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"aguardando" poems
*Ayer Presente durmió en tu mente, manteniendo larga la noche y el hogar caliente. Nunca tan real y tan eterno, aguardando el Ahora para imponer su voluntad. Déjalo mostrarse tan grande, tan malvado y sin embargo tan honesto hermano, ya mucho tiempo ha esperado para cobrar el pecado de Pasado. Aquellos recuerdos que pervierten, traumas de la vida que no definen pero si persiguen, como fantasmas de la mente permanecen invisibles en el rincón de la negación. Hasta que encuentras el valor de ver al monstruo a la cara, de verte al espejo sin máscaras, entonces lo comprendes - El tiempo dura lo que dura, pero el efímero momento siempre perdura.- El Presente es ahora pero sin el olor del Pasado y el color del Futuro la textura simplemente no se siente*
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Nov 19, 2012
Nov 19, 2012 at 4:42 AM UTC
Recuerdos que pervierten
En los solares de Burgos   a su Rodrigo aguardando, tan encinta está Jimena,   que muy cedo aguarda el parto; cuando demás dolorida   una mañana en disanto, bañada en lágrimas tiernas,   escribe al rey don Fernando: «A vos, el mi señor rey,   el bueno, el aventurado, el magno, el conquistador,   el agradecido, el sabio, la vuestra sierva Jimena,   fija del conde Lozano, desde Burgos os saluda,   donde vive lacerando. Perdonédesme señor,   que no tengo pecho falso, y si mal talante os tengo,   no puedo disimulallo. ¿Qué ley de Dios vos otorga   que podáis, por tiempo tanto como ha que fincáis en lides,   descasar a los casados? ¿Qué buena razón consiente   que a mi marido velado no le soltéis para mí   sino una vez en el año? Y esa vez que lo soltáis,   fasta los pies del caballo tan teñido en sangre viene,   que pone pavor mirallo; y no bien mis brazos toca   cuando se duerme en mis brazos, y en sueños gime y forcejea,   que cuida que está lidiando, y apenas el alba rompe,   cuando lo están acuciando las esculcas y adalides   para que se vuelva al campo. Llorando vos lo pedí   y en mi soledad cuidando de cobrar padre y marido,   ni uno tengo, ni otro alcanzo. Y como otro bien no tengo   y me lo habedes quitado, en guisa lo lloro vivo   cual si estuviese enterrado. Si lo facéis por honralle,   asaz Rodrigo es honrado, pues no tiene barba, y tiene   reyes moros por vasallos. Yo finco, señor, encinta,   que en nueve meses he entrado y me pueden empecer   las lágrimas que derramo.   Dad este escrito a las llamas,   non se fega de él palacio, que en malos barruntadores   no me será bien contado».
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Romance viii carta de doña jimena al rey
En los solares de Burgos   a su Rodrigo aguardando, tan encinta está Jimena,   que muy cedo aguarda el parto; cuando demás dolorida   una mañana en disanto, bañada en lágrimas tiernas,   escribe al rey don Fernando: «A vos, el mi señor rey,   el bueno, el aventurado, el magno, el conquistador,   el agradecido, el sabio, la vuestra sierva Jimena,   fija del conde Lozano, desde Burgos os saluda,   donde vive lacerando. Perdonédesme señor,   que no tengo pecho falso, y si mal talante os tengo,   no puedo disimulallo. ¿Qué ley de Dios vos otorga   que podáis, por tiempo tanto como ha que fincáis en lides,   descasar a los casados? ¿Qué buena razón consiente   que a mi marido velado no le soltéis para mí   sino una vez en el año? Y esa vez que lo soltáis,   fasta los pies del caballo tan teñido en sangre viene,   que pone pavor mirallo; y no bien mis brazos toca   cuando se duerme en mis brazos, y en sueños gime y forcejea,   que cuida que está lidiando, y apenas el alba rompe,   cuando lo están acuciando las esculcas y adalides   para que se vuelva al campo. Llorando vos lo pedí   y en mi soledad cuidando de cobrar padre y marido,   ni uno tengo, ni otro alcanzo. Y como otro bien no tengo   y me lo habedes quitado, en guisa lo lloro vivo   cual si estuviese enterrado. Si lo facéis por honralle,   asaz Rodrigo es honrado, pues no tiene barba, y tiene   reyes moros por vasallos. Yo finco, señor, encinta,   que en nueve meses he entrado y me pueden empecer   las lágrimas que derramo.   Dad este escrito a las llamas,   non se fega de él palacio, que en malos barruntadores   no me será bien contado».
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Hago noche en el monte esperando la aurora. Me comporto como un necio. He olvidado que en la noche todavía se incendia el firmamento en el fuego del día primero. Pero yo no lo veo. No percibo los portales que vinculan en la noche unos y otros universos. Hace tiempo que estoy ciego para ellos. Las ventanas se cerraron por las que solía meter la cabeza en el cielo. Ignorante me he quedado y hago noche en el monte aguardando a la aurora como un necio.
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Nov 24, 2011
Nov 24, 2011 at 5:30 PM UTC
Vigilia
Tiranos momentos, se encuentran tan lejos. Gobiernan las vistas, gobiernan lo nuestro. Difuso y añejo, de tu rostro, el recuerdo. Ya pocos y fríos son nuestros encuentros. Tirano es el tiempo, te mueves tan recto. Inalterable, ni con el mejor beso. Te esfumas, te aprieto, te escurres de nuevo. Por favor, sólo este instante deseo. Y ella, pospone la visita, a mí, enfermo. Por simples deberes. Compromisos, trabajos o  paseos. Nuestra despedida, desatada nos viene. Aprovecha, estoy todavía despierto. Hay algo que aún no comprendes. Lo mio por ti, no es eterno. Estoy aquí, aguardando el llamado. Ven cuanto antes, que te quiero. Te espero, te espero escribiendo.
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Mar 1, 2018
Mar 1, 2018 at 9:32 PM UTC
Probando el Vestido
Soy campana rota, Nardo sin olor.. Fuente que ha perdido Su vivo rumor. Sólo espinas largas iVtis rosales dan. Soy de un trigo ***** Que hace amargo el pan. ¿Para qué me quieres Si no tengo aromas? ¿Para qué me quieres Si sequé mis pomas? El estambre de oro Que mi vida dió, En un polvo oscuro Ya se diluyó. Anda, di a la Muerte Que aguardando estoy. Anda, di a la Muerte Que de bronce soy. Que ya mis pupilas No saben llorar, Y que labios míos No pueden besar. Anda, que el rey Midas Pasó por aquí, Y en estatua de oro Transformada fui. Vete, no murmures Más esa palabra Que en mi encanto puede Ser de abracadabra. No me digas nada, No lamentes más. Si la estatua siente Te arrepentirás.
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La estatua
En la tranquila y recatada estancia, De áureos brocados y de roja alfombra, Un manojo de rosas su fragancia Al aire daba, en la naciente sombra. Suelto el rubio cabello, blanca y leve, Apareció la virgen soñadora, Y semejaba como airón de nieve Besado por un rayo de la aurora, En la penumbra medio oculto el piano, Confidente de sueños, se veía, Como aguardando conocida mano, Mensajera del ritmo y la armonía. ...Y las notas vibraron. De la luna, Que desceñía sus flotantes velos, Un rayo entró a la estancia, como una Indiscreta mirada de los cielos.
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Armonía lunar