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"malva" poems
Rosal, menos presunción donde están las clavellinas, pues serán mañana espinas las que agora rosas son. ¿De qué sirve presumir, rosal, de buen parecer, si aun no acabas de nacer cuando empiezas a morir? Hace llorar y reír vivo y muerto tu arrebol en un dia o en un sol: desde el Oriente al ocaso va tu hermosura en un paso, y en menos tu perfección. Rosal, menos presunción donde están las clavellinas, pues serán mañana espinas las que agora rosas son. No es muy grande la ventaja que tu calidad mejora: si es tus mantillas la aurora, es la noche tu mortaja. No hay florecilla tan baja que no te alcance de días, y de tus caballerías, por descendiente de la alba, se está rïendo la malva, cabellera de un terrón. Rosal, menos presunción donde están las clavellinas, pues serán mañana espinas las que agora rosas son.
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Letrilla lírica
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Remordimiento
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Las floridas espaldas ya en la nieve, y los cabellos de marfil al viento. Agua muerta en la sien, el pensamiento color halo de luna cuando llueve. ¡Oh qué clamor bajo del seno breve; qué palma al aire el solitario aliento, qué témpano cogido al firmamento, el pie descalzo, que a morir se atreve! ¡Brazos de mar, en cruz, sobre la helada bandeja de la noche; senos fríos, de donde surte, yerta, la alborada; oh piernas como dos celestes ríos, Malva-luna-de-yelo, amortajada bajo las mares de los ojos míos!
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Malva-luna-de-yelo
Por la sierra blanca... La nieve menuda y el viento de cara.   Por entre los pinos... con la blanca nieve se borra el camino.   Recio viento sopla de Urbión a Moncayo. ¡Páramos de Soria!Ya habrá cigüeñas al sol, mirando la tarde roja, entre Moncayo y Urbión.   Se abrió la puerta que tiene gonces en mi corazón. y otra vez la galería de mi historia apareció.   Otra vez la plazoleta de las acacias en flor, y otra vez la fuente clara cuenta un romance de amor.   Es la parda encina y el yermo de piedra. Cuando el sol tramonta, el río despierta.   ¡Oh montes lejanos de malva y violeta! En el aire en sombra sólo el río suena.   ¡Luna amoratada de una tarde vieja, en un campo frío, más luna que tierra!.   Soria de montes azules y de yermos de violeta, ¡cuántas veces te he soñado en esta florida vega por donde se va, entre naranjos de oro, Guadalquivir a la mar!   ¡Cuántas veces me borraste, tierra de ceniza, estos limonares verdes con sombras de tus encinas!   ¡Oh campos de Dios, entre Urbión el de Castilla y Moncayo el de Aragón!   En Córdoba, la serrana, en Sevilla, marinera y labradora, que tiene hinchada, hacia el mar, la vela; y en el ancho llano por donde la arena sorbe la baba del mar amargo, hacia la fuente del Duero mi corazón -¡Soria pura!- se tornaba... ¡Oh, fronteriza entre la tierra y la luna!   ¡Alta paramera donde corre el Duero niño tierra donde está su tierra!El río despierta. En el aire obscuro, sólo el río suena.   ¡Oh canción amarga del agua en la piedra! ...Hacia el alto Espino bajo las estrellas.   Sólo suena el río al fondo del valle, bajo el alto Espino.   En medio del campo, tiene la ventana abierta la ermita sin ermitaño. Un tejadillo verdoso. Cuatro muros blancos.   Lejos relumbra la piedra del áspero Guadarrama. Agua que brilla y no suena.   En el aire claro, ¡los alamillos del soto, sin hojas, liras de marzo!   Hacia Madrid, una noche, va el tren por el Guadarrama. En el cielo, el arco iris que hacen la luna y el agua. ¡Oh luna de abril, serena, que empuja las nubes blancas!   La madre lleva a su niño, dormido, sobre la falda. Duerme el niño y, todavía, ve el campo verde que pasa, y arbolillos soleados, y mariposas doradas.   La madre, ceño sombrío entre un ayer y un mañana, ve unas ascuas mortecinas y una hornilla con arañas.   Hay un trágico viajero, que debe ver cosas raras, y habla solo y, cuando mira, nos borra con la mirada.   Yo pienso en campos de nieve y en pinos de otras montañas.   Y tú, Señor, por quien todos vemos y que ves las almas, dinos si todos, un día, hemos de verte la cara.
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Canciones de tierras altas
Por la sierra blanca... La nieve menuda y el viento de cara.   Por entre los pinos... con la blanca nieve se borra el camino.   Recio viento sopla de Urbión a Moncayo. ¡Páramos de Soria!Ya habrá cigüeñas al sol, mirando la tarde roja, entre Moncayo y Urbión.   Se abrió la puerta que tiene gonces en mi corazón. y otra vez la galería de mi historia apareció.   Otra vez la plazoleta de las acacias en flor, y otra vez la fuente clara cuenta un romance de amor.   Es la parda encina y el yermo de piedra. Cuando el sol tramonta, el río despierta.   ¡Oh montes lejanos de malva y violeta! En el aire en sombra sólo el río suena.   ¡Luna amoratada de una tarde vieja, en un campo frío, más luna que tierra!.   Soria de montes azules y de yermos de violeta, ¡cuántas veces te he soñado en esta florida vega por donde se va, entre naranjos de oro, Guadalquivir a la mar!   ¡Cuántas veces me borraste, tierra de ceniza, estos limonares verdes con sombras de tus encinas!   ¡Oh campos de Dios, entre Urbión el de Castilla y Moncayo el de Aragón!   En Córdoba, la serrana, en Sevilla, marinera y labradora, que tiene hinchada, hacia el mar, la vela; y en el ancho llano por donde la arena sorbe la baba del mar amargo, hacia la fuente del Duero mi corazón -¡Soria pura!- se tornaba... ¡Oh, fronteriza entre la tierra y la luna!   ¡Alta paramera donde corre el Duero niño tierra donde está su tierra!El río despierta. En el aire obscuro, sólo el río suena.   ¡Oh canción amarga del agua en la piedra! ...Hacia el alto Espino bajo las estrellas.   Sólo suena el río al fondo del valle, bajo el alto Espino.   En medio del campo, tiene la ventana abierta la ermita sin ermitaño. Un tejadillo verdoso. Cuatro muros blancos.   Lejos relumbra la piedra del áspero Guadarrama. Agua que brilla y no suena.   En el aire claro, ¡los alamillos del soto, sin hojas, liras de marzo!   Hacia Madrid, una noche, va el tren por el Guadarrama. En el cielo, el arco iris que hacen la luna y el agua. ¡Oh luna de abril, serena, que empuja las nubes blancas!   La madre lleva a su niño, dormido, sobre la falda. Duerme el niño y, todavía, ve el campo verde que pasa, y arbolillos soleados, y mariposas doradas.   La madre, ceño sombrío entre un ayer y un mañana, ve unas ascuas mortecinas y una hornilla con arañas.   Hay un trágico viajero, que debe ver cosas raras, y habla solo y, cuando mira, nos borra con la mirada.   Yo pienso en campos de nieve y en pinos de otras montañas.   Y tú, Señor, por quien todos vemos y que ves las almas, dinos si todos, un día, hemos de verte la cara.
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Infames secretos; que se dilatan en el zar Infames ojos, de parpadeos rápidos y miradas caóticas Rubia platino, de tez victoriana. Prófuga del amor; secreto de azares y de bares, Añoranzas bucólicas y sonrisas fatuas De amor profundo hacia el pasado, de labios malva. Incesante, llamando y buscándote a través de mí En el tiempo tácito y taciturno de noche dionisíaca. Apología a Herodes, o elegía de mis pasos muertos. La rubia platino se reía y ahí, todo me consumía, Añoranzas bucólicas, de vidas no vividas. Perdido en naufragio, moribundo en desasosiego, Errante, pensante petulante e incapaz emisario de camelos. Cómplices de nuestras acciones, rubia platino, pero víctimas Prófugo de mis remotos recuerdos; miradas tibias. Continuaba riendo, en el onírico espacio de mis pensamientos No he conocido su risa, y sin embargo                                                                                            [...ya la extraño] La lluvia pesada cae sobre charcos huecos sin reflejo Miro, de reojo, en ellos, te observo Y me pierdo.
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Jul 14, 2017
Jul 14, 2017 at 7:32 PM UTC
Crónicas Negras.
Por el mar vendrán las flores del alba (olas, olas llenas de azucenas blancas), el gallo alzará su clarín de plata. (¡Hoy! te diré yo tocándote el alma) ¡O, bajo los pinos, tu desnudez malva, tus pies en la tierna yerba con escarcha, tus cabellos verdes de estrellas mojadas! (...Y tú me dirás huyendo: Mañana) Levantará el gallo su clarín de llama, y la aurora plena, cantando entre granas, prenderá sus fuegos en las ramas blandas. (¡Hoy! te diré yo tocándote el alma) ¡O, en el sol nacido, tus sienes doradas, los ojos inmensos de tu cara maga, evitando azules mis negras miradas! (...Y tú me dirás huyendo: Mañana)
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Desnudos
Tersa, pulida, rosada ¡cómo la acariciarían, sí, mejilla de doncella! Entreabierta, curva, cóncava, su albergue, encaracolada, mi mirada se hace dentro. Azul, rosa, malva, verde, tan sin luz, tan irisada, tardes, cielos, nubes, soles, crepúsculos me eterniza. En el óvalo de esmalte rectas sutiles, primores de geometría en gracia, la solución le dibujan, sin error, a aquel problema propuesto en lo más hondo del mar. Pero su hermosura, inútil, nunca servirá. La cogen, la miran, la tiran ya. Desnuda, sola, bellísima la venera, eco de mito, de carne virgen, de diosa, su perfección sin amante en la arena perpetúa.
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Mujer estatua / tu historia azul verde malva roja quedó blanca de congoja extenuada y sin memoria mujer estatua / por suerte fuiste hueso / carne fuiste y sin embargo qué triste es tenerte y no tenerte mujer con lluvia y pasado avara de tus mercedes ojalá escampe y te quedes para siempre de este lado mujer de sal y rocío tu corazón sigue en celo y tu voz está de duelo como la tierra y el río no olvides que no se olvida hacia atrás o hacia adelante ya el castigo fue bastante reincorpórate a la vida con audacia / sin alertas con razón o sin motivo mujer de lot / te prohíbo que en estatua te conviertas mujer otra / diferente si no fuera juez y parte jugaría a desnudarte lentamente / lentamente.
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Mujer de lot
En la distancia pides concilio, mientras frío me encuentro pensándote. En tus ojos tan negros, repletos del vacío, y en las lágrimas incautas, pidiendo perdón, sin siquiera sentirlo, porque caen sobre mí, dulce y cándida tendida sobre la cama, caen, de forma vertiginosa, sobre las llamas del amanecer malva. Se prende en fuego, el dolor; sobre nuestros ojos. Se prende en fuego, el amor; sobre nuestra nada. Poco a poco me convierto en una máscara de circo, llena de colores, con un cuerno sobre mi frente que empuja toda mis entrañas, un monstruo, un adefesio; la abominación de mis pensamientos. En la distancia, me ruegas el concilio, mientras frío, repleto de marcas, me encuentro pensándote. En las dunas de un arenal basto, en las tierras de yare, donde soy un diablo.
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Jul 20, 2017
Jul 20, 2017 at 11:26 PM UTC
Cuento Criollo.
Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Palacio de encanto, el pinar tardío arrulla con llanto la huida del río. Allí el nido umbrío tiene el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! La última brisa es suspiradora, el sol rojo irisa al pino que llora. ¡Vaga y lenta hora nuestra, verderol! Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Soledad y calma, silencio y grandeza. La choza del alma se recoje y reza. De pronto ¡belleza! canta el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Su canto enajena (¿se ha parado el viento?) el campo se llena de su sentimiento. Malva es el lamento, verde el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol!
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Verde verderol
El bruno ibero, el galo de actitud retadora, el garonés moreno, de ocre y carmín pintado, sobre el mármol votivo por su esfuerzo tallado, de la aguas dijeron la virtud bienhechora. E Imperators, alzando bandera vencedora, terma y piscina hicieron, y al pie de este collado, rabia Festa, verbena y malva, don preciado en ofrenda a los Dioses cogió suplicadora. Como antes, en los días de Ilixon, cristalinas las fuentes me han cantado sus canciones divinas, el azufre aún humea en la atmósfera clara. Por eso en estos versos, cumpliendo un sacro voto, alzar quiero, cual Unnu en un tiempo remoto, las Ninfas que viven bajo la tierra, un ara.
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El voto
¡Alegre y milagroso vencimiento que das la libertad!... Me fui, cantando, al campo verde. Estaba el cielo blando, saltona el agua y jugador el viento. Niño puro otra vez, el pensamiento se me iba en lo más íntimo ocultando, del ignorado corazón. Y andando, andando, se me abría el sentimiento... ¡Con qué encanto seguí las mariposas, cómo cojí la malva del vallado, y paré el agua con mi mano abierta! Perdido en la alborada de las cosas. el universo fui, resucitado del corazón de la varona muerta.
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Hombre solo
Entre la sombra el resplandor del alba Ya con la estrella matutina asoma, Y el horizonte lentamente toma Un vago tinte, sonrosado y malva. Helado viento de la cumbre calva Viene; en los huertos al pasar se aroma, Y el raudal que entre peñas se desploma Saluda al día con rumor de salva. Es todo el bosque música de trinos, Mientras que sube en el confín distante El humo de los techos campesinos; Y el gallo, firme y la actitud enhiesta, Finge que el cielo, con el sol radiante A su clarín en el azul contesta.
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Croquis campesino