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"hunde" poems
La calle se llenó de tomates, mediodía, verano, la luz se parte en dos mitades de tomate, corre por las calles el jugo. En diciembre se desata el tomate, invade las cocinas, entra por los almuerzos, se sienta reposado en los aparadores, entre los vasos, las mantequilleras, los saleros azules. Tiene luz propia, majestad benigna. Debemos, por desgracia, asesinarlo: se hunde el cuchillo en su pulpa viviente, es una roja víscera, un sol fresco, profundo, inagotable, llena las ensaladas de Chile, se casa alegremente con la clara cebolla, y para celebrarlo se deja caer aceite, hijo esencial del olivo, sobre sus hemisferios entreabiertos, agrega la pimienta su fragancia, la sal su magnetismo: son las bodas del día, el perejil levanta banderines, las papas hierven vigorosamente, el asado golpea con su aroma en la puerta, es hora! vamos! y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate, astro de tierra, estrella repetida y fecunda, nos muestra sus circunvoluciones, sus canales, la insigne plenitud y la abundancia sin hueso, sin coraza, sin escamas ni espinas, nos entrega el regalo de su color fogoso y la totalidad de su frescura.
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Oda al tomate
La vida me mostro que no importa cuántas personas tenga a mi alrededor siempre estaré sola. Me enseño a no depender de nadie, a no dejar de ser yo misma solo por encajar en un grupo social. Aprendí esto son de cantazos, de muchas noches llorando, de coraje, frustración & de acciones erróneas que llegue a tomar bajo coraje. Opte por ser egoísta porque me canse, me canse como se cansa un viejo matrimonio arreglado fingiendo que es feliz, me canse ceder a la merced de todos para nada. Y esto no se trata de dar para recibir, se trata de igualdad. Se trata de personas que te juzgan solo por que no conocen tus motivos, se trata de personas que solo se llenan la boca de estiércol cuando no se imaginan por todo lo que pasa la otra persona. Es muy fácil burlarse de la gorda del grupo solo porque no cumple con tus expectativas de belleza, es muy fácil burlarse de la que se mutila porque para ti eso es de inmaduros, es muy fácil creerte superior a una dama solo porque los estereotipos dicen que el hombre es el **** fuerte. Pero si el mundo gira en dirección contraria & a un amigo le sucede eso & necesita con quien hablar ahí estas tu como un idiota de nuevo, tratando de ayudar a quien te hunde, tratando de salvar a alguien que te mata con cada palabra que sale de su boca. Ahí estas de nuevo. Ahora te pregunto, vale la pena darlo todo por alguien que no da nada por ti? Para que estar con personas que te hacen daño? Crees que es necesario el humillarte así? . No, por supuesto que no, pero tenemos miedo. Tenemos miedo a quedarnos solos, le tenemos miedo a la soledad, a que nadie sepa que estamos aquí, a ser invisibles. Yo elegí ser egoísta, elegí solo preocuparme por mi, porque si yo no lo hago entonces quien lo hará por mi? No dependas de los demás, no dejes que los demás controlen tus emociones. No permitas que te hagan tanto daño emocional. Tu das mas que eso, sal adelante, si no tienes con quien hablar o con quien pasar el tiempo quédate solo. Como dice una de las canciones de mi querido Arjona “no es bueno el que te ayuda si no el que no te molesta” Tu decides si mirarlos a todos desde abajo o sacarle el dedo a todos los que te dijeron “ no puedes” desde arriba. Tu eres quien te pones barreras & quien las quita, eres quien toma las decisiones importantes en tu vida. En ti esta salir de esa charca para experimentar la grandeza del océano
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Jun 6, 2014
Jun 6, 2014 at 12:13 AM UTC
“Contaban contigo? Que aprendan a no contar sino consigo mismo”
La vida me mostro que no importa cuántas personas tenga a mi alrededor siempre estaré sola. Me enseño a no depender de nadie, a no dejar de ser yo misma solo por encajar en un grupo social. Aprendí esto son de cantazos, de muchas noches llorando, de coraje, frustración & de acciones erróneas que llegue a tomar bajo coraje. Opte por ser egoísta porque me canse, me canse como se cansa un viejo matrimonio arreglado fingiendo que es feliz, me canse ceder a la merced de todos para nada. Y esto no se trata de dar para recibir, se trata de igualdad. Se trata de personas que te juzgan solo por que no conocen tus motivos, se trata de personas que solo se llenan la boca de estiércol cuando no se imaginan por todo lo que pasa la otra persona. Es muy fácil burlarse de la gorda del grupo solo porque no cumple con tus expectativas de belleza, es muy fácil burlarse de la que se mutila porque para ti eso es de inmaduros, es muy fácil creerte superior a una dama solo porque los estereotipos dicen que el hombre es el **** fuerte. Pero si el mundo gira en dirección contraria & a un amigo le sucede eso & necesita con quien hablar ahí estas tu como un idiota de nuevo, tratando de ayudar a quien te hunde, tratando de salvar a alguien que te mata con cada palabra que sale de su boca. Ahí estas de nuevo. Ahora te pregunto, vale la pena darlo todo por alguien que no da nada por ti? Para que estar con personas que te hacen daño? Crees que es necesario el humillarte así? . No, por supuesto que no, pero tenemos miedo. Tenemos miedo a quedarnos solos, le tenemos miedo a la soledad, a que nadie sepa que estamos aquí, a ser invisibles. Yo elegí ser egoísta, elegí solo preocuparme por mi, porque si yo no lo hago entonces quien lo hará por mi? No dependas de los demás, no dejes que los demás controlen tus emociones. No permitas que te hagan tanto daño emocional. Tu das mas que eso, sal adelante, si no tienes con quien hablar o con quien pasar el tiempo quédate solo. Como dice una de las canciones de mi querido Arjona “no es bueno el que te ayuda si no el que no te molesta” Tu decides si mirarlos a todos desde abajo o sacarle el dedo a todos los que te dijeron “ no puedes” desde arriba. Tu eres quien te pones barreras & quien las quita, eres quien toma las decisiones importantes en tu vida. En ti esta salir de esa charca para experimentar la grandeza del océano
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Gracias a los que entiende, miró a ambos lados, nunca juzgado mal por el propio bien. los que sabían, que se quedaron en el interior, sin un precio, sin ningún argumento amistad. Para los verdaderos amigos no entienden, se mantendrá en contacto, y nunca, hablar mal de boca. se levanta la moral, contra las fuerzas que resisten, pero, una falsa voluntad de que usted se hunde en el fondo de arenas movedizas. Ahora, todavía estoy esperando, la positividad es lo que estoy deseando, que son para siempre, desde hace años que estamos haciendo. por todos los recuerdos, hemos construido un muro, cuatro de nosotros, lo hizo todo. A pesar de todo, lo que el mundo nos importa? porque yo sentía la comodidad, en la sabiduría a todos desnudos, que ha compartido,e deseo la felicidad, incluso todo lo que ha cambiado, aún estoy expulsado, cuando nos encontremos, en algún momento,en algún lugar, lo que puedo decir, que ha sido un parte, y mi pasado nunca fue un llorar, que siempre recordará, he definido, que es la amistad.
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May 27, 2011
May 27, 2011 at 1:26 AM UTC
Este es de cuatro ti
Estar sin ti, es como estar en la oscuridad no sabes el momento en el cual la luz volvera imaginar que nunca volveras a verla pensar que con solo un rayo, calmaras tu ansiedad En fin hace tiempo que no he buscado una razon que me haga respirar, que me haga vivir que si le tengo miedo a la soledad es una gota de agua en este mar Apostando por un sentimiento inexistente simplemente creyendo sentir algo que en papel no significa nada no necesito abrir los ojos para verte Cuando llega el tiempo de frio, me pasa te recuerdo a cada segundo, a cada instante todo se me viene a la mente, se hunde, se cae para que resistir si puedo existir La noche cae, pero siempre esta el amanecer de cualquier manera será, tendra que pasar en los sueños que llegas aparecer, eres feliz mas de la cuenta y no me entristece ver el sol salir.
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Jun 12, 2013
Jun 12, 2013 at 9:49 PM UTC
Vivir, sin respirar
Cierra los ojos y a oscuras piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados. Húndete en esas espirales del sonido que zumba y cae y suena allá, remoto, hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida. Hunde tu ser a oscuras, anégate en tu piel, y más, en tus entrañas ; que te deslumbre y ciegue el hueso, lívida centella, y entre simas y golfos de tiniebla abra su azul penacho el fuego fatuo. En esa sombra líquida del sueño moja tu desnudez; abandona tu forma, espuma que no se sabe quién dejó en la orilla; piérdete en ti, infinita, en tu infinito ser, mar que se pierde en otro mar: olvídate y olvídame. En ese olvido sin edad ni fondo labios, besos, amor, todo, renace: las estrellas son hijas de la noche.
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Olvido
¡Tanto hermoso momento muerto por la costumbre! ¡Tanto instante terrible que luego en la memoria se hunde! Sé que somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Y miro al que yo he sido un instante olvidado de algún día de octubre. Me duele su tristeza: quisiera liberarle de aquella pesadumbre; pero somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Aquel que ahora recuerdo seguirá siempre en sombras aun cuando el sol me alumbre. Oh, no poder borrarlo, no poder alegrarlo, darle cielos azules. Mientras esté yo vivo él llenará su instante ciñendo rosas fúnebres. Y cuando yo me muera él seguirá viviendo ciñendo rosas fúnebres. Sé que somos la suma de instantes sucesivos. Ceñimos rosas fúnebres. (Miro: estoy en mi estela, ciñendo rosas fúnebres).
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El momento eterno
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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Niños
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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"sí, sí, claro", digo, cansada y agotada. el sol se hunde en los arboles, y mi cabeza quiere caer en la almohada, pero no me permites, "solo son las ocho y tres", te quejas, "despierta, hablame." ya he estado despierta durante casi 22 horas, pero no te importas, solo quieres mirarme marchitar despacio, mira el dolor en mis ojos y el temblor en mi voz. pareces más viva como esto , casi puedo oir en tus pensamientos. Entonces, quedo despierta, solo para tu placer. Nunca me agradeces.
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Oct 5, 2013
Oct 5, 2013 at 2:00 PM UTC
Las horas de despierta
I am eight when we first heard them. While the sun kisses the treetops, Mother is in a panic Screaming for sister Grabbing her by the collar. Booming carries from a mile away, Sweet percussion of a death rattle. Bitter drums of militant clatter, numb and hypnotic heartbeat of their boots. I listen as they turn to my neighborhood. Mother knows they will come for us. Goose-steppers divide at their middle seam, kicking in doors on both sides of the street. The man at the end wears an enormous hat. He yells at them, “Hunde töten die Juden, töten für das Vaterland!”   **** the Jew dogs, **** for the Fatherland) The same thing every time. (They take the people who wore sacred stars                        Two of them kick in our door                                On the front of their shirts                           I tear my star from my shirt,                                                           like me.)                              throw it to the ground. They assail our stairs, hand cannons aimed. screaming at me, louder and louder. I break, They laugh. the big one charges towards me. I flinch, he laughs louder. grabbing my hair, Dragging me into the streets. My neighbors stand beside me. Transfixed stone pillars I, and them Fear-stricken. Hollowed eyes, Robbed of all. robbed of hope. I, and my neighbors put behind a fence. Slamming behind us, chains and locks. Mother yells for me. She cries, I hear it. I try to stay strong Like father. Like a soldat. I look back at the crowd that storms the gate My town yells, people cry. screams become muffled Stone soldier, I speak to the hillsides, to the trees, to the streets, and to mother. I call out to my world, "à tout le monde, à tous mes amis, je vous aime, je dois partir. Ceux-ci sont les derniers mots que je jamais parlerai. Et ils vont me libérer.”
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Apr 28, 2012
Apr 28, 2012 at 6:21 PM UTC
Me libérer
I am eight when we first heard them. While the sun kisses the treetops, Mother is in a panic Screaming for sister Grabbing her by the collar. Booming carries from a mile away, Sweet percussion of a death rattle. Bitter drums of militant clatter, numb and hypnotic heartbeat of their boots. I listen as they turn to my neighborhood. Mother knows they will come for us. Goose-steppers divide at their middle seam, kicking in doors on both sides of the street. The man at the end wears an enormous hat. He yells at them, “Hunde töten die Juden, töten für das Vaterland!”   **** the Jew dogs, **** for the Fatherland) The same thing every time. (They take the people who wore sacred stars                        Two of them kick in our door                                On the front of their shirts                           I tear my star from my shirt,                                                           like me.)                              throw it to the ground. They assail our stairs, hand cannons aimed. screaming at me, louder and louder. I break, They laugh. the big one charges towards me. I flinch, he laughs louder. grabbing my hair, Dragging me into the streets. My neighbors stand beside me. Transfixed stone pillars I, and them Fear-stricken. Hollowed eyes, Robbed of all. robbed of hope. I, and my neighbors put behind a fence. Slamming behind us, chains and locks. Mother yells for me. She cries, I hear it. I try to stay strong Like father. Like a soldat. I look back at the crowd that storms the gate My town yells, people cry. screams become muffled Stone soldier, I speak to the hillsides, to the trees, to the streets, and to mother. I call out to my world, "à tout le monde, à tous mes amis, je vous aime, je dois partir. Ceux-ci sont les derniers mots que je jamais parlerai. Et ils vont me libérer.”
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Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Apogeo del apio
Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Kudrat ne vi taar ohna naal jode ne, Ohna di muskaan tou savere hunde. Saddi jindadi da sab tou sohna farishta haiga, Tuhade baajo ek pal vi jee nahi lagda. Saddi aadat bn gye ** tussi, Tuhade bin koch vi ni assi. Boht yaad aundiye, Chhetti Chhetti aajo mahiya ve. Tussi hunde jado udaas te hanere ** jande, Savere khil jandi jado halka jeya vi tussi muskande. tuhanu vekh sadda chehra khilda, Tuhade naal gal karke hi dil nu sukoon milda. Oh rabb saddi bade imtehaan lenda, Ek din sannu oo mila jaroor deyega. Vishwaas saanu sab tou jyada ve, Har dil di dahdhan ch tussi hi vasde.
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Nov 13, 2019
Nov 13, 2019 at 2:18 AM UTC
Jind meri
Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida. Empieza a vivir, y empieza a morir de ***** a ***** levantando la corteza de su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador. Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido. Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura. Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente. Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento resuelve mi alma de encina. Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo. Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta. ¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.
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El niño yuntero
Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida. Empieza a vivir, y empieza a morir de ***** a ***** levantando la corteza de su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador. Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido. Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura. Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente. Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento resuelve mi alma de encina. Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo. Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta. ¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.
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¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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Visión de sevilla
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
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Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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La balada del poeta
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde.
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Ausencia
Na likh ska na bol ska ki mai tenu kinna chauhni, Tuhadi bina adhura haigi tuhadi sajni. Tuhade naal ek pal vi gaal jado ** jaandi, Mai saare vele khushi khushi muskandi. Jado tussi naraaz hunde, Sannu ta saah vi ne aunde. Tuhanu tuhade tou mai maang lawa, Apni dil o jaan tuhanu de dawa. Tussi jado hasde meri rooh khildi, Maaf kari menu agar hoyi bhul kadi. Tuhade baajo ek pal vi jee nahi sakdi, Tuhanu vekh vekh hi mai mai hasdi. Tuhani dil mandir ch basaya, Tuhade naam da sindoor mathe sajaya. Sansaar mai aapde dohan sa tuhade naina ch vekh leya, Tuhade baigaar mai khakk di vi nahi mere mahiya. Saari janama tuhadi, tuhade bina nahi jeona, Ve main tuhadi je na hoyi hor kise de ni hona. Sune meri rabb ek chah ve adhura, Saddi har saah te ohda haqq hove poora. Ohde baajo koi zindagi nahi chahidi, Daaman failaye mai ohnu hi mangdi.
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Nov 13, 2019
Nov 13, 2019 at 2:28 AM UTC
meri jaan ohde ch vasdi
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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Orillas de tu vientre
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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El diamante de una estrella Ha rayado el hondo cielo, Pájaro de luz que quiere Escapar del universo Y huye del enorme nido Donde estaba prisionero Sin saber que lleva atada Una cadena en el cuello.     Cazadores extrahumanos Están cazando luceros, Cisnes de plata maciza En el agua del silencio.     Los chopos niños recitan La cartilla. Es el maestro Un chopo antiguo que mueve Tranquilo sus brazos viejos.     Ahora en el monte lejano jugarán todos los muertos a la baraja. ¡Es tan triste la vida en el cementerio!     ¡Rana, empieza tu cantar! ¡Grillo, sal de tu agujero! Haced un bosque sonoro Con vuestras flautas. Yo vuelo Hacia mi casa intranquilo.     Se agitan en mi recuerdo Dos palomas campesinas Y en el horizonte, lejos, Se hunde el arcaduz del día. ¡Terrible noria del tiempo!
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El diamante
El hormiguero hace erupción. La herida abierta bortotea, espumea, se expande, se contrae. El sol a estas horas no deja nunca de bombear sangre, con las sienes hinchadas, la cara roja. Un niño -ignorante de que en un recodo de la pubertad lo esperan unas fiebres y un problema de conciencia- coloca con cuidado una piedrecita en la boca despellejada del hormiguero. El sol hunde sus picas en las jorobas del llano, humilla promontorios de basura. Resplandor desenvainado, los reflejos de una lata vacía -erguida sobre una pirámide de piltrafas- acuchillan todos los puntos del espacio. Los niños buscadores de tesoros y los perros sin dueño escarban el amarillo esplendor del pudridero. A trescientos metros la iglesia de San Lorenzo llama a misa de doce. Adentro, en el altar de la derecha, hay un santo pintado de azul y rosa. De su ojo izquierdo brota un enjambre de insectos de alas grises, que vuelan en línea recta hacia la cúpula y caen, hechos polvo, silencioso derrumbe de armaduras tocadas por la mano del sol. Silban las sirenas de las torres de las fábricas. Falos decapitados. Un pájaro vestido de ***** vuela en círculos y se posa en el único árbol vivo del llano. Después… No hay después. Avanzo, perforo grandes rocas de años, grandes masas de luz compacta, desciendo galerías de minas de arena, atravieso corredores que se cierran como labios de granito. Y vuelvo al llano, donde siempre es mediodía, donde un sol idéntico cae fijamente sobre un paisaje detenido. Y no acaban de caer las doce campanadas, ni de zumbar las moscas, ni de estallar en astillas este minuto que no pasa, que sólo arde y no pasa.
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Llano
El hormiguero hace erupción. La herida abierta bortotea, espumea, se expande, se contrae. El sol a estas horas no deja nunca de bombear sangre, con las sienes hinchadas, la cara roja. Un niño -ignorante de que en un recodo de la pubertad lo esperan unas fiebres y un problema de conciencia- coloca con cuidado una piedrecita en la boca despellejada del hormiguero. El sol hunde sus picas en las jorobas del llano, humilla promontorios de basura. Resplandor desenvainado, los reflejos de una lata vacía -erguida sobre una pirámide de piltrafas- acuchillan todos los puntos del espacio. Los niños buscadores de tesoros y los perros sin dueño escarban el amarillo esplendor del pudridero. A trescientos metros la iglesia de San Lorenzo llama a misa de doce. Adentro, en el altar de la derecha, hay un santo pintado de azul y rosa. De su ojo izquierdo brota un enjambre de insectos de alas grises, que vuelan en línea recta hacia la cúpula y caen, hechos polvo, silencioso derrumbe de armaduras tocadas por la mano del sol. Silban las sirenas de las torres de las fábricas. Falos decapitados. Un pájaro vestido de ***** vuela en círculos y se posa en el único árbol vivo del llano. Después… No hay después. Avanzo, perforo grandes rocas de años, grandes masas de luz compacta, desciendo galerías de minas de arena, atravieso corredores que se cierran como labios de granito. Y vuelvo al llano, donde siempre es mediodía, donde un sol idéntico cae fijamente sobre un paisaje detenido. Y no acaban de caer las doce campanadas, ni de zumbar las moscas, ni de estallar en astillas este minuto que no pasa, que sólo arde y no pasa.
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Un albañil quería... No le faltaba aliento. Un albañil quería, piedra tras piedra, muro tras muro, levantar una imagen al viento desencadenador en el futuro. Quería un edificio capaz de lo más leve. No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería! Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve una imaginación al mediodía. Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos, con un poder más alto que el ala de los truenos iban brotando muros lo mismo que aletazos. Pero los aletazos duran menos. Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña tiene valor de vuelo si es totalmente activa. Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña aunque esto sea un mundo de ansia viva. Un albañil quería... Pero la piedra cobra su torva densidad brutal en un momento. Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra fueron precipitados él y el viento.
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Sepultura de la imaginación
Bedende øjne og knuste hjerter, sprang over det hele som sultne hunde tiggende efter spildte følelser som da du slog mig med din dunklende pik og det fløj med stjerner, som i en dårlig tegneserie og børnene nede på gaden, når de snakker om kærlighed og gudskelov for det, at de snakker om det for det gjorde vi aldrig, men dine følelser hang udenpå tøjet, som udsalg i Superbrugsen i konstrast til mine, gemt som papmache figuren, jeg lavede i 4 klasse, da du hviskede fortryllende ord i mine lukkede ører; for tre år siden, sagde du at du elskede mig; i dag, da du kyssede mig, sagde jeg det næsten igen
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Mar 16, 2015
Mar 16, 2015 at 6:19 PM UTC
tømte hjerter
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Fábricas de amor
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Morning 3:43 am *** bi bhulekha jeha pe reha Lag reha jiwe koi dhokh jeha ** reha mera naal Jiwe eh ik supna ja hi howe Jiwe eh sach he hi nai Ik jhuthi jahi umeed haje bi lagai beth ha Ik jutha jeha veham haje bi pali betha ha Sab kuj sach hunde hoye bi Sab kuj juth jeha lag reha he Kiwe keh da Kiwe bhul ja Bus *** ik tera hi asra he *** bus maut da hi aasra he
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Jul 11, 2019
Jul 11, 2019 at 6:16 PM UTC
Still a dream
Este clima de asfixia que impregna los pulmones de una anhelante angustia de pez recién pescado. Este hedor adhesivo y errabundo, que intoxica la vida y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo. Este miasma corrupto, que insufla en nuestros poros apetencias de pulpo, deseos de vinchuca, no surge, ni ha surgido de estos conglomerados de sucia hemoglobina, cal viva, soda cáustica, hidrógeno, pis úrico, que infectan los colchones, los techos, las veredas, con sus almas cariadas, con sus gestos leprosos. Este olor homicida, rastrero, ineludible, brota de otras raíces, arranca de otras fuentes. A través de años muertos, de atardeceres rancios, de sepulcros gaseosos, de cauces subterráneos, se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos, los detritus hediondos, las corrosivas vísceras, las esquirlas podridas que dejaron el crimen, la idiotez purulenta, la iniquidad sin **** el gangrenoso engaño; hasta surgir al aire, expandirse en el viento y tornarse corpóreo; para abrir las ventanas, penetrar en los cuartos, tomarnos del cogote, empujarnos al asco, mientras grita su inquina, su aversión, su desprecio, por todo lo que allana la acritud de las horas, por todo lo que alivia la angustia de los días.
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Ejecutoria del miasma