Puedo ser luz
aunque me sienta sombra,
la estrella titilante
que guía tu camino a casa,
tu faro eterno,
tu protector inquebrantable,
tu cálido abrigo
cuando el frío al cuerpo abrace.
Puedo ser hoy quien pinte
de alegría tus mañanas,
el susurro seductor
de finos poemas en tu oído,
el roce pícaro
de unas manos descaradas,
latir convulso
en noches ardientes,
entre húmedas pugnas
y combates salvajes.
Puedo descender al infierno
para calentar tu cama,
afanarme al filo de tu mirada fija,
a tus labios sonrientes.
Puedo conducir mi vida rústica
en tu inevitable dirección,
puedo de repente,
rendirme sin remedio,
ante tus agitadoras curvas.