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"brinda" poems
A River In Madurai, city of temples and poets, who sang of cities and temples, every summer a river dries to a trickle in the sand, baring the sand ribs, straw and women’s hair clogging the watergates at the rusty bars under the bridges with patches of repair all over them the wet stones glistening like sleepy crocodiles, the dry ones shaven water-buffaloes lounging in the sun The poets only sang of the floods. He was there for a day when they had the floods. People everywhere talked of the inches rising, of the precise number of cobbled steps run over by the water, rising on the bathing places, and the way it carried off three village houses, one pregnant woman and a couple of cows named Gopi and Brinda as usual. The new poets still quoted the old poets, but no one spoke in verse of the pregnant woman drowned, with perhaps twins in her, kicking at blank walls even before birth. He said: the river has water enough to be poetic about only once a year and then it carries away in the first half-hour three village houses, a couple of cows named Gopi and Brinda and one pregnant woman expecting identical twins with no moles on their bodies, with different coloured diapers to tell them apart.                                                                                                                                      ~A.K.Ramanujan
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Apr 28, 2013
Apr 28, 2013 at 12:57 PM UTC
A River (by A.K.Ramanujan)
A River In Madurai, city of temples and poets, who sang of cities and temples, every summer a river dries to a trickle in the sand, baring the sand ribs, straw and women’s hair clogging the watergates at the rusty bars under the bridges with patches of repair all over them the wet stones glistening like sleepy crocodiles, the dry ones shaven water-buffaloes lounging in the sun The poets only sang of the floods. He was there for a day when they had the floods. People everywhere talked of the inches rising, of the precise number of cobbled steps run over by the water, rising on the bathing places, and the way it carried off three village houses, one pregnant woman and a couple of cows named Gopi and Brinda as usual. The new poets still quoted the old poets, but no one spoke in verse of the pregnant woman drowned, with perhaps twins in her, kicking at blank walls even before birth. He said: the river has water enough to be poetic about only once a year and then it carries away in the first half-hour three village houses, a couple of cows named Gopi and Brinda and one pregnant woman expecting identical twins with no moles on their bodies, with different coloured diapers to tell them apart.                                                                                                                                      ~A.K.Ramanujan
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51
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Poema de los besos
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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54
Delinquiría de leso corazón si no anegara con mi idolatría, en lacrimosa ablución, la imagen de la párvula sombría. Retrato para quien mi llanto mana a la una de la mañana, reflejando en su sal, que va sin brida, la minúscula frente desmedida... Cejas, andamio del alcázar del rostro , en las que ondula mi tragedia mimosa, sin la bula para un posible epitalamio... La niña del retrato se puso seria, y se veló su frente, y endureció los dos ojos profundos, como una migajita de otros mundos que caída en brumoso interinato, toda la angustia sublunar presiente. Fiereza desvalida, hecha a mirar el mar... Boca en bisel, como un espejo afable que no hable... Medias de almo color; para que vaya por la cernida arena de la playa... Las deleznables manos, que cavan pozos enanos, son carceleras de los océanos... Linda congoja de la frente linda, la que inerme y tiránica se brinda por modelo de copa y de coyunda y de lira rotunda... Retrato de iniciales sinfonías: tus cinco años son cinco bujías a cuya luz el alma llora; por eso a ti me abro como a la honestidad versicolora de un diminutivo candelabro. Los invisibles hombros, cual quimera en que un genio marítimo retoza, no columbran siquiera la adoración venidera que los ha de rozar, como se roza el codo de una estricta compañera. Párvula del retrato; seriedad prematura; linda congoja de un juego nonato que enfrente del fotógrafo se apura; pelo de enigma, como los edenes enigmáticos desde donde vienes; víspera bella que cantas en la Octava de mi más negra hora: hoy hice un alto por mojar tus plantas con sangre de mis ojos, y miré que salías del óvalo de bruma, como punto final que se incorpora y como duende de relojería, a dar en los relojes de mi fe la campanada de la dicha suma. Niña, venusto manual: yo te leía al borde de una estrella, leyéndote mortífera y vital; y absorto en el primor de la lectura pisé el vacío...                             Y voy en la centella de una nihilista locura.
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La niña del retrato
Delinquiría de leso corazón si no anegara con mi idolatría, en lacrimosa ablución, la imagen de la párvula sombría. Retrato para quien mi llanto mana a la una de la mañana, reflejando en su sal, que va sin brida, la minúscula frente desmedida... Cejas, andamio del alcázar del rostro , en las que ondula mi tragedia mimosa, sin la bula para un posible epitalamio... La niña del retrato se puso seria, y se veló su frente, y endureció los dos ojos profundos, como una migajita de otros mundos que caída en brumoso interinato, toda la angustia sublunar presiente. Fiereza desvalida, hecha a mirar el mar... Boca en bisel, como un espejo afable que no hable... Medias de almo color; para que vaya por la cernida arena de la playa... Las deleznables manos, que cavan pozos enanos, son carceleras de los océanos... Linda congoja de la frente linda, la que inerme y tiránica se brinda por modelo de copa y de coyunda y de lira rotunda... Retrato de iniciales sinfonías: tus cinco años son cinco bujías a cuya luz el alma llora; por eso a ti me abro como a la honestidad versicolora de un diminutivo candelabro. Los invisibles hombros, cual quimera en que un genio marítimo retoza, no columbran siquiera la adoración venidera que los ha de rozar, como se roza el codo de una estricta compañera. Párvula del retrato; seriedad prematura; linda congoja de un juego nonato que enfrente del fotógrafo se apura; pelo de enigma, como los edenes enigmáticos desde donde vienes; víspera bella que cantas en la Octava de mi más negra hora: hoy hice un alto por mojar tus plantas con sangre de mis ojos, y miré que salías del óvalo de bruma, como punto final que se incorpora y como duende de relojería, a dar en los relojes de mi fe la campanada de la dicha suma. Niña, venusto manual: yo te leía al borde de una estrella, leyéndote mortífera y vital; y absorto en el primor de la lectura pisé el vacío...                             Y voy en la centella de una nihilista locura.
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Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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Acuarimántima viii
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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Cada rosa gentil ayer nacida, cada aurora que apunta entre sonrojos, dejan mi alma en el éxtasis sumida... ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos el perpetuo milagro de la vida! Años ha que contemplo las estrellas en las diáfanas noches españolas y las encuentro cada vez mas bellas. Años ha que en el mar, conmigo a solas, de las olas escucho las querellas, y aun me pasma el prodigio de las olas! Cada vez hallo la Naturaleza más sobrenatural, más pura y santa, Para mí, en rededor, todo es belleza; y con la misma plenitud me encanta la boca de la madre cuando reza que la boca del niño cuando canta. Quiero ser inmortal, con sed intensa, porque es maravilloso el panorama con que nos brinda la creación inmensa; porque cada lucero me reclama, diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa, también aquí se lucha, aquí se ama».
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Éxtasis
Hace de dos seres un alma completa, Ignora por completo la lógica estéril, Brinda calor en el mas frio invierno, Y reemplaza la desesperación con la esperanza. Alimenta el espíritu mas que el manjar mas exquisito, Sacia la sed mejor que un manantial en el desierto, Forma una isla celestial en el infierno terrestre. Discierne la belleza pura no con los ojos sino con el corazón, Hace que uno aspire a ser mejor de lo que es, Une a todos los seres conscientes en el universo, Nacidos del polvo estelar de estrellas fallecidas. Los que tienen la dicha de encontrar este don celestial, Despiertan de la eterna pesadilla que es la vida sin llegar a conocer, El verdadero propósito de la existencia. True Love It makes from two beings a complete soul, It completely ignores sterile logic, It provides warmth in the coldest winter, And replaces despair with hope. It Feeds the spirit more than the most exquisite delicacy, It sates thirst better than a spring in the desert, And forms a celestial island in a terrestrial hell. It discerns true beauty not with the eyes but with the heart, It makes us aspire to be better than we are, It unites all sentient beings in the universe, Born from the stardust of dead stars. Those who are fortunate enough to find this precious heavenly gift, Wake up from the eternal nightmare of a life without knowing, The true purpose of our existence.
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Jul 3, 2019
Jul 3, 2019 at 11:27 AM UTC
El Amor Verdadero / True Love
¡Cuántas, cuántas tiene el mar, cuántas alegrías! Seres de luz, sobre el agua, bailan, en puntillas. ¡Qué bien acaban las ondas: mueren bailarinas! En las azules tramoyas fiestas se perfilan. Ni olas, ni reflejos son todo lo que brilla. Ni espumas son las que juegan, ya desvanecidas. Es la comedia que el gozo monta cada día. La constancia en lo feliz. Sí, las que se obstinan felicidades, en ser. ¡Tesón, en la dicha! Las alegrías, al mar, nunca se le quitan. Entonces, ¿por qué estoy yo con mano en mejilla? ¿Suyas, mías, qué más da, si están a la vista, al aire, al sol, refulgiendo sus cuerpos de ondina? ¿Si todos los gozos suyos, todos, me los brinda, como la vida, a diario, me ofrece mi vida, con sólo aceptar la luz que otra aurora envía? Alegrías que me falten, él me las fabrica. Desde sus lejos profundos a mí se encaminan. Y aquí en los ojos, las suyas se vuelven las mías.
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Variación iv
En la vieja Colonia, en el oscuro   rincón de una taberna, tres estudiantes de Alemania un día   bebíamos cerveza.Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,   evocando leyendas, y sobre el muerto campo y en las almas   flotaba la tristeza.Hablábamos de amor, y Franz, el triste,   el soñador poeta, de versos enfermizos, cual las hadas   de sus vagos poemas:«Yo brindo -dijo- por la amada mía,   la que vive en las nieblas, en los viejos castillos y en las sombras   de las mudas iglesias;»Por mi pálida Musa de ojos castos   y rubia cabellera, que cuando entro de noche a mi buhardilla   en la frente me besa».Y Karl, el de las rimas aceradas,   el de la lira enérgica, cantor del Sol, de los radiantes cielos   y de las hondas selvas,el poeta del pueblo, el que ha narrado   las campestres faenas, el de los versos que en las almas vibran   cual músicas guerreras:«Yo brindo -dijo- por la Musa mía,   la hermosa lorenesa, de ojos ardientes, de encendidos labios   y riza cabellera;»por la mujer de besos ardorosos   que aguarda ya mi vuelta en los verdes viñedos donde arrastra   sus aguas el Mosela».«¡Brinda tú!»-me dijeron-. Yo callaba   de codos en la mesa, y ocultando una lágrima, alcé el vaso   y dije con voz trémula:«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»   y apuré la cerveza; y entre cantos y gritos exclamamos:   «¡Por la pasión eterna!».Y seguimos risueños, charladores,   en nuestra alegre fiesta... Y allí mi corazón se me moría, se moría de frío y de tristeza.
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En colonia
En la vieja Colonia, en el oscuro   rincón de una taberna, tres estudiantes de Alemania un día   bebíamos cerveza.Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,   evocando leyendas, y sobre el muerto campo y en las almas   flotaba la tristeza.Hablábamos de amor, y Franz, el triste,   el soñador poeta, de versos enfermizos, cual las hadas   de sus vagos poemas:«Yo brindo -dijo- por la amada mía,   la que vive en las nieblas, en los viejos castillos y en las sombras   de las mudas iglesias;»Por mi pálida Musa de ojos castos   y rubia cabellera, que cuando entro de noche a mi buhardilla   en la frente me besa».Y Karl, el de las rimas aceradas,   el de la lira enérgica, cantor del Sol, de los radiantes cielos   y de las hondas selvas,el poeta del pueblo, el que ha narrado   las campestres faenas, el de los versos que en las almas vibran   cual músicas guerreras:«Yo brindo -dijo- por la Musa mía,   la hermosa lorenesa, de ojos ardientes, de encendidos labios   y riza cabellera;»por la mujer de besos ardorosos   que aguarda ya mi vuelta en los verdes viñedos donde arrastra   sus aguas el Mosela».«¡Brinda tú!»-me dijeron-. Yo callaba   de codos en la mesa, y ocultando una lágrima, alcé el vaso   y dije con voz trémula:«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»   y apuré la cerveza; y entre cantos y gritos exclamamos:   «¡Por la pasión eterna!».Y seguimos risueños, charladores,   en nuestra alegre fiesta... Y allí mi corazón se me moría, se moría de frío y de tristeza.
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