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"dureza" poems
na primeira noite eram estranhas. disformes, distantes, extremamente presentes na sua tão triste ausência. doeram-me todas as entranhas do corpo. pela memória e pelo presente. agora, volvidos 3 dias volto a olhá-las. já consigo olhá-las, auxiliá-las e já não me estão distantes. agora são companheiras de luta. algumas lutas mais leais que outras bem se sabe, mas ainda assim resistentes no seu silêncio. o cheiro já me acolhe e todos os muitos sons que me circundam, conseguem agora embalar-me e levar-me num sono tranquilo. estou perto dos 28. já não sou miúda, agora sei-o e mais sério, sinto-o. ainda não sei que mulher sou, e como vou crescer a partir daqui. há vários ajustes, estou muito irrequieta com o que vou fazer. penso demasiado na pessoa que quero construir a partir daqui. é como se tivesse acabado de nascer mas já a saber falar, andar e pensar - oh, penso tanto… tenho de me permitir aprender e cair, chorar aos primeiros dentes. mas a miúda deixa-me orgulhosa. gostei de ti andreia pequena, feliz, divertida e curiosa. gostei da tua coragem e da tua força. até do teu nariz empertigado. choro ao teu enterro, comovida pelo orgulho que te sinto e pelas saudades que me vais trazer. a tua inocência guarda-la-ei como o meu mais precioso tesouro, e a ela recorrerei quando me vacilar a certeza. crescer é de uma dureza atroz. o passado vejo-o enevoado, lamacento de muito difícil definição. no entanto o futuro é um abismo. dá-me vertigens querer espreitá-lo. mesmo quando coloco apenas os olhos, como se me escondesse dele mesmo. de mim mesma, dessa andreia que serei. como se não quisesse que ela me apanhasse a espiá-la a ver-lhe os movimentos, para que os usasse ou os julgasse de ante mão. aqui estou, numa cama de hospital. viva e livre de qualquer mal. (mal maior pelo menos). e esta andreia do presente, esta nova-mulher, tem muito medo. muito medo de falhar, muito medo de não ser tão feliz quanto a miúda foi.
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Feb 7, 2013
Feb 7, 2013 at 5:15 AM UTC
adeus miúda
na primeira noite eram estranhas. disformes, distantes, extremamente presentes na sua tão triste ausência. doeram-me todas as entranhas do corpo. pela memória e pelo presente. agora, volvidos 3 dias volto a olhá-las. já consigo olhá-las, auxiliá-las e já não me estão distantes. agora são companheiras de luta. algumas lutas mais leais que outras bem se sabe, mas ainda assim resistentes no seu silêncio. o cheiro já me acolhe e todos os muitos sons que me circundam, conseguem agora embalar-me e levar-me num sono tranquilo. estou perto dos 28. já não sou miúda, agora sei-o e mais sério, sinto-o. ainda não sei que mulher sou, e como vou crescer a partir daqui. há vários ajustes, estou muito irrequieta com o que vou fazer. penso demasiado na pessoa que quero construir a partir daqui. é como se tivesse acabado de nascer mas já a saber falar, andar e pensar - oh, penso tanto… tenho de me permitir aprender e cair, chorar aos primeiros dentes. mas a miúda deixa-me orgulhosa. gostei de ti andreia pequena, feliz, divertida e curiosa. gostei da tua coragem e da tua força. até do teu nariz empertigado. choro ao teu enterro, comovida pelo orgulho que te sinto e pelas saudades que me vais trazer. a tua inocência guarda-la-ei como o meu mais precioso tesouro, e a ela recorrerei quando me vacilar a certeza. crescer é de uma dureza atroz. o passado vejo-o enevoado, lamacento de muito difícil definição. no entanto o futuro é um abismo. dá-me vertigens querer espreitá-lo. mesmo quando coloco apenas os olhos, como se me escondesse dele mesmo. de mim mesma, dessa andreia que serei. como se não quisesse que ela me apanhasse a espiá-la a ver-lhe os movimentos, para que os usasse ou os julgasse de ante mão. aqui estou, numa cama de hospital. viva e livre de qualquer mal. (mal maior pelo menos). e esta andreia do presente, esta nova-mulher, tem muito medo. muito medo de falhar, muito medo de não ser tão feliz quanto a miúda foi.
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Verte salir de lo sombrío , dice que soy un terremoto y lo sacudo. me gusta el olor a tu piel y a cigarrillo , y sentir tu mano por mi espalda . tus caricias tienen la presión exacta, tu locura combate la monotonía y deja que nos enredemos en el encanto. las cuerdas de guitarra rasgan los sentidos y entre música se impregna mi insania . Me gusta tocarte hasta los huesos ,sentir su dureza hasta prenderme de ellos. Entre drogas , noches , y dulces arrazamos con esta ciudad entre los dos.
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May 7, 2013
May 7, 2013 at 10:25 PM UTC
ÉL.
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Alucinación en salamanca
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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"Sólo me quiero morir." Me dijo esto con voz quebrada mientras rompía en llanto. Era joven. Se le veía desaliñada y su rostro mostraba la dureza de la vida que ha llevado. Su piel bronceada sudaba bajo el abrasador sol del medio día y su cuerpo temblaba presa del pánico que lentamente se desvanecía. El señor con quien peleaba, un señor de edad avanzada quien amenazaba con golpearla, se había refugiado en su casa al ver que me acercaba e interrumpía su disputa. No se qué sucedía. No se por qué peleaban. No se quiénes eran. Se que él quería dañarla y que yo no lo permitiría. Le pregunté qué sucedía, si estaba bien. "Solo me quiero morir." "No te quieres morir." le contesté, sin saber realmente que decir. Le expliqué que tenía cosas que hacer en ese momento, y me ofrecí a acompañarla hasta donde yo iba. Ella amablemente declinó la oferta, alegando que no tenía dinero para unos medicamentos que necesitaba. Me disculpé por no poderle ayudar más, dado que yo tampoco contaba con mucho dinero. Ella me tomó de la mano, aún con lagrimas en los ojos y la voz quebradiza y me dijo "Ya me has ayudado más de lo que tú crees." Tras decir esto se dio la vuelta y se fue en la dirección opuesta a la mía. Aún no se quién era ni qué fue lo que sucedió, pero se que, quién quiera que fuera, ese día comencé a ver la vida desde una nueva perspectiva.
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Apr 14, 2016
Apr 14, 2016 at 7:32 PM UTC
Sólo me quiero morir.
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Xvii
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Si tuviésemos la fuerza suficiente para apretar como es debido un trozo de madera, sólo nos quedaría entre las manos un poco de tierra. Y si tuviésemos más fuerza todavía para presionar con toda la dureza esa tierra, sólo nos quedaría entre las manos un poco de agua. Y si fuese posible aún oprimir el agua, ya no nos quedaría entre las manos nada.
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Esto no es nada
"oh warren warren" gritaban todos los idiotas del pueblo en la mañana de Santa Mónica sucia por el hollín los escapes los sueños rotos o podridos de la noche anterior qué formidable extrañas rosas u orquídeas florecían en esa podredumbre caliente mientras la multitud del bulevar vivaba a warren ese dabliu cormoran y él se deslizaba de contrabando por el día "oh warren warren" le decían sobre la suciedad el mal olor el pésame envolviendo tanta salud apenas débil o muda o yendo en dirección a su pérdida en todo caso era así: el ser se lo dio ola madre en hermoso verdor a su sombra creció warren como piedra en el río hasta que la rompió como flecha con suaves ojos disparada ¡y si pudiera olvidar completamente! "warren warren" gritaba la multitud no dejándolo dormir o sólo abría su dureza donde volaba una mosca azul sospechosa warren ese dabliu cormoran: ¿tenías acaso ají en tu sementera? en todo caso se voló y voló quiéranlo mucho lagartos denle sombrita en la mitad tápenlo para el frío o que lo abrigue el calor de los sueños podridos de Santa Mónica el hollín "oh warren warren" gritaban todos los idiotas del pueblo pero no así porque así qué pasa con las águilas
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Lamento por los idiotas de warren s.w. cormorann
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Cuando asqueados de la bajeza humana, Cuando iracundos de la dureza humana: Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. En 1961 y en ciudad extraña, Más de un cuarto de siglo Después. Trivial la circunstancia, Forzado tú a pública lectura, Por ella con aquel hombre conversaste: Un antiguo soldado En la Brigada Lincoln. Veinticinco años hace, este hombre, Sin conocer tu tierra, para él lejana Y extraña toda, escogió ir a ella Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida, Juzgando que la causa allá puesta al tablero Entonces, digna era De luchar por la fe que su vida llenaba. Que aquella causa aparezca perdida, Nada importa; Que tantos otros, pretendiendo fe en ella Sólo atendieran a ellos mismos, Importa menos. Lo que importa y nos basta es la fe de uno. Por eso otra vez hoy la causa te aparece Como en aquellos días: Noble y tan digna de luchar por ella. Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido A través de los años la derrota, Cuando todo parece traicionarla. Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa. Gracias, Compañero, gracias Por el ejemplo. Gracias porque me dices Que el hombre es noble. Nada importa que tan pocos lo sean: Uno, uno tan sólo basta Como testigo irrefutable De toda la nobleza humana.
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Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos, a sentir en la carne desnuda la escarcha. ¡Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba! ¡Tan feliz creación elevada a la cima más alta! Siento el tiempo pasar y perderse y tan sólo por fuera de mí se detiene. Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia. ¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio! ¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada! ¡Tanta luz, tan abiertos caminos! ¡Tanta vida que evita los siglos y ordena en el día su magia! Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro; si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama. Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida, a costa de mí, de mi muerte diaria... ¡Tanta luz, tan remoto latir de la hierba...!             (Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha). ¡Tanta luz, tan oscura pregunta! ¡Tan oscura y difícil palabra! ¡Tan confuso y difícil buscar, pretender comprender y aceptar, y parar lo que nunca se para.
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Alucinación
Los muertos pocas veces libertad alcanzáis a tener, pero la noche que regresáis es vuestra, vuestra completamente. Amada mía, remordimiento mío, la nuit c'est toi cuando estoy solo y vuelves tú, comienzas en tus retratos a reconocerme. ¿Qué daño me recuerda tu sonrisa? ¿Y cuál dureza mía está en tus ojos? ¿Me tranquilizas porque estuve cerca de ti en algún momento? La parte de tu muerte que me doy, la parte de tu muerte que yo puse de mi cosecha, cómo poder pagártela... Ni la parte de vida que tuvimos juntos. Cómo poder saber que has perdonado, conmigo sola en el lugar del crimen? Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas en el rincón más triste de mi cuarto?
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Conversación
De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje. Soy más pequeño que un insecto. Voy por estas colinas, son de color de avena, tienen delgadas huellas que sólo yo conozco, centímetros quemados, pálidas perspectivas. Aquí hay una montaña. No saldré nunca de ella. Oh qué musgo gigante! Y un cráter, una rosa de fuego humedecido! Por tus piernas desciendo hilando una espiral o durmiendo en el viaje y llego a tus rodillas de redonda dureza como a las cimas duras de un claro continente. Hacia tus pies resbalo, a las ocho aberturas de tus dedos agudos, lentos, peninsulares, y de ellos al vacío de la sábana blanca caigo buscando ciego y hambriento tu contorno de vasija quemante!
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El insecto
Todo tras sí lo lleva el año breve de la vida mortal, burlando el brío al acero valiente, al mármol frío, que contra el tiempo su dureza atreve. Antes que sepa andar el pie se mueve camino de la muerte, donde envío mi vida oscura: pobre y turbio río que ***** mar con altas ondas bebe. Todo corto momento es paso largo que doy a mi pesar, en tal jornada, pues parado y durmiendo siempre aguijo. Breve suspiro, y último y amargo, es la muerte forzosa y heredada: mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
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Que la vida es siempre breve y fugitiva. concluye el discurso con una sentencia estoica