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"haberlos" poems
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Carta a mi futuro yo.
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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A dios no lo encontré precisamente en una iglesia, ni tampoco en un sermón. No nos conocimos un domingo, ni se me presentó envuelto en sotanas. A dios lo vi en una solitaria zebra, en un hocico húmedo y arrugado, y en el tímido beso de una hiena. En el sincronizado nado de los delfines, la jorobada espalda de una ballena y un atardecer radiante de rojo y azul. Me lo topé en las canas de mi padre y la fe intensa de mi madre. En la tenacidad de mi hermanita, convertida hoy en empoderada mujer, y en el calor de esas amistades que prevalecen a pesar de tiempo y distancia. Dios se me apareció en un primer beso y una caricia sincera. Lo encontré detrás de ese par de ojos azules que gritaban “te amo”, y en la impotencia y el dolor que hoy causa el haberlos perdido. Lo atrapé escondido en la grandeza de Machu Picchu, y corriendo por las majestuosas planicies sudafricanas. En las calles de mi pueblo pequeñito, tan lleno de virtudes y problemas, y en el eco del grito latinoamericano. A dios lo veo en las cicatrices que exhiben mis rodillas, producto de cada caída. Reside en mi fuerza y coraje, que me han levantado, y también en cada persona que me ha brindado una mano. Y es que a dios lo veo en algo tan simple como lo es la gracia de ser humano. En la risa, el éxito, el dolor y los errores. El amor, la soledad, la esperanza y la incertidumbre. Dios, mis amigos, está en la valentía de vivir.
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Nov 8, 2015
Nov 8, 2015 at 6:52 PM UTC
dios
cuando gallagher bentahm murió se produjo un extraño fenómeno: a las vecinas les creció el odio como si hubiera aumentado la papa feroces y rapaces comenzaron a insultar su memoria como si el deber obligación o tarea de gallagher bentham fuera ser inmortal siendo que él se preocupaba cuidadosamente de vivir imperfecto a fin de no irritar a los dioses jamás se cuidó de ser bueno sin ganas pecó y gozó como los mil diablos que sin duda lo habitaban de noche y lo obligaban a escribir versos sacrílegos en perjuicio de su alma así creció famoso por su desparpajo y sus caricias "ahí va gallagher bentham el desgraciado malparido" decían             las vecinas con su hijos y lo mostraban con el dedo pero de noche soñaban con él de noche una extraña nube o mano o seda se les metía en la garganta soñando con él ¡ah gallagher bentham gran padre! pueblos enteros habría fundado nada más con su hijos de haberlos querido tener de no haber sido por los versos que no piden de comer y es de lo poco que tienen a favor de modo que murió nomás y la gente desconcertada por la falta de ejemplo del mal ejemplo o con la sensación de haber perdido algo de su libertad designó representantes que entrevistaron a gallagher bentham y por más preguntas que le hicieron sólo escucharon el ruido de abejas en su cuerpo como si estuviera haciendo miel o más versos en otra cosa siempre es difícil saber porqué el vecidnario de Spoker Hill llegó a odiarlo             así lo descuartizaron una mañana de otoño para alegría de los chicos no hubo más nubes en garganta de mujer ni desquites feroces en la cama con marido extrañado o hasta sueños de las más delicadas que llenaban la noche y hacían girar el viento y llover todos los arbolitos de Spoker Hill se secaron menos el tábano real que volaba y volaba alrededor de gallagher bentham o sus últimas mieles.
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Lamento por gallagher bentham
cuando gallagher bentahm murió se produjo un extraño fenómeno: a las vecinas les creció el odio como si hubiera aumentado la papa feroces y rapaces comenzaron a insultar su memoria como si el deber obligación o tarea de gallagher bentham fuera ser inmortal siendo que él se preocupaba cuidadosamente de vivir imperfecto a fin de no irritar a los dioses jamás se cuidó de ser bueno sin ganas pecó y gozó como los mil diablos que sin duda lo habitaban de noche y lo obligaban a escribir versos sacrílegos en perjuicio de su alma así creció famoso por su desparpajo y sus caricias "ahí va gallagher bentham el desgraciado malparido" decían             las vecinas con su hijos y lo mostraban con el dedo pero de noche soñaban con él de noche una extraña nube o mano o seda se les metía en la garganta soñando con él ¡ah gallagher bentham gran padre! pueblos enteros habría fundado nada más con su hijos de haberlos querido tener de no haber sido por los versos que no piden de comer y es de lo poco que tienen a favor de modo que murió nomás y la gente desconcertada por la falta de ejemplo del mal ejemplo o con la sensación de haber perdido algo de su libertad designó representantes que entrevistaron a gallagher bentham y por más preguntas que le hicieron sólo escucharon el ruido de abejas en su cuerpo como si estuviera haciendo miel o más versos en otra cosa siempre es difícil saber porqué el vecidnario de Spoker Hill llegó a odiarlo             así lo descuartizaron una mañana de otoño para alegría de los chicos no hubo más nubes en garganta de mujer ni desquites feroces en la cama con marido extrañado o hasta sueños de las más delicadas que llenaban la noche y hacían girar el viento y llover todos los arbolitos de Spoker Hill se secaron menos el tábano real que volaba y volaba alrededor de gallagher bentham o sus últimas mieles.
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Pienso a veces con algo de tristeza que pudiste elegir para tu viaje -claro de luna y temblador follaje- la cuna de marfil de la riqueza. Perdona mi poética pobreza y el combativo hogar al que te traje, mas tu hermano mayor será tu paje y yo el primer cantor de tu belleza. Y en tanto llega el día venturoso en que venga a buscarte un rey glorioso, pues para ti ha de haberlos todavía, en mi pecho reposa tu hermosura. Me lo han llenado, hija, de dulzura, ocho lustros cabales de poesía.
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A mi hija dalmira