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"dorada" poems
Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces, antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
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Tus manos
Elsa Angélica Reina de la luna de la medianoche, Anticuerpos de la oscuridad Mi amour 'mío desmayo suave, Elsa Angélica Affuse abajo alma mía ¿En castellano Ourn del yacía Para que todos seeith en la página corriente principal, Picotazos Cassia, sudor convento Multa de goteo entre las líneas Estamos espíritu de la antigüedad en la búsqueda foulard En donde otros de a nosotros arte ciego Elsa Angélica Glaive al dolor de la mina Me sanó con tu canto América Sólo soy una bestia volvió esclavo noble Una visita obligada española a la mirada del poeta .... Elsa Angélica Ingrowing enamorada Ourn Me Inhale a tu café almizcle, En donde se tira por el empuje decisivo Y de la celestiales nuestras de por amanecer y al atardecer .... Me Kyanize, voy de Kudo thou No lasitud, no hay gruñidos larrup Calles de pasillo caballerosidad dorada Capa del sol, con Ourn propia sonrisa de Sólo una luna de un sol en la trayectoria de directos Sin dolor, ni la ira, libre al fin .... Sintiendo la explosión universal, Almas que pasan, entrelazados como uno !!!!!! ( Spanish version) ( English translated) Elsa Angelica Queen of midnight moon, Antibody of darkness Mi amour' of mine gentle swoon, Elsa Angelica Affuse down mine soul Wherein ourn castellan lay's For all to seeith on mainstream page, Cassia pecks, convent sweat Drip's fine between the lines We're spirit's of old in foulard quest Wherein other's to us art blind Elsa Angelica Glaive to mine pain's Healed me by thy Latin chant I'm just a beast turned noble slave A Spanish must to poet's glance.... Elsa Angelica Ingrowing in ourn love Inhale me to thy coffee musk, Wherein were pulling by crucial ****** And the celestial's our's by dawn and dusk.... Kyanize me, I'll kudo's thou No lassitude, no larrup growls Streets of gilded chivalry aisle Cloak the sun, with ourn own smile's Just a moon an sun in direct path's No hurt, nor anger, free at last.... Feeling the universal blast Souls to pass, entwined as one!!!!!!
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Jun 26, 2015
Jun 26, 2015 at 4:53 PM UTC
Romanticismo universal (poema dedicación / canción al amor mío ( Universal romance, dedication poem/song to mine love) spanish dialect...
Elsa Angélica Reina de la luna de la medianoche, Anticuerpos de la oscuridad Mi amour 'mío desmayo suave, Elsa Angélica Affuse abajo alma mía ¿En castellano Ourn del yacía Para que todos seeith en la página corriente principal, Picotazos Cassia, sudor convento Multa de goteo entre las líneas Estamos espíritu de la antigüedad en la búsqueda foulard En donde otros de a nosotros arte ciego Elsa Angélica Glaive al dolor de la mina Me sanó con tu canto América Sólo soy una bestia volvió esclavo noble Una visita obligada española a la mirada del poeta .... Elsa Angélica Ingrowing enamorada Ourn Me Inhale a tu café almizcle, En donde se tira por el empuje decisivo Y de la celestiales nuestras de por amanecer y al atardecer .... Me Kyanize, voy de Kudo thou No lasitud, no hay gruñidos larrup Calles de pasillo caballerosidad dorada Capa del sol, con Ourn propia sonrisa de Sólo una luna de un sol en la trayectoria de directos Sin dolor, ni la ira, libre al fin .... Sintiendo la explosión universal, Almas que pasan, entrelazados como uno !!!!!! ( Spanish version) ( English translated) Elsa Angelica Queen of midnight moon, Antibody of darkness Mi amour' of mine gentle swoon, Elsa Angelica Affuse down mine soul Wherein ourn castellan lay's For all to seeith on mainstream page, Cassia pecks, convent sweat Drip's fine between the lines We're spirit's of old in foulard quest Wherein other's to us art blind Elsa Angelica Glaive to mine pain's Healed me by thy Latin chant I'm just a beast turned noble slave A Spanish must to poet's glance.... Elsa Angelica Ingrowing in ourn love Inhale me to thy coffee musk, Wherein were pulling by crucial ****** And the celestial's our's by dawn and dusk.... Kyanize me, I'll kudo's thou No lassitude, no larrup growls Streets of gilded chivalry aisle Cloak the sun, with ourn own smile's Just a moon an sun in direct path's No hurt, nor anger, free at last.... Feeling the universal blast Souls to pass, entwined as one!!!!!!
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Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Un perro ha muerto
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Estas rachas de marzo, en los desvanes -hacia la mar- del tiempo; la paloma de pluma tornasol, los tulipanes gigantes del jardín, y el sol que asoma, bola de fuego entre dorada bruma, a iluminar la tierra valentina... ¡Hervor de leche y plata, añil y espuma, y velas blancas en la mar latina! Valencia de fecundas primaveras, de floridas almunias y arrozales, feliz quiero cantarte, como eras, domando a un ancho río en tus canales, al dios marino con tus albuferas, al centauro de amor con tus rosales.
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Amanecer en valencia
Me pides que me orille, hacia el contorno del sitio me estaciono en la sombra, en la cadencia de tus pensamientos en un latido te descubres, se sienten tus ojos como espejos como reflejo de explosiones que a mí, me descubren el juego me tocas la sien con tus manos, calmando ansiedad de veneno respiras de cerca y en tus ojos, dibujas el plan que me descubre que me redime con furia en tu sirviente de instinto con movimientos despacios, recorro el altar de tu cuerpo tu piel dorada es atacada por vientos que se apropian no te importa el invierno, pues tu calor de locura nos llena el espacio de rojos, de suciedades que borran que destierran las reglas que nos impiden ahogarnos enajenar los impulsos con vanidades lascivas tus movimientos que sobran, que satisfacen tu ego a mí no me importa, estás encima de mi cuerpo yo sólo me limito a observarte, a tocarte los espacios aquellos lugares que buscan que los levante del sueño.
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Sep 5, 2012
Sep 5, 2012 at 12:31 AM UTC
Pasajero
Harto ya de alabar tu piel dorada, tus externas y muchas perfecciones, canto al jardín azul de tus pulmones y a tu tráquea elegante y anillada. Canto a tu masa intestinal rosada, al bazo, al páncreas, a los epiplones, al doble filtro gris de tus riñones y a tu matriz profunda y renovada. Canto al tuétano dulce de tus huesos, a la linfa que embebe tus tejidos, al acre olor orgánico que exhalas. Quiero gastar tus vísceras a besos, vivir dentro de ti con mis sentidos... Yo soy un sapo ***** con dos alas.
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Soneto de tus vísceras
Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar!Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela,-que todo es volar-, sonoras rebotando en los cristales en los días otoñales... Moscas de todas las horas,de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada,de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posadosobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos.Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.
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Las moscas
Tus dulces labios partidos Mis lágrimas amargas El mar azul La miel dorada Tu mirada tierna Mis pies descalzos Semillas de granada Luz de un nuevo amanecer Calles anticuadas Caricias delicadas Todo sigue siendo lo mismo Pero nada sabe igual que ayer
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Jan 18, 2019
Jan 18, 2019 at 1:14 AM UTC
Nada Sabe Igual Que Ayer
La calva prematura brilla sobre la frente amplia y severa; bajo la piel pálida tersura se trasluce la fina calavera.       Mentón agudo y pómulos marcados por trazos de un punzón adamantino; y de insólita púrpura manchados los labios que soñara un florentino.       Mientras la boca sonreír parece, los ojos perspicaces, que un ceño pensativo empequeñece, miran y ven, profundos y tenaces.       Tiene sobre la mesa un libro viejo donde posa la mano distraída. Al fondo de la cuadra, en el espejo, una tarde dorada está dormida.       Montañas de violeta y grasientos breñales, la tierra que ama el santo y el poeta, los buitres y las águilas caudales.       Del abierto balcón al blanco muro va una franja de sol anaranjada que inflama el aire, en el ambiente obscuro que envuelve la armadura arrinconada.
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Fantasía iconográfica
Magdalena, conozco que te amo en que la más trivial de tus acciones es pasto para mí, como la miga es la felicidad de los gorriones. Tu palabra más fútil es combustible de mi fantasía, y pasa por mi espíritu feudal como un rayo de sol por una umbría. Una mañana (en que la misma prosa del vivir se tornaba melodiosa) te daban un periódico en el tren y rehusaste, diciendo con voz cálida: «¿Para qué me das esto?» Y estas cinco breves palabras de tu boca pálida fueron como un joyel que todo el día en mi capilla estuvo manifiesto: y en la noche, sonaba tu pregunta: «¿Para qué me das esto?» Y la tarde fugaz que en el teatro repasaban tus dedos, Magdalena, la dorada melena de un chiquillo... Y el prócer ademán con que diste limosna a aquel anciano... Y tus dientes que van en sonrisa ondulante, cual resúmenes del sol, encandilando la insegura pupila de los viejos y los párvulos... Tus dientes, en que están la travesura y el relámpago de un pueril espejo que aprisiona del sol una saeta y clava el rayo férvido en los ojos del infante embobado que en su cuna vegeta... También yo, Magdalena, me deslumbro en tu sonrisa férvida; y mis horas van a tu zaga, hambrientas y canoras, como va tras el ama, por la holgura de un patio regional, el cortesano séquito de palomas que codicia la gota de agua azul y el rubio grano.
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Tu palabra más fútil...
Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho.Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego, me parece posible a do brillan subir en un vuelo y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.En el mar de la duda en que bogo ni aun sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro.
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Rima viii
En el mar halla el agua su paraíso ansiado y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. El sudor es un árbol desbordante y salado, un voraz oleaje. Llega desde la edad del mundo más remota a ofrecer a la tierra su copa sacudida, a sustentar la sed y la sal gota a gota, a iluminar la vida. Hijo del movimiento, primo del sol, hermano de la lágrima, deja rodando por las eras, del abril al octubre, del invierno al verano, áureas enredaderas. Cuando los campesinos van por la madrugada a favor de la esteva removiendo el reposo, se visten una blusa silenciosa y dorada de sudor silencioso. Vestidura de oro de los trabajadores, adorno de las manos como de las pupilas. Por la atmósfera esparce sus fecundos olores una lluvia de axilas. El sabor de la tierra se enriquece y madura: caen los copos del llanto laborioso y oliente, maná de los varones y de la agricultura, bebida de mi frente. Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos en el ocio sin brazos, sin música, sin poros, no usaréis la corona de los poros abiertos ni el poder de los toros. Viviréis maloliendo, moriréis apagados: la encendida hermosura reside en los talones de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados como constelaciones. Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, con sus lentos diluvios, os hará transparentes, venturosos, iguales.
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El sudor
Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes.   Despierta, ríes, y al reír tus labios     inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean     sobre un cielo de nieve.   Dormida, los extremos de tu boca     pliega sonrisa leve, suave como el rastro luminoso     que deja un sol que muere.                           ¡Duerme!   Despierta, miras y al mirar tus ojos     húmedos resplandecen como la onda azul en cuya cresta     chispeando el sol hiere.   Al través de tus párpados, dormida,     tranquilo fulgor vierten, cual derrama de luz, templado rayo,     lámpara transparente.                           ¡Duerme!   Despierta, hablas y al hablar vibrantes     tus palabras parecen lluvia de perlas que en dorada copa     se derrama a torrentes.   Dormida, en el murmullo de tu aliento     acompasado y tenue, escucho yo un poema que mi alma     enamorada entiende.                           ¡Duerme!   Sobre el corazón la mano me he puesto porque no suene su latido y de la noche turbe la calma solemne.   De tu balcón las persianas cerré ya porque no entre el resplandor enojoso de la aurora y te despierte.                           ¡Duerme!
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Rima xxvii
el pliegue erogeno, la piel deseada, y el deseo en mi mente camino entre los hombres, con tu piel en mi mente, la dorada verdad que emana de ti. en tus ojos la calma de saberte amada, deseada, y en tu cuerpo, y en tu mente, la hermosa veracidad, y el juego erotico, languido y sensual, de mirarte a los ojos. sentir la paz, que emana de tu cuerpo, el balsamo, pleno de tu delicada figura, van conmigo. y la plena ensoñacion, se, vuelve verdad, en tus ojos, de leona. besar tu cuerpo, y abrazarlo en silencio, hermosa y serena, insegura, fragil y salvaje, adorada. cada desicion, no nos separa, nos une aun mas, sigue tu alma , tu corazon. en tus ojos y en tu cuerpo, esta mi ferozidad perdida, y en tu pliegue erogeno, mi deseo y devocion. oh leona de montaña, eres la paz, el deseo, y la serenidad, que me hace fuerte, sereno, humano, en paz. en tus ojos y en tu pecho, la bella y dulce tonada, que arrulla mis sueños, en silencio. lejos de haber perdido tiempo y vida, solo preambulos, antes de tu calma, y tu bella inseguridad. y en mi mente tus ojos, tu piel, tu presencia, firme segura, hermosa y paciente. y tu aparente fragilidad, es contrastada con la belleza de tus ojos de leona de montaña.
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Feb 9, 2017
Feb 9, 2017 at 10:26 AM UTC
ensoñacion.}
Señora: llego a Ti desde las tenebrosas anarquías del pensamiento y la conducta, para aspirar los naranjos de elección, que florecen en tu atrio, con una nieve nupcial... Y entro a tu Santuario, como un herido a las hondas quietudes hospicianas en que sólo se escucha el toque saludable de una esquila. Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un triángulo sombrío que preside la lúcida neblina del valle; la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento; la familiaridad de las montañas; el caserío de estallante cal; el bienestar oscuro del rebaño, y la dicha radiante de los hombres. Señora: cuando ingreso a la comarca que riges con tus lágrimas benévolas, y va la diligencia fatigosa sobre la sierra, y van los postillones cantando bienandanza o desamor, súbita surge la lección esbelta y firme de tus torres, y saludo desde lejos tu altar. Tú me tienes comprado en alma y cuerpo. Cuando la pesarosa dueña ideal de mi primer suspiro, recurre desolada a tus plantas, y llora mansamente, nunca has dejado de envolverla en el descanso de tus hijas predilectas. Me acuerdo de una tarde en que, como una reina que acaba de abdicar, salía por el atrio de naranjos y llevaba en la frente el lucero novísimo de tu consolación. Confortándola a Ella, Tú me obligas como si con la orla dorada de tu manto, agitases un soplo del Paraíso a flor de mi conciencia. Porque siempre un lucero va a nacer de tus manos para la hora en que Ella te implore, Tú me tienes comprado en cuerpo y alma. En las noches profanas de novenario (orquestas difusas, y cohetes vívidos, y tertulias de los viejos, y estrados de señoritas sobre la regada banqueta) hay en tus torres ágiles una policromía de faroles de papel, que simulan en la tiniebla comarcana un tenue y vertical incendio. Y yo anhelo, Señora, que en mi tiniebla pongas para siempre una rojiza aspiración, hermana del inmóvil incendio de tus torres, y que me dejes ir en mi última década a tu nave, cardíaco o gotoso, y ya trémulo, para elevarte mi oración asmática junto al mismo cancel que oyó mi prez valiente, en aquella alborada en que soñé prender a un blanco pecho una fecunda rama de azahar.
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A la patrona de mi pueblo
Señora: llego a Ti desde las tenebrosas anarquías del pensamiento y la conducta, para aspirar los naranjos de elección, que florecen en tu atrio, con una nieve nupcial... Y entro a tu Santuario, como un herido a las hondas quietudes hospicianas en que sólo se escucha el toque saludable de una esquila. Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un triángulo sombrío que preside la lúcida neblina del valle; la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento; la familiaridad de las montañas; el caserío de estallante cal; el bienestar oscuro del rebaño, y la dicha radiante de los hombres. Señora: cuando ingreso a la comarca que riges con tus lágrimas benévolas, y va la diligencia fatigosa sobre la sierra, y van los postillones cantando bienandanza o desamor, súbita surge la lección esbelta y firme de tus torres, y saludo desde lejos tu altar. Tú me tienes comprado en alma y cuerpo. Cuando la pesarosa dueña ideal de mi primer suspiro, recurre desolada a tus plantas, y llora mansamente, nunca has dejado de envolverla en el descanso de tus hijas predilectas. Me acuerdo de una tarde en que, como una reina que acaba de abdicar, salía por el atrio de naranjos y llevaba en la frente el lucero novísimo de tu consolación. Confortándola a Ella, Tú me obligas como si con la orla dorada de tu manto, agitases un soplo del Paraíso a flor de mi conciencia. Porque siempre un lucero va a nacer de tus manos para la hora en que Ella te implore, Tú me tienes comprado en cuerpo y alma. En las noches profanas de novenario (orquestas difusas, y cohetes vívidos, y tertulias de los viejos, y estrados de señoritas sobre la regada banqueta) hay en tus torres ágiles una policromía de faroles de papel, que simulan en la tiniebla comarcana un tenue y vertical incendio. Y yo anhelo, Señora, que en mi tiniebla pongas para siempre una rojiza aspiración, hermana del inmóvil incendio de tus torres, y que me dejes ir en mi última década a tu nave, cardíaco o gotoso, y ya trémulo, para elevarte mi oración asmática junto al mismo cancel que oyó mi prez valiente, en aquella alborada en que soñé prender a un blanco pecho una fecunda rama de azahar.
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No recordar nada... Que me hunda la noche callada como una bandada blanda y acabada. (Que no quede nada... Que pase la mujer amada por una dejada estancia soñada). No desear nada... Perderme en la idea sagrada como una dorada sombra en la alborada.
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Como una bandada
«Aquel purpúreo monte, que tenía la formación más viva hacia el ocaso, desviado secreto de espesura», vuelve hacia mí, se instala ante mi fe, lo mismo que un dios, una inmortal mujer dorada. ¿El sabe que es bastante, sabe que lo esperaba yo cantando, que es deseado para plenitud, para paz, para gloria? Viajan los lugares, a las horas propicias. Entrecruzan sin estorbo, en concesión magnánima de espacio, sus formas de infinita especie bella, cada uno a su fe. (Y hacen un mundo nuevo perpetuamente...) «Este mar plano frente a la pared blanca al sur neto de la noche ébana, con la luna acercada en inminencia de alegre eternidad».                                         Así encontramos, de súbito, hondas patrias imprevistas, paraísos profundos de hermosura, que parecieron de otro modo: claros ante la luz, distintos, olas bien limitadas, otras, altos árboles solos, diferentes. La armonía recóndita de nuestro estar coincide con la vida. Y en tales traslaciones, realidades paralelas, bellísimas, del sueño, dejamos sonriendo nuestra sien contra la fresca nube cuajada, momentánea eternidad, en un pleno descanso transparente, advenimiento firme de imposible. «Mi galería al único levante, cielo amarillo y blanco trasluciente, sobre el pozo primero, entre la adelfa».
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Sitio perpetuo
Una larga carretera entre grises peñascales, y alguna humilde pradera donde pacen negros toros. Zarzas, malezas,jarales.           Está la tierra mojada por las gotas del rocío, y la alameda dorada, hacia la curva del río. Tras los montes de violeta quebrado el primer albor: a la espalda la escopeta, entre sus galgos agudos, caminando un cazador.
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Amanecer de otoño
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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La abeja
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Jul 28, 2020
Jul 28, 2020 at 8:00 PM UTC
el roce
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Tal vez no ser es ser sin que tú seas, sin que vayas cortando el mediodía como una flor azul, sin que camines más tarde por la niebla y los ladrillos, sin esa luz que llevas en la mano que tal vez otros no verán dorada, que tal vez nadie supo que crecía como el origen rojo de la rosa, sin que seas, en fin, sin que vinieras brusca, incitante, a conocer mi vida, ráfaga de rosal, trigo del viento, y desde entonces soy porque tú eres, y desde entonces eres, soy y somos, y por amor seré, serás, seremos.
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Soneto lxix
¿Quieres un poco de esta piel canela? ¿Quieres quemarte en mi candela? ¿Quieres encenderme como candelario? ¿Conquistarme con tu bandera? ¿Insinuarte como mi amante? ¿Amarme en cada instante? ¿Precisar el tiempo y la carne? ¿Dominar mi cabellera mientras escalas mis colinas, dominando los valles de mis prominencias? ¡Pues no se va a poder! porque del arrebol soy su anaranjado, mi piel de bronce no está en el mercado, sí, soy sensual y no lo escondo, soy la negra de las pasiones redundadas, la poetisa de la añoranza, de la tempestad soy su abonanza, en mí no vale la redundancia. Soy del caribe su fuego, del coco sus palmera, mis labios saben a las dulces carambolas de mi antigua África. Mi piel dorada como melaza se enreda en la madreselva de mi melena, conectada a mis a mis raíces soy emperatriz de mis experiencias, no confiero por dolencias, soy de la sobrevivencia la enseñanza, mujer dócil y altiva, mujer dulce y divina, mujer huracán y calma, mujer que escala sus propias montañas, mujer que se libera de su presa, mujer que sindica con intensión, mujer que anda con firmeza en las alegrías y las tristezas. Mujer~~ ¡soy más que un cuerpo! que la tentación en el deseo, que un sínico verso en un beso robado, vivo llena de emoción, me entrego por amor, soy mujer, y no hay descripción para lo que soy.. ¡Yo soy la misma vida! LeydisProse 1/23/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 23, 2018
Jan 23, 2018 at 3:03 PM UTC
Piel Canela (pura vida)
Ardan todas las voces y quémense los labios; y en la más alta flor quede la noche detenida. Nadie sabe tu nombre ya; en tu secreta fuerza influyen la madurez dorada de la estrella y la noche suspensa, inmóvil océano. Amante, todo calla bajo la voz ardiente de tu nombre. Amante, todo calla. Tú, sin nombre, en la noche desnuda de palabras.
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Raíz del hombre - ii
Con la cántara llena de agua, Y la boca de moras teñida, Y crujiente de espinas la enagua, Y en el moño una rosa prendida, De la fuente retorno, abismada En el dulce evocar de la cita. Y se hermana la tarde dorada Con la luz que en mis ojos palpita. Una extraña fragancia me enerva, Y en verdad yo no sé si es que sube Del jugoso frescor de la hierba, O se eleva de mi alma a la nube. Y, despierta sonámbula, sigo Balanceando mi cántara llena, Entre el oro alocado del trigo Y el temblor de los tallos de avena.
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Retorno
El hada más hermosa ha sonreído al ver la lumbre de una estrella pálida, que en hilo suave, blanco y silencioso se enrosca al huso de su rubia hermana.   Y vuelve a sonreír porque en su rueca el hilo de los campos se enmaraña. Tras la tenue cortina de la alcoba está el jardín envuelto en luz dorada.   La cuna, casi en sombra. El niño duerme. Dos hadas laboriosas lo acompañan, hilando de los sueños los sutiles copos en ruecas de marfil y plata.
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Los sueños