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"alaridos" poems
Como ola carmesí fluye por el mar de misterios ocultos bajo tu falda Narra con sumo detalle y de manera borrosa la intensidad de tus intenciones marchita la sensación de control y se escabuye frecuentemente en forma de lágrima Patea tus entrañas y causa dolor ciclo de maldiciones e improperios de alaridos y quejas te derrota completamente y caes tendida donde te encuentres menos mal dura solo unos días
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Aug 30, 2017
Aug 30, 2017 at 7:45 PM UTC
Versos de cada mes
Empujo la puerta y el frío de otoño me golpea la cara. Bajo las escaleras lentamente, ¿para qué correr? Uno de esos días en los que las horas y la vida pasan, y qué importa. ¿A quién putas le importa? Me pongo mis audífonos, mi refugio, pero ¡mierda, que hace frío! Camino lento, con las manos bien guardadas en los bolsillos. Atrás él me sigue desinteresadamente. Ya ni lo escucho, sólo sé que está ahí. Ya ni lo veo, creo que nunca lo vi. Él digo, pero la verdad es que él ya ni es él... 5-4-3-2-1. Rojo. ¿Para qué correr? Esperamos juntos, subo el volumen, protegiéndome de tanto silencio; silencio de esos que suenan a alaridos del alma. 35. Verde. ¡Vamos! Pero lento, ¿para qué correr? Si es que él también corre y perderlo, imposible. Me subo el zipper hasta el cuello y avanzo, mientras el viento sopla y él ni se inmuta. La verdad es que me he acostumbrado. Él y yo, yo y él. Sin forma, sin ojos, sin boca.
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Nov 29, 2014
Nov 29, 2014 at 11:34 PM UTC
Lentamente el pasado
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Crucifixión
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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Hoje pensei no tempo que sempre passa, Absorve tudo , tudo enlaça, Ai tempo do tempo que tudo ultrapassa, Tempo do alento em estado de graça, Mas o tempo no entanto, tudo ama e abraça . O tempo vai leve e sem pressa, Parece uma linda personagem, Que revive uma sentida imagem, De uma caricatura de diferente peca. O tempo vive em sintonia com a noite e a madrugada, Se envolve contigo, e com a tua donzela meia embriagada, Com tudo isto o mundo através do caos foi criado, Tempo do tempo com presente, futuro e passado. Ai tempo que pareces inconstante e vadio, Acorrentado na foz de um triste rio. Tempo de conquistas, euforias desenfreadas, Tempo de musas bem amadas... Ai tempo de tantas cigarras que no meio dos zimbros fazem alaridos, Tempo do tempo com a alma e forca dos meus sentidos. Victor Marques
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May 21, 2019
May 21, 2019 at 7:48 AM UTC
O Tempo que ama e abraça
¡Qué esfuerzo! ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro! ¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina! ¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja! ¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo! Y el caballo, ¡qué flecha aguda exprime de la rosa!, ¡qué rosa gris levanta de su belfo! Y la rosa, ¡qué rebaño de luces y alaridos ata en el vivo azúcar de su tronco! Y el azúcar, ¡qué puñalitos sueña en su vigilia! Y los puñales dimínutos, ¡qué luna sin establos, qué desnudos, piel eterna y rubor, andan buscando! Y yo, por los aleros, ¡qué serafín de llamas busco y soy! Pero el arco de yeso, ¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!, sin esfuerzo.
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Muerte
Como se plasma un momento Un instante que el mundo ignoro En un espacio tan pequeño Un cuadro tan grande, claustrofóbico Ni siquiera los vimos llegar Ni advertir el suave sonido del motor, Y con solo presionar un botón Empieza la cacofonía de la destrucción Desde tan alto se siente distante Roba la distancia su intensidad Que a los sentidos enmudece Entorpece Un llanto tan lastimoso No hay garganta que lo ofrezca ¿Que hacer con la sangre que mancha el suelo? Adorna la metralla que invade la carne ¿Que hacer con las lagrimas en mi pecho? Cada gota cargada miedo ¿A quien pedidos salvamento? ¿Al cielo del que caen las bombas? ¿Que hacemos en este cuarto tan pequeño? Donde cabe la infinidad y todas sus horas Anclado al suelo por miedo Morir aquí o afuera, no hace diferencia Moriremos todos como perros Sin misericordia, sin complacencia. ¿Es nuestra vida tan barata para la estabilidad? Para un tirano que cambia de disfraz ¿Cree que nos protege? ¿Defiende la paz? La paz no debería de explotar Y nuestra carne rajar Nuestros hijos matar Mi sangre derramar Mis animales desollar Mi tierra reventar Mi patria... Separar Ahora la muerte toma su lugar Conquista el cuarto, en nombre de la paz De los fantasmas, los espectros la paz Susurran lastimosos este momento Su gritos sigilosos entre la ruinas Alaridos que se lleva el viento Irónico de verdad, que en vida se lleven Lo que me prometía la eternidad.
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Jul 23, 2019
Jul 23, 2019 at 10:59 PM UTC
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Natureza que cantas tão bem... Alaridos que quero sempre na noite ouvir, Lua que para mim olhas sem me sentir, Os charcos das águas mornas que esperam a madrugada, Vinhas com Uvas amadurecidas para a lagarada. Tudo parece ser um ciclo que foi divinamente elaborado, Fazer vinho me faz lembrar Jesus Cristo crucificado. As uvas são pisadas e até maltratadas com pés de homens humildes e nobres, Podem ser ricos e pobres. A Deus eu não sei como agradecer, Por sentir esta natureza que parece nunca morrer... Abraço amigo, Victor Marques
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Sep 25, 2019
Sep 25, 2019 at 9:24 AM UTC
Natureza que cantas bem
Douro com sua natureza Sentei me numa pedra de xisto junto das vinhas, Rodeadas elas estão por ervas daninhas, Tentilhões que lindas fêmeas com bicos diferenciados, Com penas, musgo e teias de aranhas dos telhados. Natureza que Deus na terra santifica, Alma pura com amor que dignifica. Horizontes alaranjados de ouro fino, Meu Douro, meu amor, meu destino. Sobreiros, giestas amarelas e brancas, Cato mariano que bendizes e encantas, Noite que chegas com a madrugada, Videira do vinho do homem por Deus abençoada. Quando a noite vem refresca os sentidos, Deixa te embalar com tantos alaridos, O Douro corre com devoção e amor, Consagrando Deus e Senhor. Victor Marques
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May 4, 2020
May 4, 2020 at 3:11 PM UTC
DOURO COM SUA NATUREZA
Me encontraste en la orilla de la vida, menta oscura y balsámica, sumisa, malherida golondrina. Venías de la luz, broncíneo arcángel que trae la miel, el óleo, el sueño puro, el laúd ovidado por mi ángel. No alcé mi grito ni el perfume triste de las hojas, gavilla macerada, pero, Destino, con la mirada del amor me viste. Sabes la claridad que me ofrecías, la llama que brotaba de tu mano, el mensaje celeste que traías. Luego, en punzante trenza de alaridos, nos rodearon los vientos enconados y el arcángel y yo fuimos heridos. Como eres fuerte, ni el dolor te arredra, soy amorosa y dócil. En ti sigo, menta, desesperadamente hiedra.
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Menta, desesperadamente hiedra