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"brindan" poems
Al pedir el boleto hay que impostar la voz. ¡ISOLA BELLA! ¡ISOLA BELLA! Isola Bella, tiene justo el grandor que queda bien, en la tela que pintan las inglesas. Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido: HUMILITAS ¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de angelitos. HUMILITAS Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos se ponga por lo menos una aigrette de ave de paraíso en el trasero. HUMILITAS Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas. HUMILITAS Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles para que al pasar, nos arreglemos la corbata, y que ante la desnudez de las Venus que pueblan los boscajes nos brindan una rama de alcanfor... ¡ISOLA BELLA!... Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que pintan las inglesas. Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido: HUMILITAS
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Lago mayor
Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que cedenlas albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega.Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente.Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema?Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.
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Poema de los dones
Una corriente de brazos y de espaldas nos encauza y nos hace desembocar bajo los abanicos, las pipas, los anteojos enormes colgados en medio de la calle; únicos testimonios de una raza desaparecida de gigantes. Sentados al borde de las sillas, cual si fueran a dar un brinco y ponerse a bailar, los parroquianos de los cafés aplauden la actividad del camarero, mientras los limpiabotas les lustran los zapatos hasta que pueda leerse el anuncio de la corrida del domingo. Con sus caras de mascarón de proa, el habano hace las veces de bauprés, los hacendados penetran en los despachos de bebidas, a muletear los argumentos como si entraran a matar; y acodados en los mostradores, que simulan barreras, brindan a la concurrencia el miura disecado que asoma la cabeza en la pared. Ceñidos en sus capas, como toreros, los curas entran en las peluquerías a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez, y cuando salen a la calle ya tienen una barba de tres días. En los invernáculos edificados por los círculos, la pereza se da como en ninguna parte y los socios la ingieren con churros o con horchata, para encallar en los sillones sus abulias y sus laxitudes de fantoches. Cada doscientos cuarenta y siete hombres, trescientos doce curas y doscientos noventa y tres soldados, pasa una mujer.
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Calle de las sierpes
Hay sonidos que dan paz, aquella que se siente en la mente. Hay momentos que brindan paz, esos que la piel misma siente. Hay personas que traen paz, las que te acompañan incondicionalmente. A veces, en la vida, lo único que anhelamos es paz.
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Feb 21, 2025
Feb 21, 2025 at 11:14 AM UTC
Hay Paz
He sembrado palabras en tierra fértil, Los regué con sudor y lágrimas, Fertilizados con sueños muertos, Y crecieron, florecieron y prosperaron. Una rica cosecha tengo ahora, Cestas repletas de hojas muertas y prensadas, Encuadernadas en coloridas cubiertas, Que otros puedan repasar a voluntad. Me brindan recompensas y algo de alegría, Me sobrevivirán, aunque no mucho, Y ayudaran a otros a aprender, Y quizás a mejorar sus vidas. Ojalá hubiera sembrado menos palabras, Cosechado menos fanegas de hojas, Y elegido sembrar otras semillas, Que habrían florecido en almas. En un instante intercambiaría Celemines de bonitas hojas muertas, Por una hija mía, Amada mediante toda mi vida. Lo hecho no se puede deshacer, Aunque senderos no tomados me llamen todavía, Al menos sé que cuándo me vaya, Las hojas muertas nunca llorarán.
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Dec 9, 2019
Dec 9, 2019 at 11:03 PM UTC
Así Como Sembramos, Así Cosechamos