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"dados" poems
Si éste intento de poema tuviese un nombre, debería ser el tuyo, pero por cobardía dejaré el anonimato. Después de todo...Siempre fuimos fanáticos del misterio. Habían pasado tantos días. Tantas horas, tantos inviernos. Inviernos fríos que quemaban como infiernos. Incendios. Incendios de nieve, supongo. Nos vimos ese día luego de tanto tiempo. Tanto deseo acumulado ya nos estaba haciendo daño. Ja... ni siquiera nos dimos un abrazo, saltamos directo a los besos. Tengo que decirte; mis latidos estaban muy acelerados. Lancé mis dados. No me importó el presente o los presentes que en las ventanas estaban asomados. Y me mirabas a los ojos, y en los tuyos veía que eres mi principal demonio carnal. Pero a la final, si Dios existe sabe que tú no quieres ser ningún ángel. Nos besamos en ese banco como si nos quisiéramos chupar el alma... Querida, tus besos sabían más exquisitos de lo usual a causa de la ***** barata. Y me arrebatabas el aliento.Y tus senos me me observaban detrás de tu escote; o quizás yo los observaba a ellos, pero no nos importaba. Estabas tan errática. Tan radical que me era difícil seguirte el paso. Ibas lanzando ***** sobre el piso y dulces gemidos a mis oídos. No te mentiré, me sentía cohibido. Renuncié a mi actitud bohemia y despreocupada de vaquero y me sentí cohibido. Pero lo que me crecía en el pantalón era muy real como para haberlo fingido. Sabes lo difícil que se me hace ignorar mis animales instintos. Y no queríamos despedirnos. De irracionalidad pasamos a tecnicismos. Al: "No te vayas, quédate un rato más. Te haré café para que la ***** te deje de afectar". Y después los besos eran besos de tiernos adolescentes que se profesan amor eterno. Amor eterno que nunca fue correcto al momento. Es triste como acabo todo, ¿no, querida? Es triste que ahora me odies y me hayas sacado de tu vida. Pero si lees esto... por favor, recuérdame. Recuérdame tan imperfecto como soy. Recuérdame en tu escote; bajando mis manos por tu espalda y llegando a tus nalgas. Recuérdame escuchando esa canción que es mi canción favorita, y que escuchas solo por esa razón. Como sea que quieras, pero recuérdame. Yo siempre te recuerdo. Porque fuiste, eres y serás la autodestrucción que aún necesito.
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Jun 12, 2014
Jun 12, 2014 at 4:02 PM UTC
***** y Bancos.
Si éste intento de poema tuviese un nombre, debería ser el tuyo, pero por cobardía dejaré el anonimato. Después de todo...Siempre fuimos fanáticos del misterio. Habían pasado tantos días. Tantas horas, tantos inviernos. Inviernos fríos que quemaban como infiernos. Incendios. Incendios de nieve, supongo. Nos vimos ese día luego de tanto tiempo. Tanto deseo acumulado ya nos estaba haciendo daño. Ja... ni siquiera nos dimos un abrazo, saltamos directo a los besos. Tengo que decirte; mis latidos estaban muy acelerados. Lancé mis dados. No me importó el presente o los presentes que en las ventanas estaban asomados. Y me mirabas a los ojos, y en los tuyos veía que eres mi principal demonio carnal. Pero a la final, si Dios existe sabe que tú no quieres ser ningún ángel. Nos besamos en ese banco como si nos quisiéramos chupar el alma... Querida, tus besos sabían más exquisitos de lo usual a causa de la ***** barata. Y me arrebatabas el aliento.Y tus senos me me observaban detrás de tu escote; o quizás yo los observaba a ellos, pero no nos importaba. Estabas tan errática. Tan radical que me era difícil seguirte el paso. Ibas lanzando ***** sobre el piso y dulces gemidos a mis oídos. No te mentiré, me sentía cohibido. Renuncié a mi actitud bohemia y despreocupada de vaquero y me sentí cohibido. Pero lo que me crecía en el pantalón era muy real como para haberlo fingido. Sabes lo difícil que se me hace ignorar mis animales instintos. Y no queríamos despedirnos. De irracionalidad pasamos a tecnicismos. Al: "No te vayas, quédate un rato más. Te haré café para que la ***** te deje de afectar". Y después los besos eran besos de tiernos adolescentes que se profesan amor eterno. Amor eterno que nunca fue correcto al momento. Es triste como acabo todo, ¿no, querida? Es triste que ahora me odies y me hayas sacado de tu vida. Pero si lees esto... por favor, recuérdame. Recuérdame tan imperfecto como soy. Recuérdame en tu escote; bajando mis manos por tu espalda y llegando a tus nalgas. Recuérdame escuchando esa canción que es mi canción favorita, y que escuchas solo por esa razón. Como sea que quieras, pero recuérdame. Yo siempre te recuerdo. Porque fuiste, eres y serás la autodestrucción que aún necesito.
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Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida... Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo... La juego contra uno o contra todos, la juego contra el cero o contra el infinito, la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, en una encrucijada, en una barricada, en un motín; la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, a todo lo ancho y a todo lo hondo -en la periferia, en el medio, y en el sub-fondo...- Juego mi vida, cambio mi vida, la llevo perdida sin remedio. Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo... Todo, todo me da lo mismo: todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo donde se anudan serpentinos mis sesos. Cambio mi vida por lámparas viejas o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: -por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: por los colgajos que se guinda en las orejas la simiesca mulata, la terracota rubia; la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: cambio mi vida por una anilla de hojalata o por la espada de Sigmundo, o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola... Cambio mi vida por la cándida aureola del idiota o del santo;                                         la cambio por el collar que le pintaron al gordo Capeto; o por la ducha rígida que llovió en la nuca a Carlos de Inglaterra;                                         la cambio por un romance, la cambio por un soneto; por once gatos de Angora, por una copla, por una saeta, por un cantar; por una baraja incompleta; por una faca, por una pipa, por una sambuca... o por esa muñeca que llora como cualquier poeta. Cambio mi vida -al fiado- por una fábrica de crepúsculos (con arreboles);                               por un gorila de Borneo; por dos panteras de Sumatra; por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra- o por su naricilla que está en algún Museo; cambio mi vida por lámparas viejas, o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas... ¡o por dos huequecillos minúsculos -en las sienes- por donde se me fugue, en grises podres, la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...! Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida...
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Relato de sergio stepansky
Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida... Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo... La juego contra uno o contra todos, la juego contra el cero o contra el infinito, la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, en una encrucijada, en una barricada, en un motín; la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, a todo lo ancho y a todo lo hondo -en la periferia, en el medio, y en el sub-fondo...- Juego mi vida, cambio mi vida, la llevo perdida sin remedio. Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo... Todo, todo me da lo mismo: todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo donde se anudan serpentinos mis sesos. Cambio mi vida por lámparas viejas o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: -por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: por los colgajos que se guinda en las orejas la simiesca mulata, la terracota rubia; la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: cambio mi vida por una anilla de hojalata o por la espada de Sigmundo, o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola... Cambio mi vida por la cándida aureola del idiota o del santo;                                         la cambio por el collar que le pintaron al gordo Capeto; o por la ducha rígida que llovió en la nuca a Carlos de Inglaterra;                                         la cambio por un romance, la cambio por un soneto; por once gatos de Angora, por una copla, por una saeta, por un cantar; por una baraja incompleta; por una faca, por una pipa, por una sambuca... o por esa muñeca que llora como cualquier poeta. Cambio mi vida -al fiado- por una fábrica de crepúsculos (con arreboles);                               por un gorila de Borneo; por dos panteras de Sumatra; por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra- o por su naricilla que está en algún Museo; cambio mi vida por lámparas viejas, o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas... ¡o por dos huequecillos minúsculos -en las sienes- por donde se me fugue, en grises podres, la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...! Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida...
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Não há no mundo inteiro, Sensibilidade nobre e grata, Amor terno e verdadeiro, Fio de ouro e prata. Amor que alguém sente, Carinho sempre infinito, Prazer inédito e constante, Flores, ramo bonito... Nossa mãe Maria, Flores doces e reais, Beijos dados com alegria, Querida por mim e teus pais. Vic Alex
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Apr 19, 2010
Apr 19, 2010 at 3:39 AM UTC
Cada gesto é como uma flor....
Si supieran los secretos guardados Mañanas pesadas de aquel ayer Noches envueltas de frágil placer Los dulces besos a escondidas dados El singular color de tu mirada Recuerdos imperfectos de tu ser Sin pensarlo me hiciste comprender Que no hay mejor placer que ser amada Mentiría al decir que no te extraño Si tu esencia en mi se ha impregnado Y tu ausencia me hace tanto daño Te escondes de la vida, calcinado Y te sumerges en un vil engaño No permites amar sin ser amado
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Jan 7, 2012
Jan 7, 2012 at 2:50 PM UTC
Soneto I
Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. Todavía no habré descendido la primera nube. 1 Mas, la delicia está en curvar el arco y en suponer la flecha donde la clava el ojo. 2                     Yo, señor, soy acontista. ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alcotanes, halcones acudid a la voz del acontista! y enderecemos nuestras garras a la conquista de las nubes, volubles como los corazones... 3 y -cual los corazones- inmutables.                     Yo, señor, soy acontista. También he sido juglar en los mesones. Revendedor de bulas. Tañedor de laúd. Y tragador de fuego y engullidor de sables. Y bufón en las ferias. Damas de los castillos a catar diéronme frutos de acendrada virtud: ¡noches de bendición! Otras noches fueron bien miserables.                     Yo, señor, soy acontista. También me he entretenido en cosas serias: conocí al asno de Buridán 4 y al propio Buridán, que estuvo en la Tour de Nesle 5 (alguna vez fui con él, pero me devolví de la poterna) y vi ahorcar en Montfaucon 6 a Messire Enguerrand de Marigny. Poco en letras leí... 7 mas sí he bebido buenos vinos, paladeado vianda tierna, y comido del mejor pan.                     Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. ¿Todavía no habré descendido la primera nube? 8 También soy jugador de dados y tengo mis ribetes de asesino. Presumo haber -en lontana ocasión- hurtádome los vasos sagrados 9 de ya no sé qué iglesia, abadía o convento. (Creo que han sido mías varias esposas de Jesús, cuyos votos de castidad y su amor al esposo divino fueron plumas al viento y golondrinas migratorias que soltaron su vuelo desde la Cruz...) ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alfaneques, halcones: acudid a la voz del acontista! Y enderecemos nuestras garras y nuestros picos a la conquista de las nubes volubles como los corazones... 10 y -cual los corazones- siempre iguales.                     Yo, señor, soy acontista. También resulto un poco lento y un mucho largo en las mis relaciones... Juzgo que hay caso de fantasía en mi rapsodia: pero ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales... ¡Tampoco he de cantar la palinodia ni de irrumpir en monótonos trenos!                     Yo, señor, soy acontista. Nada más. Nada menos. Y tengo sueño y tengo sed, señor. ¡Salud! ¡Y abur! señor, ¡abur! Y hasta otra vista.
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Relato de guillaume de lorges
Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. Todavía no habré descendido la primera nube. 1 Mas, la delicia está en curvar el arco y en suponer la flecha donde la clava el ojo. 2                     Yo, señor, soy acontista. ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alcotanes, halcones acudid a la voz del acontista! y enderecemos nuestras garras a la conquista de las nubes, volubles como los corazones... 3 y -cual los corazones- inmutables.                     Yo, señor, soy acontista. También he sido juglar en los mesones. Revendedor de bulas. Tañedor de laúd. Y tragador de fuego y engullidor de sables. Y bufón en las ferias. Damas de los castillos a catar diéronme frutos de acendrada virtud: ¡noches de bendición! Otras noches fueron bien miserables.                     Yo, señor, soy acontista. También me he entretenido en cosas serias: conocí al asno de Buridán 4 y al propio Buridán, que estuvo en la Tour de Nesle 5 (alguna vez fui con él, pero me devolví de la poterna) y vi ahorcar en Montfaucon 6 a Messire Enguerrand de Marigny. Poco en letras leí... 7 mas sí he bebido buenos vinos, paladeado vianda tierna, y comido del mejor pan.                     Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. ¿Todavía no habré descendido la primera nube? 8 También soy jugador de dados y tengo mis ribetes de asesino. Presumo haber -en lontana ocasión- hurtádome los vasos sagrados 9 de ya no sé qué iglesia, abadía o convento. (Creo que han sido mías varias esposas de Jesús, cuyos votos de castidad y su amor al esposo divino fueron plumas al viento y golondrinas migratorias que soltaron su vuelo desde la Cruz...) ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alfaneques, halcones: acudid a la voz del acontista! Y enderecemos nuestras garras y nuestros picos a la conquista de las nubes volubles como los corazones... 10 y -cual los corazones- siempre iguales.                     Yo, señor, soy acontista. También resulto un poco lento y un mucho largo en las mis relaciones... Juzgo que hay caso de fantasía en mi rapsodia: pero ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales... ¡Tampoco he de cantar la palinodia ni de irrumpir en monótonos trenos!                     Yo, señor, soy acontista. Nada más. Nada menos. Y tengo sueño y tengo sed, señor. ¡Salud! ¡Y abur! señor, ¡abur! Y hasta otra vista.
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«Fazañas imposibles obré con esta daga, al favor de la noche y en trágicos suburbios, una vez que fui pícaro... Recuerdo -como en turbios sonambulismos donde una luz naufraga- que fui taimado pícaro: Don Lope de Aguinaga! »Locas andanzas venusinas! Francachelas en que la sangre dialoga con el vino, después de heroicas tremolinas! Raptos de adustas damas... gentucilla de toga! Raptos de las amantes de alto Marqués o Doga...! De nobles y pecheras, monjas y bailarinas! »Las noches de bureo por timbas y tabernas, y por tabucos, bodegones y hostales, a caza de los bienes y a caza de los males: de los magníficos pecados capitales... sin poner mientes en las cosas eternas! »Fazañas imposibles obré con mis puñales en los juegos de quínola y en los juegos de dados, y en los sañudos desafíos azarosos con turbas de judíos astrosos y con mendigos y frailes y soldados! »Fazañas imposibles obré con esta daga! Yo fui taimado pícaro: Don Lope de Aguinaga!»
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Don lope de aguinaga
Despachadas las cartas y el telegrama, camina por las calles indefinidas y advierte leves diferencias que no le importan y piensa en Aberdeen o en Leyden, más vívidas para él que este laberinto de líneas rectas, no de complejidad, donde lo lleva el tiempo de un hombre cuya verdadera vida está lejos. En una habitación numerada se afeitará después ante un espejo que no volverá a reflejarlo y le parecerá que ese rostro es más inescrutable y más firme que el alma que lo habita y que a lo largo de los años lo labra. Se cruzará contigo en una calle y acaso notarás que es alto y gris y que mira las cosas. Una mujer indiferente le ofrecerá la tarde y lo que pasa del otro lado de unas puertas. El hombre piensa que olvidará su cara y recordará, años después, cerca del Mar del Norte, la persiana o la lámpara. Esa noche, sus ojos contemplarán en un rectángulo de formas que fueron, al jinete y su épica llanura, porque el Far West abarca el planeta y se espeja en los sueños de los hombres que nunca lo han pisado. En la numerosa penumbra, el desconocido se creerá en su ciudad y lo sorprenderá salir a otra, de otro lenguaje y otro cielo. Antes de la agonía, el infierno y la gloria nos están dados; andan ahora por esta ciudad, Buenos Aires, que para el forastero de mi sueño (el forastero que yo he sido bajo otros astros) es una serie de imprecisas imágenes hechas para el olvido.
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El forastero
Encontré el amor, No amigo, no es relajo. Lo he encontrado en un zafacón abandonado. Si amigo, como la mujer que aborta a su hijo, Que lo forra en una funda y lo deja en el zafacón sangrando. Así lo encontré, ahí tirado, abandonado. Tenía mala reputación, ya nadie quería cuidarlo. Apestaba su olor, hedía a heridas coaguladas. Si amigo, fue pavoroso verlo ahí. Envuelto entre las suciedades del placer. Entre las decepciones del ayer. Entre los amantes escondidos. Entre las mujeres que solo se comprometen a la lujurias, sin la responsabilidad que tiene la esposa o “la esclava” como le dicen de broma! Ellas solo quieren gozo. Si amigo, ahí lo encontré, Tirado en la pudrición del engaño. Entre agotantes mentiras Entre juegos de conquistas Entre la pobreza de almas sin vidas Entre la oscuridad del deseo Entre la perversión de lo prohibido Entre pasiones terrenales Entre los compromisos incumplidos Entre todo lo que se ha callado Entre la gente dañina. Entre todos los falsos nombres que le han puesto Entre besos desanimados Entre abrazos mal dados entre la Libertad de **** Si amigo, ahí estaba él, Todo indefenso, Nadie le cantaba una serenata Los poetas escribían solo para buscar otra conquista. Ya nadie quería saber de él. Tenía mala reputación. Me zarandeó tanto amigo verlo ahí. Pensé recogerlo, cubrirlo en sabanas de satín. Bañarlo y perfumarlo y hablarle de Benedetti, de Jesús, De toda la gente que todavía lo quiere. De pronto recordé, que él me debe varias a mí, y ahí lo deje…….que se siguiera desangrando como el me dejo a mí! LeydisProse 5/4/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 3, 2017
Jun 3, 2017 at 9:23 AM UTC
ENCONTRE EL AMOR!!
Encontré el amor, No amigo, no es relajo. Lo he encontrado en un zafacón abandonado. Si amigo, como la mujer que aborta a su hijo, Que lo forra en una funda y lo deja en el zafacón sangrando. Así lo encontré, ahí tirado, abandonado. Tenía mala reputación, ya nadie quería cuidarlo. Apestaba su olor, hedía a heridas coaguladas. Si amigo, fue pavoroso verlo ahí. Envuelto entre las suciedades del placer. Entre las decepciones del ayer. Entre los amantes escondidos. Entre las mujeres que solo se comprometen a la lujurias, sin la responsabilidad que tiene la esposa o “la esclava” como le dicen de broma! Ellas solo quieren gozo. Si amigo, ahí lo encontré, Tirado en la pudrición del engaño. Entre agotantes mentiras Entre juegos de conquistas Entre la pobreza de almas sin vidas Entre la oscuridad del deseo Entre la perversión de lo prohibido Entre pasiones terrenales Entre los compromisos incumplidos Entre todo lo que se ha callado Entre la gente dañina. Entre todos los falsos nombres que le han puesto Entre besos desanimados Entre abrazos mal dados entre la Libertad de **** Si amigo, ahí estaba él, Todo indefenso, Nadie le cantaba una serenata Los poetas escribían solo para buscar otra conquista. Ya nadie quería saber de él. Tenía mala reputación. Me zarandeó tanto amigo verlo ahí. Pensé recogerlo, cubrirlo en sabanas de satín. Bañarlo y perfumarlo y hablarle de Benedetti, de Jesús, De toda la gente que todavía lo quiere. De pronto recordé, que él me debe varias a mí, y ahí lo deje…….que se siguiera desangrando como el me dejo a mí! LeydisProse 5/4/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Hexaedros de madera y de vidrio apenas más grandes que una caja de zapatos. En ellos caben la noche y sus lámparas. Monumentos a cada momento hechos con los desechos de cada momento: jaulas de infinito. Canicas, botones, dedales, dados, alfileres, timbres, cuentas de vidrio: cuentos del tiempo. Memoria teje y destejo los ecos: en las cuatro esquinas de la caja juegan al aleleví damas sin sombra. El fuego enterrado en el espejo, el agua dormida en el ágata: solos de Jenny Lind y Jenny Colon. "Hay que hacer un cuadro", dijo Degas, "como se comete un crimen". Pero tú construiste cajas donde las cosas se aligeran de sus nombres. Slot machine de visiones, vaso de encuentro de las reminiscencias, hotel de grillos y de constelaciones. Fragmentos mínimos, incoherentes: al revés de la Historia, creadora de ruinas, tú hiciste con tus ruinas creaciones. Teatro de los espíritus: los objetos juegan al aro con las leyes de la identidad. Grand Hotel Couronne: en una redoma el tres de tréboles y, toda ojos, Almendrita en los jardines de un reflejo. Un peine es un harpa pulsada por la mirada de una niña muda de nacimiento. El reflector del ojo mental disipa et espectáculo: dios solitario sobre un mundo extinto. Las apariciones son patentes. Sus cuerpos pesan menos que la luz. Duran lo que dura esta frase. Joseph Cornell: en et interior de tus cajas mis palabras se volvieron visibles un instante.
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Objetos y apariciones
Douarnenez, en un golpe de cubilete, empantana entre sus casas corrió dados, un pedazo de mar, con un olor a **** que desmaya. ¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas! ¡Tabernas que cantan con una voz de orangután! Sobre los muelles, mercurizados por la pesca, marineros que se agarran de los brazos para aprender a caminar, y van a estrellarse con un envión de ola en las paredes; mujeres salobres, enyodadas, de ojos acuáticos, de cabelleras de alga, que repasan las redes colgadas de los techos como velos nupciales. El campanario de la iglesia, es un escamoteo de prestidigitación, saca de su campana una bandada de palomas. Mientras las viejecitas, con sus gorritos de dormir, entran a la nave para emborracharse de oraciones, y para que el silencio deje de roer por un instante las narices de piedra de los santos.
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Paisaje bretón
Serán videntes demasiado nadie colindantes opacos orígenes del tedio al ritmo gota topes digo que ingieren el desgano con distinta apariencia Son borra viva cato descompases tirito de la sangre Un poco nubecosa entre sienes de ensayo y algo mucho por cierto indiscernible esqueleteando el aire dados ay en derrumbe hacia el final desvío de ya herbosos durmientes paralelos son estertores malacordes óleos espejismos terrenos milagro intuyo vermes casi llanto que rema de la sangre Sus remordidas grietas laxas fibras orates en desparpada fiebre musito por mi doble son pedales sin olas huecos intransitivos entre burbujas madres grifosones infiero aunque me duela islas sólo de sangre
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Islas sólo de sangre
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo; me pesa haber tomádote tu pan; pero este pobre barro pensativo no es costra fermentada en tu costado: ¡tú no tienes Marías que se van! Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él! Hoy que en mis ojos brujos hay candelas, como en un condenado, Dios mío, prenderás todas tus velas, y jugaremos con el viejo dado... Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte del universo todo, surgirán las ojeras de la Muerte, como dos ases fúnebres de lodo. Dios mío, y esta noche sorda, oscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura, que no puede parar sino en un hueco, en el hueco de inmensa sepultura.
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Los dados eternos
En el fósforo vago de la muerte anda la vida, fruta y ser latiente. Todo se vuelve cálido y sufriente en el juego de dados de la suerte. Espero inhábil, pálida y consciente la palabra, el sonido alerta y fuerte, que ha de hacerme saltar o caer inerte con mi furiosa sed, junto a la fuente. En el aire rapaz anda mi aliento, ya rezo, ya suspiro, ya lamento, fe iracunda o frenética esperanza. Con mi lengua de polvo estoy orando. Un santo mudo gira custodiando mi desazón o buenaventuranza.
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Espera
Lo palpable lo mórbido el conco fondo ardido los tanturbios las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne y sus pistilos núbiles contráctiles y sus anexos nidos los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto su mosto azul desnudo cada veta cada vena del sueño del eco de la sangre las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo y sus vaciados rostros y sus cauces hasta morder la tierra lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda cualquier estar en llaga los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa la estéril lela estela el microazar del germen del móvil del encuentro los entonces ya prófugos la busca en sí gratuita los mititos hasta ingerir la tierra todo modo poroso el pozo lato solo del foso inmerso adentro la sed de sed sectaria los finitos abrazos toda boca lo tanto el amor terco a todo el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor la lacra amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro hasta exhalar la tierra con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües sus convecinos muertos de memoria su luz de mies desnuda sus axilas de siesta y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes hasta el destete enteco hasta el destente neutro hasta morirla
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Hasta morirla
Lo palpable lo mórbido el conco fondo ardido los tanturbios las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne y sus pistilos núbiles contráctiles y sus anexos nidos los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto su mosto azul desnudo cada veta cada vena del sueño del eco de la sangre las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo y sus vaciados rostros y sus cauces hasta morder la tierra lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda cualquier estar en llaga los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa la estéril lela estela el microazar del germen del móvil del encuentro los entonces ya prófugos la busca en sí gratuita los mititos hasta ingerir la tierra todo modo poroso el pozo lato solo del foso inmerso adentro la sed de sed sectaria los finitos abrazos toda boca lo tanto el amor terco a todo el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor la lacra amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro hasta exhalar la tierra con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües sus convecinos muertos de memoria su luz de mies desnuda sus axilas de siesta y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes hasta el destete enteco hasta el destente neutro hasta morirla
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johnny petsum lloraba por las tardes en el w.c. de la "Coronation Inc Corp" pero poco lloraba atento al gran señor de la cadena el gran señor no era el capataz o dueño o accionista montado en un burro de fuego el gran señor era un sonido hosco duro vivo patrón en la cadena que andaba y andaba mientras uno ponía el tornillo otro la tuerca y todos el alma el cuerpo la memoria el horror de olvidar el día -no la noche- en que los bellos muchachos servían sus amores y tres aves chiquitas cantaban por el amor por dolor por la ceguera ¡ah johnny petsum! habrá navío que te lleve a dormir alzó las velas para volver a la ciudad allí johnny petsum mató al carcelero del rosal al que envenena las pechugas de ave al que ensuciaba boca a boca los aires del río antes de irse a la muera escribió carta "¿de qué llorás niña blanca?" decía y es cierto nunca supo de qué con la ceguera de johnny petsum hicieron un asado con su amor y dolor hicieron un asado la niña blanca lloraba debajo de sus besos no dados justamente de los que un día nacieron altos brillos ya tarde johnny oh menos para las aves chiquitas menos para las aves menos mal que cantaban cantaban ya ciegas mucho ciegas
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Lamento por la niña blanca de johnny petsum
Convengo de cualquier modo. No son raras hoy las víctimas, y es preciso, en el mercado donde todo se cotiza, que se derrame y se busque el material de la orgía... Pero una madre, ¡una madre! a su hija, Dios santo, ¡a su hija! ¡Oh, Alfredo de Musset! Dime si Rolla regateó con el diablo la tarifa, o con la madre monstruo tiró dados sobre el desnudo cuerpo de la niña.
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Abrojos - xlvi
Cumplo a mediodía con el buen precepto de oír misa entera los domingos, y a estas misas cenitales concurres tú, agudo perfil; cabellera tormentosa, nuca morena, ojos fijos; boca flexible, ávida de lo concienzudo, hecha para dar los besos prolijos y articular la sílaba lenta de un minucioso idilio, y también para persuadir a un agonizante a que diga amén. Figura cortante y esbelta, escapada de una asamblea de oblongos vitrales o de la redoma de un alquimista: ignoras que en estas misas cenitales, al ver, con zozobra, tus ojos nublados en una secuencia de Evangelio, estuve cerca de tu llanto con una solícita condescendencia; y tampoco sabes que eres un peligro armonioso para mi filosofía petulante... Como los dedos rosados de un párvulo para la torre baldía de naipes o dados.
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Boca flexible, ávida
Después de tantos ratos mal gastados, tantas obscuras noches mal dormidas; después de tantas quejas repetidas, tantos suspiros tristes derramados; Después de tantos gustos mal logrados y tantas Justas penas merecidas; después de tantas lágrimas perdidas y tantos pasos sin concierto dados, Sólo se queda entre las manos mías de un engaño tan vil conocimiento, acompañado de esperanzas frías. Y vengo a conocer que en el contento del mundo, compra el Alma en tales días, con gran trabajo, su arrepentimiento.
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Salmo xxvi
Brilla el cielo. Deslízase la barca en arenales. Los jardines florecen y el rocío argentino ya no irisa los prados al albor matutino. Huyen de los establos los bueyes y zagales. Todo renace, y úrgennos ráfagas sepulcrales, y sólo el día es cierto para ti en tu camino, en que no han de indicarte los dados, el destino de ser rey de las mesas con sus goces triunfales. Como la vida es breve, gocémosla. Ya artera la edad  nos aniquila. En la región oscura y fría de las Sombras jamás hay primavera. ¡Ven! El campo sonríe, festín de vida franco, Ya es tiempo de que inmoles a Fauno, en la espesura, un chivo, o gorda oveja que luzca vellón blanco.
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A sextio