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"humedad" poems
La parracial rosa devora y sube a la cima del santo: con espesas garras sujeta el tiempo al fatigado ser: hincha y sopla en las venas duras, ata el cordel, pulmonar, entonces largamente escucha y respira. Morir deseo, vivir quiero, herramienta, perro infinito, movimiento de océano espeso con vieja y negra superficie. Para quién y a quién en la sombra mi gradual guitarra resuena naciendo en la sal de mi ser como el pez en la sal del mar? Ay, qué continuo país cerrado, neutral, en la zona del fuego, inmóvil, en el giro terrible, seco, en la humedad de las cosas. Entonces, entre mis rodillas, bajo la raíz de mis ojos, prosigue cosiendo mi alma: su aterradora aguja trabaja. Sobrevivo en medio del mar, solo y tan locamente herido, tan solamente persistiendo, heridamente abandonado.
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Cantares
Vuélveme oh sol a mi destino agreste, lluvia del viejo bosque, devuélveme el aroma y las espadas que caían del cielo, la solitaria paz de pasto y piedra, la humedad de las márgenes del río, el olor del alerce, el viento vivo como un corazón latiendo entre la huraña muchedumbre de la gran araucaria. Tierra, devuélveme tus dones puros, las torres del silencio que subieron de la solemnidad de sus raíces: quiero volver a ser lo que no he sido, aprender a volver desde tan hondo que entre todas las cosas naturales pueda vivir o no vivir: no importa ser una piedra más, la piedra oscura, la piedra pura que se lleva el río.
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Oh tierra, espérame
Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Era difícil no ceder a sus tentaciones En el pueblo decían que era ella La dama de noche, vicio de los hombres. Pero yo quería probarla, ocupar un lugar Entre sus risos desordenados. Le pedí una noche, solo una. Ella divertida acepto y la seguí hipnotizada Al llegar a la recamara se despojó de su vestido Permitiéndome ver lo blanco de su piel Se acercó a mí y sin preámbulos me plantó un beso. Sutiles sus labios, deliciosos. Una caricia por la espalda, otra en las caderas Me quita el suéter y la falda. Sentía sus dedos explorar la humedad Entre mis piernas, haciendo a un lado el vello. Su lengua recorría mis senos y su mirada Estaba fija en mí, se mordía los labios Me gemía suavemente al oído. La sentía dentro de mí Haciendo movimientos lentos -No te resistas, déjame mostrarte… Y como quien obedece sin preguntar Deje que una ola de placer inundara mi cuerpo Haciendo la habitación pequeña, silenciando todo. No sé si había pasado una o tres horas Pero yo yacía desnuda, empapada en sudor La habitación olía extraño me incorporo Para encontrarla sentada en la ventana Aun desnuda fumándose un cigarro. Al verme sonríe y me ofrece un trago Era una diosa tallada por la vida. Un último beso fue plasmado antes de marcharse Y de eso ha pasado seis años. Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Me he topado con ella varias veces Como viento que mueve hojas En las noches que el cielo este despejado Le suelo gritar al viento Oh María, sin pecado concebida Tráemela una noche, solo una.
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Oct 25, 2015
Oct 25, 2015 at 10:56 PM UTC
Oh Maria
Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Era difícil no ceder a sus tentaciones En el pueblo decían que era ella La dama de noche, vicio de los hombres. Pero yo quería probarla, ocupar un lugar Entre sus risos desordenados. Le pedí una noche, solo una. Ella divertida acepto y la seguí hipnotizada Al llegar a la recamara se despojó de su vestido Permitiéndome ver lo blanco de su piel Se acercó a mí y sin preámbulos me plantó un beso. Sutiles sus labios, deliciosos. Una caricia por la espalda, otra en las caderas Me quita el suéter y la falda. Sentía sus dedos explorar la humedad Entre mis piernas, haciendo a un lado el vello. Su lengua recorría mis senos y su mirada Estaba fija en mí, se mordía los labios Me gemía suavemente al oído. La sentía dentro de mí Haciendo movimientos lentos -No te resistas, déjame mostrarte… Y como quien obedece sin preguntar Deje que una ola de placer inundara mi cuerpo Haciendo la habitación pequeña, silenciando todo. No sé si había pasado una o tres horas Pero yo yacía desnuda, empapada en sudor La habitación olía extraño me incorporo Para encontrarla sentada en la ventana Aun desnuda fumándose un cigarro. Al verme sonríe y me ofrece un trago Era una diosa tallada por la vida. Un último beso fue plasmado antes de marcharse Y de eso ha pasado seis años. Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Me he topado con ella varias veces Como viento que mueve hojas En las noches que el cielo este despejado Le suelo gritar al viento Oh María, sin pecado concebida Tráemela una noche, solo una.
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mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Dec 15, 2014
Dec 15, 2014 at 2:43 AM UTC
PERORATA DE LOSER
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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Jul 8, 2016
Jul 8, 2016 at 1:09 AM UTC
completo
acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, mi paisaje de otoño desolado, elegiría, robaría esta calle que es anterior a mí y a todos. Ella devuelve mi mirada inservible, la de hace apenas quince o veinte años cuando la casa verde envenenaba el ciclo. Por eso es cruel dejarla recién atardecida con tantos balcones como nidos a solas y tantos pasos como nunca esperados. Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos, los espías aleves de la soledad, las piernas de mujer que arrastran a mis ojos lejos de la ecuación de dos incógnitas. Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte, hojas secas, bocinas y nombres desolados, nubes que van creciendo en mi ventana mientras la humedad trae larnentos y moscas. Sin embargo existe también el pasado con sus súbitas rosas y modestos escándalos con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera y su insignificante comezón de recuerdos. Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle, esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.
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Elegir mi paisaje
rezuma, el noche, con el humedad. una cosa del estomago del tierra, esto vida, esto respiracion como el espacio intermedio las alas de un halcon. me siento la marga que tiene todo el nocion de la neblina dentro de su atomos. esto marga tiene mi oreja y me susurra sobre las raices muy pequeno y paulatina de la hierba. sobre como en la brea que llamamos "el noche" o "la profundidad" es un parte de nosotros que rezuma, que no nos gusta, y que mantene lo que somos.
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Apr 25, 2011
Apr 25, 2011 at 8:02 PM UTC
en la marga
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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Mar 6, 2019
Mar 6, 2019 at 4:33 PM UTC
Hogar
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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51
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Sólo la muerte
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Adán y eva ix
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Enfermedades en mi casa
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Ella no fue, entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... 1 Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena. Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía. Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
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Canción del amor lejano
Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos ante el cielo como dos golondrinas: su color coronado de junios, ya es rocío alejándose a ciertas regiones matutinas. Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro, como bajo la tiera, lluvioso, despoblado, con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro, como bajo la tierra quiero haberte enterrado. Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas, al fuego arrebatadas de tus ojos solares: precipitado octubre contra nuestras ventanas, diste paso al otoño y anocheció los mares. Te ha devorado el sol, rival único y hondo y la remota sombra que te lanzó encendido; te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo, tragándote; y es como si no hubieras nacido. Diez meses en la luz, redondeando el cielo, sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado. Sin pasar por el día se marchitó tu pelo; atardeció tu carne con el alba en un lado. El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente, carne naciente al alba y al júbilo precisa; niño que sólo supo reír, tan largamente, que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa. Ausente, ausente, ausente como la golondrina, ave estival que esquiva vivir al pie del hielo: golondrina que a poco de abrir la pluma fina, naufraga en las tijeras enemigas del vuelo. Flor que no fue capaz de endurecer los dientes, de llegar al más leve signo de la fiereza. Vida como una hoja de labios incipientes, hoja que se desliza cuando a sonar empieza. Los consejos del mar de nada te han valido... Vengo de dar a un tierno sol una puñalada, de enterrar un pedazo de pan en el olvido, de echar sobre unos ojos un puñado de nada. Verde, rojo, moreno; verde, azul y dorado; los latentes colores de la vida, los huertos, el centro de las flores a tus pies destinado, de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos. Mujer arrinconada: mira que ya es de día. (¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!) Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mia, la noche continúa cayendo desolada.
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A mi hijo
Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos ante el cielo como dos golondrinas: su color coronado de junios, ya es rocío alejándose a ciertas regiones matutinas. Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro, como bajo la tiera, lluvioso, despoblado, con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro, como bajo la tierra quiero haberte enterrado. Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas, al fuego arrebatadas de tus ojos solares: precipitado octubre contra nuestras ventanas, diste paso al otoño y anocheció los mares. Te ha devorado el sol, rival único y hondo y la remota sombra que te lanzó encendido; te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo, tragándote; y es como si no hubieras nacido. Diez meses en la luz, redondeando el cielo, sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado. Sin pasar por el día se marchitó tu pelo; atardeció tu carne con el alba en un lado. El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente, carne naciente al alba y al júbilo precisa; niño que sólo supo reír, tan largamente, que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa. Ausente, ausente, ausente como la golondrina, ave estival que esquiva vivir al pie del hielo: golondrina que a poco de abrir la pluma fina, naufraga en las tijeras enemigas del vuelo. Flor que no fue capaz de endurecer los dientes, de llegar al más leve signo de la fiereza. Vida como una hoja de labios incipientes, hoja que se desliza cuando a sonar empieza. Los consejos del mar de nada te han valido... Vengo de dar a un tierno sol una puñalada, de enterrar un pedazo de pan en el olvido, de echar sobre unos ojos un puñado de nada. Verde, rojo, moreno; verde, azul y dorado; los latentes colores de la vida, los huertos, el centro de las flores a tus pies destinado, de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos. Mujer arrinconada: mira que ya es de día. (¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!) Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mia, la noche continúa cayendo desolada.
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Surreales pesadillas sabor a comino y humedad. Fríos pensamientos y grises sueños, son mis compañeros en el desierto de la imposibilidad. En medio de la nada todos encuentran un comienzo, hogar del viajero eterno. Aquel que nunca ha de llegar. Dónde ni la muerte quiere pasar, porque todo esta muerto ya. Los recuerdos se borran y los deseos se desbordan. Dónde el hombre es esclavo de su ego siempre hambriento del peor veneno, aquel que disfrazado de agua pervierte el talento real y sincero. Y lo convierte en moneda para intercambiar.
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Jan 25, 2015
Jan 25, 2015 at 3:48 PM UTC
En el desierto
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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(la lluvia)
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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Ángeles malos o buenos, que no sé, te arrojaron en mi alma.   Sola, sin muebles y sin alcobas, deshabitada.   De rondón, el viento hiere las paredes, las más finas, vítreas láminas.   Humedad. Cadenas. Gritos. Ráfagas.   Te pregunto: ¿cuándo abandonas la casa, dime, qué ángeles malos, crueles, quieren de nuevo alquilarla?   Dímelo.
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Desahucio
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Estuve en Chiloé junto a la primavera. (Sería otoño en España.) Humedad olorosa, praderas solitarias. Recuperé de pronto tiempo y tierra. (Tiempo perdido, tierra derrotada.) El mar mordía los acantilados con sus dientes de espuma verde y blanca. Veía el Norte en el Sur. ¡Espejismo de rostros y de muros iluminados con palabras puras: libertad, compañeros! (Y en el fondo, con nieve, las montañas.) ¿De dónde regresaba todo aquello? Surgidos de la bruma -¿era ayer o mañana?- albatros quietos, levitando arriba, serenaban el aire con sus extensas alas. Todo encalló en un tiempo amargo y sucio. Ahora, asomando sobre las aguas, la arboladura rota de esos días tan sólo exhibe buitres en sus jarcias
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Chiloé, setiembre, 1972
Anoche te encontré Flor de selva encabronada Lengua libre y encontrada Antiguo amor Antenoche te encontré Piedra de montaña verde Amuleto de mi suerte Antiguo amor Ayer te vi De reojo entre mis brazos Escuchando la poesía de tus abrazos En tu regazo amanecí Antiguo amor Amor dulce Lento, perezoso, poseído, Amor de viejos Amor que triunfo después de ser vencido Amor de esos que no mueren y se quedan ahí Como humedad en la pared Antiguo amor Amor suave, Te de arándanos y hierbas dulces Mirada onda y media pérdida entre sus luces Dulce poesía color azul En todo su esplendor Antiguo amor
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Sep 25, 2018
Sep 25, 2018 at 11:38 PM UTC
Antiguo Amor
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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La abeja
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida existía, continuamente. De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No. Materias frías de la lluvia que caen sombríamente, pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a ser una sola gota oscura. Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes! Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada! Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil, cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno, qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa superficie? A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
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El deshabitado
Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida existía, continuamente. De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No. Materias frías de la lluvia que caen sombríamente, pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a ser una sola gota oscura. Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes! Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada! Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil, cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno, qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa superficie? A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
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Volvamos al tema del amor para decirte que te quiero con metáforas en las que el agua expresa y detiene al tiempo como un poema en el que tu presencia es constante.
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Dec 7, 2014
Dec 7, 2014 at 4:39 PM UTC
Humedad
Mi corazón emprende de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje. Retoño de la luz, agua de las edades que en ti, perdida, nace. Ven a mi sed. ahora. Después de todo. Antes. Ven a mi larga sed entretenida en bocas, escasos manantiales. Quiero esa arpa honda que en tu vientre arrulla niños salvajes, Quiero esa tensa humedad que te palpita, esa humedad de agua que te arde. Mujer, músculo suave. La piel de un beso entre tus senos de oscurecido oleaje me navega en la boca y mide sangre. Tú también. Y no es tarde. Aún podemos morirnos uno en otro: es tuyo y mío ese lugar de nadie. Mujer, ternura de odio, antigua madre, quiero entrar, penetrarte, veneno, llama, ausencia, mar amargo y amargo, atravesarte. Cada célula es hembra, tierra abierta, agua abierta, cosa que se abre. Yo nací para entrarte. Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante. Por conocerte estoy, grano de angustia en corazón de ave. Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres tendrán un hombre encima en todas partes.
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Mi corazón emprende...
stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
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Lamento por el sapo de stanley hook
stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
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