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"trueno" poems
Nació la palabra en la sangre, creció en el cuerpo oscuro, palpitando, y voló con los labios y la boca. Más lejos y más cerca aún, aún venía de padres muertos y de errantes razas, de territorios que se hicieron piedra, que se cansaron de sus pobres tribus, porque cuando el dolor salió al camino los pueblos anduvieron y llegaron y nueva tierra y agua reunieron para sembrar de nuevo su palabra. Y así la herencia es ésta: éste es el aire que nos comunica con el hombre enterrado y con la aurora de nuevos seres que aún no amanecieron. Aún la atmósfera tiembla con la primera palabra elaborada con pánico y gemido. Salió de las tinieblas y hasta ahora no hay trueno que truene aún con su ferretería como aquella palabra, la primera palabra pronunciada: tal vez sólo un susurro fue, una gota, y cae y cae aún su catarata. Luego el sentido llena la palabra. Quedó preñada y se llenó de vidas. Todo fue nacimientos y sonidos: la afirmación, la claridad, la fueza, la nagación, la destrucción, la muerte: el verbo asumió todos los poderes y se fundió existencia con esencia en la electricidad de su hermosura. Palabra humana, sílaba, cadera de larga luz y dura platería, hereditaria copa que recibe las comunicaciones de la sangre: he aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios: los ojos de repente son palabras. Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma: pronuncio y soy y sin hablar me acerca el fin de las palabras al silencio. Bebo por la palabra levantando una palabra o copa cristalina, en ella bebo el vino del idioma o el agua interminable, manantial maternal de las palabras, y copa y agua y vino originan mi canto porque el verbo es origen y vierte vida: es sangre, es la sangre que expresa su substancia y está dispuesto así su desarrollo: dan cristal al cristal, sangre a la sangre, y dan vida a la vida las palabras.
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La palabra
Nació la palabra en la sangre, creció en el cuerpo oscuro, palpitando, y voló con los labios y la boca. Más lejos y más cerca aún, aún venía de padres muertos y de errantes razas, de territorios que se hicieron piedra, que se cansaron de sus pobres tribus, porque cuando el dolor salió al camino los pueblos anduvieron y llegaron y nueva tierra y agua reunieron para sembrar de nuevo su palabra. Y así la herencia es ésta: éste es el aire que nos comunica con el hombre enterrado y con la aurora de nuevos seres que aún no amanecieron. Aún la atmósfera tiembla con la primera palabra elaborada con pánico y gemido. Salió de las tinieblas y hasta ahora no hay trueno que truene aún con su ferretería como aquella palabra, la primera palabra pronunciada: tal vez sólo un susurro fue, una gota, y cae y cae aún su catarata. Luego el sentido llena la palabra. Quedó preñada y se llenó de vidas. Todo fue nacimientos y sonidos: la afirmación, la claridad, la fueza, la nagación, la destrucción, la muerte: el verbo asumió todos los poderes y se fundió existencia con esencia en la electricidad de su hermosura. Palabra humana, sílaba, cadera de larga luz y dura platería, hereditaria copa que recibe las comunicaciones de la sangre: he aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios: los ojos de repente son palabras. Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma: pronuncio y soy y sin hablar me acerca el fin de las palabras al silencio. Bebo por la palabra levantando una palabra o copa cristalina, en ella bebo el vino del idioma o el agua interminable, manantial maternal de las palabras, y copa y agua y vino originan mi canto porque el verbo es origen y vierte vida: es sangre, es la sangre que expresa su substancia y está dispuesto así su desarrollo: dan cristal al cristal, sangre a la sangre, y dan vida a la vida las palabras.
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Aquel el dolor sigue presente, Logró marcar un precedente… Y hoy, hoy sigues mal… Aquel recuerdo esta en tu mente, Como si fuera ayer lo sientes… Y hoy, hoy sigues mal… Confiabas en el tiempo como aliado para sanar tus heridas… Mientras vives encerrado en el recuerdo y no encuentras la salida… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Aquello que pasó, aquel suceso duro te marcó Pensaste que lo habías olvidado pero no Que ya no te afectaba ni pasaba por tu mente Pero volvió a afectarte y todavía está latente… Desde aquel momento has continuado por la vida Esperando que sea el tiempo el que sane las heridas A veces lo has recordado y con nada de templanza Haz pensando en la opción de acudir a la venganza… Si, fue doloroso, no fue nada bueno Pero el resentimiento es similar a un veneno Que gota a gota tomas para no enfrentar la pena Pero termina contigo te destruye y te envenena… Como tóxico que acaba con el alma y corazón Que te presenta el odio como una gran opción Pero al final tú eres quien recibe la aflicción Pues se enfermó tu cuerpo por la falta de perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Perdona y saca todo veneno guardado Permite la salida del rencor acumulado Perdona, reacciona y regresa al presente Lo que pasó se fue ya no lo tengas pendiente Quizás hayas pensado que no hay una razón Que no fuiste culpable de lo de tu corazón… Pero en ocasiones el perdón por algo trágico Habrá que darlo aunque suene ilógico Como aquel caballero que por ti fue mal herido Tomando tu lugar te dio un regalo inmerecido… No suena razonable tampoco apetecible Pero te perdonó y hoy por eso tú eres libre Y que mejor ejemplo que la vida de Jesús Que no tenia que hacerlo; pero en una cruz Llevó toda la culpa que agobió su corazón Pero con todo y eso recibiste su perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...**
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Nov 19, 2014
Nov 19, 2014 at 8:18 PM UTC
El perdon by Alex Zurdo (Forgiveness)
Aquel el dolor sigue presente, Logró marcar un precedente… Y hoy, hoy sigues mal… Aquel recuerdo esta en tu mente, Como si fuera ayer lo sientes… Y hoy, hoy sigues mal… Confiabas en el tiempo como aliado para sanar tus heridas… Mientras vives encerrado en el recuerdo y no encuentras la salida… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Aquello que pasó, aquel suceso duro te marcó Pensaste que lo habías olvidado pero no Que ya no te afectaba ni pasaba por tu mente Pero volvió a afectarte y todavía está latente… Desde aquel momento has continuado por la vida Esperando que sea el tiempo el que sane las heridas A veces lo has recordado y con nada de templanza Haz pensando en la opción de acudir a la venganza… Si, fue doloroso, no fue nada bueno Pero el resentimiento es similar a un veneno Que gota a gota tomas para no enfrentar la pena Pero termina contigo te destruye y te envenena… Como tóxico que acaba con el alma y corazón Que te presenta el odio como una gran opción Pero al final tú eres quien recibe la aflicción Pues se enfermó tu cuerpo por la falta de perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Perdona y saca todo veneno guardado Permite la salida del rencor acumulado Perdona, reacciona y regresa al presente Lo que pasó se fue ya no lo tengas pendiente Quizás hayas pensado que no hay una razón Que no fuiste culpable de lo de tu corazón… Pero en ocasiones el perdón por algo trágico Habrá que darlo aunque suene ilógico Como aquel caballero que por ti fue mal herido Tomando tu lugar te dio un regalo inmerecido… No suena razonable tampoco apetecible Pero te perdonó y hoy por eso tú eres libre Y que mejor ejemplo que la vida de Jesús Que no tenia que hacerlo; pero en una cruz Llevó toda la culpa que agobió su corazón Pero con todo y eso recibiste su perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...**
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Lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene hoy está más allá de las nubes que elige y más allá del trueno y de la tierra firme demorándose viene cual flor desconfiada que vigila al sol sin preguntarle nada iluminando viene las últimas ventanas lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya se va acercando nunca tiene prisa viene con proyectos y bolsas de semillas con ángeles maltrechos y fieles golondrinas despacio pero viene sin hacer mucho ruido cuidando sobre todo los sueños prohibidos los recuerdos yacentes y los recién nacidos lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya casi está llegando con su mejor noticia con puños con ojeras con noches y con días con una estrella pobre sin nombre todavía lento pero viene el futuro real el mismo que inventamos nosotros y el azar cada vez más nosotros y menos el azar lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene lento pero viene lento pero viene lento pero viene
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Lento pero viene
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar.Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.¡Pobrecita princesa  de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal.¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, -la princesa está pálida, la princesa está triste-, más brillante que el alba, más hermoso que abril!-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor».
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Sonatina
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar.Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.¡Pobrecita princesa  de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal.¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, -la princesa está pálida, la princesa está triste-, más brillante que el alba, más hermoso que abril!-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor».
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Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
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Canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
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¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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A la patria
¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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La desesperación
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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eras una tormenta, y yo, era un pequeño pájaro asustado por tu trueno, luchando para volar en tu viento, sin lugar seguro para aterrizar.
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Jun 21, 2015
Jun 21, 2015 at 10:53 PM UTC
mal tiempo
Cuando el agua esperábamos ansiosos, una nube de polvo cubrió el cielo. Fue Inútil cerrar puertas y ventanas: nos invadió los hondos aposentos, cubrió maderas, apagó cristales, cayó sobre mis libros y cuadernos, fue crujido gris entre los dientes y ceniza fugaz en los cabellos. El limpio patio se llenó de tierra, de hojas, de plumas, de papeles viejos, cantaron el vuelo unas palomas y se encrespó ruidoso el gallinero. ¡Qué lástima me dio la madreselva zarandeada, rota, por el viento, y mi sillón de voluptuosos mimbres derribado de bruces en el suelo! Pero brilló un relámpago de pronto, estalló un largo trueno, y veraniegas, numulares gotas se abrieron paso por el sucio velo. Y en seguida la lluvia empezó a resonar sobre los techos. Fue entonces un cerrar y abrir de puertas, un respirar con los pulmones plenos, un poner tinas bajo de los caños que un chorro daban argentino y trémulo, sacar las plantas de los corredores, diosmas, jazmines, tímidos helechos, y un gozo de cepillos y de escobas guiando las aguas hacia el sumidero. Igual cosa que hacían los de al lado, y los de enfrente, y casi todo el pueblo. Ahora todo es frescura y poderío, el mármol brilla, el bronce echa reflejos, los mosaicos parecen de oro puro, el paraíso tiene un verde nuevo, y en el umbral sentado de mi casa miro sencillamente el universo.
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Tormenta
Sentado en su trono rodeado de luz A la diestra del padre gobierna Jesús Con ojos de fuego con rostro de sol Cuando abre su boca es trueno su voz CORO Poderoso en majestad y reino poderoso Poderoso en potestad de imperio poderoso Un gran arco iris corona su ser, él es el cordero que pudo vencer Él es el primero él es el postre, y arrojan corona delante de él
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Nov 3, 2015
Nov 3, 2015 at 3:09 AM UTC
Jesus Adrian Romero - Sentado En Su Trono
En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Muerte sin fin
En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don *****
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Metido por la noche los hilos teje de su cántiga: hilos de bronce que son los hilos ásperos de su tedio; hilos de sangre de su corazón, hilos de laboriosa araña -hilos de seda- que es el ensueño que se arrebuja bajo su melena flava. Metido por la noche que le rodea con mallas de silencio, -muelles sillones de velludo-, mallas caniciosas como manos queridas sobre la sien afiebrada: Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Su voz es como el eco de inauditas músicas, ni en los sueños sospechadas. ¿Tañer de amorosas guzlas moriscas? ¿De sacabuches y de flautas pastorales, y de violas de amor? O el jadear ciclópeo del órgano que tientan los dedos o las zarpas de Bach y Haendel y de Franck? ¿O el prodigio insólito que logra de la nada el milagro de la sinfonía donde no se funden y todas las voces cantan? Su voz es como el eco de inauditas músicas ni en los sueños sospechadas: o de músicas mútilas urdidas en la propia fábrica loca, de su cabeza: porque se mata lo que se ama, decía -mordicante- el Réprobo: música supliciada! Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Ni la selva, ni la noche le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! ¿Le oía el hosco cerco de la selva cerrada, cerrada como los oídos y los caletres de la gente tonta y chata? Le oyera la selva, le oyera si a gritos cantara -tal el viento y al modo de la tormenta: pero canta muy paso: si -a veces- su canción es callada, muda, como los ojos abiertos, húmedos... que no dicen palabra. ¿Le oyera la noche, de tibias estrellas colmadas las sienes, de tibias estrellas estigmatizada? ¿Vestida de ***** suntuoso le oyera la noche trágica cuando el vocerío del trueno y el zig-zaguear de los relámpagos? ¿Le oyera la noche tácita cuando con paso desfalleciente cruza sus sendas la luna alunada? ¿Le oyeras tú, la mujer ilusoria de ojos sombríos y boca macerada? Ni la noche, ni la selva le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! Cantaba. El mismo no se oía la canción que cantaba.
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Sonatina en la bemol
Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Metido por la noche los hilos teje de su cántiga: hilos de bronce que son los hilos ásperos de su tedio; hilos de sangre de su corazón, hilos de laboriosa araña -hilos de seda- que es el ensueño que se arrebuja bajo su melena flava. Metido por la noche que le rodea con mallas de silencio, -muelles sillones de velludo-, mallas caniciosas como manos queridas sobre la sien afiebrada: Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Su voz es como el eco de inauditas músicas, ni en los sueños sospechadas. ¿Tañer de amorosas guzlas moriscas? ¿De sacabuches y de flautas pastorales, y de violas de amor? O el jadear ciclópeo del órgano que tientan los dedos o las zarpas de Bach y Haendel y de Franck? ¿O el prodigio insólito que logra de la nada el milagro de la sinfonía donde no se funden y todas las voces cantan? Su voz es como el eco de inauditas músicas ni en los sueños sospechadas: o de músicas mútilas urdidas en la propia fábrica loca, de su cabeza: porque se mata lo que se ama, decía -mordicante- el Réprobo: música supliciada! Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Ni la selva, ni la noche le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! ¿Le oía el hosco cerco de la selva cerrada, cerrada como los oídos y los caletres de la gente tonta y chata? Le oyera la selva, le oyera si a gritos cantara -tal el viento y al modo de la tormenta: pero canta muy paso: si -a veces- su canción es callada, muda, como los ojos abiertos, húmedos... que no dicen palabra. ¿Le oyera la noche, de tibias estrellas colmadas las sienes, de tibias estrellas estigmatizada? ¿Vestida de ***** suntuoso le oyera la noche trágica cuando el vocerío del trueno y el zig-zaguear de los relámpagos? ¿Le oyera la noche tácita cuando con paso desfalleciente cruza sus sendas la luna alunada? ¿Le oyeras tú, la mujer ilusoria de ojos sombríos y boca macerada? Ni la noche, ni la selva le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! Cantaba. El mismo no se oía la canción que cantaba.
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Quietas, dormidas están, las treinta, redondas, blancas. Entre todas sostienen el mundo. Míralas, aquí en su sueño, como nubes, redondas, blancas, y dentro destinos de trueno y rayo, destinos de lluvia lenta, de nieve, de viento, signos. Despiértalas, con contactos saltarines de dedos rápidos, leves, como a músicas antiguas. Ellas suenan otra música: fantasías de metal valses duros, al dictado. Que se alcen desde siglos todas iguales, distintas como las olas del mar y una gran alma secreta. Que se crean que es la carta, la fórmula, como siempre. Tú alócate bien los dedos, y las raptas y las lanzas, a las treinta, eternas ninfas contra el gran mundo vacío, blanco a blanco. Por fin a la hazaña pura, sin palabras, sin sentido, ese, zeda, jota, i...
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En los sitios oscuros Mi alma no funciona Cada vez q yo la prendo Alguien me l´apaga Y si vuelvo a prender Soy yo q va perder Solo todo loq tiene No salgo, pero viene No es posible de nadar sin problema Dentro de un mar lleno de la colera Mejor q lo apago ya Q nadie me ve Asi no me apagan Me lo imagino como brilla Y me quedo con la vida Igual me quedo yo alla Porque no puedo escapar Sin luz de los sitios oscuros Que circulo vicioso es Que yo me quedo en Para vivir yo tengo que salir Y para llegar alli Yo tengo q perder las llaves De la puerta que me salva Y me regala poca paz Pero igual ya me persigue Esta ya de mi atras Es que ya te falta esperanza Que tu saldras de alli Ya perdiste confianza Que nadie te ayuda a ti Luchando solo Con lo malo por lo bueno Porque no te queda otro Otras cosas solo sueno Y aqui ya llega como trueno realidad me quita sueno Porque estuve yo sonando Si ya se que a mi me quitan Solo cuando? Y asi estoy andando Por los sitios oscuros Buscando la salida Si no la encuentro pierdo mi vida
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Feb 18, 2017
Feb 18, 2017 at 1:38 AM UTC
Sitios oscuros
Los mendigos pelean por España mendigando en París, en Roma, en Praga y refrendando así, con mano gótica, rogante, los pies de los Apóstoles, en Londres, en New York, en Méjico. Los pordioseros luchan suplicando infernalmente a Dios por Santander, la lid en que ya nadie es derrotado. A1 sufrimiento antiguo danse, encarnízanse en llorar plomo social al pie del individuo, y atacan a gemidos, los mendigos, matando con tan solo ser mendigos. Ruegos de infantería, en que el arma ruega del metal para arriba, y ruega la ira, más acá de la pólvora iracunda. Tácitos escuadrones que disparan, con cadencia mortal, su mansedumbre, desde un umbral, desde sí mismos, ¡ay! desde sí mismos. Potenciales guerreros sin calcetines al calzar el trueno, satánicos, numéricos, arrastrando sus títulos de fuerza, migaja al cinto, fusil doble calibre: sangre y sangre. ¡El poeta saluda al sufrimiento armado!
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Iv
Cuando la tierra llena de párpados mojados se haga ceniza y duro aire cernido, y los terrones secos y las aguas, los pozos, los metales, por fin devuelvan sus gastados muertos, quiero una oreja, un ojo, un corazón herido dando tumbos, un hueco de puñal hace ya tiempo hundido en un cuerpo hace tiempo exterminado y solo, quiero unas manos, una ciencia de uñas, una boca de espanto y amapolas muriendo, quiero ver levantarse del polvo inútil un ronco árbol de venas sacudidas, yo quiero de la tierra más amarga, entre azufre y turquesa y olas rojas y torbellinos de carbón callado, quiero una carne despertar sus huesos aullando llamas, y un especial olfato correr en busca de algo, y una vista cegada por la tierra correr detrás de dos ojos oscuros, y un oído, de pronto, como una ostra furiosa, rabiosa, desmedida, levantarse hacia el trueno, y un tacto puro, entre sales perdido, salir tocando pechos y azucenas, de pronto. Oh día de los muertos! oh distancia hacia donde la espiga muerta yace con su olor a relámpago, oh galerías entregando un nido y un pez y una mejilla y una espada, todo molido entre las confusiones, todo sin esperanzas decaído, todo en la sima seca alimentado entre los dientes de la tierra dura. Y la pluma a su pájaro suave, y la luna a su cinta, y el perfume a su forma, y, entre las rosas, el desenterrado, el hombre lleno de algas minerales, y a sus dos agujeros sus ojos retornando. Está desnudo, sus ropas no se encuentran en el polvo, y su armadura rota se ha deslizado al fondo del infierno, y su barba ha crecido como el aire en otoño, y hasta su corazón quiere morder manzanas. Cuelgan de sus rodillas y sus hombros adherencias de olvido, hebras del suelo, zonas de vidrio roto y aluminio, cáscaras de cadáveres amargos, bolsillos de agua convertida en hierro: y reuniones de terribles bocas derramadas y azules, y ramas de coral acongojado hacen corona a su cabeza verde, y tristes vegetales fallecidos y maderas nocturnas le rodean, y en él aún duermen palomas entreabiertas con ojos de cemento subterráneo. Conde dulce, en la niebla, oh recién despertado de las minas, oh recién seco del agua sin río, oh recién sin arañas! Crujen minutos en tus pies naciendo, tu **** asesinado se incorpora, y levantas la mano en donde vive todavía el secreto de la espuma.
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El desenterrado
Cuando la tierra llena de párpados mojados se haga ceniza y duro aire cernido, y los terrones secos y las aguas, los pozos, los metales, por fin devuelvan sus gastados muertos, quiero una oreja, un ojo, un corazón herido dando tumbos, un hueco de puñal hace ya tiempo hundido en un cuerpo hace tiempo exterminado y solo, quiero unas manos, una ciencia de uñas, una boca de espanto y amapolas muriendo, quiero ver levantarse del polvo inútil un ronco árbol de venas sacudidas, yo quiero de la tierra más amarga, entre azufre y turquesa y olas rojas y torbellinos de carbón callado, quiero una carne despertar sus huesos aullando llamas, y un especial olfato correr en busca de algo, y una vista cegada por la tierra correr detrás de dos ojos oscuros, y un oído, de pronto, como una ostra furiosa, rabiosa, desmedida, levantarse hacia el trueno, y un tacto puro, entre sales perdido, salir tocando pechos y azucenas, de pronto. Oh día de los muertos! oh distancia hacia donde la espiga muerta yace con su olor a relámpago, oh galerías entregando un nido y un pez y una mejilla y una espada, todo molido entre las confusiones, todo sin esperanzas decaído, todo en la sima seca alimentado entre los dientes de la tierra dura. Y la pluma a su pájaro suave, y la luna a su cinta, y el perfume a su forma, y, entre las rosas, el desenterrado, el hombre lleno de algas minerales, y a sus dos agujeros sus ojos retornando. Está desnudo, sus ropas no se encuentran en el polvo, y su armadura rota se ha deslizado al fondo del infierno, y su barba ha crecido como el aire en otoño, y hasta su corazón quiere morder manzanas. Cuelgan de sus rodillas y sus hombros adherencias de olvido, hebras del suelo, zonas de vidrio roto y aluminio, cáscaras de cadáveres amargos, bolsillos de agua convertida en hierro: y reuniones de terribles bocas derramadas y azules, y ramas de coral acongojado hacen corona a su cabeza verde, y tristes vegetales fallecidos y maderas nocturnas le rodean, y en él aún duermen palomas entreabiertas con ojos de cemento subterráneo. Conde dulce, en la niebla, oh recién despertado de las minas, oh recién seco del agua sin río, oh recién sin arañas! Crujen minutos en tus pies naciendo, tu **** asesinado se incorpora, y levantas la mano en donde vive todavía el secreto de la espuma.
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Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante inmenso, Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca compacta de horas vivas, Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa sustancia, Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspendido como el trueno, Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigantesca de pétalos invisibles, Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pájaros heridos, Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa, Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos, Como una campana que tañe en el fondo de un lago, Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea, La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra (Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a nuestro alcance Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y desde entonces creo en los árboles Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad parecida a las manzanas Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre sí el agua y las hojas y las raíces.
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Elogio
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
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Iii
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
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Si grande ser deseas, erige en alta cumbre Tu fortaleza, y hazla para ti solamente... Que a sus muros no pueda llegar la muchedumbre, Que se alce inaccesible sobre la roca ingente. Álzala en el orgullo de la cima inviolada, En las rutas azules del águila y del trueno, Reina de mármol blanco que mira a la hondonada, Albo lirio de piedra sobre el azul sereno. Que fulgure tan lejos en la roca bravía, Tan lejos, que los hombres, absortos en su anhelo, Crean mirar un nuevo resplandor en el día, y no sepan si viene de la tierra o del cielo. Haz tú solo el santuario de tu alma, el santuario Donde la luz empieza, donde la sombra acaba; y para que florezca tu ensueño solitario, Esta palabra mágica: «YO», sobre el muro graba. Después, duros cerrojos echa sobre la vida, Aíslate y la puerta cierra al viento que pasa, y si el techo te ahoga, busca al cielo salida Para que venga el alma del cielo hasta tu casa. Y allí en lo más recóndito de tu mansión secreta, Altar de hierro y oro para tu fe levanta, y ante ese altar, adora tu ideal de poeta, y con tu vida a solas y con tu Ensueño, canta. Canta el amor sagrado que tus entrañas quema; Canta para que arrulles tu alma en la luz absorta, Canta para los astros radiosos tu poema, y si los hombres no oyen tus himnos, ¡nada importa! Solo, divinamente solitario en tu encierro... La soledad es fuerza y el mayor de los bienes, Es el vuelo del alma que sube del destierro, El umbral encontrado de perdidos Edenes. Sólo una patria es tuya sobre el mundo: ¡tú mismo! Canta, y cuando tu espíritu se hunda en la eterna calma, Lleva el supremo orgullo, de la muerte al abismo, De que vivir supiste la vida de tu alma.
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La fortaleza
Si grande ser deseas, erige en alta cumbre Tu fortaleza, y hazla para ti solamente... Que a sus muros no pueda llegar la muchedumbre, Que se alce inaccesible sobre la roca ingente. Álzala en el orgullo de la cima inviolada, En las rutas azules del águila y del trueno, Reina de mármol blanco que mira a la hondonada, Albo lirio de piedra sobre el azul sereno. Que fulgure tan lejos en la roca bravía, Tan lejos, que los hombres, absortos en su anhelo, Crean mirar un nuevo resplandor en el día, y no sepan si viene de la tierra o del cielo. Haz tú solo el santuario de tu alma, el santuario Donde la luz empieza, donde la sombra acaba; y para que florezca tu ensueño solitario, Esta palabra mágica: «YO», sobre el muro graba. Después, duros cerrojos echa sobre la vida, Aíslate y la puerta cierra al viento que pasa, y si el techo te ahoga, busca al cielo salida Para que venga el alma del cielo hasta tu casa. Y allí en lo más recóndito de tu mansión secreta, Altar de hierro y oro para tu fe levanta, y ante ese altar, adora tu ideal de poeta, y con tu vida a solas y con tu Ensueño, canta. Canta el amor sagrado que tus entrañas quema; Canta para que arrulles tu alma en la luz absorta, Canta para los astros radiosos tu poema, y si los hombres no oyen tus himnos, ¡nada importa! Solo, divinamente solitario en tu encierro... La soledad es fuerza y el mayor de los bienes, Es el vuelo del alma que sube del destierro, El umbral encontrado de perdidos Edenes. Sólo una patria es tuya sobre el mundo: ¡tú mismo! Canta, y cuando tu espíritu se hunda en la eterna calma, Lleva el supremo orgullo, de la muerte al abismo, De que vivir supiste la vida de tu alma.
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***** el cielo                               Amarilla la tierra El gallo desgarra la noche El agua se levanta y pregunta la hora El viento se levanta y pregunta por ti Pasa un caballo blanco Como el bosque en su lecho de hojas tú duermes en tu lecho de lluvia tú cantas en tu lecho de viento tú besas en tu lecho de chispas Olor vehemencia numerosa cuerpo de muchas manos Sobre un tallo invisible una sola blancura Habla escucha respóndeme lo que dice el trueno lo comprende el bosque Entro por tus ojos sales por mi boca Duermes en mi sangre despierto en tu frente Te hablaré un lenguaje de piedra (respondes con un monosílabo verde) Te hablaré un lenguaje de nieve (respondes con un abanico de abejas) Te hablaré un lenguaje de agua (respondes con una canoa de relámpagos) Te hablaré un lenguaje de sangre (respondes con una torre de pájaros)
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Duración
Al amor que rompí... Rompiste... ¡Rompimos! Construímos cerros y derribamos montañas Pedradas, o balas, hirientes medallas de honor clavándose en la fresca carne de mi pecho Brota la hirviente sangre, gota por gota, manchando el uniforme que porto con orgullo Intacto orgullo Mentiras y miedo Fachadas pulcras ocultan el deshecho interior Cobarde Egoísta petición haces... Yo cumplo Elevamos puentes para cruzar estrechos Palabras que el viento se lleva, convierte en huracán y azota de nuevo en mi contra En mi oído el estruendo del trueno que se estrella en mi mente Desbalance químico Apatía total Te levanto para volverte a tirar Me tiras para volverme a levantar Levantamos la voz y el corazón por los suelos recogiendo el polvo de la planta de nuestros pies descalzos callosos de tanto andar sobre cristales, clavos, carbones vivos Vivos, y nosotros muertos Al amor que rompí... Rompiste... ¡Rompimos! A ese amor imploro dame vida una vez más
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Feb 12, 2019
Feb 12, 2019 at 12:33 PM UTC
Al amor que rompí...
Las flores se dan la mano y vuelan como los pájaros. No se van. (Mas vuelan como los pájaros). Tiran, se alzan allá abajo, bajo el nubarrón del rayo. No se van. (Bajo el nubarrón del rayo). Llaman con pena y con blanco, con amarillo y con llanto. No se van. (Con amarillo y con llanto). Cada trueno con su dardo les saca un ¡ay! al relámpago. No se van. (Les saca un ¡ay! al relámpago). Mordido su olor, es tanto que sangra el olor mojado. No se van. (Que sangra su olor mojado). Vuelan, pues huyen los pájaros, por no secarse de espanto. No se van. (Por no secarse de espanto). Las flores se dan la mano y gritan corno los pájaros. No se van. (Mas gritan corno los pájaros).
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Las flores bajo el rayo
Que el hombre no sea indigno del Ángel cuya espada lo guarda desde que lo engendró aquel Amor que mueve el sol y las estrellas hasta el Último Día en que retumbe el trueno en la trompeta. Que no lo arrastre a rojos lupanares ni a los palacios que erigió la soberbia ni a las tabernas insensatas. Que no se rebaje a la súplica ni al oprobio del llanto ni a la fabulosa esperanza ni a las pequeñas magias del miedo ni al simulacro del histrión; el Otro lo mira. Que recuerde que nunca estará solo. En el público día o en la sombra el incesante espero lo atestigua; que no macule su cristal una lágrima. Señor, que al cabo de mis días en la Tierra yo no deshonre al Ángel.
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El ángel