres la cesta de naranjas                     yo soy el cuchillo de sol Si tú eres el altar de piedra                     yo soy la mano sacrílega Si tú eres la tierra acostada                     yo soy la caña verde Si tú eres el salto del viento                     yo soy el fuego enterrado Si tú eres la boca del agua                     yo soy la boca del musgo Si tú eres el bosque de las nubes                     yo soy el hacha que las parte Si tú eres la ciudad profanada                     yo soy la lluvia de consagración Si tú eres la montana amarilla                     yo soy los brazos rojos del liquen Si tú eres el sol que se levanta                     yo soy el camino de sangre
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Movimiento
Esa mujer se parecía a la palabra nunca, desde la nuca le subía un encanto particular una especie de olvido donde guardar los ojos, esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo. Atención atención yo gritaba atención pero ella invadía como el amor, como la noche, las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos. Dentro de mí estallaron ruidos secos, caían a pedazos la furia, la tristeza, la señora llovía dulcemente sobre mis huesos parados en la soledad. Cuando se fue yo tiritaba como un condenado, con un cuchillo brusco me maté, voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre, él moverá mi boca por la última vez.
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Gotán
Pretenden que todo está bien. Sonríen y actúan como si no fuéramos sus esclavos. Tienen un cuchillo, todo mientras esperan que cumplamos con sus demandas. Pedimos cambio. se niegan No quieren perder el control pero estamos cansados de los límites que nos imponen. ya no queremos ser controlados. ¿Qué es lo que no pueden entender?
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Mar 25, 2022
Mar 25, 2022 at 12:15 PM UTC
Los Criollos
Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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Al pintor swaminathan
Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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Amigo, levántate para que oigas aullar al perro asirio. Las tres ninfas del cáncer han estado bailando, hijo mío. Trajeron unas montañas de lacre rojo y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido. El caballo tenía un ojo en el cuello y la luna estaba en un cielo tan frío que tuvo que desgarrarse su monte de Venus y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos. Amigo, despierta, que los montes todavía no respiran y las hierbas de mí corazón están en otro sitio. No importa que estés lleno de agua de mar. Yo amé mucho tiempo a un niño que tenía una plumilla en la lengua y vivimos cien años dentro de un cuchillo. Despierta.  Calla.  Escucha.  Incorpórate un poco. El aullido es una larga lengua morada que deja hormigas de espanto y licor de lirios. Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces! Se acerca.  Gime.  No solloces en sueños, amigo. ¡Amigo! Levántate para que oigas aullar al perro asirio.
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Paisaje con dos tumbas y un perro asirio
La luz sostiene -ingrávidos, reales- el cerro blanco y las encinas negras, el sendero que avanza, el árbol que se queda; la luz naciente busca su camino, río titubeante que dibuja sus dudas y las vuelve certidumbres, río del alba sobre unos párpados cerrados; la luz esculpe al viento en la cortina, hace de cada hora un cuerpo vivo, entra en el cuarto y se desliza, descalza, sobre el filo del cuchillo; la luz nace mujer en un espejo, desnuda bajo diáfanos follajes una mirada la encadena, la desvanece un parpadeo; la luz palpa los frutos y palpa lo invisible, cántaro donde beben claridades los ojos, llama cortada en flor y vela en vela donde la mariposa de alas negras se quema: la luz abre los pliegues de la sábana y los repliegues de la pubescencia, arde en la chimenea, sus llamas vueltas sombras trepan los muros, yedra deseosa; la luz no absuelve ni condena, no es justa ni es injusta, la luz con manos invisibles alza los edificios de la simetría; la luz se va por un pasaje de reflejos y regresa a sí misma: es una mano que se inventa, un ojo que se mira en sus inventos. La luz es tiempo que se piensa.
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La vista, el tacto