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"suceda" poems
Vamos a gozar el sol distribuyendo sus rayos como los abrazos tiernos de la amada que hacen olvidar penas o pesares de la jornada. Disfrutemos el verano lo mismo que gozamos el inverno cuando las gotas de la lluvia ayudan a crecer los barbechos. No nos quejemos de la pobreza cuando creamos que ella consiste en a falta de dinero. Condolámonos más bien de la miseria cuando está en la falta de valor en el alma para enfrentar cada día penosas tareas. Corramos más bien a disfrutar del nacimiento y renovación de la mañana cuando se llena de colores el alba, no sea que nos suceda como a aquel que sólo desea atesorar riqueza: pierde el gusto por lo elemental, pues tiene la creencia en que todo se consigue con algo de metal; se le olvida que lo esencial es tener un poco de pan en la mesa y, al menos, el agua viva del fresco manantial. Vamos a gozar el sol o el invierno sin imprecaciones para el uno o el otro porque ellos siempre igual llegan para pobres o poderosos. (Jorge Gómez A. Julio de 1994)
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Jun 20, 2012
Jun 20, 2012 at 12:56 PM UTC
LAS COSAS QUE SE OLVIDAN
Hoy estoy en otro lugar, pero ayer quise estar aquí, partí hacia un lugar y llegue antes de tiempo, él tiempo de partir me llego antes que decidiera a donde quería ir, no hubo escape, sólo quería agarrar lo que pensé que sería lo más importante para un viaje a ningún lugar, tú. No estabas al alcance de mi mano y mucho menos de mi corazón, decidí que tendría que partir sin ti, Pero sin ti el viaje no tiene sentido, pues eres el motivo de todo viaje que no realicé, no iré y me quedaré aquí que es donde realmente no quiero estar. Ayer leí lo que hoy escribo, hoy tomo mi café con aroma de ayer y hoy desconozco lo que aprendí. Todo pasara sin importar en el tiempo que suceda. Creer, morir, caer y llorar. Dormir, volar y soñar. Ir, llegar y partir. Ser, estar y existir. Crear, romper y armar. Gustar, querer y amar. Reír, mirar y besar. No importa el verbo, aprende a conjugarlos y a aplicarlos en el párrafo que te toca escribir (o editar) en el libro de título: “vida”.
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Sep 29, 2011
Sep 29, 2011 at 12:26 AM UTC
Verbo.
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Oct 11, 2014
Oct 11, 2014 at 11:05 PM UTC
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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Entreacto
No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Fábricas de amor
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente. Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo! Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
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Voy a hablar de la esperanza
Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente. Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo! Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
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Aveces, amar es aprender a estar cada cual por su lado haciendo sus cosas porque saben que al final del día estarán juntos no importa lo que suceda.
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Jul 5, 2014
Jul 5, 2014 at 7:47 PM UTC
Untitled
toda poesía es hostil al capitalismo puede volverse seca y dura pero no porque sea pobre sino para no contribuir a la riqueza oficial puede ser su manera de protestar de volverse flaca ya que hay hambre amarilla de sed y penosa de puro dolor que hay puede ser que en cambio abra los callejones del delirio y las bestias canten atropellándose vivas de furia de calor sin destino puede ser que se niegue a sí misma como otra manera de vencer a la muerte así como se llora en los velorios poetas de hoy poetas de este tiempo nos separaron de la grey no sé que será de nosotros conservadores comunistas apolíticos cuando suceda lo que sucederá pero toda poesía es hostil al capitalismo
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