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"sacude" poems
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Nov 13, 2018
Nov 13, 2018 at 3:52 PM UTC
16 de Agosto
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Tristeza, escarabajo de siete patas rotas, huevo de telaraña, rata descalabrada, esqueleto de perra: Aquí no entras. No pasas. Ándate. Vuelve al Sur con tu paraguas, vuelve al Norte con tus dientes de culebra. Aquí vive un poeta. La tristeza no puede entrar por estas puertas. Por las ventanas entra el aire del mundo, las rojas rosas nuevas, las banderas bordadas del pueblo y sus victorias. No puedes, Aquí no entras. Sacude tus alas de murciélago, yo pisaré las plumas que caen de tu manto, yo barreré los trozos de tu cadáver hacia las cuatro puntas del viento, yo te torceré el cuello, te coseré los ojos, cortaré tu mortaja y enterraré tus huesos roedores bajo la primavera de un manzano.
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Oda a la tristeza
Déjame reposar, aflojar los músculos del corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos días, los más largos del tiempo. Convalecemos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño para verte en la noche y saber que respiras. Necesitamos despertar para estar más despiertos en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos. Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, por eso es que este hachazo nos sacude. Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría. No lo sabemos bien, pero de pronto llega un incesante aviso, una escapada espada de la boca de Dios que cae y cae y cae lentamente. Y he aquí que temblamos de miedo, que nos ahoga el llanto contenido, que nos aprieta la garganta el miedo. Nos echamos a andar y no paramos de andar jamás, después de medianoche, en ese pasillo del sanatorio silencioso donde hay una enfermera despierta de ángel. Esperar que murieras era morir despacio, estar goteando del tubo de la muerte, morir poco, a pedazos. No ha habido hora más larga que cuando no dormías, ni túnel más espeso de horror y de miseria que el que llenaban tus lamentos, tu pobre cuerpo herido.
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Primera parte
Lentamente el ahogado recorre sus dominios Donde el silencio quita su apariencia a la vida. Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen Árboles sin colores y pájaros callados. Las sombras indecisas alargándose tiemblan, Mas el viento no mueve sus alas irisadas; Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos, Halla un golpe de luz, la memoria del aire. Un vidrio denso tiembla delante de las cosas, Un vidrio que despierta formas color de olvido; Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida, Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto. Delicados, con prisa, se insinúan apenas Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua Reflejos de metal o aceros relucientes, Y su rumbo acuchilla las simétricas olas. Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos, Flores de luz quizá, o miradas tan bellas Como pudo el ahogado soñarlas una noche, Sin amor ni dolor, en su tumba infinita. A su fulgor el agua seducida se aquieta, Azulada sonrisa asomando en sus ondas. Sonrisas, oh miradas alegres de los labios; Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante. Desdobla sus espejos la prisión delicada; Claridad sinuosa, errantes perspectivas. Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto Ese pálido rostro que solemne aparece. Su insomnio maquinal el ahogado pasea. El silencio impasible sonríe en sus oídos. Inestable vacío sin alba ni crepúsculo, Monótona tristeza, emoción en ruinas. En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela; Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre. Atravesar ligero como pájaro herido Ese cristal confuso, esas luces extrañas. Pálido entre las ondas cada vez más opacas El ahogado ligero se pierde ciegamente En el fondo nocturno como un astro apagado. Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.
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Cuerpo en pena
Lentamente el ahogado recorre sus dominios Donde el silencio quita su apariencia a la vida. Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen Árboles sin colores y pájaros callados. Las sombras indecisas alargándose tiemblan, Mas el viento no mueve sus alas irisadas; Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos, Halla un golpe de luz, la memoria del aire. Un vidrio denso tiembla delante de las cosas, Un vidrio que despierta formas color de olvido; Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida, Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto. Delicados, con prisa, se insinúan apenas Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua Reflejos de metal o aceros relucientes, Y su rumbo acuchilla las simétricas olas. Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos, Flores de luz quizá, o miradas tan bellas Como pudo el ahogado soñarlas una noche, Sin amor ni dolor, en su tumba infinita. A su fulgor el agua seducida se aquieta, Azulada sonrisa asomando en sus ondas. Sonrisas, oh miradas alegres de los labios; Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante. Desdobla sus espejos la prisión delicada; Claridad sinuosa, errantes perspectivas. Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto Ese pálido rostro que solemne aparece. Su insomnio maquinal el ahogado pasea. El silencio impasible sonríe en sus oídos. Inestable vacío sin alba ni crepúsculo, Monótona tristeza, emoción en ruinas. En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela; Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre. Atravesar ligero como pájaro herido Ese cristal confuso, esas luces extrañas. Pálido entre las ondas cada vez más opacas El ahogado ligero se pierde ciegamente En el fondo nocturno como un astro apagado. Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.
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Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, y me viene de lejos un querer demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza, al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito, a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del agua, al que ocultóse en su ira, al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma. Y quiero, por lo tanto, acomodarle al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado; su luz, al grande; su grandeza, al chico. Quiero planchar directamente un pañuelo al que no puede llorar y, cuando estoy triste o me duele la dicha, remendar a los niños y a los genios. Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y responder al mundo, tratando de serle útil en lo que puedo, y también quiero muchísimo lavarle al cojo el pie, y ayudarle a dormir al tuerto próximo. ¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial, interhumano y parroquial, proyecto! Me viene a pelo desde el cimiento, desde la ingle pública, y, viniendo de lejos, da ganas de besarle la bufanda al cantor, y al que sufre, besarle en su sartén, al sordo, en su rumor craneano, impávido; al que me da lo que olvidé en mi seno, en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros. Quiero, para terminar, cuando estoy al borde célebre de la violencia o lleno de pecho el corazón, querría ayudar a reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca, cuidar a los enfermos enfadándolos, comprarle al vendedor, ayudar a matar al matador -cosa terrible- y quisiera yo ser bueno conmigo en todo.
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Me viene, hay días, una gana ubérrima...
Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, y me viene de lejos un querer demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza, al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito, a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del agua, al que ocultóse en su ira, al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma. Y quiero, por lo tanto, acomodarle al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado; su luz, al grande; su grandeza, al chico. Quiero planchar directamente un pañuelo al que no puede llorar y, cuando estoy triste o me duele la dicha, remendar a los niños y a los genios. Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y responder al mundo, tratando de serle útil en lo que puedo, y también quiero muchísimo lavarle al cojo el pie, y ayudarle a dormir al tuerto próximo. ¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial, interhumano y parroquial, proyecto! Me viene a pelo desde el cimiento, desde la ingle pública, y, viniendo de lejos, da ganas de besarle la bufanda al cantor, y al que sufre, besarle en su sartén, al sordo, en su rumor craneano, impávido; al que me da lo que olvidé en mi seno, en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros. Quiero, para terminar, cuando estoy al borde célebre de la violencia o lleno de pecho el corazón, querría ayudar a reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca, cuidar a los enfermos enfadándolos, comprarle al vendedor, ayudar a matar al matador -cosa terrible- y quisiera yo ser bueno conmigo en todo.
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Estoy perdida en este mundo. He perdido mi paz, mi alma, mi ser. Ya el cantar de mi madre no me levanta en las mañanas. El llamado de las ninfas no recorre mi piel. Mi alrededor es un augurio el cual me tiene desorientada, atrapada. Prisionera de cuatro paredes donde el ruido me vuelve pequeña Aún sigo aquí, muy dentro de mi; pero estoy a la deriva en esta barcaza , que poco a poco va llegando a la orilla. El camino se hace largo y mis ganas por reencontrarme fieles. He perdido la noción del tiempo y de paso se ha jodido mi compostura. No puedo mas, quiero volver a ser yo. Y en el más profundo de los sentido, esta tormenta que sacude mi alma, lentamente grita "libérame". Natalia Rivera.
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Nov 9, 2014
Nov 9, 2014 at 9:39 PM UTC
A la deriva.
Hay noches en las que me pregunto algo, hay una duda que no deja de asediar mi mente en ciertas madrugadas: ¿mis palabras son capaces de moldear tu corazón con la forma de mi amor? Sé que me dijiste que no estás segura de sentir ese romanticismo que yo siento por ti, pero si mis palabras no se marchitan para ti, te pido que me digas si soy capaz de hacer florecer el romance entre nosotros. Si esta semilla que planto en cada palabra que escribí para ti florece y las noches no son marchitas, ¿aún mis letras tienen un peso significativo en la balanza de tu corazón? En esas noches la duda es implacable: ¿sientes algo dentro de ti cuando te digo que te quiero, que te adoro, que te aprecio, que te extraño, que te amo? ¿Existe esa ventisca que sacude con fuerza las ramas de tu corazón? Por favor, te imploro que me digas si nuestras almas siguen hablando el idioma del amor que creamos. Dame a entender que para ti mi poesía no son solo palabras vacías, dime que mis letras son tu pensamiento nocturno, corazón ardiente… Siempre serás mi rosa de fuego, la que deja en cenizas el mío, cenizas de amor eterno.
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Sep 23, 2025
Sep 23, 2025 at 2:01 AM UTC
My Words Can Change It?
A veces te hundes, caes en tu agujero de silencio, en tu abismo de cólera orgullosa, y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia. Amor mío, qué encuentras en tu pozo cerrado? Algas, ciénagas, rocas? Qué ves con ojos ciegos, rencorosa y herida? Mi vida, no hallarás en el pozo en que caes lo que yo guardo para ti en la altura: un ramo de jazmines con rocío, un beso más profundo que tu abismo. No me temas, no caigas en tu rencor de nuevo. Sacude la palabra mía que vino a herirte y déjala que vuele por la ventana abierta. Ella volverá a herirme sin que tú la dirijas puesto que fue cargada con un instante duro y ese instante será desarmado en mi pecho. Sonríeme radiosa si mi boca te hiere. No soy un pastor dulce como en los cuentos de hadas, sino un buen leñador que comparte contigo tierra, viento y espinas de los montes. Ámame tú, sonríeme, ayúdame a ser bueno. No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí porque te hieres.
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El pozo
En su tallo de calor se balancea La estación indecisa                                   Abajo Un gran deseo de viaje remueve Las entrañas heladas del lago Cacerías de reflejos allá arriba La ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura La luz bebe luz en tu boca Tu cuerpo se abre como una mirada Como una flor al sol de una mirada Te abres           Belleza sin apoyo Basta un parpadeo Todo se precipita en un ojo sin fondo                                 Basta un parpadeo Todo reaparece en el mismo ojo                                         Brilla el mundo Tú resplandeces al filo del agua y de la luz Eres la hermosa máscara del día Aunque la nieve caiga en racimos maduros Nadie sacude ramas allá arriba El árbol de la luz no da frutos de nieve Aunque la nieve se disperse en polen No hay semillas de nieve No hay naranjas de nieve no hay claveles No hay cometas ni soles de nieve Aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve En la palma del sol brilla un instante y cae Apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre Y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve Con su peso de luz con su nombre sin sombra
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Primavera y muchacha
Apenas mayordomo de mis penas, capitán de fantasmas, me extravío, me pido entre mis canas y mis venas, y me ahogo de mí, a pesar mío. En punto de la hora en que me suenas, tiempo de estar, estoy y me confío, y me llenas de arena y me rellenas de amor y de odio el corazón baldío. ¿Qué hago yo con mi huesos a esta hora? Desnudo de mi piel y de mi pelo a media calle estoy llora que llora: me mira el sol y me contempla el cielo, me sacude la hormiga trepadora y me sube hasta el alma el desconsuelo.
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Paréntesis
Siento que algo solemne va a llegar a mi vida. ¿Es acaso la muerte? ¿Por ventura el amor? Palidece mi rostro, mi alma está conmovida, y sacude mis miembros un sagrado temblor. Siento que algo sublime va a encarnar en mi barro en el mísero barro de mi pobre existir. Una chispa celeste brotará del guijarro, y la púrpura augusta va el harapo a teñir. Siento que algo solemne se aproxima, y me hallo todo trémulo; mi alma de pavor llena está. Que se cumpla el destino, que Dios dicte su fallo, para oír la palabra que el abismo dirá.
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Expectación
Ella llora, ella implora, que la cuides, que la abraces, que la celebres. ¡Ella ya no aguanta! le estás haciendo daño esta humillando su selva, la gente indecente, la indolencia de la gente, la insolencia del rico, la angustia del dolorido, la necesidad de torres de Babel, las guerras que no terminan, las impunidades de pueblos, el despotismo de los reyes. Ella habla y nadie la escucha, entonces sus aguas se escasean, sus mares se violentan, la inmundicia en su fondo la incómoda, y ella las orilla a los que se la impusieron, te da como muestra peces muertos, hace que las aves se queden sin cielo, que el universo enseñe su hoyo ***** Ella llora y nadie se preocupa, entonces, sus colinas se derrumban, destierra los muertos, en los valles no hay espacio pa’ la siembra, sus ríos se convierten en aguas salinas, y ella ya no puede acomodar a tanta gente. Ella manda señales y todos se burlan, entonces ella se traga el indigente, al impertinente, al ateo, y, también al creyente. Ella se sacude por dentro, hace que su piso y el cielo hablen, revuelve las paredes del infierno y se descarga en rayos. Sus sismos se tragan una aldea, es que ya está cansada del maltrato de sus descendientes, los saca de sus casas, los hace temblar de miedo, instiga al viento para que se encienda por dentro. Ella quiere decir algo, ella está hablando, pero nadie la escucha, la ignoran, de ella se burlan, ella se esconde, se llena de rabia, como perdió su voz, arrasa cuando regresa. Ella ya no habla, ella manifiesta su desencanto, y, por más inteligente que sea su pueblo, ¡ella tiene más fuerza!!! ¡Cuida la tierra! LeydisProse 9/21/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Sep 21, 2017
Sep 21, 2017 at 2:16 PM UTC
ELLA LLORA (pero nadie la escucha)
Ella llora, ella implora, que la cuides, que la abraces, que la celebres. ¡Ella ya no aguanta! le estás haciendo daño esta humillando su selva, la gente indecente, la indolencia de la gente, la insolencia del rico, la angustia del dolorido, la necesidad de torres de Babel, las guerras que no terminan, las impunidades de pueblos, el despotismo de los reyes. Ella habla y nadie la escucha, entonces sus aguas se escasean, sus mares se violentan, la inmundicia en su fondo la incómoda, y ella las orilla a los que se la impusieron, te da como muestra peces muertos, hace que las aves se queden sin cielo, que el universo enseñe su hoyo ***** Ella llora y nadie se preocupa, entonces, sus colinas se derrumban, destierra los muertos, en los valles no hay espacio pa’ la siembra, sus ríos se convierten en aguas salinas, y ella ya no puede acomodar a tanta gente. Ella manda señales y todos se burlan, entonces ella se traga el indigente, al impertinente, al ateo, y, también al creyente. Ella se sacude por dentro, hace que su piso y el cielo hablen, revuelve las paredes del infierno y se descarga en rayos. Sus sismos se tragan una aldea, es que ya está cansada del maltrato de sus descendientes, los saca de sus casas, los hace temblar de miedo, instiga al viento para que se encienda por dentro. Ella quiere decir algo, ella está hablando, pero nadie la escucha, la ignoran, de ella se burlan, ella se esconde, se llena de rabia, como perdió su voz, arrasa cuando regresa. Ella ya no habla, ella manifiesta su desencanto, y, por más inteligente que sea su pueblo, ¡ella tiene más fuerza!!! ¡Cuida la tierra! LeydisProse 9/21/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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La tejedora
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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Un dominico pasa bajo la luz radiante Del sol, negros los ojos y pálido el semblante; Atmósfera de claustro circundarlo parece, Pero en él una llama de juventud florece; Sobre el labio, áureo vello, y en la austera mirada, De todo lo terreno por siempre desligada. Un resplandor extraño que fulge y que se aleja. El fraile solitario sigue por la calleja, En tanto que en los huertos cercanos, los rosales, Movidos por el soplo de auras primaverales, Van llenando el ambiente de aromas y rumores, Porque estamos en Roma y en el mes de las flores. El asceta, de súbito, siente un extraño asombro y tiembla, cuando el viento deshójale en el hombro Una rosa. Dirige después honda mirada. Casi humana, a los pétalos de la flor deshojada. Que al soplo de la brisa bajan con raudo giro Por el hábito blanco; lanza luego un suspiro; Enjúgase la frente con mano temblorosa. y sacude hacia el suelo los pétalos de rosa.
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Al pasar
El viento que entra en la cocina sacude el cartelón con el rostro de alguna actriz del cine mudo. Mary Pickford tal vez. Es bella, sus ojos brillan suavemente y con la boca construyen una semisonrisa tiernísima, callada También nosotros, aquí, somos actores mudos. Tenemos brillos suaves, ternuras sucias de sangre seca como niños, mucho silencio alrededor. La platea prefiere el film sonoro. ¿Quién hizo esta película? De este lado de la pantalla, el nuestro, se oyen muertos soltando vida de a poquito como un crujir de sueños, los torturados gritan, crepita gente en la prisión, bajo el estruendo de las botas militares la injusticia es un rugido infernal. Del otro lado, parece que ven pasar fantasmas pálidos y ningún piano los anuncia. Te amo, Mary Pickford, sé que ahora me amás. Entra el viento y sacude nuestros amores de papel.
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Xviii
Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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Sinfonía de la trilla
Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos. Innumerable corazón del viento latiendo sobre nuestro silencio enamorado. Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, como una lengua llena de guerras y de cantos. Viento que lleva en rápido robo la hojarasca y desvía las flechas latientes de los pájaros. Viento que la derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso, y fuegos inclinados. Se rompe y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano.
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Poema 4
Quiero irme lejos A algún pequeño departamento en un 5to piso Cuatro paredes de ladrillos que me vigilen Sin calefacción y el frío tocando todo, Un colchón volador que jamás abandona el piso Silencio que sirve de abrigo Junto a los restos de una pizza de hace dos días. Sostén junto a la esquina desde hace un mes al igual que los platos si lavar Cigarros asesinados una vez más tratando de vencer mi ansiedad. Pintura seca y letras escritas sin cesar. Por la ventana se ve caer constante la lluvia Haciendo recreación de mis ojos cada noche desde hace un tiempo atrás. Mi cobija que sirve como armadura Contra todo aquello que no puedo controlar Uñas al mínimo, La depresión gana de nuevo. Mis bolsillos en 0, Justo como mis amigos. Mis sueños atacan, y los dejo jugar a su manera llevándome de un lado a otro Entrando y saliendo de pesadilla a pesadilla De realidad a realidad Recuerdos que queman cuan licor amargo un viernes por la noche. Notas escritas y mensajes sin borrar Llamadas perdidas que nunca deseo contestar Cosas filosas ocultas Ya que jamás sabes hasta dónde serás capaz de llevar todo este circo Y eso está bien, Realmente estoy feliz aquí En mi pequeño castillo de papel Que se sacude cada vez que gimo Cada vez que me levanto gritando Con cada nota de placer auto creado En mis pequeñas cuarto paredes.
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Sep 8, 2017
Sep 8, 2017 at 8:28 PM UTC
Cuatro paredes
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo.
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Poema 7
El mar, espejo de calma y anhelo, canta en la orilla su dulce canción, un vaivén que envuelve en su vuelo, un latido que despierta la pasión. De pronto, un viento quiebra el sosiego, las olas se alzan, el cielo se enciende, la marea, en su ímpetu, despliega su juego, y el alma se entrega, se rinde y sorprende. El corazón, que dormía en calma, late con fuerza, se enciende en su fuego, el amor, en su danza, sacude y embalsama, y cada estruendo se siente más tierno. Pero tras la tormenta y la emoción, regresa el murmullo, la espuma se entrega, la luna, cómplice de la devoción, acaricia al mar, que en amor se sosiega. Así es el alma, de amor encendida, de paz a tormenta, de deseo a fervor, y en cada ola, perdida y rendida, renace más fuerte, bañada en amor.
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Nov 11, 2024
Nov 11, 2024 at 12:16 AM UTC
Marea de emociones.
Por esa puerta huyó, diciendo: «¡Nunca!» Por esa puerta ha de volver un día... Al cerrar esa puerta, dejó trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil, indecisa, levemente sacude la vidriera palpita más aprisa, más aprisa mi corazón cobarde que la espera. Desde mi mesa de trabajo veo la puerta con que sueñan mis antojos, y acecha agazapado mi deseo en el trémulo fondo de sus ojos. ¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo he de aguardar con la mirada incierta a que Dios me devuelva compasivo a la mujer que huyó por esa puerta? ¿Cuándo habrán de temblar esos cristales empujados por sus manos ducales y, con su beso ha de llegarme ella, cual me llega en las noches invernales el ósculo piadoso de una estrella? ¡Oh, Señor!, ya la pálida está alerta: ¡oh, Señor, cae la tarde ya en mi vía y se congela mi esperanza yerta! ¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta y entre por ella la adorada mía! ...¡Por esa puerta ha de volver un día!
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La puerta