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"enferma" poems
Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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Jan 20, 2019
Jan 20, 2019 at 8:28 PM UTC
Daisy
Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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Tu transmigración será ir de cama en cama, durmiendo raros sueños parejos al segundo ocaso, de las fábricas del tiempo verás el eterno paso y serás como una vana sombra urdida por el karma. El misterio de la identidad es sostenido por las divinas piezas que forman la memoria. el cerebro, único amanuense de la historia rapsodia el ser que miente lo que has sido. En el vino que es nepente y en el delirio del mezcal buscaste el rostro que tenías antes de crearse el mundo, y aunque la fiera enferma te convoque a lo profundo no evitarás esa sustancia doble como lago de sal: La voluntad.  Su potencia sugiere el arte o la copulación y su tremendo motor vuelca decadencia en apogeo, no escapan de su orbe las horas diseñadas por Morfeo y su caravana te escolta de la abulia a la revelación. Todos los días sos otro. Sin embargo, hay algo que te pertenece: la idea de la luna, el amor y la amistad, la música, los dones y la fantasía.                                                                      a Pascal Quignard
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 1:15 AM UTC
Las sombras errantes
¡Y pensar que pudimos no habernos conocido! ¿No meditas cuán buena nuestra fortuna ha sido para que al fin estemos uno del otro al lado, para que seas mía, para ser yo tu amado? «El uno para el otro nacimos...» Así dices. Pero ¡qué coincidencias para ser tan felices! Antes de que en la vida, con un amor profundo, la suerte unido hubiera tu corazón al mío -siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo-; vivimos separados, solos, con hondo hastío… ¡Y pudimos entonces, por capricho del hado, en el haz de la tierra no habernos encontrado! ¿No has pensado, en el arduo sendero recorrido, en los peligros graves y azares que ha corrido nuestra dicha -esa dicha, manantial de ilusiones, que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso- cuando el uno hacia el otro, con poder misterioso, gravitaban callados nuestros dos corazones? ¿No sabes que ese viaje no tenía certeza, el viaje hacia una noche por mí no presentida, de que un capricho apenas o un dolor de cabeza han podido apartarnos para siempre en la vida? Nunca te había dicho, ¡cosa muy rara!, que cuando por vez primera te vi, no me fijé en que eras tú bonita; lo digo francamente: te miré aquella noche con aire indiferente. Con su risa, tu amiga mi tedio distraía; fue más tarde cuando ambos cruzamos la mirada, y si algo sentí entonces que hacia ti me atraía, tú no lo comprendiste… Mas no me atreví a nada. Si esa noche tu madre te hubiera conducido más temprano a su casa, ¿qué habría sucedido? ¿Y si el rubor no hubiera de pronto, cuando el manto te coloqué en los hombros, a tu rostro subido? Porque ésa fue la causa de todo lo ocurrido. Aquella noche, aquélla de inolvidable encanto, un retardo cualquiera, cualquier inconveniente que en ese viaje hubiera surgido de repente, esta embriaguez de ahora ninguno sentiría, ni este placer sin nombre que absorbe nuestra mente. En mi alma, que es otra, tu amor no existiría, ¡y tu vida, en mi vida nada… nada sería! Corazoncito mío, que me apartas lo triste de la vida, y alegras con luz mi porvenir… Pienso en aquellos días cuando enferma estuviste y creíamos todos que te ibas a morir.
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Casualidad
¡Y pensar que pudimos no habernos conocido! ¿No meditas cuán buena nuestra fortuna ha sido para que al fin estemos uno del otro al lado, para que seas mía, para ser yo tu amado? «El uno para el otro nacimos...» Así dices. Pero ¡qué coincidencias para ser tan felices! Antes de que en la vida, con un amor profundo, la suerte unido hubiera tu corazón al mío -siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo-; vivimos separados, solos, con hondo hastío… ¡Y pudimos entonces, por capricho del hado, en el haz de la tierra no habernos encontrado! ¿No has pensado, en el arduo sendero recorrido, en los peligros graves y azares que ha corrido nuestra dicha -esa dicha, manantial de ilusiones, que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso- cuando el uno hacia el otro, con poder misterioso, gravitaban callados nuestros dos corazones? ¿No sabes que ese viaje no tenía certeza, el viaje hacia una noche por mí no presentida, de que un capricho apenas o un dolor de cabeza han podido apartarnos para siempre en la vida? Nunca te había dicho, ¡cosa muy rara!, que cuando por vez primera te vi, no me fijé en que eras tú bonita; lo digo francamente: te miré aquella noche con aire indiferente. Con su risa, tu amiga mi tedio distraía; fue más tarde cuando ambos cruzamos la mirada, y si algo sentí entonces que hacia ti me atraía, tú no lo comprendiste… Mas no me atreví a nada. Si esa noche tu madre te hubiera conducido más temprano a su casa, ¿qué habría sucedido? ¿Y si el rubor no hubiera de pronto, cuando el manto te coloqué en los hombros, a tu rostro subido? Porque ésa fue la causa de todo lo ocurrido. Aquella noche, aquélla de inolvidable encanto, un retardo cualquiera, cualquier inconveniente que en ese viaje hubiera surgido de repente, esta embriaguez de ahora ninguno sentiría, ni este placer sin nombre que absorbe nuestra mente. En mi alma, que es otra, tu amor no existiría, ¡y tu vida, en mi vida nada… nada sería! Corazoncito mío, que me apartas lo triste de la vida, y alegras con luz mi porvenir… Pienso en aquellos días cuando enferma estuviste y creíamos todos que te ibas a morir.
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No puedo parar pensando en ti Ni tus pestañas Ni el olor de tu piel No logro olvidar tus manos Como me acariciaban Y como movían por mi cuerpo con debilidad y oportunidad Tus ojos están quemados en mi mente con la candela de mis sueños Hueles a cigarrillo y aventura Hueles a hablando nariz contra nariz Eres electricidad y yo una lámpara sin luz ( te necesito) Haces que todo los pelos en mis brazos se levanten al cielo. Eres celestial. Y yo terrestre. La lejura entre nuestros cuerpos me enferma.
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Aug 28, 2012
Aug 28, 2012 at 3:07 PM UTC
(amor lejano)
Siento tu respiración acelerarse, Pero me cuesta trabajo Empatar mi desbocado corazón Con tu necesitada agonía. Día a día crece el sentimiento, Y me da miendo sentir Esta vulnerabilidad. Te abrazo y estorban los cuerpos, Y esque nunca creí ver en tus ojos Los ojos con los que yo tanto soñe. Me da miedo que un día te levantes, Y te des cuenta que no soy quien esperabas, ni el princepe azul Que tanto anhelabas. Espero tu corazón alcance mis latidos, Y que tu boca no se seque De tanto besar. ¿A caso estoy loco? Pues mi insana mente se enferma De claridad, y una luz se cuele Entre la sombra para enclarecer Lo que nunca tuve claro, O tal vez simplemente me negue a ver. Siempre estuvo frente a mí, Y ahora que la tengo pierdo cordura, Mientras ella se mantiente en sana sobriedad, espero Solo sean ideas mías, y mi luz No se pierda con sombra Pues es para mi solo ella, Y hoy admito que estoy loco, Loco por ella
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Dec 15, 2014
Dec 15, 2014 at 1:08 AM UTC
Loco por ella
Lentamente venía la vaca bermeja, por el campo verde, todo lleno de agua; lentamente venía, los ojos muy tristes, la cabeza baja, y colgando del morro brillante un hilo de baba. Enferma venía la buena, la única" de la pobre chacra. -¡Hazla correr, hombre!- La mujer gritaba al viejo marido. -¡Se viene empastada! Y el viejo marido los brazos subía y bajaba, y la vaca corrió como pudo, los ojos más tristes, la cabeza baja... Junto a un alambrado, salpicando el agua, cayó muerta la vaca bermeja; ¡El viejo y la vieja lloraban! Y vino un vecino con una cuchilla afinada, y en el vientre, redondo y sonoro de una puñalada. Un poco de espuma, de un verde muy claro de alfalfa, surgió por la herida; y el docto vecino, después de profunda mirada, acabó sentencioso: la carne está buena, hay que aprovecharla. Los cielos estaban color de ceniza, el viejo y la vieja lloraban.
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La vaca muerta
Las dulces mensajeras de la tristeza son... son avecillas negras, negras como la noche. ¡Negras como el dolor! ¡Las dulces golondrinas que en invierno se van y que dejan el nido abandonado y solo para cruzar el mar! Cada vez que las veo siento un frío sutil... ¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas amantes de abril! ¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes, a las tierras extrañas, la migaja de pan! ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales, con las alas de luto llegaos hasta mí! Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad de un volido tan sólo, eterno y más eterno la inmensidad del mar... ¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... ¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, la fuente del amor?... ¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! Yo soy una bohemia, una pobre bohemia ¡Llevadme donde vais! ¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, que tengo el alma enferma porque no puedo irme volando yo también? ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto llegaos hasta mí! ¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... ¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas tejidas en azul!
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Golondrinas
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Adúltera
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Pobre y desgraciado Proculo. Puedo comprender de una enferma manera tu dolor y tu ira sedienta como el esclavo. tuviste que observar con paciencia como la inocencia abandonaba el vientre suyo. como el frío puño del tirano penetro en tus entrañas El delgado filo entre la vida y la muerte. El destino inevitable. Pero aun no es el fin, abatido amigo Es la venganza encarnada que arrasa con aquellos que viven del dolor ajeno. que respiran la sangre.
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May 27, 2014
May 27, 2014 at 3:33 PM UTC
La desgracia de Proculo.
Fue la pasada primavera, hace ahora casi un año, En un salón del viejo Temple, en Londres, Con viejos muebles. Las ventanas daban, Tras edificios viejos, a lo lejos, Entre la hierba el gris relámpago del río. Todo era gris y estaba fatigado Igual que el iris de una perla enferma. Eran señores viejos, viejas damas, En los sombreros plumas polvorientas; Un susurro de voces allá por los rincones, Junto a mesas con tulipanes amarillos, Retratos de familia y teteras vacías. La sombra que caía Con un olor a gato, Despertaba ruidos en cocinas. Un hombre silencioso estaba Cerca de mí. Veía La sombra de su largo perfil algunas veces Asomarse abstraído al borde de la taza, Con la misma fatiga Del muerto que volviera Desde la tumba a una fiesta mundana. En los labios de alguno, Allá por los rincones Donde los viejos juntos susurraban, Densa como una lágrima cayendo, Brotó de pronto una palabra: España. Un cansancio sin nombre Rodaba en mi cabeza. Encendieron las luces. Nos marchamos. Tras largas escaleras casi a oscuras Me hallé luego en la calle, Y mi lado, al volverme, Vi otra vez a aquel hombre silencioso, Que habló indistinto algo Con acento extranjero, Un acento de niño en voz envejecida. Andando me seguía Como si fuera solo bajo un peso invisible, Arrastrando la losa de su tumba; Mas luego se detuvo. «¿España?», dijo. «Un nombre. España ha muerto.» Había Una súbita esquina en la calleja. Le vi borrarse entre la sombra húmeda.
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Impresión de destierro
Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista, los montes llanos y los mares secos; habitadora de celebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos; la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya; si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
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A la noche
Es tan claro el deseo de conocimiento, que la mayor parte de la información que uno recibe de verdad tiene que desmenuzarla, clasificarla de la que te alimenta y la que te deja con hambre, de la que te cura y de la que te enferma, de la que te da dolor de cabeza y de la que no te provoca ni los gases, de la que tú sientas que es lo mejor para ti.
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Sep 21, 2013
Sep 21, 2013 at 5:37 AM UTC
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Hoy las cosas se han complicado. Estoy enferma de nuevo y no sé de qué. Pero hoy es diferente. Hoy es un día en el que quiero estar, quiero vivir mi presente. Por primera vez genuinamente me dio miedo la muerte. Hoy estoy acompañada. Hoy verdaderamente siento amor. Voy a luchar por él y saldremos adelante, de las enfermedades y calumnias, de los códigos culturales y las distancias. Hoy no soy una guerrera, soy todo un ejército.
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Aug 5, 2018
Aug 5, 2018 at 11:20 AM UTC
Diario parte III
Llevo la justicia entre las piernas, un par de caricia en las venas, un beso juguetón, y una sedienta necesidad de amarte; que me enferma, que me enerva, que me exacerba, que me escurre la vergüenza. Es que, quiero besarte sobria, y que tus flujos me embriaguen la memoria, mientras chorreo esta catarata de pasión despacio en tus adentros, y, agitadamente en las madrigueras de tu boca descargar todo este ensueño que seria, quedar completamente libertada en tus regazos. LeydisProse 5/31/2017 //https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:42 AM UTC
LIBERANDO DESEOS
Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle que yo tengo de amor el alma enferma, y en esta soledad desierta y yerma, lo que sabéis que paso persuadilde. Y para que el rigor temple, advertilde que el médico también tal vez enferma, y que segura de mi ausencia duerma, que soy leal cuanto presente humilde. Y advertilde también, si el mal porfía, que trueque mi salud y su accidente, que la tengo el alma se la envía. Decilde que del trueco se contente, mas ¿para qué le ofrezco salud mía? Que no tiene salud quien está ausente.
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Al contador gaspar de barrionuevo
Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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Besos y lágrimas
Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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A mis hijas
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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Azrael, abre tu ala negra, y honda, cobíjeme su palio sin medida, y que a su abrigo bienechor se esconda la incurable tristeza de mi vida. Azrael, ángel bíblico, ángel fuerte, ángel de redención, ángel sombrío, ya es tiempo que consagres a la muerte mi cerebro sin luz: altar vacío... Azrael, mi esperanza es una enferma; ya tramonta mi fe; llegó el ocaso, ven, ahora es preciso que yo duerma... ¿Morir..., dormir..., dormir...? ¡Soñar acaso!
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Azrael
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto. Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño que reflejo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha .de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella). Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste abandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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Tengo miedo
Las palomas de la plaza de San Marcos que el municipio de Venecia cebaba para los turistas se han muerto todas de repente... La paloma de Picasso que yo guardaba como una reliquia en un viejo cartapacio ha desaparecido... En el Concilio Ecuménico nadie sabe por dónde anda la paloma de la anunciación... Y el Vaticano está consternado porque se halla enferma la paloma del Espíritu Santo. Se dice que en el mundo hay ahora una mortífera epidemia de palomas... Y el Consejo de la Paz no encuentra por ninguna parte una paloma.
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Palomas
Señor don Juan, pues con la fiebre apenas Se calienta la sangre desmayada, Y por la mucha edad, desabrigada Tiembla, no pulsa entre la arteria y venas; Pues que de nieve están las cumbres llenas La boca de los años saqueada, La vista enferma en noche sepultada, Y las potencias de ejercicio ajenas: Salid a recibir la sepultura, Acariciad la tumba y monumento, Que morir vivo es última cordura. La mayor parte de la Muerte, siento Que se pasa en contentos y locura; Y a la menor se guarda el sentimiento.
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Enseña a morir antes, y que la mayor parte de la muerte es la vida, y ésta no se siente; y la menor, que es el último suspiro, es la que da pena
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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El adiós
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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El abuelo me mira desde la foto de siempre, me mira desde el fondo de Rusia y otras desgracias. Desde el ghetto me mira. Dicen que escribió una carta a Dios para que inundara las casas de trigo, de vino y de pan ázimo en Pascua, y ató la carta a la pata de un pájaro que voló de país en país buscando el cielo. Me mira con las ojeras lentas de quien veló el espanto. Nunca me levantó en sus brazos. Nunca lo tuve, nunca me tuvo, nunca es la palabra entre los dos. Quiso que la verdad paseara por la calle y la cubrió con una máscara para que la quisieran. Esa máscara es su rostro en la foto. Le habrá pedido a Dios que no borre ni escriba nada porque todo podía ser peor. La foto está enferma, levanta una humareda de brazos que no se encontrarán. Empoza su linaje, me sigue como un perro.
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Medidas
Leí los rudimentos de la Aurora, Los esplendores lánguidos del día, La Pira y el construye y ascendía, Y lo purpurizante de la hora, El múrice y el Tirio y el colora, El Sol cadáver cuya luz yacía, Y los borrones de la sombra fría, Corusca Luna en ascua que el sol dora, La piel del Cielo cóncavo arrollada, El trémulo palor de enferma Estrella, La fuente de cristal bien razonada. Y todo fue un entierro de doncella, Doctrina muerta, letra no tocada, Luces y flores, grita y zacapella.
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A un tratado impreso que un hablador espeluznado de prosa hizo en culto
El metal animado, a quien mano atrevida, industrïosa, secretamente ha dado vida aparente en máquina preciosa, organizando atento sonora voz a docto movimiento; en quien, desconocido espíritu secreto, brevemente en un orbe ceñido, muestra el camino de la luz ardiente, y con rueda importuna los trabajos del sol y de la luna, y entre ocasos y auroras las peregrinaciones de las horas; máquina en que el artífice, que pudo contar pasos al sol, horas al día, mostró más providencia que osadía, fabricando en metal disimuladas advertencias sonoras repetidas, pocas veces creídas, muchas veces contadas; tú, que estás muy preciado de tener el más cierto, el más limado, con diferente oído, atiende a su intención y a su sonido. La hora irrevocable que dio, llora; prevén la que ha de dar; y la que cuentas, lógrala bien, que en una misma hora te creces y te ausentas. Si le llevas curioso, atiéndele prudente, que los blasones de la edad desmiente; y en traje de reloj llevas contigo, del mayor enemigo, espía desvelada y elegante, a ti tan semejante, que, presumiendo de abreviar ligera la vida al sol, al cielo la carrera, fundas toda esta máquina admirada en una cuerda enferma y delicada, que, como la salud en el más sano, se gasta con sus ruedas y su mano. Estima sus recuerdos, teme sus desengaños, pues ejecuta plazos de los años, y en él te da secreto, a cada sol que pasa, a cada rayo, la muerte un contador, el tiempo un ayo.
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Reloj de campanilla